lunes, 31 de mayo de 2010

CAPITULO VEINTIDOS

Permanecieron en Londres otras dos semanas, y luego regresaron a Forks.

Isabella estaba ansiosa mientras el carruaje ascendía por la alta colina
rodeada de niebla hacia el castillo. Una vez, la casa se había erigido como algo amenazador, frío y prohibido; Ahora era su casa.

Edward la ayudó a bajar del carruaje, su mirada recorriendo las altas torres. Había tenido gran cantidad de residencias durante los últimos dos siglos; De todas ellas, el Castillo del Valle de Forks, siempre habían sido su morada favorita, pero nunca había pensado en él como su casa hasta ahora. Hasta Isabella.

Llevando a Isabella en brazos, abrió la puerta principal y la depositó en el vestíbulo.

-"Bienvenida a casa, Lady Isabella".

Isabella reía suavemente mientras la llevaba hasta el estudio.

Las semanas que habían pasado en Londres habían sido maravillosas. Las mejores de toda su vida. Había dormido al lado de Edward durante el día, e ido a teatros y conciertos con él por la noche.

Dos veces le había pedido que tomara su sangre, no solo un sorbo, sino la suficiente como para apaciguar su hambre. Él no había querido, había discutido en contra, pero, al fin, le había convencido de que era algo que necesitaba hacer, que quería hacer. Y porque odiaba negarle nada, había accedido. La experiencia la había dejado débil como un bebé recién nacido, pero había encontrado una profunda satisfacción en poder alimentarle con la propia esencia de su vida.

Dejándola en el suelo, Masen depositó un beso en su frente; Luego, con una mirada, encendió las lámparas y el fuego de la chimenea.

Podía oír a Phill moverse por la casa, llevando sus cosas y las maletas de Isabella al cuarto de la torre, haciendo otro viaje al carruaje para descargar las cosas que ella había comprado para su familia.

Isabella permaneció delante de la chimenea, temblando en el frío cuarto hasta que Edward pasó sus brazos a su alrededor, atrayéndola bajo los sedosos pliegues de su capa.

Con un suspiro de satisfacción, descansó su cabeza contra de su pecho y cerró sus ojos. Aquí era donde ella quería estar, donde tenía su sitio.

-“¿Cansada?”. Le preguntó.

-"En realidad, no". Le rodeó con sus brazos, queriendo estar más cerca, deseando con toda su alma penetrar en su interior y descubrir los secretos que rehusaba compartir.

-“¿Hambrienta?”. Le acarició el pelo ligeramente, sus sentidos vibrando por su cercanía.

-"No". Se apartó un poco para poder ver su rostro. –“¿Y tu?”.

Él le sonrió, sus ojos llenos de tanto amor que hizo su corazón se salta un latido.

-"No". Había tomado dos veces su sangre en las últimas dos semanas. No se atrevía a tomar más tan pronto, ni había ninguna necesidad.

Al principio, había rehusado beber de ella. Una cosa era saborear su dulzura en el cenit de la pasión, otra era utilizar su preciosa sangre para aquietar el hambre que ardía en su interior. Al fin, porque no podía negarle nada que estuviera en su poder, lo había hecho cuando ella se lo
suplicó. Saborear la dulzura de su sangre había hecho que se percatara de nuevo de cuanto odiaba la sangre de las ovejas.

Ahora, le era difícil recordar que la había comprado para el solo propósito de aplacar su hambre. Milagrosamente, unos pocos sorbos de su preciosa sangre apaciguaban su hambre mucho más eficazmente de lo que habían hecho las incontables otras mujeres, mujeres cuyos nombres y caras ya no podía recordar.

-“¿Necesita usted alguna cosa esta noche?”, preguntó Phill.

Edward negó con la cabeza.

-"Le importaría a usted que yo…" Phill se aclaró la voz. –"¿Le importaría si utilizo el carruaje esta tarde?”.

-"Claro que no," Masen dijo, luego frunció el ceño. –“¿A dónde vas?”.

