Los ojos de Isabella se ensancharon cuando entró en el teatro de la ópera. Excepto por las ocasiones en las que Phill la había llevado de compras al pueblo vecino, era la primera vez que salía del valle en donde había nacido, la primera vez que iba a la ciudad. No podría dejar de mirar a las bellísimas mujeres, con sus ostentosos trajes de noche de seda y raso.
Levantó su barbilla desafiante, tratando de fingir que era una de ellas, que pertenecía a ese mundo. Su traje de noche era igual de costoso e iba tan a la moda como ellas.
Los zafiros en su garganta eran adecuados para una reina. Pero, aunque lo intentaba, no podía evitar el sentirse como una criada vestida con las ropas de su señora.
Una vez que su temor inicial pasó, se dio cuenta de que muchas personas miraban a Masen.
Oyó retazos de conversación mientras Masen la escoltaba subiendo por las escaleras hacia su palco privado.
-"Es Masen... "
-"No lo había visto por aquí durante años... "
-"... Una nueva amante... "
-"... Tan joven... "
-"Es preciosa... "
-"... no es obstáculo... Él nunca se altera... "
Estaba segura de que sus mejillas estaban rojas de vergüenza cuando llegaron al palco.
Sentándose, escondió su rostro detrás de su abanico.
-"No les hagas caso, dulce Isabella" dijo Masen sentándose a su lado con un gesto de aburrimiento en su cara.
-"Hablan de nosotros".
-"Déjalos. ¿Te dije lo hermosa que estas con este traje?". Y ciertamente, lo estaba. El terciopelo azul oscuro contrastaba con la suavidad cremosa de su piel y hacia parecer aún más chocolate oscuros y profundos sus ojos.
Isabella inclinó la cabeza, deseando poder desaparecer. Nunca antes había sido objeto de tantas murmuraciones y especulaciones. No tenía que oír las palabras, para saber que la gente estaba pensando que era la amante de Masen.
Miró hacia el palco que había enfrente, y se echó rápidamente hacia atrás cuando reconoció al hombre alto y moreno. Él había estado en la taberna la noche en que su padre la subastó al mejor postor.
Él también la había visto, con una sonrisa inclinó la cabeza en su dirección y luego le sopló un beso.
Oyó a Masen mascullar algo por lo bajo y luego, para su alivio, se abrió la cortina del escenario y la función comenzó.
Isabella nunca había visto o ni había oído nada igual, los trajes, los actores, la música, el baile. Si bien no podía entender el lenguaje, no tuvo ningún problema en seguir la historia que hablaba de un joven rico enamorado de una campesina.
En el descanso, Lord Black apareció por su palco. Esbozó un saludo en dirección a Masen y luego se inclinó y besó respetuosamente la mano de Isabella.
-"Buenas noches, querida" dijo, y ella noto el asomo de una sonrisa en su voz. -"Se la ve a usted muy bien esta noche".
-"Gracias".
Black se sentó en una de las sillas, con sus largas piernas estiradas descuidadamnete ante él.
-"No puedo recordar la última vez que vi a Masen en la ópera" comentó. -"Usted debe ser una buena influencia para él".
-"Yo.. ." Ella negó con la cabeza. -"Fue idea de Lord Masen, no mía". Una sonrisa iluminó su cara.-"¿Pero no ha sido maravilloso?".
-"¿Entonces esta usted disfrutándola?".
-" Oh, sí, es una obra teatral maravillosa. Nunca he visto nada igual".
Masen se recostó en su silla, con los brazos cruzados sobre su pecho mientras Black hablaba con Isabella. Su desinterés se volvió rápidamente en enojo, al ver como Black coqueteaba con Isabella, elogiando su peinado, comparando el azul de su vestido con su piel. Observó como Isabella se ruborizaba, mientras le daba las gracias educadamente. Sus manos se cerraron con fuerza en puños apretados, la cólera convirtiéndose rápidamente en furia al oírla reír suavemente sobre algo que Black le había dicho.
-"Suficiente". La palabra, dicha con voz suave, terminó con los floridos cumplidos de Black como si de un cuchillo se tratara.
Con perezosa gracia, Black se puso de pie, murmurando una despedida mientras se inclinaba para besar la mano de Isabella, luego se dirigió a Masen. –"¿Le veré después en la taberna, Su Señoría"?
-"No".
Black miró a Masen con una sonrisa burlona.-"Ciertamente esa fue una tonta pregunta"
dijo.-"Buenas noches, Su Señoría".
-"Black".
