Masen esperaba al pie de la escalera, mudo, mientras veía como Isabella descendía la escalera, una visión de raso azul y marfil la hacían parecer un ángel con una nube flotante de pelo marrón y ojos del color de un chocolate intenso. El traje revelaba la delgada curva de su cuello y un pequeño trozo de su satinada piel. Unos bellos y diminutos zapatos azules apuntaban por el borde de su traje.
-"Qué bella eres, mi dulce" dijo Masen. Cogiendo su mano con la de él, la presionó contra sus labios.
Una oleada de color arrasó sus las mejillas de Isabella cuando vio la admiración en sus ojos.
-"Tu también estas muy guapo mi señor" contestó, sintiéndose repentinamente tímida.
Vestido con unos ceñidos pantalones negros, suaves botas negras de cuero, una camisa blanca, y un abrigo negro de fino paño, cada pulgada de él demostraba que era un caballero de calidad y riqueza.
La palabra "vampiro" susurró en su mente. Resueltamente, la apartó a la fuerza. Ahora no pensaría en eso.
-"¿Todavía crees que esto es una buena idea?". Preguntó mientras pasada el chal de lana blanca por sus hombros y luego le recogía su capa.
-"No tienes que acompañarme si no quieres" dijo.
Sus nudillos acariciaron su mejilla. -"Sólo pensaba en ti, en tu reputación".
-"No me importa lo que los demás piensen" contestó, -"Siempre que este contigo".
Un poquito de calor, como el toque de la luz del sol, se enrosco alrededor del corazón de Masen.
-"Como tu quieras" le dijo, y le ofreció su brazo.
La iglesia, hecha de piedra y de madera tallada, se erigía al pie la colina. La luz de varias docenas de velas blancas inundaba el cuarto, bañando las caras de los santos de madera con una suave luz.
Los bancos de iglesia estaban llenos de amigos y familia, y Isabella sonrió a su madre y hermanas mientras ocupaba su lugar entre ellas. Por un momento, contuvo el aliento, esperando.
¿Esperando qué? filosofó. ¿Qué la iglesia se derrumbara? ¿Qué el sacerdote se acercara con una cruz en lo alto y Masen fuera expulsado de la iglesia?
-"Relájate, mi dulce". Murmuró Masen. Cogió su mano y la palmeó reconfortadoramente. -"Mi presencia no hará arder la capilla. El sacerdote no renegará de mi como si fuera Satán".
Isabella sintió que sus mejillas ardían mientras él expresaba sus miedos con palabras.
A pesar de sus burlonas palabras, Masen no estaba tan tranquilo como quería hacerle creer a ella. Su mirada era atraída una y otra vez hacia el crucifijo de madera grande que estaba detrás del altar.
Hacia doscientos años que no había pisado una iglesia. La última vez que había entrado en una iglesia había sido poco tiempo después de ser hecho Vampiro. Se había refugiado dentro de una pequeña capilla para escapar de la luz del sol.
Agazapado dentro de uno de los diminutos confesionarios, había implorado perdón por la sangre que había derramado, por las vidas que había tomado.
Ahora, sentado al lado de Isabella, tenía aguda conciencia de los susurros detrás de él mientras los ciudadanos expresaban su sorpresa al verle allí. Raramente abandonaba el castillo, excepto en las ocasiones en las que iba a la taberna.
-" Parece que nunca envejece... "
-"¿Qué crees que hace en ese castillo?".
-"... descaro, traerle aquí... "
-"... no es natural, la forma en que vive... "
Los susurros y las especulaciones cesaron abruptamente cuando el sacerdote y los novios tomaron sus lugares en el altar. Momentos más tarde, la hermana de Isabella entró andando por el pasillo.
Era una bonita muchacha, meditó Masen, radiante en el día de su boda. Llevaba un traje color marfil con un velo y un ramillete de prímulas y delicados helechos.
El novio, Jasper Witlock, era alto y más bien delgado, con pelo rubio y ojos azules.
Masen deslizó una mirada hacia Isabella cuando el sacerdote comenzó a hablar. No tuvo que indagar en su mente para saber lo qué pensaba, para saber que se imaginaba de pie en el altar, repitiendo los votos que la unirían al hombre que amaba.
Una sola lágrima se deslizó por su mejilla cuando el nuevo marido de su hermana levantó su velo y besó a su prometida.
Un dolor punzante perforó el corazón de Masen. Algún día, Isabella estaría en un altar parecido y diría las palabras que la unirían por siempre a otro hombre. No podía soportar el pensamiento. La angustia de saber que ella sería de otro sería su fin.