-"Yo... " Phill se aclaró la voz. -"Creo que pasaré a ver a la Señora Swan".

Isabella miró por encima su hombro. –“¿Va usted a ver a mi madre?”.

-“¿Si usted tiene no tiene ninguna objeción, sí señora?”

-"No, claro que no" dijo Isabella.

-" Yo, e... " Phill pasó un dedo alrededor del interior de su cuello. -"Pensé que quizá a ella le gustaría saber que está usted bien".

-"Por supuesto" dijo Isabella. -"Déle todos mis recuerdos. Y dígale que iré a verla pronto".

-"Así lo haré" dijo Phill. -"Buenas noches, Su Señoría. Señora Isabella".

Con una leve reverencia, salió del cuarto.

-“¿Y bien?" dijo Isabella -"¿Qué piensas de esto?”.

Edward negó con la cabeza. Por primera vez, se le ocurrió que desconsideradamente, había condenado a Phill a vivir la misma vida en soledad que él.

-"Nunca tuve intención de privar a Phill de llevar una vida normal" comentó. -"Y en realidad eso es lo que he hecho. He pasado tanto tiempo preocupándome por proteger mi existencia, que nunca me he dado cuenta de lo solo que ha debido sentirse durante todos estos años”.

-"Tenías buenas razones para preocuparte, mi señor" dijo Isabella.

Edward negó con la cabeza. -"Ha sido un abuso de mi parte. ¿Porqué no me he dado cuenta de ello antes?”.
.

.
Renne Swan se apartó asustada ante la sorpresa cuándo vio a Phill en el umbral de su puerta. Su primer pensamiento fue que algo le había ocurrido a Isabella.

-“¿Qué es lo que ocurre?”. Preguntó ansiosa. –“¿Qué es lo que ese monstruo le ha hecho a mi hija?”.

-"La Señorita Isabella está muy bien, señora".

-"Gracias a Dios”. Miró atentamente por encima del hombro de Phill. –“¿Vino con usted?”.

-"No, señora Swan. Yo, justamente quise hacerle una visita y asegurarle que esta bien y... "

Él tiró de su cuello, luego se aclaró la voz. -"Bastante bien".

-“¿Le gustaría entrar y sentarse un momento, Mr. Phill?”. Preguntó Reneé, alarmada por el repentino rubor de sus mejillas.

-"Sí, gracias, señora".

-“Entonces, entre".

Phill la siguió hasta la cocina, sentándose en la mesa ante su invitación.

-“Le gustaría tomar una taza de té, Mr. Phill?”.

-"Sí, gracias".

Sacando el bote del fuego, Reneé llenó dos tazas. Puso una adelante de Phill, y luego se sentó frente a él. No se encontraba a gusto teniendo al hombre en su casa, pero estaba ansiosa por oír noticias de su hija. –“¿Azúcar?”. Preguntó. –“¿Leche?”.

-"No, gracias, señora".

-“¿Entonces señor, qué le trae por aquí a estas horas?”.

-"Me preguntaba si usted podría darme permiso para, uh... "

-“¿Para qué?”.

-"Me gustaría muchísimo poder visitarla, señora Swan".

-“¿Hácerme visitas?”. Reneé clavó los ojos en él con incredulidad. Tenía cuarenta años y era la madre de cinco hijas. Hacia tiempo que había sobrepasado la edad en que los hombres la cortejaban.

-"Sí, señora".

Reneé cruzó las manos en su regazo, sus mejillas ardiendo por la vergüenza. -"No sé qué decirle".

-"Diga que sí, señora Swan".

Renné negó con la cabeza. -"No puedo darle permiso para visitarme, señor. Phill".

-"Lo entiendo". Él negó con la cabeza. -"No, no lo entiendo. Creí que, esto es... ¿Por qué no?”.

Reneé levantó su barbilla y lo miró directamente a los ojos. -"No me gusta el hombre para el que trabaja. No confío en él. Es malo. Ha hechizado a mi hija”.

Phill negó con la cabeza. "Señora Swan, yo le aseguro que los rumores que ha oído acerca de mi señor son falsos".

