CAPITULO 6
Bebieron jerez para brindar por su amor y cuando lo consumieron en sus labios, la señora Jacobs fue a buscar sus capas. Edward tomó la prenda forrada con pieles y la envolvió alrededor de Isabella, la suya la hechó encima de sus hombros despreocupadamente. La condujo hacia la puerta, precedido de Jasper. Se despidieron y el ministro expresó sus buenos deseos.
Fuertes ráfagas de vientos, los envolvieron e hincharon sus capas, cuando se abrió la puerta pesada. Gruesas gotas de lluvia les cayeron encima. Jasper corrió a abrir la portezuela del carruaje y bajar la escalerilla plegable, mientras Edward esperaba con Bella al abrigo del portal. Los dos guardias ya estaban encaramados en el asientos del conductor, acurrucados entre los pliegues de sus capotes para protegerse de la lluvia. Jasper llamó por señas a los recién casados, pero cuando ellos salieron al aire libre, una ráfaga de viento cargado de lluvia les golpeó en las caras. Isabella ahogó una exclamación, se volvió y se encontró luchando por respirar contra el pecho de Edward. Él la abrazó y la cubrió a medias con su capa . En seguida se inclinó, la levantó en sus fuertes brazos y corrió directamente hacia el carruaje. La depositó en el abrigado interior, subió detrás de ella y se sentó a su lado. Jasper plegó rápidamente la escalerilla, subió de un salto y se sentó en el asiento frente a la pareja.
-Hay una posada sobre el camino, no muy lejos de aquí.- dijo con voz áspera.- donde podremos cenar.
Edward miró al hombre con atención.
-¿Cenar?
-Ajá.- dijo Jasper, asintiendo con la cabeza a la luz, mortecina del oscuro crepúsculo de sus ojos azules, que se encontraron con los jade de Edward.- A menos que quiera regresar a la cárcel sin nada en la barriga, hasta mañana por la mañana.
Edward miró a Isabella, quien parecía muy pequeña y silenciosa en un rincón.
Edward hizo una pregunta a Jasper.
-¿Regresará a Londres esta noche?
-Ajá.- respondió Jasper,casi en un gruñido.
Edward pensó en la breve respuesta del hombre antes de preguntar.
-¿Por qué no se queda en la posada? Será un viaje de tres horas, por lo menos, antes de llegar a Londres.
-Un viaje bastante largo en una noche como esta.- dijo Isabella secamente.
Su marido enarcó una ceja ante el tono de ella y miró los llameantes ojos cafés que taladraban la oscuridad.
-Parece que has recobrado tu coraje ahora que estas lejos del buen reverendo Jacobs.- dijo en tono ligeramente burlon.
Isabella respondió como hacia rato que deseaba hacerlo.
-Canalla, cuide su lengua o lanzaré a Jasper sobre usted.
Jasper bajó su cabeza y apoyó bien la cabeza,como si fuera a dormirse. Parecia que su joven ama nuevamente seria capaz de defenderse sola.
Edward observó a su hosco compañero y después dirigió toda su atención a Isabella quien casi retrocedió cuando él estiró una mano hacia ella.
Él le tomó una mano que estaba crispada sobre el regazo y la aferró con fuerza. Sonrió despreocupadamente y trató de llevársela a los labios mientras Isabella se agitaba nerviosamente en su asiento y dirigía rapidas miradas a su protector para ver si realmente dormía.
-Eres realmente una flor., Isabella.- dijo Edward, y sus ojos se posaron fugazmente en Jasper.- pero hieres, me hieres dolorosamente. Ciertamente, Isabella, eres una rosa, una belleza del bosque suave y de dulce textura, tentadora, implorando que te tomen, pero si una mano descuidada trata de hacerlo, solo encontrará una cantidad de agudas espinas.- Rió suavemente y ello aumentó la inquietud de Isabella. Aplicó sus labios en un punto de la delicada muñeca de ella.- Pero además, hay alguien que visita el jardín y no recibe punzadas de las espinas. Con manos temblorosas , toma el capullo y gentilmente quiebra el tallo donde crece. Entonces la rosa, es para siempre suya.
Isabella, retiró violentamente la mano.
-Comportese señor.- dijo secamente.- No diga tonterías.
Una sacudida violenta del carruaje envió a Edward casi encima de ella y Isabella retrocedió súbitamente asustada y levantó un brazo para protegerse del ataque de él. Edward rió divertido, cerca de su oído, lo cual hizo que ella recuperara el coraje en un relámpago de orgullo herido, y él le apoyó una mano en el muslo. Isabella se estremeció de fúria. Fingiendo torpeza, pensó ella, los largos dedos de él, intencionadamente o no, la tocaron a través del vestido donde ningún hombre se había atrevido a tocarla.
