lunes, 31 de mayo de 2010

CAPÍTULO DIECISIETE

Masen estaba en la ventana de la torre del este, clavando los ojos en el cielo. Podía sentir el amanecer acercándose, sentir el sueño cadavérico tratando de alcanzarle, sentirse traspasado por la oscuridad que pronto le envolvería.

Tocó su capa, sintió como se enroscaba más fuertemente a su alrededor, envolviéndolo como si fuera un capullo de seda y terciopelo.

Isabella le había visto en forma de lobo en el campo, el pelo erizado en su lomo, sus colmillos dejados al descubierto y ensangrentados. La imagen de su horror, su asco, había quedado grabada en su mente, y cada vez que cerraba los ojos la veía de nuevo.


Pues bien, meditó, volviendo la espalda a la ventana, eso era lo que había. Ahora no querría casarse con él. Sin duda abandonaría el castillo tan pronto como se despertara y no la detendría.


Sabiendo que nunca volvería a verla, abandonó la torre y logró llegar gracias a su tesón hasta su habitación.

Phill se levantó de inmediato cuando su señor entró en el cuarto.


-“¿Cómo está?”. Preguntó Masen.

-"Durmiendo tranquilamente, su Señoría".

Masen asintió. -"Cuando hoy le pida salir de aquí, quiero que la ayude a empacar sus cosas,luego llévela a su casa, a donde pertenece".

-“¿Su señoría?”.

-"Fui un estúpido al pensar que podría haber algo entre nosotros".

-"Ella lo ama, su Señoría, estoy seguro de eso".

Masen negó con la cabeza. -" Ella tiene un corazón blando. Me temo que solo es piedad lo que siente por a mí y no puedo vivir con eso. No me casaría con ella, sabiendo que solo siente lástima por mí, o teme lastimarme". Negó con la cabeza otra vez. -"Es hora de seguir adelante. Me iré de aquí la próxima semana”.

-“¿Va a marcharse?”.

-"Ya he permanecido aquí durante demasiado tiempo. Comience a empacar sus cosas, y las mías, también”.

-"Como Ud. desee, su Señoría, pero... "

La cabeza de Masen se alzó rápidamente, mirando fijamente hacia la ventana. –“Esta amaneciendo" dijo, con voz apremiante. -"Hablaremos más tarde". Phill suspiró mientras veía a su señor abandonando la habitación.

Era una pena, que esa horrible maldición le negara la única cosa que anhelaba lo único que podía hacerlo feliz. Y nunca había habido felicidad en la vida de su señor ni en la suya. Y probablemente, nunca la habría, filosofó tristemente.
.


.

-"Nunca quise hacerle daño”.

Phill se giró abruptamente. -"Creí que estaba dormida, señorita".

-"Sentí su presencia y me desperté. Por qué él... ¿El lobo, era él? Me dijo que podía transformarse en un lobo, pero realmente no lo creí".

-"Sí, señorita, es la pura verdad".

Isabella se incorporó y sujetó las mantas bajo sus brazos. –“¿Por qué lo hizo? ¿Matar a esas ovejas, quiero decir?”.

-"Es en esta forma en lo que se convierte cuando todo se vuelve demasiado doloroso para soportarlo. Hubo un tiempo en el que descargaba su cólera contra los mortales, pero no ha matado a nadie desde que estoy con él".

-"No quise lastimarle" dijo Isabella de nuevo. -"Había olvidado que podía leer mi mente". -"Es natural que no le guste lo que él es".

-"Supongo que sí”.

-“¿Se marchará esta mañana?”.

-"No lo sé". Se quedó mirando hacia fuera de la ventana. Las cortinas estaban abiertas, y podía ver el comienzo de un nuevo día.

Él no había visto el sol desde hacía doscientos años...

-"Phill, necesitaría que me llevara al pueblo. Necesito algunos pinceles nuevos."
.


.
Masen despertó como siempre lo hacia., instaneamente, sus sentidos alerta explorando el castillo. Phill estaba preparando la cena en la cocina. Un guisado condimentado con cebollas y tomillo.

¿Se había marchado? Incorporándose, buscó su presencia. Su fuerza vital le atrajo como una,vela brillando en la oscuridad. Durante un momento, cerró sus ojos, sintiendo un alivio casi doloroso por su intensidad al saber que todavía estaba allí.

