Por la mañana, como siempre, Masen no podía ser encontrado en ningún lugar.
Phill sonrió alegremente mientras cruzaba el comedor, sirviéndole su desayuno favorito, una taza de chocolate.
–"¿Ha dormido bien, señorita?"
-"Sí, gracias". Isabella miró por la ventana. Bajas nubes grises cubrían el cielo, iluminadas por algún ocasional relámpago. Siempre había amado las tormentas, los truenos, los relámpagos, el sonido tranquilizador de la lluvia golpeando el techo, golpeando contra los cristales.-"¿Bajará el señor a desayunar?".
Phill negó con la cabeza. -"Su Señoría le ha ofrecido el refugio de su casa," dijo mirándola fijamente-"hasta que la tormenta pase".
-"¿De verdad?". Era extraño, pensó, cuándo en realidad le había parecido ansioso porque se fuera.
-"Él nunca permitiría que usted se resfriara, señorita. Hay un fuego acogedor en la biblioteca, por si desea leer, y también en el la sala de música, por si desea tocar".
-"Gracias, Phill". Sorbió el dulce chocolate que le había servido, apreciando el sabor.
-"Usted me dijo que Lord Masen no estaba aquí".
-"¿Lo hice?".
-"Sabe que sí lo hizo. ¿Por qué me mintió?".
Un rubor culpable subió por las mejillas del criado.
-"La ultima vez que vine aquí, me dijo que él había abandonado el castillo poco después de que me enviara a París".
Phill cambió de posición con inquietud. -"Sólo le dije lo que me fue ordenado que se le dijera" contestó quedamente. -"Habría sido mejor para todos que usted me hubiera creído".
-"¿Mejor? ¿Por qué?".
Phill miró hacia la puerta; Luego, exhalando un suspiro, se sentó en la mesa frente a ella.
Isabella le miró sorprendida. Nunca se había sentado a la mesa con ella, ni había cruzado la línea que separa el criado del amigo.
"Señorita Isabella, sé que usted se cree enamorada de Lord Masen" dijo, hablando rápidamente, como si temiera que lo atraparan hablando con ella.-"Es verdad que Su Señoría tiene una cierto encanto que la mayoría de mujeres encuentran difícil de resistir ".
-"No creí que mis sentimientos fueran tan transparentes" Isabella masculló secamente.
Phill se recostó en su silla, con voz sombría dijo.-"Usted debe creerme cuándo le digo que no está a salvo si se queda aquí".
Isabella frunció el ceño. Masen había dicho prácticamente lo mismo la noche anterior. -"No le entiendo".
-"Lord Masen es un hombre atrapado por oscuros apetitos, señorita. Apetitos que no siempre puede controlar. Sería inteligente si abandonara este lugar y nunca regresara".
-"¿Oscuros apetitos?" Isabella negó con la cabeza.-"¿De que esta usted hablando?".
Phill miró hacia la puerta otra vez, su expresión cautelosa. -"No puedo explicárselo, lo único que puedo decirle es que Lord Masen no es como otros hombres. Esta guiado por instintos que usted no puede comprender. Es por eso qué él vive solo".
-" No le creo. ¿Si él es un monstruo, por qué nunca me ha hecho daño? ¿Por qué me envió a estudiar y ayudó a mi familia?".
Phill aspiró profundamente. -"Ya he hablado demasiado, señorita". Levantándose, colocó una mano paternal en su hombro.-"Váyase a su casa, señorita Isabella. Tan pronto como la tormenta pase, váyase a casa".
Oculto en la oscuridad, Masen sintió como la cólera salía burbujeante a la superficie. ¡Cómo se atrevía Phill a interferir en su vida personal! ¿Qué derecho tenía el hombre de advertir a Isabella de que se alejara de él?
Mascullando un juramento, aspiró profundamente, la cólera surgiendo entre cada aliento entrecortado. Phill no había dicho nada que él, no se hubiera ya dicho a sí mismo. Si Isabella fuera inteligente, abandonaría su casa y nunca regresaría.
No se hacía ilusiones acerca de lo que él era. Apestaba a maldad, a muerte. Había hecho cosas, cosas horribles, atroces, actos que habían condenado su alma eternamente. No importaba que él no hubiera escogido esta vida por sí mismo. Una vez que la acción había sido cometida, podría haber terminado con ello. Podía haber caminado bajo la luz del sol y destruido a la criatura en la que se había convertido.
Miró fijamente la oscuridad que le rodeaba, recordando...
-"¡No quiero!".
Gritó las palabras mientras luchaba contra ella, pero su fuerza era insignificante comparada con la de ella.
-"Pero lo harás" le dijo, sus sabios ojos oscuros brillando con una sabiduría más allá de su comprensión. -"Eres un luchador, Edward de Masen. No te someterás. No te rendirás. Pelearás con cada onza de la fuerza que posees para sobrevivir".Se rió suavemente, con seguridad. -"Me dejarías seca si te lo permitiera.
