miércoles, 14 de septiembre de 2011

La Hija del Coronel.

Capítulo 10

Tras el concierto, la suite estaba abarrotada. Los miembros del grupo, la
prensa, los músicos, las groupies… había toda clase de gente en aquella
habitación que tan sólo dos horas antes le había parecido enorme. El alcohol corría
a raudales. Rayas de polvo blanco cubrían una mesita de café de cristal. Una joven,
probablemente menor, estaba arrodillada ante ella, esnifando por la nariz. A su
alrededor, un puñado de invitados aguardaba su turno. En la esquina, Mike sostenía a
una rubia ebria en el regazo. Los pezones de la joven presionaron contra una ceñida
blusa turquesa cuando Mike se los acarició con una mano. La otra mano la había
deslizado bajo la minifalda para apartar el tanga a un lado y juguetear con su sexo a la
vista de todo el mundo. Bella apartó la mirada cuando él se desabrochó los
pantalones de cuero.

«¿Así era como vivía Jake?».

A Bella le palpitaba la cabeza. Gente que no conocía la paraba para felicitarla
por su compromiso. Compromiso que la había cogido de improviso hacía sólo unas
horas y con el que no estaba de acuerdo.

No quería herir los sentimientos de Jacob, pero era incapaz de vivir de esa manera.

Se abrió la puerta de la suite y Jake entró sin prisa alguna y con una sonrisa
radiante y perfectamente simétrica en su cara. La pequeña multitud lo vitoreó. Mike
hizo una pausa en el vaivén que mantenía con la rubia para saludarle con la mano. A
espaldas de Jake, Cal frunció el ceño al percatarse de la escena y susurró algo al oído


de Jacob, provocando que la sonrisa de éste se tornara feroz, y que se girara hacia él
con los puños cerrados.

«Mmm, fuera lo que fuese lo que Cal le había dicho, a Jacob no le había gustado».

Ambos intercambiaron unas palabras. Palabras malsonantes, supuso Bella por
el lenguaje corporal. Luego Jake se apartó. Y se digirió hacia ella.

—Hola, nena. —Forzó una nueva sonrisa y le agarró del brazo, levantándola del
sofá y cogiéndola entre sus brazos—. Vayamos fuera y apartémonos de todo esto.

Como había estado esperando la oportunidad para hablar con Jake, ella no se
resistió cuando él la tomó de la mano y la condujo al otro lado de la habitación. Se
encaminaron hacia la puerta corredera para salir al balcón, pasando
prácticamente por encima del último tío que se estaba metiendo una raya y
tropezándose con un Mike en pleno movimiento.

—¿A dónde vas, hombre? —preguntó Mike, luego volvió a penetrar a la rubia para que
lo cabalgara de nuevo—. No te vayas muy lejos, esta chica está que arde.

La mirada de Jacob se deslizó sobre ellos. Mike le había quitado la blusa a la chica y sus
pechos desnudos rebotaban con cada envite que él prodigaba a aquel cuerpo flexible.
La joven estaba ruborizada, tenía los ojos turbios y medio cerrados. Y parecía muy
colocada.

—¿Sí…? ¿Por qué no te buscas un dormitorio? Cal me echará una buena bronca si
sigues tirándotela delante de todo el mundo.

—No te preocupes y únete a nosotros, hombre. Su coño está bien apretado, y quiere
otra polla en su culo virgen, lo está reservando para ti.

Bella dio un paso atrás instintivamente. Estaba bastante segura de que la rubia no
estaba en su sano juicio en ese momento y lo más probable era que ni siquiera supiera
lo que quería.

Tras mirar furtivamente a Bella, Jacob negó con la cabeza.

—Voy a salir al balcón con Bella, hermano. Búscate un dormitorio

Michael Newthon puso los ojos en blanco y se quejó, pero se puso en pie y levantó a la
rubia, manteniéndola empalada en su miembro y obligándola a rodearle con las
piernas.


Dios, no podía quedarse allí de ninguna manera. Bella negó con la cabeza.

Cuando la puerta de la suite se cerró a sus espaldas, los envolvió el aire húmedo del
verano, cálido y agitado.

Jake le pasó el brazo por los hombros y suspiró.—Me alegra que estés aquí.

—Tenemos que hablar. —Bella se giró hacia él con una mirada muy seria—. El
anuncio de compromiso me ha cogido totalmente por sorpresa. Yo… pensaba
que me preguntarías primero.

Jacob se encogió de hombros y dijo:

—Ya habíamos hablado de ello. Di por hecho que te gustaría

Algo en la cara de Bella debió de haber mostrado su sorpresa y su rechazo, porque
Jake la cogió de las manos y la atrajo hacia él—. Haremos que funcione. Te necesito,
nena. Sabes que es cierto. No quiero volver a eso… —Hizo un gesto amplio con
la mano a la fiesta que se desarrollaba a sus espaldas.