-¡No me toque!.- dijo ella, casi sofocada por la cólera y lo empujó con todas sus fuerzas.- Vaya a acariciar a sus rameras a la cárcel.
Jasper los miró y Isabella se acomodó nerviosamente su falda.
-¿Y donde esta esa posada?.- preguntó ella con impaciencia.- ¿cree que llegaremos antes de que muera de tantas sacudidas?
-Calmese, muchacha.- dijo Jasper, ahogando una risita.- Pronto llegaremos.
Aunque duró apenas unos minutos más, el resto del viaje hasta la posada fue intolerablemente largo para Isabella. Aun con la mirada cautelosa pero tranquila de Jasper sobre ellos, la proximidad de Edward, la hacia dolorosamente consciente de la artimaña que había perpetrado.
Por fin el carruaje se detuvo frente a la posada. Un letrero debajo de el portal se sacudia violentamente en el viento y los arboles se inclinaban hasta casi rozar el suelo, como si sus rama desnudas buscaran la tierra empapada, un refugio para la tempestad.
Edward se apeó, apretó su capa alrededor de su cuello, y cuando Isabella se asomó a la portezuela se volvió la tomó en brazos, aunque ella protesto con indignación por ese ultraje. El la cargó y la llevó sin hacer caso de sus protestas. Isabella apretó los dientes disgustada y odió el atrevimiento de él y el estrecho contacto contra ese pecho duro y atlético.
Como simpre, Jasper los siguió muy de cerca y cuando llegaron al portal cubierto.
-¡Jamas había sido tan insultada en mi vida!.- dijo casi ahogada por la furia.- ¡Dejeme!
Obedientemente, Edward sacó el brazo que la sostenía por debajo de las rodillas y dejó que los pies de ella se deslizaran hasta el escalon; pero su otro brazo siguió sosteniéndola contra su pecho. Isabella lo empujó indignada para apartarlo. Atonita, se percató que el encaje del corpiño de su vestido se había enganchado en un botón del chaleco de él.
-¡Oh mire lo que ha hecho!.- gimió.
Le era imposible retroceder ni un solo paso. Él tenia los pies ligeramente separados y ella estaba como atada a él, obligada a permanecer de pie en el espacio entre las piernas de él, o apartarse y desgarrarse el corpiño de su vestido. Sintió los muslos duros y firmes de él contra los suyos y la situación le resultó sumamente comprometedora y humillante. El brazo de Edward rodeándola flojamente, su cabeza cerca de la de ella y su tibio aliento, acariciándole la mejilla no facilitaban los intentos de Isabella por recobrar la compostura. Jasper incomodo, se acalaró la garganta pero siguió mudo. Los dedos de Isabella temblaban aunque ella trató de desenredar el encaje enganchado en el botón, se encontraba en tal estado que solo consiguió enredrlo más. Furiosa, emitió un gemido de fustracion.
-A ver, dejame a mi.- dijo Edward, riendo y apartó las manos de ella.
Isabella se sintió sofocada y sus mejillas ardieron cuando los nudillos de Edward se apretaron contra sus pechos y rozaron por casualidad los pezones mientras él trataba de desenredar el encaje. Sentiase sofocada por la proximidad de él y no podía respirar con esas manos en su pecho. Finalmente no pudo tolerar mas, ese manoseo.
-Oh, ya basta, tonto,chapuzero!.- gritó y perdiendo la paciencia, lo empujó con fuerza.
Edward retrocedió casi tropezando y su movimiento fue acompañado por el ruido de la tela al desgarrarse y una exclamación ahogada de Isabella. El encaje y su forro de seda, habían cedido a la tensión . Un trozo pequeño de encaje quedó firmemente adherido al chaleco de Edward. Muda de horror, Isabella bajó la vista y vió que sus pechos ahora estaban apenas cubiertos por la delicada camisa de batista.Sus pechos redondos presionaban retozones con la delgada tela y los pezones suaves y rosados parecían ansiosos por reventar la camisa. Con la luz de la vela de sebo bañando la piel satinada, era un expectaculo excitante para Edward, cuya forzada castidad de las ultimas semanas habiale ofrecido muy poco alivio, fuera de las visiones conjuradas por su imaginación,dentro de las cuatro paredes desnudas de la celda de una prisión. Edward sintió que la boca se le secaba de repente y la respiración se le atascaba en la garganta con un doloroso nudo. Como un hombre famélico, miró las llenas, maduras delicias que tenia delante y casi no pudo resistir un impulso voraz de tomar esos pechos en sus manos.
-¡Usted, colonial idiota!.- exclamó Isabella.
Al oir el grito Jasper,se acercó preocupado, ignorando el disgusto de su ama.
