jueves, 28 de julio de 2011

La Hija Del Coronel.

Capítulo 8

Bella se alisó una arruga de los vaqueros, se apartó el pelo por encima del
hombro y luego llamó a la puerta.

Casi cinco años. Esos eran los años que habían pasado desde que había visto en
persona a Jacob Black. Lo había visto en docenas de fotos. Habían hablado por
teléfono, se habían escrito cientos de correos electrónicos. Habían compartido
intimidades durante años, como lo que había supuesto para Bella crecer sin la
influencia femenina tras la muerte de su madre, o lo duro que había sido para él haber


alcanzando de repente el estrellato. Los difíciles estudios de Bella. La agenda
apretada de Jacob. Los deseos de ella. Los sueños de él.

Bella había planeado durante meses irse a vivir con él y de esa manera
averiguar si podrían pasar juntos el resto de sus vidas.

Ahora, se encontraba ante su puerta llena de sentimientos encontrados, sin tener muy
claro lo que le reservaba el futuro. Llevaba mucho tiempo queriendo estar con él.

Pero Edward, sus angustias y necesidades, su ansia y su rechazo, la habían cautivado.

Bella sintió un nudo en el estómago. Intentó contenerlo, esperando volver al estado
de entumecimiento en que había estado envuelta durante las últimas cuarenta y ocho
horas.

«Deja la mente en blanco. Respira hondo. Tranquilízate. Pero, ¿sería eso suficiente
alguna vez?».

Bella había esperado, días después de que abandonase el Este de Tejas, que
Edward la llamaría para disculparse, que le rogaría que regresase, que le diría lo
mucho que lamentaba haberla humillado. Dios, se había pasado las horas llorando…
Jake había sido lo último en lo que había pensado.

Pero Edward no se había puesto en contacto con ella. Sólo había habido un silencio
infernal y absoluto. Emmet sí había llamado para interesarse por ella, y había tratado de
convencerla de que regresara. Incluso había llegado a implorar. Pero Edward no iba a
rogarle que volviera. Según él, lo único que sentía por ella era algo a nivel
químico. Bella no se lo creía. Se habían acercado demasiado a nivel afectivo.
Edward se comportaba de esa manera para intentar protegerla de algo que Bella no
comprendía al tiempo que se protegía a sí mismo. Después de que él le hubiera
arrojado a la cara el ofrecimiento de su virginidad, anunciando que bebía los
vientos por una bailarina de striptease, había sido un verdadero infierno descubrir
que, en realidad, ella le amaba.

Apartó a un lado esos pensamientos y el dolor que le oprimía el pecho al oír pasos que
se acercaban a la puerta. Volvió a inspirar profundamente. El bendito entumecimiento
comenzó a invadirla de nuevo.

Edward esperaba que ella siguiera adelante. Y allí estaba Bella , ante la puerta
de Jacob, decidida a llevar a cabo su plan. Aún adoraba a Emmet, pero tenía que superar
lo de Edward y labrarse un porvenir. ¿Qué más podía hacer?


Se abrió la puerta de aquella habitación de hotel. Un desconocido con una sonrisa
juvenil apareció ante ella. Pelo liso. Ojos azules. Habría sido un auténtico niño de
papá si no fuera por el enorme tatuaje de calavera que cubría su bíceps, del
lápiz de ojos negro y del aro que colgaba de su nariz.

—Hola, vengo a ver a Jacob.

El joven extendió la mano, pálida y elegante.

—Debes de ser Bella. Yo soy Mike. Soy el vocalista de apoyo y autor de
algunas canciones.

Ella le estrechó la mano.

—Oh, sí. Jake te ha mencionado en muchas ocasiones. Es un placer conocerte. La
mirada de Mike vagó sobre ella con una sutil apreciación.

—A ti también te ha mencionado. Decía que eras una chica muy guapa, pero veo que
se equivocaba. Te has convertido en una mujer preciosa, se va a quedar sorprendido.

Brindándole una sonrisa nerviosa, Bella observó la estancia. Era una suite.
Estaba decorada en tonos pastel con muy buen gusto, con una vista estupenda de
Houston.

—Gracias, ¿está Jacob aquí?

—Está a punto de salir de la ducha. Me pidió que te recibiera ya que salió un poco
tarde de los ensayos y tuvo que acudir a una entrevista inesperada en la radio.
Mike se encogió de hombros—. Gajes del oficio.

