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lunes, 27 de febrero de 2012

OH! Mi Diosa!

OH! Mi Diosa!


El señor le presentará a los niños el sábado. – Se levantó de la silla y me brindó su mano, llena de anillos de oros y brillantes.- Espero que todos nos entendamos bien, señorita …¿Me había dicho su apellido?
-Si. Marie Swan.
Su mano tembló ligeramente, pero ser recompuso rápido. Me valoró lentamente y sonrió implacable.
-Claro. Swan.- su sonrisa se hizo mas ancha.- Perdone, pero ese apellido me provoca escalofríos. No me lo toma en cuenta.
Negué y me mantuve seria.
-No se preocupe, señora. No estoy aquí para que valore un apellido; soy lo suficiente válida para que me valore por mí misma.
Aquella mujer volvió a sonreir y caminó hacia la puerta, sin despedirse. Dejándola abierta.
Caminé hacia ella y corrí hacia la salida. Volvería el sábado….
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Capitulo 17.

Edward Pov.


Follar con Angela era recordarla a “ella”cuando cerraba los ojos. Aquella melena oscura, la altura de mi secretaria y el dulce aroma de su piel fue lo primero que me llamó a la atención nada más conocerla.
Mentiría si dijera que me costó mucho meterme en sus bragas. No. No me costó apenas….cuando la acorralé un día en mi despacho estaba tan empapada que no hizo falta preliminares; me instalé dentro de ella de una estocada y me dio la bienvenida con su puño de terciopelo….me recordaba a ella y sólo por eso la mecía entre mis brazos alguna que otra noche después de habérmela follado como un auténtico animal.
Ella era una buena chica. No estaba haciendo nada bueno con su vida y había notado que sus ojos brillaban con cierta intensidad cuando me miraba. Se estaba enamorando de mí y yo no tenía tiempo ni ganas de escuchar en algún momento aquello. Debía de cortar aquella relación enferma, que iba a hacer que cualquier dia Victoria me cortara las bolas si se enteraba.
Me escabullí entre las sábanas y comencé a vestirme antes de volver mi mirada de nuevo hacía la mujer que descansaba en aquella cama. Cerré los ojos e intenté evocar el cuerpo y el rostro de “ella”, pero mi cerebro había comenzado a enborronar aquellos rasgos limpios y hermosos…. Pensándolo bien, era lo mejor, un dia desaparecería completamente y entonces; quizás me salvaría de ella y de aquel embrujo en el que me hallaba ,pudiendo ser feliz con mi esposa y mis hijos.
Caminé descalzo para hacer el menor ruido posible y traspasé el modesto comedor de mi secretaria. Allí me senté sobre el sofá y me puse los calcetines y los mocasines. Me erguí y alcancé la chaqueta que colgaba en el respaldo de una silla, antes de abrir la puerta de la calle me miré en el espejo del recibidor…no valía la pena peinarme.
El sol me cegó. Me había dormido después de clavársela a Angela más de tres veces aquella noche y no me había puesto el despertador. Mi auto aún estaba húmedo por el rocío de la mañana y saqué las llaves de mi bolsillo apretando el botón de los seguros. El coche pitó y abrí la puerta del piloto. Me senté cómodamente antes de suspirar y pensar en aquella relación sin sentido. Abrí la guantera y saqué de allí mis gafas de sol. Me las coloqué y metí la llave en la ranura para encender el coche, apreté el acelerador y salí volando de allí. El próximo lunes me despediría de Angela para siempre.

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Sábado.


No me cuesta nada contentar a Victoria…la verdad es que para ser una mujer tan inteligente, pierde la cordura cuando la tengo cerca. Eso es el amor; sin duda. Aunque es tremendamente celosa, sabe que nunca habrá ninguna mujer para mí que signifique algo; tan solo a ella, que la tomé mujer y le dí dos hijos…. Nada podía desbancarla en ese término y los otros; pues bien sabía que no sentía nada por nadie, no había mujer que me cegara los suficiente
Antes de marcharse a Canadá hemos hecho el amor y me ha hecho prometer que me portaré bien con la niñera….sabe de mi mal humor, pero no soy necio, si esa mujer me ayuda a cuidar de mis hijos debo de ser condescendiente y amable.
Volví a dormirme, después de dar muchas vueltas y me desperté al sentir en mis ojos la claridad de los primeros rayos de sol colarse por las rendijas de las ventanas. Me levanté y encendí la ducha, aún tenía la esencia de Victoria en mi cuerpo y eso en cierta manera me asqueaba. Su perfume natural era demasiado fuerte y amargo ; me repelía.
Una vez duchado y vestido de manera cómoda con una camiseta de pico blanca y unos pantalones vaqueros caídos , salí descalzo hacia el pasillo, pude oír las risas y voces de mis hijos. Sin duda la cuidadora ya se había metido de lleno en su trabajo y estaba haciéndose con ellos. No pude evitar sonreír al bajar por las escaleras y me encaminé hacia la cocina, que era de donde provenían las voces.
Los niños estaban de espaldas a mí y ayudaban a la mujer que como ellos; también estaba de espaldas a manejar entre sus manos una pasta asquerosa color chocolate.
-¿Así, Marie? .- La voz de mi hija Tea, me hizo ampliar la sonrisa .
La mujer que estaba en medio de ambos, vestía de un rígido vestido color negro y su cabello se aplastaba en un lamido moño en la nuca. Se había puesto un delantal color azul ; pues veía la cinta anudada en su cintura….vaya….ahora que me fijaba bien, había un culo allí que no estaba nada mal…intenté negarme a mí mismo ese pensamiento y carraspeé antes de hablar.
-Buenos días.- dije con la voz más amistosa que tenía en mi repertorio
Los niños se giraron y corrieron hacia mí, me abrazaron; poniéndome hecho unos zorros de aquella masa amarronada. Los besé, poniéndome a su altura y observé a la canguro. Se había quedado rígida, sin moverse apenas un centímetro de espaldas a mí… se habia quedado como petrificada…bueno, sabía que solía causar muchas reacciones en las mujeres, pero claro, eso era al verme. Aquella mujer ni tan si quiera había vuelto su rostro hacia mí.
Me erguí nuevamente y caminé hacia ella para presentarme.
-Señora….¿Marie?.- pregunté de lo mas gentil.
La ví dudar y me fijé en aquellas manos que abrían el grifo de la pica y se lavaban con energía las manos, temblaban…aquellas manos temblaban… fruncí el ceño y bajé la vista. En ese momento ella se dió la vuelta y la perdí de vista. Caminaba hacia la salida, pude oír como jadeaba y la atrapé de un codo antes de abrir la puerta de la calle.
-¿Pero que…?.- estaba alucinado con aquella reacción.
Y entonces se giró…y la ví….Mi corazón comenzó a bombear lentamente ...lentamente, hasta pararse . Fue un instante y entonces jadeé.
Devoré con mis ojos aquella presencia que mi mente casi había conseguido olvidar, pero la crueldad del recuerdo era celoso….aunque habían pasado los años y ella pretendía hacerse pasar por una condenada institutriz de los años 50, estaba bellísima. Una fruta madura y dulce a punto de ser cortada…en su punto ideal de maduración…lista para ser devorada, lentamente….
Me relamí los labios como acto reflejo y ella intentó soltarse de mi agarre.
-Si hubiese adivinado que era tu casa…tus hijos…tu espo…- su voz sonó tan dulce para mí que faltó poco para que cerrase los ojos y suspirase como un gilipollas; pero no lo hice, intenté recuperar el gesto y endurecer mi mirada y así lo hice.
-El mundo es un pañuelo…¿Marie?.- intenté sonar lo mas seguro posible…pero en mi interior volíia a sentirme un niño de teta a su lado. ¡Joder! si hasta me había empalmado.
Ella se soltó al fin de mi agarre y alzó el mentón; muy regia. Casi me rio de ella, parecía una gatita a punto de sacar las uñas.
-Utilizo mi segundo nombre para trabajar. Sólo mis amistades me llaman…
-Bella.- dije finalmente.- bueno…considerando que nos conocemos, ¿no te importa que te llame así? Se me ha ce un poco incómodo el nombre de Marie.
-Yo me marcho. No voy a trabajar en tu casa…no puedo…
Avancé un paso hacia ella.
-¿Por qué?
Sus ojos vagaron hacia el suelo y su mirada colapsó de nuevo con la mía…
-Esto…no está bien….yo…tú..tus hijos.- frunció el ceño y una sombra de dolor bañó sus ojos unos momentos, luego recompuso el gesto y volvió de nuevo la vista hacia mí.- …no podemos permitir que tu esposa…..
-Bella…- dije paseando alrededor de ella y observando cada parte de aquella anatomía que disfrazaba bajo aquellas ropas.- En lo que a mí respecta nada pasó entre nosotros….olvidémoslo, tú ayúdame con los niños y cuando vuelva Victoria buscamos una suplente…..- encanjé mi mirada en la suya y ella abrió la boca para decir algo, la cerró de nuevo y yo maldije interiormente, quería meterme dentro de aquella boca de toda las maneras posibles…joder.-Podemos obviar que nos conocemos…si lo deseas….yo no tengo problema.- dije finalmente.
Tenía trabadas aquellas palabras falsas en la garganta y quería vomitarlas. ¡Mentira! Todo una puta mentira…si el simple hecho de verla allí delante de mí, me alborotaba las hormonas como cuando tenía diecisiete años….pero entonces el golpe encajó de manera notable en mi memoria y recordé sus palabras. “Yo no te amo Edward…y tú crees amarme, pero no es asi….”.
Casi rugí. Lo juro.
Seguro que se había casado con algún hombre de su edad….haciéndola gemir el nombre del bastardo cada vez que se la follara…
Aquello me encabronó mas aún y la miré con auténtico odio.
-No te voy a rogar que te quedes; como tú hay cien mil. Tú misma.
Me giré y volví hacia la cocina con mis hijos.
Continuará…
Sí lo sé, es cortito, pero es que hoy llegué el campo y prometí subir….espero me digan algo. Besos, las quiero!

miércoles, 18 de enero de 2012

Oh Mi Diosa!

OH! Mi Diosa!




