Hacía ya dos semanas que estaban en Londres la noche en que Masen alquiló un carruaje y fueron a pasear por la ruta del rey ó el camino del rey. Y en conjunto con el parque que estaba a sus alrededores fué abierto al público en general en 1690; le explicaba Edward.
Edward había estado vivo en esa época, pensó Isabella.
Isabella inclinó la cabeza mientras contemplaba el gran espacio verde.
-"Isabella. ¿Isabella?”.
-“¿Hmmm?”.
-“¿Te gustaría ir a cenar?”.
-“¿Qué?”.
Masen giró su rostro hacia ella. -"Pareces ausente, mi dulce. ¿Ocurre algo malo?”
-"No, no pasa nada”.
Incapaz de evitarlo, Masen dejó que su mente encontrara la suya. Reprimió un suspiro cuando siguió el camino de sus pensamientos, preguntándose si alguna vez aceptaría totalmente lo que él era.
-“¿Qué es eso que te molesta tanto?”. Le preguntó quedamente.
-“¿Molestarme?” Negó con la cabeza. -"Nada mi señor. Pero debes comprender, cuanto me asombro al darme cuenta de cuanto tiempo has vivido, y lo mucho que has visto".
Masen asintió. Los reyes y las reinas habían llegado y se habían marchado, pero él había permanecido igual.
-“¿Qué me habías preguntado antes?”
-"Te pregunté si tenías hambre”.
-"Sí, un poco".
La llevó a cenar a un restaurante elegante, el más lujoso que ella había
visto en toda su vida. Las mesas estaban cubiertas de finos mantelerías de lino blanco.
Cristalerías ribeteadas en plata destellaban, añadiendo un toque de opulencia a todo. Cortinas de oscuro terciopelo rojo colgaban de las ventanas; Las sillas estaban tapizadas del mismo rojo oscuro.
Al recorrer con la mirada a su alrededor fijándose en los hombres y mujeres elegantes que ocupaban las mesas circundantes, Isabella se preguntó lo que su madre pensaría si pudiera verla ahora.
Sentada allí, esperando ser servida, se dio cuenta de la mirada fija de Masen sobre ella.
Sintiéndose cohibida, paso su mano por su pelo, luego manoseó el relicario de oro de su garganta. ¿Pasa algo?
-"No". Negó con la cabeza, pensando en lo preciosa que era.El cuarto estaba lleno de mujeres vestidas a la última moda, pero ella las eclipsaba a todas.
-"Me estas mirando fijamente".
La esquina de su boca se curvó en una sonrisa mientras se le acercó a través de la mesa.
-"Me temo que no puedo evitarlo. Eres la mujer mas encantadora de toda la sala".
Un débil rubor ascendió por sus mejillas. -"Gracias".
Él levantó su mano y sus labios besaron las puntas de sus dedos, y se preguntó cómo había podido vivir durante dos siglos sin ella. Ella le sonrió, y ya no echó de menos el sol. Ella se rió, y olvidó que la soledad había sido su constante compañera. Ella le tocó, y aquietó el hambre que
le había atormentado durante tanto tiempo que apenas podía recordar cuando no lo había hecho.
Isabella.
Nunca había sido tan consciente del paso del tiempo, como lo era ahora.
Cada día le acercaba más al momento de perderla, le acercaba más al momento en que él retornaría a su vida vacía, su cama vacía.
Y a pesar de ello, del mismo modo en que cada día hacía que su separación futura fuera más dolorosa, sabía que debía dejarla marchar. Sería cruel arrastrarla a una vida con él. Ella ya empezaba a cambiar su vida, para adaptarla a la suya. Se mantenía levantada hasta el amanecer para poder estar con él hasta que el sueño cadavérico le reclamaba. Aunque una vez fue
madrugadora, dormía hasta más tarde cada día, perdiendo las horas preciosas de la luz del día.
No quería obligarla a pasar su vida en la oscuridad. No quería privarla de la belleza del mundo diurno. Ella amaba el brillo del sol, las flores. No había luz del sol en la oscuridad de su mundo; las flores de brillantes colores que amaba se desvanecían en oscuros tonos grises a la luz de la
luna.