—Por supuesto.

Bella intentó no sentirse decepcionada ni moverse con nerviosismo. Seguramente
Jake la habría recibido personalmente si hubiera podido. Aun así, también era
cierto que ella había estado esperando durante cinco años y que necesitaba con
urgencia un amigo. ¿Acaso no podía esperar toda esa gente diez minutos?

—Pasa y siéntate —la invitó Mike—. ¿Te gustaría beber algo?

Señaló el minibar medio vacío. Había desaparecido la mayor parte de los
botellines de bebidas alcohólicas. El estante de refrescos estaba casi lleno.


Bella negó con la cabeza mientras se dejaba caer sobre el sofá de color chocolate. Por
un momento, se había sentido tentada de buscar consuelo en una copa de
whisky, pero ya había seguido ese camino la semana pasada y lo único que había
conseguido con eso era una buena resaca.

—Nada, muchas gracias.- Mike se sentó a su lado.

—Jacob ha hablado tanto de ti que es casi como si te conociera. Siempre presume de lo
amable y dulce que eres.

Bella frunció el ceño. No era una santa. Sólo había que ver las cosas que había hecho
con Edward y Emmet. Mirándolo retrospectivamente, no sólo había estado con
ellos para aprender para Jacob. Ni para saber si le gustaba ser compartida. Al
percatarse de que su falta de experiencia era un problema y que la solución la
encontraría con Edward, ella había saltado literalmente para ir a verle. Para satisfacer
una oscura fascinación que sentía por el duro soldado desde que era lo
suficientemente mayor para comprenderla y demasiado joven para satisfacerla.

—Puede que Jake haya exagerado un poco.

—¿Quién? ¿Jacob? No. Cuenta las cosas tal como son. Créeme, nunca prodiga
alabanzas a alguien que no se lo merezca.

—Ya veo. —Pero lo cierto es que no veía nada

El Jacob que ella había conocido aquel verano especial, había sido un joven optimista
que miraba el futuro con esperanza. Pero también era cierto que en los últimos años
había parecido un poco más escéptico con las personas. Menos confiado. Puede que
fuera una consecuencia de la fama o de tener que proteger su identidad y privacidad.
Bella suponía que todas esas cosas acabarían por afectar a cualquiera.

—Me alegra conocer a uno de los amigos de Jake. Sé que sois íntimos amigos —le
dijo, esperando descubrir exactamente qué papel jugaba Mike en la vida de Jacob.

—Es probable que te dijera que he formado parte de la banda los últimos tres años. —
Se inclinó hacia ella y clavó la mirada en sus ojos—. Lo compartimos todo.

«Incluyendo a las mujeres». Así que era con él con quien Jake hacía los ménages. Los
ojos azul claro de Mike indicaron la importancia de la información sin decir palabra. En
lo que a Jake y a él respectaba, Bella no tenía ni idea de su acuerdo, pero ella
comprendió el mensaje implícito del joven. Y por su mirada sabía que él esperaba con
ansia entrar en acción.


Era una idea inquietante. ¿Quería Jacob que ella hiciera el amor con una persona que
apenas conocía y que ni siquiera estaba segura de si le gustaba? Hizo una
mueca. ¿Acaso ella no era diferente de las demás mujeres para Jake? ¿Más
especial? Al menos eso era lo que siempre le había dicho.

Pero eso no era su problema. En cambio Edward y Emmet… eran otra historia. La
habían cautivado. Sí, pasar aquel tiempo con ellos le había mostrado de primera mano
lo excitante que era ser compartida. Bella tenía la certeza de que a Jacob le gustaba la
excitación y las emociones prohibidas. Y Dios sabía que, tras aquellos días con los
primos, ella lo comprendía mejor que nadie. Pero ahora, la idea de que otra persona
la tocara le resultaba nauseabunda. Cuando Mike la examinó con aquel aire
especulador Bella se apartó instintivamente y casi vomitó la comida.

Una parte de ella le gritaba que huyera. La parte más práctica, sin embargo, le
recordaba que no tenía futuro con Emmet y Edward. Tenía que seguir adelante.
Durante años había planeado estar con Jacob. Estaba dispuesta a averiguar si aquella
relación tenía futuro. Tal vez su primer amor pudiera ayudarla a recobrarse de ese
último error.

—Sé a qué te refieres —murmuró ella.