Capitulo 16



Cuando uno es joven no piensa realmente las consecuencias de sus actos; pero yo no era tan joven como para no pensarlas. No, no lo era.
Nunca tenía que haber vuelto al que un dia fue mi hogar y tampoco debí de haberme reencontrado con aquel niño de ojos verdes convertido en adolescente.
Está de más decir también, que nunca creí en los espejismos y que me ví envuelta en uno de ellos, sin quererlo y evocando sentimientos del pasado que creía muertos. Es fácil llevar un amor platónico guardado en el corazón, porque sabes que jamás se convertirá en realidad…como un espejismo; si. Eso mismo. Pero cuando esa fantasía toma realidad, te supera y te enredas con ella dejándote arrastrar hasta límites donde nunca hubieras pensado llegar. Y cuando el demonio de la mentira te sorprende, te preguntas si ha merecido la pena un instante de gozo, de plenitud. También te dices que nunca más te podrás mirar a la cara y que no te soportaras un momento porque hiciste daño y te creíste tu propia mentira por ser una perjuiciosa y no sentir la realidad tal y como es.
Pero el mundo esta hecho para personas valientes y yo no lo soy. O simplemente creí que no amaba lo suficiente. Herida todavía por el abandono de Jasper, no comprendí que en realidad no me dolió lo que debía de dolerme aquel hecho, porque éste en concreto: El de Edward, me ha perseguido hasta el último de mis dias.
Él siguió con su vida. Se marchó de Forks al poco tiempo, sin despedirse de Emmet; el que había sido su amigo desde la infancia. Aquella amistad también la hice añicos. La resquebrajé en pequeños cristales como un vaso cuando se cae y se parte en mil pedazos.
Mi hermano quedó huérfano de un “hermano” que había compartido con él prácticamente todo y casi me odió al respecto, porque en su mente no podía comprender como no podía amar a Edward. ¿Pero quien le dice a Emmet o a cualquiera que aquel amor no era sano? Que yo a su lado era una mujer y él tan solo era un niño? Que nos señalarían por la calle y que mi rostro se teñiría de rojo cada vez que esto sucediera.
No enfrenté la realidad de los hechos. No enfrenté que aquel adolescente de casi dieciocho había marcado mi vida desde que había sido un niño y lo seguía haciendo una vez desapareció de mi vida.
Sus palabras eran puñales hirientes que me azotaban casi todas las noches. Despertando sudorosa y lloriqueando. La perdida de aquel amor, me había abierto un agujero de tremendas proporciones en el pecho, un agujero de dolor que creía sanar, pero que no lo hacia porque cada noche mi mente me jugaba malas pasadas y volvía a ser aquella mujer, que ya no era y notaba sus brazos de muchacho envolverme y hacerme suya con una pasión sin límites.
La vida fue pasando lentamente para mí, desde la marcha de Edward con su madre. Como una sombra de Rosalie, ví como la relación con mi hermano, se consolidaba dia a dia, hasta que se marcharon de Forks a una pequeña casita junto a un lago en Seattle.
Rosalie tiró de mí y no porque mi hermano la presionara demasiado; pero ella me amaba de una manera desproporcionada. No me enjuiciaba e intentaba abogar por mí en cada momento. Emmet no me ha perdonado lo de Edward. Lo sé. Él piensa que podía haberle dado una oportunidad; incluso dármela a mí y a la vida. Desde que Edward se marchó de las nuestras, la mía ha sido una línea plana sin mas, que el vivir dia a dia sin ningún tipo de ilusión ni artifício.
Ironías del destino, tres años después de marcharme con Rosalie y Emmet, Alice Brandon, la que era actualmente esposa de Jasper, decidió montar una empresa de Canguros, personas para cuidar ancianos y asistencia general para el hogar. Yo que por aquel tiempo andaba con el agua al cuello y dependía casi en su totalidad del el beneplácito de mi hermano y su esposa, no pensé en nada al presentarme allí y pedir un puesto formal como cuidadora de criaturas….con Edward no lo había hecho mal, y la verdad ya no era ninguna muchacha para calentar las alborotadas hormanas de ningún jovencito….
Alice y yo nunca podremos ser amigas. Pero tampoco puedo obviar que me ayudó cuando mas lo necesitaba…me brindó su mano y confió en mí.
La empresa comenzó a crecer y ante el gozo y el espanto de su dueña, decidió repartir varias sucursales por zonas estratégicas de los estados más próximos. Y así fueron pasando los días , los meses y los años.
Mi último trabajo en la agencia había sido de interina y rogué a Alice que no me decantará mas por aquella labor. Me había comprado una pequeña casita, con una parcelita de terrero, cerca de la de mi hermano y quería disfrutar de ella.
Sobra decir que en mi vida ha habido hombres, porque si no los hubiera habido, sería para pegarme un tiro. Demasiado era ya saber que había comprendido demasiado tarde que amaría a un adolescente toda mi vida y no lo iba a tener jamás…como para no darme el gustazo de cerrar los ojos y dejarme llevar por los brazos de algún que otro amante ocasional.
Algún que otro hombre ha pensado en algo mas…yo ni si quiera me lo he planteado. Siempre estaré hueca en muchos sentidos, pero en mi corazón solamente está él y asi lo será hasta que muera. Era lo mínimo que podía hacer por aquel adolescente lloroso que gimoteaba diciendo que me amaba, que quería hacerme su mujer, que me había amado desde que era un niño….eso lo llevaría siempre en mi corazón ; arrancándome una sonrisa tierna y alguna que otra lágrima cuando lo recordaba.
Rosalie y Emmet han sido padres de dos niños. A uno de ellos le han puesto Edward, nunca le he preguntado a mi hermano porque lo hizo…pero creo saber el porqué…él al igual que yo, estará atado sentimentalmente a Edward de por vida y quiere tener algo de él a su lado, ya que lo perdió para siempre…su hijo lleva su nombre y cada vez que lo nombra y yo estoy a su lado, lo susurra como si le doliera.
El pequeño Austin, es una broma maravillosa de la naturaleza. Rosalie llevaba puesto el Dispositivo Intra Uterino y los espermatozoides de Emmet; como bazocas, se saltaron “el aparatito” y volvió a salir embarazada.
Lo nombraron Austin, porque era lo mas parecido a el nombre de un coche que le gustaba a Rosalie; por lo que tengo entendido, fue una clase de apuesta.
Pero estaba hablando de trabajo…. Actualmente soy una de las cuidadoras de niños mejor pagadas que hay en la agencia. Me hecho un nombre dentro de esos círculos que tanto aborrezco de la exquisitez y la burguesía social .
Alice me ha pedido un último favor, “el utimo”, me ha dicho. Yo no sé si creerla. Pues cuando un caso es lo bastante difícil o los padres son tan solo de palabra y no aparecen por casa nada mas que para darles un besito de buenas noches, yo estoy ahí para darle el cuidado y la atención necesaria. El personal de la agencia de Seattle me llama “Supernanny”, a modo de burla y creen que no lo sé. ¡Malditos cabrones! Ya me gustaría a mí verlos en mí lugar.
Toqué a la puerta del despacho de Alice y ella me gritó que pasara al otro lado de la puerta.
Pasé, mirando con atención todos los papeles que yacían amontonados encima de su mesa y sonreí para mis adentros. Aquella mujer era hiperactiva. Sin duda era el complemente de Jasper ,que se pasaba de tranquilo.
Hablaba por teléfono y al pasar me miró de arriba abajo con detenimiento.
Yo la imité y miré mi atuendo.
Me había costado mucho volver a vestir a la moda, atrás dejé los faldones largos, las coletas demasiado apretadas y los zapatos demasiado bajos para mi escasa estatura. En aquellos momentos vestía con un pantalón vaquero caído de cintura y una camiseta pegada a mi pecho negra de finas tirantas. El cabello suelto con una diadema para que no me molestara en los ojos y algo de maquillaje en el rostro.
Colgó el teléfono y me sonrió, invitándome a sentarme.
-Bella, te necesito. Es la última vez. Te lo prometo.- era una ametralladora humana y casi no me dejó responder.
-He decidido que lo haré. Te debo mucho y es de bien nacidos ser agradecidos. – Hablé, mirándola a los ojos.
Ella se quedó muda mirándome y pude ver como sus ojos se cristalizaban por unos momentos. Rápidamente comenzó a parpadear y a mirar unas notas que había escrito de su puño y letra.
-Es en Washington, Bella. Y será de interina de nuevo.- dijo sin mirarme.- Te necesitan con urgencia. Es un matrimonio joven, ya sabes….ella trabaja, él trabaja…
-Si.- espeté algo seca.- Lo sé, más de lo mismo.- enjuicié.
-La señora se llama Victoria Lestein y ha llamado por recomendación de otra de nuestras clientes. Me he tomado la libertad de hablar con la señora que le habló de nosotras y es deliciosa, además de encantadora….tan solo me ha dado un pequeño consejo para ti, Bella.
-Dime. ¿Una guarida de leones acaso?.- Me burlé.
-No. Me ha comentado que la señora Victoria, aunque bellísima, es algo celosa. Por lo visto su marido es un Adonis y cree que todo lo que se mueve puede tirárselo. ¿Entiendes?
-Entiendo. No hay problema. Disfraz. ¿Mary Poppins o Niñera Mágica?
Alice rió.
-Opta por lo mejor de las dos.
-¿Cuándo he de incorporarme?.- pregunté sin ninguna emoción.
-Casi inmediatamente. Las señora se entrevistará contigo pasado mañana y te alojaras en un hotel cercano, sobra decirte que ella cobrará con los gastos. – Alice suspiró.- Te prometo que cuando tenga una sustituta digna de mi confianza, te sacaré de allí y te proporcionaré otro tipo de trabajo…sin tantas ataduras.
Sonreí y me alcé de la silla para marcharme.
-Bella. Gracias.- dijo alzándose y ofreciéndome su mano, que aún era mas pequeña que la mía.
-No me las des. Yo soy la que te debo muchas cosas y una de ellas, es la confianza que has depositado en mí desde un principio…
-No digas nada Bella.- rogó Alice, con el rubor tiñendo su rostro.
-No, no voy a decir nada Alice. Porque sobran las palabras.
Ajusté mi mano a la suya y la apreté cálidamente, asegurando una sonrisa en mis labios.
Nos soltamos ambas y caminé hacia la puerta para abrirla, cuando oí de nuevo su voz.
-¿Seguimos con nuestra inestimable Marie?
-Si.
Giré el pomo de la puerta y me marché de allí.
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-Son dos niños. Supongo que ya le habrán dicho. La mayor se llama Teadhora y el pequeño Cristopher, aunque nosotros los llamamos Tea y Cris; respectivamente. ¿Entendido?
Asentí. Aquella mujer estaba observándome con lupa. Aunque en un primer momento no pudo reprimir una sonrisilla al presentarme, su rictus serio se mantuvo en todo momento durante la entrevista.
-El señor le presentará a los niños el sábado. – Se levantó de la silla y me brindó su mano, llena de anillos de oros y brillantes.- Espero que todos nos entendamos bien, señorita …¿Me había dicho su apellido?
-Si. Marie Swan.
Su mano tembló ligeramente, pero ser recompuso rápido. Me valoró lentamente y sonrió implacable.
-Claro. Swan.- su sonrisa se hizo mas ancha.- Perdone, pero ese apellido me provoca escalofríos. No me lo toma en cuenta.
Negué y me mantuve seria.
-No se preocupe, señora. No estoy aquí para que valore un apellido; soy lo suficiente válida para que me valore por mí misma.
Aquella mujer volvió a sonreir y caminó hacia la puerta, sin despedirse. Dejándola abierta.
Caminé hacia ella y corrí hacia la salida. Volvería el sábado….

Continuará….

jueves, 8 de diciembre de 2011

OH! Mi Diosa

OH! MI DIOSA.



Paramos el auto de frente a la casa de Edward. Me quedé maravillada por lo grande y maravillosa que era. Apreté la mano de Emmet momentos antes de bajarnos del jeep y antes de llegar a la verja de la entrada vimos una figura pequeña y despeinada que me hizo recordar a Bella. Caminamos hacia ella y como un animal malherido se pegó a el pecho de su hermano como si se le fuera la vida en ello. Lloraba, lloraba tan intensamente que se me partió el alma de dolor.
-¿Qué ocurre Bella?.- preguntó Emmet, preocupado.- ¿Qué te ha hecho ese maldito cabrón de mierda?
La pequeña mano de Bella se posó en los labios de Emmet y suspiró erráticamente antes de volver la mirada hacia la casa de Edward.
-Él no ha hecho nada Emmet. Nada que no merezca.


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Capitulo 15.





Edward Pov.
¿Dónde dejé todo lo que fui algún dia?
¿Qué parte de mi alma se llevó aquel dolor tan inmenso que me destrozó por completo?
¿Tan desnaturalizado soy?
Solamente en sueños mi inconsciente me clama a gritos lo despiadado y mortalmente frio que me he vuelto.
Y en esta via de escape, me avergüenzo de mi mismo y me compadezco de los que viven a mi alrededor.
Si bien, Victoria ya me conoció tal y como soy. Mis hijos no tienen culpa ninguna de mi carácter agrio y malas pulgas…porque en eso es en lo que me he convertido.
Despues de aquella noche, todo dio un giro brusco para mí y para los que giraban a mi alrededor. ¿Cómo puede uno levantarse con diecisiete años y acostarse como si hubieran caído encima suyo veinte años mas, de amargura soledad? Todo me había sido ofrecido aquella noche, el amor de mi vida, su dulce néctar y por supuesto también su negación a verme como el hombre que podia amarla por siempre….y todo lo dejó ir, porque sencillamente no me amaba. Habia sido una especie de vía de escape para ella y todo aquel mundo que se rompía dentro suyo. Ahora desde la lejanía de los años pasados ,podía llegar a comprender todas las guerras mentales que podia tener aquella mujer.
Y ahora….yo, Edward Cullen seguía con toda aquella mierda condenada en mi cerebro…porque de mi corazón quedaba poco, por no decir nada. Todo se lo había llevado aquella noche y la última mirada que le dí a ella.
Me marché de aquel lugar que fue la referencia de mi vida durante tantos años. Obligué a mamá a cambiar de casa y también de empleo. Nunca me preguntó el porqué, pero extrañamente por lo que puedo saber ahora, las madres lo saben todo o casi todo de sus hijos con solo mirarlos. ¿Acaso mamá no se imaginó nunca que yo…?
Ahora daba igual. Todo daba igual. Pero yo estaba en uno de aquellos días malos en los que me replanteaba mi manera de ser, de vivir, y el porqué de miles de cosas por mi cabeza.
La dulce voz de mi mujer, me despertó del viaje a mi interior, lleno de todas las telarañas y monstruos que me atormentaban.
-Edward….
Victoria….le sonreí forzosamente y ella miró mis ojos. Era bella. Su belleza eclipsó a todas las demás una tarde gris en la oficina donde comenzaba a trabajar en el centro de Manhattan. Ella habíaa subido con dos cafés en una pequeña bandeja de plástico desgastado y crudo y yo caminaba con tanta prisa que casi pasé por encima de ella.
Me maravilló su cabellera como el fuego y sus ojos azules y vivos….aquella vitalidad que yo necesitaba para salir de mi agujero particular.
¿Por qué un simple polvo me tenia asqueado de la vida? Porque eso es lo que tenía que significar aquella mujer para mi. Un simple polvo, una ilusión de juventud….
Victoria me conocía bien; y sabia de mi historia. A veces creo que en broma, me decía que lo único que debia de hacer con aquel odio insano era pagárselo de alguna manera a ella. Redimirme de todo el daño ocasionado en mi hombría. Pero sinceramente…pienso que hay algo mas.
Amo a Victoria, y no puedo plantearme mi vida sin ella. Al poco de conocernos, nos hicimos novios, vivimos juntos y luego firmamos delante de un juez nuestro enlace matrimonial. De aquel compromiso y del amor que nos otorgamos, nacieron dos hijos; Tea y Cristopher.

