PRISIONERA DEL DESEO.
El rostro de Anthony se quedó livido.
Hacia pocas horas que habia amanecido creyendo que iba a ser el hombre mas feliz del mundo junto a la mujer que amaba.
Y ahora todo se le escapaba como arena entre sus manos.
Se volvió para encarar a su hermano y lo odió con todas sus fuerzas. Tantas que quiso verlo morir en aquel mismo instante.
Debia de decirle a Edward que el hijo que habia nacido de Isabella era de él; que él lo habia engendrado…..y aquello era peor que la muerte.
La masa ingente que atestaba la ermita comenzaba a salir conmocionada y entre murmullos decadentes.
-Anthony….- la voz de Edward era tensa y estaba llena de interrogantes.- ¿Qué ha querido decir Black?
Anthony miró a su hermano con detenimiento y le sonrió fingidamente.
- Vayamos a mi casa. Esta conversación la debemos mantener en privado. Hermano.
Edward miró a su hermano a hurtadillas y hechó mano a la pequeña daga que siempre lo acompañaba. Algo le decía que Anthony en aquellos momentos no era su hermano…si no; su mas ferreo y mortal enemigo.
……………………………………………………………………………………………………………………………………………
Capitulo 13.
En la mansión que se hallaba ubicada en unos de los barrios mas lujosos de todo Londres; Jacob Black esperaba pacientemente la aparición de su hija detrás de la puerta del que seria su dormitorio a partir de ahora, si ella lo consideraba oportuno.
Él, que habia perdido toda la motivación por vivir, en aquel momento su corazón galopaba con una fuerza y una intensidad fruto de aquella emoción nueva. Su hija. La hija perdida de Alice y de él.
La nodriza, Angela se habia llevado al pequeño a una habitación contigua a la de la madre y él, esperaba con autentico desespero que alguno de los dos diera signo de vida.
Ni el llanto del niño, ni el de la madre.
Despues de haber abandonado la ermita de Carfax con Isabella dentro del carruaje, se habia prometido a si mismo que a partir de aquel momento ni a ella ni a su nieto les faltaría absolutamente nada, y en aquel paquete estaba; por supuesto el padre; Edward Cullen. Claro, con el beneplácito de su hija.
La inmoralidad se habia abierto paso aquella mañana en el ermita de la abadia de Carfax.
Pero pronto, muy pronto ya haría él lo conveniente para poner una nota en la prensa, y darle a su hija la categoría que se merecía. La que siempre tuvo que tener….
La puerta de la habitación del pequeño se abrió y la nodriza al verlo, bajó la cabeza y le habló con voz limpia y clara.
-Señor. Su hija se encuentra con el niño. Me ha pedido encarecidamente que la deje esta noche descansar y asimilar todo lo que le ha ocurrido.
Jacob parpadeó, algo hastiado.
-¿Ella….Isabella se encuentra bien?
La nodriza, lo miró a los ojos y sonrió tiernamente.
-Mi señora esta muy bien señor. Un poco contrariada. Pero bien.
-Esta bien.- Jacob, dio media vuelta y habló mientras avanzaba por el interminable pasillo.- Hablaré con ella mañana en el desayuno. Es de vital importancia para ella y su honorabilidad….
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Anthony sudaba. Signo del nerviosismo que colapsaba su cuerpo.
Sabia que aquella advertencia no era en vano. Jacob Black sabia positivamente quien era el padre del hijo de Bella.
Volvió a mirar a su hermano a hurtadillas y Edward lo pilló en aquel acto.
Anthony le sonrió nervioso y le dio paso a la gran casa, en la que habia pasado el año más feliz de su vida junto a Bella.
Apretó los puños con fuerza.
No. Él, no iba a ser el elegido. Edward era un ser sin sentimientos que habia vivido a la sombra de la madre de ambos.
Aquella bruja y promiscua arpía llamada Elizabeth Masen.
Su hemano había sido testigo de todas las infidelidades hacia su padre y el desdén con el que los trataba a él y Anthony.
Despues de la marcha de Alice; todo fue mucho peor y cayeron en la miseria.
Decidieron mandar a Anthony a casa de un hermano de su padre y Edward se quedó con ellos para tenerlo de mano de obra.
Al morir los dos Edward se metió en el ejército y de allí como espía de uno y otro bando en la guerra, se hizo con un buen capital.
De allí la riqueza con la que volvió a adquirir la mansión Cullen y la gruta. Aquella gruta en la que tanto él como sus rameras sonsacaban a todos los oficiales y los altos mandatarios sobre los trapos sucios del tal Black.
Y ahora…después de luchar tanto contra aquel vejestorio; lo dejaba impune y llevándose a Bella con él; que era lo mas repugnante.
-¿Y ahora Anthony…? ¿Me aclararas lo que quiso decir Black?.- Edward estaba tenso y se sentó en una de las sillas otomanas que se hallaban instaladas en la sala de estar del hombre.
-¿Quieres una copa hermano?.- Anthony caminó hacia una bandeja que habia en una dorada mesa con ruedas.
-No. No sé porque, pero creo que tengo que estar completamente ebrio para asimilar la información que me vas a dar….
-¿Ya tienes tus sospechas?.- le increpó Anthony, nervioso.
-Si.
-Entonces….sentencia tú; lo que yo debería de decirte. No nos andemos con rodeos…hermano.
Edward se levantó de la silla y caminó hacia su hermano que iba hacia él.
-Ese niño…el niño de Isabella….no es tuyo. ¿verdad? Tú ni si quiera la has tocado….
La rabia y la ira se apoderaron de Anthony, y decidió mentir lo suficiente para hacer daño a Edward.
-Ella ha sido mía. Por supuesto. Y ha gozado; cosa que no hizo contigo…..
-No te he preguntado eso; Anthony….el niño…dime quien es el padre del niño…
-Tú. El padre eres tú. No eres digno de serlo, desde luego. Pero tú lo engendraste. Es tu hijo. Pero bien lo podia haber pasado por mío. Somos tan iguales, hermano….
Edward se llevó las manos a su despeinado cabello y bufó contrariado.
-Jamás me lo ibais a decir….si no es por Black yo nunca hubiera sabido que tengo un hijo….
-Dios sabe, cuantos tendras por ahí.- dijo Anthony sin darle importancia.- Eres tan promiscuo como mamá. Vienes a mi boda con banalidades del tono que no me puedo casar con Bella porque es mi sobrina, pero a ti no te importo tirártela, para que una de tus amantes no se fuera de lengua. ¿Hombre lleno de valores? Lo dudo.
-No tengo ningún hijo por ahí; como tú dices. Siempre me he cuidado…menos con ella.-Edward, caminó hacia una ventana desconsolado.- Yo….yo me he vuelto loco buscándola estos años, hermano. Y estaba contigo. Sé que tú tienes mas derechos que nadie sobre ella. Por la manera en como la miras sé que la amas….pero yo…yo también siento algo por ella. No sé que es porque sabes perfectamente que mi corazón no esta hecho para amar. Sólo sabe de pasiones y encuentros fugaces. Pero ahora todo es distinto. Ella ha sido madre de un hijo mío…y eso añadido a mis sentimientos indescifrables hacia Bella….- Edward se giró para encarar a su hermano.- Yo soy el que me casaré con ella. No tú.
Anthony rió entre dientes y dio un nuevo sorbo a su copa de coñac.
- No creo que ella quiera si quiera oir tu nombre. Le repugnas. Todo lo vivido en la mansión. El aquella gruta…es como una pesadilla para ella. Ella me ama a mí..se ha entregado a mí voluntariamente no a ti. Tú la forzaste.
-¡Me da igual! ¡Ella es la madre de mi hijo! ¡Y Black lo sabe! Él me ayudará con ella. Lo sé.
Anthony caminó hacia su hermano serenamente y un brillo de odio nació del verde jade de sus orbes.
-No te lo permitiré. Estaré maldecido por siempre. Pero no te lo permitiré….Lo juro…
Edward abrió los ojos sobresaltado y vió como su hermano se echaba mano dentro de su perfecta chaqueta de novio. Una arma brilló el la mano de Anthony. Seguidamente un forcejeo, un disparo y luego, las absoluta oscuridad….
…………………………………………………………………………………………………………………………………………..
Bella no habia pegado ojo aquella noche.
Intentaba asimilar todo lo que le habia ocurrido tan solo unas horas antes.
Su padre, el bochorno de la boda no realizada…y ver otra vez a Edward.
Habia soñado con él, lo poco que habia dormido.
Habia sido dueña de sus caricias y habia gozado en aquellos sueños interrumpidos por el sudor y la humedad de Londres.
En todos aquellos años habia recordado como habia sido posicionada y penetrada por él. Y lejos de sentirse asqueada por aquella situación. Habia notado el gratificante escozor en sus partes íntimas; queriendo mas de aquel cuerpo hinchado y brillante que la penetró por completo.
También recordaba los brazos pálidos abrazándola; sus jadeos en el oído murmurando su nombre y su estallido final.
Aquel que habia formado a su hijo en el vientre de ella. Torturándola con su recuerdo.
Anthony habia sido una dulce escapada; pero no era Edward. Nunca seria Edward, pero sabia que él no le convenía. En el fondo de su ser lo odiaba, tanto como a Jessica y a todos los Swan.
Pero ahora todo habia sido puesto del revés. Anthony y Edward eran sus tios carnales y ella tenia un hijo con uno de ellos…..era una autentica aberración.
Oyó un suave repiqueteo en la puerta de su habitación.
-Señora. Su …el señor la espera en el salón para desayunar.
Bella dejó al bebé con Angela y caminó hacia el salón. En busca de mas respuestas…a tantas preguntas.
Jacob Black habia comenzado a comer cuando vió la majestuosa figura de su hija traspasar el umbral del salón comedor. Sus ojos se encontraron y él, le sonrió con ternura.
-Siéntate. Hija. He mandado que la cocinera cueza sus mejores bollos de leche para ti. Y debo de decir que le han salido exquisitos. Siéntate. Por favor.
Bella miró a su padre y antes de separar una de las gruesas sillas, un criado lo hizo por ella.
-Gracias. Pero no habia razón para ello. Hay suficientes manjares en esta mesa para alimentar a un regimiento.
-Eres honorable y sincera. Digna hija de tu madre.
-Me gustaría saber mas de ella….si eso no es molestia.
Jacob dejó de comer y sorbió un jugo de fruta que sostenía con sus nervudas manos.
-No. No lo es. Pero antes, quiero hacerte participe de un secreto familiar no muy extendido entre la familia Cullen. Sé que el padre de tu hijo es Edward y creo que él también debería estar aquí para escucharlo. Ya lo sabrá cuando os desposeis.
Isabella se alzó de la silla y miró con los ojos como platos a su padre.
-¡No! No quiero casarme con él.
Jacob no le hizo caso y dio un pequeño bocado a los panecillos de leche.
-Es el padre de tu hijo y no quiero que en la ciudad se ponga en entredicho tu honorabilidad.
-Prefiero hacerlo con Anthony como iba a ser desde un principio… ¡Pero eso también es una blasfemia. Él es mi tio….!
-No. No lo es. Alice no es hija de los Cullen. Tú, hija mia, sufriste el mismo castigo que tu madre. Los Cullen la recogieron a muy temprana edad. Tanta que ninguno de sus supuestos hermanos se acuerdan de ello. No te liga ningún lazo de sangre a ellos. No hay problema por eso; no sufras. Te casaras entonces con el hermano que tú quieras….si eso te hace feliz.
Bella volvió a sentarse y suspiró.
No existía el pecado ni la aberración…
-Prefiero que sea Anthony…él es dulce y tierno…no tiene nada que ver con Edward. Él es…
Su padre la interrumpió.
-Sé de sobras como es ese muchacho. Es un apasionado y ha hecho de su vida una lanza en pos mio y de mi supuesto secuestro a tu madre. Gracias a Dios todo eso ha sido ya aclarado.
-No entiendo…
-Mandaré llamar a Anthony mañana. Hablaré con él y dejaremos a Edward fuera de esto. La verdad es que se lo merece…
Un lacayo entró y le susurró algo a Jacob en el oído; el hombre se levantó y limpió su boca finamente con una servilleta de hilo blanco.
-Desayuna hija mía. Debo salir….problemas….familiares….
Continuará…
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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martes, 12 de julio de 2011
lunes, 13 de junio de 2011
Prisionera Del Deseo
PRISIONERA DEL DESEO.
- El amor es egoísta y quiero a Isabella y a mi hijo ;para mi.
-¿Tú…hijo?.- las palabras apenas brotaron de los labios de Edward.
-Si. Mi hijo. El niño que ha entrado en brazos de la criada; es hijo de Bella y mio.
Edward sintió como si le hubiesen sacado el corazón de cuajo.
-No sabia que…
Anthony rió con sarcasmo.
-Tú que vas a saber. Siempre te has preocupado de ti mismo y de tus estúpidas venganzas…ahora que sabes que Black es el padre de mi esposa; te agradecería que lo dejases tranquilo…
-Anthony…no lo entiendes…tú no puedes casarte con Isabella…- susurró Edward.
-¿Quién lo va a impedir?.- le preguntó su hermano alzando una ceja burlon.
-La sangre, lo impide hermano. La sangre.
Anthony, abandonó su expresión burlona y se mordió el labio con impaciencia.
-Sueltalo Edward. Sueltalo ya.
-Anthony….Bella es nuestra sobrina…es hija de Alice…..
………………………………………………………………………………………………………………………………….
El rostro de Anthony se endureció y su brazo derecho se alzó para ensartar a su gemelo un puñetazo en el rostro.
Edward lo paró antes de que llegara y le retorció el brazo detrás de su espalda.
-No hagas tonterías; hermano. ¿Crees que hubiera venido aquí para reventarte tu boda? No tengo mas remedio que hacerlo. Ella lleva nuestra sangre. Es una Cullen….No puedes hacerla tu esposa; demasiado aberrante es el hecho que hayas tenido un hijo con ella….
-¡Maldito! ¡Suéltame! .- Edward lo empujó. Y Anthony fue hacia él , veloz y lo apresó de las solapas de la guerrera.- -¿Tú , precisamente me vas a dar clases de moralidad? ¿Tú, que la hiciste tuya por el miedo a que una amante hablase demasiado? ¡No blasmefes Edward! Me casaré con Bella. La amo.
Edward empujó a su hermano y miró hacia el túnel de la pequeña ermita.
Gran parte de los invitados los contemplaban; con el rostro horrorizado. Mas tarde daría gracias a Dios de que ninguno de ellos hubiese escuchado;la disputa de ambos hermanos.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………..
En la pequeña sacristía de la ermita de la Abadía de Carfax; se hallaba una Isabella nerviosa y titubeante. El hombre maduro que la miraba con una expresión indescifrable, llevaba mas de media hora sin abrir la boca.
Habia pedido al sacerdote que le diera unos minutos y éste tiempo se alargaba inconmesurablemente sin que Bella comprendiera la razón.
-Señor….¿Porque ha interrumpido mi enlace? ¿Por qué no puedo desposarme con Anthony?....
Jaco Black parpadeó un par de veces. Su vista nublada: abnegada por las lagrimas, confirmaban que aquella niña que nunca tuvo el placer de conocer; se parecía demasiado a su madre como para ser incierta la información que le habia dado Cullen.
-Soy Jacob Black. ¿Has oído hablar de mí?
Isabella reconoció aquel nombre; pero no supo ubicar donde lo habia oído….extrañamente algo familiar envolvía aquel rostro y ella sintió lastima por aquel hombre con expresión cansada y voz adusta.
-He oído hablar de usted. Pero siento decirle que no sé quien es.
-Soy Presidente en las Cortes.- Black rió.- Aunque creo que eso pronto terminará….- la miró con una sonrisa tierna.- ¿ Isabella Swan? ¿Tú eres Isabella Swan?
Bella sintió un mazazo en el pecho y asintió duditativa.
Queria deshacerse de aquel apellido. Costase lo que costase, era un lastre asqueroso y repugnante . No quería echar la vista a tras.
-Tengo suficiente información sobre ti como para saber quien eres realmente. ¿Quieres escucharme o seguir adelante con esta boda?
Bella se quedó estática y su pulso se aceleró.
¿Informacion, sobre qué? ¿Sobre ella? ¿Sobre sus verdaderos padres?
-Usted….usted…¿sabe de mis orígenes?
Black asintió duramente; sin despegar sus ojos de los de ella.
Bella, se quitó el velo ; siseando palabras sin sentido y se frotó las manos nerviosamente.
-No te culpo si no sabes lo que dedicir. Saber de tu pasado, de lo que eres o seguir con una nueva vida en lo que todo esta por ver…tú decides…
Aprisionó su labio inferior entre sus dientes y Black se acercó a ella lentamente para acariciarle la mejilla.
-Me recuerdas mucho a tu madre….el blanco cutis, esa manera de frotarte las manos cuando algo te pone incómodamente nerviosa y esa ansiedad indisimulada; apresando entre los dientes tu labio inferior….Eres igual que Alice…..
Bella dejó de respirar…
-¿Alice?
-Si; tu madre se llamaba Alice. ¿Quieres saber mas?....Esto no va a tener vuelta atrás. Si deseas saber todo lo que he venido a decirte cambiará tu vida…..y la de tu hijo.
-¿Cómo?
Bella se sintió intimidada. ¿Quién era aquel hombre? ¿Y como sabia tanto de su vida? Sin duda algún tipo de parentesco debia de unirlo a ella. Si no, era inexplicable toda aquella argumentación…Y su hijo. ¿Cómo sabia de su hijo?
-El niño que llevaba la criada morena entre sus brazos. Es tu hijo. Contestame solo una pregunta y la verdad se abrirá ante ti como un libro abierto. ¿Quién es el padre de ese niño?
¿Anthony? O…..¿El demonio de Edward Cullen?
Un escalofrio recorrió la espina dorsal de Bella y apoyó una de sus blancas manos en su frente.
Anthony habia sido bueno y atento con ella. Le procesaba todo tipo de gratitud; pero ante lo que se abría ante ella, él no tenia ningún valor. Era su vida. El saber de sus orígenes y poder mirar a alguien al rostro y no avergonzase de no saber quien era….
-Esta bien. No me casaré. – Enfrentó su mirada.- El niño no es de Anthony.
Black ahogó un rugido y quiso tener al muchacho de cabellos cobrizos a su frente para asestarle una buena tunda de ostias.
No habia sido bastante haber abusado de ella; si no que habia engendrado un hijo…Un hijo que él, creía de su hermano….seguro. Rió mentalmente ante aquello.
-¿Debo de suponer entonces que es de Edward?
Bella quiso zafarse de la situación.
-Yo señor…no veo que tiene que ver mi hijo en todo esto…en realidad esto solo incumbe a mi persona..
-No, también me incumbe a mi.
-¿A usted?
Los ojos de Bella se abrieron como platos. Una anticipación maravillosa se abría paso entorno a ella…¿Quizas aquel hombre…..?
-Si. –Jacob comenzó a caminar alrededor suyo. Mareándola.- Salgamos de aquí. Dile a tu doncella que coja mi carruaje y te lleve a la casa de Cullen. Recoge todas tus pertenencias y las de tu hijo. Vamos a mi villa. No quiero dar que hablar mas , a esas estúpidas cotorras de alta sociedad. Vamos Bella.
-Pero yo no me puedo marchar así como así con usted. Al menos digame lo que me une a usted para irme con los ojos cerrados. ¡Se lo suplico!
Black llevó sus dos manos a la mejilla de la joven y se acercó suavemente para darle un beso tierno y lento en su frente.
-Bella, vida mía. Soy tu padre.
Bella oyó correr su sangre veloz hacia su cabeza. Intentando asimilar aquella información. Un zumbido hizo presa a ella y entonces todo se volvió negro a su alrededor.
Su ultima sensación: Los brazos fuertes de alguien y su voz cálida y afectiva.
-Ahora todo está bien; hija mía. Ahora todo está bien…..
…………………………………………………………………………………………………………………………………………
Al ver salir a Jacob Black de la sacristía con Isabella Swan en sus brazos; mas de uno se santiguó. El hombre , habló unas palabras con la muchacha que tenia pequeño retoño entre sus brazos y Angela los siguió con cara de asombro.
Edward y Antony; lejos de mantener una actitud civilizada; se miraban con tanto odio que a Black se le olvidó por unos momentos que tenia entre sus brazos a su hija.
-¿Dónde demonios se lleva a mi prometida?.- masculló Anthony; acercándose a él.- ¿Qué le ha ocurrido?.- Sus ojos interrogantes volaron hacia los de Black.
Fue la voz de Edward la que despejó todas las sospechas.
-Se lo ha dicho. Le ha dicho que él es su padre, Anthony.
-¡Como ha podido! ¡ Ella hubiera llevado una vida tranquila junto a mí! ¡No tenia derecho a arrebatármela después de todo este tiempo!..
-Anthony Cullen. Ella ha elegido. Su identidad; por esta farsa que no la llevará a ningún lado. Ella no te ama; de sobras lo sabes…no me hagas hablar más…..porque dudo que te convenga.
El brazo fuerte y atlético de Edward agarró el del Anthony desde la espalda.
-¿Qué es eso de que no te ama? ¿Acaso no le has engendrado un hijo?
Los ojos de Anthony bajaron a los adoquines de piedra y los de Edward viajaron hasta la doncella que cubría con una mantita un bulto en su interior.
Apartó a su hermano con asco y dio dos breves zancadas hacia el bebé que yacía en los brazos de Angela. Desatapó el suave tejido y dio dos pasos hacia atrás.
Aquel niño era demasiado parecido a Anthony…a él….
-No tengo tiempo para peleas de familia; Edward. Me llevo a mi hija y a mi nieto. Ya tendras noticias mias. Muy pronto.
-No entiendo.- sentenció Edward con la mandibula apretada.- Seria justo si no volviese a verla….
-Sin duda para mí lo sería….Pero no lo es. Debemos de hablar muchas cosas. Entre ellas el apellido de mi nieto.
-Es un Cullen por supuesto.- increpó Anthony adelantándose a su hermano.
