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martes, 7 de febrero de 2012

Retrato En Sepia

RETRATO EN SEPIA.

CAPITULO 9.


Edward.




Al morir mamá todo lo el amor que yo creí tener en mi interior se esfumó con ella.
Mi madre me amaba con locura y aún hoy recuerdo sus tiernas caricias y los halagos susurrados de sus labios perfectos.
“Eres maravilloso, Edward”
“Tan sensible como una flor”
“No dejes que nadie te corrompa Edward”
Palabras…que se fueron con la brisa de los años.
Carlisle no tardó en buscar otra mujer que calentara su cama . Abandonando todas las noches el hogar que fue de mamá y volviendo a horas intempestuosas.
Creo que la desaparición de mamá no marcó a fuego a papá como lo hizo conmigo. Su ausencia en mi alma era tal, que a veces me encontraba sudando frío y gritando su nombre, dentro de las sólidas paredes de mi habitación.
Pasaron varios años hasta que Carlisle encontró a la que creyó la mujer indicada para volver a casarse, y así lo hizo, pero vayamos por partes.
Esmerald tenía aquel tipo de belleza fría que te cortaba la respiración. A simple vista podía parecerse levemente a mamá, pero cuando contemplabas sus ojos te dabas cuenta inmediatamente que no había calor en ellos. Todo estaba cruel y majestuosamente calculado.
Me valoró como a un animal antes de acercarse a mí y rozar sus labios con mi mejilla. Apenas la miré, pero su perfume quedó adherido en mis fosas nasales, invadiéndolas de tal manera que no pude librarme de ella en varios días.
La visitas de Esmerald a nuestra casa fueron interrumpidas de golpe. Algo hubo de haber sucedido. Porque durante un leve espacio de tiempo nunca supe que es lo que la tuvo tan ocupada para olvidarse de papá.
Pero nada mas cierto de la realidad. Esmerald tejía la tela de araña para engatusar a Carlisle y enrollarlo bajo su seda…para engullirlo.
Ella tenía una hija, bastante más mayor que yo; Reneé. Pero al parecer daba mas problemas que otra cosa, por lo poco que pude escuchar….me preparé mentalmente para ver a aquella adolescente maleducada y fastidiosa cuando Esmerald nos invitó a pasar un fin de semana en la “ Fortaleza”, seguro que se burlaría de mi y bromearía en todo momento sobre el extraño cabello que poblaba mi cabeza; como su madre lo hacía.
Fue todo tan extraño que apenas lo recuerdo como real…
“La Fortaleza se erguía siniestra y gris sobre un dulce manto de rosas de todos los colores. Cada tipo de flor, estaba separada por piedrecitas , pudiendo ver a la perfección un amplio letrero donde se explicaba su procedencia y su significado.
Imaginé que debían de tener un jardinero fabuloso y los ojos de mamá aparecieron en mi mente, para que ella también pudiese ver tal maravilla. El olor inundaba mis fosas nasales y casi sonreí al bajar del coche y aspirar aquel bouquet de fragancias que me recordaba a mamá en toda su plenitud. Busqué la mirada de papá. Pero él tenía sus ojos en otro lado. Mas allá de las escaleras de la entrada. En Esmeral.
Detrás de ella, como una sombra , aparecía una figura oscura, con la cabeza baja y el cabello tapando su el rostro.
Caminamos hacia ellas y Esme sonrió a papá . Luego volvió sus ojos hacia mí y habló por encima de su hombro.
-Reneé, este es Carlisle y su hijo Edward. Espero que sepas comportarte si no ya sabes lo que te espera muchachita….corre ve a llevar a Edward a ese jardín tuyo, Carlisle me ha dicho que siente la misma inquietud que tú por esas florecitas….
Casi no le hice caso, pues mi mirada se centraba en aquellas piernas que comenzaban a sobresalir y aquel cuerpo que veía la luz del día….
Llegó hasta nosotras y saludó a papá con un beso en la mejilla y sus ojos volaron hacia mí, sonrió y me ofreció su mano. No dijo nada, tan solo caminamos hacia el jardín y nos envolvimos en aquella magia de fragancias y rosas.