Isabella se abanicó, no atreviéndose a mirar a Masen. No le había pasado desapercibido el indicio de cólera en su voz, aunque no entendía la razón del mismo.
Cuando la obra se reanudó, se sintió agradecida. Masen había visto la ópera muchas veces, y era el rostro de Isabella lo que observó durante los últimos momentos de la función. Tal como había sospechado, ella lloró cuando la protagonista se suicidó en vez de continuar viviendo sin el héroe, sin embargo el por qué una mujer podía llegar a amar a un hombre tan débil de carácter como el héroe, era algo que estaba más allá de su comprensión.
Cuando bajó el telón, le ofreció su pañuelo. -"Sécate los ojos, dulce Isabella. Después de todo, solo es ficción".
-"Pero es tan triste. ¡Se amaban tanto!".
-"¡Tonterias! Si él la hubiese amado, habría desobedecido a su padre y se hubiera casado con ella en lugar de con otra mujer a la que no amaba".
-"Sí" dijo Isabella.-"Supongo que debería haberlo hecho".
Levantándose, Masen puso su capa sobre sus hombros.
–"¿Lista?".
Asintiendo, Isabella se puso de pie y le tendió la mano. Con la cabeza bien alta abandonó el palco y salió al exterior.
Era una noche iluminada por la luna llena. Una luna amarilla brillaba sobre el cielo infinito.
Caminaba al lado de Masen, consciente de la gente a su alrededor, consciente de sus miradas de curiosidad, de sus palabras murmuradas conjeturando sobre su relación con el oscuro Lord del castillo.
Se sintió aliviada al llegar Phill con el carruaje.
Cuando Masen la ayudó a subir al interior, notó su mano en su brazo. Su toque era firme y fresco. Esparció sus faldas alrededor mientras él entraba por la otra puerta y se sentaba a su lado. Había algo muy íntimo en estar a solas con un hombre en un carruaje cerrado. El duro muslo de Masen rozó el suyo, mientras cambiaba de posición en el asiento.
Dio un golpe en el techo, y el carruaje arrancó. Permanecieron en silencio durante varios minutos. Isabella miraba por la ventana, admirando el campo iluminado por la luna.
-"Black te encuentra muy atractiva, mi dulce".
Isabella giró su cabeza para mirarle, asombrada por su comentario.
-"¿Su Señoría?
-"No te hagas la tímida conmigo, vi la forma en que te miraba. Y la forma que tú lo mirabas".
-"No sé lo que quiere decir".
-"¿No lo sabes?".
Isabella le devolvió su mirada, sorprendida por la cólera en el fondo de sus ojos, por el borde afilado de los celos en su voz.
-"Si tienes algún plan para verte con él a escondidas, olvídalo".
-"¡Su Señoría, usted me juzga mal!" Isabella exclamó, horrorizada de que él pensara tal cosa.-"No tengo ningún interés en ese hombre".
-"¿No?"
-"No".
-"Discúlpame, dulce Isabella" se quejó, asombrado por su reacción al pensar en ella con otro hombre. Antes nunca había sido posesivo con las mujeres que traía a casa, pero antes ninguna había sido tan preciosa o tan inocente como Isabella Swan.
-"Por favor no este enfadado conmigo, Su Señoría".
Masen soltó de golpe el aliento y cogió sus manos besándolas una a una. "Nunca puedo estar furioso contigo. Ni con Black supongo. No puedo culpar al hombre por sentirse atraído hacia ti".
Él besó de nuevo el dorso de su mano derecha; Y luego, muy lentamente, le sacó el guante, inclinó su cabeza y lamió su palma. Isabella se quedó sin aliento mientras un calor abrasador ascendía por su brazo.
Con el corazón latiendo alocadamente, le miró a los ojos, sintiendo que el fuego que ardía en ellos la engullía.-"Su Señoría..."
Lenta e inexorablemente, la atrajo hacia sus brazos hasta que su cara acaparó todo su campo de visión. Inclinando su boca sobre la de ella, la besó, sus dientes raspando sus labios, su lengua explorando la suave carne interior hasta que ella quedó jadeante, casi mareada por el tumulto de emociones que formaban remolinos en su interior. Su piel estaba tensa, notando cada uno de sus terminaciones nerviosas.
Apenas consciente de lo que estaba haciendo, con un suave gemido se apoyó en él, apretando sus pechos contra su torso masculino.
-"Isabella, ah, Isabella". Él gimió suavemente. –"¿Sabes lo que me estás haciendo?"
Sus manos deslizaron de arriba abajo por su espalda, erráticas como los latidos de su corazón.