-Mi nieto es un Cullen; por supuesto. Pero esa información deberas de abanderarla tú…Anthony; si no quieres que yo lo haga por ti…..
El rostro de Anthony se quedó livido.
Hacia pocas horas que habia amanecido creyendo que iba a ser el hombre mas feliz del mundo junto a la mujer que amaba.
Y ahora todo se le escapaba como arena entre sus manos.
Se volvió para encarar a su hermano y lo odió con todas sus fuerzas. Tantas que quiso verlo morir en aquel mismo instante.
Debia de decirle a Edward que el hijo que habia nacido de Isabella era de él; que él lo habia engendrado…..y aquello era peor que la muerte.
La masa ingente que atestaba la ermita comenzaba a salir conmocionada y entre murmullos decadentes.
-Anthony….- la voz de Edward era tensa y estaba llena de interrogantes.- ¿Qué ha querido decir Black?
Anthony miró a su hermano con detenimiento y le sonrió fingidamente.
- Vayamos a mi casa. Esta conversación la debemos mantener en privado. Hermano.
Edward miró a su hermano a hurtadillas y hechó mano a la pequeña daga que siempre lo acompañaba. Algo le decía que Anthony en aquellos momentos no era su hermano…si no; su mas ferreo y mortal enemigo.
Continuará…..
- El amor es egoísta y quiero a Isabella y a mi hijo ;para mi.
-¿Tú…hijo?.- las palabras apenas brotaron de los labios de Edward.
-Si. Mi hijo. El niño que ha entrado en brazos de la criada; es hijo de Bella y mio.
Edward sintió como si le hubiesen sacado el corazón de cuajo.
-No sabia que…
Anthony rió con sarcasmo.
-Tú que vas a saber. Siempre te has preocupado de ti mismo y de tus estúpidas venganzas…ahora que sabes que Black es el padre de mi esposa; te agradecería que lo dejases tranquilo…
-Anthony…no lo entiendes…tú no puedes casarte con Isabella…- susurró Edward.
-¿Quién lo va a impedir?.- le preguntó su hermano alzando una ceja burlon.
-La sangre, lo impide hermano. La sangre.
Anthony, abandonó su expresión burlona y se mordió el labio con impaciencia.
-Sueltalo Edward. Sueltalo ya.
-Anthony….Bella es nuestra sobrina…es hija de Alice…..
………………………………………………………………………………………………………………………………….
El rostro de Anthony se endureció y su brazo derecho se alzó para ensartar a su gemelo un puñetazo en el rostro.
Edward lo paró antes de que llegara y le retorció el brazo detrás de su espalda.
-No hagas tonterías; hermano. ¿Crees que hubiera venido aquí para reventarte tu boda? No tengo mas remedio que hacerlo. Ella lleva nuestra sangre. Es una Cullen….No puedes hacerla tu esposa; demasiado aberrante es el hecho que hayas tenido un hijo con ella….
-¡Maldito! ¡Suéltame! .- Edward lo empujó. Y Anthony fue hacia él , veloz y lo apresó de las solapas de la guerrera.- -¿Tú , precisamente me vas a dar clases de moralidad? ¿Tú, que la hiciste tuya por el miedo a que una amante hablase demasiado? ¡No blasmefes Edward! Me casaré con Bella. La amo.
Edward empujó a su hermano y miró hacia el túnel de la pequeña ermita.
Gran parte de los invitados los contemplaban; con el rostro horrorizado. Mas tarde daría gracias a Dios de que ninguno de ellos hubiese escuchado;la disputa de ambos hermanos.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………..
En la pequeña sacristía de la ermita de la Abadía de Carfax; se hallaba una Isabella nerviosa y titubeante. El hombre maduro que la miraba con una expresión indescifrable, llevaba mas de media hora sin abrir la boca.
Habia pedido al sacerdote que le diera unos minutos y éste tiempo se alargaba inconmesurablemente sin que Bella comprendiera la razón.
-Señor….¿Porque ha interrumpido mi enlace? ¿Por qué no puedo desposarme con Anthony?....
Jaco Black parpadeó un par de veces. Su vista nublada: abnegada por las lagrimas, confirmaban que aquella niña que nunca tuvo el placer de conocer; se parecía demasiado a su madre como para ser incierta la información que le habia dado Cullen.
-Soy Jacob Black. ¿Has oído hablar de mí?
Isabella reconoció aquel nombre; pero no supo ubicar donde lo habia oído….extrañamente algo familiar envolvía aquel rostro y ella sintió lastima por aquel hombre con expresión cansada y voz adusta.
-He oído hablar de usted. Pero siento decirle que no sé quien es.
-Soy Presidente en las Cortes.- Black rió.- Aunque creo que eso pronto terminará….- la miró con una sonrisa tierna.- ¿ Isabella Swan? ¿Tú eres Isabella Swan?
Bella sintió un mazazo en el pecho y asintió duditativa.
Queria deshacerse de aquel apellido. Costase lo que costase, era un lastre asqueroso y repugnante . No quería echar la vista a tras.
-Tengo suficiente información sobre ti como para saber quien eres realmente. ¿Quieres escucharme o seguir adelante con esta boda?
Bella se quedó estática y su pulso se aceleró.
¿Informacion, sobre qué? ¿Sobre ella? ¿Sobre sus verdaderos padres?
-Usted….usted…¿sabe de mis orígenes?
Black asintió duramente; sin despegar sus ojos de los de ella.
Bella, se quitó el velo ; siseando palabras sin sentido y se frotó las manos nerviosamente.
-No te culpo si no sabes lo que dedicir. Saber de tu pasado, de lo que eres o seguir con una nueva vida en lo que todo esta por ver…tú decides…
Aprisionó su labio inferior entre sus dientes y Black se acercó a ella lentamente para acariciarle la mejilla.
-Me recuerdas mucho a tu madre….el blanco cutis, esa manera de frotarte las manos cuando algo te pone incómodamente nerviosa y esa ansiedad indisimulada; apresando entre los dientes tu labio inferior….Eres igual que Alice…..
Bella dejó de respirar…
-¿Alice?
-Si; tu madre se llamaba Alice. ¿Quieres saber mas?....Esto no va a tener vuelta atrás. Si deseas saber todo lo que he venido a decirte cambiará tu vida…..y la de tu hijo.
-¿Cómo?
Bella se sintió intimidada. ¿Quién era aquel hombre? ¿Y como sabia tanto de su vida? Sin duda algún tipo de parentesco debia de unirlo a ella. Si no, era inexplicable toda aquella argumentación…Y su hijo. ¿Cómo sabia de su hijo?
-El niño que llevaba la criada morena entre sus brazos. Es tu hijo. Contestame solo una pregunta y la verdad se abrirá ante ti como un libro abierto. ¿Quién es el padre de ese niño?
¿Anthony? O…..¿El demonio de Edward Cullen?
Un escalofrio recorrió la espina dorsal de Bella y apoyó una de sus blancas manos en su frente.
Anthony habia sido bueno y atento con ella. Le procesaba todo tipo de gratitud; pero ante lo que se abría ante ella, él no tenia ningún valor. Era su vida. El saber de sus orígenes y poder mirar a alguien al rostro y no avergonzase de no saber quien era….
-Esta bien. No me casaré. – Enfrentó su mirada.- El niño no es de Anthony.
Black ahogó un rugido y quiso tener al muchacho de cabellos cobrizos a su frente para asestarle una buena tunda de ostias.
No habia sido bastante haber abusado de ella; si no que habia engendrado un hijo…Un hijo que él, creía de su hermano….seguro. Rió mentalmente ante aquello.
-¿Debo de suponer entonces que es de Edward?
Bella quiso zafarse de la situación.
-Yo señor…no veo que tiene que ver mi hijo en todo esto…en realidad esto solo incumbe a mi persona..
-No, también me incumbe a mi.
-¿A usted?
Los ojos de Bella se abrieron como platos. Una anticipación maravillosa se abría paso entorno a ella…¿Quizas aquel hombre…..?
-Si. –Jacob comenzó a caminar alrededor suyo. Mareándola.- Salgamos de aquí. Dile a tu doncella que coja mi carruaje y te lleve a la casa de Cullen. Recoge todas tus pertenencias y las de tu hijo. Vamos a mi villa. No quiero dar que hablar mas , a esas estúpidas cotorras de alta sociedad. Vamos Bella.
-Pero yo no me puedo marchar así como así con usted. Al menos digame lo que me une a usted para irme con los ojos cerrados. ¡Se lo suplico!
Black llevó sus dos manos a la mejilla de la joven y se acercó suavemente para darle un beso tierno y lento en su frente.
-Bella, vida mía. Soy tu padre.
Bella oyó correr su sangre veloz hacia su cabeza. Intentando asimilar aquella información. Un zumbido hizo presa a ella y entonces todo se volvió negro a su alrededor.
Su ultima sensación: Los brazos fuertes de alguien y su voz cálida y afectiva.
-Ahora todo está bien; hija mía. Ahora todo está bien…..
…………………………………………………………………………………………………………………………………………
Al ver salir a Jacob Black de la sacristía con Isabella Swan en sus brazos; mas de uno se santiguó. El hombre , habló unas palabras con la muchacha que tenia pequeño retoño entre sus brazos y Angela los siguió con cara de asombro.
Edward y Antony; lejos de mantener una actitud civilizada; se miraban con tanto odio que a Black se le olvidó por unos momentos que tenia entre sus brazos a su hija.
-¿Dónde demonios se lleva a mi prometida?.- masculló Anthony; acercándose a él.- ¿Qué le ha ocurrido?.- Sus ojos interrogantes volaron hacia los de Black.
Fue la voz de Edward la que despejó todas las sospechas.
-Se lo ha dicho. Le ha dicho que él es su padre, Anthony.
-¡Como ha podido! ¡ Ella hubiera llevado una vida tranquila junto a mí! ¡No tenia derecho a arrebatármela después de todo este tiempo!..
-Anthony Cullen. Ella ha elegido. Su identidad; por esta farsa que no la llevará a ningún lado. Ella no te ama; de sobras lo sabes…no me hagas hablar más…..porque dudo que te convenga.
El brazo fuerte y atlético de Edward agarró el del Anthony desde la espalda.
-¿Qué es eso de que no te ama? ¿Acaso no le has engendrado un hijo?
Los ojos de Anthony bajaron a los adoquines de piedra y los de Edward viajaron hasta la doncella que cubría con una mantita un bulto en su interior.
Apartó a su hermano con asco y dio dos breves zancadas hacia el bebé que yacía en los brazos de Angela. Desatapó el suave tejido y dio dos pasos hacia atrás.
Aquel niño era demasiado parecido a Anthony…a él….
-No tengo tiempo para peleas de familia; Edward. Me llevo a mi hija y a mi nieto. Ya tendras noticias mias. Muy pronto.
-No entiendo.- sentenció Edward con la mandibula apretada.- Seria justo si no volviese a verla….
-Sin duda para mí lo sería….Pero no lo es. Debemos de hablar muchas cosas. Entre ellas el apellido de mi nieto.
-Es un Cullen por supuesto.- increpó Anthony adelantándose a su hermano.
-Mi nieto es un Cullen; por supuesto. Pero esa información deberas de abanderarla tú…Anthony; si no quieres que yo lo haga por ti…..
El rostro de Anthony se quedó livido.
Hacia pocas horas que habia amanecido creyendo que iba a ser el hombre mas feliz del mundo junto a la mujer que amaba.
Y ahora todo se le escapaba como arena entre sus manos.
Se volvió para encarar a su hermano y lo odió con todas sus fuerzas. Tantas que quiso verlo morir en aquel mismo instante.
Debia de decirle a Edward que el hijo que habia nacido de Isabella era de él; que él lo habia engendrado…..y aquello era peor que la muerte.
La masa ingente que atestaba la ermita comenzaba a salir conmocionada y entre murmullos decadentes.
-Anthony….- la voz de Edward era tensa y estaba llena de interrogantes.- ¿Qué ha querido decir Black?
Anthony miró a su hermano con detenimiento y le sonrió fingidamente.
- Vayamos a mi casa. Esta conversación la debemos mantener en privado. Hermano.
Edward miró a su hermano a hurtadillas y hechó mano a la pequeña daga que siempre lo acompañaba. Algo le decía que Anthony en aquellos momentos no era su hermano…si no; su mas ferreo y mortal enemigo.
Continuará…..
viernes, 13 de mayo de 2011
Prisionera Del Deseo
Estaba realmente feliz por Anthony, estaría mas tranquilo sabiendo que habia una persona que se encargaría de él; para siempre.
-Mira Cullen. Tu futura cuñada.- el hombre que habia a su lado; se elevó los anteojos y se relamió satisfecho. – OH… una belleza; sin duda. Su hermano es un hombre con suerte.
Edward, achicó los ojos.
El sol hacia de la figura de la mujer, una presencia fantasmal.
Conforme ella se fue acercando, el corazón se le encogió como una ciruela pasa.
¡Era Isabella!
Aquella por la que habia viajado hasta el confin del mundo…inclusive hasta Jacob Black…su acérrimo enemigo y padre de ésta….
PRISIONERA DEL DESEO
Capitulo 11.
El dia habia despertado magnifico.
Bella; aún con nervios al bajar del carruaje; se desprendió del velo que se le pegaba a los labios.
Caminó con paso inseguro; sabiendo que en gran medida todos los asistentes de la ceremonia, estarían ya dentro de la ermita.
Suspiró con resignación ante aquel hecho y sonrió para sus adentros intentando convencerse a si misma, que aquella al fin y al cabo, era la mejor opción.
Angela Weber caminaba a su lado; llevando a su pequeño retoño en los brazos.
Habia sido un año duro; sobre todo por todo, lo que tuvo que soportar durante su gestación.
Si mal estaba; ser soltera y embarazada; peor aun lo era, vivir en casa de un hombre al que todo Carfax lo clamaba como su amante.
Anthony….
Habia sido tan bueno…amable…
Podia haberse deshecho de ella en el mismo momento que supo de su estado. Pero no; la colmó de cariño y al nacer su hijo, se portó como si hubiera sido propio.
Aquello habia pasado justo tres meses antes.
Isabella intuía que Anthony habia terminado enamorándose de ella; puesto que se desvivía con ella de una manera; que solo podia hacerlo un enamorado.
Y en cuanto a los rumores…
No habia porqué temerles…el niño era la viva imagen de su padre; el gemelo de Anthony: Edward. Ósea que estaba claro, para las lenguas viperinas. Anthony era el padre de su hijo.
Despues de una declaración delicada y tierna; Bella no pudo decir que no, a aquel hombre. Habia hecho tanto por ella…
Pero como le habia dicho días antes del matrimonio…tendría que darle tiempo para poder llegar a amarlo.
Estaba agradecida con él y lo amaba; pero no como se aman un hombre y una mujer.
Su corazón estaba cargado de odio en contra de Jessica Swan, de los Swan y de Edward Cullen; sobre todo de éste último.
Si nunca se hubiera puesto en su camino; quizás ella podia vivir en la ignoracia de saber que toda su vida habia sido una farsa.
-¿Bella?.- la voz de Angela; la hizo volver a la realidad y la miró a traves del velo blanco.
-¿Si?
-Mira a ese hombre.- Bella siguió la mirada de Angela y se topó con la firme mirada de Edward Cullen.
Un jadeo involuntario abandonó sus labios.
Allí estaba él.
Habia tenido la esperanza que no hiciese acto de presencia en su enlace.
Mientras caminaba hacia la ermita; pasó a su lado y notó como se ruborizaba cuando pasó justo a su lado.
Eran tan iguales…pero tan distintos…
Edward parecía un caballo salvaje, indómito …
Anthony era tierno, bondadoso, dulce…no habia suficientes calificativos para aquel hombre que en breves minutos iba a ser su esposo.
Al entrar por el umbral de la ermita volvió a suspirar y la marcha nupcial comenzó a sonar….el momento habia llegado; cuando volviese a salir de allí. Seria la señora Cullen.
Edward se habia quedado sin palabras.
Isabella, Bella…ella se casaba con Anthony…
Despues de haber vuelto a buscarla a casa de los Swan, se habia vuelto loco cuando Jessica le dijo que la habia echado y que no tenia ni idea de donde habia ido a parar.
Pero nunca pensó…que su hermano se habia hecho cargo de ella.
Tan lejos y tan cerca a la vez.
Habia viajado hacia la capital en varias ocasiones para tratar de entrevistarse con Jacob Black y darle a conocer la existencia de esa hija de la que él no tenia ni idea.
Claro que era facil suponer que aquel patán no quisiera atenderlo.
Habia intentado tantas argucias con él, que el hombre no quería tenerlo por sus alrededores.
Y eso sin contar con el descubrimiento que habia hecho.
Alice habia muerto.
Su enfermedad mental habia podido con ella y se habia tirado de una de las habitaciones del hospital donde estaba ingresada.
Anthony habia acudido al sepelio; pero nunca habían referido a Isabella ninguno de los dos.
Poco después; la entrevista con Jacob Black no se demoró mucho mas, y Edward se dio cuenta que, aunque vendida por el padre de ambos; al final su hermana habia acabado amando a Black.
Black estaba desolado ante la perdida de Alice y permitió a Edward la entrevista esperada.
Sin duda Edward se redimió de alguna manera con aquel tipo. Habia sufrido tanto por la enfermedad de Alice que parecía haber pasado mas de 30 años por él desde la ultima vez que lo vió.
Jacob Black debia de tener alrededor de 45 años y parecía una hombre de sesenta; el sufrimiento habia hecho mella en él.
Flash Back.
-Tienes diez minutos Cullen. No tengo ganas de nada. Acabo de enterrar a mi esposa.- El hombre se habia dejado descansar en una silla otomana; y se llevaba una de sus manos a la frente.
-Yo también he enterrado a mi hermana señor. A aquella que usted se llevó sin contemplaciones; cuando yo tenia 5 años.
Jacob dejó caer su mano arrugada; sobre su regazo.
-Yo amaba a Alice; siempre la amé. Desde el primer dia que la ví…
-Pero…
-Nada de peros, muchacho. Tú sabes, lo que te han querido contar. Tu madre y tu padre nunca hicieron ascos al dinero y dado el caso que tu hermana era menor de edad, ellos digamos ,que vendieron a tu hermana para que yo pudiese hacerla mi esposa..
-Pero Alice….
-Alice también me amaba…¿acaso lo dudas?.- Black se levantó de la silla acercándose lentamente hacia Edward.
-¿Y su enfermedad? Mi madre me confesó que la enfermedad de Alice era clara consecuencia de su vivencia infernal contigo.
Black miró a su cuñado a los ojos ; con expresión fría. Sus ojos parecían dos carbones ardiendo. Estaba indignado.
Pero de pronto; una sombra de tristeza empañó sus ojos.
-¿Eso es lo que te dijeron? ¿Por eso es que has tratado de encontrar algo turbio en mi vida, verdad? Por eso me has mandado tus espias, has tratado de darme caza de una manera o de otra, haciendo que mis portavoces en el gobierno cantaran en esa gruta que tiene del placer y la depravación ..verdad Edward?
Edward se asombró por cuanto sabía.
-Recuerdo a mi hermana alegre, vivaracha. Habia una luz delicada en aquellos ojos marrones….despues de su marcha; todo cambió.
-Si. Pero te aseguro que no fue por mi culpa. ¿Sabes que antes que tú hubo otros? Otros que quisieron hacerme saltar del poder…y utilizaron a la persona que mas amaba para lacerarme…aunque aún y así, no lo consiguieron.
Edward no estaba preparado para tanta información y buscó una silla a tientas y se sentó.
-Alice se quedó embarazada. Eramos tan felices. Un hijo, un hijo de los dos. Aquella época la recuerdo como la mejor de mi vida. Ella llena de vitalidad, con su vientre hinchado y su rostro perfecto de rosa. Me marché un mes antes de la fecha señalada para el parto; y cuando volví, Alice habia perdido la razón y mecía a una muñeca entre sus brazos.
Edward notó como se le paraba el corazón y entonces comprendió todo; de un solo golpe….
-Nos arrebataron a nuestra hija…en un momento…mientras Alice regateaba con un librero, en una feria de la plaza. Se la quitaron a la nana de entre los brazos; huyendo y dejando a mi esposa con el corazón roto.
Edward envarado y con lagrimas recorriéndole las mejillas; pensaba en todo lo que habia hecho, en contra de aquel hombre y asqueado…también recordó las palabras de Jessica Swan…”Es una Black. Isabella es una Black”.
Edward se levantó de la silla y agarró de las solapas a su cuñado con el rostro roto de dolor.
-¿Qué edad debería tener ahora mi sobrina?- farfulló con un dolor lacerante.
-19 años. Mi hija tendría 19 años.
Edward jadeó y se dio la vuelta con furia.
-Tengo una información que creo que te interesará saber…
Black, abrió los ojos y caminó dos pasos hacia Edward.
-¿Qué clase de información; Cullen?
-Tu hija…mi sobrina….sé quien es.
Black se echó una mano a la cabeza y dio breve traspié. Edward lo agarró y lo llevó hacia un diván para que se recostara.
-Muchacho…- le dijo.- ¿Quieres matarme? ¿De una manera u otra verdad? ¿Qué insolencia es esa….?
-En serio Black..alguien,,alguien me dio esa información…se llama Isabella y ha vivido creyendo ser una Swan. ..
Black se enderezó y juntó sus cejas con aire preocupado.
-¿Quién te dijo que esa muchacha era una Black?
-Mi ex amante.
Jacob Black; sabia de la reputación del hermano de Alice y le dio un retortijón en el estomago.
-¿Y a cuenta de qué te dijo que esa chica…mi hija era una Black?
-Estaba celosa.-mintió Edward.
-¿De mi hija? ¿Pues que clase de relaccion te ha unido a ella, maldito Cullen?
Cuando Edward Cullen contó lo que habia hecho con Bella; Jacob Black lo mando al calabozo de cabeza. Le importó un pimiento que fuese el hermano de su difunta esposa…habia mancillado el honor de su desaparecida hija Isabella..aquella niña que ni si quiera pudo ver entre los brazos de su madre.