-"¡No! ¡Nunca!".
-"Pero lo harás". La certeza de su voz junto con sus ojos irradiando una luz rojiza, lo llenaron de terror.
Sin esfuerzo alguno, lo aceró a ella presionándolo hacia atrás en el sofa, sujetándolo sin esfuerzo alguno a pesar de su violenta lucha por escapar. Él gritó cuando sintió el mordisco afilado de sus dientes en la garganta. La repulsión aumentó en su interior mientras se dio cuenta de que estaba bebiendo su sangre.
Quiso luchar contra ella, pero no tenía fuerza suficiente. Le zumbaban los oídos, su corazón palpitaba frenéticamente, y una niebla rojiza cubrió sus ojos.
-" No, no lo hagas... " La debilidad se hizo presente, los latidos de su corazón se desaceleraron lentamente, y sintió una gran negrura descendiendo sobre él. Y con ella un miedo anónimo, peor que el miedo a la muerte.
-"Por favor... " Formó la palabra pero ningún sonido emergió de su garganta.
-"¿Quieres vivir"? Sentía su aliento caliente contra la oreja.- "Entonces bebe".
Estaba demasiado débil para moverse y obedecer. Trató de verla, de enfrentarla, pero no vio absolutamente nada. –"¡Bebe!".
No quería someterse, pero la voluntad de vivir estaba fuertemente arraigada en su interior.
Era, después de todo, un luchador, nacido para pelear, para conquistar.
Abrió la boca, y ella presionó su muñeca sobre sus labios.- "Bebe".
Su boca se cerró sobre su carne. Un chorro de líquido caliente y ligeramente salado inundó su lengua. Se deslizó hacia abajo por su garganta como fuego liquido, y repentinamente se adhirió su brazo, sorbiendo la sangre en su boca, la repulsión y el deleite luchando en su interior. Sus latidos retumbaban en sus oídos, robusteciéndose con la fuerza de la vida, palpitando al mismo ritmo que los de ella. El poder se despertó en su interior, inflamándolo, anhelando más.
-"¡Suficiente!". Ella apartó su brazo de su agarre. –"Dije suficiente".
Él se quedó mirándola deslumbrado, su mirada atrapada durante mucho tiempo en el color rojo carmesí alrededor de su boca, en la sangre que goteaba en el corte de su muñeca. Un corte que se estaba cerrando rápidamente, cicatrizando, mientras lo observaba.
El horror descendió lentamente. Levantando la mano, se limpió la boca, luego clavó los ojos en las manchas color escarlata en las puntas de sus dedos. Su sangre. Él había estado bebiendo de su sangre.
Lentamente, tentadoramente, le lamió las manchas rojas de sus labios. -"Ahora eres mío" dijo,- "Por siempre y para siempre".
-"No". Él negó con la cabeza, atontado por el horror de lo que había hecho, en lo que se había transformado.
-"Has muerto esta noche,"le dijo con voz calmada y tranquila, como si las palabras no
significaran nada. -"Cuando te despiertes mañana por la noche, serás como yo".
No había querido creerlo. Había rechazado hacerlo. Ni siquiera cuando los temblores devastaban su cuerpo, ni cuando con la salida del sol, experimentó un gran deseó de refugiarse en la oscuridad que nunca antes había sentido. Incluso cuando al despertar la noche siguiente y ver el mundo con ojos diferentes, se negó a creérselo.
Pero era cierto.
Se había convertido en un vampiro, destinado a pasar el resto de la vida en la oscuridad, a estar por siempre atrapado en el lado oscuro, forzado a vivir en las sombras, a sobrevivir alimentándose de la sangre de otros, o perecer...
Vampiro... La palabra resonó en su mente cuando la familiar oscuridad le envolvió de nuevo. Cuando despertó, ella todavía estaba en la casa. Sintió su presencia con su primer aliento de consciencia. ¿Por qué no se había marchado?
Levantándose, Masen se bañó y vistió con ropa limpia. Abandonó la torre, apresurándose escaleras abajo, sólo vagamente consciente de que todavía estaba lloviendo.
Isabella estaba sentada en la biblioteca, con los pies enroscados debajo de su falda.
Durante un momento, permaneció en el marco de la puerta, observándola. Llevaba un traje de terciopelo verde oscuro ceñido con una cinta también verde oscura. Sus zapatos eran del mismo color. Supelo suelto sobre los hombros. Una delgada cadena de oro rodeaba su garganta. La lluvia golpeaba contra los cristales de las
ventanas proporcionando un agradable contraste con las crujientes llamas del fuego.
De repente consciente de su presencia, alzó la mirada, sus mejillas se cubrieron de un ligero rubor al encontrarlo observándola.
-"Buenas noches, Su Señoría". Dejó a un lado el libro que había estado leyendo, deseando que su mano no temblara, y que su voz sonara tranquila.