Isabella pidió la cena; Él ordenó un vaso de vino tinto.
Justo había acabado de cenar cuándo Masen oyó una voz familiar. Mirando hacia arriba, vio a Jacob Black abriéndose camino hasta su mesa.
-"Masen" dijo el vizconde, inclinando su cabeza.
-"Black".
-"Isabella". Jacob tomó la mano que ella le ofrecía y pasó sus labios sobre sus nudillos.
-“¿Cómo está, Jacob?” le preguntó, sonriéndole. Como siempre, él iba vestido impecablemente, negra levita con oscuros pantalones a rayas en un tono gris.
-"Muy bien, gracias. No necesito preguntar como esta usted" Jacob dijo, mirándola con admiración. -"Parece que la vida de casada le sienta admirablemente bien, y también a usted" dijo, dirigiendo su mirada a Masen. –“¿Les importa que me siente con ustedes?”.
-"Claro que no" Dijo Isabella.
Black se sentó en la silla al lado de Masen. -¿Qué les trae a Londres?”.
-"Hemos venido de compras" dijo Isabella dijo con una abierta sonrisa. -"Me temo que Lord Masen estará arruinado cuando regresemos a casa”.
-"No se preocupe en absoluto por ello" dijo Jacob, riéndose ahogadamente. -"Estoy seguro de que podría comprar toda la ropa de la mitad de tiendas de la ciudad. ¿No es eso cierto, Su Señoría?”.
Masen gruñó suavemente. -"Quizás".
-¿Qué le trae a Londres?”. Le preguntó Isabella.
-"Negocios" contestó Black con una mueca de disgusto. -"Afortunadamente, pronto estarán concluidos. Planeo ir al teatro más tarde. Si no están ocupados, podrían venir conmigo a mi palco".
Isabella miró interrogativamente a Masen.
-"Lo que tu desees, mi dulce" contestó serenamente.
-"Creo que no", dijo Isabella -"Pero muchas gracias por la invitación".
Jacob asintió, muy consciente de los celos de Masen. Estaba a punto de irse cuando la melodía de un vals llenó el cuarto. Con un repentino sentimiento de imprudencia y curiosidad por ver si podía alterar la conducta eternamente fría de Masen, dijo, -"Con su permiso” se dirigió a
Masen, -“Me gustaría bailar con Isabella".
Un músculo se movió en la mandíbula de Masen mientras luchaba por reprimir su temperamento. -"Quizá debería preguntárselo a ella”.
Isabella miró a su marido. La tensión crepitaba entre los dos hombres como un tenso alambre. –“¿Mi señor?”
-"Como tu quieras, mi dulce" dijo Edward.
-"Me encantaría bailar, si a ti no te importa".
Con una brusca inclinación de cabeza, Masen dio su consentimiento. No quería que bailara con otro, especialmente no con Black, pero no podía bailar con ella, no aquí, dónde el pequeño salón de baile estaba forrado con espejos dorados de arriba a bajo.
Black se levantó y le ofreció a Isabella su brazo. Con una media sonrisa a Masen, ella se puso de pie y colocó su mano en el brazo de Jacob.
Con las manos cerradas fuertemente en puños, Masen les observó ir hacia la pista de baile.
Los celos atenazaban su estomago mientras vigilaba cómo Black hacia girar a Isabella alrededor de la sala. Las faldas de Isabella formaban remolinos alrededor de sus tobillos; La luz de las lámparas hacia brillar su pelo. Qué bien se veían juntos, dos mortales en la flor de la vida, su piel enrojecida rebosante de salud, jóvenes corazones latiendo al unísono
mientras giraban con el cuarto. No le pasó desapercibía la admiración en los ojos del vizconde, o la forma en que el hombre sonreía a Isabella.
Está enamorado de ella, pensó Masen. El saberlo lo llenó de un profundo deseo de matar, arrancarle el corazón a Black y tirarlo a un pozo profundo.