Fin del Flash Back.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
La boda estaba a punto de finalizar y Isabella se hallaba en un estado de nerviosismo intolerable.
Anthony la miraba inquieto y ésta le sonreía ; detrás del velo que envolvía sus bonitas facciones.
Oyó el llanto de su hijo y los susurros de la gente,y unos pasos ágiles que avanzaban detrás de ella.
-¡Esta boda no se puede llevar a cabo!.- gritó alguien.
Isabella se giró con el horror pintado en su rostro y vió a un hombre maduro que caminaba hacia el pulpito para parar el acto que allí acontecía.
-Señor Black, es un placer…pero no entendemos…estos muchachos..- el sacerdote; no sabia que decir ni que hacer. Aquello se estaba volviendo una locura.
-Muchacho.- le dijo Jacob, a Anthony con una mirada triste.- Dejame hablar con ella; es vital. Por favor.
Anthony asintió y miró a Isabella con vehemencia.
Avanzando por el largo pasillo en direccion a la calle; su mirada se fijó en su gemelo, que se hallaba livido,ante su escrutinio.
Edward caminó tras él y una vez en al aire libre y solos; quiso cogerlo del brazo.
-¡No me toques!.- le gritó Anthony.
-Hermano…
-¿Has sido tu…has sido tú el que ha formado toda esta pantomima?
Edward hizo un gesto mordaz y miró a su hermano con solemnidad.
-Isabella es hija de Jacob Black.
-Lo sé.- espetó Anthony.
Edward abrió mucho los ojos asombrado.
-¿Lo sabes…desde cuando?
-Cuando me llevé a Bella de tu casa; volvió a casa de su cuñada. Allí la maldita de Jessica Swan la echó como a una cualquiera y le desveló el secreto de su vida….
-¿Ella sabe que Black….?
-No..no lo sabe.
-¿Y tú no pensabas decírselo?.- le gruñó Edward.
-No. Era mejor asi.
-No te creía capaz de eso Anthony.- susurró su gemelo algo descompuesto.
- El amor es egoísta y quiero a Isabella y a mi hijo ;para mi.
-¿Tú…hijo?.- las palabras apenas brotaron de los labios de Edward.
-Si. Mi hijo. El niño que ha entrado en brazos de la criada; es hijo de Bella y mio.
Edward sintió como si le hubiesen sacado el corazón de cuajo.
-No sabia que…
Anthony rió con sarcasmo.
-Tú que vas a saber. Siempre te has preocupado de ti mismo y de tus estúpidas venganzas…ahora que sabes que Black es el padre de mi esposa; te agradecería que lo dejases tranquilo…
-Anthony…no lo entiendes…tú no puedes casarte con Isabella…- susurró Edward.
-¿Quién lo va a impedir?.- le preguntó su hermano alzando una ceja burlon.
-La sangre, lo impide hermano. La sangre.
Anthony, abandonó su expresión burlona y se mordió el labio con impaciencia.
-Sueltalo Edward. Sueltalo ya.
-Anthony….Bella es nuestra sobrina…es hija de Alice…..
Continuará…..
¿Qué les pareció??
Les gusto??
-Mira Cullen. Tu futura cuñada.- el hombre que habia a su lado; se elevó los anteojos y se relamió satisfecho. – OH… una belleza; sin duda. Su hermano es un hombre con suerte.
Edward, achicó los ojos.
El sol hacia de la figura de la mujer, una presencia fantasmal.
Conforme ella se fue acercando, el corazón se le encogió como una ciruela pasa.
¡Era Isabella!
Aquella por la que habia viajado hasta el confin del mundo…inclusive hasta Jacob Black…su acérrimo enemigo y padre de ésta….
PRISIONERA DEL DESEO
Capitulo 11.
El dia habia despertado magnifico.
Bella; aún con nervios al bajar del carruaje; se desprendió del velo que se le pegaba a los labios.
Caminó con paso inseguro; sabiendo que en gran medida todos los asistentes de la ceremonia, estarían ya dentro de la ermita.
Suspiró con resignación ante aquel hecho y sonrió para sus adentros intentando convencerse a si misma, que aquella al fin y al cabo, era la mejor opción.
Angela Weber caminaba a su lado; llevando a su pequeño retoño en los brazos.
Habia sido un año duro; sobre todo por todo, lo que tuvo que soportar durante su gestación.
Si mal estaba; ser soltera y embarazada; peor aun lo era, vivir en casa de un hombre al que todo Carfax lo clamaba como su amante.
Anthony….
Habia sido tan bueno…amable…
Podia haberse deshecho de ella en el mismo momento que supo de su estado. Pero no; la colmó de cariño y al nacer su hijo, se portó como si hubiera sido propio.
Aquello habia pasado justo tres meses antes.
Isabella intuía que Anthony habia terminado enamorándose de ella; puesto que se desvivía con ella de una manera; que solo podia hacerlo un enamorado.
Y en cuanto a los rumores…
No habia porqué temerles…el niño era la viva imagen de su padre; el gemelo de Anthony: Edward. Ósea que estaba claro, para las lenguas viperinas. Anthony era el padre de su hijo.
Despues de una declaración delicada y tierna; Bella no pudo decir que no, a aquel hombre. Habia hecho tanto por ella…
Pero como le habia dicho días antes del matrimonio…tendría que darle tiempo para poder llegar a amarlo.
Estaba agradecida con él y lo amaba; pero no como se aman un hombre y una mujer.
Su corazón estaba cargado de odio en contra de Jessica Swan, de los Swan y de Edward Cullen; sobre todo de éste último.
Si nunca se hubiera puesto en su camino; quizás ella podia vivir en la ignoracia de saber que toda su vida habia sido una farsa.
-¿Bella?.- la voz de Angela; la hizo volver a la realidad y la miró a traves del velo blanco.
-¿Si?
-Mira a ese hombre.- Bella siguió la mirada de Angela y se topó con la firme mirada de Edward Cullen.
Un jadeo involuntario abandonó sus labios.
Allí estaba él.
Habia tenido la esperanza que no hiciese acto de presencia en su enlace.
Mientras caminaba hacia la ermita; pasó a su lado y notó como se ruborizaba cuando pasó justo a su lado.
Eran tan iguales…pero tan distintos…
Edward parecía un caballo salvaje, indómito …
Anthony era tierno, bondadoso, dulce…no habia suficientes calificativos para aquel hombre que en breves minutos iba a ser su esposo.
Al entrar por el umbral de la ermita volvió a suspirar y la marcha nupcial comenzó a sonar….el momento habia llegado; cuando volviese a salir de allí. Seria la señora Cullen.
Edward se habia quedado sin palabras.
Isabella, Bella…ella se casaba con Anthony…
Despues de haber vuelto a buscarla a casa de los Swan, se habia vuelto loco cuando Jessica le dijo que la habia echado y que no tenia ni idea de donde habia ido a parar.
Pero nunca pensó…que su hermano se habia hecho cargo de ella.
Tan lejos y tan cerca a la vez.
Habia viajado hacia la capital en varias ocasiones para tratar de entrevistarse con Jacob Black y darle a conocer la existencia de esa hija de la que él no tenia ni idea.
Claro que era facil suponer que aquel patán no quisiera atenderlo.
Habia intentado tantas argucias con él, que el hombre no quería tenerlo por sus alrededores.
Y eso sin contar con el descubrimiento que habia hecho.
Alice habia muerto.
Su enfermedad mental habia podido con ella y se habia tirado de una de las habitaciones del hospital donde estaba ingresada.
Anthony habia acudido al sepelio; pero nunca habían referido a Isabella ninguno de los dos.
Poco después; la entrevista con Jacob Black no se demoró mucho mas, y Edward se dio cuenta que, aunque vendida por el padre de ambos; al final su hermana habia acabado amando a Black.
Black estaba desolado ante la perdida de Alice y permitió a Edward la entrevista esperada.
Sin duda Edward se redimió de alguna manera con aquel tipo. Habia sufrido tanto por la enfermedad de Alice que parecía haber pasado mas de 30 años por él desde la ultima vez que lo vió.
Jacob Black debia de tener alrededor de 45 años y parecía una hombre de sesenta; el sufrimiento habia hecho mella en él.
Flash Back.
-Tienes diez minutos Cullen. No tengo ganas de nada. Acabo de enterrar a mi esposa.- El hombre se habia dejado descansar en una silla otomana; y se llevaba una de sus manos a la frente.
-Yo también he enterrado a mi hermana señor. A aquella que usted se llevó sin contemplaciones; cuando yo tenia 5 años.
Jacob dejó caer su mano arrugada; sobre su regazo.
-Yo amaba a Alice; siempre la amé. Desde el primer dia que la ví…
-Pero…
-Nada de peros, muchacho. Tú sabes, lo que te han querido contar. Tu madre y tu padre nunca hicieron ascos al dinero y dado el caso que tu hermana era menor de edad, ellos digamos ,que vendieron a tu hermana para que yo pudiese hacerla mi esposa..
-Pero Alice….
-Alice también me amaba…¿acaso lo dudas?.- Black se levantó de la silla acercándose lentamente hacia Edward.
-¿Y su enfermedad? Mi madre me confesó que la enfermedad de Alice era clara consecuencia de su vivencia infernal contigo.
Black miró a su cuñado a los ojos ; con expresión fría. Sus ojos parecían dos carbones ardiendo. Estaba indignado.
Pero de pronto; una sombra de tristeza empañó sus ojos.
-¿Eso es lo que te dijeron? ¿Por eso es que has tratado de encontrar algo turbio en mi vida, verdad? Por eso me has mandado tus espias, has tratado de darme caza de una manera o de otra, haciendo que mis portavoces en el gobierno cantaran en esa gruta que tiene del placer y la depravación ..verdad Edward?
Edward se asombró por cuanto sabía.
-Recuerdo a mi hermana alegre, vivaracha. Habia una luz delicada en aquellos ojos marrones….despues de su marcha; todo cambió.
-Si. Pero te aseguro que no fue por mi culpa. ¿Sabes que antes que tú hubo otros? Otros que quisieron hacerme saltar del poder…y utilizaron a la persona que mas amaba para lacerarme…aunque aún y así, no lo consiguieron.
Edward no estaba preparado para tanta información y buscó una silla a tientas y se sentó.
-Alice se quedó embarazada. Eramos tan felices. Un hijo, un hijo de los dos. Aquella época la recuerdo como la mejor de mi vida. Ella llena de vitalidad, con su vientre hinchado y su rostro perfecto de rosa. Me marché un mes antes de la fecha señalada para el parto; y cuando volví, Alice habia perdido la razón y mecía a una muñeca entre sus brazos.
Edward notó como se le paraba el corazón y entonces comprendió todo; de un solo golpe….
-Nos arrebataron a nuestra hija…en un momento…mientras Alice regateaba con un librero, en una feria de la plaza. Se la quitaron a la nana de entre los brazos; huyendo y dejando a mi esposa con el corazón roto.
Edward envarado y con lagrimas recorriéndole las mejillas; pensaba en todo lo que habia hecho, en contra de aquel hombre y asqueado…también recordó las palabras de Jessica Swan…”Es una Black. Isabella es una Black”.
Edward se levantó de la silla y agarró de las solapas a su cuñado con el rostro roto de dolor.
-¿Qué edad debería tener ahora mi sobrina?- farfulló con un dolor lacerante.
-19 años. Mi hija tendría 19 años.
Edward jadeó y se dio la vuelta con furia.
-Tengo una información que creo que te interesará saber…
Black, abrió los ojos y caminó dos pasos hacia Edward.
-¿Qué clase de información; Cullen?
-Tu hija…mi sobrina….sé quien es.
Black se echó una mano a la cabeza y dio breve traspié. Edward lo agarró y lo llevó hacia un diván para que se recostara.
-Muchacho…- le dijo.- ¿Quieres matarme? ¿De una manera u otra verdad? ¿Qué insolencia es esa….?
-En serio Black..alguien,,alguien me dio esa información…se llama Isabella y ha vivido creyendo ser una Swan. ..
Black se enderezó y juntó sus cejas con aire preocupado.
-¿Quién te dijo que esa muchacha era una Black?
-Mi ex amante.
Jacob Black; sabia de la reputación del hermano de Alice y le dio un retortijón en el estomago.
-¿Y a cuenta de qué te dijo que esa chica…mi hija era una Black?
-Estaba celosa.-mintió Edward.
-¿De mi hija? ¿Pues que clase de relaccion te ha unido a ella, maldito Cullen?
Cuando Edward Cullen contó lo que habia hecho con Bella; Jacob Black lo mando al calabozo de cabeza. Le importó un pimiento que fuese el hermano de su difunta esposa…habia mancillado el honor de su desaparecida hija Isabella..aquella niña que ni si quiera pudo ver entre los brazos de su madre.
Fin del Flash Back.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
La boda estaba a punto de finalizar y Isabella se hallaba en un estado de nerviosismo intolerable.
Anthony la miraba inquieto y ésta le sonreía ; detrás del velo que envolvía sus bonitas facciones.
Oyó el llanto de su hijo y los susurros de la gente,y unos pasos ágiles que avanzaban detrás de ella.
-¡Esta boda no se puede llevar a cabo!.- gritó alguien.
Isabella se giró con el horror pintado en su rostro y vió a un hombre maduro que caminaba hacia el pulpito para parar el acto que allí acontecía.
-Señor Black, es un placer…pero no entendemos…estos muchachos..- el sacerdote; no sabia que decir ni que hacer. Aquello se estaba volviendo una locura.
-Muchacho.- le dijo Jacob, a Anthony con una mirada triste.- Dejame hablar con ella; es vital. Por favor.
Anthony asintió y miró a Isabella con vehemencia.
Avanzando por el largo pasillo en direccion a la calle; su mirada se fijó en su gemelo, que se hallaba livido,ante su escrutinio.
Edward caminó tras él y una vez en al aire libre y solos; quiso cogerlo del brazo.
-¡No me toques!.- le gritó Anthony.
-Hermano…
-¿Has sido tu…has sido tú el que ha formado toda esta pantomima?
Edward hizo un gesto mordaz y miró a su hermano con solemnidad.
-Isabella es hija de Jacob Black.
-Lo sé.- espetó Anthony.
Edward abrió mucho los ojos asombrado.
-¿Lo sabes…desde cuando?
-Cuando me llevé a Bella de tu casa; volvió a casa de su cuñada. Allí la maldita de Jessica Swan la echó como a una cualquiera y le desveló el secreto de su vida….
-¿Ella sabe que Black….?
-No..no lo sabe.
-¿Y tú no pensabas decírselo?.- le gruñó Edward.
-No. Era mejor asi.
-No te creía capaz de eso Anthony.- susurró su gemelo algo descompuesto.
- El amor es egoísta y quiero a Isabella y a mi hijo ;para mi.
-¿Tú…hijo?.- las palabras apenas brotaron de los labios de Edward.
-Si. Mi hijo. El niño que ha entrado en brazos de la criada; es hijo de Bella y mio.
Edward sintió como si le hubiesen sacado el corazón de cuajo.
-No sabia que…
Anthony rió con sarcasmo.
-Tú que vas a saber. Siempre te has preocupado de ti mismo y de tus estúpidas venganzas…ahora que sabes que Black es el padre de mi esposa; te agradecería que lo dejases tranquilo…
-Anthony…no lo entiendes…tú no puedes casarte con Isabella…- susurró Edward.
-¿Quién lo va a impedir?.- le preguntó su hermano alzando una ceja burlon.
-La sangre, lo impide hermano. La sangre.
Anthony, abandonó su expresión burlona y se mordió el labio con impaciencia.
-Sueltalo Edward. Sueltalo ya.
-Anthony….Bella es nuestra sobrina…es hija de Alice…..
Continuará…..
¿Qué les pareció??
Les gusto??
viernes, 8 de abril de 2011
Prisionera Del Deseo
PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO 10
Bella caminó hacia la habitación de Alice, pasó cerca de él para meterse en pasillo. Lo miró unos segundos y bajó la cabeza, intimidada.
-Te buscaré.- le susurró Edward, alzando un poco las comisura de los labios.
Y ella salió corriendo hacia donde yacían las pocas pertenencias que habia traido a aquella mansión.
¿Qué habia pasado entre los hermanos? Estaba claro que se habían peleado ¿Tan diferentes eran?
EL primero era un demonio ,con ojos verdes. Perturbador
Y el segundo era un angel…un angel, demasiado parecido al demonio…
……………………………………………………………………………………………………………………………………………
El carruaje de Edward Cullen, habia sorteado piedras y lobos antes de llegar a la esplendida casa afincada en la arboleda de los Swan.
Era lo bastante tarde para que los pocos criados que trabajaban en la casa estuviesen acostados y Bella prefirió abrir con su llave el porticón de la parte de atrás.
Anthony Cullen, la seguía sin dirigir palabra alguna.
El transcurso del viaje habia sido muy parecido.
Ella avergonzada.
Y él indignado por la bajeza del hermano y ser cosanguineo de su casta. “Los Cullen”
Antes de girar la llave sobre el porticon, el hombre rozó suavemente el hombro de ella.
-Lady Isabella . Rogaría verla mañana en mejor situación. Una vez descansados. Me urge hablar con usted.
Bella parpadeó suavemente, para recrearse en sus bellas facciones, tan idénticas a las de su gemelo.
-Señor Cullen; no se ofenda, pero no creo que sea lo mas apropiado. Lo único que necesito ahora mismo es olvidar que alguna vez estuve en esa casa y que conocí a su hermano. Es algo que necesito olvidar…
Anthony bajó su mano, de dedos largos y elegantes; para rozar su mejilla, algo maravillado por su textura.
-Déjeme verla. Se lo ruego.
Los ojos verdes de Anthony centellearon y Bella pudo ver un atisbo de nerviosismo en ellos.
Su rostro bello y magullado; era angelical; sabia que podia confiar en aquella mirada que la embargaba.
-Está bien.
-¡Gracias!,- sonrió jubiloso, enseñando una dentadura perfecta y una sonrisa arrebatadora.- No se arrepentirá.
Bella se despidió de Anthony con un leve asentimiento y cerró la puerta sigilosa.
A tientas subió las escaleras que se dirigían a las habitaciones y envaró su cuerpo al oir tras la puerta del dormitorio de su cuñada Jessica, murmullos y jadeos.
Isabella cerró los ojos asqueada y los recuerdos de la gruta y las manos de Edward sobre su cuerpo se volvieron tan reales como si las estuviese viviendo de nuevo.
Sintió un leve mareo y se apoyó delicadamente en la pared.
De repente los murmullos y jadeos pararon y la puerta de la habitación de su cuñada, se abrió con fuerza.
-¿Qué….que significa esto?.- Preguntó Jessica con cara de horror; tapándose el cuerpo con las manos, ya que estaba completamente desnuda.
-Jess.- consiguió decir Isabella, colorada como la grana.- Cullen me ha dejado volver a casa..
-No puedo creerlo…- dijo ella con la mirada perdida en el suelo. Un atisbo de sonrisa triunfante apareció por sus hinchados y enfebrecidos labios.- Si se cansó de ti pronto; cuñadita…la verdad no me soprende. Está acostumbrado a mujeres fogosas, que ardan cuando las toque. Tú eres un tempano de hielo.
-Yo…no sé lo que me estas diciendo; Jess.- Isabella se cruzó los brazos alrededor del pecho; pensó que de un momento a otro se le iba a escapar el corazón.
-Por supuesto que lo sabes. ¿Te hizo suya? Debo recordarte que yo estaba allí y ví ,como se posicionaba en tu cuerpo… No le has servido de mucho; por los visto.- Jessica no podia borrar la sonrisa de satisfaccion.- Isabella…no sé como decirte esto.- dijo con ironía.- Pero no puedo dar cobijo a una mujer de tan baja calaña. No eres un buen ejemplo para mi hijo. Ademas, soy una mujer viuda y debo velar por mi reputación…ya que la tuya está por los suelos.
Bella se echó la mano a la boca horrorizada.
-Pero nadie tiene porque enterarse. No tienen porque….- susurró Bella; presa del horror.
-Querida .- le dijo su cuñada, caminado hacia ella sin tapar ya; sus carnes desnudas.- Todo el mundo sabe que Edward Cullen te ha llevado a la cama. ¿Cómo te crees que se ha roto el compromiso?.- dijo ella, de manera, muy teatral.- No puedo casarme con un hombre al que he pillado en la cama con la mojigata de mi cuñada…..
-¡Eso es mentira! ¡Tú sabes la verdad…!- gritó Isabella, creyendo morir. Estaba perdida.
-¡Calláte, maldita muerta de hambre! Vas a espantar a mi amante….¿o quieres compartir el lecho con nosotros? ¿Te ha enseñado Edward los placeres del sexo?.- Jessica la miró de arriba abajo con repulsión.- Claro; no te ha dado tiempo…Ni para buena ramera vales.
Jessica irguió su cuello y levantó con malicia un lado de sus labios, en una mueca de los mas perturbadora.
-No te quiero en esta casa; Isabella Swan. Eres una pecadora. Has dejado el apellido Swan a la altura del betun. Quiero que salgas de esta casa ahora mismo.
Isabella comenzó a llorar en silencio.
Aquello habia sido un ardid.
Su casa, sus recuerdos; todo seria de Jessica; todo lo que algún dia fue suyo y de su hermano Mike.
Bajó la cabeza, dispuesta a rogar. No tenia donde ir, a quien pedir ayuda.
Clavó una de sus rodillas en el suelo y balbuceó algo entre dientes que Jessica no entendió.
-¿Qué dices?.- preguntó la cuñada , felicitándose por aquella escena.
-Por favor. No me eches de mi casa. La casa de mis padres, de mi hermano….trabajaré en la cocina, de sirvienta…pero por favor, no me eches…no tengo donde ir.
Las carcajadas de Jessica; hicieron que el cuerpo de Bella se estremeciera. Detrás de aquella mirada, habia una clara satisfacción de lo que estaba sucediendo; un odio profundo. Ocultado y alimentado por los años.
