Capítulo 3
A la mañana siguiente, Bella entró silenciosamente en los aposentos del emir. Un par de hombres en la antecámara murmuraban oraciones y no la vieron pasar, pero el enfermero que estaba con el padre de Edward le hizo un gesto para que entrase.
Bella se quedó asombrada al ver el cambio en el aspecto del tirano que había destrozado su vida. El emir Carlisle yacía en su cama, su rostro exangüe, los huesos marcándose bajo la piel, los labios sin color alguno. Él giró la cabeza al oír sus pasos y Bella vio unos ojos hundidos en sus cuencas antes de que volviese a cerrarlos de nuevo.
—Hoy no está bien —le explicó el enfermero—. Ha estado inconsciente durante largo rato, confundido sobre lo que es real y lo que no lo es. Las medicinas no ayudan nada.
— ¿Qué le pasa? —preguntó Bella en voz baja.
—Tiene cáncer de colon.
De modo que era cierto, el emir se estaba muriendo. Pero eso no generó satisfacción alguna… al contrario, Bella sintió una extraña tristeza.
—Lo siento.
El emir abrió los ojos entonces y, por un momento, pareció reconocerla. Bella dio un paso atrás cuando él murmuró algo…
—Está hablando con usted —dijo el enfermero—. Acérquese un poco más.
Con miedo, ella dio un paso adelante.
—Esme —le pareció oírle decir.
—Está diciendo algo, pero…
—Esme —repitió el emir.
—Creo que me confunde con otra persona.
El padre de Edward cerró los ojos de nuevo.
—Está dormido. Su presencia parece haberlo calmado —dijo el enfermero.
Debía ser un error. Si el emir supiera de su presencia en Zayed se volvería loco de rabia.
Pensativa, Bella se dio la vuelta.
Cuando fue a buscar a Edward más tarde, la extraña sensación que había experimentado al ver al emir seguía turbándola. No era agradable ver a un hombre moribundo; aunque ese hombre hubiera sido su enemigo.
Encontró a su marido en el lugar donde guardaban los halcones reales. Guiñando los ojos, Bella distinguió su alta figura envuelta en una túnica blanca y se dirigió hacia él, pasando al lado de varias aves encapuchadas encaramadas en palos. A veces, en el pasado, había pensado que Edward mostraba más cariño por aquellas aves que por ella.
—Buenos días.
El halcón que Edward llevaba sobre el guante la miraba con expresión recelosa.
—Éste no es Khan —dijo Bella, refiriéndose a su halcón favorito.
—No, es Noor, una joven halcón a la que estoy entrenando. Como Khan, es un halcón peregrino, pero no te conoce, así que ten cuidado.
—Es más grande —Bella miraba la boca abierta del animal con precaución.
—Porque es una hembra. Son más grandes que los machos —Edward le ofreció un trocito de carne—. Toma, dásela. Así dejará de mirarte mal.
Bella le puso la carne en el pico, como solía hacer con Khan. Noor se la comió en un segundo e inclinó a un lado la cabeza, como esperando más.
—No, ya no hay más por el momento. ¿Dónde está Khan?
—Murió hace mucho tiempo —contestó Edward.
Ella carraspeó, incómoda.
—Tu padre está mucho peor de lo que yo creía.
—Ya te dije que se estaba muriendo.
—Es que no… —Bella no terminó la frase. Iba a decir «no te creí». No sabía que estuviera tan mal. El enfermero me ha dicho que tiene cáncer.
Edward asintió con la cabeza.
—Ha luchado todo lo posible, pero ha perdido la batalla más importante de su vida.
—Lo siento.
Las palabras sonaban tan inadecuadas…
Y Edward debía pensar lo mismo porque contestó:
—Lo dudo. Tú siempre lo odiaste.
Bella lo miró sin decir nada. No era el momento de corregirlo, de decirle que el emir la había odiado a ella con una feroz intensidad que, a veces, le daba pánico. Para él era una enemiga y había aprovechado cualquier oportunidad para hacerla sentir como una extraña. Incluso envenenó a Edward contra ella.
Noor empezó a moverse, inquieta, sobre el guante de cuero, con las patas sujetas por una cadenita. La pobre estaba tan cautiva como un día lo había estado ella.
—Está intentando llamar tu atención —dijo Bella.
—Tiene hambre —murmuró Edward, tomando otro trozo de carne—. Dáselo. Venga, no va a hacerte nada —insistió al ver que dudaba.
—Me parece que no le gusto.
—Es un ave de presa. Sólo quiere comida, no tiene emociones.
— ¿Sales a cazar con ella o temes que se escape?