No fué la última vez que visitamos “La Fortaleza”, y aunque la primera estaría grabada a fuego en mi retina y en mi corazón, las sucesivas fueron mucho mejores ya que mi relación afectiva con la hija de Esme fué estrechando lazos. Sonreía con ella y la amaba de la misma manera que un niño puede amar a una hermana mayor o a una madre. Pero también sentía celos porque sabía que aquel mediocre de Charles Swan la visitaba todas las noches, instándola una y otra vez a que huyera con él de aquella jaula de oro.
Papá y Esmerald se casaron y el mismo dia de su ceremonia oí como Charles susurraba a Reneé que se marchara con él, era la noche indicada….la casa estaba atestada de gente y nadie notaria su ausencia hasta la mañana siguiente….yo encerrado en mis celos de niño egoísta, le comuniqué todo a mi padre a escondidas y él hubo de hacer lo mismo a mi madrastra que encerró bajo llave a Reneé y no pudo huir con su amor.
Muchas veces me pregunté porque Reneé lloraba por las noches y gemía desconsolada mucho antes de que esto sucediese…hasta que lo supe, después de aquel encierro por parte de Esme….
Fue en las cocinas, yo era muy pequeño, pero lo recuerdo de una manera muy vivida, ya que sentí que se me helaba la sangre y se me secaba el corazón.
Mi edad nunca había sido un obstáculo para comprender las situaciones, supe desde un primer momento que mamá nos abandonaría pronto, los primeros síntomas de su enfermedad fueron un presagio de lo que iba a suceder y yo lo supe.
-La niña necesita a su madre.- dijeron con voz sigilosa.- ¿Cómo no puede entender la señora algo tan natural como eso? ¡Isabella necesita a su madre! Marie está enferma y no va a poder criarla…y Charles ama tanto a la madre como a su hija…
A la madre como a su hija….
¿Qué había querido decir Emeline con todo aquello?
Lo supe mientras lo espiaba una tarde.
Reneé y Charles siempre se encontraban en un claro de un bosque cercano y los seguí a una distancia prudente. Cogidos de la mano caminaron un largo trecho hasta que llegaron a una casa humilde donde se veía una anciana en la puerta con una niña correteando por la hierba intentado atrapar las alas de una mariposa que volaba alrededor de ella. Cuando la pareja se acercó lo suficiente para que la niña los viese corrió como una loca hacia ellos abrazandose a Reneé y tocándole el rostro; como si quisiera memorizarlo.
Estaba a una distancia óptima. Podía oir y ver todo a la perfección y el crepúsculo de la noche venidera me tapaba como un leve manto.
-¡Feliz cumpleaños mi amor!.- gritó Reneé abrazando a aquella pequeña y girándola sobre su cuerpo.
-Gracias mami.- contestó la niña; a la que no había podido ver bien, porque el cuerpo y la cabeza de Reneé lo impedían.
Pero la realidad me golpeó de una manera sólida, haciendo que cayera al suelo y gimiera al darme con una roca en la rodilla. Ellos se giraron y me vieron, pudiendo reconocer el terror en los ojos de Reneé y el odio en la mirada de Charles.
Negué con la cabeza…..yo…yo…no sabía que ellos eran un matrimonio y que tenían una hija…no lo sabía…si lo hubiera sabido no le hubiera dicho a Carlisle aquella noche que….
Mis ojos se velaron por las lágrimas, y el corazón se me destrozó al ver la mirada de pánico de la que había sido parte de mi vida en aquellos breves meses.
Corrieron hacia dentro de la casa y se encerraron dejándome solo ,con apenas suficiente sostenibilidad para andar. Sangraba y la noche estaba cerca.
Tuve un aplomo digno de un hombre, pues llegue a la puerta de “La Fortaleza” con la pierna arrastrando y casi desmayado por la pérdida de sangre. Nadie me preguntó que había pasado…nadie preguntó donde había ido, tan solo había silencio y oscuridad…..
….Pues sabia que Reneé no regresaría…no volvería a verla…jamás.