-Te voy a contar un pequeño secretillo. Mojigata, puritana.- Jessica la miró con altanería y burla.- Tú no eres hija de Charles Swan. Eres una recogida. No tienes derecho a nada de lo que hay aquí. Todo esto es de mi hijo Jared y por consecuencia a mi; que soy su madre. Tú siempre has sido una arrastrada. ¿De donde crees que han salido tus rasgos tan diferentes a los de Michael? Mi marido con ojos azules, rubio, alto , bien parecido. Tú eres frágil, enana , con ojos comúnmente marrones y esa piel tan blanca que parece que seas un fantasma. … ¡Fuera de aquí! Ni aunque te arrastres por el lodo dejaré que te quedes ,maldita. Tu reputación esta por los suelos. Lo mejor es que vayas a cualquier taberna y te dejes sobar y follar. Tu tiempo de fingida virgencita puritana se acabó…¡Y te prohíbo que utilices el apellido Swan! ¡Lo ensucias! ¡Fuera!
Isabella levantó su rodilla hincada y no perdió tiempo en limpiarse las lagrimas que se agolpaban en sus labios y cuello.
Se dio la vuelta y recorrió unos pasos antes de darse la vuelta y volver a contemplar el rostro orgulloso de Jessica.
-Algun dia. Te hincarás tú a mis rodillas, Jessica. Algun dia…
-¡No fantasees mas, maldita muerta de hambre y largo!
Fue lo ultimo que escuchó, antes de escuchar un fuerte portazo.
Cabizbaja y perdida en sus pensamientos, bajó como un autómata las escaleras, para ir hacia la cocina.
Allí sacó un trozo de queso y una tajada de pan.
La envolvió en un pequeño paño y salió a la gélida noche de nuevo.
La luna alumbraba la gran extension de terreno propiedad de los Swan; aquellos que ella habia considerado su familia.
Tiró la llave del portón en una de las macetas de yerbabuena y caminó hacia el camino que bordeaba el puente.
El carruaje de Cullen todavía estaba allí.
Alzó la barbilla y cerró fuertemente los ojos; el destino era maldito, igual que cruel.
Vió la figura del hombre que corría hacia ella y ella creyó, quedarse sin masa ósea. Sus huesos gelatinosos habían hecho una maraña en su cuerpo y habia caído al suelo sin darse apenas cuenta.
-Lady Isabella. ¿Qué ocurre? ¿Por qué se encuentra así?.-Los ojos de Anthony transmitían, sincera preocupación.- Digame algo, porque si no; creo que voy a enloquecer.
Bella abrió la boca, envuelta entre sus brazos atléticos. De ella escapó un leve jadeo y se inclinó hacia el pecho de él; para llorar desconsolada.
-No importa. Venga conmigo. Puedo imaginar lo que ha ocurrido. Es lo mas lógico y natural. ¡Y todo por culpa de ese patan de mi hermano!.Venga Lady Isabella….venga conmigo.
Anthony sobrellevó el peso de Isabella sobre él y la condujo hacia el carruaje para indicar al cochero seguidamente, tomar dirección hacia su casa; en la abadía de Carfax. Londres.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
UN AÑO DESPUES….
-Chico estas hecho un desastre. No pareces ni tú; Edward. ¿Qué coño te ha pasado? ¿Y donde te has metido?
-He viajado.-
Edward Cullen, jugaba con los botones de su guerrera.
El dia era soleado y sus mechones cobrizos adquirían un tono mas claro.
Las jovencitas que esperaban la entrada de la novia en la pequeña ermita de Carfax. Lo miraban enbelesadas.
-Vaya…¿y han dado fruto esos viajes? Tengo entendido que estuviste preso. ¿Cuándo te han soltado bribon?.- el hombre que se hallaba a su lado, lo miraba con sincera alegría.
-Hace escasamente una semana. No sabia que mi hermano se casaba. Gracias a mi tio Carlisle que me hizo el honor de visitar mi casa….
-Tengo entendido que la novia es una beldad. – se acercó a Edward y le siseó entre dientes.- Vive en casa de su hermano desde hace un año. Ha sido un escándalo desde entonces; gracias a Dios ya se casa con ella. Y no habrá mas habladurías. Su hermano es un hombre con suerte. Se vé una buena chica.
-Seguro que lo es. Como sea igual que él; el servicio los engañará. Les tomaran el pelo. Anthony peca de buen samaritano.- Edward frunció los ojos. El carruaje con el novio ya llegaba.
Observó como su hermano bajaba de él; con una mirada de jubilo, que se oscureció cuando sus ojos se encontraron con los de Edward.
Anthony caminó hacia su gemelo y se paró para evaluarlo y ofreció su mano, en un aspero saludo.
-Edward. No tenia ni idea que supieras del enlace. Supongo que ha sido tio Carlisle…
-Sí. Me alegro por ti hermano. De verdad que me alegro. Espero que seas feliz.
Las palabras sinceras de Edward, dejaron a Anthony perplejo.
-Gracias; Edward.
Se despidió de él ; con un golpe de talones y marchó hacia la ermita.
Edward sonrió.
Estaba realmente feliz por Anthony, estaría mas tranquilo sabiendo que habia una persona que se encargaría de él; para siempre.
-Mira Cullen. Tu futura cuñada.- el hombre que habia a su lado; se elevó los anteojos y se relamió satisfecho. – OH… una belleza; sin duda. Su hermano es un hombre con suerte.
Edward, achicó los ojos.
El sol hacia de la figura de la mujer, una presencia fantasmal.
Conforme ella se fue acercando, el corazón se le encogió como una ciruela pasa.
¡Era Isabella!
Aquella por la que habia viajado hasta el confin del mundo…inclusive hasta Jacob Black…su acérrimo enemigo y padre de ésta….
Continuará…
CAPITULO 10
Bella caminó hacia la habitación de Alice, pasó cerca de él para meterse en pasillo. Lo miró unos segundos y bajó la cabeza, intimidada.
-Te buscaré.- le susurró Edward, alzando un poco las comisura de los labios.
Y ella salió corriendo hacia donde yacían las pocas pertenencias que habia traido a aquella mansión.
¿Qué habia pasado entre los hermanos? Estaba claro que se habían peleado ¿Tan diferentes eran?
EL primero era un demonio ,con ojos verdes. Perturbador
Y el segundo era un angel…un angel, demasiado parecido al demonio…
……………………………………………………………………………………………………………………………………………
El carruaje de Edward Cullen, habia sorteado piedras y lobos antes de llegar a la esplendida casa afincada en la arboleda de los Swan.
Era lo bastante tarde para que los pocos criados que trabajaban en la casa estuviesen acostados y Bella prefirió abrir con su llave el porticón de la parte de atrás.
Anthony Cullen, la seguía sin dirigir palabra alguna.
El transcurso del viaje habia sido muy parecido.
Ella avergonzada.
Y él indignado por la bajeza del hermano y ser cosanguineo de su casta. “Los Cullen”
Antes de girar la llave sobre el porticon, el hombre rozó suavemente el hombro de ella.
-Lady Isabella . Rogaría verla mañana en mejor situación. Una vez descansados. Me urge hablar con usted.
Bella parpadeó suavemente, para recrearse en sus bellas facciones, tan idénticas a las de su gemelo.
-Señor Cullen; no se ofenda, pero no creo que sea lo mas apropiado. Lo único que necesito ahora mismo es olvidar que alguna vez estuve en esa casa y que conocí a su hermano. Es algo que necesito olvidar…
Anthony bajó su mano, de dedos largos y elegantes; para rozar su mejilla, algo maravillado por su textura.
-Déjeme verla. Se lo ruego.
Los ojos verdes de Anthony centellearon y Bella pudo ver un atisbo de nerviosismo en ellos.
Su rostro bello y magullado; era angelical; sabia que podia confiar en aquella mirada que la embargaba.
-Está bien.
-¡Gracias!,- sonrió jubiloso, enseñando una dentadura perfecta y una sonrisa arrebatadora.- No se arrepentirá.
Bella se despidió de Anthony con un leve asentimiento y cerró la puerta sigilosa.
A tientas subió las escaleras que se dirigían a las habitaciones y envaró su cuerpo al oir tras la puerta del dormitorio de su cuñada Jessica, murmullos y jadeos.
Isabella cerró los ojos asqueada y los recuerdos de la gruta y las manos de Edward sobre su cuerpo se volvieron tan reales como si las estuviese viviendo de nuevo.
Sintió un leve mareo y se apoyó delicadamente en la pared.
De repente los murmullos y jadeos pararon y la puerta de la habitación de su cuñada, se abrió con fuerza.
-¿Qué….que significa esto?.- Preguntó Jessica con cara de horror; tapándose el cuerpo con las manos, ya que estaba completamente desnuda.
-Jess.- consiguió decir Isabella, colorada como la grana.- Cullen me ha dejado volver a casa..
-No puedo creerlo…- dijo ella con la mirada perdida en el suelo. Un atisbo de sonrisa triunfante apareció por sus hinchados y enfebrecidos labios.- Si se cansó de ti pronto; cuñadita…la verdad no me soprende. Está acostumbrado a mujeres fogosas, que ardan cuando las toque. Tú eres un tempano de hielo.
-Yo…no sé lo que me estas diciendo; Jess.- Isabella se cruzó los brazos alrededor del pecho; pensó que de un momento a otro se le iba a escapar el corazón.
-Por supuesto que lo sabes. ¿Te hizo suya? Debo recordarte que yo estaba allí y ví ,como se posicionaba en tu cuerpo… No le has servido de mucho; por los visto.- Jessica no podia borrar la sonrisa de satisfaccion.- Isabella…no sé como decirte esto.- dijo con ironía.- Pero no puedo dar cobijo a una mujer de tan baja calaña. No eres un buen ejemplo para mi hijo. Ademas, soy una mujer viuda y debo velar por mi reputación…ya que la tuya está por los suelos.
Bella se echó la mano a la boca horrorizada.
-Pero nadie tiene porque enterarse. No tienen porque….- susurró Bella; presa del horror.
-Querida .- le dijo su cuñada, caminado hacia ella sin tapar ya; sus carnes desnudas.- Todo el mundo sabe que Edward Cullen te ha llevado a la cama. ¿Cómo te crees que se ha roto el compromiso?.- dijo ella, de manera, muy teatral.- No puedo casarme con un hombre al que he pillado en la cama con la mojigata de mi cuñada…..
-¡Eso es mentira! ¡Tú sabes la verdad…!- gritó Isabella, creyendo morir. Estaba perdida.
-¡Calláte, maldita muerta de hambre! Vas a espantar a mi amante….¿o quieres compartir el lecho con nosotros? ¿Te ha enseñado Edward los placeres del sexo?.- Jessica la miró de arriba abajo con repulsión.- Claro; no te ha dado tiempo…Ni para buena ramera vales.
Jessica irguió su cuello y levantó con malicia un lado de sus labios, en una mueca de los mas perturbadora.
-No te quiero en esta casa; Isabella Swan. Eres una pecadora. Has dejado el apellido Swan a la altura del betun. Quiero que salgas de esta casa ahora mismo.
Isabella comenzó a llorar en silencio.
Aquello habia sido un ardid.
Su casa, sus recuerdos; todo seria de Jessica; todo lo que algún dia fue suyo y de su hermano Mike.
Bajó la cabeza, dispuesta a rogar. No tenia donde ir, a quien pedir ayuda.
Clavó una de sus rodillas en el suelo y balbuceó algo entre dientes que Jessica no entendió.
-¿Qué dices?.- preguntó la cuñada , felicitándose por aquella escena.
-Por favor. No me eches de mi casa. La casa de mis padres, de mi hermano….trabajaré en la cocina, de sirvienta…pero por favor, no me eches…no tengo donde ir.
Las carcajadas de Jessica; hicieron que el cuerpo de Bella se estremeciera. Detrás de aquella mirada, habia una clara satisfacción de lo que estaba sucediendo; un odio profundo. Ocultado y alimentado por los años.
-Te voy a contar un pequeño secretillo. Mojigata, puritana.- Jessica la miró con altanería y burla.- Tú no eres hija de Charles Swan. Eres una recogida. No tienes derecho a nada de lo que hay aquí. Todo esto es de mi hijo Jared y por consecuencia a mi; que soy su madre. Tú siempre has sido una arrastrada. ¿De donde crees que han salido tus rasgos tan diferentes a los de Michael? Mi marido con ojos azules, rubio, alto , bien parecido. Tú eres frágil, enana , con ojos comúnmente marrones y esa piel tan blanca que parece que seas un fantasma. … ¡Fuera de aquí! Ni aunque te arrastres por el lodo dejaré que te quedes ,maldita. Tu reputación esta por los suelos. Lo mejor es que vayas a cualquier taberna y te dejes sobar y follar. Tu tiempo de fingida virgencita puritana se acabó…¡Y te prohíbo que utilices el apellido Swan! ¡Lo ensucias! ¡Fuera!
Isabella levantó su rodilla hincada y no perdió tiempo en limpiarse las lagrimas que se agolpaban en sus labios y cuello.
Se dio la vuelta y recorrió unos pasos antes de darse la vuelta y volver a contemplar el rostro orgulloso de Jessica.
-Algun dia. Te hincarás tú a mis rodillas, Jessica. Algun dia…
-¡No fantasees mas, maldita muerta de hambre y largo!
Fue lo ultimo que escuchó, antes de escuchar un fuerte portazo.
Cabizbaja y perdida en sus pensamientos, bajó como un autómata las escaleras, para ir hacia la cocina.
Allí sacó un trozo de queso y una tajada de pan.
La envolvió en un pequeño paño y salió a la gélida noche de nuevo.
La luna alumbraba la gran extension de terreno propiedad de los Swan; aquellos que ella habia considerado su familia.
Tiró la llave del portón en una de las macetas de yerbabuena y caminó hacia el camino que bordeaba el puente.
El carruaje de Cullen todavía estaba allí.
Alzó la barbilla y cerró fuertemente los ojos; el destino era maldito, igual que cruel.
Vió la figura del hombre que corría hacia ella y ella creyó, quedarse sin masa ósea. Sus huesos gelatinosos habían hecho una maraña en su cuerpo y habia caído al suelo sin darse apenas cuenta.
-Lady Isabella. ¿Qué ocurre? ¿Por qué se encuentra así?.-Los ojos de Anthony transmitían, sincera preocupación.- Digame algo, porque si no; creo que voy a enloquecer.
Bella abrió la boca, envuelta entre sus brazos atléticos. De ella escapó un leve jadeo y se inclinó hacia el pecho de él; para llorar desconsolada.
-No importa. Venga conmigo. Puedo imaginar lo que ha ocurrido. Es lo mas lógico y natural. ¡Y todo por culpa de ese patan de mi hermano!.Venga Lady Isabella….venga conmigo.
Anthony sobrellevó el peso de Isabella sobre él y la condujo hacia el carruaje para indicar al cochero seguidamente, tomar dirección hacia su casa; en la abadía de Carfax. Londres.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
UN AÑO DESPUES….
-Chico estas hecho un desastre. No pareces ni tú; Edward. ¿Qué coño te ha pasado? ¿Y donde te has metido?
-He viajado.-
Edward Cullen, jugaba con los botones de su guerrera.
El dia era soleado y sus mechones cobrizos adquirían un tono mas claro.
Las jovencitas que esperaban la entrada de la novia en la pequeña ermita de Carfax. Lo miraban enbelesadas.
-Vaya…¿y han dado fruto esos viajes? Tengo entendido que estuviste preso. ¿Cuándo te han soltado bribon?.- el hombre que se hallaba a su lado, lo miraba con sincera alegría.
-Hace escasamente una semana. No sabia que mi hermano se casaba. Gracias a mi tio Carlisle que me hizo el honor de visitar mi casa….
-Tengo entendido que la novia es una beldad. – se acercó a Edward y le siseó entre dientes.- Vive en casa de su hermano desde hace un año. Ha sido un escándalo desde entonces; gracias a Dios ya se casa con ella. Y no habrá mas habladurías. Su hermano es un hombre con suerte. Se vé una buena chica.
-Seguro que lo es. Como sea igual que él; el servicio los engañará. Les tomaran el pelo. Anthony peca de buen samaritano.- Edward frunció los ojos. El carruaje con el novio ya llegaba.
Observó como su hermano bajaba de él; con una mirada de jubilo, que se oscureció cuando sus ojos se encontraron con los de Edward.
Anthony caminó hacia su gemelo y se paró para evaluarlo y ofreció su mano, en un aspero saludo.
-Edward. No tenia ni idea que supieras del enlace. Supongo que ha sido tio Carlisle…
-Sí. Me alegro por ti hermano. De verdad que me alegro. Espero que seas feliz.
Las palabras sinceras de Edward, dejaron a Anthony perplejo.
-Gracias; Edward.
Se despidió de él ; con un golpe de talones y marchó hacia la ermita.
Edward sonrió.
Estaba realmente feliz por Anthony, estaría mas tranquilo sabiendo que habia una persona que se encargaría de él; para siempre.
-Mira Cullen. Tu futura cuñada.- el hombre que habia a su lado; se elevó los anteojos y se relamió satisfecho. – OH… una belleza; sin duda. Su hermano es un hombre con suerte.
Edward, achicó los ojos.
El sol hacia de la figura de la mujer, una presencia fantasmal.
Conforme ella se fue acercando, el corazón se le encogió como una ciruela pasa.
¡Era Isabella!
Aquella por la que habia viajado hasta el confin del mundo…inclusive hasta Jacob Black…su acérrimo enemigo y padre de ésta….
Continuará…
viernes, 11 de marzo de 2011
Prisionera del Deseo
PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO 9
Tan fría eres que no te has excitado ni un poquito?.- le preguntó él como un arrullo.
Isabella se escapó de su roce y caminó hacia atrás abrazandose a si misma. Desolada.
-No.
-No mientas, querida. Y aun lo estarás mas. Mucho mas…esta noche.- Edward fue un busca y se apoderó de sus labios con ansias; mientras la apretaba contra si, en un desenfreno desconocido. Echó mano de su cabello y lo acarició mientras se adueñaba de su lengua jactándose de hacer que ella gimiera de aquella manera al entrar en contacto con aquel vulgar musculo.
Se separó de Bella, pegando su frente a la de ella; mirándola con ardor.
-Esto va a ser muy diferente que la primera vez. Mucho mas…te lo prometo, amor.
Y volvió a engullir aquella boca que lo tenia seco y emborrachado al mismo tiempo de placer.
Isabella notaba que todas sus defensas habían caído y que en brazos de aquel hombre, el mundo desaparecia y solamente importaban ella y él.
Sintió la humeda lengua en su boca, impertinente, buscando los recovecos mas insospechados y arqueándola levemente para profundizar mas, en aquella invasión.
Los dedos de él, ardientes, buscaban con urgencia algún plano vacio de telas, para poder acariciar su piel nívea y emitir un ronco jadeo ante aquel acto tan intimo.
-Señor…..
La voz de Sam; detrás de la puerta lo hizo separar los labios de ella y mirarla con una sorpresa y devoción, momentánea. Sus ojos verdes, brillaban de lujuria y sus labios ; tan hinchados como los de ella, emitieron una mueca de desagrado al escuchar la voz de su fiel mayordomo.
Giró su rostro hacia la puerta, sin despegarse un ápice de la muchacha; y con la respiración agitada, contestó.
-Dime que es importante…porque si no te juro que no respondo, Sam…
El carraspeo al otro lado de la puerta se hizo notar y seguidamente; la voz de Sam emergió de ella como si aquella puerta fuera dueña de un hechizo.
-Su hermano, señor. Anthony ha venido…
Edward cerró los ojos y juntó las cejas en un extraño gesto. Al abrirlos; se encontró con la mirada de ella, atemorizada y brillante como la de él.
-Creo que debemos dejar esto para otro momento, mi amor.- los nudillos de él, resbalaron por la mandibula de ella, haciéndola jadear ante aquel toque.
Edward se separó a regañadientes de Bella y caminó hacia la puerta, con andar felino.
La imagen de Bella, tan deseosa de él por sus caricias, le hizo estremecerse y una sonrisilla de demonio, acarició las comisuras de sus labios, antes de abrir el portón y ver a San en actitud disciplinaria.
-¿Y bien? ¿Qué quiere mi hermanito?
-Señor. Lo siento; por molestarlo,pero ya sabe que su hermano no es muy dado a ofrecer su visita y dado el caso, me he visto en la obligación….
Edward hizo un gesto con la mano y cerró los ojos.
-Basta ya, Sam. ¿Dónde está?
-En la habitación de su hermana Alice.
Edward rechinó los dientes. ¿Pero qué….?
-¡No le has podido ofrecer otra habitación? ¡Ha tenido que ser justo esa! ¡Ahora sabrá que tengo compañía!
-Señor, yo….
Edward no quiso escuchar mas y se marchó en busca de su hermano, de su gemelo Anthony Cullen.
……………………………………………………………………………………..
Anthony caminaba de un lado a otro de aquella habitación.
En otro momento en aquella ferrea mansión, se habían oído las risas cantarinas de su hermana mayor, la voz energica y fuerte de su padre y las dulce melodías de su madre.
La cama deshecha, era una señal propicia, para pensar que su hermano gemelo,debia de tener compañía, tal y como él habia sospechado antes de marchar de su despacho en Londres.
Habia descubierto con quien pretendía casarse su hermano . Viajando rápidamente a lomos de su caballo para que desistiera en su intento.
Edward y él, no habían sido los mejores hermanos del mundo; pero era justo que él, advirtiera a su hermano, antes de dar el paso mas importante de toda su vida. Desposarse.
Anthony no habia encontrado muchacha alguna en su vida que le llamara la atención hasta ese extramo.
Seducía; pero sin dañar. Ya que era él, el que muchas veces era reclamado en las alcobas de mujeres casadas .
Las jóvenes casaderas, le eran absurdas y casi no se fijaba en ellas. Su carácter algo timido y su siempre comparación con su otro hermano, era algo que lo exasperaba.
La puerta se abrió, alborotándole ligeramente los cabellos, broncíneos, iguales que los de su gemelo y suspiró.