-"No le creo. Hay algo raro en él”. Negó con la cabeza. -"Desconozco lo que es, pero sé que no es como los demás hombres".

Phill dejó escapar un suspiro de resignación.

-“¿Entonces usted también lo admite?”.

-"Las costumbres de Su Señoría pueden parecerle extrañas, señora Swan, pero es un buen hombre”.

-"Nunca he escuchado nada acerca de su bondad".

-"Las historias que se cuentan en el pueblo son mentiras" dijo Phill, preguntándose como evitar hablar de su señor.

-"No pueden ser todo mentiras" replicó Renné. -"E incluso si lo son, sé por experiencia que la mayoría de las mentiras están basadas en algún elemento de verdad. Hay algo extraño en él, algo que no parece de verdad. Yo he vivido aquí toda mi vida, y ni una sola vez he visto a
ese hombre en el pueblo a la luz del día, ni se de nadie que lo haya hecho. Es un mal hombre el que rehuye la luz, el que no tiene amigos". Se quedó mirando tristemente su taza de té. -"Temo por el bienestar de mi hija."

Phill se movió nerviosamente en su silla. -"Señora Swan, puede que mi señor Masen no pueda vivir como otros hombres, pero ama a su hija, y mientras esté con él no sufrirá ningún daño. Puedo prometérselo".

-"Usted le es muy leal".

-"Él salvó mi vida hace muchos años".

-“¿De veras?”.

-"Sí, señora". Phill se puso de pie. -"Siento mucho haberla molestado, señora Swan".

-"Buenas tardes, señor".

Phill caminó hacia la puerta, luego se volvió, sabiendo que si no lo decía, nunca tendría el valor de hacerlo otra vez.

-"Señora Swan, vine aquí esta noche porque... " Tomó un profundo aliento y concluyó rápidamente -"Porque estoy solo, y pensé que tal vez, si usted también esta sola, podría agradarle mi compañía. Sé que usted no aprueba a mi señor, pero ¿no puede dejar eso aparte y juzgarme a mí por lo que yo soy?”.

Reneé se apartó asustada, sorprendida por su apasionada declaración. -"No sé qué decirle".

-"Volveré" dijo Phill su coraje abandonándole tan rápidamente como le había llegado. -"Mi señora me pidió que le dijera que vendría a visitarla muy pronto".

-"Gracias" dijo Reneé. Levantándose, siguió a Phill hasta fuera de la cocina a la puerta principal de la casa. -"Déle a Isabella mis recuerdos”.

-"Así, lo haré".

-“¿Sr. Phill?”

-“¿Sí, señora?”.

-"Me sentiría muy honrada si viniera a visitarme”.

Phill se inclinó respetuosamente. -"Será un placer, señora".

Reneé lo siguió estudiándolo con la mirada. El señor Phill sabía muchas cosas del Castillo Masen y su oscuro señor. Si era cuidadosa y lista, podría saber los misterios que se ocultaban dentro de las paredes cubiertas de niebla del castillo.
.

.
-"Él está en casa" dijo Edward.

Isabella desvió la mirada de la labor que estaba bordando, sus ojos llenos de de curiosidad.

-"No he oído nada".

Edward sonrió; Un momento más tarde, Phill entro en el estudio.

-“¿Sí, Su Señoría?”.

-"Creo que Isabella desea hacerte una pregunta”.

-“¿Sí, señoría?”.

Isabella miró a su marido. La estaba observando, sus ojos ambarinos brillando traviesamente.

-"Me preguntaba si todo iba bien”.

Phill asintió. -"Muy bien, señora".

-“¿Quiere sentarse, ¨Phill?”. Le preguntó Isabella señalando la silla frente a Masen.

-"No, gracias, señora".

-“¿Fué bien la visita que le hizo a mi madre?”.

-"Sí, señora. Ella dijo... " El hombre se aclaró la voz. -"Dijo que podría visitarla de nuevo".

Isabella se encontró con la divertida mirada de Edward.

-"Eso, si usted no tiene ninguna objeción, señora".