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Pasaron los años rápidamente. Sumergido completamente en mis estudios, mis clases de hípica y de piano, no me alteró si quiera la noticia de que papá había muerto.
La noticia me llegó en una de las clases de biología marina. El director entró en la clase, susurró algo a la maestra Francine y me llamaron por mi nombre para encaminarme a la oficina del director.
-Nos duele enormemente darle esta noticia señor Masen. Pero su padre ha muerto.
Escuetas palabras que no llegaron a rasgar mi corazón, porque ya lo estaba….ya había perdido a las personas que realmente me importaban y Carlisle Masen no estaba entre ellos.
Me organizaron un pase de varios días a la fortaleza y asistí a los funerales por la muerte de mi padre con la mirada de Esme perdida en mis ojos. Fue cuando toda la algarabía de gente se esfumó cuando le urgió hablar conmigo de manera urgente.
-Lego todo lo mío en tí, Edward. Desde ahora serás un Cullen Masen .
Intenté no parecer asombrado; pero no pude evitarlo. Me iba a hacer heredero universal.
-¿Reneé?.- pregunté en un susurro.
Ella elevó ambas cejas y miró unos papeles alborotados encima del grueso escritorio de caoba.
-No está permitido su nombre, Edward. Ni si quiera su recuerdo. No oses, nunca jamás en nombrarla en mi presencia. En lo que se refiere a esa persona nunca existió para mí.
La odié con mucha más fuerza en ese mismo instante. Madre desnaturalizada. Hiena descarnada: Los adjetivos mas repugnantes y advenedizos tenían un nombre y era el de la mujer que se hallaba delante de mi, vestida de negro , con la mirada perdida en aquellos papeles de letra en negrita.
-Firma. Cuando seas mayor de edad, te diré lo que has de hacer con tu vida, y tendrás que hacer caso en todo lo que te diga…absolutamente en todo…
No me importó aquello como no me importaba nada. Me sentí mas cerca de Reneé de lo que había estado nunca, ya que llevaba el mismo peso sobre los hombros que ella cuando vivía aquí. No tener vida propia y ser un títere en manos de la tirana.

Pero los años pasaron como pasa todo y a mis quince años de edad comenzaba a tener un ligero esbozo de la realidad entre hombres y mujeres. Esme no dejaba que saliese como los demás chicos, pero había una chica de una casa cercana a la nuestra que no hacia mas que pavonearse cuando yo me hallaba cerca de ella. Tanya Denalí, era una chica voluptuosa que me invitó varias veces a probar sus labios y a gozar de la tibieza de su piel, y lo hice; claro que lo hice, pero no pude corresponder a aquel ardor como debiera…había algo en mí… algo incorrecto. Mi cuerpo no reaccionaba de manera normal delante de ella.
Sabia que el miembro del hombre se hinchaba; llenándolo de sangre; haciéndolo duro, largo y potente….
Jacob , el hermano de Tanya de mi misma edad ya había mantenido su primeras relaciones sexuales, pese a ser joven. Y las relataba haciendo que mi boca babease de hambre; sin tener ninguna reacción en mi miembro mas intimo. Me preocupé seriamente cuando tiempo después, una de las chicas de un bar de estudiantes me engatusó y me llevó a su habitación. Gracias a Dios siempre podía sacar a relucir que había sido culpa del alcohol…pero aquello no podía durar toda la vida.
Después de aquellos días y de la manera en que la abuela nos miraba a Tanya y a mí cuando estábamos entablando alguna conversación, me planteé seriamente la idea de que la abuela tuviese para mí un plan urdido metódicamente …
Pero de nuevo otra vuelta de tuerca…
Una situación que no creí que nunca jamás se presentaría ante mis ojos.
Una Cullen real, volvería a la Fortaleza. La hija de Reneé…de mi añorada y querida Reneé Cullen…. Una alegría nueva, pese a la tristeza de saber a mi segunda madre muerta.
Continuará.
Ahora sabremos un poco de la historia de Edward. A ver que les parece. El capi es corto pero es que mi nene esta enfermito con migrañas y debo estar mucho por él. Besos y millones de gracias por apoyarme.

sábado, 21 de enero de 2012

Retrato en Sepia

RETRATO EN SEPIA.