Ese día, cuando supiera que la había perdido para siempre, saldría al encuentro del sol.
Hubo una fiesta después de la ceremonia. Jasper Withlock era el único hijo de una familia de clase media. Su padre, Peter Withlock, era el platero del pueblo. La recepción fue en el salón municipal.
Masen permaneció en el fondo, aliviado de que no hubiera espejos en el gran edificio de madera. Se quedó en una esquina, en la sombras mientras veía como Isabella iba de un lado a otro del cuarto, haciendo bromas con los invitados, riéndose con sus hermanas, haciendo una pausa para hablar con su madre, ayudando a la señora Charlotte Withlock con la mesa.
Era una visión, su Isabella, una reina de las hadas con un remolino de faldas azules.
Había otras mujeres presentes – una cierta cantidad de ellas más jóvenes, otros con más curvas – pero ninguna más bella, ninguna tan vibrante y viva como ella. En un cuarto lleno de seres vivos, su perfume, su sangre, le atraían como si de un brillante faro a través de un mar de medianoche se tratara, tentando sus sentidos.
Isabella miró hacia atrás, su mirada escrutadora buscándolo como una abeja el polen.
Masen se quedó mirándola fijamente, la oscuridad de sus ojos atrayéndola. Antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo, se dirigió hacia él, ignorando a la gente que le hablaba mientras pasaba de largo.
Ella le miró con ansiedad. –"¿Mi señor?"
-"¿Puedes concederme este baile, dulce Isabella?".
-"¿Bailar?" Sólo luego vio que los músicos tocaban, que otros bailaban.
Dio un paso hacia él, con un suspiro de satisfacción saliendo entre sus labios mientras él la condujo entre sus brazos haciéndola girar alrededor del salón. Nunca había bailado con un hombre tan ágil, quién con su solo contacto le hiciera surgir anhelos tan profundos y prohibidos.
Investigó en sus ojos, ojos ambarinos insondables que la atraían obsesivamente, hasta que no vio nada mas y a nadie salvo al oscuro señor de Castle Masen.
Vampiro.
El brazo alrededor de su cintura se tensó cuando la palabra le pasó por la cabeza. Él lo sabe, pensó, sabe lo que estoy pensando. Una vez le había dicho que podía leer su mente, y se había resistido a creerlo, pero ahora lo creía.
Echándose un poco hacia atrás, contempló las profundidades de sus ojos. Bésame, mi señor, bésame ahora. Y, muy lentamente, él agachó su cabeza y posó sus labios sobre los de ella.
Se regocijó con su beso al mismo tiempo que sopesaba lo que significaba vivir con un hombre que podía conocer cada uno de sus pensamientos. Un hombre que no era un hombre del todo.
Cuando el baile acabó, la escoltó a través del vestíbulo y le alcanzó un vaso de vino, luego se sentó a su lado mientras ella comía un pedazo de pastel de boda. Más tarde, hubo un brindis por los novios y luego Alice y Jasper se fueron. Poco después de eso, Isabella se despidió de su madre y sus hermanas.
-"Vuelve a casa con nosotros" le rogó Reneé. Miró en dirección a Masen y se estremeció cuando sus ojos ambarinos atraparon los suyos. -"Por favor, hija, vuelve a casa donde tienes un sitio".
-"No puedo. Mama. He prometido quedarme con Lord Masen durante un año".
Reneé negó con la cabeza. -"No te entiendo, hija. ¿Qué poder tiene sobre ti?".
-"Le amo" Isabella dijo quedamente. -"Ese es el poder que tiene sobre mí. Él me ha concedido un año para estar junto a él, sólo un año, y no le dejaré ni un solo día antes".
Reneé negó con la cabeza de nuevo. -"Me temo que te ha hechizado".
Isabella contuvo una sonrisa. -"Le aseguro madre que no es ningún brujo".
-"Apostaría a que tampoco es un simple hombre" dijo Reneé. -"Es malo, Isabella. ¿Por qué no te das cuenta?".
-"Él no es malo, mama. Ha sido amable conmigo, con nuestra familia. ¿Ha olvidado que Alice no habría tenido ninguna dote de no ser por la generosidad de Lord Masen? ¿Ha olvidado que restauró nuestra casa, que él es el que hizo posible que conserváramos nuestra tierra después de que papa muriera, que pone comida en nuestra mesa y paga nuestros vestidos?".
