Cinco años más tarde
Se asomó a la ventana, mientras observaba como salía el sol. Era una vista de la cual nunca se cansaba, un milagro por el que nunca se sentiría lo suficientemente agradecido.
Durante los primeros días después de haber recobrado su humanidad, había pasado largas horas gozando del calor del sol, sintiendo su calidez en su rostro mientras paseaba por los jardines, o se sentaba en el banco en el centro del laberinto, reflexionando sobre su pasado, esperando con ansia el futuro.
Observó como el cielo se iluminaba por la luz del día, venciendo a la noche.
El sol, tan brillante y bello. Su calor había desterrado las últimas oscuridades de su alma.
Habían cambiado muchas cosas durante los últimos cinco años.
La hermana de Isabella, Alice, había dado a luz a gemelos.
Otra de sus hermanas, Rosalie, contrajó matrimonio con un terrateniente llamado Emmett McArtty y estaba encinta.
Mientras la pequeña Angela era cortejada por un abogado de Lóndres llamado Ben Cheney.
Black había decidido efectuar un viaje alrededor del mundo, para residir finalmente en los Estados Unidos, y la última noticia que sabía de él, era que al parecer había encontrado a una mujer lo bastante interesante como para que fuese vizcondesa, una estadounidense con un nombre un tanto peculiar, llamada Vanessa Wolfe.
Phill se había casado con la madre de Isabella y se había mudado a la casa de ésta.
Unos suaves gorgoreos lo sacarón de su observación del amanecer. Volviéndose de espaldas a la ventana, sonriéndo cruzó la habitación, no sin antes darle un vistazo a la cama, confirmando que la dueña de sus suspiros continuará dormida.
-"Shh, pequeña. Tu mamá necesita dormir". Sonrió mientras levantaba de la cuna a su hija recién nacida. –“¿Cómo amaneciste, mi bella Elizabeth? ¿Has dormido bien?”.
Ella era un milagro, pensó con su corazón rebosante de amor mientras estrechaba con suavidad al bebe entre sus brazos. Todavía no podía creer que fuese suya, que después de doscientos años de oscuridad, hubiera podido engendrar a una niña fuerte y saludable, con el pelo cobrizo y ojos de un chocolate derretido hermoso como los de su madre.
Los suaves toquecitos a la puerta sacaron a Edward de sus pensamientos.
Sonrió al imaginar quién era y aún con la niña en brazos se dirigió a la puerta para abrirla y ver hacía abajo al pequeña personita que se encontraba en el pasillo, descalzó, con el cabello despeinado, tallandose los ojitos.
-¿Papá?
La voz de su pequeño hijo era un sonido que le llegaba hasta el corazón.
- ¿Qué pasa Anthony?
Él era otro de los milagros, de lo cuál viviría agradecido eternamente por hacerse merecedor de esa grandiosa oportunidad que le fué concedida.
Su hijo, una mezcla perfecta de las características de ambos progénitores, el cabello color chocolate de su madre, con los ojos verdes de Edward, por que también gracias a la mágica conversión humana, había podido recuperar el color natural de sus ojos.
- Teno hambie. -masculló de forma tímida el pequeño, y cómo para afirmar dicha oración, el estomago del niño emitió un ruidito, que hizó que se ruborizará.
Efectivamente, el rubor lo había heredado de la madre.
Edward sonrió cálidamente al observar dichas reacciones de su hijo y lo tomó de la mano, mientras sostenía con la otra a la pequeña bebé, para dirigirse a la habitación de Anthony.
- Muy bien, iremos con la señora Sue para que nos dé unas galletas de avena y un poco de leche. Pero antes, tendremos que ponerte los zapatos y vestirte.
El pequeño frunció el ceño, él no quería vestirse, ni siquiera le gustaban los zapatos.
Él tenía hambre.
Cuántos milagros en su vida, reflexionó Edward. Ciertamente, su vida era el mayor milagro de todos. Se recordó yaciendo sobre el altar, ahogándose en la oscuridad, oyendo la voz de Isabella llamándole de regreso desde el mismo borde de la eternidad, el sentir sus lágrimas como si fueran lluvia sobre su cuerpo.
El milagro de su amor. Todavía le asombraba que ella pudiera amar al hombre que había llegado a ser.