-"No, claro que no". Isabella sonrió a Phill. -"Creo que usted y mi madre hacen una buena pareja".

-"Gracias, señora. ¿Necesitará alguna otra cosa esta tarde?”.

-"No", contestó Edward por los dos. - "Puede retirarse".

-"Gracias, Su Señoría". Phill se inclinó respetuosamente y salió del cuarto.

-“¿Siempre es tan formal?”. Preguntó Isabella.

Edward asintió. –“¿Por qué me lo preguntas?”.

-"Como habéis estado juntos durante tanto tiempo, me perece un poco extraña tanta formalidad, eso es todo. A estas alturas pensaba que erais amigos".

-"Le aclaré desde el principio que su amistad no era bienvenida".

-“¿Oh? ¿Por qué?”.

-"No he dejado que nadie se acerque a mí desde que me convertí en Vampiro", contestó quedamente. -"Nadie, excepto tu".

Levantándose de su silla, Isabella fue a sentarse en su regazo. -"Me gustaría poder lograr que olvidaras el pasado" murmuró, acariciando su mejilla. -"Deseo poder hacerte feliz”.

-"Tu me haces feliz, mi amor" contestó. -"No lo dudes ni un momento".

-“¿Cómo puedo ayudarte, cuándo siempre pareces tan triste?”.

Sonrió débilmente. –“¿Parezco triste?”.

Isabella asintió. -"Tratas de escondérmelo, pero puedo verlo en tus ojos, incluso ahora. ¿Qué es lo que tanto te preocupa mi señor marido?”.

Con un suspiro, la envolvió entre sus brazos y la acercó más a él, apoyando su cara sobre su pecho. ¿Qué era lo que más le dolía? Se preguntó. ¿El pensar que pronto tendría que liberarla de
su promesa? ¿La certeza de que algún día se casaría con otro? ¿O el saber que se haría vieja y moriría mientras el permanecía igual para siempre?

-“¿Mi señor?”.

Aspiró profundamente, las ventanas de su nariz llenándose con el dulce aroma de su perfume, de su pelo, de su piel, de la sangre que era la misma esencia de su ser. El hambre y el deseo se agitaron en su interior.

-“¿Isabella? Susurró su nombre suavemente, como un suspiro.

Ella depositó un beso para la parte superior de su cabeza. –“¿Sí, mi señor?”.

La soltó de entre sus brazos mientras maldecía la oscuridad de su interior, el hambre que le hacía ser débil. Se preguntaba como podía amarle, cuando pedía tanto de ella y a cambio, le devolvía tan poco.

Isabella se apartó un poco para poder ver su rostro. –“¿Edward?”.

-"Te necesito”.

Sonriendo, inclinó su cabeza hacia un lado, luego apartó su pelo sobre su hombro, dejando al descubierto su garganta. -"Toma lo que necesites, mi señor”.

Él se levantó de la silla en un ágil movimiento, llevándola en sus brazos como si ella no pesara nada.

-"Necesito más que eso, mi dulce Isabella" contestó con voz ronca de emoción.

Posó sus labios sobre los de ella, luego la llevó velozmente arriba por la oscura escalera de caracol, su capa ondulando tras él como si fuera el mismo diablo.
.

.
Pronto fue obvio que Phill estaba enamorado de la madre de Isabella. Su paso era más ligero, y sonreía frecuentemente sin ninguna razón aparente.

Y cada viernes por la tarde le preguntaba a Edward si podía prestarle el carruaje el sábado por la noche.

-"Quizás pronto tendremos otra boda" Edward filosofó mientras permanecían en la mesa después de cenar.

-"Tal vez" contestó Isabella. Phill había estado viendo a su madre todas las semanas desde hacía tres meses.

-“¿No piensas lo mismo?”.

Isabella hizo un gesto vago con su mano. -"Yo creo... Es decir, parece como si... " Negó con la cabeza, no sabiendo como explicar exactamente lo qué pensaba.

-“Sigue”.

-"Creo que ella lo esta usando”.