—Mi relación con Noor es muy clara, basada en la confianza… al contrario que la mayoría de las relaciones hombre—mujer. Noor confía en que yo le dé de comer y yo confío en que vuelva a mí.
Bella iba a protestar, pero decidió dejarlo.
—Tu padre me ha hablado.
— ¿Qué ha dicho?
—No lo sé muy bien. Creo que me confundía con otra persona. Me ha llamado Esme.
Edward arrugó el ceño.
—Eso es imposible. Debes haber oído mal.
—No, me llamaba Lina, estoy segura.
—Es el nombre de mi madre —murmuró Edward entonces, apartando la mirada.
—Puede que tu padre quiera verla…
—No, imposible. Mi madre no es bienvenida en Zayed.
Bella esperó una explicación, pero Edward permaneció en silencio.
—No conocí a tu madre y tú nunca me has hablado de ella.
—Para mi padre y para mí, esa mujer no existe.
—Pero ves a tus primos… los hijos de la hermana de tu madre, ¿no?
—Eso es diferente. No sólo estamos conectados por sangre, sino también por negocios. Hay una razón para que nos relacionemos. Y mis primos saben que mi madre no es bienvenida aquí.
—Pues me parece que tu padre ya no piensa lo mismo. Se está muriendo, Edward. A lo mejor quiere hacer las paces con ella.
—Mi madre nos abandonó… abandonó a mi padre por otro hombre. Ahora tiene otra familia… tiene una hija.
Había estado casada con él y, sin embargo, Edward no le había contado eso. De hecho, hasta aquel día pensaba que su madre había muerto.
—No hay sitio en Zayed para ella. Y estoy seguro de que mi padre no quiere que vuelva.
—Quizá no quiere que vuelva. Quizá sólo desea decirle adiós antes de morir.
—Tienes que haber oído mal. Él no querría que mi madre volviese a Zayed —el tono seco de Edward le dijo que lo mejor sería dejar el tema.
—Siento haberlo mencionado. Pero pensé que debías saber con quién me había confundido tu padre.
—No me sorprende que te haya confundido —dijo Edward entonces, tocando su pelo—. Ella también tenía el pelo largo y oscuro y la piel muy blanca.
—Nunca he visto una foto suya.
Bella estaba segura de que su madre sería bellísima. Nada que ver con ella.
—No hay fotografías de mi madre en palacio. Como no hay fotografías tuyas. Las dos nos traicionasteis…
—No pienso seguir hablando de esto —lo interrumpió Bella—. Lo intenté en el pasado, pero entonces no quisiste escucharme y no pienso volver a hablar del asunto ahora. Es agua pasada.
Agua pasada.
Los dolorosos recuerdos resurgieron de repente y, sin pensar, se apartó de Edward, buscando la salida. El no la siguió, por suerte.
No quería hablar del niño que había perdido. Le dolía demasiado. Era algo que no olvidaría nunca, algo que se había quedado con ella para toda la vida.
Pero, ¿qué alternativa había tenido entonces?
************************************************************************************
El día parecía interminable. Bella había comprado unas revistas en el aeropuerto de Auckland para leer en el avión y empezó a pasar páginas, aburrida. Le gustaría leer un buen libro, pero la biblioteca de Edward era un sitio en el que no se atrevía a entrar porque en ella había demasiados recuerdos desagradables.
De modo que se tumbó en la cama y dormitó un rato, hasta que el último trazo de jet lag desapareció. Cuando sonó un golpecito en la puerta por la tarde, anunciando la entrada de Ángela, Bella estaba deseando encontrar alguna distracción.
—Esta tarde hay mucha gente en palacio —le contó la criada—. Su Excelencia ha estado ocupado todo el día, pero seguro que está deseando verla. Todo el mundo comenta su retorno…
Eso era algo que la había vuelto loca la primera vez. Los días interminables sin ver a Edward, sin nada que hacer, con los hombres encerrados detrás de pesadas puertas labradas, hablando en voz baja, siempre con expresión sombría. Y pocas de las mujeres en palacio hablaban su idioma aunque, en general, eran muy agradables con ella.
En el pasado, Edward le decía que fuese paciente, que pronto haría amistades, que dejaría de estar sola…
Ojalá hubiera sido tan sencillo.
—Mire, ha llegado esto para usted —dijo Ángela entonces, sacando una caja que llevaba escondida a la espalda, como un truco de magia.
— ¿Qué es?
—No lo sé.
Dentro de la caja había un caftán y un hijab en seda color azul, ambas prendas bordadas con hilo de oro.