-"No lo he olvidado" contestó Reneé en tono apaciguador. -"Pero temo que su generosidad no nace de la bondad, Isabella. Temo que solo sea cuestión de tiempo el que conozcamos sus verdaderos propósitos".
Isabella negó con la cabeza. Comenzó a explicar a su madre acerca del refugio en el pueblo, pero cerró su boca, recordando que había prometido a Masen que no se lo diría a nadie.
-"Me tengo que ir, madre" dijo. Le dio un abrazo rápido a su madre y un beso de despedida a sus hermanas. -"Las volveré a ver pronto".
Ella guardó un largo silencio en el carruaje mientras regresaban al castillo. Masen miró sus ojos entrecerrados, preguntándose que sería lo que la molestaba. ¿Era la desaprobación de su madre? ¿Un poco de melancolía porque su hermana parecía felizmente casada? ¿O estaba tratando de encontrar una forma de decirle que había cambiado de opinión acerca de pasar un año en compañía de un vampiro?
-"¿Isabella?".
Ella giró su rostro hacia él, su cara en las sombras. –"¿Sí?"
-"¿Qué es lo que te molesta?".
-"Mi madre. Cree que eres malo, y que hay alguna oscura razón por la que estas siendo tan amable conmigo y mi familia".
-"¿Y que es lo que piensas tú?".
-"Pienso que me moriré si no me besas enseguida".
-"Ah, Isabella... "
-"¿Es que nunca vamos a hacer el amor, mi señor?"
-"¿Te casarías conmigo, Isabella?".
-"¿Casarme contigo?" se quedó sin aliento.
-"¿Es eso tan repugnante?".
-"No, pero... "
-"Sólo durante lo que queda de nuestro año, Isabella. Si permaneces conmigo el tiempo que me prometiste, me gustaría que fueras mi esposa".
-"¿Y luego?".
-"Luego te liberaré de tus votos".
Su propuesta la dejó sin habla. ¿Casarse con él?
-"Dejaré que lo pienses durante un tiempo, mi dulce". Le cogió las manos, deleitándose con el calor de su piel. -"Te quiero, Isabella, más de lo que en toda mi vida haya querido a alguien. Más de lo que anhelo ver el sol de nuevo".
-"No necesitas casarte conmigo" dijo suavemente. -"Creía haberte dejado claro que te amo sin condiciones".
-"Ah, Isabella, para mi sorpresa, acabo de descubrir que todavía conservo dentro de mí un cierto sentido del honor. No tomaré tu virginidad, ni tu inocencia, sin el respaldo del matrimonio".
Besó la palma de su mano con su lengua acariciando la carne sensitiva, enviando escalofríos de deleite a través de ella. -"Di que sí, dulce Isabella".
No podría ver su rostro en la oscuridad, pero podía sentir sus ojos fijos en ella, esos ojos oscuros, profundos encendidos con un feroz fuego interior.
Vampiro.
-"No te lastimaré, Isabella Swan".
-"Lo sé". Miró sus manos, enlazadas con las de él. Manos fuertes, pero que siempre habían sido gentiles con ella.
Lord Masen es un hombre gobernado por oscuros apetitos. Las palabras de advertencia de Phill, dichas con seriedad, le advertían que tuviera fuera cuidadosa.
Él es malo, Isabella. ¿Por qué no puedes verlo? Oyó su el eco de la voz de madre en el fondo de su mente.
Indagó en los ojos de Masen y supo que sabía de sus pensamientos, sus dudas.
-"Isabella... "
-"Me casaré contigo, mi señor, cuando tú digas".
-"Mañana por la noche".
-"¿Tan pronto? Esperaba... "
-"¿Qué esperabas, mi dulce?"
-"Casarme en una iglesia, con un traje de seda blanca y velo, con mi madre y mis hermanas a mi lado".
-"Las tendrás".
-"¿Para mañana por la noche? No lo creo".
-"Haz los preparativos para la boda que siempre soñaste, Isabella" dijo. -"Todo lo que te pido es que no me hagas esperar demasiado tiempo, y que la ceremonia se realice aquí en la capilla del castillo".
-"¿Hay una capilla aquí?"
Masen asintió. -"¿Cuánto tiempo necesitas?".
-"Dos semanas deberían bastar".
.
.
Phill estaba asombrado por las noticias. La madre de Isabella estaba horrorizada, sus hermanas mudas.
Black se quedó aturdido.
Sentado frente a Masen en la taberna varias noches más tarde, Jacob negó con incredulidad.