La sonrisa de Mike se desvaneció, llevándose consigo la apariencia juvenil. Arqueó una
ceja.

—¿En serio?

—Puede que la última imagen que Jake tenga de mí sea la de una chica
inocente de diecisiete años, pero ya no soy tan inocente, te aseguro que he crecido.

—Y yo diría que estás más hermosa si cabe —resonó una voz desde detrás de ella.
Bella se volvió. «¿Jacob? »

Desde donde ella estaba, podía ver que no había cambiado mucho. Alto, con el
pelo oscuro, largo y suelto, de piel morena, ojos negros y un cuerpo de infarto tal
como evidenciaban la camiseta negra v los vaqueros. Ése era Jacob.

Ella saltó del sofá al mismo tiempo que él se movía hacia ella.

Cuando la envolvió en aquel enorme abrazo, con sus firmes y delgados brazos,
ella se hundió contra él… igual que había hecho aquel verano que habían pasado
juntos. La cabeza de Bella ya no quedaba justo bajo su barbilla, pero la besó en los
labios con la misma ternura de siempre. Ella esperó, pero… ¿adonde había ido aquel


temblor que siempre habían provocado sus besos? La sonrisa que él le brindó no
parecía sincera.

Quizá sólo estaba cansado. Y distraído. Dios sabía lo preocupada que había
estado ella desde que había abandonado a Edward y a Emmet. Y habían pasado cinco
años desde la última vez que había visto a Jake. Las cosas habían cambiado. La
gente cambiaba. Volverían a empezar de nuevo. Jacob y ella conectarían.

Abrigar esperanzas de que Edward la llamara, se disculpara y que le pidiera que
regresara con ellos era una estupidez.

—¡Dios! —Jake dio un paso atrás, sosteniéndola a una distancia prudencial y la
miró fijamente—. Estás guapísima.

—Tú también.

Él hizo un gesto con la mano para descartar el cumplido.

—Es fácil cuando tienes un estilista, un entrenador personal, un chef bla, bla,
bla. Pero siéntate. Es un placer volver a verte. —La empujó hacia el sofá y ella se sentó
a su lado—. Hace un par de semanas que no sé nada de ti, ¿qué tal tu padre?

—Ya conoces al coronel. Siempre está ocupado. Siempre corriendo de un lado para
otro. Anda recorriendo el mundo. Volverá a casa la semana que viene para unas mini
vacaciones. Hace más de un año que no se toma unas.

Jake asintió con la cabeza.

—Ese hombre nunca para. ¿Te acuerdas de aquella semana que pasamos en el lago
cuando tuvo que protegerme durante todo el verano?

«¿Te acuerdas de…?». Era eso lo que había hecho que Jacob y Bella se
enamoraran y hubieran comenzado a hablar sobre la posibilidad de un futuro juntos.

Nada había cambiado desde entonces. Y a la vez todo era distinto. Jake había
acabado adoptando un estilo de vida salvaje según los periódicos sensacionalistas. Y
ahora, era Edward quien ocupaba los pensamientos de Bella. Era por él por lo que
sentía un constante nudo de dolor en el estómago. Allí sentada al lado de Jake, con
Mike mirándolos, una pregunta irrumpió en su mente: ¿incluso si lograra expulsar de
su corazón a Edward y a Emmet, podría encajar en la vida de Jacob?

Detalles tales como saber que Jacob había acabado atraído por los ménages —y
con qué mujeres andaba— deberían de molestarla. Y así había sido unas semanas


antes. Pero tras haber estado con Edward y con Emmet, no había pensado mucho
en el asunto. Ciertamente, no podía esperar que Jacob fuera célibe después de
tanto tiempo sin verlo. Y ella tenía sus propios problemas.

Además, la última vez que Jake y ella habían hablado, él le había dicho que
estaba preparado para renunciar a sus días de fiestas. Más que preparado. Bella no
estaba exactamente segura de qué había querido decir con eso. ¿Se refería a los
ménages? Fuera como fuese, Bella tenía que olvidarse de Edward y Emmet si quería estar
con Jacob y averiguar si podían tener un futuro juntos.

—Claro que me acuerdo —murmuró ella—, tengo muy buenos recuerdos de esa
semana.

—Sabes que mi intención era obligar a tu padre a tomarse unas vacaciones. —Jake
tuvo la cortesía de parecer avergonzado.