-Dime, Victoria.- estaba sentado en la mesa de mi escritorio. Era uno de esos días “libres” en los que me había llevado trabajo a casa. Las guardias en la empresa habían pasado a ser una monotonía en mi vida diaria y ella, como mis hijos ya lo veían como una cosa normal.
Ella se acercó lentamente y se sentó en una de las esquinas de la mesa.
-Acabo de entrevistarme con una mujer. Creo que es la adecuada para el puesto. Esperaba que tú también dieras tu visto bueno al asunto. Los niños son también hijos tuyos.
Entonces lo recordé.
Victoria había hablando con una de sus amigas de la oficina, necesitábamos una persona que se hiciera cargo de los niños cuando salíamos ambos de viaje por negocios. Tanto ella como yo, teníamos una fuerte responsabilidad en nuestros trabajos y debíamos de ausentarnos a veces del estado o del país. Hasta la fecha, lo habíamos combinado de la mejor manera posible, pero de un tiempo hasta la fecha; el cuidado de Tea y Cris le estaba trayendo a Victoria mas que problemas en lo que a su puesto de trabajo se refiere. Ella amaba su empleo y yo no quería ser injusto con ella. Ambos éramos los padres de los niños y los dos por igual teníamos que hacernos cargo de ellos. Ella era ahora, la que estaba dejando atrás todas sus ambiciones y habíamos acordado que emplearíamos a una persona que nos ayudara con el manejo de la situación. Tea tenia 6 años y Cris estaba a punto de cumplir los cuatro, sus edades eran lo suficientemente buenas como para dejarlos con una persona formada.
Siobah; una compañera de oficina le había hablado de una agencia y Victoria había llamado interesándose por una persona que trabajase en casa de manera interina. Hoy había ido a nuestra casa la persona en particular. Pero yo estaba demasiado metido en mis miserias para recordarme de aquello.

-Lo siento. Si te digo que no me he acordado. ¿Me creerías?.- dije con toda la naturalidad que pude.
Ella sonrió, sin que este gesto le llegara a los ojos.
-Por supuesto que te creo Edward. Hoy es un mal dia. ¿Verdad?
No dije nada. Sólo la miré intensamente a los ojos. Ella sabia…sabia de mis crisis.
-¿Cuándo comienza? Espero que sea este fin de semana. Sabes que debo ir a una convención, aunque podía arreglármelas con mi madre para que ella se quedara con los niños y decirle que estuviese unas horas hasta que yo volviese….
-No, Edward.- me acarició un brazo y yo miré aquel gesto como si fuera algo extraño.- Marie se mudará con nosotros el sábado por la mañana, justo antes que yo me marche a Canadá.- Volvió a sonreírme.- Me ha parecido una persona increíblemente serena y paciente. Me gusta y creo que también le gustara a los niños. Se ha mostrado muy digna en lo que al salario se refiere; ósea que no tendremos que pagarle un sueldo astronómico. Comerá y vivirá aquí, el sueldo que nos planteamos en un primer momento le pareció fabuloso.
-Vaya….entonces si hemos tenido suerte entonces….-no dudé en preguntar lo que hacía rato me iba rondando en la cabeza.- ¿Es muy vieja?.- sonreí ante esta pregunta y al ver el rostro de Victoria me azoté mentalmente por hacerla.
-No. No es vieja; debe de tener alrededor de 35 años; o quizás alguno mas; pero es tan sobria y formal que parece que ha escapado de una de aquellas películas antiguas…viste toda de negro y lleva el cabello recogido en un grueso moño a la nuca.
-Sólo le faltan las lentes; entonces.- dije sonriendo.
-Si. Yo también lo pensé. Pero no lleva lentes.
-Si la crees apta, lo será. No tengo ninguna duda. ¿Ha conocido a los niños?
-No. De eso habrás que encargarte tú. Cuando ella venga el sábado de madrugada, será solamente para darle algunas instrucciones sobre el funcionamiento y horarios de la casa. Los niños y tú estaréis dormidos. Cuando despertéis ella misma irá en vuestra busca.
-Vaya….casi me estas hablando de Mary Poppins.- reí roncamente.
-Si, si tuviera que compararla con alguien sin duda seria con ella. Me da confianza Edward. Me gusta esa mujer.
Me levanté del sillón de mi escritorio y busqué el cuerpo tibio de mi mujer que no me negó la caricia.
-Seguro que es estupenda, pero no tanto como tu.- la besé inocentemente.
El sonido de mi móbil me hizo separarme de ella y busqué el aparato perdido entre el papeleo del escritorio.
Ví el identificador de pantalla y miré a Victoria disimuladamente.
Dí a el botón de “aceptar”
-Edward….
Mascullé mierda, mentalmente.
En verdad, amo a mi mujer, pero no la amo como ella se merece. Soy tan promiscuo que me doy asco a mí mismo. ¿Por qué lo hago? ¿Por qué soy tan jodidamente hijo de puta? No lo sé. Quiero a mi mujer, porque es la madre de mis hijos y porque hay una serenidad de teatro en el mundo donde vivo…pero todo es mentira. Yo deseo a otras mujeres, las deseo a todas… inclusive a la mía.
-Soy yo. –contesté calmado.
-¿Ocurre algo? Hoy no has ido a trabajar….te he hechado de menos…
-Si…hem…estoy de guardia. ¿Qué? ¿Ahora? No sé.- miré a Victoria con toda la sangre fría que corría por mis venas. Ella asintió con la cabeza. Oh…Dios, era un jodido cabrón, pero no podía remediarlo.- Está bien, en veinte minutos estoy ahí.
-¿En mi casa?.- preguntó la voz.
-Si. En veinte minutos.
La voz del otro lado del teléfono rió suavemente y colgó.
- Lo siento.- le dije a mi esposa, mientras me ponía la chaqueta y peinaba mi cabello con los dedos.
-No te preocupes Edward. Sé que una de tus pasiones es el trabajo y yo la comparto contigo. ¿Cómo voy a reprochártelo?
Bajé la cabeza y cogí las llaves del coche antes de darle un beso en los labios.
-Te quiero.- le dije.
-Yo más.
Cerré la puerta de mi hogar; con una punzada malestar.
Una de mis pasiones era follarme a mi secretaria…..
Continuará…

jueves, 3 de noviembre de 2011

OH! Mi Diosa.

OH! Mi Diosa!


-Tonta Bella. Desde luego es un sueño. El sueño mas bonito que he tenido en mi jodida vida. Te amo Isabella Swan y esta noche estoy feliz porque al fin te he hecho mía. Mi mujer.

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Capitulo 14.


Rosalie Pov


Emmet habia conducido como una maldito tarado de mierda y yo casi me habia meado de la risa en el transcurso de la carrera. Maldecía una y mil veces a su amigo Edward, siseando palabras sin sentido que sin duda para él si lo tenían.
-¿Cuándo te has dado cuenta que esta…que la mirab..¡joder! ¡Es mi hermana! ¡Y él mi mas querido amigo! No puede ser…esto es una jodida pesadilla.- Habíamos parado unos instantes en un arcén. Estaba hecho un manojo de nervios y sentí una ternura infinita por él. Me miró con aquellos ojos azules increíblemente chispeantes y acaricié su mandíbula rasposa a causa de la crecida de su barba.- Te has dado cuenta enseguida. ¿Verdad Rosalie?
Sonreí sin perder la calma y alcé mis manos alrededor de su cuello, me acerqué mas a su rostro y suspiré largamente antes de hablar.
-Me llamó la atención la manera que la miró cuando tuvimos el golpe en la carretera. Cuando salió del coche, el chico…parecía como si hubiera visto una aparición, algo irreal. Al acercarse a ella, saludarla….los ojos de él estaba preñados de autentico amor, Emmet. Edward ama a Bella y creo que esto no es nuevo. Imagino que lo está desde que era un crio...claro que de eso no hace tanto tiempo.
-No te burles. Rose, yo también tengo la misma edad que Edward, y tú y yo…
Lo besé en los labios dulcemente y el correspondió a este beso con total entrega. Nos miramos a los ojos y sonreímos.
-¿Qué quieres ir a reprocharle a Edward? ¿Y a Bella? Si están juntos es porque ambos lo han querido. No puedo decir que Edward esté en sus cabales, pero desde la perspectiva de los años y ese amor imperecedero, puedo arriesgarme a decir que sabe mucho mejor lo que quiere que la misma Bella.
-Debo hablar con él. He sido un necio, ¿Por qué nunca me lo dijo? ¿Creía que me iba a burlar de él?
-¿Lo dudas?.- pregunté guiñándole un ojo.- Si no hubiéramos tenido relaciones puedo apostar que ya lo hubieses encontrado y hubieras puesto a Edward muy lejos de Bella.
-Los amo. Los amo a los dos. Pero esto…esto es imposible.
-¿El qué es imposible? Que Edward ame a Bella, ella estará encantada de absorber ese amor tan fuerte y déjame decirte que tu hermana no le ha hecho ascos a Edward en ningún momento después de ese accidente. ¡Se lo comía con la mirada, la puritana de Bellita! Chico…porque no sé que tendrá este pueblo verde y lleno de humedad, pero de que cría a los hombres como auténticos cabrones de lo buenos que están..de eso puedo dar fe.

Emmet se separó de mi abruptamente y su mirada se volvió algo mas fría. Metió un buen golpe a la palanca de marchas y salimos volando de allí…sólo quedaba un lugar y era el único en el que no habíamos buscado. La casa de Edward.









Edward Pov.

Me abalancé sobre ella sorprendiéndola. Después de aquella declaración de amor en toda regla, se habíaa quedado sin palabras. Me miraba con la boca abierta y yo la ví con una expresión tan ingenua que no pude hacer otra cosa que reir y echarme sobre ella todo lo largo que era. Mi cuerpo aprisionaba el suyo con todo mi peso y noté como su respiración se hacia mas difícil, levanté un poco mi peso, ayudándome de mis brazos y le besé todo el rostro, con tenues besos llenos de absoluto y desbordante amor.
-No puedes hablar en serio, Edward…tú eres tan solo un niño. No sabes nada de amor. Absolutamente nada.- su mentón se contraía. Estaba a punto de echarse a llorar y yo no podía permitir que estando entre mis brazos llorara. ¡No! si tenia que llorar seria de felicidad, de total gozo. Pero de repente henchido de orgullo y deseo, asimilé las últimas palabras que ella me habia dicho: “No sabes nada del amor. Absolutamente nada”
Me eché hacia atrás y la miré con el ceño fruncido. Una helada brisa me enfrió el pecho al despegarme de su colosal cuerpo, mi cuerpo sufría si no tocaba su piel, su maravillosa piel blanca.
-Te equivocas. He estado enamorado de ti desde el mismo instante que te ví aparecer por la puerta de mi casa. He recordado cada gesto y cada palabra tuya. He soñado contigo miles de veces, imaginando que dejabas a Jasper y venias a mí, sin dudas…confiando en todo el amor que yo puedo darte. Déjame decirte Bella, que tengo un amor infinito que nada tiene que ver con mi edad, mi amor no se deshizo cuando te marchaste, se mantenía oculto en mi corazón para que no sangrara. Emmet me contaba que estabas intentando quedarte embarazada, que no volverías y yo seguía soñando, seguía rogando que volvieses y te demostrase que había dejado de ser un niño. Ya no te amo como un niño, Bella. Te amo como un hombre y te deseo también, ahora , si quieres puedes tomarlo o dejarlo, pero no me hagas daño. No quiero hacerme falsas esperanzas sobre lo que ha ocurrido esta noche. Háblame claro. ¿Qué sientes tú? ¿He sido una via de escape? Respóndeme Bella. Por favor.
Me habia puesto en pie y la miraba en la distancia absoluta del miedo. Sus ojos me miraban llenos de lágrimas y yo; casi, casi estaba en las mismas circunstancias que ella. ¿Pero porque lloraba Bella? Porque a mi lo que me estaba desgarrando el alma era pensar que yo habia sido solo un instrumento de una noche, alguien con quien mitigar el dolor de la soledad.
-Edward.- susurró.- Tienes tanto que vivir….Vas a cumplir 18 años, 18 años, Edward. No te puedes condenar a una relación con una mujer mayor que tú, y que ha vivido todo lo que he vivido yo. Por mucho que digas que me amas. Es tan solo un espejismo Edward. Sólo un espejismo. ¡Oh, Edward…no llores…por favor no lo hagas! No me lo merezco.- Sentí como su presencia inundaba mis fosas nasales y su rostro se hundía en mi pecho. “ Un espejismo” ¿Trataba de decirme que todo lo que habia ocurrido esa noche no significaba nada para ella? ¡Porque para mi significaba todo, maldita sea…todo en mi jodida existencia!
-Yo te amo Bella. Maldita sea, yo te amo y te amaré siempre….-Mi voz no era aquella, era algo parecido a un estertor, a un grito ahogado entre tanto dolor.
-Crees estar enamorado de mí Edward, pero no es así, cuando el tiempo pase te darás cuenta que he sido algo pasajero en tu vida. Algún dia.- Me acariciaba el cabello y yo suspiraba cada vez que aquellos dedos pequeños y blancos repasaban una y otra vez mi pelo.- Algún dia conocerás a una chica de la que te enamoraras. Ahora crees estar enamorado del amor.
-¡No!.- rugí violentamente, apartándola de un empujón y mirándola con dolor.- Yo…yo te he descubierto mi alma, mis sentimientos y tú me hablas de que estoy enamorado del amor, Bella. ¡Estoy enamorado de ti, de ti, joder! Todos estos malditos años suspirando por ti, hambriento de ti y ahora que tan solo me has dado un pequeño aperitivo de esto tan hondo que llevo lazado al pecho me dices ¡Que estoy enamorado del amor!
-Edward…..- hipó ella.- Lo siento, pero yo no estoy enamorada de ti, ni creo que llegue a estarlo nunca. Tú…tú eres tan solo un adolescente…
Dí dos grandes zancadas y quedé a breves centímetros de su cuerpo completamente desnudo.
-¿Qué me ves como un hijo Bella?.- bramé, odiándola y amándola al mismo tiempo.
-Me produces ternura Edward. Y me atraes físicamente; pero no puedo obviar la edad que nos diferencia . Soy realista. He pasado la época de ideales y de sueños, ésa en la que tu estas enganchado ahora. Somos dos mundos completamente diferentes, Edward. Compréndelo.
-Sólo te odiaría de la misma forma que te amo Bella y creéme que te estas ganando eso a pulso esta noche. Porque yo creceré, me haré un hombre según tú ,puesto que ahora no lo soy. Vendrás a mí rezagada, suplicando las migajas de este amor que has matado. ¡Vete, maldita sea, vete..y no quiero saber nada de ti ni de nadie que tenga que ver contigo.!
Agarré toda mi ropa y me marché a la habitación de mi madre.
Tenia que matar ese amor, tenia que matarlo….y lo iba a hacer.





