domingo, 13 de febrero de 2011

Prisionera Del Deseo

PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO 7

Bella Swan a pesar de su corta edad; sabia muy bien que aquello que habia ocurrido hacia breves horas no tenia manera de encubrirlo a la hora de volver a estar en la alcoba con su marido; si es que alguna vez, después de aquello, soñaba con casarse.
Salió de la tina, desprendiéndose el agua de su piel muy sutilmente y fue hacia un armario. No sin antes coger una gran toalla con la que envolvió su cuerpo.
Cuando abrió una de la lamas ,la boca se le abrió en una bonita o.
En aquellas perchas ornamentadas, habia cantidades desorbitadas de vestidos y zapatos, así como todos los complementos de ellos; eran algo antiguos; pero no eran desmerecidos, ni muchísimo menos.

-Deben ser de la tal Alice.-se dijo a si misma.
Buscó entre las decenas de prendas alguna que se asemejara a su estilo y conveniencia y suspiró.
Aquella muchacha; la dueña de aquellos vestidos, tenia un fino gusto, rozaba claramente lo exquisito; pero no tenia nada que ver con los gustos de Bella.
Achicó los ojos al fondo del armario y pudo ver, muy escondido un vestido, completamente negro, con el cuello de gasa transparente, que cubría muy decentemente el escote.
-Este servirá.
Buscó una adecuada ropa interior y se la puso. Un poco apretada y corta; ya que por lo que se veía la muchacha dueña de aquellas ropas era mas menuda que ella.
Sin ayuda y con mucha paciencia se puso todo el vestido completo y como punto final, se calzó unos preciosos botines de tacón medio,
Se miró al espejo y suspiró. El cabello se le habia secado en la iliada de” en busca de un vestido decente”.
-¿Y ahora que hago yo con esto?.- Se llevó las manos a la masa de cabello y lo enredó en su nuca. Buscó alguna horquilla perdida en alguna de los cajones y clamó al cielo. Ya que tuvo una suerte inmensa. Ensartó varias alrededor de la nuca y se felicitó por crear un moño, básicamente perfecto.
Se miró orgullosa en el espejo y volvió su cuerpo a uno de los ventanales que daban a la calle.
El clima era tan tortuoso como su propia alma.
La niebla gris y los carruajes negros que salian estrepitosamente de la mansión, daban pensar a la muchacha que lo que acontecía en los subterráneos de la mansión ya estaba llegando a su final.
Se preguntó cuanto tiempo le quedaría de aguantar a aquel tipo. Pero de lo que si estaba completamente segura es que no iba a dejar que le tocara ni un pelo más.