¿En serio? Ella había pensado —había esperado—, que hubiera sido una táctica para
pasar más tiempo con ella.

Bella le recordó con acritud:

—Lo único que hizo fue quejarse durante toda la semana de que la cabaña era un
blanco seguro y que cualquier fanático psicópata podía dispararte con un rifle de gran
potencia desde una barquita en el lago y liquidarte en el acto.

Jacob puso los ojos en blanco.

—Bueno, jamás dominó con maestría el difícil arte de relajarse.

—Pues no ha cambiado.

—¿Aún sigues preparando los exámenes de enfermería?

Ella negó con la cabeza.

—Ayer acabé el último. Una vez que obtenga los resultados, tendré que decidir dónde
iré a trabajar. Tengo que considerar un par de ofertas, pero depende de si apruebo los
exámenes o no.

—Seguro que lo harás. —Jacob frunció el ceño—. ¿Cuándo sabrás si has
aprobado?¿Pronto?


—En seis semanas. —Bella se encogió de hombros—, hasta entonces no tendré
los resultados.

Por un momento, atisbo en el rostro de Jacob una expresión pensativa.

—Eso nos da algo de tiempo…

Un duro y repentino golpe en la puerta sobresaltó a Bella . Jacob y ella se volvieron
hacia el sonido mientras Mike abría la puerta de la suite. Un hombre mayor
vestido con un abrigo informal de color camel y una almidonada camisa blanca entró
en la estancia. Cuando se acercó a la luz, Bella pudo observar que tenía el pelo
entrecano. La papada desfiguraba un poco lo que otrora fuera el rostro de un hombre
delgado.

Tenía el ceño fruncido.

—Jake, la prensa estará aquí en una hora. No lo olvides. —Dirigió una mirada afilada
al minibar medio vacío.

—Y, Maldita sea, ni se te ocurra aparecer borracho. Huelen esa mierda a un
kilómetro de distancia y tu reputación no es precisamente buena.

—Cal —dijo Jacob—. Mi agente. El alma de las fiestas.

Ni siquiera un sordo podría ignorar el tono sarcástico de Jacob. Cal le respondió con un
tono brusco y gruñón:

—Mi deber es mantenerte apartado de la autodestrucción. Sin mí, serías una vieja
gloria del pasado.

—Gracias por los ánimos, papi.

Su agente dirigió aquella penetrante mirada azul hacia ella.

—No hemos sido presentados.

No fue un saludo cálido, pero tampoco despectivo. Bella no sabía qué pensar de él, ya
que ella también era de la opinión de que Jake tenía que controlar más la
bebida. Aunque si hubiera sido ella la que lo hubiera amonestado, lo habría hecho
con más delicadeza.

Se puso en pie y le tendió la mano.


—No, no hemos sido presentados. Soy Isabella Swan.

El inexpresivo rostro de Cal mientras le estrechaba la mano le dijo a Bella que él jamás
había oído hablar de ella. Algo extraño. Por otra parte, Jacob había contratado
al veterano profesional hacía unos dieciocho meses y sabía que Jacob y Cal no eran
amigos; su relación era estrictamente profesional.

—Hace años que conozco a Jake. Somos viejos amigos.

—Y como tenemos unos días libres, Bella y yo vamos a ponernos al día —
intervino Jacob, colocándose al lado de ella y pasándole un brazo por los hombros.

—Pues recuerda cuáles son tus prioridades, Romeo. Ya tenemos de sobra con el
nuevo álbum y la próxima gira —dijo Cal frunciendo el ceño.

—Ya lo sé. —Jake empujó a Cal hacia la puerta—. Estaré abajo dentro de una
hora.

Gracias por recordármelo. Ha sido un placer verte, pero adiós. Bella frunció el ceño.

—¿Vas a hacer una gira?

—Primero tenemos que terminar el trabajo en los estudios. Haremos una pequeña
gira por Estados Unidos; sólo visitaremos diez ciudades —la tranquilizó, mientras
seguía empujando a Cal—. Vendrás conmigo, ¿verdad? Dijiste que pasarías, al menos,
unas semanas conmigo, ¿qué importancia tiene dónde estemos?

—Esta joven es una distracción innecesaria —dijo Cal, deteniéndose en la puerta—.
No encaja con la imagen que hemos vendido a la prensa. Un niño malo con la voz de
un ángel. Cosas como ésa es lo que hacen vender discos. Si sale a la luz que llevas a tu
novia contigo en la gira, el álbum no se venderá.