Bella siguió el movimiento con la mirada. Alguien abrió otra botella de champán. Las
rayas de cocaína habían desaparecido, y en su lugar había tres montadores de
equipo que rodeaban a una chica apenas mayor de edad, que estaba a gatas sobre la
mesa, con un pene en la boca, un hombre debajo devorándole los pezones, y otro por
detrás, penetrándole el sexo con duros envites castigadores. Bella se quedó
paralizada, preguntándose cuánto de eso recordaría la chica por la mañana

—Ya ves, sería uno de esos tíos si no fuera por ti.- Bella palideció.

—¿Por qué? Olvídate de esto. Di que no. No necesitas mi ayuda para eso.

—¡Claro que sí! Sin ti soy débil. Pero quiero ser mejor para ti. No quiero
decepcionarte. No quiero corromperte.

«¿Corromperla?». Antes de que Bella pudiera responder, Jake la estrechó
contra su cuerpo y la silenció con un beso desesperado y hambriento. Su lengua azotó
la suya, enredándose con ella, dominándola. Casi forzándola.

Bella no se excitó ni lo más mínimo. Se apartó bruscamente de él.

—¡Para!

Jake se aferró a sus brazos con fuerza. Su ceño dio paso a algo muy parecido al llanto.


—No te alejes de mí. Por favor. Desde que estás aquí, hay algo que te preocupa. Algo
que te detiene, que se interpone como una pared entre nosotros. ¿Qué es lo
que te ocurre? He intentado darte tiempo… ser paciente, pero…

«Edward. Maldito sea». Incluso Jacob, tan apático y egocéntrico como era, se
había dado cuenta de donde estaba su corazón. Y su cuerpo.

—Jake, no es tan sencillo. Ocurrieron algunas cosas antes de que viniera aquí.
Eso hombres que me enseñaron lo que eran los ménages, me han calado hondo. Uno
de ellos… —hizo una pausa y frunció el ceño— no he podido dejar de pensar en él.

—Entonces este matrimonio nos vendrá bien a los dos. Pero tienes que darme
una oportunidad. Puedo ayudarte igual que tú puedes ayudarme a mí.

Bella negó con la cabeza.

—Si de algo me he dado cuenta en los últimos días, es de que no te quiero de esa
manera. Eres un amigo…

—¡Jodida amistad! ¿Sabes cuántas mujeres matarían por ser mi esposa? Las tengo
haciendo cola después de los conciertos sólo para que me las tire. O para que mire
cómo se las tira otra persona. O las dos cosas a la vez. Te estoy diciendo que voy a
renunciar a todo eso por ti, ¿y tú me dices que sólo me quieres como amigo?

Al parecer había herido sus sentimientos, quizá debería de habérselo dicho de otra
manera.

—No era mi intención contrariarte. Significas mucho para mí. Soy yo. No creo que esté
hecha para esta vida. ¿Acaso no deseas una esposa a la que amar y con la que vivir a
solas?

Él soltó un suspiro.

—Puede que algún día. Sólo quiero que me des una oportunidad. Realmente
puedo ayudarte a que te olvides de tu… tutor. Puede que creas que él es
bueno, pero yo puedo ser mejor. Nena, sé mucho sobre cómo complacer a una
mujer. Puedo convertirte en mantequilla, hacer que te derritas a mis pies, y luego
lamerte hasta que grites de placer. Déjame intentarlo. Por favor.

Él dirigió una mirada furtiva a la función que se desarrollaba dentro. La jovencita
todavía era penetrada por un hombre, pero ahora, el que le devoraba los pechos se
había deslizado por debajo de ella y había desplazado la boca a su clítoris, que
succionaba como si fuera un exquisito manjar.


Bella bajó la mirada y observó que cuanto más desenfrenada era la escena
que se desarrollaba dentro, más duro se ponía Jacob. Puede que su cabeza quisiera
apartarse de esa vida, pero su pene opinaba lo contrario.

De repente, un ceñudo Cal se detuvo delante del cristal, bloqueándoles la vista.
Jacob maldijo entre dientes y dio un paso atrás, permitiendo que su agente abriera la
puerta y saliera fuera.

—El periodista de People está esperando en la suite. Deshazte de él antes de que
saque una foto de esa orgía que hay ahí detrás. Se está congregando una multitud en
torno a ellos. ¿Estás sobrio?

—No he bebido ni una gota. —Jake sonaba amargado.

—¿No has fumado, esnifado…?

—No.

—Entonces sal, busca a ese periodista, y aprovecha la oportunidad. La fama es
inconstante y fugaz.

—Se me ocurre una palabra mucho más gráfica para eso.

—Me has contratado para hacer de ti una mega-estrella. Yo cumplo con mi trabajo. Ve
a cumplir con el tuyo.

Jake apretó los dientes y se apartó el pelo oscuro de la cara.

—Vamos, Bella —la instó, extendiendo la mano hacia ella.

Cal lo detuvo, con la boca tensa por la cólera apenas reprimida.

—Ve solo. Haz que el periodista se centre en tu carrera, no en tu romance. No es esa la
imagen que hemos estado vendiendo a la prensa. Procura evitar mencionar tu
compromiso todo lo que puedas.