Edward frunció el ceño. –“¿Usando a Phill? ¿Para qué fin?”.

-"No me hagas caso".

-"Dímelo, Isabella".

No había forma de ignorar ese tono de voz, o la mirada en sus ojos.

-"Pues bien, ambos sabemos que nunca le has gustado. Ni confía en ti. Ha oído todas las habladurías. Creo que ve a Phill porque espera que le cuente... " Miro hacia la delicada copa delicada de cristal en la mano de Edward. -"Tu sabes".

-"Ya veo" comentó Masen y se preguntó por qué esa posibilidad no se le había ocurrido antes.

Dejó la copa sobre la mesa, se echó hacia atrás, sus codos apoyados en los brazos de la silla, su barbilla descansando sobre sus manos dobladas. Él escruto a Isabella pensativamente durante un largo momento. –“¿Qué crees que debería hacer al respecto?”.

-"No sé. Quizá deberíamos irnos de aquí".

-“¿Quieres marcharte?”.

Isabella negó con la cabeza. -"No".

Su familia estaba aquí, la única familia que tenía. La única familia que tendría en toda su vida,¿debería Masen permitir que se quedara cuando el año finalizara?

-“¿Y si Phill traiciona mi confianza, piensas que tu madre le creería?”.

Una leve sonrisa jugueteó sobre los labios de Isabella. -"Creo que mi madre creería que eres el mismo demonio, mi señor marido".

-“¿Y tu qué piensas, mi dulce?”.

La sonrisa se desvaneció de los labios de Isabella. –“¿Acerca de que?”.

Él se odió a sí mismo por preguntar, odió las continuas dudas que lo asaltaban. -"Has vivido conmigo aquí durante seis meses. He tomado tu inocencia, el mismo ser de tu vida. ¿Si te permitiera marcharte, te irías?”.

Lentamente, negó con la cabeza. -¿Todavía dudas de mí, mi señor? ¿Por qué no puedes creer en mi amor y en mí?”.

Una fugaz imagen de Isabella y Black bailando juntos apareció en la mente de Edward, dos jóvenes mortales, vibrantes de vida, salud y fuerza.

Él bajó sus brazos, sus manos cerradas fuertemente en su regazo mientras imaginaba a su esposa y al vizconde juntos, aborreciendo la idea del mismo modo que admitía que le parecía que estaban hechos el uno para el otro.

Black amaba a Isabella. Podría darle todo lo quisiera y necesitara, todo lo que merecía. Una casa, una familia, y un título todo envuelto en un manto de riqueza y respetabilidad.

Isabella miró como las emociones hacían mella en el rostro normalmente impasible de Edward. Vio las dudas que continuamente le asaltaban. Le había amado sin reservas, se le había ofrecido con toda su alma, incluso la misma sangre que corría por sus venas y eso no era suficiente. ¿Cómo podían pasar toda la vida juntos si se negaba a aceptaba el amor que le
ofrecía?

Levantándose, dejó su servilleta sobre la mesa y abandonó el cuarto y salió del castillo.

Fuera, se quedó un instante mirando la oscuridad, luego echo a correr por el camino del jardín que conducía al laberinto.

Nunca creería que ella le amaba, nunca se creería digno de su afecto.

Cuando llegara el momento, la echaría. Había esperado conseguir que la amara tan profundamente que le permitiera quedarse toda la vida. Apenas ahora se daba cuenta de lo tonta que era esa esperanza. ¿Por qué querría él ver como envejecía? Su piel se arrugaría, su pelo se pondría gris,
pero él permanecería para siempre tal como era ahora, joven y viril, con los deseos de un joven.

Estaba jadeando cuando llegó al corazón del laberinto, sintiendo un fuerte pinchazo en su costado al respirar. Sin aliento se sentó en el banco de piedra y enterró la cara entre sus manos.

-"Isabella".

Alzó súbitamente su rostro, sobresaltada al encontrarlo de pie ante ella, una silueta alta vestida de negro en la oscuridad de la noche. "¿ Cómo... Cómo lo has hecho... Venir así... tan rápido?”.