—Como no te esfumes en los próximos diez segundos, no daré ni una sola rueda de
prensa en las primeras tres ciudades.

Con el ceño fruncido, Cal salió como un ciclón, cerrando la puerta de un portazo.

Jacob se apoyó contra la puerta con un gemido.

—Tiene buenas ideas, pero es tan cuadriculado que me vuelve loco. Así que…
vendrás conmigo a la gira, ¿no?


Bella había ajustado su agenda para poder estar con él. Pero ¿una gira? La situación
entre ellos era ahora un poco embarazosa. Y tener a Cal y a Mike pululando a su
alrededor no ayudaba mucho precisamente. O… ¿quizá pensaba así porque era
incapaz de apartar a Edward de sus pensamientos?

¿Lamentaría él haberla rechazado e insultado? ¿La estaría echando de menos? Incluso
en ese momento, Bella ardía en deseos de coger el móvil y llamar a Emmet para
preguntarle por aquel militar testarudo. Pero, ¿para qué? Aunque Edward la
quisiera, jamás lo reconocería. Por alguna razón, ella le hacía sentir vulnerable y él
no podía tolerarlo.

Y maldición, eso dolía.

Bella se aclaró la garganta mientras intentaba ordenar las ideas.

—Antes tendré que asegurarme de que no tengo ningún otro compromiso pendiente,
pero creo que podré ir.

—Genial. —Jacob se encogió de hombros y la condujo de vuelta al sofá, dejándose caer
en él y colocándola a ella en su regazo.

—La verdad es que no quiero que te vayas. Llevo mucho tiempo queriendo estar
contigo. Eres justo lo que necesito, nena. Sin ti a mi lado, puedo llegar a ser un chico
muy malo —dijo brindándole una sonrisa capaz de iluminar un estadio.

Eso era justo lo que la prensa decía de él. Con esa atractiva apariencia
acompañada de dinero y fama, Jacob había caído de lleno en el sexo, las drogas y el
rock'n'roll, en ese orden. Era extraño estar sentada en su regazo, sólo podía
preguntarse cuántas mujeres más habían estado sobre sus muslos y qué había
pasado después. De cualquier manera, estaba claro que no la excitaba como
Edward, ni la hacía sentirse cómoda como Emmet.

—¿Acaso pretendes que cambie tus malas costumbres?

Él le cogió la mano y le acarició la palma con el pulgar.

—Eres una influencia positiva. Mi talismán. Mi conciencia.

«¿Qué?». La última vez que habían hablado ella no era lo suficientemente salvaje para
vivir con él ¿y ahora era su conciencia?

—No frunzas el ceño —dijo él—. Es algo bueno. Mike miró el reloj.


—Ha negado el momento de ir a ver a Jimmy para que dé su jodida opinión
sobre las canciones del nuevo álbum.

—Jimmy es mi productor —le aclaró Jacob a Bella—. Entreten al toro por mí, ¿vale?
Quiero estar a solas con Bella.

La mirada de Mike se deslizó sobre ella hasta detenerse en sus pechos. De alguna
manera, se sintió tocada sin permiso. Casi violada. Sintió un escalofrío. Si era él el
tercer miembro de los ménages de Jake, y si ella iba a mantener ese tipo de relación
con él, tendría que decirle que se buscara a alguien cuya mirada no le hiciera sentir la
necesidad de vomitar.

—Claro —dijo Mike—, necesito tomar un reconstituyente antes de irme. —
Examinó el minibar y sacó un par de botellines de licor. Abrió uno y se lo bebió a
morro en unos segundos— ¿Quieres?

Jacob miró los botellines que Mike tenía en las manos y luego a Bella. Ella
echó una ojeada discreta al reloj. Eran sólo las dos de la tarde y ¿ya andaban bebiendo
alcohol? ¿Y a morro? Bella sintió la mirada de Jake sobre ella, y cuando levantó la
vista, él le dirigió a Mike una mirada de advertencia.

—No, aún es pronto.

—Tío, siempre dices que en algún lugar del mundo ya han dado las cinco.

Con un encogimiento de hombros, Jacob frunció los labios y apartó la mirada.
Luego le dirigió a una sonrisa radiante.

—¿Ves?, es Bella. Ella tiene una influencia positiva en mi vida. ¿Te das cuenta
de lo buena que eres para mí, nena?