–"¿Ella aceptó casarse con usted?".
Masen asintió. Podía sentir los celos emanar del otro hombre, la cólera, ver la mano de Black apretando fuertemente la taza que sostenía. -"Nunca creí... Nunca creí que usted se casaría".
-"Ni yo" contestó Masen. Pasó la mirada alrededor del vestíbulo, saludando con un asentimiento a Newton y Crowley, que estaban jugando una interminable partida a las cartas.
-"Supongo que la mantendrá encerrada en ese maldito castillo" dijo Jacob con voz tensa.–"¡Maldita sea Masen, no puede mantenerla prisionera!".
Masen no se movió, no cambió de expresión, pero Black supo que había ido demasiado lejos. Jacob se aclaró la voz. -"Solo quise decir que ella merece algo mejor que eso".
-"No será una prisionera" dijo Masen. -"Será mi esposa. Y como tal, estará en libertad de entrar y salir cuando quiera".
Jacob asintió de nuevo. Sin pasar por alto la advertencia en los ojos de Masen, o el borde afilado de su voz, y supo que sería sabio cambiar de tema.
-"Ella quiere casarse en la iglesia con su familia a su lado" Masen comentó. Aspiró profundamente, y las aletas de su nariz se llenaron del olor a whisky fuerte y al humo de sus cigarros puros y por encima de todo a la gruesa y cálida esencia de su sangre.
Black se recostó en su silla. Respiró profundamente, esforzándose en tranquilizarse. -"No puede culparla por ello".
-"Les ha pedido a sus dos hermanas mayores que la acompañen al altar".
Masen despejó su garganta y pasó la mirada alrededor del cuarto. Durante sus dos siglos de existencia, nunca había pedido un favor a otro hombre.
Con un suspiro, miró a Black de nuevo. -"No tengo ningún otro amigo a quien pedírselo" dijo sin matices. -"Pero consideraría un honor si usted me acompañara".
Jacob le miró de soslayó, obviamente sin palabras y luego asintió.-"Será un placer para mi, Su Señoría" contestó Black seriamente, aunque se preguntó cómo podría soportar estar presente mientras Isabella entregaba su corazón a otro. –"¿Cuándo se celebrará el matrimonio?".
-"Dentro de diez días".
Diez días, Black pensó, y se preguntó si habría algo que pudiera hacer para convencer a Isabella de que no se casara, antes de que fuera demasiado tarde.
Durante la semana siguiente, el castillo de Masen estuvo más agitado de lo que había estado durante doscientos años. La madre de Isabella y las hermanas venían a menudo a ayudarla con la confección del traje de boda y a planear el banquete de bodas.
Debería haber sido una ocasión feliz, Isabella filosofó. Deberían haber habido sonrisas y risas mientras se sentaban por las tarde a trabajar en su traje de novia, pero cualquiera que mirara el rostro de su madre habría pensado que se preparaban para un velatorio. Reneé masculló repetidamente que nada bueno saldría de este matrimonio, que había maldad dentro del castillo, que Lord Masen no era el hombre noble que parecía. Isabella hizo lo mejor que pudo para ignorar las horrendas advertencias de su madre, sin embargo algunas veces, cuando estaba sola, se preguntaba qué de bueno podría salir al casarse con un vampiro.
Sus hermanas pensaron que era romántico que se casara con el oscuro señor del castillo.
Lanzaron grandes exclamaciones de asombro mientras les mostraba el castillo, maravillándose de los tapices que pendían de las paredes, de las enormes chimeneas en los salones, de las pesadas espadas que colgaban cruzadas sobre la chimenea.
Atravesaron corriendo los jardines; estaban encantadas con el laberinto.
Phill, por su parte, estaba encantado con la madre de Isabella. Utilizaba cualquier excusa para entrar en el cuarto cuando Reneé estaba allí, hacia una pausa en el portal cada vez que pasaba por allí, deteniéndose para preguntar si deseaban algún refresco. Reneé fingía estar ajena al interés de Phill, Isabella se daba cuenta de que le gustaba por la forma en que los ojos de su madre brillaban cuando Phill estaba junto a ella, de la forma en que sus mejillas se sonrojaban cuando sus manos accidentalmente se rozaban.
Rosalie fue la primera en mencionarlo en voz alta. Estaban en el cuarto, cosiendo el borde del vestido de novia de Isabella, cuando Phill entró en el cuarto con una bandeja de té y unos panecillos. Le sirvió uno a cada una, sonrió a Reneé, y salió del cuarto.