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Rosalie Pov.

Paramos el auto de frente a la casa de Edward. Me quedé maravillada por lo grande y maravillosa que era. Apreté la mano de Emmet momentos antes de bajarnos del jeep y antes de llegar a la verja de la entrada vimos una figura pequeña y despeinada que me hizo recordar a Bella. Caminamos hacia ella y como un animal malherido se pegó a el pecho de su hermano como si se le fuera la vida en ello. Lloraba, lloraba tan intensamente que se me partió el alma de dolor.
-¿Qué ocurre Bella?.- preguntó Emmet, preocupado.- ¿Qué te ha hecho ese maldito cabrón de mierda?
La pequeña mano de Bella se posó en los labios de Emmet y suspiró erráticamente antes de volver la mirada hacia la casa de Edward.
-Él no ha hecho nada Emmet. Nada que no merezca.

Continuará…

viernes, 9 de septiembre de 2011

OH! Mi Diosa!

OH! Mi Diosa!
No quise hacerle caso. No ahora. Estaba en mis manos, en aquel preciso momento lo tenia a mi merced y era yo la que mandaba. Comencé a acariciar su falo de arriba abajo con lentitud demencial para él; que me miraba embutido y cegado completamente por el placer.
Aumenté la velocidad hasta el punto que noté el miembro tan duro como una barra de hierro y masajeé la punta roma con el dedo pulgar, haciéndolo gemir de nuevo.
-Bella….- me dijo jadeando.- Me voy…me corro….
Y yo sonreí mientras que su rostro se encondía en mi cuello besándolo y jadeando como un condenado….
-Mi diosa.- me dijo entre cortadamente.- Soy tuyo….Mi diosa…
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Capitulo 13.
Edward Pov.


Fue un error ordenarle que se quitara la ropa. Y por supuesto, también fue un error dejarme llevar por sus besos de aquella manera tan apasionada. Sus caricias, lentas, sinuosas, con la cantidad justa de provocación, hicieron que estallase como un jodido volcán en erupción.
El hambre encarnizada que tenia de ella no me iba abandonar y mucho menos el deseo de confesarle el amor hiriente que albergaba en mi corazón, desde hacia mas de una década.
Mi Bella; aquella mujer que sostenía mi cabeza en el hueco de su clavícula; el amor de mi vida, la razón por la que habia estallado sin remedio….
-Lo siento….- dije apenas, me separé de su hombro y la miré a los ojos.- Esto no debería de haber ocurrido a si…. Al menos no antes de que …
Ella negó con la cabeza y sonrió débilmente. Puso uno de sus dedos sobre mis labios y susurró.
-Me encanta que haya pasado esto; Edward. Me haces sentir como una especie de Diosa….eres tan dulce, tan cariñoso….Edward.- Se abalanzó hacia mi y solapó mis labios con los suyos.
Los besos de Bella….eran increíbles. Los movimientos lentos y mojados de su lengua me hacian perder la cordura literalmente….y también estaba aquel cuerpo que se pegaba al mío como si estuviésemos hechos el uno para el otro…como si estuviéramos predestinados a formar un mismo ser.
Gemí y ella me apretó más hacia sí.
El semen esparcido por mi vientre; lo estaba compartiendo con ella; haciendo de este gesto una especie de marca. Ella era mía y lo seria siempre, desde aquel mismo instante.
Recorrí la curva de su cuello con autentica devoción; y paladeé con gusto los rincones de todo él; hasta hacerla sisear mi nombre de una manera que debería de estar prohibida.
Quería probarla toda ella. Embriagarme de su sabor de hembra antes de fundirme finalmente con ella..aunque lo estaba deseando y mi cuerpo respondía maravillosamente bien; Despegué mi rostro y mis labios de su cuello y la miré al rostro.
Estaba sonrosada y bella. Se estremecía y todo aquello lo estaban haciendo yo, y mis caricias. Bajé la mirada hacia sus pechos y cerré los ojos. Admitiendo ver una divinidad. Abrí totalmente la palma de mi mano y los cubrí con ella. Eran perfectos. Los albergaba con toda ella. No sobraba ni faltaba nada….Mordí mi labio inferior completamente engullido de placer y busqué las cimas erectas , que me pedían a gritos un poco de atención.
Eran tan dulces…Mientras lamia con autentica devoción uno de ellos; al otro lo amasaba con delicadeza y prendía la punta abrasadora con mis dedos, pellizcando lentamente. Haciéndola gemir y volviéndome loco , con el sonido ronco de sus jadeos.
Quería mas, lo quería todo y lo quería ya.
La amaba. La amaba tanto y por tantas cosas.
Descendí por su vientre terso y lamí lentamente su ombligo, haciendo que su cuerpo se arqueara ofreciéndome todo lo que ella albergaba.
Albergar….Bella no podia albergar vida en aquel vientre perfecto. Al menos nunca pudo llevar a buen término los hijos engendrados del tal Jasper. Yo era un hombre diferente, una semilla diferente..una manera de amarla completamente diferente. Yo no me fundiría con ella…yo seria ella y ella seria yo. El Yin y el Yan, la combinación perfecta.
Suspiré al levantar el rostro para observar sus rasgos. Jadeaba y me nombraba sin parar.
“Me voy a casar contigo, Isabella Swan. Me da igual que opinen los demás…me da igual el mundo; mi mundo eres tú y desearía que el tuyo fuera el mio…..”
Su triangulo de rizos me hipnotizó y lo miré con adoración. Me ayudé con los dedos para abrir aquella concha perfecta y ví la flor exquisita que contenía. Preciosa, linda….hermosa. Mi Bella…mi querida futura esposa. Mi mujer.
Enterré mi cara en aquel delicioso manjar y volví a escuchar mi nombre, con desesperación, aquella desesperación que me sabia a gloria como los líquidos íntimos que rezumaban orgullosos por mi boca, degustándolos como un autentico manjar de Dioses.
-Oh…Bella, eres deliciosa.- susurré, intentando no tener apartada mi boca de aquella llaga; que lloraba por mis caricias una y otra vez. Noté como ella se contenía, como comenzaba a agitar las piernas con ritmo y también, como su pelvis se movía rítmicamente hacia mi boca. Estaba a punto de estallar. Mi niña estaba casi, casi, en la cumbre y yo me deleitaba por cada uno de sus suspiros, de sus gozos, de sus lamentos de placer.
-¡Edwaaaaaaaarddd!.- fue glorioso. Magnifico. No dejé en ningún momento de lamer aquel centro perfecto, que se contraía una y otra vez.
No pude esperar mas. Era ahora o nunca. La tenia como quería; Húmeda, correosa y con la mirada perdida por el orgasmo que acababa de sufrir.
Busqué sus labios con los míos y le dí probar su propio sabor; haciéndola jadear. Estaba en la pura gloria…en el jodido paraíso, y yo era el rey.
-Hazme tuya Edward….
Sonreí y le acaricié el pómulo con ternura.
Me posicioné entre sus piernas y entré en ella lentamente.
-Bella….
-Edward…
Nos miramos a los ojos y allí; si no lo habia antes; nació el vinculo. En su mirada habia..¿amor? ¿necesidad?, me rodeó con sus piernas e incrementé el ritmo de mis envestidas haciéndola jadear, suspirar y maldecirme para que fuese mas enérgico en mis embites.
Como un ser rendido completamente a sus pies, hice lo que sus gestos me mandaban y me desplegué ante ella. La hice vibrar una y otra vez de diferentes posturas. Haciéndola enloquecer y perdiendo yo mismo también la cordura en el recorrido.
Bella era multiorgásmica. Y entre risas, en uno de nuestros pequeños intermedios, me confensó que se sentía una completa desconocida entre mis brazos.
-Edward.- susurró, abrigando con sus manos mi rostro.- Te has convertido en un amante maravilloso. Todo un Casanova; sin duda.
Ví la sombra de la tristeza surcando su rostro.
-Bella….¿Que ocurre…? ¿no eres feliz?.- pregunté, con un deje infantil en mi voz.
Apartó su cuerpo del mío; conectados como estábamos. Sufrí su perdida y la seguí con la mirada.
Me daba la espalda y observé como daba pequeñas sacudidas, enrollada como un ovillo.
-Bella…
Rodeé la cama y la busqué hambriento.
Estaba llorando.
-No….Bella…No llores. No quiero que lo hagas…quiero que seas feliz. Yo lo soy. Inmensamente.-Besé sus labios preciosos.-Soy el hombre más feliz del mundo.
-¿Por qué te has llevado a la cama a un sueño de niñez?.- preguntó sin mirarme si quiera y con lagrimas que desbordaban sin parar por sus sonrosadas mejillas.
Reí abiertamente y ella abrió muchos los ojos. Casi indignada.
-Tonta Bella. Desde luego es un sueño. El sueño mas bonito que he tenido en mi jodida vida. Te amo Isabella Swan y esta noche estoy feliz porque al fin te he hecho mía. Mi mujer…
Continuará.
mmmmmmmmmmmm…….¿Como reaccionara Bella? El próximo Bella pov…ya falta poco para el final. Besos lindas. Ya me diran. Las quierooooooooooooooooooooooo!!!!!

viernes, 15 de julio de 2011

Oh! Mi Diosa!

OH! MI DIOSA!
-¿He dicho algo que te ha molestado Edward?
Negué, cerrando los ojos y acaricié su mandíbula con un atisbo de posesión.
Pude oir los carraspeos de la gente que nos miraba y les ensarté una mirada de odio mortal a quien osaba crear especulaciones acerca de nosotros. “Nosotros…” Cuando tiempo soñé con que esto que tenia entre mis manos ocurriera…ahora solamente era yo y mi autocontrol y éste estaba al limite. Yo le enseñaría a Bella lo que aquel pequeño Edward habia cambiado….cuando la tuviera gimiendo de placer, enroscando sus piernas en mis caderas. Siseé de puro deseo y besé sus labios de rosa. Ella no se negó.
La miré intensamente y cogí su mano entrelazando su dedos con los míos.
-Ven.-Le dije.- Salgamos de aquí.
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Capitulo 12.

Edward Pov.


-¿Dónde me llevas….Edward?.- Bella no me miraba; se habia encogido en el asiento del volvo; como una niña, y ví sus manos temblar.
-A mi casa.- Le dije seco. Nunca habia tenido tan claras mis intenciones con una mujer; y en aquel momento sentía que Bella era mía. Y así debia hacérselo saber.
Pero no quería que mis palabras de adolescente la asustaran. En aquel momento, yo era igual que ella. Un hombre deseoso de la mujer que habia anhelado por años. Como si fuese un sueño hecho realidad.
-¿Tu madre no está?.- preguntó en un débil susurro.
-No. – quise zanjar el tema. Apreté más las manos en el volante y mis nudillos se volvieron casi transparentes por la presión que ejercía.
Pasaron varios minutos hasta que aminoré la velocidad para meterme en el parking de mi hogar. Miré a Bella unos segundos y ella bajó la cabeza.
Me acerqué a ella y levanté su graciosa barbilla entre mis dedos.
-¿Quieres que te lleve a casa? .- alzó sus ojos para mirarme y reconocí el miedo.- Bella; creéme. Esto para mí no es una locura. Pero debo advertirte de algo; si decides salir de aquí conmigo de la mano; es muy probable que te haga el amor en mi cama. Llevo años deseando esto y siento que tú también lo deseas…
-Edward.- sus labios temblaron.- Bésame…
Mordí mi labio hambriento y capturé los suyos, haciendo que gimiera.
En aquel beso estaba su respuesta. Una respuesta cálida y sexual. Ella también anhelaba aquello. Queria sentir explotar el fuego de su cuerpo en mí, y yo lo haría con gusto , toda la vida si me dejaba. Porque yo amaba a Bella. Siempre la habia amado.
Despegamos nuestras bocas cuando el aire nos faltó y con una sonrisa endemoniada; miré su cuerpo de Diosa.
-Vamos.- le dije besándole la frente.
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Bella Pov.