Se preguntó por qué no se había ido cuando tuvo la oportunidad.

Levantándose, se vistió rápidamente, luego bajó las escaleras apresuradamente, no siendo su paso más que un borrón de movimiento en la oscura escalera.

Cuando llegó abajo, hizo una pausa y aspiró profundamente.

Estaba en el comedor.

Sujetó su capa, frotando el suave terciopelo entre su pulgar y su dedo índice, preguntarse cómo podría enfrentarla después de lo de anoche. Aún no le había visto derrotado, cuándo la lujuria por la sangre le vencía, cuándo sus ojos estaban hundidos y ardiendo por la necesidad. No le había visto después cuando se parecía más a monstruo que a un hombre, cuándo su piel estaba estirada en capas delgadas y el hambre arañaba sus órganos vitales, pidiendo ser saciada.

Pero lo que había visto la pasada noche ya era suficientemente malo. Con sus emociones heridas a flor de piel y su profundo anhelo había tomado la forma de un lobo y había matado una de las ovejas. Había arrancado la garganta del animal, esperando así aliviar su frustración en un despliegue de violencia y derramamiento de sangre. En toda su vida, hasta esa anoche, nadie, salvo Phill, le había visto hacer eso.

Aspiró profundamente, regañándose a sí mismo por su cobardía. En algún momento tenía que enfrentarla.

Alzó la vista cuando él entro en el cuarto. Su sonrisa era forzada y sus ojos reflejaron un tumulto de emociones: miedo, lástima, compasión, ansiedad.


-"Buenas noches, señor" dijo Phill, quebrando el pesado silencio.

Masen saludó con la cabeza de manera concisa, y Phill salió del cuarto. Volvió un momento después llevando una pesada jarra de plata y una copa de cristal.

La mirada de Isabella fue hacia el grueso líquido rojo mientras Phill llenaba la copa y la dejaba frente a su señor.

Masen la miró mientras lentamente levantaba el vaso, deliberadamente, tomó un largo trago, saboreando el grueso sabor del líquido caliente.

Aunque lo intentó, Isabella no podo dejar de sentir un estremecimiento de repulsión mientrasél bebía de golpe el contenido de la copa y depositaba el vaso vacío sobre la mesa.

Sin pronunciar una sola palabra, Phill alzó la jarra y rellenó la copa.

Masen levantó su vaso, su mirada atrapando la de Isabella mientras clavaba sus ojos en ella sobre el cristal tallado.-“¿Por qué estás todavía aquí?”. Preguntó intempestivamente.

-"Porque deseo estar aquí, mi Señor" contestó, con voz apenas audible. "Porque tu me necesitas”.

-"No te necesito a ti, ni a tu piedad" dijo, con voz afilada. -"No necesito a nadie".

-“¿No lo necesitas?”.

Él levantó la copa y consumió el contenido en un largo trago. –“Vete de aquí" dijo intempestivamente. -"Retirate de mi presencia. ¡Fuera de mi casa!”.

Isabella se lo quedó mirando durante un momento, asombrada por la dureza en el tono de su voz, por la furia apenas reprimida que resplandecía en las profundidades de sus ojos ambarinos.

No se detuvo a preguntarse si su cólera estaba dirigida a ella o a sí mismo. Asustada y confundida, se levanto y huyo del cuarto.

El leve sonido de sus pasos subiendo rápidamente las escaleras resonó en sus oídos como si fuera un trueno.

-“¿Qué he hecho? murmuró roncamente.-” ¿Qué he hecho?”

-"Su Señoría, la boda tendrá lugar mañana por la noche".


Masen se quedó mirando absorto su copa vacía. Unas pocas gotas del brillante líquido se habían quedado adheridas al cristal, recordándole a las lágrimas ensangrentadas.

-"No puedo casarme con ella" dijo tristemente. -"No puedo permitirle que se case conmigo".

-"Su familia va a venir esta tarde".

-"Ocúpate de que se vaya con ellos".

-"Como Ud. desee, Señor".