No echaba de menos la oscuridad, pero sí algunas veces el haber perdido la habilidad de leer los pensamientos de Isabella, el poder saber qué era lo que ella estaba pensando.
Ahora era un misterio para él, como cada mujer era un misterio para el hombre que la amaba.
Isabella. Su amor era para él el mayor milagro de todos.
Con una sonrisa, depositó a su hijo en la cama para buscar las medias y los zapatos, mientras sostenía de manera tierna a su hija.
- ¿Y mamá? - preguntó Anthony
- Tú mamá esta dormida, esta muy cansada.
Anthony frunció el ceño aún más, su madre se la había pasado cansada desde que la cosita rosada llegó.
- ¿Po que? - masculló el pequeño, su mente no alcanzaba a comprender el por qué una mujer que acaba de dar a luz, debía guardar cierto reposo, él solamente veía que su madre no había estado con él mucho tiempo ó así a él le parecía, y ciertamente Edward tampoco sabía como explicarlo.
Edward dejó de buscar los zapatos y se volteó a observar al pequeño; quién no había querido ver a su hermana desde que nació.
Anthony permanecía con un gesto enojado y contrariado viendo hacía su regazo.
- Hijo.- dijó Edward de manera cautelosa.
Verde contra verde se encontraron y Edward le dió una sonrisa conciliadora, la cuál Anthony le respondió timidamente.
- Hijo, tú madre se encuentra dormida, por que ha dado la vida a tú hermanita, - y se la señaló a Anthony, el cual hizó un puchero y cruzó los brazos en el pecho, volteando la mirada hacía otro lado para evitar verla.
Edward bufó tomándose el puente de la nariz con los dedos, podría tal vez hablar varios idiomas, pelear con la espada, trabajar hasta el anochecer, ordeñar vacas, trasquilar ovejas, domesticar caballos, pero no podía establecer una comunicación con su pequeño hijo de cuatro años, que pasaba por un arranque de celos.
- ¿Éstas enojado? - preguntó temerosamente Anthony.
- No, no hijo - suspiró pacientemente Edward - no estoy enojado, sólo estoy un poco triste.
- ¿Po qué?
- Por que tú no aceptas a tú hermanita, y estoy pensando en qué tú serás el hombre de la casa algún día y si yo no estoy ¿quién protegerá a la bebé?
- ¿Mi mamá?
- ¿Y si no esta tú mamá?
- No sé.- y con su pequeño dedito indice tomó su barbilla y de manera pensativa dijó - tal vez la señoda Sue y el Señor Hady la puedan cuidar.
Edward emitió un suspiro resignado.
No podría jamás imponerle algo a su hijo, pero trataría de ver la forma de aceptará a la pequeña.
Se acercó a su hijo y con la mano libre le acarició el cabello.
- Hijo, aquí están los zapatos, colocátelos, que yo enseguida vuelvo.
Se dió la vuelta con la pequeña en brazos para dirigirse a su habitación y depositar a su hija dormida en su cuna, volteó a ver hacía la cama de nuevo para comprobar la calmada respiración de su esposa.
Su esposa, su luz, su vida, su sol.
Isabella, su todo.
Salió de su habitación para encontrarse con Anthony que lo esperaba con los zapatos puestos al revés.
Sonrió, lo cargó y lo depositó nuevamente en la cama para acomodarle los zapatos.
Él pequeño Anthony, al darse cuenta de su error, se sonrojó tremendamente, no le gustaba equivocarse, y menos que su padre fuera testigo de ello.
Era todavía un crío, pensaba Edward, pero era suyo, y aunque no podría ser tan consentidor con él por que era hombrecito, le amaba con toda su alma.
Sabía que se parecía mucho a él, en el carácter y en los defectos.
Y estaba muy orgulloso de eso, por que tenía a su Isabella para corregirlo.
Terminándo de abrochar los zapatos, lo cargó amorosamente y lo llevo sobre sus hombros bajando las escaleras corriendo con rumbo hacía la cocina.
- Code, Code papá-caballo - decía Anthony entre risas, mientras se agarraba de los cabellos de su padre.
Edward se sentía en la gloria cada que escuchaba el hermoso sonido de las risas de su hijo. Eran alegrias que llegaban enteramente a calentar su corazón.