La casa de Edward estaba tal y como la recordaba.
Aquella sensación la culpa se asentó en mi cabeza como un mazazo. “Bella estas loca, ¿Qué haces con un adolescente? ¿Es que no has sufrido ya bastante? ¿Quieres que Edward te deje tirada cuando pasen unos años y comiencen a salirte las arrugas? Y eso siendo optimista; ya que seguramente el muchacho quiera echarle un buen polvo a la nanny de sus sueños y punto.”
-¿Quieres tomar algo?.- Me preguntó. Yo lo habia seguido y en aquel momento estábamos en la cocina.
-No.- le dije.- Edward….
Creo que pudo ver, que habia cambiado de idea y su mirada cambió. Sus cejas se juntaron y caminó hacia mí con paso firme.
-¿A que temes?...Bella ;no temas nada.- su voz era como un arrullo, y sus manos habían comenzado a acariciar mi cintura de manera posesiva. Miré sus manos. Eran unas manos grandes de hombre; con dedos largos y finos; pero unas manos de hombre al fin y al cabo. Ya no quedaba nada de aquel muchacho que llevaba y traía al colegio.
-Temo a lo que vendrá después de esto.- le dije mirándolo a aquellos ojos verdes de pantera.
Él rió un momento; y acto seguido se puso serio, mirándome intensamente.
-¿Me deseas?.- Su voz era firme. Segura. Muy distinta a lo que debia de ser la mía.
Asentí ligeramente y él me acercó más a su cuerpo.
-Yo te deseo ardientemente Isabella Swan. Siempre lo he hecho. Tú fuiste la primera mujer con la que me sentí un hombre; pese a mi edad. Pero no te confundas. Esto no es una especie de reto ni nada parecido. Siempre he vivido con tu recuerdo y he crecido con la desesperación de las palabras de Emmet.
Fruncí el ceño. No entendía lo que me estaba diciendo.
-Me encantas cuando haces eso.- uno de sus dedos paseó por la arruguita que habia entre mis cejas y sonrió.- Negaba mentalmente que tu vientre pudiese estar hinchado por una semilla que no fuera la mía, Bella. Maldije una mil veces mi edad y no ser suficiente hombre para amarte y ahora…ahora todo me parece un sueño.
No podia creer lo que Edward me estaba intentando decir. ¿Acaso él, estaba enamorado de mí? ¿Me amaba…de verdad?
-Tú…¿Qué estas tratando de decirme Edward?
Él se despegó de mí e hizo una mueca de dolor; como si aquel gesto le doliera.
Se apoyó en el mármol de la cocina y me observó con detenimiento de arriba abajo; comiéndome con la mirada.
Parecia desnudarme mentalmente y me sentí tan húmeda que sofoqué un gemido.
-Quiero que te quites toda la ropa lentamente Bella. Mas tarde; cuando estemos enredados entre las sabanas y rendidos de hacer el amor; te lo diré. Ahora por favor..concédeme el deseo de ver como te desnudas lentamente.
Tragué fuertemente y junté mis manos con nerviosismo. Yo nunca habia hecho una cosa así.
Jasper casi siempre me desnudaba; o simplemente lo hacíamos con algún resto de ropa que nos colgaba.
Me sentía acobardaba por los ojos hambrientos de Edward.
Pero me armé de valor y comencé a quitar mis shorts con nerviosismo; cuando cayeron bajo mis pies oí una especie de rugido y no quise mirar a Edward; pero la curiosidad me mató.
Al contemplarlo mis pezones se endurecieron y mi centro, húmedo se colmó mas de liquido si cabía. Su mandíbula estaba tensa y sus brazos apoyados a cada lado de su cuerpo, se apoyaban en el mármol, sus manos como garras apresaban el bordillo del mármol con una ferocidad que hizo que mi ego se ensalzara por los aires.
Aparté los shots de un pequeño puntapié y alcé la camiseta hasta despejarla de mi cabeza.
-Oh…..Mi diosa…- murmuró.
Yo reí y alcancé la obertura de mi sujetador y lo desarmé. Lo bajé de mis brazos y lo aparté ;haciéndole compañía a los shorts.
Iba a bajar mis braguitas de encaje cuando sus atléticos brazos me envolvieron y me alzaron como si no pesara nada.
-No puedo mas.- dijo antes de darme un beso de aquellos que cortaban la respiración.- Mira como me tienes. Dijo mirando a su pelvis. Noté su musculo hinchado y duro, y le sonreí con picardía.
-No tienes idea de cómo me tienes tú a mí.- susurré en su oído; lamiendo ligeramente el lóbulo.
Él gimió como un niño al que le han quitado su juguete favorito y comenzó a subir aquella escaleras que también recordaba.
Cuando abrió la puerta ayudándose con los pies me dejó apoyada en la cama y comenzó a desvestirse con ansias. Casi me reí…pero no lo hice. Podia dañar su orgullo de hombre…pero es que me parecía tan tierno. Edward estaba tan nervioso….antes en la cocina, me habia parecido que tenia serenidad sobre aquella situación, pero dado como se quitaba la ropa, me habia equivocado completamente. Estaba tan asustado como yo.
Se quedó en unos bóxers tan sexys que por un momento se me olvidó respirar, caminó hacia donde yo estaba e hincó una rodilla en la cama; justo en medio de mis piernas.
-Es la hora de verdad.- me dijo; repasando el contorno de mi hombro con su dedo índice.
No pude mas; lo admito. Una Bella completamente desconocida se abrió paso ante mí.
Lo agarre del cuello y comencé a besarlo con una pasión que pensaba que era totalmente ajena a mí. Encima de mi cuerpo; en todo su esplendor juvenil; sus manos se abalanzaron sobre mis pechos y lo escuché gemir de gusto. Aquello era conmovedor.
Notaba como su pene hinchado; luchaba por salir de la cárcel de sus bóxers, y yo solo ayudé un poquito.
Desplegué aquel falo en toda su longitud y lo apreté desde la base con maestría.
Edward rugió y mordió mi labio con una pasión hambrienta.
-Bella…..me vas a matar. Espera. ….espera……
No quise hacerle caso. No ahora. Estaba en mis manos, en aquel preciso momento lo tenia a mi merced y era yo la que mandaba. Comencé a acariciar su falo de arriba abajo con lentitud demencial para él; que me miraba embutido y cegado completamente por el placer.
Aumenté la velocidad hasta el punto que noté el miembro tan duro como una barra de hierro y masajeé la punta roma con el dedo pulgar, haciéndolo gemir de nuevo.
-Bella….- me dijo jadeando.- Me voy…me corro….
Y yo sonreí mientras que su rostro se encondía en mi cuello besándolo y jadeando como un condenado….
-Mi diosa.- me dijo entre cortadamente.- Soy tuyo….Mi diosa…

Continuará….

lunes, 20 de junio de 2011

OH! Mi Diosa!

OH!
MI DIOSA!


-Edward…- susurró ; clavando sus ojos en mis ardorosos labios.- Me gustaría ser ella…me gustaría ser esa chica de la que estas enamorado…la envidio; en verdad la envidio con todo mi ser….
Tardé varios segundos en comprender aquella frase. Mis ojos la miraron al completo y entonces busqué sus labios.
Los busqué con el ansia de la sed, del hambre, del deseo. De algo que habia sido una fantasia en mis sueños y que ahora me recreaba en ellos; sintiéndolos: suaves, poderosos, adictivos. Sumergí la lengua en su boca con voracidad y en este trance sentí sus manos en mi cabello; como siempre soñé. Abrí los ojos para contemplar tan anhelante sueño, me sentí volar y estremecer, quise gritar, reir, llorar y gemir….estaba besando a mi Bella; estaba besando a mi amor y lo mas importante…ella me estaba respondiendo de la misma manera que habia soñando siempre; con furia y deseo; ese deseo y esa furia que me habia acompañado desde los doce años de edad…
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CAPITULO 11.

Bella Pov.
Me estaba dejando arrastrar por un anhelo antiguo que no entendía.
Desde el primer dia que comencé a ser la nanny de Edward, supe que aquel chico en la pre- adolescencia me comía con la mirada.
Comenzó a hacerme gracia; pues veía como su rostro se ponía como un tomate maduro y a veces se trababa cuando intentaba decirme algo.
Alguna vez que otra lo pillé mirando mis piernas y cerrando fuertemente los ojos; intentando controlar sus muy tempranas hormonas.
Edward era un chico que ya apuntaba maneras. Aunque era un niño al que Emmet le llevaba mas de una cabeza, era guapo y tenia un aire que lo hacia realmente seductor.
Recuerdo como si fuese ayer la noche que me quedé a dormir en su cama. Su cuerpo tibio, intentando no rozar el mio; como si de ese roce, algo fuera a explotar dentro de él.
Edward no lo sabía pero era asombrosamente transparente.
Aquella noche lloró desconsoladamente sobre mi pecho; por una chica que lo habia llevado a rastras hacia el pozo hiriente del amor. Se durmió entre mis brazos. Y muy delicadamente lo llevé hacia su cama donde me metí entre las sabanas con él.
Su dulce rostro, sus pestañas inmensas y aquella angulosa y llena boca; pedía ser besada y me sentía una maldita pederasta por pensar aquello. ¡Edward tan solo tenia 12 años, Dios mio!
Acaricié su rostro con mi dedo índice y pude sentir como se estremecía.
Luego…al final. Cuando Jasper me llamó para decirme que ya podía marcharme con él hacia Londres; lo dudé seriamente…y todo por culpa de aquellos ojos verdes, hipnóticos que me habían capturado…..Ni yo misma sabia donde me habia metido. Me sentía atraída sexualmente por un niño que no sabia hacer la o con un canuto, porque simplemente era un crio….¡un crio igual que Emmet, maldita sea! Si….aquel bicho, que tenia por hermano e intentaba hacerme la vida imposible..hicisese lo que hiciese….pero era Edward era diferente, sus ojos eran diferentes…todo en él, lo era.
Dudé; lo admito. Pero finalmente deshice esa idea descabellada de mi cabeza y asumí el control de mi vida. Yo amaba a Jasper y todo lo que quería en este mundo era él. Mi pequeño Casanova, era un niño y yo no estaba destinada a él.
Aquella noche en su habitación; cuando sus ojos lloraron y su cuerpo se estremecía del llanto, no dudé en entregarle aquel retrato que habia cogido del fondo de un cajón de mi habitación. Habia pensado en Edward al cogerlo y casi me habia arrepentido en el momento de tenerlo en mi mano…pero se lo dí; se lo regalé para que algo mio quedara en su poder….era una malnacida ; pero quería por puro egoísmo que me recordara. Porque sin duda yo no lo olvidaría nunca.
Tomé el que me cedió él con algo parecido a una sonrisa en su boca y percibiendo su voz comenzando el cambio, noté aquel especie de hormigueo que me recorrió todo el cuerpo.
Me asombré ante ello y miré sus ojos verdes; increíblemente grandes y transparentes. No quería someterlo a mas tortura y me levanté de aquella cama donde estábamos sentados.
Me llamó por mi nombre antes de transpasar el umbral de la puerta, su ultima llamada; desperada.
Me puse a su altura; y le sonreí. Queria despedirse de mí y lo compredía….
Lo que nunca esperé es que aquel beso fuese en los labios y de aquella manera. Un beso en los labios; totalmente casto; pero dulce y anhelante…pese a no ser un beso adulto, me sentí automáticamente mojada entre mis bragas.
Al separar nuestras bocas; sin pensarlo le dí una pequeña mordida y succioné su labio inferior con deseo.
Me separé de él, intentando parecer calmada y besé su nariz.
Allí acabó todo….. o ¿no?