La abrazó más fuerte, más próxima, su boca derramando besos en sus ojos, en su nariz, en la curva de su mejilla. Su lengua lamió su cuello, sus dientes mordisquearon su lóbulo, después rasparon la carne blanda bajo su oreja.
Un gemido retumbó profundo en su garganta y luego, abruptamente, la apartó a la fuerza.
Deslumbrada, ella le esquivó y se acercó a él, queriendo que la besara otra vez, para continuar con la extraña magia que su toque aportaba a sus sentidos.
-"No hagas eso". El tono de su voz la golpeó como una bofetada.
Con un gemido amortiguado, se apartó hacia la esquina del asiento su corazón golpeando salvajemente, no con deseo, sino con temor. ¿Qué había hecho? ¿Por qué la estaba mirando así, sus ojos antes ardiendo ahora de repente fríos como el acero?
El resto del viaje pasó en silencio. Isabella con la cabeza gacha, abatida, sus manos apretadas en su regazo.
Cuando llegaron a casa, Masen prácticamente salió volando del carruaje. Ella le siguió con la mirada, deseando pedirle que volviera, pero él fue tragado rápidamente por la oscuridad, tan completamente que parecía como si hubiera desaparecido en ella.
Phill la ayudó a bajar del carruaje, luego la precedió hacia el castillo, iluminando las lámparas de los cuartos de abajo.
-"¿Le apetecería tomar una taza de té, señorita?". Preguntó.-"¿O quizás un poco de chocolate?".
-"Chocolate, por favor. Tráigamelo al saloncito".
-"Como usted desee, señorita".
Quitándose la capa y los guantes, Isabella entró en el saloncito y se sentó en el sofá, tratando de comprender lo que había sucedido en el carruaje. Era una novata en cuanto al deseo, pero no estaba equivocada al pensar que Masen la deseaba. El cielo sabía que ella también le había deseado, y que le habría entregado su virtud allí, dentro el carruaje, si él se lo hubiera pedido.
Había hecho algo que le había disgustado, pero ¿el qué?
-"¿Desea que encienda el fuego, señorita?" le preguntó Phill mientras le entregaba una taza de chocolate caliente.
-"Sí, por favor. Hace mucho frío aquí dentro".
Phill asintió, y fue a ocuparse del fuego.
-"¿Ha regresado ya Lord Masen?". Preguntó.
-"No, señorita. Yo si fuera usted no le esperaría".
-"¿Sabe usted a dónde ha ido?
Phill vaciló.-"No, señorita. ¿Desea alguna otra cosa, señorita?".
-"No, Phill. Muchas gracias".
-"Buenas noches, entonces".
-"Buenas noches".
Mirando fijamente las llamas, Isabella bebió el chocolate, sintiéndose más relajada.
Tenía gracia la vida, filosofó. Le había dado miedo venir a este lugar, temerosa de alejarse de su casa, asustada de Masen, pero todos sus miedos habían resultado ser infundados. No había nada de lo que temer en el castillo. Estaba bien alimentada y llevaba puestas bellas ropas. Había aprendido a leer y a escribir, a apreciar la poesía, a tocar el piano, a pintar. Incluso el temor que le causaba Masen había sido injustificado. A excepción de estas últimas semanas, apenas lo había visto.
Algunas veces, parecía como si fuera él quien la temiera.
Apartando la taza, ocultó los pies bajo su falda. ¿Por qué la había traído Masen aquí?
¿Si no la deseaba como amante o criada, para qué la quería? Hasta ahora, no había hecho nada que justificase el dinero que había pagado para ella.
Masen. ¿Por qué no estaba casado? Sus ojos color ambar eran preciosos y su color de un raro color cobrizo lo hacia hermosamente irreal. Era muy guapo. Ni lo frio de su comportamiento podría restarle encanto a su apariencia. El recordar lo atractivo que era la hizo cobrar vida, calentó su sangre e hizo temblar su estómago con anhelo. Seguramente no podría ser tan malo acostarse con él a pesar de lo que su madre le había advertido sobre estas cosas... .
El calor que impregnaba sus mejillas por sus caprichosos pensamientos, no tenía nada que ver con el calor producido por las llamas del fuego. Con un suspiro, cerró sus ojos, viéndolo en su imaginación, la frente alta, la nariz perfecta, sus bellos ojos ambar dorado que la hacían arder con una sola una mirada, sus labios ...
Sintió su cuerpo arder en los lugares que él la había tocado. Si no la hubiera apartado a la fuerza...
.
.