Jacob le dirigió a Bella una mirada de pesar.

—Eres un auténtico bastardo, Cal.

El hombre le brindó una sonrisa llena de dientes afilados, artificiales y blancos. Lo
único que le faltaba era el tema principal de Tiburón.


—Para eso me pagas.

Mascullando, Jake agarró la puerta y la abrió bruscamente, luego desapareció en el
interior.

Un embarazoso silencio cayó sobre el balcón. Cal la miraba fijamente, y Bella le
sostuvo la mirada, preguntándose por qué demonios parecía estar acusándola de algo
sin ni siquiera abrir la boca.

—Gracias por intentar ayudar a Jake —dijo ella finalmente—. Sé que él no lo
aprecia como a ti te gustaría, pero…

—Eres una chica agradable, no deberías estar aquí. Él va a echar a perder tu
vida, y, definitivamente, tú vas a arruinar su imagen. Dime cuánto quieres y adonde
quieres ir. Yo me encargaré de todo.

—¿¡Qué!? —¿Estaba intentando sobornarla?

—No seas estúpida. —La voz del agente era agresiva—. No tienes sitio aquí. Tu lugar
no está con Jacob. ¿Cuánto quieres por poner fin al compromiso y largarte?

Bella ya tenía planeado marcharse, pero no de esa manera. Le dirigió a Cal una
mirada de incredulidad.

—¿Estás intentando comprarme?

Cal la miró con sus fríos ojos azules.

—Te ofrezco dinero para que regreses a tu hogar, para ahorrarte una gran
cantidad de sufrimiento y humillación pública.

—No quiero dinero —insistió ella. Aunque no tenía intención de casarse con
Jacob, no estaba dispuesta a darle a Cal la satisfacción de saberlo—. Como Jacob ha
dicho, eres un auténtico bastardo. Esto es algo entre él y yo, y lo que decidamos
hacer con nuestras vidas es asunto nuestro.

—Este compromiso va a arruinar su carrera. Está a punto de salir su nuevo
álbum.

Queremos que el público se centre en la música y en el misterio que hay tras un
hombre que vive la vida a tope. No queremos que la gente se pregunte si te vas a casar
vestida de Vera Wang o lo hábil que eres en la cama para haberlo cazado y llevado al
altar. No arruines su carrera.


—No decidas por él. Es un adulto…

—Que piensa con la polla. Si no quieres dinero, por tu bien, sé lista y desaparece
antes de que lo lamentes —gruñó Cal antes de regresar al interior.

Temblando de cólera, Bella esperó hasta que desapareció de su vista antes volver a
abrir la pesada puerta de cristal y acceder al caos ahora enfriado por el aire
acondicionado. Una mirada a su alrededor bastó para ver que la fiesta aún seguía en
auge aunque el cuarteto del suelo había acabado finalmente la función y yacían en un
montón jadeante en el suelo. De hecho, parecía como si la chica se hubiera
desmayado. Una hermosa groupie de sedosos rizos oscuros se mojó la camisa con
champán como si fuera la participante de un concurso de camisetas mojadas. El
empalagoso olor de la marihuana que flotaba en el aire la hizo toser. Un segundo
después, un objeto surcó volando la habitación y cayó a quince centímetros de sus
pies. Un bongo. «Genial».

Suspirando buscó a Jacob con la mirada. Esperaba que hubiera terminado con el
periodista, tenía que hablar con él. Sobre el futuro, sobre ese matrimonio que
no iba a llevarse a cabo. Además tenía que advertirle sobre Cal, aunque
probablemente ya sabría que su agente era un manipulador hijo de perra, pero
por si acaso…

Maldita sea, ¿dónde diablos se había metido Jacob?

Tal vez fuera mejor que no lo encontrara de inmediato. Así tendría tiempo de
hacer el equipaje. Luego podría hablar con él, le dejaría muy claro cuáles eran sus
sentimientos y se iría.

Lo único que esperaba era que Jake no viera su marcha como una posible deserción
sobre todo cuando parecía necesitarla con tanta desesperación. Si era posible, quería
seguir siendo su amiga. Pero no podía mentirle a Jake y decirle que quería ser su
esposa.

Aquello ya no era posible. De alguna manera Edward había atrapado su corazón y se
negaba a soltarlo.

Entró en su dormitorio. Para su sorpresa, lo encontró vacío. Había esperado ver a unos
completos desconocidos haciendo algo desagradable en su cama. Pero encontrarse
sola fue una bendición.

Lanzando la ropa y los artículos personales en la maleta, Bella preparó mentalmente
un discurso. Le diría a Jacob que estaba preocupada por él, le recomendaría que
buscara un buen psicólogo. Le sugeriría que se deshiciera de Mike y de Cal, que sólo


sacaban lo peor de él. Y se ofrecería a ser el hombro en el que apoyarse mientras
intentaba limpiar su vida.

Con una última mirada a su alrededor, Bella se percató de que lo había guardado
todo.