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Rosalie Pov
-¡Maldito niñato de mierda; deja en paz mis tetas de una puta vez! ¿Qué te piensas que son la lámpara maravillosa? ¡No las manosees tanto, joder! ¿Y donde se han metido tu hermana y tu amigo?
Intentaba escabullirme de entre las sabanas; pero con aquel glotón de Emmet Swan, era prácticamente imposible.
Me habia jodido como un maestro por mas de tres horas y el tio estaba allí que parecía la torre inclinada de Pisa….
Mis tetas; estaban tan manoseadas que hasta me dolían y mi coño tan bombeado, que dudo mucho que pudiese andar en condiciones con tacones en días…
-Ven aquí, Rose….¿no me digas que no tienes ganas de mas? Mi amiga esta deseando entrar dentro de ti de nuevo…
Me agarró de un tobillo y me aplacó hasta estar debajo de él de nuevo. Sentí su polla dura como una piedra en la entrada de mi centro, caliente y húmedo.
Le sonreí y él decidió no hacer esperar mas a su lujuria. Arremetió duramente contra mí y comenzó a bombearme como un loco…un loco maravilloso.
El deseo entre nosotros surgió en un primer momento y lejos de deshinivirnos , decidimos dar rienda suelta a nuestros impulsos y calmarnos la sed de nuestros cuerpos.
Pero conforme iban pasando las horas y gozaba y me relamía de Emmet Swan; mas me daba cuenta que aquel ser era tan adictivo como su propia hermana.
En uno de los parones de nuestra acelerada cabalgada. Nos fumamos unos cigarrillos y bajamos a la cocina a reponer algo de fuerzas. Eran mas de las cuatro de la mañana y Bella y el mojigato aquel que estaba loco por sus huesos, todavía no habían llegado.
Emmet y yo nos estábamos bebiendo un vaso de zumo de frutas; cuidadosamente exprimido por el somelier; Emmet Swan.
-Es muy tarde. Me preocupa que Bella aun no esté en casa….- dijo mirando a un punto fijo de la cocina.- No voy a poder perdonar nunca a Jasper. Mi hermana no se merecía eso. No la amaba lo suficiente.- Sus ojos volvieron hacia mí y me valoró lentamente.- Sé que es has sido una buena amiga. Casi una hermana. Te lo agradezco de veras…y que estés aquí con ella, te honra. Has decidido ampararla a ella, a pesar de que Jasper es tu hermano.
Me acerqué a aquel hombre y a su escultural cuerpo.
-Bella es como mi hermana. La amo, y he sufrido con ella la perdida de cada una de sus ilusiones…pero para serte sincera, nunca ví en ellos dos la pasion; y sé reconocerla.- Emmet se rió.- Jasper es demasiado lánguido y controlador. Todo se debía de hacer en un momento determinado y como él decidía. Bella nunca se ha sentido libre, y creo sin temor a equivocarme, que no ha sido feliz con mi hermano. Ahora Jasper; aunque me duela y Bella ya no forme parte de mi núcleo familiar, ha encontrado el amor en Alice Brandon, una mujer que lo apoya y es como él. Jasper es feliz. Ahora le toca a Bella, y sé que lo será.
Los imponentes brazos de aquel mastodonte me abrazaron y me acercaron a su torso desnudo, haciéndome estremecer nuevamente.
-Ahora tengo a mi hermanita cerca y yo mismo me ocuparé de que ningún gilipollas le haga daño. Tenlo por seguro.
Comencé a reir con ganas. ¿Es que Emmet no se habia dado cuenta?
-¿De que te ries…Rose?
-Creo que deberías comenzar a ejercitar tus musculoso brazos con algún sparring; guapo…
Su ceño se frunció y volvió a acogerme en sus brazos.
-Dime….¿Que quieres decir…?
-Quiero decirte que tienes el enemigo en casa…prácticamente.
El muy tonto elevó una ceja y su gesto se agrió.
-Habla en cristiano. Rosalie.
-Bueno, bueno, bueno…- me desenredé de sus brazos a regañadienes; se estaba de maravilla entre ellos.- ¿Confias en Edward?
Emmet abrió los ojos asombrado y acto seguido comenzó a reir en sonoras carcajadas.
-¡Edward Cullen! ¡No digas tonterías Rose! ¡Edward Cullen es un crio al lado de mi herm……!
Creo que de pronto se dio cuenta de la imbecilidad que estaba soltando por la asombrosa bocota aquella.
Se cuadró de hombros; totalmente desnudo y me agarró de la mano subiendo como un loco las escaleras.
Al llegar a su alcoba, tiró todas mis ropas a la cara y se vistió rápidamente.
- No tardes Rose. Vamos a buscar a mi hermana donde sea….
Yo casi reí…pero no lo hice. Era aterrador ver el magnifico rostro de Emmet Swan con la mandibula apretada.
-Tu hermana es una mujer adulta como yo….y si decida echar un polv….
-¡Mira Rose, cállate! ¿Ok? Es mi hermana y él es mi amigo…..
Ahora fui yo la que elevé una ceja.
¡Sera cabronazo! Estabamos en igualdad de condiciones …pero claro, aquélla que Edward podia “empolvar” era su querida hermanita Bella.
-Venga….-dije a regañadientes.- Vamos a joderle el plan a Bella.
Emmet gruñó y yo le seguí poniéndome la sudadera mientras veía su ancha espalda frente a mi……
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Edward Pov.

Mis labios recordaban la textura de los suyos. Pero habían estado dormidos demasiado tiempo..y por supuesto aquella vez no fue ni por asomo como ésta….ahora estábamos enredando nuestras lenguas, gimiendo a cada roce e intentando no caer en la tentación de no abalanzarnos el uno sobre el otro.
Noté como comenzaba a faltarme la respiración y a regañadientes desenredé mi lengua de la suya; haciendo del final del beso, algo tierno. Dando pequeños toques, con mi boca en sus suaves y húmedos labios.
Ella tenia los ojos cerrados y al mirarla; noté su rostro mas sonrojado de lo habitual. ¡Estaba ruborizada! Me reí interiormente….habia sido tantas veces al revés, que ahora me parecía casi cómico que ella estuviese turbada ante tal intimidad.
Cogí su rostro con ambas manos y lo alcé lentamente.
-Bella….
Sus ojos me miraron y ví que estaban vidriosos.
-¡Dios mio! ¿Qué te ocurre? Si yo…si yo….
Su voz de mujer me tranquilizó.
-No. Estoy bien, Edward.- sonrió débilmente.- Creo que no me he sentido así de viva en mi vida….creo recordar que una vez, si…fue un niño, un niño de doce años, me besó.- Dos lagrimas viajaban dulcemente por sus mejillas. La contemplaba anonadado.Y el rubor se agolpó de golpe en mis mejillas; también.- Edward….siempre has estado en mi corazón…tu candor, tu inocencia…tu manera de mirarme, es algo que siempre he recordado con una presión aquí.- me dijo , tocando el centro de su pecho.- Tu imagen me ha acompañado todos estos años…
Fruncía el ceño. Yo, fruncia el ceño. ¿Qué me estaba diciendo con todo aquello? ¿ Que la estaba rescatando de algo? ¿Qué no me ilusionara, que solo era un mequetrefe?
Mi mandibula crujió y ella me observó detenidamente.
-¿He dicho algo que te ha molestado Edward?
Negué, cerrando los ojos y acaricié su mandíbula con un atisbo de posesión.
Pude oir los carraspeos de la gente que nos miraba y les ensarté una mirada de odio mortal a quien osaba crear especulaciones acerca de nosotros. “Nosotros…” Cuando tiempo soñé con que esto que tenia entre mis manos ocurriera…ahora solamente era yo y mi autocontrol y éste estaba al limite. Yo le enseñaría a Bella lo que aquel pequeño Edward habia cambiado….cuando la tuviera gimiendo de placer, enroscando sus piernas en mis caderas. Siseé de puro deseo y besé sus labios de rosa. Ella no se negó.
La miré intensamente y cogí su mano entrelazando su dedos con los míos.
-Ven.-Le dije.- Salgamos de aquí.
Continuará….
Jejjejejjejej!!!! ¿Les gustó?

miércoles, 25 de mayo de 2011

¡Oh ! ¡Mi Diosa!

OH! MI DIOSA!
Rose, habia tirado de mi hermano hacia las escaleras y subían como alma que teme el diablo.
-Esto es….- no pude terminar.-Caminé hacia el sillón, arrastrando entre mis pies la rueda del Twister y me sente; aún alucinando con la escena que habia presenciado.
-¿Incomoda?
La voz de Edward me hizo alzar la cabeza y contemplarlo en todo su esplendor adolescente.
Era tan bello que conmovía.
Un estremecimiento de absoluto deseo me recorrío; y entonces, solo entonces; comprendí a Rose.
-Mas bien sorprendida.- corregí; intentando sonreírle.
Caminó hacia mí lentamente y quedó con las piernas separadas delante de mí.
-¿Qué tal si vamos a tomar algo?...Es probable que dentro de unos minutos nos sentamos mas incomodos…
Me llevé la mano a la frente y asentí.
Levanté mi cuerpo de aquel sillón y cogí una chaqueta para dirigirme a la puerta sin mirar a Edward.
-¿Bella?
Su voz hizo volverme.
-No debes juzgarlos.- me dijo serio; con sus imprenetrables ojos clavados en mi.
-No los juzgo Edward. Los envidio.
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.-Capitulo 10.-
Edward POv.
El corazón me latió con fuerza, al oir escupir aquellas palabras en Bella.
Habia sentenciado la acción de Emmet y su amiga Rosalie con rabia, como si ellos se adentraran en una aventura donde ella nunca tendría derecho a sucumbir.
Mi mirada se perdia en su rostro y en su cuerpo; algo mas curvilíneo de lo que recordaba.
Esperó que llegara a su lado, pacientemente, apoyándose en mi auto.
-Tú diras, Edward.- me dijo, sin mirarme.- Tú eres el que vive en Forks.- jugueteó con las puntas de su cabello.
Puse una mano en su hombro y sentí temblar mi estomago.
Era turbador lo que lograba hacer aquella mujer en mí. Parpadeé un par de veces y sonreí sin saber porqué, admirando sus largas pestañas y su boca perfecta, haciendo un mohín de incomodidad…¡Oh vaya…la estaba incomodando!.
Separé mi contacto de su carne y noté la ausencia como un puñetazo a mi espíritu. Yo. Edward Cullen; necesitaba a aquella mujer conmigo. Me pasaba por el forro de los cojones que fuese mayor que yo y que eso no fuera bien visto…Yo la seguía amando…¡Maldita sea!
Mis placenteras contracciones abdominales cuando la tenia cerca…aquellas putas mariposas en el estomago cuando me sonreía o posaba sus ojos en mi.
Estudié su rostro nuevamente; sin pudor y suspiré llevando una mano a mi cabello desordenado.
-Iremos a relajarnos un poco…Dios sabe que nos hace falta a ambos.
Ella no habló y abrió la puerta del volvo, cuando sonó el pitido de la alarma.
Me acoplé en mi asiento y la miré por enésima vez desde que habia regresado a Forks; estaba encandilado con mi pequeña y frágil Bella…..
El transcurso del viaje, fue divertido.
Hice una ruta turística por todos los lugares donde habían hecho nuevas obras desde que ella habia dejado el pueblo. Tambien le indiqué la gran calle que contemplaba todos los lugares de ocio nocturno y aparqué en doble fila. Aquel lugar estaba atestado de vehículos.
Caminé muy cerca de ella; casi rozándola. Mi mente y mi cuerpo, me gritaban que entrelazase mis dedos con los de ella y sintiera aquel calor suyo rodear mi cuerpo…pero debia de pensar fríamente. Bella no era Rosalie, y algo me decía que debia ser cauto con ella. Llevaba el dolor escrito en su rostro y yo iba a ser el encargado de aliviar todo aquello que la martirizaba. Amaría hacerlo.
Nos adentramos en un antro oscuro y al llegar a la barra; ella me miró y sonrió.
-¿Qué quieres tomar?.- Le pregunté a gritos. Pues la música estaba a todo volumen y si no era así. No habia manera de comunicarnos.
-Lo que tú bebas, me parecerá bien.- Me dijo, escondiendo un mechón de su cabello en la oreja.
Le sonreí y busqué a la camarera para pedir nuestras bebidas.
Oh…vaya, estupendo. La rubia siliconada que se me insinuaba cada dos por tres. ..
Miré a Bella a hurtadillas y no correspondí a la tentadora sonrisa de la camarera.
-¿Qué tomas Edward?.- Me dijo a voces. La rubia siliconada.
-Dos Jack Daniels con hielo. En vaso de tubo.- espeté hosco. No quería que comenzara a insinuárseme delante de “mi Bella”.
Bella apenas nos miró. Y noté un pellizco en mi alocado corazón.
Me acerqué a ella con las dos bebidas sin perder la sonrisa.
-¿Nos sentamos?.- le pregunté.
Ella asintió un poco perdida. Lo miraba todo y a todos. Forks debia de haber cambiado mucho desde que ella era adolescente.
Nos adentramos en el fondo del local; en un intimo rincón, adornado con unas tenues lamparitas. Era perfecto para una pareja de enamorados; perfecto para mí.
Jugueteé con los cubitos ; haciéndolos rodar dentro del vaso y miré su rostro, empleando la mejor de mis sonrisas.
-¿Todo muy cambiado no?
-Sí.- dijo ella en un timido susurro.- Me siento increíblemente vieja a tu lado.- su vista se perdia en cada uno de los chicos que bailaban o se lo pasaban bien en aquel lugar.- Debo de ser la abuela en este sitio. La verdad; no creo que mi humor mejore hasta que me beba el cuarto Jack Daniels.
Intensifiqué mi mirada; notando como un rubor delicioso teñía sus mejillas. ¡Parecia una colegiala!
-¿He hecho mal en traerte aquí, Bella; no te sientes a gusto? Por que si es asi, podemos irnos inmediatamente…- resolví rápidamente.
Ella bebió una largo trago a su bebida y negó con la cabeza y manos.
-No…no me hagas caso.-sonrió.- Estoy bastante desfasada en este tipo de ambientes. En Londres, Jasper y yo no soliamos hacer este tipo de salidas…
Ella habia comenzado a hablar del tema y yo seguí haciéndolo…
-¿Ni siquiera con tus amigas?.- inquirí; como si no pudiera creerlo.
-No. La pura realidad es que últimamente la única amiga de verdad era Rosalie y ella es hermana de Jasper…Mi vida allí era bastante lúgubre. El trabajo, mi hogar…Jasper…- fijó su mirada en un punto perdido del local.- Me he olvidado de mi misma . Y lo mas importante de vivir…
Yo no supe que decir.
Quizas y solo quizás, es que mi mente no estaba demasiado madura para continuar con aquella conversación tan adulta.
Sabia que algo muy grave debia de haber apartado a Bella de Jasper, aunque ignoraba los motivos, algo me decía que el primer paso no lo habia dado Bella; precisamente.
Llevé mi bebida a los labios y sonreí enseñando todos los dientes.
-Bienvenida a la diversión.- dije sin perder la sonrisa.
Ella me la devolvió y paseó sus ojos por mi rostro; haciendo que me cohibiera y recordara que al lado de ella; era un mocoso de mierda.
-Debes llevar a todas las chicas de calle; Edward. Y no solo a Tanya. Supongo que ella será una de la infinita lista. ¿Me equivoco?.- elevó una ceja al terminar la frase y yo negué con convicción.
-No. No hay una infinidad de chicas. No te niego que he tenido mis escarceos…tengo casi 18 años ,Bella y por supuesto que no soy virgen; pero ninguna significa nada para mi.
Pude ver como el rostro de Bella se distorsionaba y sentí como el terror se adueñaba de mi.
-¿Ninguna significa nada para ti? ¿Y eso que quiere decir Edward Cullen? ¿Qué las utilizas? ¿Te las llevas a la cama y cuando te cansas las tiras como si fueran un pañuelito de papel? ¡Menuda juventud! ¡Vaya valores! ¿Dónde están el primer amor, la ilusión y la esperanza?
Mis oídos no estaban preparados para semejante discurso, de labios de precisamente ella. Y con un gesto seco, apoyé con fuerza el tubo de cristal en la pequeña mesita que nos separaba.
-Todos esos sentimientos que has citado…yo sé lo que se sufre con ellos. Si no eres correspondido al amor que realmente anhelas, es inútil que intentes algo mas que algo esporádico, Bella. – Miré su carita que avergonzada; se mordía el labio. Me armé de valor y saqué mi primera bomba.
-Yo …estoy enamorado.- dije mirándola intensamente.
-Edwad….- susurró, atrapando una de sus manos en la mía y acariciando mi palma con su pulgar.- Ya sabia yo que tenias sentimientos. ¿Y quien es ella?.- su voz sonaba extraña entre tanta música. Sentí la necesidad de acercarme mas a ella y cogí un pequeño puf y lo acerqué a la mesa. Me senté justo a su lado, si movia mi brazo la tocaba; cara a los demás parecíamos dos amantes susurrando palabras de amor.
-Ella no…ella no sabe que la amo. Creo que nunca lo ha sabido. Y yo soy tan imbécil que no he tenido el valor de decírselo. La dejé escapar de mis brazos hace mucho tiempo porque me sentía un niño. Pero ahora que soy un hombre no la dejaré escapar. No. No lo haré.
Bella se habia quedado seria y me miraba sin pestañear.
Todo esto, lo habia dicho tan entregado en cada palabra que casi no habia deparado en su rostro. Algo en él habia cambiado, en sus ojos, una sombra de tristeza se habia instalado y yo me sentí un bastardo por haberle recordado algo que se me escapaba completamente.
-Yo amaba a Jasper. Lo amaba de verdad….pero hubo un momento, en el pasado que creí haber perdido la razón. Hubo…hubo una persona que me robó el corazón. Eran tan tierno..tan encantador que su sola mirada hacia que mi corazón latiese con mas fuerza…- ella sonrió, sin perder aquel color suyo; tan perturbador.-Fueron días en los que me pregunté por mis verdaderos sentimientos hacia mi novio…pero cedí y marché junto a él; cosa que nunca debia de haber hecho.
-Sigue Bella.- la animé.
Ella me sonrió y despejó su frente con un pulcro movimiento.
-Jasper y yo….Jasper siempre soñó con tener hijos, es una cosa de la que lleva hablándome prácticamente desde que eramos unos críos. Cuando veiamos que no me quedaba embarazada, la tensión en nosotros aumentó. Todo era por y para procrear. Me sentía tensa y poco mujer para jactar los deseos de mi desafortunado marido.
Cuando por fin quedé embarazada; a los meses, me tuvieron que meter en quirófano y provocarme el parto de un hijo de poco meses que habia muerto en mi vientre.
A partir de aquel momento, e incluso antes, las distancia entre nosotros fue abismal.
Conoció a una mujer; Alice Brandon, la dejó embarazada y decidimos separarnos.
Ella lo ama y le va a dar lo que mas desea en el mundo. Yo en cambio estoy yerma…no puedo dar vida…
Me lancé hacia ella y acaricié su cabeza; pegándola a mi hombro.
Aspiré la dulce fragancia de su cabello y acaricié su espalda en suaves movimientos giratorios.
Su rostro se despegó de mi piel y me miró a los ojos. Me sentí perdido, aniquilado, tocado y hundido.
-Pero ¿sabes?.- dijo; sin dejar de mirarme.
-Dime.- dije ronco. Estallaba por dentro y toda la culpa la tenia aquella bruja de cabellos chocolate.
-No me importa. No me importa nada. Lo he comprendido cuando he vuelto aquí; a Forks. Aquí soy yo, estoy entera. Y ¿Quién sabe? Puede que encuentre el amor aquí en Forks…- rió de manera autentica y yo la acompañé.
Me gustaba tenerla así pegada; su rostro y el mio se distanciaban por unos pocos centímetros. Miré su boca perfecta y suspiré sin poder remediarlo.
-Edward…- susurró ; clavando sus ojos en mis ardorosos labios.- Me gustaría ser ella…me gustaría ser esa chica de la que estas enamorado…la envidio; en verdad la envidio con todo mi ser….
Tardé varios segundos en comprender aquella frase. Mis ojos la miraron al completo y entonces busqué sus labios.
Los busqué con el ansia de la sed, del hambre, del deseo. De algo que habia sido una fantasia en mis sueños y que ahora me recreaba en ellos; sintiéndolos: suaves, poderosos, adictivos. Sumergí la lengua en su boca con voracidad y en este trance sentí sus manos en mi cabello; como siempre soñé. Abrí los ojos para contemplar tan anhelante sueño, me sentí volar y estremecer, quise gritar, reir, llorar y gemir….estaba besando a mi Bella; estaba besando a mi amor y lo mas importante…ella me estaba respondiendo de la misma manera que habia soñando siempre; con furia y deseo; ese deseo y esa furia que me habia acompañado desde los doce años de edad…
Continuará…
Jjejejejjej!! Malvada: Lo sé…jejejjeej
Chicas me diran que les pareció??