Aquel era un rostro perturbado. Su hermano Edward, no llevaba bien las riendas de su vida.
-Vaya….mi hermanito “el bueno” ha venido hacerme una visita. ¿En calidad de que, Anthony?.- Edward se paró a su frente y abrió las piernas y cruzó los brazos encima de su pecho, en una actitud altanera.
-Yo también me alegro de verte, Edward.- Anthony se acercó, y abrazó a su hermano, sin que este se inmutara.
-He venido a avisarte…mira Edward, no sé que clase de sentimientos te une a la señora Jessica Swan, pero espero que no sean los mas nobles….ella no es una buena mujer para ti.
Edward lo miró atonito y de repente se llevó una de las manos al vientre y se carcajeó, haciendo que Anthony se sintiera violento y se sonrojase.
-Vaya hermanito…¿Para eso has viajado desde ese cuchitril de donde vives en Londres? ¿Para prevenirme de Jessica? .- volvió a reir.- Tranquilo, hermano.- se acercó a él; aun sonriente y le pasó una mano por el hombro, con absoluta camaradería.- Sé perfectamente que clase de arpía es esa. No te preocupes. Siento decirte que has viajado hasta aquí para nada. No. No me voy a casar con ella ¡Que Dios me libre!.
Anthony sonrió a su hermano y alzó el brazo, para imitarlo en el mismo gesto.
-No me importa haber venido para nada hermano. Lo importante es que , marcharé tranquilo….- Anthony miró la cama, deshecha y lentamente viajó a los ojos de su hermano interrogante.- ¿Quién ha dormido aquí, entonces?.- le preguntó lentamente.
Edward dio un par de pasos hacia atrás y desvió la mirada de los pozos verdes; que eran los ojos de su hermano gemelo, para chasquear con la lengua y maldecir, seguidamente entre dientes.
-No es asunto tuyo, hermano. Pero debo decirte que es un placer tener a esta damisela en mi casa. Todo un lujo, si señor.
-¿Damisela?.- Anthony, enarcó las cejas se mordió el labio algo tenso.- Quiero pensar que es cualquier furcia de esas que tienes en tu gruta…¿Es asi, no?
Edward lo estudió gravemente y se dio la vuelta, paseando su mano por la incipiente barba.
-Te repito hermano que no te interesa.
-Edward, espero que no sea una dama en realidad…
La puerta de aquella habitación, súbitamente se abrió y dio paso a una aparición de beldad; a los ojos del hermano de Edward. Embelesado, la observó, pasando rápidamente la mano por su boca; pensando que tal vez, ya estaba babeando.
Edward la miró inquisitivo y cruzó los brazos en una actitud machista.
-Creí que me esperarías en la sala, pequeña.- las palabras de Edward retumbaron en los oídos de Isabella que observaba a los dos hermanos atónita y paseando la vista en uno y en otro anonadada.
-Yo…
Edward rió caminó hacia ella, agarrándola en una actitud posesiva; por la cintura. Miró a su hermano y la presentó como se debia.
-Anthony, ella es Isabella Swan. Cuñada de la arpía que la que supuestamente has venido a salvarme. Bella, querida; él es Anthony, mi hermano…
-¿Gemelos?.- Bella se echó la mano a la garganta confundida. Ya era suficiente un Cullen, para soportar sus chulerías y sus ínfulas de Casanova, total. Ahora eran dos… igualmente…bellos.
-Isabella…¿Swan?.- miró la mano de su hermano que se apretaba en torno a aquella cintura pequeña; casi infantil.
-Si, señor.- balbuceó ella, con los ojos prisioneros de Anthony.
-¿Y que le ha traido hasta aquí, señorita?.- Preguntó, él amablemente, dirigiéndose hacia ella y tomando una de sus manos y dejando en ellas, algo parecido a un beso húmedo y prometedor.
Ella ante tal pregunta, notó el agarre fuerte de Edward y lo miró con terror.
Desde luego; al parecer aquellos dos hermanos eran como el agua y el aceite e Isabella dudaba en aprovecharse de la situación. La mano de Edward le apretaba la cintura, condenándola a un silencio, que no estaba segura de seguir omitiendo.
-Pregunte a su hermano. Yo solo vine en busca de mi cuñada.
Los ojos de Anthony volaron hacia los de Edward y él rechinó los dientes.
-Soy todo oídos; Edward. Por lo visto esta preciosa muchacha, vino aquí con los mismos propósitos que yo…
-No señor. Yo vine en busca de Jess, porque Jared la necesitaba.
-¿Jared?.
-Su hijo. Jessica tiene un hijo. El hijo de mi hermano Mike.
Edward miró a Bella con ira en sus ojos.
-¿Y de eso cuanto tiempo hace. Edward?.- la voz de Anthony se hizo mas grave; al pronunciar el nombre de su hermano.
- Hace dos noches que la señorita Isabella Swan, duerme en la habitación de nuestra queridísima hermana Alice…
-Señorita…¿Seria tan amable de dejarnos solos, un momento? Vaya al salón, allí Sam la acompañará si gusta. Ahora, me gustaría hablar con mi hermano de “ su circunstancia” y de los motivos , que la verdad, no entiendo, del que usted esté aquí en esta casa. Junto a mi hermano.
¿Es su novia? ¿Su prometida?.- Anthony, preguntaba, con la mandibula apretada y sin mirar a Bella. Su vista estaba en el espejo que tenia delante suyo: en Edward.
-No. No lo es.
Bella, notó que el agarre de Edward se aflojó y ella se pegó a la puerta, abriéndola y saliendo de aquella habitación. El mismo infierno, sin duda.
……………………………………………………………………………
Bella se habia acurrucado en el sillón, esperando pacientemente que Edward y Anthony hicieran su aparición; para poder ir ella a descansar.
Perdió la nocion del tiempo y sus ojos se abrieron lentamente, cuando notó una mano, que paseaba lentamente por su rostro.
-Señorita…¿señorita?
Era Anthony.
Bella abrió los ojos y su mirada bajó hacia los labios de él, que eran tan perturbadores como los de su hermano.
-¿Si?
-Recoja sus cosas. La voy a llevar a su hogar. Este no es lugar para usted…
Bella deparó mejor en el rostro del joven. Tenia magulladuras y su pómulo estaba ligeramente hinchando.
Ella se levantó deshorientada y buscó a Edward con la mirada.
Y allí apostado en la pared, con la pierna apoyada en ella y mirándola de una manera que no pudo identificar, se hallaba él. Con el cabello en los ojos, tapando el gran hematoma que habia en él, y el labio partido.
Bella caminó hacia la habitación de Alice, pasó cerca de él para meterse en pasillo. Lo miró unos segundos y bajó la cabeza, intimidada.
-Te buscaré.- le susurró Edward, alzando un poco las comisura de los labios.
Y ella salió corriendo hacia donde yacían las pocas pertenencias que habia traido a aquella mansión.
¿Qué habia pasado entre los hermanos? Estaba claro que se habían peleado ¿Tan diferentes eran?
EL primero era un demonio ,con ojos verdes. Perturbador
Y el segundo era un angel…un angel, demasiado parecido al demonio…
Continuará…..
CAPITULO 9
Tan fría eres que no te has excitado ni un poquito?.- le preguntó él como un arrullo.
Isabella se escapó de su roce y caminó hacia atrás abrazandose a si misma. Desolada.
-No.
-No mientas, querida. Y aun lo estarás mas. Mucho mas…esta noche.- Edward fue un busca y se apoderó de sus labios con ansias; mientras la apretaba contra si, en un desenfreno desconocido. Echó mano de su cabello y lo acarició mientras se adueñaba de su lengua jactándose de hacer que ella gimiera de aquella manera al entrar en contacto con aquel vulgar musculo.
Se separó de Bella, pegando su frente a la de ella; mirándola con ardor.
-Esto va a ser muy diferente que la primera vez. Mucho mas…te lo prometo, amor.
Y volvió a engullir aquella boca que lo tenia seco y emborrachado al mismo tiempo de placer.
Isabella notaba que todas sus defensas habían caído y que en brazos de aquel hombre, el mundo desaparecia y solamente importaban ella y él.
Sintió la humeda lengua en su boca, impertinente, buscando los recovecos mas insospechados y arqueándola levemente para profundizar mas, en aquella invasión.
Los dedos de él, ardientes, buscaban con urgencia algún plano vacio de telas, para poder acariciar su piel nívea y emitir un ronco jadeo ante aquel acto tan intimo.
-Señor…..
La voz de Sam; detrás de la puerta lo hizo separar los labios de ella y mirarla con una sorpresa y devoción, momentánea. Sus ojos verdes, brillaban de lujuria y sus labios ; tan hinchados como los de ella, emitieron una mueca de desagrado al escuchar la voz de su fiel mayordomo.
Giró su rostro hacia la puerta, sin despegarse un ápice de la muchacha; y con la respiración agitada, contestó.
-Dime que es importante…porque si no te juro que no respondo, Sam…
El carraspeo al otro lado de la puerta se hizo notar y seguidamente; la voz de Sam emergió de ella como si aquella puerta fuera dueña de un hechizo.
-Su hermano, señor. Anthony ha venido…
Edward cerró los ojos y juntó las cejas en un extraño gesto. Al abrirlos; se encontró con la mirada de ella, atemorizada y brillante como la de él.
-Creo que debemos dejar esto para otro momento, mi amor.- los nudillos de él, resbalaron por la mandibula de ella, haciéndola jadear ante aquel toque.
Edward se separó a regañadientes de Bella y caminó hacia la puerta, con andar felino.
La imagen de Bella, tan deseosa de él por sus caricias, le hizo estremecerse y una sonrisilla de demonio, acarició las comisuras de sus labios, antes de abrir el portón y ver a San en actitud disciplinaria.
-¿Y bien? ¿Qué quiere mi hermanito?
-Señor. Lo siento; por molestarlo,pero ya sabe que su hermano no es muy dado a ofrecer su visita y dado el caso, me he visto en la obligación….
Edward hizo un gesto con la mano y cerró los ojos.
-Basta ya, Sam. ¿Dónde está?
-En la habitación de su hermana Alice.
Edward rechinó los dientes. ¿Pero qué….?
-¡No le has podido ofrecer otra habitación? ¡Ha tenido que ser justo esa! ¡Ahora sabrá que tengo compañía!
-Señor, yo….
Edward no quiso escuchar mas y se marchó en busca de su hermano, de su gemelo Anthony Cullen.
……………………………………………………………………………………..
Anthony caminaba de un lado a otro de aquella habitación.
En otro momento en aquella ferrea mansión, se habían oído las risas cantarinas de su hermana mayor, la voz energica y fuerte de su padre y las dulce melodías de su madre.
La cama deshecha, era una señal propicia, para pensar que su hermano gemelo,debia de tener compañía, tal y como él habia sospechado antes de marchar de su despacho en Londres.
Habia descubierto con quien pretendía casarse su hermano . Viajando rápidamente a lomos de su caballo para que desistiera en su intento.
Edward y él, no habían sido los mejores hermanos del mundo; pero era justo que él, advirtiera a su hermano, antes de dar el paso mas importante de toda su vida. Desposarse.
Anthony no habia encontrado muchacha alguna en su vida que le llamara la atención hasta ese extramo.
Seducía; pero sin dañar. Ya que era él, el que muchas veces era reclamado en las alcobas de mujeres casadas .
Las jóvenes casaderas, le eran absurdas y casi no se fijaba en ellas. Su carácter algo timido y su siempre comparación con su otro hermano, era algo que lo exasperaba.
La puerta se abrió, alborotándole ligeramente los cabellos, broncíneos, iguales que los de su gemelo y suspiró.
Aquel era un rostro perturbado. Su hermano Edward, no llevaba bien las riendas de su vida.
-Vaya….mi hermanito “el bueno” ha venido hacerme una visita. ¿En calidad de que, Anthony?.- Edward se paró a su frente y abrió las piernas y cruzó los brazos encima de su pecho, en una actitud altanera.
-Yo también me alegro de verte, Edward.- Anthony se acercó, y abrazó a su hermano, sin que este se inmutara.
-He venido a avisarte…mira Edward, no sé que clase de sentimientos te une a la señora Jessica Swan, pero espero que no sean los mas nobles….ella no es una buena mujer para ti.
Edward lo miró atonito y de repente se llevó una de las manos al vientre y se carcajeó, haciendo que Anthony se sintiera violento y se sonrojase.
-Vaya hermanito…¿Para eso has viajado desde ese cuchitril de donde vives en Londres? ¿Para prevenirme de Jessica? .- volvió a reir.- Tranquilo, hermano.- se acercó a él; aun sonriente y le pasó una mano por el hombro, con absoluta camaradería.- Sé perfectamente que clase de arpía es esa. No te preocupes. Siento decirte que has viajado hasta aquí para nada. No. No me voy a casar con ella ¡Que Dios me libre!.
Anthony sonrió a su hermano y alzó el brazo, para imitarlo en el mismo gesto.
-No me importa haber venido para nada hermano. Lo importante es que , marcharé tranquilo….- Anthony miró la cama, deshecha y lentamente viajó a los ojos de su hermano interrogante.- ¿Quién ha dormido aquí, entonces?.- le preguntó lentamente.
Edward dio un par de pasos hacia atrás y desvió la mirada de los pozos verdes; que eran los ojos de su hermano gemelo, para chasquear con la lengua y maldecir, seguidamente entre dientes.
-No es asunto tuyo, hermano. Pero debo decirte que es un placer tener a esta damisela en mi casa. Todo un lujo, si señor.
-¿Damisela?.- Anthony, enarcó las cejas se mordió el labio algo tenso.- Quiero pensar que es cualquier furcia de esas que tienes en tu gruta…¿Es asi, no?
Edward lo estudió gravemente y se dio la vuelta, paseando su mano por la incipiente barba.
-Te repito hermano que no te interesa.
-Edward, espero que no sea una dama en realidad…
La puerta de aquella habitación, súbitamente se abrió y dio paso a una aparición de beldad; a los ojos del hermano de Edward. Embelesado, la observó, pasando rápidamente la mano por su boca; pensando que tal vez, ya estaba babeando.
Edward la miró inquisitivo y cruzó los brazos en una actitud machista.
-Creí que me esperarías en la sala, pequeña.- las palabras de Edward retumbaron en los oídos de Isabella que observaba a los dos hermanos atónita y paseando la vista en uno y en otro anonadada.
-Yo…
Edward rió caminó hacia ella, agarrándola en una actitud posesiva; por la cintura. Miró a su hermano y la presentó como se debia.
-Anthony, ella es Isabella Swan. Cuñada de la arpía que la que supuestamente has venido a salvarme. Bella, querida; él es Anthony, mi hermano…
-¿Gemelos?.- Bella se echó la mano a la garganta confundida. Ya era suficiente un Cullen, para soportar sus chulerías y sus ínfulas de Casanova, total. Ahora eran dos… igualmente…bellos.
-Isabella…¿Swan?.- miró la mano de su hermano que se apretaba en torno a aquella cintura pequeña; casi infantil.
-Si, señor.- balbuceó ella, con los ojos prisioneros de Anthony.
-¿Y que le ha traido hasta aquí, señorita?.- Preguntó, él amablemente, dirigiéndose hacia ella y tomando una de sus manos y dejando en ellas, algo parecido a un beso húmedo y prometedor.
Ella ante tal pregunta, notó el agarre fuerte de Edward y lo miró con terror.
Desde luego; al parecer aquellos dos hermanos eran como el agua y el aceite e Isabella dudaba en aprovecharse de la situación. La mano de Edward le apretaba la cintura, condenándola a un silencio, que no estaba segura de seguir omitiendo.
-Pregunte a su hermano. Yo solo vine en busca de mi cuñada.
Los ojos de Anthony volaron hacia los de Edward y él rechinó los dientes.
-Soy todo oídos; Edward. Por lo visto esta preciosa muchacha, vino aquí con los mismos propósitos que yo…
-No señor. Yo vine en busca de Jess, porque Jared la necesitaba.
-¿Jared?.
-Su hijo. Jessica tiene un hijo. El hijo de mi hermano Mike.
Edward miró a Bella con ira en sus ojos.
-¿Y de eso cuanto tiempo hace. Edward?.- la voz de Anthony se hizo mas grave; al pronunciar el nombre de su hermano.
- Hace dos noches que la señorita Isabella Swan, duerme en la habitación de nuestra queridísima hermana Alice…
-Señorita…¿Seria tan amable de dejarnos solos, un momento? Vaya al salón, allí Sam la acompañará si gusta. Ahora, me gustaría hablar con mi hermano de “ su circunstancia” y de los motivos , que la verdad, no entiendo, del que usted esté aquí en esta casa. Junto a mi hermano.
¿Es su novia? ¿Su prometida?.- Anthony, preguntaba, con la mandibula apretada y sin mirar a Bella. Su vista estaba en el espejo que tenia delante suyo: en Edward.
-No. No lo es.
Bella, notó que el agarre de Edward se aflojó y ella se pegó a la puerta, abriéndola y saliendo de aquella habitación. El mismo infierno, sin duda.
……………………………………………………………………………
Bella se habia acurrucado en el sillón, esperando pacientemente que Edward y Anthony hicieran su aparición; para poder ir ella a descansar.
Perdió la nocion del tiempo y sus ojos se abrieron lentamente, cuando notó una mano, que paseaba lentamente por su rostro.
-Señorita…¿señorita?
Era Anthony.
Bella abrió los ojos y su mirada bajó hacia los labios de él, que eran tan perturbadores como los de su hermano.
-¿Si?
-Recoja sus cosas. La voy a llevar a su hogar. Este no es lugar para usted…
Bella deparó mejor en el rostro del joven. Tenia magulladuras y su pómulo estaba ligeramente hinchando.
Ella se levantó deshorientada y buscó a Edward con la mirada.
Y allí apostado en la pared, con la pierna apoyada en ella y mirándola de una manera que no pudo identificar, se hallaba él. Con el cabello en los ojos, tapando el gran hematoma que habia en él, y el labio partido.
Bella caminó hacia la habitación de Alice, pasó cerca de él para meterse en pasillo. Lo miró unos segundos y bajó la cabeza, intimidada.
-Te buscaré.- le susurró Edward, alzando un poco las comisura de los labios.
Y ella salió corriendo hacia donde yacían las pocas pertenencias que habia traido a aquella mansión.
¿Qué habia pasado entre los hermanos? Estaba claro que se habían peleado ¿Tan diferentes eran?
EL primero era un demonio ,con ojos verdes. Perturbador
Y el segundo era un angel…un angel, demasiado parecido al demonio…
Continuará…..
lunes, 28 de febrero de 2011
Prisonera del Deseo
PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO 8
Edward la miró con cautela y suspiró para sus adentros. Era demasiado bella; demasiado para su propia seguridad; sobre todo para la de él.
Entrecerró sus ojos con imágenes muy vividas de su hermana mayor; Alice y recompuso el gesto, dándole la autentica cara que Isabella Swan o Black…La de la crueldad y la rudeza…
-Baja ahora mismo.- Se acercó a ella con salvaje magnetismo y la cogió del un hombro con fuerza.- Quiero que me acompañes a la mesa. Te lo exigo.
Isabella se soltó de él; bruscamente y le alzó la mano para estampársela en el rostro.
Pero Edward no llegó a permitírselo. La paró antes de que su mano inpactara en su rostro y le sujetó con fuerza la muñeca y la arrastró hacia el pasillo con una calma demoniaca.
-¡Sueltame, maldito! ¡Que no….que no quiero!
-Me importa un bledo lo que quieras o no. Haras lo que yo te diga; mientras estes aquí. Aquí yo soy tu amo.
Bella intentó zafarse sin ningún éxito y dejó que su cuerpo diera de bruces con el suelo para parar al hombre en seco.
Él se giró y la miró con desdén, antes de cogerla por la cintura y llevársela al hombro como si de un saco de patatas se tratara.
-Te vendría bien una buena azotaina, por cabezota, Isabella.- Le palmeó el trasero con vehemencia; pues no dejaba de moverse.- Estate quieta o la próxima vez, retiraré todas esas capas funestas de tela que hay entre tú y ese culo respingón.
Bella, cerró fuertemente los ojos y bufó. Por su propio bien y el de sus posaderas; dejaría de moverse.
Pasó menos de un minuto antes de que la dejara en el suelo de malas maneras. Ella lo miró con odio y siguió sus movimientos.
No habia deparado en lo cabalmente apuesto que era.
Alto, atlético y bien formado. Exageradamente hermoso y unos ojos verdes que podían quitar el aliento de cualquier fémina que sucumbiera a sus deleznables encantos.
El rostro era casi angelical; si no fuera por aquella mueca hosca que estaba instalada en su rostro como un fantasma de crueldad.
Tomó asiento y la miró intensamente.
-Sientaté, Ya.
Isabella arrastró la silla y sin dejar de mirarlo se sentó en ella casi sin respirar.
Estaba envuelto en un aura de sensualidad. Habia advertido la sinuosa mata de rizos cobrizos que sobresalían sin pudor de su pecho. Aquella blanca camisa holgada le daba un aire de cruel cazador en busca de presa…y ella parecía una oveja perdida…
La entrada de Sam la sorprendió gratamente. Agradecia terriblemente no tener que estar a solas con aquel hombre que la habia hecho suya sin ningún tipo de contemplaciones; solo por salvaguardar algún oscuro secreto que habia llegado al poder de Jessica.
Bajó los ojos furiosa y dejó que Sam sirviese la cena.
No hablaron y Bella no lo miró en ningún momento. No quería enfrentarse al fuego cruel de sus ojos verdes.
-¿Puedo retirarme señor?.- la voz de Sam, asustó a Isabella que estaba sumida en un mar de preguntas sin respuestas aparentes.
-Retirate, Sam. Buenas noches.- espetó Edward, amable.
-Buenas noches señorita Swan.- susurró el interpelado; haciendo una leve reverencia.
Isabella lo miró con amabilidad y le sonrió.
-Buenas noches, Sam.
Bella esperó pacientemente a que los pasos de Sam dejaran de sonar para levantarse con suavidad de la silla y caminar hacia la salida sin mirar al cruel inquisidor.