Aspiró profundamente, abriendo y cerrando sus manos, mientras observaba como volvían caminando hacia la mesa. Las mejillas de Isabella estaban rosadas, sus ojos brillaban, cuando tomó asiento frente a él.
Con expresión neutra, Masen levantó su copa y la vació de un solo trago.
-"Gracias, Jacob" dijo Isabella.
Sonrió a Black, y Masen fue consumido por el deseo de golpear al otro hombre, agarrar a Isabella del brazo y gritar a todo el mundo que ella le pertenecía.
-"Ya me voy" dijo Jacob. Besó la mano de Isabella y luego esbozó una reverencia en dirección a Masen. -"Buenas noches, Su Señoría".
-"Black".
Jacob sintió un escalofrío repentino, como si una capa de fino hielo se hubiera formado en su columna vertebral, cuando su mirada encontró la de Masen. Durante momento, no pudo moverse, no pudo respirar, apenas pudo pensar.
Después Masen apartó la mirada, y el mundo estuvo de nuevo en su sitio.
Jacob negó con la cabeza, preguntándose si había imaginado el frío, o la advertencia tácita que había en los diabólicos ojos de Masen.
-"Buenas noches" dijo otra vez. Dando media vuelta, reprimió el deseo de escaparse corriendo del salón.
-“¿Disfrutaste de tu baile?”. Preguntó Masen.
-"Sí, muchísimo" contestó Isabella. -"Aunque hubiera preferido bailar contigo".
-"Otra vez será" dijo él. –“¿Estás lista para irnos?”.
Isabella asintió, asombrada por su tono cortante y sus bruscas formas.
Seguramente no podía estar furioso porque había bailado con Jacob.
Phill les estaba esperando afuera con el carruaje. Echó un vistazo a la expresión en el rostro de Masen y rápidamente abrió la puerta del carruaje. Sintió un atisbo de compasión por Isabella mientras las ayudaba a subir al coche, inclinó la cabeza hacia Masen y luego cerró la puerta tras ellos.
Fueron en silencio hasta el hotel. Isabella permaneció mirando por la ventana, preguntándose qué había hecho para que él estuviera tan enojado.
-"Está enamorado de ti".
-“¿Qué? ¿Quién?”.
-"Black".
-" Eso es absurdo. Él no sabe nada de mí”.
-"El amor no se basa en el conocimiento" contestó Masen quedamente. "Si así fuese, no estarías sentada aquí conmigo".
Isabella se giró para enfrentarle. A pesar de la luz tenue, podía leer claramente su expresión.
Sus ojos se llenaron de confusión y compasión. Qué tonta era, al pensar que le conocía porque le había contado algunas pocas cosas acerca de su vida, porque habían hecho el amor. Había hecho cosas de las que estaba avergonzado, cosas por las cuales su alma estaría para siempre condenada.
Su mirada se posó en ella, su corazón doliente por la gran distancia que les separaba. Ella no tenía ni idea del mal que había en él. Si la hubiera tenido habría salido huyendo, gritando antes de permitirle que la tocara por primera vez. Él era todo lo contrario a la inocencia y bondad.
Lleno de auto-repulsión, cerró sus manos en puños apretados. Nunca debería haberla manchado con su contacto, nunca debería haber interferido en su vida.
Isabella trató de alcanzar su mano y la apretó. -"Lo siento, mi señor, no quise hacerlo".
Masen frunció el ceño. –“¿El qué?”
-"Lo que sea que haya hecho para contrariarte tanto".
-"Me has interpretado mal, Isabella".
-“¿Qué es lo que ocurre entonces? ¿No me lo dirás?”.
Él contempló la confusión en sus ojos, llenos de un amor que vio reflejado en sus profundidades chocolates apaciguando su cólera, sus dudas. Era suya. Durante un año. Y ya habían pasado más de tres meses. Nunca antes había pasado el tiempo tan rápidamente.
-"Dímelo" le urgió suavemente. -"Explícame cuanto me amas”.
Ella se acerco a él, rodeándole la cintura con sus brazos mientras le miraba fijamente. -"Te amo" le dijo fervientemente. -"Nunca lo dudes, mi señor. Te amo más de lo que nunca creí que poder amar en toda mí vida".