Sólo le faltaba recoger el cepillo de dientes del cuarto de baño, y encarar su última
tarea. Cuando volviera a abrir la maleta, estaría en casa de su padre. Pasaría un par de
semanas con el coronel antes de que él se marchara a su próxima misión, y luego
regresaría a su apartamento y resolvería qué hacer con el resto de su vida.

Suspirando, negó con la cabeza. Nada había resultado como esperaba. Las
rápidas enseñanzas de Edward y su primo sólo habían dejado en evidencia una
profunda fascinación por el militar y que abriera su corazón a aquel hombre de la
misma manera que él había cerrado el suyo a ella. Y respecto a Jake, sí, finalmente
había llegado la tan ansiada propuesta matrimonial, pero ella ya no la deseaba.

Haciendo rodar su maleta detrás de ella, Bella escudriñó la sala principal de la
suite.

Mucha gente, pero seguía sin ver a Jake.

Volviendo al pasillo, abrió la puerta del dormitorio principal… Y se detuvo en seco, con
la mandíbula desencajada.

Mike estaba penetrando la boca de la rubia con movimientos lentos y
perezosos. Ella retorcía las caderas de un lado a otro, luego sostuvo el miembro de
Mike con la mano para poder girar la cabeza y lanzar una mirada salvaje por encima
del hombro en dirección a… Jake, que estaba arrodillado detrás de ella, bebiendo
a morro de una botella de Jack Daniel's, mientras enterraba su polla
profundamente dentro de aquel ano, virgen hasta ese momento, con una
ferocidad apabullante.

«Oh, Dios…». Se quedó paralizada por la sorpresa. Helada. Mareada. Tenía que salir de
allí.


Ya.

Antes de que pudiera desaparecer y dejar atrás aquel infierno, Jake la vio y abandonó
el culo de la rubia, lanzando la botella al suelo mientras soltaba una sarta de
maldiciones.


Bella no esperó a ver si se ponía algo encima o si la perseguía con el miembro
cubierto sólo por un condón.

Logró llegar al vestíbulo de la suite antes de que él la alcanzase, con una
toalla blanca alrededor de la cintura, y la empujara hacia la habitación vacía que había
sido su dormitorio.

—Maldición, nena. Eh… Yo…

—No digas nada. —Bella cerró los ojos, pero todavía seguía viendo la escena
en su mente.

—Lo siento. Esto no significa nada. ¡Ella no significa nada!

Bella pudo vislumbrar cómo sería su futuro. Si acababa casándose con Jake,
tenía el presentimiento de que oiría muchas veces esas palabras. Y que él realmente
se las creería. Pero ella no podía cambiar a un hombre que, en el fondo, no quería
abandonar su manera salvaje de vivir. Ya lo haría cuando estuviera preparado, y Bella
sólo esperaba que no la odiara mientras llegaba ese momento.

—Eso significa algo. —Bella atravesó la puerta del dormitorio con la maleta—. Quiere
decir que lo nuestro no puede ser y que me marcho.

—No. No la amo. ¡Ni siquiera sé su nombre! Estaba excitado y ella estaba disponible.
No quería traicionar tu confianza. Porque te… te necesito.

—No, eso no es cierto —lo contradijo—. Lo que tú necesitas es mirarte al espejo y
decidir cómo quieres vivir la vida. Y es mejor que lo hagas solo. Llámame si
realmente quieres cambiar y te ayudaré como amiga. Pero no seré tu muleta, y
tampoco seré tu esposa. —Se puso de puntillas para besarle en la mejilla—. No estoy
enfadada contigo, pero tengo que írme. Adiós.

Tres días más tarde, sonaba el móvil de Bella. Otra vez. Bella levantó la cabeza del
sofá en la salita de la casa de su padre donde estaba echando un sueñecito. Eran las
cuatro de la tarde. Genial, habían pasado ocho minutos desde la última vez que había
sonado el teléfono. Una rápida ojeada al identifícador de llamadas le reveló la
identidad de alguien que no conocía.

«Maldita sea».

Negando con la cabeza, apretó el botón y dijo:

—Sin comentarios.


—¿Periodistas? —preguntó su padre cuando ella volvió a cerrar de golpe el teléfono.

—Supongo. No les dejo hablar lo suficiente para averiguarlo.

—No habrás recibido ninguna amenaza por el móvil, ¿verdad? Ella negó con la cabeza.

—¿Y tú?

Su padre se frotó la nuca, rígida por la tensión.

—En los últimos tres días recibí un mensaje de voz y un fax. Es un gilipollas pirado.
Pero no sé qué nivel de chaladura tiene.

—¿Estás preocupado?

El coronel vaciló, hizo una mueca y se encogió de hombros. Al final, declaró:

—Sí. Tengo el presentimiento de que este hombre va en serio. Así que quiero que
tengas mucho cuidado cuando salgas de casa.

Bella se enderezó. Su padre casi nunca se preocupaba. Tenía cuidado, eso sí. Pero que
estuviera preocupado… era una mala señal. Muy mala.