martes, 26 de abril de 2011

Oh! ¡Mi Diosa!

¡Oh! ¡Mi Diosa!
Bella! ¡Edward!.- la voz de Emmet; nos sacó de nuestro mundo y bajamos del auto, en dirección a la puerta de su casa.
-¿Qué pasa Emmet? ¿Y porque esas voces?.- preguntó ella, mirando a su hermano con el ceño fruncido-
Pasamos hacia dentro y ¡Mierda! Habia llegado visita..para jugar al Twister….Tanya y su hermano Jacob….el maldito playboy madurito del pueblo…..¡Mierda, joder….y ya estaba babeando el muy cabron por Bella!
CAPITULO 9
-¿Cómo coño se ha enterado Tanya que estábamos en tu casa…Joder…?- me habia acercado a Emmet lo suficiente; para que nadie mas pudiera oírme.
-No lo sé. Eso te lo debería estar preguntando yo, Edward.- El rostro de Emmet, hizo un gesto interrogante y seguidamente caminó hacia su hermana; que hablaba con el hermano de Tanya.
Me acerqué sigilosamente y me hice el desinteresado; mientras que Tanya se acercaba a mi y me tocaba el pecho, de manera claramente; sexual.
-No; no te recuerdo.- la voz de Bella; algo insegura, alertó mis sentidos. Se veía algo nerviosa.
-Pues yo no sé como pude pasar por alto tu belleza; pequeña.-¿Pequeña? ¿Pero que se creía aquel gilipollas?¿Llegar y besar el santo? El santo era mío y solo mio.
-Edward. Hemos venido a saludar. Mañana hacemos barbacoa en casa de mi hermano. Hemos pasado para invitar a Bella y a su amiga Rosalie…le conté a mi hermano, y ya sabes como es….le encanta la savia nueva.- Tanya,movió la cabeza ligeramente y observó a su hermano con detenimiento.- Parece que le gusta Bella…
-Eso no es difícil…
Tanya me miró extrañada y paseó uno de sus dedos por mi entrecejo fruncido a causa de mi malestar.
-¿Eres muy protector con tu canguro de infancia; no?
Desvié mis ojos hacia ella y asentí duramente.
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Bella pov


Sorprendida.
Sí; sorprendida conmigo misma y con la declaración de Edward.
¿Acaso era yo aquella mujer mayor de la que se habia enamorado?
Me hubiera gustado preguntarle a las claras si era yo.
Habia algo extraño en mí cuando su presencia estaba cercana a mi cuerpo.
Lo habia notado en su casa. Cómplices; bebiendo y charlando sobre cosas sin importancia.
Me sentía libre y quería seguir cayendo en ese vacío de libertad.
En un momento habia desaparecido Jasper, Alice y el futuro hijo que esperaban. Tambien habia desaparecido mi inseguridad como mujer y todo lo que me habia parecido tener importancia hasta ahora.
Me sentía segura con aquel adolescente que me miraba como si fuese una Diosa y que se sonrojaba cada dos por tres cuando su mirada se perdia en mis pechos o en la piernas.
Me sorprendí preguntándole cuando cumplía la mayoría de edad….
En mi mente habían aparecido imágenes nada recomendables entre una mujer madura y un chico que apenas habia aprendido a despachar a una chica en condiciones.
Y ahora allí; frente a aquel hombre que se las daba de galán; mi corazón latía nervioso, por la reacción del púber , con la que se decía llamar su novia.
-Bueno; pues los espero mañana.- Mis ojos volaron hacia Rosalie que se mordía una uña inquieta. ¿Qué le ocurría?
-Sí; claro. Allí estaremos.- dije insegura; mirando a mi hermano ; confirmando su aprobación.
Los acompañamos hasta el jardín y el beso baboso de Jacob me asqueó.
Cuando vimos el coche desaparecer ; me limpié con repugnancia la mejilla y sonreí a Edward que me miraba interrogante.
-¿Jugamos?
-No puedo pensar en otra cosa.- Me contestó ; el muy bribón.
Edward se encargó de desplegar el Twister en el suelo y dejar la rueda en un lugar cercano ; para no movernos mucho a la hora de girar la manecilla.
Nos descalzamos los cuatro y nos miramos nerviosos.
-El primer turno será para Rosalie.- gritó Emmet; mientras se lamía los labios goloso.
Mi cuñada se alisó el vientre y sonrió de manera timida a mi hermano…esperen….¿que pasa aquí?
La mano tranquilizadora de Edward; apretó la mía y la miré con calidez; apretando también su agarre.
-Yo giro la rueda.- dije, soltando la mano cálida de Edward.- A ver; Rose.- giré la rueda.- Mano derecha, azul.
Rose se inclinó dejando su posaderas; perfectamente esculpidas, bajo los leggins oscuros que llevaba puestos , a la vista de las dos hormonas andantes que nos acompañaban.
Se oyó un carraspeó y me giré a mirar a Emmet.
Alcé una ceja interrogante y sonreí para mis adentros.
-Ahora yo.- dijo él, muy pagado de si mismo.
Giré de nuevo la rueda.
-Mano izquierda; verde.- ordené, con la risa escapándose entre mis dientes.
Observé como Emmet pisaba los círculos con pasmosa torpeza. Estaba claro que era tan grande que él solo, ya ocupaba todo el tapiz del juego.
Se quedó muy cerca de Rosalie ,tocando su hombro y se miraron intensamente.
-Ahora tú Bella.- la voz de Edward; me sacó del ensimismamiento con aquellos dos.
-Sí.
Caminé hacia el tapiz y me dispuse a obedecer.
-Pie izquiero, verde.- sentenció Edward.
Suerte la mia. No debia de tener aquella complicada posición de mis compañeros.
Plante mi pie izquierdo en un lunar verde y Edward caminó hacia el tapiz con la brújula en la mano.
-Y ahora yo.- giró la rueda.-Mano derecha, amarillo.
Rosalie y Emmet comenzaron a reir.
Edward se acercó y plantó su mano justo al lado de mi cerco verde.
-¿Quién tiene huevos a rodar la rueda ahora?.- la voz de Rosalie; nos hizo reir a los cuatros y Edward acercó el volante hacia él y giró.- Pie izquiero, amarillo. Venga Rose, a ver como te las apañas.
Rosalie siseó entre dientes y abrió las piernas juntándolas mas, con las de Emmet.
-Emmet. Mano derecha amarilla.- Mi hermano hizo caso a Edward y quedó cruzado con la mano de Rose.- Bella; mano derecha rojo.
Lo miré seria. La postura seria bastante erotica. ¿Pero era un juego, no?
Pase el brazo por encima de su cabeza y mi pecho tocó su cabello, ligeramente despeinado.
-Ahora yo…-carraspeó y se movió un poco para girar la rueda.- pie izquierdo rojo.
Edward movió ligeramente su pie y siguió estando en la misma situación.
De repente; sin saber como ni porqué oímos que alguien se caia a nuestro lado y nos erguimos de nuestras posturas para observar.
La mandibula, se me cayó en el acto .
Rose y mi hermano estaban tumbandos en el suelo; besándose como si el mundo se acabara en unos instantes.
Me llevé las manos a la cabeza incomoda y ellos; ofuscados por el calor del momento se despegaron cuando oyeron el carraspeo de Edward.
-Esto..Bella…Lo siento…- Rose se levantó del suelo junto con Emmet y ambos bajaron la cabeza avergonzados.-No hemos podido reprimirnos.
Los miré atónita y me llevé la mano al vientre para soltar una carcajada.
-¿Vosotros…?- pregunté.
-Me encantan sus tetas.
Rose miró a Emmet; foribunda.
-Yo aun tengo que ponerte a prueba; mastodonte.- siseó Rose, entre dientes.
-Cuanto antes.- espetó Emmet,con voz ronca.
Me avergoncé un poco de la situación y el rubor tiñó mi rostro.
-Pues vamos…
Me quedé con los ojos como platos.
Rose, habia tirado de mi hermano hacia las escaleras y subían como alma que teme el diablo.
-Esto es….- no pude terminar.-Caminé hacia el sillón, arrastrando entre mis pies la rueda del Twister y me sente; aún alucinando con la escena que habia presenciado.
-¿Incomoda?
La voz de Edward me hizo alzar la cabeza y contemplarlo en todo su esplendor adolescente.
Era tan bello que conmovía.
Un estremecimiento de absoluto deseo me recorrío; y entonces, solo entonces; comprendí a Rose.
-Mas bien sorprendida.- corregí; intentando sonreírle.
Caminó hacia mí lentamente y quedó con las piernas separadas delante de mí.
-¿Qué tal si vamos a tomar algo?...Es probable que dentro de unos minutos nos sentamos mas incomodos…
Me llevé la mano a la frente y asentí.
Levanté mi cuerpo de aquel sillón y cogí una chaqueta para dirigirme a la puerta sin mirar a Edward.
-¿Bella?
Su voz hizo volverme.
-No debes juzgarlos.- me dijo serio; con sus imprenetrables ojos clavados en mi.
-No los juzgo Edward. Los envidio.
Continuará…..
Capi corto. Lo sé….pero prometo que el próximo será mas largo ok??
¿Qué les pareció?
Espero que biennnnnnnn
Ya queda poco para lo buenoooo,….
Besos hermosas; las quiero a morirrrrrrrrrrrrrrr!!!

viernes, 1 de abril de 2011

¡OH! ¡Mi Diosa!