Capitulo 8.

-No puedo creer lo que me estás diciendo, Bella. Voy a ir para allá y sea como sea te voy a arrastrar de esa puta casa. ¡Debes salir de allí!. Aún me estoy preguntando si me estas tomando el pelo o esto es una puta pesadilla.- Jasper estaba estallando literalmente por el teléfono y yo tenía la oreja colorada como un tomate.
Bufé y esperé a que se calmara. La verdad es que todo aquello era de auténticos locos. Yo casada con Edward, cuando en realidad cara a la iglesia y a todos los estamentos éramos tio y sobrina.
Edward había mandado una carta al glérigo de la parróquia vecina y éste no ponía ninguna objeción a nuestra unidad marital. Despues de haberle dicho que si me casaría con él, haber firmado los documentos oportunos a aquellos malditos abogados y relajarnos una vez se hubieron marchado. No nos dijimos nada. Tan solo la mirada torturada de Edward cuando vió que mis manos temblaban y mis ojos se paseaban nerviosos por toda aquella estancia que era una verdadera cárcel para mí. Él sabía que yo no deseaba estar en la Fortaleza.
Eso había pasado hacia ya una semana. A la mañana siguiente de todo aquello, cuando me levanté, Alice Brandon se paró en la puerta de mi habitación para decirme que el señor Edward se había marchado. Según las impresiones de Alice, debía de marcharse para un tiempo suficientemente largo, pues lo había visto cargar el coche con dos maletas, muy temprano.
Edward y yo teníamos una charla pendiente. Si bien era cierto que nos casaríamos, no sería un verdadero matrimonio, porque en cuanto éste se realizara yo me marcharía de aquel lugar que me ponía los vellos de punta. Gracias a Dios no existía ningún documento donde dijera que tanto Edward como yo debíamos de vivir en el mismo espacio. Eso fue lo que hizo decidirme tan rápidamente a casarme con él y despreocuparme de aquellas paredes que nunca fueron mías.
Edward pertenecía allí, estaba mimetizado a aquellas piedras de roca dura y era casi tan gris como ellas.
Edward…algo había en aquel hombre que me estremecía de cabeza a pies. Quizás era esa aparente crueldad en su boca o el parecido que tenia con aquel personaje que escribía en mis novelas de ficción. La realidad es que me daba miedo estar allí, con él. Solos y casados.
Había sucumbido a una extraña fascinación por aquel hombre que creí durante toda mi vida mi tio carnal . El hermano de mi madre fallecida.
La voz de Jasper resonó de nuevo en mis oídos.
-¡Dame la maldita dirección de esa cárcel que voy a sacarte ahora mismo de allí!
Negó con la cabeza cerrando los ojos y casi sonreí. Jasper sonaba casi cómico en aquellos instantes.
-Gracias, Jazz. Pero esto no puede durar mucho más de lo que pensé en un primer momento….
-¿Qué coño me estas contando, Bella? ¡Te vas a casar, joder! De la noche a la mañana me dices que te vas a casar con él. Tu tio, Bells.
-Ya te he dicho que no es mi tio en realidad. Edward es hijo del último marido de mi abuela Esme. Ella lo adoptó, si. Pero no hay ningún vínculo de sangre entre nosotros dos.
-Me importa una puta mierda. Si es tu tio o no lo es….
-Jasper…
Oí las repiraciones sosegadas al otro lado de la línea. Jasper era mi editor, además de un buen amigo. Pero aquella reacción distaba mucho a lo que yo suponía que iba a ser.
-Mira…yo…dame la dirección Bella. Pienso llegar allí antes de que hagas una locura. No entiendo como tu abuela, hasta después de muerta esté dando por culo. ¿Qué tipo de vieja manipuladora era? ¡No me digas nada! Casi me lo puedo imaginar. Me dan escalofríos de tan solo pensarlo. Suelta la dirección que en cuanto pueda me presento allí y si es necesario mando al carajo tu boda, aunque estés frente al altar.