-"Creo que le gustas, mama" comentó Rosalie. -"Siempre le da la galleta más grande, y sus ojos sonríen cuando te mira".
-"No sé de que me hablas" replicó Reneé.
-"Es cierto". Marie sonrió abiertamente a su hermana menor. -"Tal vez pronto tengamos un nuevo padre".
-"Cállate, Marie" la amonestó Reneé.
-"Parece simpático, mama" agregó Angela. -"Y sus ojos sonríen cuando te mira".
-"¡Tonterías!".
-"No son tonterías, mama" dijo Isabella. -"Él me dijo que pensaba que eras era una mujer hermosa".
-"¿Cuándo?" preguntó Reneé, con sus mejillas ardiendo. –"¿Cuándo te dijo eso?".
-"La primera vez que me trajo a casa".
Reneé azorada y halagada, agacho la cabeza sobre su costura para que sus hijas no pudieran ver sus mejillas sonrojadas. Habían pasado años desde que un hombre la había mirado así. Más años de los que podía recordar. Podría haber encontrado el interés de Phill halagador si hubiera sido cualquier otro, pero ella no quería tener nada que ver con cualquiera que trabajara para Masen. Ya era suficientemente duro estar ahí viendo a su hija a punto de cometer lo que Reneé creía que era el error más grande de su vida. Pasó la aguja a través del tejido, maldiciendo silenciosamente a su marido. Si no hubiera sido por Charlie, Isabella y Masen nunca se habrían conocido.
Al atardecer, la madre de Isabella y las hermanas se fueron. Isabella todas las noches las invitaba a cenar, pero Reneé siempre rehusaba. Daba todo tipo de excusas, pero Isabella sabía la verdad, sabía que a su madre le daba miedo estar en el castillo después del anochecer. Había demasiadas historias de extraños pasos por el castillo de Masen, demasiados rumores de fantasmas y vampiros por la zona. Cada noche antes de irse, Reneé dibujaba la señal de la cruz en la frente de Isabella y le recordaba que rezara sus oraciones y dejase su rosario al alcance de la mano.
Esta noche no era diferente. Isabella permaneció en el quicio de la puerta, sintiendo todavía en la frente la huella de los callosos dedos de su madre mientras observaba como se alejaba el carruaje.
Con un suspiro, Isabella cerró la puerta y se dirigió hacia el comedor. Se sentó en su lugar habitual, sonriendo a Phill mientras colocaba un plato frente a ella.
Un momento más tarde, Masen entró en el cuarto. La besó en la frente y luego tomó su asiento acostumbrado frente de ella. Instantes después Phill le puso delante una jarra y su copa.
Isabella miró la jarra, el oscuro líquido rojo que brillaba tenuemente dentro del cristal.
Apartó la mirada mientras Phill llenaba la copa y se la entregaba a Masen.
Sangre de ovejas y vino. ¿Cómo había podido sobrevivir tomando eso durante más de doscientos años?
Clavó los ojos en su plato, en la carne de cordero, las patatas y el pan recién horneado e intentó imaginar como se sentiría si no pudiera comer comida sólida nunca más, si se viera forzada a beber sangre de personas o de animales para sobrevivir.
Pensó en todas las cosas que adoraba, el pan, queso y el chocolate. El brillo del sol, la hierba recién mojada por el rocío. Nadar en el lago en un caluroso día de verano.
Trabajar en el jardín con el sol en su espalda y el perfume de la tierra fresca recién cavada llenando las aletas de su nariz. Vigilar a los niños jugando... Las cosas perdidas para siempre para el hombre sentado frente a ella.
Así sería cuando estuvieran casados, pensó. Nunca compartirían una comida, o caminarían de la mano por las mañana en el jardín cuando el rocío brillaba sobre la tierra. Nunca conocería la maravilla de la maternidad. Cambiaría su vida para adaptarse a la de él. La luna se convertiría en su sol, la noche su día.
Repentinamente se dio cuenta del silencio en el cuarto. Podía sentir su mirada ardiendo en ella. Aspirando profundamente, se obligo a mirarlo.
Vio un gran dolor. Un dolor sombrío, implacable. Y bajo todo eso, el aislamiento de doscientos años. ¿Cómo lo había podido soportar?
Él no dijo nada, sólo se le quedó mirando y supo que había adivinado cada uno de sus pensamientos, que había sentido su repulsión, su piedad. Sintió la furia burbujeante bajo la superficie, su cólera, su amargura.