¡ OH MI DIOSA!
CAPITULO 8
-Nunca te olvidé.- susurré, esperando reacción por parte de ella.
Ella abrió los ojos lentamente y sonrió como una niña. Yo la imité y salimos de aquella cocina con las manos entrelazadas; como dos amigos, novios, que sé yo….Ella era una mujer y yo un hombre.
Yo la amaba desde que tenia uso de razón y aquello la conmovió. Lucharia por ella. Aquella mujer..seria la madre de mis hijos……
Rosalie Pov
Era la primera vez en mi maldita existencia que un …¿hombre? Me hacia replantearme lo segura que me encontraba de mi misma.
Aquello era para mearse y no echar gota. Y eso sin mencionar el hecho de que aquel “hombre” era un púber de 17 años que estaba como un Dios.
Se me secaba la garganta tan solo mirarlo. Creo que hasta se me desencajaba la mandíbula.
¡El jodido, pedia a gritos que lo restregara por mis tetas!
Me picaban los pezones al pensar en aquello.
-¡Eh! ¡Rubia!...
La voz…esa voz. Giré mi rostro hacia ella y allí estaba aquel cuerpo de pecado absoluto. Me encogí sobre mi misma. Me sentía demasiado intimidada junto a él.
-Rosalie.- gruñí.
Debia de hacerme de respectar. No podia hacer caso a mi cuerpo, Que rogaba…no ; no rogaba. Mas bien imploraba que ese mastodonte de dos metros me empalara, literalmente.
-Vale. Rosalie.- su mirada traviesa, me hizo volver el rostro y suspirar; poniendo los ojos en blanco.- Tenemos varias opciones. Una porno,.- en sus manos descansaban, caratulas de películas bajadas por internet.- otra porno, otra porno….- volvió a mirarme. Yo sacaba humo literalmente por las orejas. Y no porque me importara ver una porno con él. Si no que mi cuerpo me estuviese jugando tan malas pasadas.
-¿Ya habeis elegido; chicos?.- La voz de Bella, hizo que mirara hacia el umbral de la cocina. Y allí cogida de la mano del segundo púber de abordo, hizo que chasquerara la lengua.
Corrí hacia ella y la cogí del brazo, arrancándola de la mano de Edward.
-Nena…estos críos son hormonas andantes….aqui no hay ni una sola película que tenga argumento. En todas hay batallas campales…tú ya me entiendes.- le dije al oído.
Bella miró mis ojos, interrogante y estalló en carcajadas.
-¡No tienes ni una sola película que no sea “x”; Emmet? No me lo creo. Has querido asustar a Rosalie…- volvió a reir. Caminó hacia su hemano y con todo lo menuda que era a su lado, le dio una colleja( golpe en la nuca); que sonó bastante y nos hizo reir a Edward y a mi.
-Podriamos jugar a algo de sobremesa.- dijo Edward; mirando al suelo y con las manos en los bolsillos…- Si quereis puedo ir a por el Twister (Enredos)…es muy divertido….
-Te acompaño; Edward.- La voz de Bella me hizo poner los ojos como platos.
Yo me quedaría allí con Emmet; los dos solos…Ay…no….
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Edward Pov
Sí ; señor. El destino era una cosa maravillosa.
¿Cómo se le habia ocurrido a Emmet sacar todas las pelis porno que le habia bajado la ultima semana?
Aquel tio no pensaba con la cabeza; bueno si; pero con la otra…con la que habia justo en medio de sus caderas.
El cabronazo me guiñó el ojo cuando me vió salir con Bella por la puerta.
Pensaba que el favor se lo hacia yo a él. ¡Ji! Si Emmet supiera; bueno si Emmet supiera me mataria directamente. Seguro.
-Me gusta tu auto; Edward.- la voz de Bella; me sacó de mis pensamientos absurdos. Era injusto que estuviese pensando en Emmet, teniendo a mi lado a Mi Diosa.
Sonreí; de aquella manera que dejaba al sexo opuesto; extasiado y le abrí la puerta del copiloto como un autentico caballero.
Estar con Bella; sacaba de mi; la mejor persona y el mejor amante. Aquel que habia guardado bajo llave; si ella volvia…en algún momento de mi existencia.
-Gracias.
Desvié la miraba hacia sus labios; mientras se sentaba en mi auto.
Volé hacia mi asiento y nos pusimos los cinturones; casi en sincronización.
-¿Estará tú mama en casa , Edward? Me gustaría verla.- el cariz de su voz; me hizo cerrar los ojos un segundo; abducido por la esencia de su voz.
-No. No lo creo.- espeté, pensando en mamá.
El silencio se adueñó del trayecto, pero no importó. Entre Bella y yo, la incomodidad no existía, nos mirábamos de vez en cuando, cómplices, hasta que aparqué justo de frente a mi casa.
-Tal y como la recordaba.- suspiró ella, al salir del coche.
No me habia dado tiempo a abrirle la puerta y me mortifiqué mentalmente por ello.
-Sera lo único que no ha cambiado.- caminábamos el uno al lado del otro; mientras yo sacaba mis llaves y abria la puerta de entrada.
-Si lo dices por ti .Por supuesto que has cambiado Edward.-me dijo ; con una sonrisa.
Necesitaba algo que llevarme a la boca…¡Con urgencia!
-¿Si?.- de mi boca salió un estertor, mezclado con la silaba. Parecia un imbécil…
-Si.- dijo caminando poco a poco; hacia uno de los muebles del salón.- Nunca hubiese imaginado que te convertirías en un chico tan guapo.
-Vaya..-Era imposible; ya no podia tragar. Se me habia formado una bola en la garganta y no habia cojones a desprenderme de ella por mucho que tragase…¡Necesitaba un trago!
-¿Pasa algo, Edward…? Tienes las mejillas muy coloradas…hasta la orejas.- caminó hacia mi y tocó estas partes con su manita de muñequita. Cerré los ojos intentando no perder la cordura y abalanzarme sobre ella como un poseso.
-No…yo..espera. Sientate. Ya sabes; como si estuvieses en tu casa. Voy en busca del Enredos.- Salí de allí pitando. Sientiendo en mi piel la ausencia de la suya.
Fui a mi habitación y abrí el armario ropero.
Con una sonrisa de suficiencia,corrí el falso fondo y allí tenia mis botellitas de licor.
A veces; cuando invitaba algúna chica a mi casa. O estaba jugando a la Play Station con Emmet, siempre nos gustaba echanos unos licorcitos.
Solamente habia que bajar a por hielos si lo queríamos frios y si no…pues ya estaban las petacas preparadas…
Vacié prácticamente una de ellas; La de Jack Daniels y me sentí mas seguro y animado.
Busqué entre los cajones el jueguito de las narices; que no quería aparecer; el maldito.
Y después de desordenar el cajón de los calcetines, el de los calzoncillos y el de los albumnes de fotos de mamá…allí estaba el puñetero. Dentro de su bolsa, riéndose de mí.
-Te encontré; cabron.- inquirí, mientras lo ponía en mi hombro. A modo de bolsito.
Bajé las escaleras, mucho mas seguro y confiado de lo que las subí.
-Lo tengo.- dije alzando un poco la voz; para hacerme oir.
Ella movió su cabecita hacia mí y sus ojos marrones me taladraron.
-Estaba recordando….la primera vez que jugué contigo al Twister…te veias tan feliz.- susurró, mas para ella, que para mi.- Ha pasado tanto tiempo desde aquello…
Su mirada perdida, me dolió. Y sonreí con dulzura, a aquel rostro de ángel.
-Tú no has cambiado nada. Parece que se haya parado el tiempo, solamente para ti. Estas incluso mas bella de lo que recordaba. Has mejorado; como el buen vino.
Bella alzó una ceja y sonrió con picardia, mirándome.
-¿Cómo el que te has metido en el cuerpo, Edward?.- espetó con sorna.
¡Mierda!
Claro…. ¡Debia de olerme el aliento a alcohol de quemar!
Joder…..
-No…yo…es Jack Daniels…-dije, algo abochornado.
Sin duda el alcohol me habia envalentonado lo suficiente para no ponerme como un tomate mañanero.
-Eres muy avaricioso. No me has invitado ni a un traguito….
Alcé ambas cejas y sonreí lentamente.
-Eso tiene fácil solución. Pero que sepas que si me pillan bebiendo; tú debes de sacar la cara por mí. Soy menor de edad….un púber como dice tu amiguita; la rubia.
-Rose.- corrigió.
Fui, hacia el mueble bar y lo abrí.
-Esta bien. Esta bien. ¿Sabes? A Emmet le gusta.- No estaba en mis cabales desde luego. Pero no me importaba. ¡A la mierda, Emmet a la mierda todo. Tenia que ganarme la confianza de mi ninfa; fuese como fuese!
-Conozco a mi hermano. Edward. Ademas tengo mas edad que tú. Me he dado cuenta….
-Creo que me voy a divertir.- inquirí, mientras ponía en un tubo de cristal, un buen chorro de Jack Daniels.- se lo ofrecí y nuestros dedos se rozaron. Haciendo que nuestras miradas se encontraran, para apartarlas bruscamente. Avergonzados.
Saqué otro tubo y lo llené hasta la mitad.
-¿Vas a beber mas?.- preguntó ella.- Tienes que conducir. Y te recuerdo que soy hija del jefe de policía Swan.
-¿Me vas a denunciar?.- pregunté; con una dulce promesa sensual en mi voz.
-No.- ella fue tajante. Casi cruel.
-Tranquila Bella. No bebo mas…
Ella miró el whisky casi con solemnidad y abrió la boca.
-¿Cuándo cumples los 18, Edward?
No entendí porque me hacia aquella pregunta.
-En una semana.
-Ahmmm…
-¿Porqué?
-Cosas mias.- dijo, alzando la mirada, para encontrarse con mis ojos, que la miraban embelesado.
-Mejor que nos vayamos.- espeté con voz ronca. – Rosalie y Emmet deben estar matándose.
Ella sonrió y se metió de un trago todo el liquido del tubo en su cuerpo.
Las mejillas se le tiñeron de un rubor delicioso; me dieron unas ganas locas de besarla.
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La vuelta hacia su casa fue divertida.
El alcohol habia hecho mella en ella y se reia a cada ocurrencia que se le venia a la cabeza.
-¿Puedo preguntarte algo?.- me dijo con una mirada picara.
-Pregunta.- dije; sonriendo y sin apartar la vista de la carretera.
-¿A que edad dejaste de ser virgen?
Pegué un volantazo y casi nos metemos en el arcen.
Ella comenzó a reir como una loca y yo también lo hice.
Cuando nos tranquilizamos un poco; decidí responderle.
-A los quince.
-¿Queeeeeee?.- ella abrió mucho la boca y su labios se hicieron casi invisibles.
-Si;.- y seguidamente fui soltando bombas a diestro y siniestro.- Se me despertó la sexualidad muy pronto.- dije algo mas serio; pero sin abandonar la sonrisa en mi rostro.
-Vaya…nunca lo hubiera imaginado; Edward…eras un niño tan timido….
No reventé a carcajadas por puro respeto.
-El despertar fue temprano, porque me enamoré de una chica mayor que yo…..
Ya está; lo solté.
Ya habíamos llegado a su casa.
Sus ojos se habían quedado atrapados en los míos y su risa se habia evaporado por completo.
-¡Bella! ¡Edward!.- la voz de Emmet; nos sacó de nuestro mundo y bajamos del auto, en dirección a la puerta de su casa.
-¿Qué pasa Emmet? ¿Y porque esas voces?.- preguntó ella, mirando a su hermano con el ceño fruncido-
Pasamos hacia dentro y ¡Mierda! Habia llegado visita..para jugar al Twister….Tanya y su hermano Jacob….el maldito playboy madurito del pueblo…..¡Mierda, joder….y ya estaba babeando el muy cabron por Bella!
Continuará.