Unos pasos la alcanzaron y tiraron de ella hasta lanzarla contra la pared.
-¿Dónde crees que vas? Yo no he decidido que te marches todavía.
-Me importa un comino.- siseó ella.
El cuerpo de Edward se moldeó al suyo y separó de entre las faldas las piernas de Bella para que ella pudiese sentir su virilidad hinchada.
-¿Crees que me importa que te importe? No. Esta noche hay espectáculo. Y quiero que estes presente. Creo que va a ser realmente interesante.
-Dejame o….
-¿O que?.- le hablaba con la boca muy pegada a la de ella y Bella podia sentir el dulce aroma de su aliento mientras la tenia apretada con su duro cuerpo.
-¿Por qué no dejar que me marche?.- dijo ella en un susurro, bajando la mirada hacia sus labios.- Yo…no…¡Tienes cientos de mujeres con las que divertirte! ¿Por qué yo? ¡No es bastante duro para mi, tener que haber perdido la honra con un ser como tú!
Edward admiró la calidez de sus orbes marrones y se maldijo interiormente.
-No quiero que te quedes con esa amarga experiencia. Quiero que salgas convertida en toda una amante consagrada. ¡Bendito el hombre que llegue a tus brazos! Lo vas a colmar de placeres…
-Eres un pervertido ¿Y debo suponer que eres tú el que me vas a enseñar?
Edward rió por lo bajó y se relamió con gusto los labios; como si de un felino se tratase a la caza de su presa.
-Por supuesto. Y vamos a empezar esta misma noche.
Ella lo miró sobresaltada y levantó un pie furiosa ; para encontrarse con el de Edward machacándolo con los medios botines.
Edward profirió toda clase de maldiciones y estuvo tentado a darle una tumda de palos en aquel redondito trasero; pero se contuvo. Sabia que aquella noche ella iba a dejar de ser un poco menos inocente de lo que ya era.
Salió mirándola con furia y se llevó la manos a la cabeza. Buscó por los pasillos la habitación donde debían de estar las prostitutas que debían de fustigar a Bella aquella noche; haciéndola sentirse débil has ta el punto de ir al encuentro de él.
Abrió la puerta son solemnidad y les hizo un gesto para que se levantaran.
Ellas le siguieron gustosas; pensando que aquella noche montarían al poderoso Edward Cullen; al salvaje y poderoso Edward Culllen.
-Quiero que me excitéis como sabeis que me gusta.- dijo él con indiferencia; antes de entrar en el comedor.- Y quiero que lo hagáis bien. Tendremos compañía.
Una de ellas se atrevió a preguntar-
-¿Nos satisfará señor?
-No. No lo creo.
Se miraron entre ellas y un velo de disgusto las embargó.
-Sereis bien recompensadas.
Volvieron a mirarse y sonrieron.
Entraron y miraron con curiosidad a la mujer que yacia sentada en la larga mesa. Parecia una señorita y las miraba como si les extrañara su presencia.
Bella sintió alivio por unos momentos. Por lo menos no quedaba sola con él.
-Ven.- dijo él. ofrenciendole la mano.- Vamos cerca del fuego.- Mis amigas nos van a deleitar con un excitante espectáculo.
Ella lo miró con una chispa de desconfianza en sus ojos; pero lo siguió. Las mujeres los esperaban con sonrisas en sus rostros y se miraban entre ellas cómplices.
-Sientate, a mi lado; querida Isabella, disfrutemos del espectáculo de estas bellas señoritas.
Bella miró a Edward por centésima vez consecutiva. Se dejó caer en la esquina de un mullido sofá y Edward hizo lo mismo en la otra punta del mismo.
Las mujeres que eran tres. Comenzaron a jugar entre ellas con sus manos; como si fueran niñas, corrian y se tapaban los ojos , jugando a la gallinita ciega…pero en un momento todo cambió…
Una de ellas; la mas morena en vez de echar manos a los ojos a la belleza pelirroja, le acarició los pechos, metiendo sus manos entre las suaves telas blancas que los tapaban. Isabella dejó escapar un jadeo y miró a Edward con horror.
Entendió casi inmediatamente lo que aquel demonio intentaba que ella viera aquella noche de nuevo. Una orgia de la que él seria participe sin ninguna duda.
Isabella se levantó contrariada y Edward la cogió por la cintura , haciéndola caer en sus rodillas.
-Dejame.- siseó, ella muerta de vergüeza. Las mujeres se acariciaban las unas a las otras y se iban despojando de las ropas que las envolvían poco.- Eres un cerdo…
-Shhhh…Apuesto que dejaras de ser una mojigata, una vez abandones este castillo, Isabella Swan….Mira.- le volvió el rostro hacia las mujeres y vió con horror como ya estaban completamente desnudas y se acariciaban sin pudor los pechos y los muslos.
Bella intentó apartar la vista; pero la fuerza en la mandíbula que ejercía Edward no le dio tregua y dejó de oponerse. De sus ojos vidriosos, comenzaron a escaparse gruesas lágrimas que Edward notó; haciéndose el desentendido.
Aunque el espectáculo a los ojos de Isabella era repúgnate. Sintió como el rubor se extendia por su rostro al ver como los labios de una de ellas succionaban y besaban los senos de otra y por sus caras; aquello debia ser placentero.
La otra se escabullía por las piernas y abria las piernas de la que gozaba con amplitud, dejándola totalmente expuesta delante de los ojos de los espectadores.
La mano de Edward se habia vuelto mas suelta y Bella podia asegurar que ya no hacia presión sobre ella; sino que intentaba acariciarla. Lo miró interrogante y se encontró con las salvajes pupilas de él enterradas en su rostro.
-El placer es indoloro, querida.- le susurró él, amoldandola un poco mas entre sus caderas.
Bella sintió que sus senos crecían en un hormigueo desconocido ante las palabras de aquel hombre. Giró el rostro para observar de nuevo a las mujeres y vió con desazón como una de ellas se habia metido entre los muslos de otra con la cabeza y le besaba y lamia su centro con voracidad. La mano abrasadora de Edward le acariciaba el cuello y ella por impensable que fuese aquello anhelaba otro tipo de caricia y toque que ni ella misma entendía.
Un deseo palpitante se abrió en su bajo vientre y jadeó sin comprender lo que le ocurria.
Con las mejillas ardiendo y los ojos vibrantes de un oscuro anhelo, Edward giró el rostro de ella; para observarla con detenimiento.
Estaba excitada.
Y él estaba que iba a reventar. La habia observado hasta la saciedad. Segundo a segundo, viendo como a cada movimiento de aquellas mujeres las barreras que habia alrededor de ella se volcaban y sucumbían al deseo que palpitaba en su interior.
Y él también la deseaba…tanto que sus testículos dolían de una manera violenta.
-Acercaros.- les dijo a las prostitutas él; perdido en un mar de excitación.
A duras penas, cogió a Bella de la cintura y la apartó de él para que aquellas mujeres lo exprimieran bajo la atenta mirada de su prisionera.
Las mujeres se miraron las unas a las otras y se sonrieron gustosas. Comenzaron a acariciarlo por todo su cuerpo y él cerró los ojos con la respiración agitada.
Pero maldiciendo por lo bajo, cuando cerraba sus ojos no podia ver mas que aquellos ojos marrones que quería hacer sufrir.
-Dejadnos.- Las apartó con un ademan y se levantó del sofá dejando a Isabella tan confundida como excitada.
Abrió la puerta del comedor; expulsando a las mujeres desnudas y cerró con llave mientras se llevaba las manos a la cabeza y se volvia lentamente hacia ella.
-¿Qué sientes en estos momentos?.- le preguntó el con un deje marcadamente sexual.
-Nada.- dijo ella tragando saliva.
Él rió quedamente y caminó hacia ella.
-No lo creo. Veras.- le dijo,alzando una mano de ella y levantándola.- Estas temblando.- susurró mirándola a los ojos y besando aquella mano, frágil e inmaculadamente blanca.
-No es para menos..ha sido un espectáculo….
-¿Tan fría eres que no te has excitado ni un poquito?.- le preguntó él como un arrullo.
Isabella se escapó de su roce y caminó hacia atrás abrazandose a si misma. Desolada.
-No.
-No mientas, querida. Y aun lo estarás mas. Mucho mas…esta noche.- Edward fue un busca y se apoderó de sus labios con ansias; mientras la apretaba contra si, en un desenfreno desconocido. Echó mano de su cabello y lo acarició mientras se adueñaba de su lengua jactándose de hacer que ella gimiera de aquella manera al entrar en contacto con aquel vulgar musculo.
Se separó de Bella, pegando su frente a la de ella; mirándola con ardor.
-Esto va a ser muy diferente que la primera vez. Mucho mas…te lo prometo, amor.
Y volvió a engullir aquella boca que lo tenia seco y emborrachado al mismo tiempo de placer.
Continuará….
CAPITULO 8
Edward la miró con cautela y suspiró para sus adentros. Era demasiado bella; demasiado para su propia seguridad; sobre todo para la de él.
Entrecerró sus ojos con imágenes muy vividas de su hermana mayor; Alice y recompuso el gesto, dándole la autentica cara que Isabella Swan o Black…La de la crueldad y la rudeza…
-Baja ahora mismo.- Se acercó a ella con salvaje magnetismo y la cogió del un hombro con fuerza.- Quiero que me acompañes a la mesa. Te lo exigo.
Isabella se soltó de él; bruscamente y le alzó la mano para estampársela en el rostro.
Pero Edward no llegó a permitírselo. La paró antes de que su mano inpactara en su rostro y le sujetó con fuerza la muñeca y la arrastró hacia el pasillo con una calma demoniaca.
-¡Sueltame, maldito! ¡Que no….que no quiero!
-Me importa un bledo lo que quieras o no. Haras lo que yo te diga; mientras estes aquí. Aquí yo soy tu amo.
Bella intentó zafarse sin ningún éxito y dejó que su cuerpo diera de bruces con el suelo para parar al hombre en seco.
Él se giró y la miró con desdén, antes de cogerla por la cintura y llevársela al hombro como si de un saco de patatas se tratara.
-Te vendría bien una buena azotaina, por cabezota, Isabella.- Le palmeó el trasero con vehemencia; pues no dejaba de moverse.- Estate quieta o la próxima vez, retiraré todas esas capas funestas de tela que hay entre tú y ese culo respingón.
Bella, cerró fuertemente los ojos y bufó. Por su propio bien y el de sus posaderas; dejaría de moverse.
Pasó menos de un minuto antes de que la dejara en el suelo de malas maneras. Ella lo miró con odio y siguió sus movimientos.
No habia deparado en lo cabalmente apuesto que era.
Alto, atlético y bien formado. Exageradamente hermoso y unos ojos verdes que podían quitar el aliento de cualquier fémina que sucumbiera a sus deleznables encantos.
El rostro era casi angelical; si no fuera por aquella mueca hosca que estaba instalada en su rostro como un fantasma de crueldad.
Tomó asiento y la miró intensamente.
-Sientaté, Ya.
Isabella arrastró la silla y sin dejar de mirarlo se sentó en ella casi sin respirar.
Estaba envuelto en un aura de sensualidad. Habia advertido la sinuosa mata de rizos cobrizos que sobresalían sin pudor de su pecho. Aquella blanca camisa holgada le daba un aire de cruel cazador en busca de presa…y ella parecía una oveja perdida…
La entrada de Sam la sorprendió gratamente. Agradecia terriblemente no tener que estar a solas con aquel hombre que la habia hecho suya sin ningún tipo de contemplaciones; solo por salvaguardar algún oscuro secreto que habia llegado al poder de Jessica.
Bajó los ojos furiosa y dejó que Sam sirviese la cena.
No hablaron y Bella no lo miró en ningún momento. No quería enfrentarse al fuego cruel de sus ojos verdes.
-¿Puedo retirarme señor?.- la voz de Sam, asustó a Isabella que estaba sumida en un mar de preguntas sin respuestas aparentes.
-Retirate, Sam. Buenas noches.- espetó Edward, amable.
-Buenas noches señorita Swan.- susurró el interpelado; haciendo una leve reverencia.
Isabella lo miró con amabilidad y le sonrió.
-Buenas noches, Sam.
Bella esperó pacientemente a que los pasos de Sam dejaran de sonar para levantarse con suavidad de la silla y caminar hacia la salida sin mirar al cruel inquisidor.
Unos pasos la alcanzaron y tiraron de ella hasta lanzarla contra la pared.
-¿Dónde crees que vas? Yo no he decidido que te marches todavía.
-Me importa un comino.- siseó ella.
El cuerpo de Edward se moldeó al suyo y separó de entre las faldas las piernas de Bella para que ella pudiese sentir su virilidad hinchada.
-¿Crees que me importa que te importe? No. Esta noche hay espectáculo. Y quiero que estes presente. Creo que va a ser realmente interesante.
-Dejame o….
-¿O que?.- le hablaba con la boca muy pegada a la de ella y Bella podia sentir el dulce aroma de su aliento mientras la tenia apretada con su duro cuerpo.
-¿Por qué no dejar que me marche?.- dijo ella en un susurro, bajando la mirada hacia sus labios.- Yo…no…¡Tienes cientos de mujeres con las que divertirte! ¿Por qué yo? ¡No es bastante duro para mi, tener que haber perdido la honra con un ser como tú!
Edward admiró la calidez de sus orbes marrones y se maldijo interiormente.
-No quiero que te quedes con esa amarga experiencia. Quiero que salgas convertida en toda una amante consagrada. ¡Bendito el hombre que llegue a tus brazos! Lo vas a colmar de placeres…
-Eres un pervertido ¿Y debo suponer que eres tú el que me vas a enseñar?
Edward rió por lo bajó y se relamió con gusto los labios; como si de un felino se tratase a la caza de su presa.
-Por supuesto. Y vamos a empezar esta misma noche.
Ella lo miró sobresaltada y levantó un pie furiosa ; para encontrarse con el de Edward machacándolo con los medios botines.
Edward profirió toda clase de maldiciones y estuvo tentado a darle una tumda de palos en aquel redondito trasero; pero se contuvo. Sabia que aquella noche ella iba a dejar de ser un poco menos inocente de lo que ya era.
Salió mirándola con furia y se llevó la manos a la cabeza. Buscó por los pasillos la habitación donde debían de estar las prostitutas que debían de fustigar a Bella aquella noche; haciéndola sentirse débil has ta el punto de ir al encuentro de él.
Abrió la puerta son solemnidad y les hizo un gesto para que se levantaran.
Ellas le siguieron gustosas; pensando que aquella noche montarían al poderoso Edward Cullen; al salvaje y poderoso Edward Culllen.
-Quiero que me excitéis como sabeis que me gusta.- dijo él con indiferencia; antes de entrar en el comedor.- Y quiero que lo hagáis bien. Tendremos compañía.
Una de ellas se atrevió a preguntar-
-¿Nos satisfará señor?
-No. No lo creo.
Se miraron entre ellas y un velo de disgusto las embargó.
-Sereis bien recompensadas.
Volvieron a mirarse y sonrieron.
Entraron y miraron con curiosidad a la mujer que yacia sentada en la larga mesa. Parecia una señorita y las miraba como si les extrañara su presencia.
Bella sintió alivio por unos momentos. Por lo menos no quedaba sola con él.
-Ven.- dijo él. ofrenciendole la mano.- Vamos cerca del fuego.- Mis amigas nos van a deleitar con un excitante espectáculo.
Ella lo miró con una chispa de desconfianza en sus ojos; pero lo siguió. Las mujeres los esperaban con sonrisas en sus rostros y se miraban entre ellas cómplices.
-Sientate, a mi lado; querida Isabella, disfrutemos del espectáculo de estas bellas señoritas.
Bella miró a Edward por centésima vez consecutiva. Se dejó caer en la esquina de un mullido sofá y Edward hizo lo mismo en la otra punta del mismo.
Las mujeres que eran tres. Comenzaron a jugar entre ellas con sus manos; como si fueran niñas, corrian y se tapaban los ojos , jugando a la gallinita ciega…pero en un momento todo cambió…
Una de ellas; la mas morena en vez de echar manos a los ojos a la belleza pelirroja, le acarició los pechos, metiendo sus manos entre las suaves telas blancas que los tapaban. Isabella dejó escapar un jadeo y miró a Edward con horror.
Entendió casi inmediatamente lo que aquel demonio intentaba que ella viera aquella noche de nuevo. Una orgia de la que él seria participe sin ninguna duda.
Isabella se levantó contrariada y Edward la cogió por la cintura , haciéndola caer en sus rodillas.
-Dejame.- siseó, ella muerta de vergüeza. Las mujeres se acariciaban las unas a las otras y se iban despojando de las ropas que las envolvían poco.- Eres un cerdo…
-Shhhh…Apuesto que dejaras de ser una mojigata, una vez abandones este castillo, Isabella Swan….Mira.- le volvió el rostro hacia las mujeres y vió con horror como ya estaban completamente desnudas y se acariciaban sin pudor los pechos y los muslos.
Bella intentó apartar la vista; pero la fuerza en la mandíbula que ejercía Edward no le dio tregua y dejó de oponerse. De sus ojos vidriosos, comenzaron a escaparse gruesas lágrimas que Edward notó; haciéndose el desentendido.
Aunque el espectáculo a los ojos de Isabella era repúgnate. Sintió como el rubor se extendia por su rostro al ver como los labios de una de ellas succionaban y besaban los senos de otra y por sus caras; aquello debia ser placentero.
La otra se escabullía por las piernas y abria las piernas de la que gozaba con amplitud, dejándola totalmente expuesta delante de los ojos de los espectadores.
La mano de Edward se habia vuelto mas suelta y Bella podia asegurar que ya no hacia presión sobre ella; sino que intentaba acariciarla. Lo miró interrogante y se encontró con las salvajes pupilas de él enterradas en su rostro.
-El placer es indoloro, querida.- le susurró él, amoldandola un poco mas entre sus caderas.
Bella sintió que sus senos crecían en un hormigueo desconocido ante las palabras de aquel hombre. Giró el rostro para observar de nuevo a las mujeres y vió con desazón como una de ellas se habia metido entre los muslos de otra con la cabeza y le besaba y lamia su centro con voracidad. La mano abrasadora de Edward le acariciaba el cuello y ella por impensable que fuese aquello anhelaba otro tipo de caricia y toque que ni ella misma entendía.
Un deseo palpitante se abrió en su bajo vientre y jadeó sin comprender lo que le ocurria.
Con las mejillas ardiendo y los ojos vibrantes de un oscuro anhelo, Edward giró el rostro de ella; para observarla con detenimiento.
Estaba excitada.
Y él estaba que iba a reventar. La habia observado hasta la saciedad. Segundo a segundo, viendo como a cada movimiento de aquellas mujeres las barreras que habia alrededor de ella se volcaban y sucumbían al deseo que palpitaba en su interior.
Y él también la deseaba…tanto que sus testículos dolían de una manera violenta.
-Acercaros.- les dijo a las prostitutas él; perdido en un mar de excitación.
A duras penas, cogió a Bella de la cintura y la apartó de él para que aquellas mujeres lo exprimieran bajo la atenta mirada de su prisionera.
Las mujeres se miraron las unas a las otras y se sonrieron gustosas. Comenzaron a acariciarlo por todo su cuerpo y él cerró los ojos con la respiración agitada.
Pero maldiciendo por lo bajo, cuando cerraba sus ojos no podia ver mas que aquellos ojos marrones que quería hacer sufrir.
-Dejadnos.- Las apartó con un ademan y se levantó del sofá dejando a Isabella tan confundida como excitada.
Abrió la puerta del comedor; expulsando a las mujeres desnudas y cerró con llave mientras se llevaba las manos a la cabeza y se volvia lentamente hacia ella.
-¿Qué sientes en estos momentos?.- le preguntó el con un deje marcadamente sexual.
-Nada.- dijo ella tragando saliva.
Él rió quedamente y caminó hacia ella.
-No lo creo. Veras.- le dijo,alzando una mano de ella y levantándola.- Estas temblando.- susurró mirándola a los ojos y besando aquella mano, frágil e inmaculadamente blanca.
-No es para menos..ha sido un espectáculo….
-¿Tan fría eres que no te has excitado ni un poquito?.- le preguntó él como un arrullo.
Isabella se escapó de su roce y caminó hacia atrás abrazandose a si misma. Desolada.
-No.
-No mientas, querida. Y aun lo estarás mas. Mucho mas…esta noche.- Edward fue un busca y se apoderó de sus labios con ansias; mientras la apretaba contra si, en un desenfreno desconocido. Echó mano de su cabello y lo acarició mientras se adueñaba de su lengua jactándose de hacer que ella gimiera de aquella manera al entrar en contacto con aquel vulgar musculo.
Se separó de Bella, pegando su frente a la de ella; mirándola con ardor.
-Esto va a ser muy diferente que la primera vez. Mucho mas…te lo prometo, amor.
Y volvió a engullir aquella boca que lo tenia seco y emborrachado al mismo tiempo de placer.
Continuará….
domingo, 13 de febrero de 2011
Prisionera Del Deseo
PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO 7
Bella Swan a pesar de su corta edad; sabia muy bien que aquello que habia ocurrido hacia breves horas no tenia manera de encubrirlo a la hora de volver a estar en la alcoba con su marido; si es que alguna vez, después de aquello, soñaba con casarse.
Salió de la tina, desprendiéndose el agua de su piel muy sutilmente y fue hacia un armario. No sin antes coger una gran toalla con la que envolvió su cuerpo.
Cuando abrió una de la lamas ,la boca se le abrió en una bonita o.
En aquellas perchas ornamentadas, habia cantidades desorbitadas de vestidos y zapatos, así como todos los complementos de ellos; eran algo antiguos; pero no eran desmerecidos, ni muchísimo menos.
-Deben ser de la tal Alice.-se dijo a si misma.
Buscó entre las decenas de prendas alguna que se asemejara a su estilo y conveniencia y suspiró.
Aquella muchacha; la dueña de aquellos vestidos, tenia un fino gusto, rozaba claramente lo exquisito; pero no tenia nada que ver con los gustos de Bella.