Jake le apretó la mano. Bella le devolvió el apretón casi en un acto reflejo,
pero las palabras de él resonaron en su mente. «¿Por qué soy buena para él?»
¿Cuándo se había convertido ella en algo bueno y ventajoso?

—No puedo esperar a conocerla mejor. —Mike le lanzó a Bella una sonrisa ardiente y
se despidió de Jacob con una palmada en el hombro, añadiendo—: reserva el trasero
para mí.

A pesar del tono bajo de Mike, Bella no pudo evitar oírlo. Y se enfadó. Aquel imbécil
estaba dando por sentado algo para lo que ella aún no había dado su consentimiento.
Edward había sido su amante en compañía de Emmet, cierto, pero había sido imposible no
adorar a Emmet. Era todo encanto y sofisticación. Un seductor innato, dulce y excitante. Y


Edward… ella había confiado en él desde el primer momento a pesar de que podía
comportarse como un auténtico bastardo y decir las cosas más horribles y maliciosas
con el único fin de apartar de su lado a las personas que le amaban.

—Piérdete —Jake le señaló a Mike la puerta con el dedo.

El músico, con cuatro botellines en la mano y su tatuaje de calavera, abandonó
la habitación unos momentos después. Bella soltó un suspiro de alivio.

—No le hagas caso. A veces es un idiota.- Bella no se lo discutió.

—Me ha dicho que lo compartís todo. Es el otro hombre de tus ménages, ¿no?- Jacob
se removió con inquietud bajo la escrutadora mirada de Bella.

—¿Cómo es que sabes eso?

—Cuando me dijiste que vivías de una manera poco ortodoxa que no podría soportar,
leí la prensa sensacionalista, hice algunas preguntas y encontré la respuesta.

—Ah, nena. —La rodeó con sus brazos y depositó un beso amistoso en sus labios—. No
haría eso contigo. Esas chicas no son importantes. Mike y Cal pueden asegurarte que
todas esas cosas que ocurren en las giras son insignificantes. Y que alguien
como yo puede encontrar… aburrido. Algo tan común como cepillarse los dientes un
par de veces al día.

«¿Dos veces al día?». ¿Con una desconocida? ¿Y le resultaba aburrido?

—No me mires así. No lo digo por herirte. Sólo soy honesto. Pero tú… eres importante
para mí. Contigo, nunca me aburriré. He pensado mucho sobre ello, y jamás te
compartiré. Eres demasiado dulce. Demasiado buena. Y quiero que sigas siendo así.

Eran unos pensamientos preciosos. Pero ella no era una santa ni nada parecido.
Y ¿qué pasaría si él se aburría?

Frunciendo el ceño, Bella se deslizó en el sofá al lado de él.

—No soy tan dulce. Y no soy totalmente inocente. Después de saber sobre tu
inclinación por compartir a las mujeres, fui a ver a alguien que también lo hace. Ese
hombre y su primo me han… estado enseñando.

Jacob se quedó boquiabierto.

—¿Te han estado enseñando?¿Has permitido que te follaran…?


—No —le interrumpió—. Ya te dije que vendría a ti siendo virgen y lo sigo siendo.

Sólo porque Edward no la había aceptado. Maldición, volvía a sentir aquel dolor de
estómago otra vez, y cada vez era peor. Se recostó en el respaldo, respiró hondo, pero
seguía doliendo. Se suponía que el tiempo lo curaba todo, pero aquel dolor no se
aliviaba ni desaparecía.

Bella no se había ofrecido a Edward porque hubiera sentido lástima por él. Como si
su virginidad fuera un premio de consuelo. La única cosa que Bella había deseado
aquella noche había sido sanarle, conectar con él. Amarle. De alguna manera, a
pesar de las horribles palabras que luego le había dicho él, una parte de ella —
una gran parte— había esperado que Edward aceptara su oferta y que se hubiera
acostado con ella. Sospechaba que si él hubiera tomado su virginidad, habría podido
ayudarlo a nivel emocional.

Pero ahora jamás lo sabría.

Jacob soltó un suspiro de alivio.

—¿Así que sólo hablaron contigo?

—Me tocaron. Y aprendí a tocarlos. —No pensaba mentir.

Lo que sí que no le diría era que estaba enamorada de otro hombre.

Una expresión feroz atravesó el rostro moreno de Jake.