Lentamente, Masen se levantó y se dirigió hacia la ventana. Apartando a un lado las pesadas cortinas, miró con atención hacia fuera, a la oscuridad. Nunca la noche le había parecido tan oscura, tan vacía.


-"No puedo seguir sin ella". En respuesta a la pena en su voz, su capa se enroscó más apretadamente a su alrededor, pero por esta vez, la suave caricia de la prenda no logró calmarlo.–“¿Phill, qué debo hacer?”.


-"Sobreviva, Señor, como siempre".

Lentamente, Masen negó con la cabeza. -"No puedo". El recuerdo del único día en que ella había dormido junto él, emergió en su mente atormentándolo. Recordó que cuando se despertó, fue su dulce y sereno rostro lo primero que había visto. No podía soportar el pensar que nunca volvería e experimentar esa felicidad de nuevo.


Se giro. Con su capa formando remolinos a su alrededor y luego posándose suavemente sobre él de nuevo.


-"No puedo" murmuró roncamente, y salió del cuarto.


Mezclándose con las sombras, buscó abrigo en la oscuridad de la noche, y supo que nunca más volvería a encontrar refugio en las sombras.


Viajando a velocidad sobrenatural, dejó el valle de Forks atrás, dirigiéndose hacia la ciudad.


Vago en la oscuridad durante horas. Errando entre las calles de Londres llenas de niebla, se torturó observando a las parejas paseando. Escuchó su risa, se asomó a la ventana de una acogedora casa para ver a una madre cuidar a su bebé, vio a un padre consolando a un niño lloroso.


Siguiendo adelante, vio una joven pareja abrazarse a la luz de la luna. El perfume de su sangre, su pasión naciente, enardeció sus sentidos.


Paseó a lo largo de una tranquila calle residencial, haciendo pausas delante de una casa tras otra para escuchar las conversaciones de sus habitantes. Escuchó a niños riendo, a un marido riñendo con su esposa por el precio de una nueva gorra, oyó a una madre cantando una dulce nana a su hijita recién nacida.


Sonidos comunes.

Sonidos ordinarios.

Sonidos humanos.

Y sobre todo y por encima de todo, vio el rostro de Isabella, oyó el suave tono de su voz.

Nunca antes había anhelado tanto ser mortal como esta noche. Nunca su existencia le había parecido tan vacía.

Paseó por las calles, las fosas nasales llenas del perfume de seres humanos, el perfume empalagoso de una ramera, el hedor de cuerpos sin lavar cerca del muelle, la fragancia a polvo, jabón y tabaco fino mientras caminaba hasta la parte rica de la ciudad.


Fue a la parte más favorecida de la ciudad, odiando a los ricos habitantes que comían y dormían en sus mansiones, esos miembros de la alta sociedad que pasaban sus días en la caza del zorro o yendo de compras. Despreciándose por ello, envidió a los jóvenes ricos que se levantaban por la mañana temprano para ir a pasear a caballo, pasaban la tarde en sus clubs, y sus noches en la ópera en compañía de otros jóvenes igualmente ricos y mimados con bellas mujeres.

Y siempre la sangre llamándolo, tentándolo, gruesa, sustanciosa y caliente, llena de vida. Pero se rehusó a cazar, se rehusó a ceder a la necesidad vibrando a través de él.


Dio la bienvenida al dolor, que le recordaba quien era, que hacia ya mucho tiempo que había perdido el derecho de amar a una mujer mortal.


Y luego olió el amanecer.

Maldijó por lo bajo, maldiciendo su estupidez, su cólera, que le había mantenido apartado de su casa durante demasiado tiempo.


El sol le persiguió a través de las calles, su calor burlándose de él, llenándolo de terror mientras pensaba lo que le sucedería si alcanzaba refugio antes de que la luz le encontrase.


Por un instante, pensó en rendirse al amanecer. ¿Si no podía tener a Isabella, entonces para qué vivir? Pero un rayo de brillante y caliente luz dorada quemó su mejilla izquierda, chamuscando la piel. El dolor era intenso.

Sintió el calor abrasador del sol en su espalda mientras atravesaba la puerta del castillo cerrándola de golpe tras él, luego corrió a gran velocidad subiendo las escaleras hacia la torre del este.