-"Buenas noches, dulce Isabella". Entró en el cuarto con pasos silenciosos y se sentó en la silla frente a ella. Su capa envuelta a su alrededor, envolviéndole como las alas de un gran pájaro negro.
-"Tenía intención de irme," dijo Isabella, su cercanía poniéndola repentinamente nerviosa,
-"Pero Phill dijo que debería esperar a que se dispersara la tormenta".
Masen asintió. Todo su ser parecía querer tocarla, la anhelaba. Ardía de deseo por ella. ¿Realmente quería que se fuera? ¿Por qué no dejar que se quedara? Ella podría vivir bien aquí. Su riqueza le podría dar cualquier cosa que deseara. Se aseguraría de que nada le faltara...
Apretó con fuerza su mandíbula. Nunca podría darle las cosas que toda joven deseaba. Podía cuidarla y protegerla, pero nunca le podría dar hijos. Podría quedarse a su lado, pero nunca compartir con ella la vida entera. La podría cuidar cuando la edad y la enfermedad se cobraran su precio, pero él no envejecería a su lado. Y al final, la acompañaría hasta su tumba, con el mismo aspecto que ahora tenía.
-"Puede echarme si lo desea" dijo Isabella, enervada por su silencio, por el brillo agudo en las profundidades de sus ojos ambarinos. -"Me puede echar, o puede usted irse, pero siempre estaré aquí cuando regrese".
-"¿No te doy miedo? preguntó, en su voz había un tono de admiración.
-"¿Darme miedo? ¿Usted?". Ella negó con la cabeza. Algunas veces le hacía sentir cierta aprensión, pero en realidad nunca le había tenido miedo. Sabía en lo más profundo de su ser, que nunca le haría daño de forma intencionada.
-"Deberías tenerlo". Dijo serenamente, como si estuvieran hablando sobre el clima intempestivo.
-"¿Quiere usted, que le tenga miedo?".
-"Sería mejor que lo tuvieras".
-"¿Mejor para a quién? Habla en acertijos, Su Señoría".
-"Reza para que nunca los entiendas".
La miró fijamente, y ella, pesar de sus valientes palabras sintió un repentino escalofrío de ansiedad. Juntando las manos sobre su regazo, suspiró profundamente. –"¿Tengo que marcharme?".
-"Si deseas quedarte, eres bienvenida" dijo, con una mano acariciando ociosamente el terciopelo de su capa, -"Hasta que termine la tormenta".
Le ofrecería un soborno, pensó, le ofrecería concederle cualquier cosa que deseara, cualquier cosa que la alejara de este lugar. De su presencia.
La miró escrutadora mente. -" Voy a concederte un deseo, Isabella. Un deseo. Pide algo que tu corazón desee por sobre todas las cosas, y será tuyo".
-"¿De veras puede darme cualquier cosa?".
Una débil sonrisa apareció en la esquina de sus labios. -"Te sorprenderías de lo que puedo hacer".
Isabella frunció el ceño, quizás imaginaba cosas, pero habría jurado que su capa se envolvió más apretadamente alrededor de sus anchos hombros, como si eso lo confortara de algún modo.
-"¿Cualquier cosa?". Preguntó.
-"Sólo dime lo que tu corazón más desee".
-"¿Y usted me lo concederá? ¿Me lo promete?".
Masen asintió.
-"¿Qué es?". Preguntó con curiosidad. –"¿Riquezas? ¿Una bella casa con sirvientes? ¿Regresar a París? ¿Una gran dote para ti y tus hermanas? Sólo pidelo y es tuyo".
-"Deseo quedarme aquí con usted" contestó quedamente, -"Tanto tiempo como yo quiera. Deseo vivir en su casa y pasar cada noche un rato con usted".
Masen clavó los ojos en ella. De todas las cosas que había supuesto que le pediría, lo más obvio nunca se le había ocurrido.
-"Pide alguna otra cosa".
-"No. Me ha dado su palabra". Mirándolo fijamente agregó. –"¿Intenta romperla?".
-"No". Su voz le salió ahogada, ronca, como si estuviera haciendo un esfuerzo por poder hablar. -"Un año. Te daré un año".
Con una triunfante y radiante sonrisa dijo.-"Gracias. ¿Le ordenará a Phill que mañana por la mañana vaya a recoger mis cosas? ¡Oh! Debo escribir una nota para mi madre informándola de que me quedaré aquí. ¿Puede decirle que venga a recogerla antes de irse?".
Masen asintió de forma concisa. Sintiéndose como una araña atrapada en su propia red, se puso de pie con expresión sombría mientras miraba por la ventana como la lluvia golpeaba contra los cristales
-"Ruego, que no tengas que lamentar tu elección" dijo, y salió del cuarto, con su capa
formando remolinos alrededor de sus tobillos como si fuera agitada por un viento furioso.
Un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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