Alzó una oscura ceja con gesto divertido.-”¿De verdad quieres saberlo?”.

Por supuesto, pensó. Era un Vampiro. Una criatura de la noche. Capaz de trasladarse a velocidad sobrenatural.

Se arrodilló ante ella, su capa ondulando a su alrededor. -"Te amo, Isabella," dijo, cogiendo sus manos. -"Con cada fibra de mi ser, con cada aliento de mi cuerpo, te amo”.

-"Pero sin embargo no crees que yo también te amo".

-"No merezco tu amor".

-"Pero lo tienes de todos modos".

-"Lo sé". Sonrió amargamente. -"Y es una pesada carga que soportar".

-“¿Una carga?”. El dolor que se reflejaba en sus ojos, destrozaba su corazón.

Asintió. -"Nunca debí traerte aquí, nunca debería haberte tocado”.

Acarició su mejilla, dejó que las yemas de sus dedos se deslizaran por la graciosa curva de su garganta. -"Me atormenta
el amarte tanto, el saber que pronto tendré que dejarte marchar". Aspiró profundamente. –“El saber que algún día te casarás con un hombre que sea digno de tu amor y darás a luz a sus hijos".

Isabella negó con la cabeza. -"No tiene porque ser así”.

-"Ah, pero lo es, mi dulce. Tu proximidad me tienta enormemente. Está mal que te mantenga aquí, haciendo que vivas en las sombras. Necesitas vivir tal como debe ser y yo…". Miró el pulso que latía en el hueco de su garganta. -"Me he negado durante demasiado tiempo a ver lo que en
realidad soy”.

-"Edward, no hagas esto". Acerco sus manos a su pecho, asustada por la desesperación que veía en sus ojos, por la resignación en su voz.

Ella es una mortal. Tómala. Toma lo que quieres. Lo que necesitas.

Se apartó, oponiéndose al hambre que aumentaba en su interior, oponiéndose al anhelo de beber y beber y beber, hasta emborracharse con su sabor, admitiendo, por primera vez, que había estado jugando peligrosamente. Se había engañado a sí mismo pensando que había vencido el hambre.

Había bebido la sangre de las ovejas y se había dicho a sí mismo que todo estaba bien.

Había comprado mujeres jóvenes y las había conservado en el castillo, bebiendo de ellas mientras dormían, enviándolas de regreso cuando ya había tomado todo cuanto podían darle.

Había tomado sorbos de la sangre de Isabella y se había felicitado a sí mismo por su autocontrol.

Y durante todo el tiempo se había estado engañando, diciéndose a sí mismo que ya no era un monstruo porque ya no mataba para sobrevivir.

Miró a Isabella, con ojos ardiendo a fuego lento en la oscuridad de su mente. La necesidad y el hambre rugiendo en su interior, caliente y veloz como lava ardiente. Trató de luchar contra eso, y supo que, esta vez, no sería lo suficientemente fuerte. Supo que si la tomaba ahora, la
destruiría y al hacerlo, se destruiría a sí mismo también.

-“¿Mi señor? ¿Edward? ¿Estás bien?”.

-"Necesito a Phill".

-“¿Estas enfermo, mi señor?”. Miró su rostro, alarmada por el brillo que oscureciá lo ambarino de sus ojos, su dificultosa respiración, la línea tensa de su mandíbula.

-"Phill". Contrayendo el rostro con un gesto de dolor, se meció hacia atrás en sobre sus talones, sus manos cerradas en puños con fuerza. –“¡Phill!”.

Isabella clavó los ojos en él, su corazón latiendo aceleradamente con temor. Su capa se enrollaba fuertemente a su alrededor, como un capullo de terciopelo negro grueso. A la pálida luz de la luna, podía ver que el tejido ondeaba suavemente sobre su espalda y sus hombros, como si
intentara confortarle.

Asustada por lo que veía, se levantó. Se giró rápidamente al oír pasos que se acercaban, dio un suspiro de alivio cuando vio a Phill corriendo hacia ellos.

-“¿Qué ha ocurrido?”. Le preguntó.