Su corazón saltó una pulsación mientras él se levantaba. Por un momento, se quedó mirándola fijamente y luego, con un revuelo de su capa alrededor de sus tobillos, salió del cuarto.
Un momento más tarde, oyó el fuerte golpe de una puerta al cerrarse y supo que había abandonado el castillo para vagar por el jardín y también supo que tarde o temprano, iría al laberinto. Se sentaría a la sombra del lobo y se quedaría mirando a la oscuridad que era una parte de sí mismo. ¿Cómo había sobrevivido a siglos de oscuridad?
Se quedó sentada durante un momento y luego, lentamente, se puso de pie para seguirle.
-"No lo haga, señorita".
-"Phill, no le vi.".
-"Déjelo, señorita Isabella".
-"No puedo. Él sufre... "
Phill asintió. -"Sí, señorita, pero está acostumbrado a ello desde hace mucho tiempo".
Clavó los ojos en Phill como si le viera por primera vez. -"Todo este tiempo, usted ha sabido lo que él era y nunca me lo ha dicho". Y luego un nuevo pensamiento cruzó su mente. –"¿Usted, también es uno de ellos?".
En el mismo instante en el que hacia la pregunta, supo que era imposible. -"¿Lo ha hecho... ?".
Trató de encontrar una forma de expresarlo delicadamente, y no encontró ninguna.
-"Él ha bebido de mí en el pasado, señorita, cuándo no había nadie y nada más disponible".
-"Su lealtad es muy fuerte".
-"Salvó mi vida, señorita. ¿Qué menos podría hacer?".
Isabella miró hacia la ventana. Más allá solo pudo ver la oscuridad. Masen estaba allí fuera, solo y triste y era por su culpa. Le había conducido afuera, a la noche.
-"Debo ir con él". Se encaminó hacia la puerta mientras hablaba. –"¿Está en el laberinto?".
-"No, señorita".
-"¿No?". Se detuvo y se giró. -¿Ha abandonado las tierras del castillo?".
-"No, señorita".
-"¡Phill!".
-"Lo siento, señorita Isabella".
-"Entonces lo encontraré yo sola" exclamó, y salió del castillo.
Fuera, se quedo quieta temblando en la oscuridad. Y luego, repentinamente, supo dónde estaba.
Le costó veinte minutos encontrar el camino hacia la portezuela en la pared del norte.
Temblaba de frío, pero había llegado demasiado lejos para regresar a buscar un chal.
Una fría niebla humedecía su pelo.
La portezuela se abrió fácilmente sobre goznes bien engrasados y se cerró cuidadosamente tras ella. La hierba húmeda amortiguó el ruido de sus pasos y mojó sus zapatos. Y luego lo vio, un pequeño rebaño de ovejas amontonadas contra una roca. Mientras se acercaba no le hicieron el menor caso. Miró atentamente en la oscuridad, tratando de ver qué era lo que acaparaba su atención.
Al principio no vio nada pero luego vislumbró un tono de blanco contra la hierba húmeda de rocío, y por encima del cuerpo de las ovejas un par de ojos. Unos ojos que brillaban intensamente en la oscuridad con una luz roja sobrenatural.
Y luego una forma oscura se alzó detrás de la oveja muerta.
El lobo tenía el pelo cobrizo. La sangre goteaba de sus colmillos. Un gruñido bajo retumbó profundo en su garganta, recorriéndole un escalofrió de terror por su columna vertebral.
¡Fuera! La voz de Masen hizo eco en su mente. ¡Vete!
Lentamente, dio un paso atrás, y luego otro, y otro hasta que embargada por un horror sin nombre, se giró y corrió hacia la seguridad del castillo.
Phill la estaba esperando en la puerta. No le hizo ninguna pregunta, simplemente le envolvió una caliente manta de lana alrededor de sus hombros y la acompañó hasta su cuarto.
Como si fuera una niña, le ayudó a quitarse la ropa y ponerse el camisón. Le trajo una taza de té caliente y se sentó a su lado mientras bebía. Cuando la taza se hubo vaciado, se la quitó de las manos, y la metió en la cama. Enderezándose, apagó todas las candelas excepto una, y luego, se sentó en una silla al lado de la cama, Phill le cogió la mano y se dispuso a acompañarla durante la noche.
¡Perfecto! Se van a casar, y ya están los preparativos; pero Isabella vió a Edward en forma lobuna alimentandose con la sangre de ovejas por lo cuál quedó en estado de shock ¿qué pasará?
Un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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