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El jardín estaba descuidado. La niebla fría y gris se acomodaba como un manto sobre el manto verde del césped. Eran las seis y media de la mañana y como cada mañana desde que habia llegado a aquel lugar, me levantaba, y admiraba desde mi cama el lúgubre paisaje que adornaba desde hacia días mi vida en aquel lugar.
Alice había comenzado a ayudarme con ideas para la futura novela que debía de estar finalizada para últimos de primavera. La verdad aquella muchacha era un dechado de virtudes. Tenía una imaginación ilimitada y una boca que no estaba cerrada nunca. Eso me ayudaba a no pensar en nada, porque desde que Edward había partido no hacía otra cosa que preguntarme donde estaría, que estaría haciendo y con quien.
Me decía a mí misma que estaba siendo una lerda. Que no tenia porque importarme, pero lo hacía y mucho.
Mis sueños los monopolizaba él y me levantaba temprano con el anhelo de que lo vivido durante mi estado de inconsciente fuera real.
En mis sueños Edward era un ser cariñosos y amable. Además de ser un amante apasionado y servicial. Mi mente divagaba en muchos momentos del día en aquellos sueños y suspiraba sin poder remediarlo, llamando la atención de Alice en todo momento.
-Eso suena a suspiro de enamorada. – me dijo una tarde, con los ojos chispeantes.- ¿Acaso es ese chico que te llama continuamente por teléfono. Jasper?
Aquello me alarmó. A aquella chica no se le pasaba una y debía de tener cuidado.
-No. Jasper es un amigo, además de ser mi editor.
Alice se encogió de hombros y sonrió.
-Entonces debe ser el señor Edward.
Comencé a toser. Aquella afirmación se me atoró como una espina de pescado en la garganta y casi me ahogo.
Las palmaditas de Alice en mi espalda me calmaron, pero no me pasó por alto la risilla que se escapaba de sus labios.
-Ay, Bella….si yo te contara….he estado el suficiente tiempo viviendo bajo este techo para saber que las paredes hablan. ¿Quieres escuchar algo?
Si las miradas mataran yo la hubiese matado en aquellos momentos.
Ella estaba escribiendo unas notas sobre las ubicaciones de los diferentes personajes de la novela y yo estaba transcribiendo el primer capítulo de la novela que debía de entregarle a Jasper, mas pronto que tarde.
-No me interesa nada de lo que puedas contarme….
-Es sobre el señor Edward… ¿Estas segura que no quieres escuchar? Digo yo, ya que va a ser tu esposo en breves días. ¿No te interesa saber, entonces?
Elevé una ceja, sin dejar de mirarla y casi me tiro a su cuello y comienzo a apretarlo con fuerza. Lo hice mentalmente. Alice era una persona encantadora, pero a la misma vez podía sacarme de mis casillas mas rápido que tarde.
- Aunque me case con Edward. Sólo será un trámite. Me marcharé ese mismo dia. No quiero estar aquí mas tiempo del necesario. Tengo una vida en Londres.- espeté seca y volviendo la mirada hacia la pantalla del ordenador.
-¿Marcharemos? ¿No es así? Dijiste que me llevarías contigo. No pienso quedarme aquí, viendo como salen y entran esas putanas todas las noches….tan iguales que t…
-Pues cállate y no hagas que me arrepiente de querer llevarte conmigo.- Bufé, intentando copiar los documentos que tenia a mi lado derecho…. Aunque me hallaba ansiosa por lo que me había dicho Alice…. y quería saber…ansiaba saber algo que tuviese que ver con Edward y su vida entre aquellas paredes cuando estaba casado con Tanya.
Fueron unos segundos, muy escasos cuando Alice volvió a abrir la boca, antes de que yo pensara como volver a sacarle la conversación que ardía en mi interior.