-¡NO!.- gritó Isabella, y tomando el corpiño desgarrado de su vestido, le volvió la espalda.
Jasper se volvió avergonzado y siguió su camino, mientras que Edward casi se ahogó en deseo.No podía apartar la mirada de la piel desnuda, no podía dejar de absorver con la vista las deliciosas curvas,como si temiera que lo privaran de un momento a otro del espectáculo. Isabella se había sentido deseada con anterioridad, pero nunca tan completamente devorada. El deseo ardia en esos ojos verdes y la dejaba sin aliento. Solo pudo murmurar, con un poco menos de rencor.
-Si tiene algo de decencia, vuelva la cabeza.
-Isabella, amor mio.- dijo Edward con la voz torturada y cargada de tensión.- Soy un hombre que pronto va a morir.¿Me negarías la visión de tanta belleza?
Isabella lo miró superficialmente, extrañada porque ahora no sentía repugnacia haia él. Esa mirada audaz agitaba algo profundo dentro de ella y la sensación no era desagradable. Pero se cubiró con la capa.
Hubo un momento de silencio, mientras Edward, luchaba con sus propias emociones. Debajo de su flotante capa, se llevó las manos a la espalda y las enlazó con fuerza.
-¿Preferirias regresar al carruaje ahora?.- preguntó con amable solicitud.
-Hoy he comido poco, pues he estado muy inquieta.- replicó Isabella en un arranque de sinceridad.- Todavía puedo disfrutar de lo que resta de mi orgullo.
Los ojos de Edward centellearon con humor demoniaco y sus labios se curvaron en una delicada sonrisa.
-Eres la luz y el amor de mi vida, Isabella.Ten piedad de mi.
Isabella levantó su fino mentón.
-¡Ja! Se me ocurre que usted es un libertino y que ha tenido “muchas luces y amores” en su camino. No creo que yo sea la primera.
Edward, abrió gentilmente la puerta para que ella pasara.
-No puedo negar que noeres la primera, Isabella, porque antes no te conocía. Pero eres mi único amor y seguiras siéndolo mientras viva.- Sus ojos adquirieron una expresión seria y parecieron sondearla.- Yo no exigiría de una esposa mas de lo que estoy dispuesto a darle. Te aseguro, amor mio, que desde ahora no pasará ni un solo dia sin que estes permanentemente en mis pensamientos.
Confundida por la gentil calidez de su mirada y las franqueza de sus palabras, Isabella no pudo responder
Se sentaron en una mesa de la posada y se dispusieron a comer.
Edward se sintió muy aliviado al hallarse en una mesa solo con su esposa. Hizo sentar a Isabella y se sentó muy cerca, a su lado. Pronto les sirvieron a todos una comida apetitosa: jugosas carnes asadas,pan, legumbres y vino exquisito para la pareja. Consciente de la mirada de su marido Isabella vió que le temblaban los dedos y sintió que no tenia tanto apetito como había dicho hacia unos momentos. Él empezaba a ponerla nerviosa. Nunca había conocido a un hombre tan persistente y concentrado en un solo proposioto. Adivinaba muy bien lo que él pensaba cuando se apoyaba en el respaldo de su silla y la contemplaba. Y no deseando responder a ninguna pregunta que pudiera hacerle él. Ella misma hizo una.
-¿Quién era la muchcha que lo acusan de haber asesinado? ¿Era su querida?
Edward la miró y enarcó una ceja.
-Isabella.-dijo-- ¿tenemos que discutir esto en nuestra noche de bodas?
-Siento curiosidad.- insistió ella.- ¿No quiere contármelo? ¿Por qué lo hizo?¿Ella le era infiel?¿Fueron los celos lo que lo impulsaron a matarla?
Edward se inclinó hacia delante, apoyó sus brazos sobre la mesa y rió ásperamente.
-¿Celoso de una criada con la que apenas hablé unas solas palabras? Mi querida Isabella, ni siquiera conocía su nombre y estoy seguro que ella tuvo muchos hombres antes que yo. Me encontraba llí, en el salón de una posada donde ella trabajaba y dejó a otro hombre para venir a mi mesa. Me invitó a su habitación…
Continuará….
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
viernes, 3 de diciembre de 2010
La Dulce Y Orgullosa Isabella
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holaaaaa excelenteee el capiii...seme hace que a edward le tendieronn una trampaa con el asesinato del que lo acusannn...me causann muchaa gracia estoss dos siempre peleandoo o edward diciendolee cosas romanticas a bella y ella contestandolee mall jajaaj!! lo del corpiño del vestido que se le rompioo fue terriblee yy edwardd se esta volviendo loco ocn semejante vistaaa jajajaj!!! nos leemos en el que siguee!!!!!! besoss!!!
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