Achicó los ojos al fondo del armario y pudo ver, muy escondido un vestido, completamente negro, con el cuello de gasa transparente, que cubría muy decentemente el escote.
-Este servirá.
Buscó una adecuada ropa interior y se la puso. Un poco apretada y corta; ya que por lo que se veía la muchacha dueña de aquellas ropas era mas menuda que ella.
Sin ayuda y con mucha paciencia se puso todo el vestido completo y como punto final, se calzó unos preciosos botines de tacón medio,
Se miró al espejo y suspiró. El cabello se le habia secado en la iliada de” en busca de un vestido decente”.
-¿Y ahora que hago yo con esto?.- Se llevó las manos a la masa de cabello y lo enredó en su nuca. Buscó alguna horquilla perdida en alguna de los cajones y clamó al cielo. Ya que tuvo una suerte inmensa. Ensartó varias alrededor de la nuca y se felicitó por crear un moño, básicamente perfecto.
Se miró orgullosa en el espejo y volvió su cuerpo a uno de los ventanales que daban a la calle.
El clima era tan tortuoso como su propia alma.
La niebla gris y los carruajes negros que salian estrepitosamente de la mansión, daban pensar a la muchacha que lo que acontecía en los subterráneos de la mansión ya estaba llegando a su final.
Se preguntó cuanto tiempo le quedaría de aguantar a aquel tipo. Pero de lo que si estaba completamente segura es que no iba a dejar que le tocara ni un pelo más.
Edward Cullen andaba con la mirada despierta hacia sus habitaciones.
Despues de la frenética sesión de sexo con aquellas dos bellezas, se habia quedado extenuado.
Toda la rabia y la desazón de haber desvirgado a la cuñada de Jessica; habia desaparecido.
Tendria que mover los hilos que fuesen necesarios para que aquella mujer saltara de la mansión lo antes posible.
Abrió una de sus habitaciones y se adentró en ella listo para asearse y hablar con sus hombres antes de cenar.
Sam lo estaba esperando en su habitación con la cabeza baja y colgando de su brazo una gran toalla blanca.
-¿Qué haces ahí; Sam?.- le preguntó él, abriendo uno de los cajones de la cómoda . Encontró un grueso puro y lo llevó a sus labios. Sam se adelantó hacia él y se lo encendió con una gruesa mecha.
-La señora Swan, antes de irme me dio esto para usted.- Sam le entregó un sobre a Edward y éste miró a Sam , juntando sus gruesas cejas.
-No. Ahora estoy de demasiado buen humor para leerla.- la dejó encima de un escritorio.- Ya veo que lo tienes todo preparado. En un par de horas que esté la cena lista, Sam. Ah…y házselo saber a la señorita Swan. Si gusta acompañarme…que lo dudo…
-Señor con todos mis respetos…
-¿Si, Sam?.- la mirada inquisidora de Edward, hizo tragar en seco al mayordomo.
-Sabe que lo conozco desde que era un niño, Señor Cullen; pero no encuentro adecuado lo que esta haciendo con esa jovencita…
Edward hizo una mueca de desagrado y tiró el puro al suelo con desdén.
Agarró la toalla que llevaba el mayordomo asida a un brazo y sin mirarlo, fue hacia la tina.
Dejó que hábito que llevaba puesto resbalara por sus espaldas y se metió en el agua bien caliente.
Suspiró y se llevó una mano a la frente; algo derrotado.
-Quiero que le digas a los chicos que estén aquí en una hora. Quiero saber lo que han sacado en claro del dia de hoy.
Creo que la mujerzuela esa a la que iba a hacer mi esposa sabe mas de la gruta de lo que debería, Sam.
El mayordomo se tensó. Le estaba dando la espalda a su amo; pero estaba alerta a todos los movimientos que hacia Edward.
-¿Y que cree que sepa, señor?
-No sé…pero por muy poco que sepa, ya es un peligro para mi y para mis planes.
-¿Usted cree que sepa?.- Sam no se dignó a terminar la frase.
-Pues no tengo la menor idea. Pero no tengo ninguna ganas de abrir ese sobre. Aunque sé que ahí esta todo lo que ella sabe y por lo que chantajea…pero ¿Qué chantaje es ese, que quiere dejar tan malparada a su propia cuñada? No lo entiendo….
-Señor…lo mejor seria, descubrir el desentuerto…
Edward cerró los ojos y sumergió toda la cabeza en la tina, haciendo una mueca de placer.
Al volver a la superficie, restregó con sus dedos los ojos y abrió la boca para hablar.
-Abre el sobre y léemela cartita de las narices…a ver que sorpresas me tiene preparadas la dulce señora Swan.
El mayordomo dio unos pasos hacia el escritorio abrió el sobre que no se hallaba lacrado y abrió el papel lentamente.
Carraspeó severamente y se dispuso a leer.
Querido Edward:
Todo lo que me dispongo a decirte; debe ser tan secreto para ti como lo es para mi, tu gloriosa gruta y lo que haces servir de ella.
Sé lo que te propones con esas bacanales que organizas.
Todo es una tapadera para tus artimañas en contra del primer ministro Jacob Black. Todavía no le has perdonado que se llevara a tu hermana Alice a la fuerza, después de haberla vendido tu padre al mejor postor hace ya muchos años.
El odio ciego que le procesas te ha hecho cavar tu propia tumba.
¿Cómo dignas si quieras a espiar a Jacob Black y quitarlo del poder? Es nuestro máximo representante, gracias a él, se rige nuestro país. Tu locura es desmedida…como la de tu hermana…
Lo de Isabella es otra cosa…La odio…ha sido la perfecta siempre…sabiendo lo que sé de ella, juro por Dios que no sé como no fui capaz de matarla con mis propias manos cuando descubrí los verdaderos sentimientos que tenía Mike hacia ella…
Sus miradas y sus caricias…la muy tonta nunca se dio cuenta de nada…pero yo, yo si.
Él estaba enamorado de ella; como un loco, pero claro, no la podia desposar. Para ojos de todo el mundo ella era su hermana.
Pero nada mas lejos de la verdad.
Me enteré por uno de los cuchicheos de las criadas que Isabella fue recogida a los días de nacida; por la madre de Mike.
Siempre me pregunté como podían ser tan diferentes…
Isabella…la odio…
Si tan solo supiera que el pequeño vastardo que dice ser su sobrino no es hijo si no del jardinero….
….busqué rasgos parecidos en aquel hombre para que no hubiese dudas respecto a la paternidad de Mike…él me tocó tan solo dos veces y las dos veces cuando caia rendido en mi pecho susurraba el nombre de Isabella.
Devuélvela cuando gustes. Pero la quiero rota y desequilibrada; como dicen que esta tu hermana Alice….
Si no lo haces Edward, te denunciaré y los ordenanzas caerán encima de ti como moscas. No dudes que están buscando lo que sea para poder apresarte…lo que haces en la gruta es de dominio público; claro que no saben la verdadera función…si lo supiesen…
Ah….averigué el paradero del padre de Isabella…es una Black…..
Disfruta de tu venganza.
Jessica Swan.
Edward se levantó de la tina como un resorte y cayendo el agua sobre su atlético cuerpo, caminó con una mueca indescifrable en su rostro y le quitó el papel de las manos a su mayordomo Sam.
Empapando la sobria caligrafia de Jessica, releyó la carta unas seis veces; sin dar crédito a la ultima de las frases.
Ella es una Black.
Ella es hija de Jacob Black.
Arrugó el papel en su puño y lo lanzó a la crepitosa chimenea que lanzaba chispas al quemar la seca madera.
-Sam…
-Señor…
-Media hora. Quiero a los chicos aquí.¡media hora! Ni un minuto mas….y en lo que respecta a la señorita Swan…Black o como mierda se llame…dile que he ordenado que me acompañe en la mesa….-Edward completamente desnudo se giró para buscar su ropa.- Ah…y dile a las chicas que no se marchen. Quiero espectáculo al final de la cena.
Sam no dijo nada. Se marchó asintiendo ligeramente y bajó a avisar a los discípulos de Edward…luego avisó a las mujerzuelas que ya se vestían para marcharse.
Soliviantadas ante aquello. Las chicas se miraron las unas a las otras y se sonrieron lascivas.
-Por lo visto quiere una sesión privada…gustosas…
Sam torció la boca en señal de repulsión y marchó a hablar a la muchacha.
Aporreó con los nudillos la puerta y se oyó un débil “pase”
Bella estaba aovillada en la cama y miró a Sam de manera alarmante.
-El señor, le ruega que lo acompañe a cenar. En hora y media.
Isabella levantó el mentón, altanera.
-Dígale a su amo que no iré. Prefiero morirme de hambre antes que compartir comida con él.
Sam, avanzó unos pasos y una sombra de preocupación inundó su rostro.
-Señorita. Por su bien. No contradiga al señor. Tiene muy mal humor…
-No.
-Por favor…
-No me moveré de aquí. Lo siento. Se lo puede decir, no iré a ningún sitio, mas con él. No lo soporto…
Sam cerró los ojos y se pasó una mano por la frente, parecía que habia envejecido 10 años de golpe..
-Muy bien, señorita . Se lo haré saber.
Isabella lo miró preocupada. Y un pensamiento agorero la estremeció. Lo apartó y siguió recostada en la cama. Preparada para encarar al hombre; porque a ciencia cierta sabia, que vendría a buscarla y tendrían una fuerte discursión.
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El revuelo en la habitación de Edward era de locos. Parecia un gallinero.
-No tenemos como saberlo; Edward. Si alguno de los aquí presente se acostó con esa mujerzuela y le solpló todo eso. Dudo que cante ahora.- Un chico rudo y bien formado, miraba a su amo. Estaba a su derecha.
-Sólo pido que sea quien sea. Dé la cara ahora. Porque cuando averiguemos quien es, lo pagará con la muerte. Chicos esto es muy delicado. Esa mujer sabe mucho de todos nosotros y si somos apresados todos moriremos. Ósea que no os fieis ni de vuestra sombra.- Edward hablaba para todos; pero no miraba a ninguno en particular.
Los murmullos y las palabras malsonantes se oian como una cadencia monótona de aquella discursion.
-Bien señores. Lo dicho, dicho está. Ahora tengo otro tipo de cosas que hacer, si me disculpan.- Edward sonrió a Emmet con picardía y despidió a todos los hombres; que debían de ser una decena aproximadamente.
Emmet lo miró con preocupación y suspiró.
-Si es cierto lo que me has contado de la carta, Edward…Tú y solo tú sabes lo que debes de hacer…toda tu vida has ido detrás de ese Black , por lo que le hizo a tu hermana…ahora es tu turno…aunque yo me aseguraría si es hija de verdad del tal Jacob…Maria puede ayudarte en esto…ya sabes que ella….
-Si. Pero primero voy a divertirme un poco con la muchachita.- La sonrisa lasciva de Edward, dio miedo a Emmet y se le encogió el corazón.
Edward despidió a su mano derecha y bajó hacia el comedor. Se sentó en la silla principal y allí espero cortésmente a que la invitada apareciera.
Sam cabizbajo y preocupado se presentó.
Edward lo miró inquisidor.
-¿Dónde esta…?
Sam tragó en seco.
-No quiere bajar, señor. Se niega.
Edward Cullen arrastró la silla y tiró la servilleta que habia cogido anteriormente. Se levantó y con grandes zancadas subió al piso continuo , para ir en busca de la joven.
Su ira era tal que no tenia cabida en aquella casa. Queria desmenuzarla, azotarla…
Abrió la puerta, sin ni siquiera tocar en ella y la cerró de un portazo La encontró de pie y enfrentándolo. Por lo visto, esperaba que subiese a por ella. ¡Maldita!
Continuará…
CAPITULO 7
Bella Swan a pesar de su corta edad; sabia muy bien que aquello que habia ocurrido hacia breves horas no tenia manera de encubrirlo a la hora de volver a estar en la alcoba con su marido; si es que alguna vez, después de aquello, soñaba con casarse.
Salió de la tina, desprendiéndose el agua de su piel muy sutilmente y fue hacia un armario. No sin antes coger una gran toalla con la que envolvió su cuerpo.
Cuando abrió una de la lamas ,la boca se le abrió en una bonita o.
En aquellas perchas ornamentadas, habia cantidades desorbitadas de vestidos y zapatos, así como todos los complementos de ellos; eran algo antiguos; pero no eran desmerecidos, ni muchísimo menos.
-Deben ser de la tal Alice.-se dijo a si misma.
Buscó entre las decenas de prendas alguna que se asemejara a su estilo y conveniencia y suspiró.
Aquella muchacha; la dueña de aquellos vestidos, tenia un fino gusto, rozaba claramente lo exquisito; pero no tenia nada que ver con los gustos de Bella.
Achicó los ojos al fondo del armario y pudo ver, muy escondido un vestido, completamente negro, con el cuello de gasa transparente, que cubría muy decentemente el escote.
-Este servirá.
Buscó una adecuada ropa interior y se la puso. Un poco apretada y corta; ya que por lo que se veía la muchacha dueña de aquellas ropas era mas menuda que ella.
Sin ayuda y con mucha paciencia se puso todo el vestido completo y como punto final, se calzó unos preciosos botines de tacón medio,
Se miró al espejo y suspiró. El cabello se le habia secado en la iliada de” en busca de un vestido decente”.
-¿Y ahora que hago yo con esto?.- Se llevó las manos a la masa de cabello y lo enredó en su nuca. Buscó alguna horquilla perdida en alguna de los cajones y clamó al cielo. Ya que tuvo una suerte inmensa. Ensartó varias alrededor de la nuca y se felicitó por crear un moño, básicamente perfecto.
Se miró orgullosa en el espejo y volvió su cuerpo a uno de los ventanales que daban a la calle.
El clima era tan tortuoso como su propia alma.
La niebla gris y los carruajes negros que salian estrepitosamente de la mansión, daban pensar a la muchacha que lo que acontecía en los subterráneos de la mansión ya estaba llegando a su final.
Se preguntó cuanto tiempo le quedaría de aguantar a aquel tipo. Pero de lo que si estaba completamente segura es que no iba a dejar que le tocara ni un pelo más.
Edward Cullen andaba con la mirada despierta hacia sus habitaciones.
Despues de la frenética sesión de sexo con aquellas dos bellezas, se habia quedado extenuado.
Toda la rabia y la desazón de haber desvirgado a la cuñada de Jessica; habia desaparecido.
Tendria que mover los hilos que fuesen necesarios para que aquella mujer saltara de la mansión lo antes posible.
Abrió una de sus habitaciones y se adentró en ella listo para asearse y hablar con sus hombres antes de cenar.
Sam lo estaba esperando en su habitación con la cabeza baja y colgando de su brazo una gran toalla blanca.
-¿Qué haces ahí; Sam?.- le preguntó él, abriendo uno de los cajones de la cómoda . Encontró un grueso puro y lo llevó a sus labios. Sam se adelantó hacia él y se lo encendió con una gruesa mecha.
-La señora Swan, antes de irme me dio esto para usted.- Sam le entregó un sobre a Edward y éste miró a Sam , juntando sus gruesas cejas.
-No. Ahora estoy de demasiado buen humor para leerla.- la dejó encima de un escritorio.- Ya veo que lo tienes todo preparado. En un par de horas que esté la cena lista, Sam. Ah…y házselo saber a la señorita Swan. Si gusta acompañarme…que lo dudo…
-Señor con todos mis respetos…
-¿Si, Sam?.- la mirada inquisidora de Edward, hizo tragar en seco al mayordomo.
-Sabe que lo conozco desde que era un niño, Señor Cullen; pero no encuentro adecuado lo que esta haciendo con esa jovencita…
Edward hizo una mueca de desagrado y tiró el puro al suelo con desdén.
Agarró la toalla que llevaba el mayordomo asida a un brazo y sin mirarlo, fue hacia la tina.
Dejó que hábito que llevaba puesto resbalara por sus espaldas y se metió en el agua bien caliente.
Suspiró y se llevó una mano a la frente; algo derrotado.
-Quiero que le digas a los chicos que estén aquí en una hora. Quiero saber lo que han sacado en claro del dia de hoy.
Creo que la mujerzuela esa a la que iba a hacer mi esposa sabe mas de la gruta de lo que debería, Sam.
El mayordomo se tensó. Le estaba dando la espalda a su amo; pero estaba alerta a todos los movimientos que hacia Edward.
-¿Y que cree que sepa, señor?
-No sé…pero por muy poco que sepa, ya es un peligro para mi y para mis planes.
-¿Usted cree que sepa?.- Sam no se dignó a terminar la frase.
-Pues no tengo la menor idea. Pero no tengo ninguna ganas de abrir ese sobre. Aunque sé que ahí esta todo lo que ella sabe y por lo que chantajea…pero ¿Qué chantaje es ese, que quiere dejar tan malparada a su propia cuñada? No lo entiendo….
-Señor…lo mejor seria, descubrir el desentuerto…
Edward cerró los ojos y sumergió toda la cabeza en la tina, haciendo una mueca de placer.
Al volver a la superficie, restregó con sus dedos los ojos y abrió la boca para hablar.
-Abre el sobre y léemela cartita de las narices…a ver que sorpresas me tiene preparadas la dulce señora Swan.
El mayordomo dio unos pasos hacia el escritorio abrió el sobre que no se hallaba lacrado y abrió el papel lentamente.
Carraspeó severamente y se dispuso a leer.
Querido Edward:
Todo lo que me dispongo a decirte; debe ser tan secreto para ti como lo es para mi, tu gloriosa gruta y lo que haces servir de ella.
Sé lo que te propones con esas bacanales que organizas.
Todo es una tapadera para tus artimañas en contra del primer ministro Jacob Black. Todavía no le has perdonado que se llevara a tu hermana Alice a la fuerza, después de haberla vendido tu padre al mejor postor hace ya muchos años.
El odio ciego que le procesas te ha hecho cavar tu propia tumba.
¿Cómo dignas si quieras a espiar a Jacob Black y quitarlo del poder? Es nuestro máximo representante, gracias a él, se rige nuestro país. Tu locura es desmedida…como la de tu hermana…
Lo de Isabella es otra cosa…La odio…ha sido la perfecta siempre…sabiendo lo que sé de ella, juro por Dios que no sé como no fui capaz de matarla con mis propias manos cuando descubrí los verdaderos sentimientos que tenía Mike hacia ella…
Sus miradas y sus caricias…la muy tonta nunca se dio cuenta de nada…pero yo, yo si.
Él estaba enamorado de ella; como un loco, pero claro, no la podia desposar. Para ojos de todo el mundo ella era su hermana.
Pero nada mas lejos de la verdad.
Me enteré por uno de los cuchicheos de las criadas que Isabella fue recogida a los días de nacida; por la madre de Mike.
Siempre me pregunté como podían ser tan diferentes…
Isabella…la odio…
Si tan solo supiera que el pequeño vastardo que dice ser su sobrino no es hijo si no del jardinero….
….busqué rasgos parecidos en aquel hombre para que no hubiese dudas respecto a la paternidad de Mike…él me tocó tan solo dos veces y las dos veces cuando caia rendido en mi pecho susurraba el nombre de Isabella.
Devuélvela cuando gustes. Pero la quiero rota y desequilibrada; como dicen que esta tu hermana Alice….
Si no lo haces Edward, te denunciaré y los ordenanzas caerán encima de ti como moscas. No dudes que están buscando lo que sea para poder apresarte…lo que haces en la gruta es de dominio público; claro que no saben la verdadera función…si lo supiesen…
Ah….averigué el paradero del padre de Isabella…es una Black…..
Disfruta de tu venganza.
Jessica Swan.
Edward se levantó de la tina como un resorte y cayendo el agua sobre su atlético cuerpo, caminó con una mueca indescifrable en su rostro y le quitó el papel de las manos a su mayordomo Sam.
Empapando la sobria caligrafia de Jessica, releyó la carta unas seis veces; sin dar crédito a la ultima de las frases.
Ella es una Black.
Ella es hija de Jacob Black.
Arrugó el papel en su puño y lo lanzó a la crepitosa chimenea que lanzaba chispas al quemar la seca madera.
-Sam…
-Señor…
-Media hora. Quiero a los chicos aquí.¡media hora! Ni un minuto mas….y en lo que respecta a la señorita Swan…Black o como mierda se llame…dile que he ordenado que me acompañe en la mesa….-Edward completamente desnudo se giró para buscar su ropa.- Ah…y dile a las chicas que no se marchen. Quiero espectáculo al final de la cena.
Sam no dijo nada. Se marchó asintiendo ligeramente y bajó a avisar a los discípulos de Edward…luego avisó a las mujerzuelas que ya se vestían para marcharse.
Soliviantadas ante aquello. Las chicas se miraron las unas a las otras y se sonrieron lascivas.
-Por lo visto quiere una sesión privada…gustosas…
Sam torció la boca en señal de repulsión y marchó a hablar a la muchacha.
Aporreó con los nudillos la puerta y se oyó un débil “pase”
Bella estaba aovillada en la cama y miró a Sam de manera alarmante.
-El señor, le ruega que lo acompañe a cenar. En hora y media.
Isabella levantó el mentón, altanera.
-Dígale a su amo que no iré. Prefiero morirme de hambre antes que compartir comida con él.
Sam, avanzó unos pasos y una sombra de preocupación inundó su rostro.
-Señorita. Por su bien. No contradiga al señor. Tiene muy mal humor…
-No.
-Por favor…
-No me moveré de aquí. Lo siento. Se lo puede decir, no iré a ningún sitio, mas con él. No lo soporto…
Sam cerró los ojos y se pasó una mano por la frente, parecía que habia envejecido 10 años de golpe..
-Muy bien, señorita . Se lo haré saber.
Isabella lo miró preocupada. Y un pensamiento agorero la estremeció. Lo apartó y siguió recostada en la cama. Preparada para encarar al hombre; porque a ciencia cierta sabia, que vendría a buscarla y tendrían una fuerte discursión.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
El revuelo en la habitación de Edward era de locos. Parecia un gallinero.