-Todos los que trabajamos en esta casa estamos seguros de una cosa. El señor Edward nunca ha amado a Tanya. Dicen que siempre suspiró por otra mujer. Una mujer misteriosa que maldice en mitad de la noche. La cocinera. Emeline; incluso lo ha visto llorar, admirando un retrato en sepia, que guarda en uno de los cajones de su escritorio y bajo llave. Dicen que se casó con Tanya por la señora Esme. Ella siempre quiso a esa muchacha. Yo no conocí a la antigua señora, pero me dicen que era muy fría y distante. Y si me permites decírtelo, Bella. Sé lo que hizo con tu madre. Una injusticia.
Parpadeé un par de veces , antes de instala a que continuara. Aquello era muy interesante, además de sorprendente.
-Sigue.- ordené.
Ella sonrió y siguió contando; como si aquello fuera una historia de ficción.
-Dicen que nunca la tocó. A Tanya, quiero decir. A ella se le oía gritarle por las noches que la dejara entrar a esta habitación. El señor Edward se encerraba aquí y cerraba a cal y canto para que ella no lo azuzara por las noches. Ella comenzó a darse a la bebida y a juegos de amor casuales con algún que otro criado. La cosa se complicó cuando invitó a Edward a una de aquellas prácticas que ella organizaba eventualmente.- Alice susurró.- Tríos.- Me llevé la mano a la boca espantada.- Si, Bella. Tríos. Dicen que el señor accedió , pero solo si él decidía quien podía unirse a ellos. – Alice se calló, para darle mas misterio a el asunto. Yo por poco me lanzo encima de su yugular y se la reviento. Aquella chica sabia como contar las cosas….- Y se decidió por una prostituta, que nada tenia que ver con la belleza de Tanya. Dicen que cuando ella vió a la chica, comenzó a gritarle a su marido como una posesa. Por lo visto, aquella mujerzuela se asemejaba lo bastante a la mujer con la sueña el señor.
Suspiré y sentí un leve dolor en el pecho. ¡Mierda! No podía estar sintiendo, aquello. Dolor, no…no por él…
-¿Qué te parece?.- sonrió Alice , al mismo tiempo que volvía a sus notas.
-Me parece que aquí hay demasiada gente escuchando a través de las puertas. No creo que Edward estuviese enamorado de otra. Yo siempre lo ví con Tanya. Siempre, incluso cuando se casaron… él debía de tener muchas ganas de hacerlo, pues no esperaron el suficiente tiempo…el cuerpo de mi abuela, todavía estaba caliente.
-¿El señor, siempre ha sido así?.- preguntó Alice.
-¿Así, como, Alice?.- la imité.
-Pues…atormentado, medio alcohólico, putero….
-Yo recuerdo al Edward Cullen que me sacaba de mis casillas y se reía de mi, cuando intentaba aprender a tocar el piano. Él siempre tan perfecto y yo a su lado parecía…una torpe. Pero no, atormentado no era la palabra con la que podría calificar a Edward.
-¿Entonces fue después de tu marcha?.- preguntó con un dedo en su barbilla y alzando las cejas.- Muy interesante…si, si…..
-Ahora ¿Te dedicaras a ejercer de detective privada, Alice?
-Pues sabes que no me gustaría otra cosa que saber, de quien es el retrato que tiene el señor en su escritorio. Ardo en deseos. ¿Tú no? Claro, simple curiosidad…teniendo en cuenta que vas a ser su esposa.
-Sólo es un trámite, Alice. Tecnicamente no voy a ser la esposa de Edward. Entiéndelo.
-Si, claro.
Unos golpes rozaron la puerta, justo en aquel momento. La voz de Marco irrumpió en nuestro espacio con un deje apagado.
-Señorita, el señor llegó hace un rato. Quiere entrevistarse con usted en cuento pueda. La espera en su despacho.
Miré a Alice con los ojos como platos y ella me sonrió tapándose la boca con una mano. “Si será malvada” pensé.
Me levanté y atusé un poco mi cabello. Salí por la puerta, mirando a Alice por última vez. La muy cabrona estallaba de felicidad y todavía no comprendía el porqué.
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Cuando rocé con mis nudillos la dura madera de la puerta que daba paso al despacho de Edward, tuve que calmar mi respiración y cerrar los ojos.
Su voz me dió paso , abrí la puerta, traspasando su umbral y admirando como él, me daba la espalda contemplando el paisaje adusto y frio.
Cerré con cautela y apreté mis manos entre sí antes de decidirme a hablar.