Desayunaron juntos en la mesa de la gran cocina, mientras la señora Sue se apresuraba a subirle el desayuno a Isabella.
Después de un rato, el pequeño salió a jugar a los jardines y Edward se dirigió hacía la biblioteca para coger el diario en el cual una vez había escrito sus oscuros pensamientos. Era hora de escribir una nueva entrada:
La redención
Los siglos de oscuridad
Habían cubierto mi alma como un manto
Había olvidado el calor
Y la belleza del sol;
En soledad
Vagué por la tierra
Esperando
Deseando
Soñando
La redención;
Andando en busca de un solo fin
Mitigar el hambre
Sólo eso
Acabado por el dolor
Sólo eso
Atormentado;
Durante siglos
La noche fue mi día
El día fue mi noche
No había nada más
Ese era todo mi mundo;
Hasta que llegaste tú...
En tu sonrisa encontré esperanza
En tu amor
El perdón
Y ahora la luz
Que una vez me fue negada
Brilla para siempre
En tus ojos
Anthony no estaba.
Subió corriendo de dos en dos los escalones hacía la habitación del pequeño, y efectivamente se encontraban algunos juguetes tirados en el suelo, pero no había rastro del niño.
Se dirigió a su habitación para revisar a la bebé y de paso que Isabella no tuviera ningún problema.
Al abrir la puerta e internándose en el cuarto, se encontró con el más tierno espectaculo que pudieran ver sus ojos.
Anthony estaba dormido en la cuna de la bebé con la pequeña Elizabeth.
Cómo si fuera posible su corazón se hinchó más de felicidad.
Su hijo finalmente había aceptado a la pequeña.
E Isabella estaba despierta, mirandolo con ojos enternecidos y vidriosos por las lágrimas acumuladas, por la alegría que provocaba la hermosa imagén de sus hijos.
Edward sólo pudo dirigirse a la cama dónde se encontraba su esposa, abrazarla y darle las gracias por el maravilloso milagro de la vida al creador, rogándole que le permitiera disfrutar de esos bellos momentos, fruto de su amor, que atesoraría en su alma y en lo más profundo de su corazón.
Fin
Muchas gracias a todos y todas los que leyeron esta historia, fué un placer transmitirselas a ustedes.
Les envió un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
Buaaaaaaa!!!! ando lacromigena..... estuvo precioso el final , t felicito por tan excelent historia. Y nos vemso en Pacto oscuro... byeeeeeeeee
ResponderEliminarDesde q lei por primera vez tu historia sabia q era algo bueno!!"!!es algo q te hace adicto y q cuando ya se termina, terminas hechando de menos...solo me queda decirte q GRACIAS por haber compartido esta HERMOSA historia..espero seguirte leyendo...una amiga G_pattz
ResponderEliminarwiii exc.... me gusto mucho el final......
ResponderEliminarhas hecho un exc trabajo espero seguir leyendo mas de ti xq no me cansaria de hacelo.....
gracias....
hola aqui estoy de nuevo me encanta esta historia le voy a extranar muchisimo sabes k me hiso llorar un poco hay bueno no me despido y nos seguimoe leyendo,,,hey,,,hey,,,,hey... cual nos brindaras ahora jajajaj
ResponderEliminarVALFABITA
ResponderEliminarNOELLE, SIMPLEMENTE HERMOSO,GRACIAS...MIL BESOS
Noelle k hermoso final, lo ame todo todo, por fin Edward tiene la familia k siempre quiso y puede disfrutar esta nueva oportunidad de vivir plenamente, llore de felicidad cuando él agradecia cada uno de sus milagros............sus hijos y Bella y k linda escena al final cuando Anthony acepta a su hermanita y cuida su sueño, una ternura, k emocion de historia
ResponderEliminargracias por compartirla y seguirla a pesar de todo, eres grande :D
ahora me dare una vuelta por Pura e inocente jejeje y algunas mas k coloques :)
besos vampiricos y abrazos de oso Emmett
Hola!
ResponderEliminarGuau!
Qué encantador final (L)
Por fin Edward logró lo que tanto añoraba... My Goth! (JO)
Saludos
Kat¡a
que prcioso final... encantador Anthony¡¡¡
ResponderEliminarGracias a ti viszed, por visitar éste espacio y darme tú opinión, te envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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