— ¡Es precioso! —Exclamó Ángela—. Y mire, hay unos zapatos a juego —añadió, sacando unos preciosos zapatos de tacón forrados con la misma tela—. Y mañana llegará más ropa.
—No quiero ropa—protestó Bella.
Pero una vez vestida, tuvo que admitir que el color le sentaba muy bien. El azul acentuaba el castaño de su pelo y su piel parecía más blanca que nunca. Un poco de máscara en las pestañas y una rayita negra de kajaly estaba lista.
Echándose el hijab sobre los hombros, dejando su pelo al descubierto, Bella bajó al primer piso a través de un laberinto de pasillos.
Sobre la larga mesa del comedor había una vajilla ribeteada en pan de oro y una cubertería que brillaba a la luz de las lámparas. Los hombres de la delegación que había mencionado Ángela entraban en ese momento, algunos con traje oscuro, otros con la vestimenta tradicional. También había algunas mujeres, pero Edward no estaba por ninguna parte.
Un ayudante apareció entonces y la acompañó hasta la cabecera de la mesa, el sitio de la anfitriona.
La mujer que estaba sentada a su izquierda, que se presentó como Emily Young, le sonrió y enseguida empezaron a charlar. Era médico y trabajaba en la unidad de maternidad de un hospital en Jazirah. A Bella le pareció encantadora y, animada, dejó de preguntarse dónde estaría Edward.
Cuando por fin apareció, flanqueado por Aro y Cayo, Bella se dio cuenta de que algo iba mal. Pero pareció relajarse al verla.
— ¿Todo bien?
Tenía aspecto cansado y había un brillo de preocupación en sus ojos.
—Sí, estoy bien. Pero tú pareces cansado.
Una sombra de sonrisa iluminó el rostro de Bella.
—Ha sido un día muy largo.
—No voy a preguntarte qué tal han ido las reuniones.
Aro y Cayo siempre daban problemas. Eran unas víboras. Lo había sabido desde la primera vez que los vio. Y la hija de Aro, Tanya, era puro veneno.
—Aro es una fuerza poderosa en Zayed —suspiró Edward—. Tengo que atenderlo, pero siempre crea problemas. Y el lío en el que Aro y Cayo se han metido ahora con el jeque Eleazar al Bashir por unos derechos me va a dar muchos quebraderos de cabeza.
— ¿Están en guerra?
—Aún no, pero Aro me ha dicho que el jeque Eleazar amenaza con declararla en cualquier momento. Cuanto antes intervenga, mejor.
Bella sintió pena por él.
—Pero, ¿y tu padre? No puedes dejarlo ahora.
—Mi padre no querría que este desacuerdo se nos fuera de las manos. No podemos entrar en guerra con Bashir, así que lo entenderá.
— ¿Por qué no entienden Aro y Cayo que tu padre te necesita aquí?
Edward la miró, sorprendido.
—Nadie entiende eso. Sólo tú. Para los demás, mi deber hacia Zayed es lo primero. Y ahora, si me perdonas, nuur il—en, debo sentarme a la cabecera de la mesa antes de que Aro usurpe mi sitio.
Aro estaba hablando en voz baja con otro hombre, conspirando sin duda.
Bella observó a Edward, la túnica flotando tras él mientras iba hacia el otro lado de la mesa. Con el ghutra blanco en la cabeza sujeto por un doble cordón tenía un aspecto más formidable que nunca. En realidad, se compadecía de Aro y Cayo si se atrevían a despertar su ira.
Entonces alguien se sentó a su derecha y Bella giró la cabeza, sonriendo. Pero la sonrisa se heló en sus labios al ver al jeque Aro.
La cena estaba siendo eterna y a Edward le costaba trabajo concentrarse en la conversación. Por mucho que lo intentase, no podía dejar de buscar a Bella con la mirada.
Su esposa charlaba con la mujer que estaba sentada a su izquierda, la doctora Emily Young, una persona encantadora con la que esperaba que hiciese amistad…
Pero frunció el ceño al darse cuenta de que, en las dos ocasiones que intentó hablar con Aro, sus intentos fueron rechazados. Incluso le pareció ver que se ponía pálida después de uno de sus rebufos.
Como anfitrión, Edward tenía derecho a pedirle a Aro que se fuera si no era capaz de comportarse debidamente, pero cuando iba a levantarse Bella se le adelantó.
¿Qué podía haberle dicho Aro para que dejase el comedor de esa forma tan brusca?
Edward se disculpó con los comensales y, sin decir nada más, fue tras ella.