Con un silencioso gemido, la aplastó contra su pecho, su boca cerrándose sobre la de ella en un beso furioso que le dejó los labios amoratado. Su lengua se introdujo profundamente en su boca, mientras sus manos acariciaban su pelo, sus muslos, se demoraban sobre las curvas
dulcemente redondeadas de sus senos.
-"Desnuda tu alma" murmuró roncamente. -"Dime que eres mía para siempre”.
-"Tu sabes que lo soy" ella contestó, apenas capaz de hablar por los rápidos latidos de su corazón. -"Masen, por favor, dime qué es lo que tanto te molesta".
-"Ahora no". La recostó sobre el asiento, sus manos explorando bajo sus faldas, levantando sus enaguas, apartando sus calzones.
-"Mi señor... Masen... " Se quedó sin aliento cuando las puntas de sus dedos rozaron la sensitiva carne a lo largo de su muslo interior. -"El hotel... Pronto llegaremos".
-"No me hagas esperar, Isabella. Te necesito. Ahora". Él se echó hacia atrás buscando su mirada, esperando que le rechazara.
Ella, con silenciosa aceptación, atrajo su cabeza y le besó. No sabía que demonios le atormentaban; sólo sabía que no podía rechazarle.
Se desabrochó nerviosamente sus pantalones, y al instante estaba encima de ella, su peso descansando sobre sus codos mientras se zambullía en su interior. Su aliento rozó su cara y su lengua barrió su boca, adentrándose en sus profundidades.
Fue rápido y feroz. Ella gimió una sola vez y luego se agarró firmemente a sus hombros como cuando el placer la barrió por entero. Sus manos y sus labios eran como relámpagos, dejaban brasas ardientes donde quiera que tocaran, hasta que la tormenta que había desatado en su interior, culminó en un éxtasis que la dejó sin aliento.
Él sintió la misma tormenta interior que ella, sus labios acariciándola, su voz llena de adoración mientras le murmuraba palabras de amor. Ella sintió el pinchazo afilado de sus dientes como un si fuera una caricia, la repentina dulzura sensual explotó en su interior, mientras él se
estremecía convulsivamente, luego yació inmóvil, su respiración rasposa y dispareja contra la curva de su garganta.
Acarició su pelo llena de ternura, con un sentimiento de plenitud. Era suave y sedoso. Le sintió temblar mientras sus manos acariciaban su nuca, le oyó mascullar algo ininteligible por lo bajo mientras se enderezaba.
Se abrochó los pantalones y reajusto su ropa interior, rápidamente y eficazmente, como si todos los días hiciera eso.
-"Lo siento” dijo bruscamente. -"Perdóname”.
-“No hay nada que perdonar".
-"Te tomé como un bruto".
Enderezándose, alisó su falda. -"Siento mucho que no lo hayas encontrado satisfactorio, mi señor esposo".
Él clavó los ojos en ella. –“¿A ti te satisfizo?”.
Isabella asintió. Miró por la ventana hacia fuera, asombrada por el descubrimiento de que estaban en un camino vecinal. –“¿Dónde estamos?”.
-"Fuera de la ciudad".
-"Pero... " Sintió que el color subía por su rostro. -"Cómo sabía Phill... "
-"Le hablé a su mente, mi dulce, y le dije que deseábamos dar un rodeo hasta casa".
-"Oh". Sus mejillas ardiendo con un rubor encendido al descubrir que Phill sabía lo que habían hecho.
Una sonrisa jugueteó sobre los labios de Edward mientras golpeó el techo del carruaje.
Momentos más tarde, el coche dio media vuelta, regresando a Londres.
Masen pasó los brazos alrededor de los hombros de Isabella, y ésta se acurrucó contra él, suave y confiada como una niña. Un momento más tarde ya estaba dormida.
Cuando alcanzaron el hotel, la llevó hasta su suite. Ella murmuró algo ininteligible pero no se despertó mientras la desnudaba y la acostaba.
Por un momento, la observó como dormía, admirando el espesor de sus pestañas, la sensualidad de su boca, el marrón de su pelo.