Masen estaba de pie al lado del sofá, observándola mientras dormía. Su pelo se habíasoltado de los alfileres y yacía esparcido por el brazo del sofá.
Suspiraba en sueños, sus labios rosados dulcemente curvados en una sonrisa que era dulce y seductora. ¿Qué, o con quién, estaba soñando?
Incapaz de evitarlo, se arrodilló a su lado, mirando fijamente los latidos lentos y constantes del pulso en la base de su garganta. Cerró sus ojos y tomó un profundo aliento, aspirando su perfume. Olía a jabón y a perfume, al rosbif y pudín Yorkshire que había tomado para cenar, a chocolate. Puso la punta de su dedo encima del pulso que latía en su garganta, sintió la sangre corriendo a través de sus venas, notó como se le hacía la boca agua al recordar el sabor caliente y dulce de su sangre.
Incluso antes de abrir los ojos, supo que ella estaba despierta y le estaba mirando.
Percibió el cambio en su respiración, el acelerar de sus latidos.
-"Su Señoría" dijo. "Lo siento si le ofendí en algo".
-"¿Me ofendiste?".
-"En el carruaje".
-"No hiciste nada que pudiera ofenderme, dulce Isabella".
-" Entonces por qué... "
-"No quiero lastimarte, Isabella".
-"Usted no me estaba lastimando". El rubor ascendió por su cuello y sus mejillas.
-"Realmente fue al revés, Su Señoría".
-"Ah, Bella" se quejó Masen, acariciando su mejilla. -"Si tú supieras".
-"¿Saber qué?".
-"Nada. No te asustaré con mi pasado, ni te aburriré con mi presente".
-"No entiendo".
-"No hay ninguna necesidad de que me entiendas. Todo lo que necesitas saber es que me gustas mucho".
-"¿Entonces, me besará de nuevo?" Vio la negativa en sus ojos y presionó las puntas de sus dedos sobre sus labios. -"Sólo un beso, Su Señoría".
Cogiendo la mano de su boca, besó su palma. Cuando la miró de nuevo había un destello de diversión en sus oscuros ojos ambarinos. –"¿Te complacería mucho?".
-"Oh, sí".
-"Un beso, y después te irás a la cama".
Ella asintió, bajando sus párpados cuando sus labios encontraron los suyos. Había tanta dulzura en su beso, tanto anhelo. Renuente a soltarlo, le rodeo el cuello fuertemente con sus brazos y profundizó el beso, esperando que notara cuánto le deseaba.
La cogió entre sus brazos, la levantó del sofá y la depositó en su regazo, su boca arrasando la de ella en la forma más dulce posible.
Ella se ahogaba de placer, derritiéndose en el deseo, y entonces, en su mente apreció un destello de oscuridad, pero no era la oscuridad tal y como la conocía, sino una ausencia total de nada, y en medio de la oscuridad un sentimiento de dolor y angustia tan vívido que lo sintió como si fuera suyo.
Se retorció en su abrazo, sintiendo que sus brazos la sujetaban herméticamente. Trató de abrir sus ojos, pero la oscuridad aumentada, y se vio a sí misma absorbida en esa horrible negrura.
-"¿Isabella?"
-"No. No, no... Por favor".
-"Isabella, abre los sus ojos. No hay nada que temer".
Ella le miró parpadeando, sintiéndose como si acabara de salir de una pesadilla.
-"¿Qué ha sucedido?".
-"Nada".
-"Pero... "
-"Fue sólo un sueño, mi dulce, nada más".
-"¡Pero estaba despierta!".
-" No. Te quedaste dormida en mis brazos". La miró con una tensa sonrisa, en sus ambarinos y convincentes ojos. -"Te llevaré a la cama" dijo, y se levantó con ella en sus brazos como si no pesara absolutamente nada.
-"Puedo caminar, Su Señoría".
-"No hay ninguna necesidad".
Sin esfuerzo alguno, la llevó escaleras arriba hasta su cuarto.
-"Descansa, mi dulce Isabella".
-"Buenas noches, Su Señoría".
Él asintió, luego abandonó el cuarto, su capa negra formando remolinos alrededor de sus tobillos como si fuera humo.
Edward, ya se enamoró de ella, además de qué tiene ya los celos posesivos que aparecieron cuando llegó Black, y nuestra Isabella como siempre se derrite ante los besos de éste vampirito mordelón, y ¿quién no?. Pero Edward no va a estar siempre tan dispuesto a complacerla, el también esta luchando consigo mismo por lo que desea y por lo que no puede tener. Muy triste caso.
Un beso y un abrazo.
Noelle xD
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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