Isabella negó con la cabeza. -"No lo sé".

Phill miro a Masen, luego se arrodilló a su lado.-“Vuelva a la casa, señora" dijo mientras se arremangaba la manga de su camisa. “Váyase. Ahora".

-"No". Negó con la cabeza. -"Quiero ayudarle".

Phill alzó la mirada hacia ella y vio su mirada preocupada. -"Es lo que él quiere" dijo Phill quedamente.

Quiso replicarle, rogarle a Edward que recurriera a ella para ayudarle. Si necesitaba nutrición, entonces ella quería ser quien le alimentará. Quiso gritar ante lo injusto que era todo, ante lo que él era.

-"Isa...be... lla. Vete". Su voz era áspera, debido al dolor que le atravesaba como finos puñales.-"Por favor vete".

-"Sí, mi señor". Se dio media vuelta y se marcho, su vista nublada por las lágrimas que ni siquiera se había dado cuenta que derramaba.

Phill esperó hasta que Isabella estuvo fuera de su vista, luego acercó su antebrazo a Masen, hizo una mueca cuando sintió el afilado mordisco de los colmillos del vampiro que perforaron su muñeca. Apretó con fuerza su puño, preguntándose, como siempre lo hacía cuando la locura invadía a su señor, si Masen podría dejar de alimentarse antes de que fuera muy tarde.

Vislumbrado la lujuria de la sangre que ardía como un fuego infernal en los ojos del vampiro, Phill se marchó dando media vuelta, sabiendo que a su señor no le gustaba que lo observara,no le gustaba que nadie le viera cuándo el hambre le vencía, cuando el barniz de humanidad se
diluía bajo la poderosa necesidad, el anhelo por sobrevivir.

Era una visión que Phill ya había visto con anterioridad, cuándo estuvo a punto de morir en un callejón oscuro casi treinta años atrás.

Una visión, imposible de olvidar.

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Aprovechó para dar las gracias a todas las hermosas chicas y guapos chicos que me leen y comentarles que lamentó la tardanza, pero ya me dí cuenta que si no actualizó este fic, no avanzó en las otras historias; y si no actualizó las otras historias tampoco ésta, ¡Ay! Todo un rollo mental, espero no confundirlos con mi psicosis verbal jajaja.. Un beso y un abrazo de oso.

Noelle xD


5
comentarios:



liduvina
dijo...

hola gracias me has dado un maravilloso regalo sabes diario entraba haber si ya habias actualizado no no creas k quiero presionarte no es mi intencion pero sabes k me facina la historia......tengo una duda ningun otro vampiro se hacerca al pueblo dodnde vive la familia de isabella o k se reunan con edward !! a si era mi cumple anos hoy 26 bueno de todos modos nadie se acordo hasta en la noche mas vale tarde k nunca no? nos seguimos leyendo





Jesiri Beaitaly
dijo...

Hola!!!
de verdad el capi estuvo triste!!!
Por que Edward no comprende que Bella lo ama mucho y que le causaria un tremendo dolor el separarse de el!!!
Tambien que me gustaria que tuvieran un bebe para que Edward no se sienta tan mal y por fin abra los ojos!!!
voii a llorar!!!
pero bueno gracias por actualizar!!!



Klaudia
dijo...

Hola Noelle, de veras gracias por agradecer, pero de veras quiero agradecerte a ti por darnos esta maravillosa historia, k en este capitulo (bueno como en casi todos en realidad) me esntristece mucho como Edward se ve sobrepasado por su necesidad de sobrevivir, como le afecta tanto amarla, al punto de tomar tanto de ella k llegue a matarla, y como piensa k Bella con Black tendria todo, todo lo k él no puede darle, pero no tendria lo unico k ella quiere, no lo tendria a él, no tendria su amor............
voy al siguiente
besos



Pescui
dijo...

Hey t sigo leyendo, m gusto el capi nos vemos n l proximo





Anónimo
dijo...

Me encanta! ....como siempre xD
Buenoo....muchos Saludos y cariños

Katia

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