Edward Cullen andaba con la mirada despierta hacia sus habitaciones.
Despues de la frenética sesión de sexo con aquellas dos bellezas, se habia quedado extenuado.
Toda la rabia y la desazón de haber desvirgado a la cuñada de Jessica; habia desaparecido.
Tendria que mover los hilos que fuesen necesarios para que aquella mujer saltara de la mansión lo antes posible.
Abrió una de sus habitaciones y se adentró en ella listo para asearse y hablar con sus hombres antes de cenar.
Sam lo estaba esperando en su habitación con la cabeza baja y colgando de su brazo una gran toalla blanca.
-¿Qué haces ahí; Sam?.- le preguntó él, abriendo uno de los cajones de la cómoda . Encontró un grueso puro y lo llevó a sus labios. Sam se adelantó hacia él y se lo encendió con una gruesa mecha.
-La señora Swan, antes de irme me dio esto para usted.- Sam le entregó un sobre a Edward y éste miró a Sam , juntando sus gruesas cejas.
-No. Ahora estoy de demasiado buen humor para leerla.- la dejó encima de un escritorio.- Ya veo que lo tienes todo preparado. En un par de horas que esté la cena lista, Sam. Ah…y házselo saber a la señorita Swan. Si gusta acompañarme…que lo dudo…
-Señor con todos mis respetos…
-¿Si, Sam?.- la mirada inquisidora de Edward, hizo tragar en seco al mayordomo.
-Sabe que lo conozco desde que era un niño, Señor Cullen; pero no encuentro adecuado lo que esta haciendo con esa jovencita…
Edward hizo una mueca de desagrado y tiró el puro al suelo con desdén.
Agarró la toalla que llevaba el mayordomo asida a un brazo y sin mirarlo, fue hacia la tina.
Dejó que hábito que llevaba puesto resbalara por sus espaldas y se metió en el agua bien caliente.
Suspiró y se llevó una mano a la frente; algo derrotado.
-Quiero que le digas a los chicos que estén aquí en una hora. Quiero saber lo que han sacado en claro del dia de hoy.
Creo que la mujerzuela esa a la que iba a hacer mi esposa sabe mas de la gruta de lo que debería, Sam.
El mayordomo se tensó. Le estaba dando la espalda a su amo; pero estaba alerta a todos los movimientos que hacia Edward.
-¿Y que cree que sepa, señor?
-No sé…pero por muy poco que sepa, ya es un peligro para mi y para mis planes.
-¿Usted cree que sepa?.- Sam no se dignó a terminar la frase.
-Pues no tengo la menor idea. Pero no tengo ninguna ganas de abrir ese sobre. Aunque sé que ahí esta todo lo que ella sabe y por lo que chantajea…pero ¿Qué chantaje es ese, que quiere dejar tan malparada a su propia cuñada? No lo entiendo….
-Señor…lo mejor seria, descubrir el desentuerto…
Edward cerró los ojos y sumergió toda la cabeza en la tina, haciendo una mueca de placer.
Al volver a la superficie, restregó con sus dedos los ojos y abrió la boca para hablar.
-Abre el sobre y léemela cartita de las narices…a ver que sorpresas me tiene preparadas la dulce señora Swan.
El mayordomo dio unos pasos hacia el escritorio abrió el sobre que no se hallaba lacrado y abrió el papel lentamente.
Carraspeó severamente y se dispuso a leer.
Querido Edward:
Todo lo que me dispongo a decirte; debe ser tan secreto para ti como lo es para mi, tu gloriosa gruta y lo que haces servir de ella.
Sé lo que te propones con esas bacanales que organizas.
Todo es una tapadera para tus artimañas en contra del primer ministro Jacob Black. Todavía no le has perdonado que se llevara a tu hermana Alice a la fuerza, después de haberla vendido tu padre al mejor postor hace ya muchos años.
El odio ciego que le procesas te ha hecho cavar tu propia tumba.
¿Cómo dignas si quieras a espiar a Jacob Black y quitarlo del poder? Es nuestro máximo representante, gracias a él, se rige nuestro país. Tu locura es desmedida…como la de tu hermana…
Lo de Isabella es otra cosa…La odio…ha sido la perfecta siempre…sabiendo lo que sé de ella, juro por Dios que no sé como no fui capaz de matarla con mis propias manos cuando descubrí los verdaderos sentimientos que tenía Mike hacia ella…
Sus miradas y sus caricias…la muy tonta nunca se dio cuenta de nada…pero yo, yo si.
Él estaba enamorado de ella; como un loco, pero claro, no la podia desposar. Para ojos de todo el mundo ella era su hermana.
Pero nada mas lejos de la verdad.
Me enteré por uno de los cuchicheos de las criadas que Isabella fue recogida a los días de nacida; por la madre de Mike.
Siempre me pregunté como podían ser tan diferentes…
Isabella…la odio…
Si tan solo supiera que el pequeño vastardo que dice ser su sobrino no es hijo si no del jardinero….
….busqué rasgos parecidos en aquel hombre para que no hubiese dudas respecto a la paternidad de Mike…él me tocó tan solo dos veces y las dos veces cuando caia rendido en mi pecho susurraba el nombre de Isabella.
Devuélvela cuando gustes. Pero la quiero rota y desequilibrada; como dicen que esta tu hermana Alice….
Si no lo haces Edward, te denunciaré y los ordenanzas caerán encima de ti como moscas. No dudes que están buscando lo que sea para poder apresarte…lo que haces en la gruta es de dominio público; claro que no saben la verdadera función…si lo supiesen…
Ah….averigué el paradero del padre de Isabella…es una Black…..
Disfruta de tu venganza.
Jessica Swan.