—¿Qué te dice en los mensajes?

—Oh, lo típico. Que le he destrozado la vida y que ya ha llegado el momento de pagar.

Que se perdió la infancia de su hija… bla, bla, bla.

—¿Y no tienes ni idea de quién puede ser?

Su padre negó con la cabeza.

—Podrían ser una docena de pirados. Recuerda que llevo en este negocio casi quince
años.

Así que si recibes alguna llamada amenazadora, dímelo. Aunque creó que lo
mejor sería que desconectaras el teléfono.

Antes de que ella pudiera contestarle, el móvil volvió a sonar. Otro número
desconocido.

—Sin comentarios. —Bella suspiró y negó con la cabeza. ¿Cómo habían conseguido
los reporteros su número de teléfono?


—Lo dicho, es mejor que apagues el móvil. Esa gente va a seguir llamándote todos los
días mientras sepan que contestas. —Su padre sonaba tan irritado como ella.

—Lo sé.

—Entonces apágalo. ¿O acaso estás esperando que te llame Jacob?

Bella hizo una mueca. Lo cierto es que no quería hablar de ese tema con su padre.

—Papá…

—Sé que volvió a llamarte ayer por la noche. Y por lo poco que pude oír, te suplicaba
que volvieras.

Habían pasado tres días desde el anuncio de su compromiso y de la marcha de Bella.

Desde entonces, él la había llamado día y noche, casi tan a menudo como los
periodistas que pretendían conseguir información sobre su relación con el
cantante y la razón de que ya no hiciera la gira con él. La noche anterior, la había
llamado borracho como una cuba, admitiendo que estaba durmiendo con otra joven
cuyo nombre desconocía y que se sentía fatal.

—Dejará de llamar.

—Bella, cariño, bajo esa fachada dura que Carlisle y Jasper intentaron doblegar
cuando eras niña, tienes un corazón de oro —le dijo con afecto. Allí estaba esa parte
de su padre que sólo le mostraba a ella y que siempre había logrado que se sintiera
amada—. Tienes que decirle a ese joven que debe seguir adelante con su vida. Y
mostrarte firme.

—Lo hago, pero las cosas no son tan sencillas. Necesita una amiga. Y eso es lo que soy
en este momento.

—No puedes salvarlo de sí mismo.

—Eso ya se lo he dicho.

—¿Es por eso por lo que no apagas el teléfono?

No, no lo apagaba porque había tomado una decisión. Estar con Jake le había
mostrado la diferencia entre un simple enamoramiento y el amor verdadero, entre los
sueños de una chica y las necesidades de una mujer. Bella ya no era una chica, y


quería a Edward. Emmet era también parte de su vida, y estaba a gusto con ambos. Era allí
donde estaba su sitio. Todos lo sabían, excepto

Edward que la había apartado de su lado. El tiempo y la perspectiva la habían
ayudado a comprender que Edward no había querido decir realmente las
palabras horribles que le había escupido aquella noche. Pero ella sólo se había
dejado llevar por el dolor y había salido disparada.

«Estúpida reacción emocional».

Pero a pesar de todos sus razonamientos, Bella no se decidía a llamarlos. Si era
Edward quien contestaba y la rechazaba… no, no podría soportar el dolor que eso le
provocaría. Ya la había hecho sufrir bastante. Pero Emmet llamaría, pronto. Y por eso
Bella había dejado encendido el móvil. Querría saber lo que pasaba entre Jake y ella.
Y cuando ella le dijera que todo se había acabado, quizá él se lo contara a Edward.
Quizá eso cambiaría las cosas…

Hizo una mueca. Dios, eso sí que sonaba retorcido. Si Bella quería que sucediera algo,
iba a tener que dar el primer paso. Lo sabía. Y por eso había ido a ver a un médico para
que le recetara la pildora que había comenzado a tomar dos días antes. Por eso había
dejado un mensaje en el móvil de Emmet, diciéndole que quería hablar con él.

—A propósito, ¿quién demonios es Emmet? —le preguntó su padre.

Bella alzó la cabeza de golpe.

—¿Quién te ha hablado de él?

—Cuando por fin apagaste el teléfono ayer por la noche, llamó al fijo para
preguntar si estabas bien. ¿Qué diablos le importa a él y de qué lo conoces?

—Es Emmet McCarthy, el chef.

—¿El que escribe esos libros de cocina? ¿Cómo lo has conocido?

—Es primo de Edward Cullen. —No le dijo más. No se atrevía. Aunque su padre
acabaría sabiéndolo de todos modos.

El coronel entrecerró los ojos.

—No me has dicho aún cómo lo conociste.

—Papá, no tiene importancia.


—Chorradas. Es la razón por la que no apagas el móvil a pesar del acoso al que te
someten los periodistas, ¿no? ¿Por qué? No has podido conocer a Emmet mientras
estabas en la facultad.