-No tenía ni idea que habías vuelto.- Me sorprendí. Mi voz sonaba lo bastante serena y cortante. No tenía nada que ver con el estado de mis nervios.
Él se dio la vuelta y me quedé sin respiración por unos momentos. Edward era tan bello que asustaba. El poderoso y firme ángulo de su mandíbula, sus ojos verdes increíblemente penetrantes y aquella boca ligeramente llena…mi cuerpo reaccionó al recodar como había sido probar aquellos labios, suaves y provocadores.
-Tampoco te interesa. ¿No es cierto?.- su voz sonó suave y esa suavidad llegó hasta mi piel, acariciándola y despertándola. – Hola Isabella.- sonrió, tendiéndome su mano, con sus dedos largos y finos.- Un prometido daría un beso apasionado a su dama, pero éste no es el caso.- bajó la mirada y tomó asiento, instándome a que yo también lo tomara de frente a él.
-¿De qué quieres hablarme?.- pregunté lo mas fría que pude.
-Tenemos una charla pendiente y creo que ya es tiempo que la tengamos. Me estuviste huyendo después de acceder a casarte conmigo…
-Luego huiste tú.- le revoqué.
Él sonrió mirando hacia un lado y llevando una mano a su cabello revoltoso y tremendamente sexy. ¿Por qué Edward tenía la impresión de haber tenido sexo durante toda la maldita noche? Aquel cabello revuelto daba aquella sensual sensación.
-Si, lo hice. Fué lo mejor. Te lo aseguro….pero ahora vamos a hablar de lo que nos ha llevado a esto. – suspiró y me miró intensamente.- Te agradezco lo que estas haciendo por mí. Sé que no deseas estar aquí. Te estaré agradecido toda la vida. Nos casaremos en dos semanas. Ya está todo arreglado, si no pones ninguna objeción. Quiero que tú también salgas beneficiada en esto y cuanto antes sea mejor, puesto que quieres volver a Londres. ¿Me equivoco?
-No. No lo haces. – susurré.
-Bien.- entrelazó ambas manos entre sí.- Me haría muy feliz que fueras a vivir a uno de los apartamentos de Esme en Londres. Deja la casa donde vives y alquílala si gustas. Sé que no te hace falta el dinero, pero nunca viene mal un sobresueldo y mas si vas a tener a la señorita Brandon como secretaria.
Accedí con una sonrisa.
-En cuanto a nosotros. Nuestro matrimonio no debe ser un impedimento para que hagas tu vida….amorosa, Isabella…
Abrí la boca para hablar, quise sacar a relucir la conversación de Alice, la mujer que él amaba. ¿Por qué no la buscaba? Me dolía aquel pensamiento pero debía de tener los pies en el suelo. Edward me atraía porque siempre lo había visto de una manera endiosada; aunque me negara a reconocerlo. Era técnicamente bueno en todo, para Esme.
-Dime…ibas a hablar. No te quedes nada para tí. Si tienes alguna objeción sobre algo, dílo. Este es el momento.- sus ojos escaneaban los míos, de una manera hasta cruel. Era como si quisiera llegar mas allá de mis pensamientos.
-Si…si nos enamoramos de otras personas, será un impedimento decir que estamos casados….
Él rió, sin que este gesto le llegara a sus ojos y suspiró.
-Si eso te llega a suceder. Házmelo saber. Te daré la libertad para que puedas casarte con el hombre que elijas.- pude notar como su voz se volvía mas cortante.- Intentaré tener responsabilidad a partir de ahora y hacer negocios rentables. Carlisle no me dejó en la ruina y tengo algunos ahorros…no te preocupes cuando llegué ese momento. Transmítemelo .
-Tú…¿tú…no albergas la posibilidad de enamorarte? Hablas como si esto me atañara solamente a mi.
Se levantó rápidamente y caminó de nuevo hacia la ventana abierta. Observando el gris palpitar de la campiña.
-Aunque lo estuviese …estoy maldecido con la negativa. Isabella… marchate, quiero estar solo.
Tragué en seco y casi sollozo allí mismo. Me tapé la boca para ahogarlo y sin despedirme alcancé la puerta y me marché de allí como pude.
Continuará…
Espero que les haya gustado. Besos mis amorosas amigas. Las quiero!!