Edward se levantó de la tina como un resorte y cayendo el agua sobre su atlético cuerpo, caminó con una mueca indescifrable en su rostro y le quitó el papel de las manos a su mayordomo Sam.
Empapando la sobria caligrafia de Jessica, releyó la carta unas seis veces; sin dar crédito a la ultima de las frases.
Ella es una Black.
Ella es hija de Jacob Black.
Arrugó el papel en su puño y lo lanzó a la crepitosa chimenea que lanzaba chispas al quemar la seca madera.
-Sam…
-Señor…
-Media hora. Quiero a los chicos aquí.¡media hora! Ni un minuto mas….y en lo que respecta a la señorita Swan…Black o como mierda se llame…dile que he ordenado que me acompañe en la mesa….-Edward completamente desnudo se giró para buscar su ropa.- Ah…y dile a las chicas que no se marchen. Quiero espectáculo al final de la cena.
Sam no dijo nada. Se marchó asintiendo ligeramente y bajó a avisar a los discípulos de Edward…luego avisó a las mujerzuelas que ya se vestían para marcharse.
Soliviantadas ante aquello. Las chicas se miraron las unas a las otras y se sonrieron lascivas.
-Por lo visto quiere una sesión privada…gustosas…
Sam torció la boca en señal de repulsión y marchó a hablar a la muchacha.
Aporreó con los nudillos la puerta y se oyó un débil “pase”
Bella estaba aovillada en la cama y miró a Sam de manera alarmante.
-El señor, le ruega que lo acompañe a cenar. En hora y media.
Isabella levantó el mentón, altanera.
-Dígale a su amo que no iré. Prefiero morirme de hambre antes que compartir comida con él.
Sam, avanzó unos pasos y una sombra de preocupación inundó su rostro.
-Señorita. Por su bien. No contradiga al señor. Tiene muy mal humor…
-No.
-Por favor…
-No me moveré de aquí. Lo siento. Se lo puede decir, no iré a ningún sitio, mas con él. No lo soporto…
Sam cerró los ojos y se pasó una mano por la frente, parecía que habia envejecido 10 años de golpe..
-Muy bien, señorita . Se lo haré saber.
Isabella lo miró preocupada. Y un pensamiento agorero la estremeció. Lo apartó y siguió recostada en la cama. Preparada para encarar al hombre; porque a ciencia cierta sabia, que vendría a buscarla y tendrían una fuerte discursión.


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El revuelo en la habitación de Edward era de locos. Parecia un gallinero.
-No tenemos como saberlo; Edward. Si alguno de los aquí presente se acostó con esa mujerzuela y le solpló todo eso. Dudo que cante ahora.- Un chico rudo y bien formado, miraba a su amo. Estaba a su derecha.
-Sólo pido que sea quien sea. Dé la cara ahora. Porque cuando averiguemos quien es, lo pagará con la muerte. Chicos esto es muy delicado. Esa mujer sabe mucho de todos nosotros y si somos apresados todos moriremos. Ósea que no os fieis ni de vuestra sombra.- Edward hablaba para todos; pero no miraba a ninguno en particular.
Los murmullos y las palabras malsonantes se oian como una cadencia monótona de aquella discursion.
-Bien señores. Lo dicho, dicho está. Ahora tengo otro tipo de cosas que hacer, si me disculpan.- Edward sonrió a Emmet con picardía y despidió a todos los hombres; que debían de ser una decena aproximadamente.
Emmet lo miró con preocupación y suspiró.
-Si es cierto lo que me has contado de la carta, Edward…Tú y solo tú sabes lo que debes de hacer…toda tu vida has ido detrás de ese Black , por lo que le hizo a tu hermana…ahora es tu turno…aunque yo me aseguraría si es hija de verdad del tal Jacob…Maria puede ayudarte en esto…ya sabes que ella….
-Si. Pero primero voy a divertirme un poco con la muchachita.- La sonrisa lasciva de Edward, dio miedo a Emmet y se le encogió el corazón.
Edward despidió a su mano derecha y bajó hacia el comedor. Se sentó en la silla principal y allí espero cortésmente a que la invitada apareciera.
Sam cabizbajo y preocupado se presentó.
Edward lo miró inquisidor.
-¿Dónde esta…?
Sam tragó en seco.
-No quiere bajar, señor. Se niega.
Edward Cullen arrastró la silla y tiró la servilleta que habia cogido anteriormente. Se levantó y con grandes zancadas subió al piso continuo , para ir en busca de la joven.
Su ira era tal que no tenia cabida en aquella casa. Queria desmenuzarla, azotarla…
Abrió la puerta, sin ni siquiera tocar en ella y la cerró de un portazo La encontró de pie y enfrentándolo. Por lo visto, esperaba que subiese a por ella. ¡Maldita!
Continuará…

1 comentario:

  1. holaaa me encantooo el capiii...cuantas cosas pasaron en un caìtulo y cuanto nos enteramoss de bella y jessica como se lo largo todo a edward sera verdad que bella es hija de jacob o todo por que jessica la odia le dijo eso para que edward se vengaraa y la destruyera..mmm noseee cuantas cosasss...y jacob tiene a alicee ...bueno besoss y nos leemos en el siguente...adios!

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