Respiraba pesadamente cuando llegó a su santuario. El lado izquierdo de su cara y su mano izquierda le abrasaban como si estuvieran ardiendo a fuego lento.


Con señales de dolor en su rostro, cerró la puerta tras él. Y luego lo vio, la salida del sol sobre un lago en la montaña. Los listones de brillante color salpicando el cielo del amanecer, brillantes tonos anaranjados, ocres y escarlatas. El lago, su superficie lisa como un espejo, reflejaba los colores del cielo. Muchas flores bordeaban el agua. Blancas, rojas y amarillas, rosadas y de color violeta, puras y frescas. Un pájaro azul estaba posado sobre la rama de un sauce, sus ojos oscuros tan brillantes que parecían vivos.


Clavó los ojos en la escena, olvidando la agonía en su carne chamuscada. Ella le había regalado la salida del sol, una de la que podría disfrutar sin temor.



Isabella... Alzó la mano hasta su mejilla, asombrado cuando las puntas de sus dedos notaron la humedad. Clavó sus ojos en esa única lágrima roja en su dedo.


Isabella...




-“¿Mi señor?”.


¿Había atraído mágicamente su presencia con sus lágrimas? Tapó el lado izquierdo de su cara con su mano derecha y escondió la izquierda en los pliegues profundos de su capa. –“¿No te dije que te fueras?”.


-"No puedo dejarte" contestó quedamente. -"Prometí quedarme contigo durante un año y tu...". Se movió hacia él. -"Tu has prometido casarte conmigo".


Pasó silenciosamente por su lado, con la mano cubriendo su cara. –“¿Estás loca?¿Por qué no te has ido?”.

-“¿Qué le ha ocurrido a tu rostro?"

-"Nada". Se giró de espaldas. Vete, Isabella".

-"No te dejaré”.

-"Vete, ahora". Su mano izquierda se cerraba con fuerza bajo los pliegues de su capa.

Cerró sus ojos y aspiró profundamente. El dolor de sus heridas aumentaba su hambre.

Necesitaba sangre para cicatrizar sus heridas y la sangre de las ovejas no lo saciaría. Isabella. –“¡Vete!”.

Se sobresaltó ante el contacto de su mano en la espalda. Podía sentir la oscuridad envolviéndolo. Pronto, sucumbiría al sueño oscuro de los no muertos.


-"¡Estas sufriendo!" exclamó. Presionando la mano contra su espalda. -"Lo puedo sentir”. Le sujetó por el hombro, tratando de girarlo hacia ella. Fue como intentar mover una montaña. –“¿Qué te ha ocurrido?”.

-"Nada. Sal, Isabella. El amanecer... Debo descansar".

Decidida a saber lo que le ocurría, giró a su alrededor hasta quedar frente a él. Sus ojos ardían mientras la miraba, pero no se resistió cuando le aparto la mano de su cara.-“¡Edward!”. Un lado de su rostro estaba horriblemente quemado. Su piel estaba roja y en carne viva. –“¿Qué ha sucedido?”.

Soltó un largo suspiro que parecía contener todos los pesares del mundo. -"Anduve sin cuidado”.

-“¿Sin cuidado?”. Cerró con fuerza las manos para evitar tocarle.

-"Iba retrasado para llegar a casa. El sol... " Sus palabras se desvanecieron y se encogió de hombros.

-“¿El sol te hizo esto?”.

Él asintió, cansadamente.

-“¿Qué puedo hacer?”.

-"Déjame solo, Isabella. Cicatrizará solo".

-“¿De veras lo hará?” Le miró dudando.

Él asintió de nuevo. Se desabrochó la capa y la lanzó sobre el colchón. –“Vete, Isabella".

Caminó ciegamente hacia la cama, su fuerza debilitándose mientras el sol se levantaba más alto en el cielo. Cayó sobre el colchón y cerró los ojos. -"Dile a Phill que lo necesito”.

-"Si me dices lo que necesitas, te lo proporcionare yo misma”.

Gimió como si sufriera un gran dolor y luego negó con la cabeza. -"Trae a Phill".

-“¿Necesitas sangre, para curarte, verdad? No supo qué la impulso a hacer esa pregunta, pero sabía que era la verdad.

-"Isabella... Por favor. Ve a buscar a Phill".