Se desvistió, con la intención de unirse a ella en la cama; Luego, reacio de acostarse cuando estaba tan próximo el amanecer se acerco a la ventana y se quedó mirando la noche. Una vez, la oscuridad había sido su única compañera. Le había dado la bienvenida, sabiendo que su silenció
escondía su fealdad del mundo. Y luego Isabella había llegado a su vida, expulsando la oscuridad y la soledad, haciéndole desear una forma de vida que estaba para siempre perdida para él, arrebatada desde hacia siglos.
Cerrando sus ojos, presionó su frente contra el frió cristal e imaginó como sería ser mortal de nuevo. En su imaginación, se vio caminando de la mano de Isabella a la luz del sol, la vio amamantando a su hijo, rodeado de niños.
Un fuerte dolor atravesó su corazón mientras daba la espalda a la ventana y golpeaba la mesa fuertemente con su mano. La mesa se derrumbó destrozada. Y una astilla se clavo profundamente en su palma.
-“¡Edward!” Isabella se incorporó en la cama, las sabanas fuertemente agarradas sobre su pecho mientras escudriñaba en la oscuridad. –“¡Edward!”
-"Estoy aquí" contestó. –“Vuelve a dormir".
-“¿Qué ha sido ese ruido?”.
-"Nada".
Encendió la lámpara, luego se deslizó de la cama y se le acercó apresuradamente. Miró con preocupación la línea tensa de su mandíbula, luego se quedó sin aliento al ver la astilla de madera incrustada en su carne.
-“¿Qué ha sucedido?”. Se quedó mirándolo fijamente esperando una explicación.
Él negó con la cabeza, no queriendo decir nada, ciertamente no podía explicárselo.
-"Déjame ayudarte" dijo ella, tratando de alcanzar su mano.
-“¡No!” Mascullando un juramento, sacó bruscamente la astilla de su carne. La sangre roja, oscura fluyo abundante por la palma de su mano.
Sangre maldita. Sangre malvada.
No sabiendo qué fue lo que le imbuía a hacer tal cosa, ahuecó su mano y bebió la sangre de su palma, sintiendo un placer perverso al ver la expresión de horror que se reflejaba el rostro de ella.
Isabella dio un paso hacia atrás, mirando fijamente. Él trataba de conmocionarla, asustarla. ¿Por qué?
Dando media vuelta, fue hasta la cómoda y remojó un paño en el agua, luego regreso hasta él. Sin ningún comentario, cogió su mano herida y presionó la tela fría contra su palma, sujetándola con fuerza entre sus manos.
-“¿No me dirás que ha sucedió?” Le preguntó quedamente.
Mientras la miraba, sintió como se diluía su cólera, vencida por el amor que vio brillando en sus ojos.
-"Estaba deseando" dijo bruscamente, “Deseando cosas que nunca podrán ser". Acarició su mejilla con su otra mano, sus nudillos rozando su carne. -"Deseando poder estar a tu lado a la luz del día, poder darte... " Él suspiró profundamente. -"Deseando poder darte un hijo".
-"Oh, Masen" susurró, -"Eso es lo que yo también espero con ilusión".
Lentamente, él negó con la cabeza. -"Eso nunca ocurrirá, Isabella. No puedo tener hijos".
-“¿Por qué no?” Le preguntó con perplejidad. -"Tu puedes... " Un débil rubor ascendió por sus mejillas. -"Tu ya sabes".
-“¿Tú todavía no lo entiendes, mi dulce?”.Él negó con la cabeza. -"Los muertos no pueden crear vida".
Ella le contempló, entristecida por el amargo pesar que había en las profundidades de sus ojos. No había ninguna palabra que pudiera consolarle, le llevo de regreso hasta la cama, lo envolvió entre sus brazos y lo acunó hasta que el amanecer lo absorbió en su profundo
sueño.
No salió en todo el día. No le apetecía ir de compras, ni le apetecía encontrarse con otras personas. Siempre había dado por sentado la vida que tendría, asumiendo que se casaría, tendría hijos y los vería crecer y tener a sus propios hijos. Observaría el paso de las estaciones, contaría
los años pasar, hasta que su vida finalizara.