Bella fingió un inusitado interés por lo que estaban emitiendo en televisión, deseando
con desesperación que algo fascinante apareciera en pantalla y distrajera a su
padre. Pero un anuncio de cerveza, a pesar de la rubia de grandes pechos, no iba a
conseguirlo.

—Sólo has podido conocerlo mediante Edward. ¿Por qué demonios has visto a
Edward? Siempre ha estado colgado por ti y por eso se comportaba con tanta dureza
contigo. Hace años le dije que si se le ocurría ponerte la mano encima, le cortaría las
pelotas.

¿Por qué eso no la sorprendía? Ojalá hubiera sido ésa la razón de que Edward no
quisiera hacer el amor con ella, pero sabía que no podía engañarse.

—Conoces las inclinaciones sexuales de Edward, ¿verdad?

Bella hizo una mueca. «Allá vamos…».

—Por supuesto que lo sabes. Antes de irte con Jake, decidiste hablar del tema con
Edward, ¿no? ¿O hiciste algo más que hablar?

—Papá, ya no tengo diecisiete años.

—¡Maldición! —el coronel suspiró, pasándose los dedos por el pelo oscuro. Incluso a
los cuarenta y ocho años parecía un guerrero. Se paseó por la salita como un animal
enjaulado. Su padre era un hombre de acción y toda esa chachara debía de superarle.
Bella trató de ocultar una sonrisa.

—No le veo la gracia —gruñó.

Estaba claro que no le divertía nada saber que ella se había visto con Edward
y que, posiblemente, había participado en un ménage.

—No he dicho que la tenga.

La cara de Jake apareció en la pantalla como parte de un reportaje en un popular
programa de cotilleos.

Después apareció la de ella.


—Oh, Dios mío. —Bella clavó la mirada en la imagen de ellos dos tras el
concierto, poco después del anuncio del compromiso con Jake. Cogió el mando y
subió el volumen. ¿Qué demonios pasaba ahora?

Nada bueno, eso estaba claro. En la pantalla apareció la cara de otra mujer. Una cría.
Con el pelo rubio teñido y lágrimas de cocodrilo. Algo le ese rostro le resultaba
familiar… La joven aseguraba ser la amante le Jake desde hacía algún tiempo y estar
embarazada de él.

De repente, Bella la recordó.

—Está mintiendo —murmuró Bella—. Jake la conoció la noche que me fui. Los
encontré a él y a uno de los miembros de su banda manteniendo relaciones sexuales
con ella. Jacob ni siquiera sabía su nombre.

—¿Se acostó con ella después de anunciar a todo el mundo que iba a casarse contigo?
— refunfuñó su padre.

Ella asintió con la cabeza, pendiente de las siguientes palabras del locutor.

—¿Por qué no me lo dijiste?

—¿Para qué? —preguntó ella—. No puedes resolver mis problemas. Es cosa mía.

El coronel suspiró.

El periodista hizo un comentario sobre una serie de fotos de Jake, luego salió de
nuevo la rubia teñida.

—Jacob Black es el padre de mi hijo —lloriqueó—. El anuncio de su compromiso con

Isabella Swan fue toda una sorpresa para mí.

Más lágrimas fingidas. A Bella se le revolvió el estómago. Luego emitieron un
video casero y subido de tono en el que salían Jacob y la chica. A pesar de que sus
cuerpos eran poco más que un borrón, estaba claro que estaban desnudos.
Bella sabía que era Jake porque el dormitorio de la imagen era el mismo que
él había tenido en la suite del hotel de Houston, y además se veía la marca de
nacimiento que tenía en el hombro. Al parecer, Mike, a quien le gustaban las
películas porno caseras, había filmado aquélla. En el video, la joven estaba tendida en
la cama, sobre la espalda, con las piernas abiertas. Jake, de espalda a la cámara, se
ubicaba entre ellas.


Bella se dio cuenta con rapidez de que aquello debía de haber ocurrido justo después
de que ella los hubiera pillado en plena faena. Sacudió la cabeza.

La cámara volvió a enfocar a la rubia teñida.

—Su repentino interés por estar con otra mujer ha sido totalmente
inesperado y demoledor. Mi hijo necesita un padre…

¿Podría ponerse todavía peor?

El programa emitió entonces un fragmento de Jake en el sofá de un programa
de entrevistas nocturno. El presentador le dirigía una sonrisa sardónica.

—Hablanos de tu prometida. ¿Sabe ella que tu amante está embarazada de ti?

—La chica del video no es mi amante. Cuando eres una celebridad, la gente
intenta aprovecharse de ti —Jake hizo un gesto con la mano para quitarle importancia
a la pregunta del presentador—. En este momento, sólo quiero centrarme en mi
prometida.
Bella se estremeció. Maldición, le había dicho que no iba a casarse con él. ¿Por qué no
lo aceptaba?

Jake siguió hablando.

—Ya sabes qué ocurre cuando uno conoce a la mujer de su vida, colega. Y
Bella, definitivamente, lo es.

El periodista, que llevaba varios años felizmente casado, asintió con la cabeza.