Él necesitaba sangre, y repentinamente necesitó darle la suya, ser ella la que aliviara su sufrimiento.

Fue hacia la cama y se sentó en el borde. Amablemente, apartó un mechón de su frente y luego acarició su mejilla ilesa.

Los párpados de Edward se abrieron de repente. Por un momento, creyó que la despediría y luego, con un suspiro se giró hacia ella y tomó su mano. Sus movimientos fueron lentos, sus ojos con los parpados entornados mientras besaba su palma. Sus labios estaban fríos y secos, enviando escalofríos que recorrían su columna mientras lamía la suave piel de su muñeca. La contempló, sus ojos estaban oscuros encendidos con un fuego interior, y luego la rodeó con sus brazos sujetándola, inmovilizándola como si fueran fríos barrotes de acero.


Sintió una repentina aprensión mientras sus labios rastrearon su cuello, tembló incontroladamente cuando su boca se cerró sobre la carne blanda. Hubo un dolor repentino, bien definido, pero antes de que pudiera emitir un solo gemido, el dolor fue absorbido de golpe por una oleada de placer raramente sensual.

Él estaba bebiendo su sangre. Debería sentirse asqueada, conmocionada, disgustada.

En lugar de eso, sintió una corriente de satisfacción. Estaba necesitado y ella satisfacía su necesidad de la forma más íntima posible.

Una extraña languidez se apoderó de ella. Su boca era calida, extrañamente erótica, y se apretó mas a él, queriendo estar más cerca. Su lengua acarició su piel, una vez, dos veces. Ella gimió suavemente cuando la apartó.

-“¿Isabella? ¡Isabella"! La sacudió ligeramente. –“¡Contéstame!”.

-"No te detengas" se quejó.

El temor por su vida, le sacó del letargo que lo arrastraba hacia la oscuridad. Con un esfuerzo, se levantó sujetando a Isabella contra él. Se quedó mirando fijamente con horror las dos marcas iguales que arruinaban la perfección de su garganta. ¿Qué había hecho?

¡Phill! Su mente gritó el nombre.

Unos momentos más tarde, Phill apareció en el portal.

-"Tráele algo para beber. ¡Apúrate!”.

Phill salió tan rápidamente como había llegado. Minutos más tarde, regresó llevando una taza de té caliente con un buen chorro de brandy.

-"Isabella, bebe esto". Edward sujetó la delicada taza de porcelana china contra sus labios, su frente arrugada con preocupación mientras observaba como tragaba el contenido.

Isabella se quedó sin aliento mientras tomaba un sorbo de coñac. Nunca había probado el alcohol, y el brandy dejó un rastro ardiente en su garganta hacia su estómago.

-"Bebe todo" le dijo con urgencia Edward.

El calor la invadió mientras obedientemente se bebía el resto.

Masen sonrió al regresar el color a las mejillas de Isabella. –“¿Estás bien?” preguntó ansioso.

Ella hipó, luego le sonrió. –“¿Qué ha sucedido?”."Me temo que he tomado más de la cuenta".

Phill miró indignado a Edward, sus ojos color azul destellando coléricos mientras comprendía por qué Isabella se veía tan pálida cuando había entrado en el cuarto, del por qué se mostraba desorientada y débil.


-“¡Usted no debió!” exclamó Phill. –“¡Dígame que usted no usó a esta niña para apagar su diabólica sed!”.

Masen apartó la mirada, incapaz de enfrentar la censura en el rostro de su criado. Por primera vez durante sus doscientos años de vida, se sintió avergonzado por lo que había hecho.

-“¿Por qué no me llamó?”. Phill preguntó, su voz con tono acusador. Miró las sonrojadas mejillas de Isabella. -"Una cosa es tomar un poco de vez en cuando. Eso, lo puedo entender. Pero esto, usarla como si fuera una de sus malditas ovejas"

La cabeza de Edward se alzó de repente, sus ojos ya no estaba oscuros, habían vuelto a ser ambarinos-"Cállate" dijo concisamente -"O te silenciaré por siempre".

Phill se tragó la aguda réplica que estaba a punto de surgir por su boca.