—¿Cómo te tocaron exactamente?

—De la manera necesaria para que yo comprendiera el placer que se obtiene
al ser compartida y poder ofrecértelo a ti. Jamás he esperado que cambies tu
sexualidad por mí. Así que intenté adaptarme.

«Y todo gracias a un fascinante y terco soldado con el que al final he
acabado quemándome».

La respuesta pareció aplacarlo.

—Eso es… genial. Eres una mujer asombrosa. Pero tú no eres como una de esas
putas, una de esas chicas tontas que tengo a mi alrededor todo el tiempo. Jamás he
tenido intención de compartirte. Ni con Mike ni con nadie. Si te convierto en una chica
mala, ¿cómo podrías ser mi tabla de salvación?


Aunque parecía hablar medio en broma, Bella no le veía la gracia. Tenía que conseguir
que él se deshiciera de esa imagen de Virgen María que tenía de ella.

—Gracias por no querer compartirme con Mike-. Jacob se incorporó y la atrajo hacia él.

—Eres mía, nena. Hemos pasado demasiados años manteniendo una relación
a medias. Eres la única que realmente me conoce. Eres la única que me importa lo
suficiente para intentar cambiar.

—No te he pedido que cambies por mí.

—Pero yo sí quiero hacerlo por ti. Por ti, quiero ser un hombre mejor. Y lo soy cuando
estoy contigo.

Sus palabras eran conmovedoras, pero estaba confundido. ¿Por qué pensaba Jake
que tenía que cambiar? ¿Desde cuándo pensaba así? ¿Y por qué la veía a ella como
una meta a alcanzar?

—Quizá podamos llegar a un acuerdo. Tú intentas ser un poco mejor, y yo intento ser
un poco menos inocente. Quizá resulte.

Él vaciló.

—¿A qué te refieres con eso de ser un poco menos inocente?

—No tengo pensado seguir siendo virgen toda mi vida.

¿Por qué no ofrecerle su inocencia a Jacob? Llevaba años reservándose para él. Y
Edward ya la había rechazado a pesar de lo mucho que la deseaba. Jake no respondió
de inmediato.

—Y me parece lógico, pero tengo un plan. Sólo necesito que me des un poco de
tiempo. Todo irá bien, nena. Yá verás —dijo con aquella sonrisa que con tanta
frecuencia brindaba a las cámaras.

No era su verdadera sonrisa. Su auténtica sonrisa, que ella recordaba de aquel
verano juntos, era picara y asimétrica. Era picara y torcida. Aquélla, sin embargo, era
simétrica y falsa. Bella frunció el ceño.

—Corta el rollo, Jacob, y dime exactamente qué plan es ése.

—No. No te lo voy a decir. Tengo que pensarlo bien. Ven a la gira y ya lo descubrirás.


—¿Cuándo nos vamos? —Tras cinco años de espera y un corazón roto, ¿por qué seguir
dejando su relación en suspenso? Bella quería seguir con su vida, hallar la manera de
ser feliz de una vez.

Y olvidar a Edward. Él era parte del pasado. La había ahuyentado, así que Bella
seguiría adelante, esperando que pronto Jacob y ella encontraran el camino adecuado.

—Dentro de una semana. —Le sostuvo las manos—. Estaré encantado de
tenerte conmigo y que me ayudes a mantener el control. Todo será diferente. Te
sorprenderás, ya verás. Haré que la espera merezca la pena.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………

—¿Dónde estás? —le preguntó su padre por teléfono esa misma noche.

Acurrucada en el sofá de la suite de Jacob mientras la banda ensayaba, Bella sujetaba
con fuerza el móvil.

—Estoy en Houston, papá. Con Jacob. Estará en Estados Unidos durante unos
meses y vamos a pasar algún tiempo juntos.

Su padre guardó silencio un rato.

—¿Sabes lo que dice la prensa de él? ¿De su vida sexual?

El coronel seguía siendo su padre a pesar de que hacía ya tiempo que ella había dejado
de ser una niña.

—Sí, papá. Ya hemos hablado de ello. —Era el momento de cambiar de tema antes de
que él preguntara qué había querido decir con eso, antes de que le preguntara dónde
(y con quién) había estado antes de ir a Houston—. ¿Dónde estás tú?

—Espero que tengas cuidado —le dijo él, ignorando la pregunta. Eso por intentar
cambiar de tema.