—¿Y qué puedes decirnos sobre los rumores que apuntan a que tu prometida
abandonó la gira la misma noche en que te declaraste?

—Quería pasar un tiempo con su familia antes de la boda. La prensa no ha hecho más
que exagerar las cosas. El resto es, simplemente, un malentendido. —La boca
de Jake tembló ligeramente. Era probable que nadie más, aparte de ella, lo hubiera
notado.

—Yo no llamo a acostarme con otra mujer un malentendido —gruñó su padre, que
parecía a punto de cargarse la televisión.

Pasándose la mano por aquel pelo que era su marca personal, Jake
esbozó otra sonrisa.


—Bella volverá. ¿Verdad, cariño? Te echo de menos.

Luego interpretó algunos versos de una canción, una que ella imaginó que él
había compuesto ex profeso, con una melodía pegadiza y una letra que hablaba de lo
mucho que la necesitaba. Terminaba con una súplica para que regresara.

Bella se estremeció de nuevo.

El programa volvió a emitir una imagen de la «amante embarazada», hablando en una
rueda de prensa. Sorprendentemente, la chica ya no lloraba.

—Jacob Black no es el padre de mi hijo. Soy una gran admiradora suya, pero
no lo conozco. Lamento mucho que mi deseo de atraer su atención le haya podido
causar problemas.

«¿Qué?».

—Está mintiendo de nuevo. Sí que conoce a Jake. Son ellos dos los que salen en el
video. Cal, el agente de Jake, fue el siguiente en aparecer. Decir que su
expresión era sombría cuando le pidieron que comentara la aparición de Jacob
en el programa de entrevistas era ser demasiado generoso.

Bella cayó en la cuenta entonces de que si Cal había intentado sobornarla a ella para
que se fuera, habría hecho lo mismo con aquella chica que, al parecer, había intentado
chantajearle con aquel video casero de Mike.

En la televisión, Cal se aclaró la garganta.

—La vida privada de Jacob Blackl es eso, privada. Ahora mismo, estamos centrados en
el próximo álbum y en la gira que…

—¿Sigue la señorita Swan con Jacob? ¿O ha roto el compromiso?

—Sin comentarios. Ofreceremos un segundo concierto en Atlanta. Las entradas
se pondrán a la venta el sábado. Eso es lo que debería de interesar a sus seguidores.

—Jake dijo que se iba a casar. ¿Sigue la boda en pie?

—Lo único que sé es que el nuevo álbum estará próximamente a la venta y que Jake
está centrado en él —espetó Cal.

Oh, estaba enfadado. Cualquier cosa que apartara la atención de la prensa de la
música de Jake y la centrara en su vida personal no complacía a Cal.


Luego volvió a salir el presentador, diciendo con una voz lo más morbosa posible que
la verdad aún estaba por verse y pidiéndole a los espectadores que permanecieran en
sintonía hasta el final del programa.

Bella se recostó en el sofá. ¿Cómo era posible que no se hubiera enterado antes de
todo ese desastre? Lo cierto es que había estado demasiado ocupada tomando
decisiones y trazando planes durante los dos últimos días para perder el tiempo
viendo la televisión.

Negó con la cabeza. «¡Menudo lío!». Dios, necesitaba tomar el aire. Todo
aquello debía terminar de una vez.

Apagando el televisor con el mando, Bella se levantó del sofá, agarró el móvil y se
dirigió al estudio de su padre.

—¿Qué vas a hacer?

—Voy a poner fin a esta locura de Jake.

Entró en el despacho y se dejó caer en el sillón tras el escritorio, encendió el
ordenador y esperó. Tras meter la contraseña, abrió el navegador de Internet y entró
en su cuenta de correo electrónico.

Luego comenzó a escribir. Unos minutos y unas cuantas miradas inquisitivas de su
padre más tarde, le preguntó al coronel:

—¿Qué te parece esto?

El señor Black y yo hemos decidido terminar nuestro compromiso debido a que
ambos estamos centrados en nuestras respectivas carreras. Todavía soy una gran
admiradora y amiga de Jacob ,y le deseo lo mejor del mundo. Ahora, sólo pido un
poco de privacidad para seguir adelante con mi vida.

—Suena bien —aprobó su padre—. ¿A quién se lo vas a enviar?

Bella vaciló. Buena pregunta. ¿Cuál sería la forma más rápida de que esa noticia
llegara a

Edward y a Emmet, y a los reporteros para que dejaran de molestarla? Repentinamente,
Bella sonrió.

—A todo el mundo.


Le llevó casi una hora, pero envió el comunicado a todos los periódicos cuyo
correo electrónico pudo encontrar.

Dos horas más tarde, Bella estaba sentada en el patio trasero, disfrutando de la
puesta de sol a pesar del calor del verano, cuando su móvil sonó por enésima vez,
mostrando finalmente el nombre y el número que había esperado ver.

—¿Emmet?

—Hola, cariño. ¿Es realmente tuyo el comunicado que ha salido en las noticias sobre la
ruptura de tu compromiso?

Así que lo había visto. Y su voz sonaba esperanzada. Bella sonrió.