-"Fue idea mía" dijo Isabella, alarmada por la tensión que vibraba entre los dos hombres. -"Me pidió que lo llamara, pero no lo hice".

-"Vea lo pálida que esta". Phill dio un paso adelante, con la preocupación arrugando su frente. -"Usted ha tomado con demasiado".

Edward negó con la cabeza. Él no había tomado lo suficiente como para ponerla en peligro.

Solo era, que esta era la primera vez que había tomado un poco más de unas gotas.

Mascullando una maldición, volvió la cama, incapaz de oponerse durante más tiempo a la oscuridad que lo envolvía. -"Encárgate de ella... " ordenó, y luego la negrura le reclamó.

_____________________________

Trataré de subir todos los capítulos tan pronto como sea posible.

Un beso. Nos seguimos leyendo.

Noelle xD



13
comentarios:





Jesiri Beaitaly
dijo...

OOOOOOO
Genial sigue siendo genial no importa donde este la historia tu talento para escribir la saca adelante..
El capitulo esta precioso Isabella dandole su sangre es simplemente maravilloso!!!!
Sigue adelante





Anónimo
dijo...

OMG POR FAVOR Q NO LO ABANDONE BELLA, Q NO SEA METICHE ESE PHIL, MEJOR Q SE VAYA CON RENE, JEJE
SALUDOS!!! AYDEE





Anónimo
dijo...

Me encanta.
Estoy muy HAppy de que hayas decidido seguir ;)

Saludos
Katia





Anónimo
dijo...

Lilu
jejejeeje al fibn ee me facino mucho aa
no se va casar con ella
espeo k si yo kiero el libro ee tendra un final feliz
jeje bueno bye





Airam
dijo...

hoola
¬¬ mejor k phil se valla con renne a conkistarla ajhajha xD
me alegra k haiias continuado la historia en tu blog !! :D
no importa donde este io la seguire !! jeje
cuidate
bye



lizzy
dijo...

hola!!

por fin puedo comentar, como sufre Edward, estuvo muy bueno el capitulo, me encanta la istoria solo espero que terminen juntos y felices C=





Anónimo
dijo...

me ancanta
pero quiero ver sexo
pero lo digo de nuevo me encanta gracias x no dejar de escribir.



viszed_89
dijo...

Super me encanto estoy emocionadisima..
sabia que no dejarias que esa persona no se saliera con la suya, lo siento pero se choco con la persona equivocada...¡¡¡ Nos vemos reitero me encanto
... Viszed.



liduvina
dijo...

hola lo que son las cosas primero leo el 18 y despues el 17 bueno le entendi nos seguimos leyendo





Anónimo
dijo...

Que bueno que continuaste aquí!!!
Te mando un abrazote!!!
Bye!!!



Klaudia
dijo...

Hola Noelle aqui estoy como prometi :D, esta hermoso tu blog, y no sabes cuanto adore el capitulo y la musica con k me acompañó;
fue demasiado doloroso ver a Edward sufrir de ese modo, tal parece k su amor se hace cada vez mas imposible, pero luego quedo demostardo k tal vez si puede funcionar despues de todo, por cacabro k suene, el acto mas grande de lo mucho k Bella ama a Edward fue la prueba misma de darle a beber de su propia sangre y tambien muy intimo, me recordo mucho a Moonlight :)
voy al 18 k para ver k sigue
besos





rose
dijo...

wow y mas wow, tan tierna Bella, tan divino Edward. Me encanto el capi, sobre todo cuando le da de beber su sangre.

Que bueno que abriste el blog, asi sigues compartiendo con nosotras, solo las que leemos por amor y no para molestar.

me encanta la historia, divina.



Lauri R
dijo...

Me encanto el capitulo!!!, estoy ansiosa por mas...
estas publicando otra historia en fanfiction?
te estare esperando.
cariños =)

2 comentarios:

  1. apenas me he dado cuenta de que ya teneis blog.
    Un besazo

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  2. Alice Brandon Cullen1 de junio de 2010 a las 9:35

    Hola!!!
    me encantó el capítulo y me alegra mucho que continuases el fic :) (ahora voy a leer el resto de capitulos)
    PD: La frase: Pronto, sucumbiría al sueño oscuro de los no muertos. Es preciosa!!!
    un beso

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