Bella se dejó caer sobre un sillón tras el escritorio de Edward. Quería entrar en Internet para ver si Rosalie estaba despierta. Se sentía sola y echaba de menos su casa. Quería volver a Auckland, quería volver a estar con su hermana, abandonar aquel país poco hospitalario que no le había dado nada más que penas.
El ruido de la puerta hizo que levantase la cabeza.
— ¿Qué te ha dicho Aro? —preguntó Edward, sin preámbulos.
—Da igual —suspiró ella.
Aro había sido tan desagradable como de costumbre. Esa noche se había dedicado a recordarle que si su hija se hubiera casado con Edward ya habría cumplido con su obligación y le habría dado un hijo, que ella habría sido una buena anfitriona…
Era una tonta por dejar que esas cosas la afectasen, pero no podía evitarlo.
Cuando levantó la cabeza y se encontró con los ojos de Edward clavados en los suyos se le encogió el estómago.
—No da igual. Eres mi mujer.
—No por mucho tiempo.
—Durante un mes. Y durante ese mes espero que mis compatriotas te traten con el respeto que mereces.
— ¿El respeto que merezco por ser tu mujer? ¿O el respeto que merezco como ser humano?
— ¿Hay alguna diferencia? —Edward levantó una mano para acariciar su mejilla—. Acaricio tu piel. Es la piel de mi mujer y la de Bella. La misma piel.
—Bella Swan no es una posesión tuya.
Él no contestó. Sin decir nada, deslizó un dedo por sus labios…
—Tengo que irme —murmuró ella, nerviosa.
—No lo creo.
Bella lo miró, su respiración agitada, sintiendo escalofríos de aprensión y de un deseo que no podía contener.
—Tu cuerpo me reconoce.
—Eso no significa que sea tuya.
—Mi cuerpo responde ante ti también. Aunque intento resistirme. Soy tan tuyo como tú eres mía —tomando sus manos, Edward la levantó del sillón y la apretó contra su torso. De inmediato, Bella sintió la dureza de la erección masculina rozando su estómago.
—Tengo que irme…
—Demasiado tarde —Edward inclinó la cabeza y buscó su boca.
Cuando sus labios se encontraron, una mezcla de emociones, pasión, luz, calor, envolvió a Bella, que dejó de pensar mientras, cinco años después, besaba de nuevo a su marido.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
como estuvo???
ResponderEliminarholy crap!!! q tipo la vdd darle una patada en el .... es lo que se merece x cabeza duraa!! pero bueno amiga ya me tienes x akiii!!
ResponderEliminarxoxo
M
Maggice, merece más que eso, muchas gracias por tú valiosa opinión, te envió un beso y un abrazo de oso.
ResponderEliminarNoelle xD
holaaa guuauuu que capitulo me encantooo...bueno pobre bella nadie la trata bien alliii...mmm edwardd no sabe que bella perdioo un bebe verdadd???!!!! bueno esta historia esta fascinante y estoy ansiosa por saber como sigue le proximo capii poor que quedo en la mejor parte jajaj!!! y Aro me caee pesimooo je! bueno nos leemos en el que siguee!!!besoss!!! saludos para ambas cuidensenn adioss!!!!suerte.
ResponderEliminarHola Beluchis!!
ResponderEliminarMuchas gracias por tú comentario, veremos que pasa en el siguiente capítulo, y a Pescui le va a gustar mucho tú opinión, te envió un abrazo de oso.
Noelle xD
CHICAS.......QUE ALEGRIA QUE SE HALLAN UNIDO Y CERRADO EL BLOG, ASI EVITAN LOS COMENTARIOS MALICIOSOS, SUS HISTORIAS SON PRECIOSAS , GRACIAS POR INVITARME, UN SALUDO.
ResponderEliminarGracias por apoyarnos, y Beluchis, no sabes lo que les espera a esos dos, jejejeje
ResponderEliminarVaya,vaya...Esta Bella nunca se puede resistir nuestro Edward,Bueno la verdad es que yo no me resistiria tampoco.Jejjejej.Magnifico capitulo Pescui.Un beso!!!
ResponderEliminarhola jajajaj me gusta la historia creok dar segundas oportunidades a los maridos se parados da como resultadp jajajaj k las familias crescanjajaj preguntamelo a mi jajajaja,,,,,mi reconsiliacion cumple hoy 5 anos....no me despido y nos seguimos leyendo
ResponderEliminaraisss me encantó. Me engancha cada capitulo un poco más. Estoy deseando saber que pasó exactamente. Por cierto me cuesta imaginarme a Carlisle de tirano si es un dulceeee, pero trataré de hacerlo jajaja. y bueno por fin tuvimos besito, que alegria!!! Saludos.
ResponderEliminar