—Sí.

Y la pregunta era si Edward también lo había visto.

—¿Cuándo lo decidiste?

Bella esbozó una sonrisa irónica.

—La misma noche que anunció a todo el mundo que nos íbamos a casar sin
declararse primero.

—¿No se declaró?

—Habíamos hablado de eso en el pasado, así que supuso que el asunto seguía en pie…
Te llamé ayer para contarte mis planes.

—Odio haberme perdido tu llamada. Tuve que hacer un viaje rápido.

Ante la mención del viaje, él había sonado… distraído. No, trastornado. «Mmm, ahí
pasaba algo».

—¿Va todo bien?

—Sí —dijo Emmet finalmente, tras vacilar un momento—. Ocurrió algo en Lousiana… No
es importante. Lo único importante es que tú hayas roto el compromiso. Dime,
¿me llamaste porque quieres volver con nosotros?

Bella se mordió los labios y se preparó para oír lo peor. Emmet le daría la bienvenida,
pero


Edward…

—Sí. Esperaba poder decírtelo a ti primero… —Se le puso un nudo en el estómago, un
montón de ellos. Quedarse allí sentada y preocupada no iba a solucionar nada—. Y
que luego tú se lo dijeras a Edward y vieras su reacción.

—Edward vio la noticia sobre tu compromiso. —Emmet vaciló de nuevo, pero esta
vez más tiempo—. Estaba furioso. Creyó que tú le habías dicho que sí a Jacob, que te
habías acostado con él. Que estabas enamorada de él.

Si Edward se había puesto furioso, quería decir que ella le importaba, ¿no?

—¿Cómo crees que reaccionará cuando descubra que nada de eso es cierto?

—¿Nada de eso? ¿No estabas enamorada de Jacob?

—Pensé que lo estaba, antes de estar con vosotros dos. Ahora me doy cuenta de que
sólo era un enamoramiento de colegiala como Edward me aseguró.

—¿No te has acostado con Jake?

—No. En realidad, para ser sincera, no sentí ningún deseo de hacerlo. Jacob quería que
yo fuera la «chica buena» que lo salvara de una vida depravada, pero no era el
hombre que yo imaginaba. No le quiero de esa manera.

—Oh, cariño. —La felicidad de Emmet vibró a través de la línea telefónica—. No sabes lo
aliviado que me siento. Lo aliviado que se sentirá Edward.

—¿De veras?

—Sí, aunque él, por supuesto, no lo admitirá. —Bella pudo notar la ironía en la voz de
Emmet.

—¿Crees que me dará la bienvenida si regreso? —Bella se puso de pie y se acercó al
porche. No podía permanecer sentada, esperando la respuesta. Se estaba jugando su
futuro.

—No será capaz de decirte que no. Creo que ha lamentado más de mil veces
haberte apartado de su lado —Emmet hizo una pausa—, pero tiene miedo.

—¿Se siente emocionalmente vulnerable ante mí? —Bella contuvo el aliento
mientras esperaba la respuesta. No quería que Edward se sintiera amenazado.


Pero hasta que ella supiera exactamente qué era lo que le impedía avanzar en su
relación con ella, iba a tener que pasar al ataque.

—En parte sí —suspiró Emmet—. Mira, Edward acaba de cerrar el grifo de la ducha, así
que no puedo seguir hablando durante mucho más tiempo. Pero él tiene claro que si
regresas, va a querer hacer el amor contigo… en el sentido más amplio de la palabra.

—Eso espero.

—Sí, pero es complicado. Edward no estará bien hasta que te cuente su historia. Pero
eso tiene que salir de él.

—Lo entiendo. —Bella lo odiaba, pero lo respetaba.

—¿Volverás mañana con nosotros? —La voz de Emmet decía que la quería allí ya.

Allí sentada bajo el sol poniente de Tejas, resultaba increíble pensar que cuando ese
mismo sol volviera a salir por la mañana, ella estaría de vuelta con Edward y Emmet, en
sus brazos y en sus vidas. Si Edward lo permitía.

—Me encantaría. Pero espero que…

Bella jamás terminó la frase. Sintió una enorme explosión a sus espaldas. La fuerza de
la estampida la arrojó sobre las tablas del suelo del viejo porche de su padre,
raspándole las manos y las rodillas. El teléfono salió disparado de su mano. Un calor
tan fuerte como mil soles le abrasó la espalda. La tierra tembló bajo su cuerpo.

Se giró sobre sí misma a tiempo de ver cómo la casa se convertía en una enorme bola
de fuego.

—¡Papá!
……………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Continuará...

2 comentarios:

  1. ahhh que pasoooo por dios ...menos mal que bella se alejo de jacob menudoo lioo se armo jee ...yy que paso ahora espero que el papa de bella y ella esten bien...y ya quieroo que vuelva a aparecer edwardddddd jee!!! besos y nos lemosss!!!

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  2. dios y que fue eso de la explosion ,espero y no sea grave....Sigue asi linda....Besitos...

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