¿Cómo era para Edward, permanecer siempre igual mientras cambiaba el mundo a su alrededor, al igual que las personas? ¿Qué haría cuando Phill se fuera? ¿Quién cuidaría de él? ¿Quién guardaría su casa mientras dormía su sueño cadavérico? Le había dicho que pronto tendría que abandonar el valle, que ya se había quedado demasiado tiempo. ¿Cómo se debía
sentir, viendo a los otros hacerse viejos y morir, no atreviéndose a permanecer demasiado tiempo en un mismo sitio, por que las personas se dieran cuenta de que él nunca cambiada,que los años que pasaban no pasaban sobre él?
Sabía sin ninguna duda que la gente del valle destruiría a Edward si supieran lo que era. Un vampiro. No muerto. Se suponía que era un monstruo, pero solo la había tratado con bondad.
Ante sus ruegos, había provisto un refugio para los pobres y los sin hogar, insistiendo que no lo dijera a nadie lo que había hecho. Podía haber cazado en los aldeanos sin piedad, tomando lo que necesitaba para sobrevivir, pero sobrevivía con la sangre de las ovejas mezclada con vino,
tomando sangre humana sólo cuando le era necesario, y sólo en pequeñas cantidades.
Debería estar asustada de él, estar consternada por lo que era, pero solo sentía piedad y compasión, y un abrumador sentimiento de amor que desafiaba la lógica o la razón. Le amaba y quería pasar el resto de su vida con él.
Pasó el día en su cuarto, observándole dormir, pensando en lo bello que era, necesitando tocarlo se recostó a su lado en la cama, su cabeza apoyada sobre su hombro.
Edward se despertó al atardecer y encontró a Isabella dormida en sus brazos. Todavía se asombraba por encontrarla allí cuando despertaba, especialmente después de lo que había sucedido la noche anterior. Durante siglos, no había habido nadie a su lado cuando despertaba de su sueño vampirico. Nadie en su cama. Nadie en su vida que realmente le importara, excepto Phill. Y entonces había comprado a su padre una joven de sucio rostro, y su mundo entero se había alterado. Había llevado otras mujeres al castillo. Ninguna que hubiera dejado huella alguna en su mente. Se habían convertido en un borrón sin cara en su memoria. No había movido nada
en su interior, ni el afecto y menos el amor. No habían hecho que nada cambiara en su vida, no habían despertado ningún interés en él, a parte del sustento que sin darse cuenta le había provisto.
Isabella. No había sido la primera joven que había llevado a su castillo, pero sabía que sería la última.
Otra vez empezarón los dramas u.u. Un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
5
comentarios:
dijo...
Tea tardaste, pero me agrado muy buen capi, aunque algo apagadon, no se me romio las ilusiones del bebé T-T, en fin
dijo...
hola.... sisisi siempre digo lo mismo k hago pues me gusta la historia huy ese Jacob siempre inoportuno,apenas k estaban celebrando su luna de miel pobre Edward esta frustrado por no pocerle dar y darce a si mismo la dicha de tenr hijos y disfrutar del dia como disfruta de la noche no me despido y nos seguimos leyendo
dijo...
hoa Noelle definitivo este edward tan atormentado es sexy.....
dijo...
Dios mio!! de verdad me da no sse que este Edward por una parte siento ternura de su amor por Bella y como piensa que lo mejor seria alejarse de ella pero por otro lado me da mucha rabia que piense que la tendra que dejar ir!! no es justo Bella es lo mejor para el yo digo: EDWARD SE EGOISTA!!! Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii en fin nos vemos a la siguiente!
dijo...
no sé pero cada vez me da mas pena Edward, esta tan limitado, no como el Edward de nuestra saga, aqui todo es mas difinitivo y cruel para él, y Bella sufre tanto por el dolor k ve en sus ojos y no haya como consolarlo, y cuando se de cuenta k élla tiene los dias contados a su lado, se morira de pena :(, voy al siguiente gran seleccion de videos :D besos