—Eso haré. Ahora ya soy toda una mujer.

—Sí. —El escupió las palabras, como si odiase admitirlo—. Al volver la vista
atrás, me pregunto si tus hermanos y yo no te habremos sobreprotegido después de
que tu madre muriera.

¿Conoces la clase de vida que lleva alguien como Jake?

Oh, por supuesto. Había aprendido lo suficiente de Edward y Emmet, incluyendo el dolor.


—Por favor, no te preocupes. Hiciste un gran trabajo ejerciendo de padre y de madre a
la vez. Carlisle y Jasper fueron los típicos hermanos sobreprotectores que me
espantaron todas mis citas y se burlaron de mí cada vez que me maquillaba, pero,
créeme, no estoy tan traumatizada. Me las arreglaré.

La risa ronca de su padre le enterneció el corazón.

—Conozco a Jacob desde hace mucho tiempo —continuó ella—. Llevamos años
esperando una oportunidad. Sólo tenemos que aprovecharla.

—No te veo como seguidora de una superestrella. —El tono desaprobador de su padre
no podía ser más evidente.

Bella tampoco se veía de esa guisa, la verdad. ¿Podría vivir la vida nómada de
Jake?

¿Podría permitir las largas ausencias de él con su banda para vivir como siempre lo
había hecho?

Incluso aunque él quisiera cambiar, llevaría su tiempo. ¿Y si, algún día, tras llevar años
casados se daban cuenta de que aquello no funcionaba?

¿Podría ella dejar de amar a Edward? ¿De quererlo? ¿De desearlo? ¿Podría
aceptar a otra persona? ¿Cómo era posible que un hombre destrozara todos sus
planes en tan sólo unos días?

—No soy una groupie. Y ésta es nuestra oportunidad de conocernos bien. Deja
que lo intente.

—No me gusta. Jacob solía ser un buen chico, pero por lo que he oído de él… creo que
será un error.

Bella sintió un nudo en el estómago. Su padre estaba convencido de lo que
decía. Aunque el coronel llevaba años sin ver a Jake, sólo había oído cosas de él. No
era lo mismo.

—Pues será mi error.- Su padre suspiró.

—Sí, es cierto. Pero ten cuidado, y en más de un sentido.

—¿Qué quieres decir?


—Ahora mismo voy a tomar el avión a casa desde Tailandia. Cuando llegue a
Estados Unidos quiero comprobar que tus hermanos y tú estáis bien.

—¿Todavía te están amenazando?

—Sí. Me siguen enviando unos e-mails espeluznantes y me dejan mensajes
amenazadores en todos lados. No sé quién es, pero va en serio. Ya sabes cómo son
estos chiflados, y jamás amenazan en vano. Y éste te ha mencionado a ti, y me ha
dicho que te hará daño para hacérmelo a mí.

—Eso no es nada nuevo y jamás me ha ocurrido nada.

—Siempre hay una primera vez. Este psicópata parece muy tenaz, así que me
sentiré mucho mejor si no vas sola a ningún lado. Recuerda tus clases de
autodefensa. ¿Podría convencerte para que lleves un arma?

Un escalofrío de inquietud la atravesó, afilado como una cuchilla de afeitar e imposible
de ignorar. Algunos pirados dedicaban sus vidas a esperar que sus presas se relajaran y
bajaran la guardia. ¿Quién sabía cómo sería ese tío?

—No tengo permiso de armas. Pero estaré bien. Siempre estoy rodeada de gente.

Su padre gruñó al teléfono, como si quisiera decir algo más, pero supiera que sería
perder el tiempo.

—Entonces, ¿vendrás a visitar a tu anciano padre cuando esté en casa?

—La gira de Jacob se detendrá en Dallas la segunda noche. Me pasaré por casa
cuando estemos allí. Estoy deseando verte.

—Yo también. Cuídate, nena. Te he echado mucho de menos.

Llevaba años sin llamarla así. Hacía mucho tiempo que no se dirigía a ella con
ningún término cariñoso.

—¿Me estás ocultando algo? Él vaciló.

—No, sólo quiero que tengas cuidado.

Continuará....

1 comentario:

  1. holaa estuvooo buenooo este edward es unnn tontoo y cabezotaa!!! por que no vuelvee por bellaa!!y con jacobb todo bien pero igual no me caee y al papa de bella lo estan amenazandooooo!! uhhh veremos que passsaa!!!!

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