-No tenemos como saberlo; Edward. Si alguno de los aquí presente se acostó con esa mujerzuela y le solpló todo eso. Dudo que cante ahora.- Un chico rudo y bien formado, miraba a su amo. Estaba a su derecha.
-Sólo pido que sea quien sea. Dé la cara ahora. Porque cuando averiguemos quien es, lo pagará con la muerte. Chicos esto es muy delicado. Esa mujer sabe mucho de todos nosotros y si somos apresados todos moriremos. Ósea que no os fieis ni de vuestra sombra.- Edward hablaba para todos; pero no miraba a ninguno en particular.
Los murmullos y las palabras malsonantes se oian como una cadencia monótona de aquella discursion.
-Bien señores. Lo dicho, dicho está. Ahora tengo otro tipo de cosas que hacer, si me disculpan.- Edward sonrió a Emmet con picardía y despidió a todos los hombres; que debían de ser una decena aproximadamente.
Emmet lo miró con preocupación y suspiró.
-Si es cierto lo que me has contado de la carta, Edward…Tú y solo tú sabes lo que debes de hacer…toda tu vida has ido detrás de ese Black , por lo que le hizo a tu hermana…ahora es tu turno…aunque yo me aseguraría si es hija de verdad del tal Jacob…Maria puede ayudarte en esto…ya sabes que ella….
-Si. Pero primero voy a divertirme un poco con la muchachita.- La sonrisa lasciva de Edward, dio miedo a Emmet y se le encogió el corazón.
Edward despidió a su mano derecha y bajó hacia el comedor. Se sentó en la silla principal y allí espero cortésmente a que la invitada apareciera.
Sam cabizbajo y preocupado se presentó.
Edward lo miró inquisidor.
-¿Dónde esta…?
Sam tragó en seco.
-No quiere bajar, señor. Se niega.
Edward Cullen arrastró la silla y tiró la servilleta que habia cogido anteriormente. Se levantó y con grandes zancadas subió al piso continuo , para ir en busca de la joven.
Su ira era tal que no tenia cabida en aquella casa. Queria desmenuzarla, azotarla…
Abrió la puerta, sin ni siquiera tocar en ella y la cerró de un portazo La encontró de pie y enfrentándolo. Por lo visto, esperaba que subiese a por ella. ¡Maldita!
Continuará…
viernes, 28 de enero de 2011
Prisionera del Deseo
PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO SEIS
Edward Cullen sintió asco por él mismo y por la actitud de aquella loca enfermiza, que era Jessica Swan.
Habia intentado por todos los medios de olvidar, que ella los estaba mirando. Que habia un caudal de personas siguiéndolo con la mirada cada vez que embestía sin piedad aquella débil figura de porcelana.
Hubo un momento en que perdió la noción de todo y se dejó llevar. Era tanto el placer y la estrechez de aquel cuerpo , que la liberación salió de el suyo como si llevara años sin correrse dentro de una mujer.
Habia sentido tanta tirantez en su verga que no pudo controlar; vacilación ninguna para prolongar el acto.
Tampoco lo quería.
Ella estaba seca como una piedra. Cuando arremetió en ella; ayudándose de su mano, ni siquiera se quejó. Cerró los ojos muy fuertemente y suspiró abatida.
Intentó que abriera los ojos, llamándola por su nombre dulcemente; pero ella no cedió a su reclamo.
Al romper el himen ; prueba de su virginidad, el hombre notó como se iba humedeciendo poco a poco y fue invistiendo con más fuerza.
El falo que entraba y salía con solemnidad,adquirió un tono amarronado.
Prueba de la virgindad de la chica.
Edward con la mandibula apretada y mirando al rostro de Bella, juró que nunca más, forzaría a una mujer para hacerla suya. Era lo más denigrante que le podia suceder a un hombre.
Pero era tan tremendamente estrecha…suspiró. Esa mujer lo encendía con solo mirarla.
Acercó una mano a uno de sus pechos y se maravilló ante aquel dulce tacto. El seno; parecía estar hecho para que albergara toda su mano en él. Masajeó con cuidado y la miró de nuevo al rostro. Dos lagrimas como puños, bajaban por las mejillas de la joven muchacha.
Él hizo un chasquido con la lengua y envistió con mas celeridad….acabó. Acabó dentro de ella , jadeante y sudoroso. Asombrado de aquel reventón de sensaciones.
La miró extrañado por su comportamiento y le habló, sereno.
-Ya he acabado.- le dijo, alzó una mano para secarle las lagrimas,; pero ella se negó.
-Suélteme, por favor. Ya es demasiado denigrante.- sofocó un jadeo, tapándose la boca con una de sus manos y lo miró acusadora.- Nunca pensé que mi entrega seria tan repugnante..delante de toda esta gente…y con un hombre que no amo, ni me interesa lo más minimo. Deme algo con lo que me cubra….por favor.
Edward habia oído con atención todas aquellas palabras y sintió ira en su interior. Ella lo odiaba; no podia justificarla. Era lo mas normal.
Caminó unos pasos hacia uno de sus hombres y éste le tendió una túnica roja; para que ella pudiera cubrirse.
Bella cogió el hábito con el alma hecha añicos. Habia sido la experiencia más repúgnate que habia vivido.
Cubrió su cuerpo con aquel paño de lascivia y pecado y le dieron arcadas. No soportaba aquel antro ni a todos los que participaban en él de sus juegos perversos.
Sintió sus muslos húmedos y se tocó levemente. Miró su mano ensangrentada y la limpió en uno de los bolsillos de la túnica. Habia perdido su inocencia con un hombre que era el mismo demonio…ella que era todo candor…o al menos lo era; hasta hacia unas horas.
Se mantuvo rigida junto al hombre. Él la observaba como si fuera un espécimen extraño y ella bajó la cabeza, de una manera totalmente sumisa.
-Ven. Te llevaré a las habitaciones de aseo. Allí podras estar tranquila y cuando estes preparada, puedes volver a la habitación de mi hermana Alice.
Bella no habló pero lo acompañó, hasta la salida de la cueva.
Miraba sus pies desnudos; ya que él no habia cubierto ni un ápice de su cuerpo.
A ella se le fueron los ojos mas de una vez; ya que él iba delante de ella; guiándola .
Su andar felino, movía todos sus músculos como si fuera un puma y sus posaderas, orgullosas, se contoneaban perversamente ante los ojos de cualquier mujer; incluso a los de ella, que lo odiaba con todas sus fuerzas.
Pero mas, mucho más odiaba a la que se decía llamar su cuñada.
Jessica la habia humillado y ultrajado delante de toda aquella gente y habia vendido su ingenuidad con su antiguo amante.
Aunque aún no lograba comprender, el porqué de todo aquello, suspuso que algo muy grave tenia que hacer ese demonio, en aquella cueva; para tener aquel miedo a que ella hablara….porque en un principio; la excusa fué Jared; pero al final de todo su único propósito habia sido humillarla como lo hizo; denigrarla hasta lo imposible, sabiendo perfectamente, el comportamiento intachable que habia tenido Bella durante toda su escasa juventud.
Bella era valiente y no se amedrantaba fácilmente. Pero aquello habia pasado de vuelta. Mancillada hasta la saciedad se juró a si misma que el tiempo que le quedara en aquella mansión iba a defenderse con uñas y dientes de aquella bestia que se llamaba Edward Cullen.
Cuando arremetió contra su cuerpo; con su lanza candente. Notó que se quebraba por dentro, que la partían. Que algo de ella huía para no volver jamás y todo por culpa de el maldito secreto de aquel bastardo de ojos verdes.
Furiosa, Bella no se dio cuenta que él habia parado su marcha y casi choca con su cuerpo desnudo, fue rápida y casi se da de bruces en el suelo para salvaguardar su cuerpo del tacto del hombre demonio.
Él se giró con una mirada dura y le abrió una de las puertas con solemnidad.
-Aquí tienes los aseos. Hay una tina preparada con agua caliente. Habia sido preparada para mi. Pero creo que voy a divertirme un poco antes de asearme.- Su boca dibujó una perversa sonrisa.- Sé que no ha sido placentero para ti; pero para mi tampoco. Te lo puedo asegurar, no me gustan las vírgenes. Son una carga demasiado pesada para mi conciencia.- Se pasó una mano por el cabello alborotándolo.- Mañana hablaré con la mujer de que te hablé; quizás ella pueda unir lo que yo despedacé.
Bella que mantenía la cabeza agachada, levantó firmemente el mentón y lo miró con ironia.
- ¿Esa mujer une el alma rota, la moralidad, borra la humillación de ser mancillada y en publico además? No…- susurró.- Puede que una lo visible…pero lo invisible, lo que lleva una, en lo mas profundo de su alma no creo que lo recomponga . Ahora márchese. No quiero verlo más. Y le agradecería que el tiempo que me encuentre en su casa, absténgase de verme, saludarme o mirarme si quiera. Comeré en la habitación que tan amablemente me ha cedido.- esto último lo siseó con una dura ironía.
Avanzó hacia la puerta sin mirarlo y él quiso asirla de un brazo. Ella le lanzó una mirada de odio y farfulló.
-Espero que sus secretos, valgan mas que la honra de una señorita mancillada, señor Cullen. Mucho mas….suponia que no tenia corazón, pero ahora veo que si lo tiene, pero es negro como el carbón de la casa del demonio. Usted es el mismo demonio….
Una carcajada limpia, surgió de la boca del hombre que la miraba divertido.
-¿Demonio? ¿usted cree que soy el demonio? ¿Y que es su cuñada?
Ella cerró la puerta con fuerza y oyó como las carcajadas se iban alejando.
Respiró con dificultad y hechó hacia atrás el hábito mientras emergía en la tina.
Alrededor de ella, habia aceites perfumados, jabones, con olores deliciosos y sendos petalos de rosa, para perfumar el agua.
Suspiró resignada y zambulló sus ondas, en el agua, palpó la flor de su secreto y condolida, hizo un mohín resentida.
¿Por aquel acto, las mujeres se volvían locas por los hombres y adquirían amantes? Negó con la cabeza. Era lo mas repugnante que habia visto nunca.
Y eso sin hablar lo que habia sentido…el dolor tan maldito, repartiéndose por su columna vertebral y su vientre.
Su vientre..un pensamiento se cruzó por su mente..¿Y si hubiera quedado embarazada de aquel demonio? Si bien él habia esparcido su simiente en su interior, puede que se cuidara de dejar embarazadas a las mujeres con las que mantenía esa clase de contacto.
Bella se estremeció.
Juró que nunca mas en su vida tendría intimidad con ningún otro hombre. Jamás.
Esparció el jabon por su cabello y cuerpo; mientras pensaba la manera de salir de allí antes de lo que se habia asignado.
Edward Cullen caminaba de nuevo hacia la gruta.
Estaba de un humor de perros. Aquella muchachita de ojos achocolatados; lo habia tratado como un patán. ¿Bueno, no lo era en realidad? Rememoró con pesar, las intimidades de la joven y se plantó en la cueva con su falo duro como una piedra y gritando contacto humano.
Buscó con la mirada a alguna mujer abandonada, después de haber copulado salvajemente.
Achicó los ojos y vislumbró, no muy lejos a una sensual pelirroja que arremetía a lengüetazos en el coño de otra. Sonrió, avanzó hacia ellas y se plantó con las piernas abiertas delante de ellas.
Su boca formó una sonrisa extremadamente sexy, y las miró ofuscado por la excitación.
-¿Me admitireis en el juego?.- preguntó , mirando el cuerpo desnudo de la morena, que descansaba en el suelo; mientras la otra se la comia literalemente por su centro.
La morena abrió los ojos y le sonrió, abrumada por la pasión y el placer.
-Ven,calmaré tu presión, ven. Arrodillate. Voy a lamerte hasta los huevos, ven…..- y antes de que ella dejara de hablar, ya tenia el enorme falo de él, entre sus labios, arremetiendo con fuerza, mientras la cojia del cabello, imaginando, que esas ondas eran de su prisionera; de la prisionera de su deseo….
CAPITULO SEIS
Edward Cullen sintió asco por él mismo y por la actitud de aquella loca enfermiza, que era Jessica Swan.
Habia intentado por todos los medios de olvidar, que ella los estaba mirando. Que habia un caudal de personas siguiéndolo con la mirada cada vez que embestía sin piedad aquella débil figura de porcelana.
Hubo un momento en que perdió la noción de todo y se dejó llevar. Era tanto el placer y la estrechez de aquel cuerpo , que la liberación salió de el suyo como si llevara años sin correrse dentro de una mujer.
Habia sentido tanta tirantez en su verga que no pudo controlar; vacilación ninguna para prolongar el acto.
Tampoco lo quería.
Ella estaba seca como una piedra. Cuando arremetió en ella; ayudándose de su mano, ni siquiera se quejó. Cerró los ojos muy fuertemente y suspiró abatida.
Intentó que abriera los ojos, llamándola por su nombre dulcemente; pero ella no cedió a su reclamo.
Al romper el himen ; prueba de su virginidad, el hombre notó como se iba humedeciendo poco a poco y fue invistiendo con más fuerza.
El falo que entraba y salía con solemnidad,adquirió un tono amarronado.
Prueba de la virgindad de la chica.
Edward con la mandibula apretada y mirando al rostro de Bella, juró que nunca más, forzaría a una mujer para hacerla suya. Era lo más denigrante que le podia suceder a un hombre.
Pero era tan tremendamente estrecha…suspiró. Esa mujer lo encendía con solo mirarla.
Acercó una mano a uno de sus pechos y se maravilló ante aquel dulce tacto. El seno; parecía estar hecho para que albergara toda su mano en él. Masajeó con cuidado y la miró de nuevo al rostro. Dos lagrimas como puños, bajaban por las mejillas de la joven muchacha.
Él hizo un chasquido con la lengua y envistió con mas celeridad….acabó. Acabó dentro de ella , jadeante y sudoroso. Asombrado de aquel reventón de sensaciones.
La miró extrañado por su comportamiento y le habló, sereno.
-Ya he acabado.- le dijo, alzó una mano para secarle las lagrimas,; pero ella se negó.
-Suélteme, por favor. Ya es demasiado denigrante.- sofocó un jadeo, tapándose la boca con una de sus manos y lo miró acusadora.- Nunca pensé que mi entrega seria tan repugnante..delante de toda esta gente…y con un hombre que no amo, ni me interesa lo más minimo. Deme algo con lo que me cubra….por favor.
Edward habia oído con atención todas aquellas palabras y sintió ira en su interior. Ella lo odiaba; no podia justificarla. Era lo mas normal.
Caminó unos pasos hacia uno de sus hombres y éste le tendió una túnica roja; para que ella pudiera cubrirse.
Bella cogió el hábito con el alma hecha añicos. Habia sido la experiencia más repúgnate que habia vivido.
Cubrió su cuerpo con aquel paño de lascivia y pecado y le dieron arcadas. No soportaba aquel antro ni a todos los que participaban en él de sus juegos perversos.
Sintió sus muslos húmedos y se tocó levemente. Miró su mano ensangrentada y la limpió en uno de los bolsillos de la túnica. Habia perdido su inocencia con un hombre que era el mismo demonio…ella que era todo candor…o al menos lo era; hasta hacia unas horas.
Se mantuvo rigida junto al hombre. Él la observaba como si fuera un espécimen extraño y ella bajó la cabeza, de una manera totalmente sumisa.
-Ven. Te llevaré a las habitaciones de aseo. Allí podras estar tranquila y cuando estes preparada, puedes volver a la habitación de mi hermana Alice.
Bella no habló pero lo acompañó, hasta la salida de la cueva.
Miraba sus pies desnudos; ya que él no habia cubierto ni un ápice de su cuerpo.
A ella se le fueron los ojos mas de una vez; ya que él iba delante de ella; guiándola .
Su andar felino, movía todos sus músculos como si fuera un puma y sus posaderas, orgullosas, se contoneaban perversamente ante los ojos de cualquier mujer; incluso a los de ella, que lo odiaba con todas sus fuerzas.
Pero mas, mucho más odiaba a la que se decía llamar su cuñada.
Jessica la habia humillado y ultrajado delante de toda aquella gente y habia vendido su ingenuidad con su antiguo amante.
Aunque aún no lograba comprender, el porqué de todo aquello, suspuso que algo muy grave tenia que hacer ese demonio, en aquella cueva; para tener aquel miedo a que ella hablara….porque en un principio; la excusa fué Jared; pero al final de todo su único propósito habia sido humillarla como lo hizo; denigrarla hasta lo imposible, sabiendo perfectamente, el comportamiento intachable que habia tenido Bella durante toda su escasa juventud.
Bella era valiente y no se amedrantaba fácilmente. Pero aquello habia pasado de vuelta. Mancillada hasta la saciedad se juró a si misma que el tiempo que le quedara en aquella mansión iba a defenderse con uñas y dientes de aquella bestia que se llamaba Edward Cullen.
Cuando arremetió contra su cuerpo; con su lanza candente. Notó que se quebraba por dentro, que la partían. Que algo de ella huía para no volver jamás y todo por culpa de el maldito secreto de aquel bastardo de ojos verdes.
Furiosa, Bella no se dio cuenta que él habia parado su marcha y casi choca con su cuerpo desnudo, fue rápida y casi se da de bruces en el suelo para salvaguardar su cuerpo del tacto del hombre demonio.
Él se giró con una mirada dura y le abrió una de las puertas con solemnidad.
-Aquí tienes los aseos. Hay una tina preparada con agua caliente. Habia sido preparada para mi. Pero creo que voy a divertirme un poco antes de asearme.- Su boca dibujó una perversa sonrisa.- Sé que no ha sido placentero para ti; pero para mi tampoco. Te lo puedo asegurar, no me gustan las vírgenes. Son una carga demasiado pesada para mi conciencia.- Se pasó una mano por el cabello alborotándolo.- Mañana hablaré con la mujer de que te hablé; quizás ella pueda unir lo que yo despedacé.
Bella que mantenía la cabeza agachada, levantó firmemente el mentón y lo miró con ironia.
- ¿Esa mujer une el alma rota, la moralidad, borra la humillación de ser mancillada y en publico además? No…- susurró.- Puede que una lo visible…pero lo invisible, lo que lleva una, en lo mas profundo de su alma no creo que lo recomponga . Ahora márchese. No quiero verlo más. Y le agradecería que el tiempo que me encuentre en su casa, absténgase de verme, saludarme o mirarme si quiera. Comeré en la habitación que tan amablemente me ha cedido.- esto último lo siseó con una dura ironía.
Avanzó hacia la puerta sin mirarlo y él quiso asirla de un brazo. Ella le lanzó una mirada de odio y farfulló.
-Espero que sus secretos, valgan mas que la honra de una señorita mancillada, señor Cullen. Mucho mas….suponia que no tenia corazón, pero ahora veo que si lo tiene, pero es negro como el carbón de la casa del demonio. Usted es el mismo demonio….
Una carcajada limpia, surgió de la boca del hombre que la miraba divertido.
-¿Demonio? ¿usted cree que soy el demonio? ¿Y que es su cuñada?
Ella cerró la puerta con fuerza y oyó como las carcajadas se iban alejando.
Respiró con dificultad y hechó hacia atrás el hábito mientras emergía en la tina.
Alrededor de ella, habia aceites perfumados, jabones, con olores deliciosos y sendos petalos de rosa, para perfumar el agua.
Suspiró resignada y zambulló sus ondas, en el agua, palpó la flor de su secreto y condolida, hizo un mohín resentida.
¿Por aquel acto, las mujeres se volvían locas por los hombres y adquirían amantes? Negó con la cabeza. Era lo mas repugnante que habia visto nunca.
Y eso sin hablar lo que habia sentido…el dolor tan maldito, repartiéndose por su columna vertebral y su vientre.
Su vientre..un pensamiento se cruzó por su mente..¿Y si hubiera quedado embarazada de aquel demonio? Si bien él habia esparcido su simiente en su interior, puede que se cuidara de dejar embarazadas a las mujeres con las que mantenía esa clase de contacto.
Bella se estremeció.
Juró que nunca mas en su vida tendría intimidad con ningún otro hombre. Jamás.
Esparció el jabon por su cabello y cuerpo; mientras pensaba la manera de salir de allí antes de lo que se habia asignado.
Edward Cullen caminaba de nuevo hacia la gruta.
Estaba de un humor de perros. Aquella muchachita de ojos achocolatados; lo habia tratado como un patán. ¿Bueno, no lo era en realidad? Rememoró con pesar, las intimidades de la joven y se plantó en la cueva con su falo duro como una piedra y gritando contacto humano.
Buscó con la mirada a alguna mujer abandonada, después de haber copulado salvajemente.
Achicó los ojos y vislumbró, no muy lejos a una sensual pelirroja que arremetía a lengüetazos en el coño de otra. Sonrió, avanzó hacia ellas y se plantó con las piernas abiertas delante de ellas.
Su boca formó una sonrisa extremadamente sexy, y las miró ofuscado por la excitación.
-¿Me admitireis en el juego?.- preguntó , mirando el cuerpo desnudo de la morena, que descansaba en el suelo; mientras la otra se la comia literalemente por su centro.
La morena abrió los ojos y le sonrió, abrumada por la pasión y el placer.
-Ven,calmaré tu presión, ven. Arrodillate. Voy a lamerte hasta los huevos, ven…..- y antes de que ella dejara de hablar, ya tenia el enorme falo de él, entre sus labios, arremetiendo con fuerza, mientras la cojia del cabello, imaginando, que esas ondas eran de su prisionera; de la prisionera de su deseo….
lunes, 17 de enero de 2011
Prisionera del Deseo
PRISONERA DEL DESEO
CAPITULO 5
-Yo me quedo con el señor Cullen…tú márchate con Jared, Jess.
Edward Cullen miró a la muchacha con determinación y suspiró para sus adentros.
Algo en él, se removía inquieto; aquellas últimas palabras de la muchacha, lo habia llamado a la cordura…Una mujer como aquella no podia estar en aquel lugar…no era sitio para ella.
-No lo voy a permitir.- sentenció, mirando a Jessica Stanley, que seguía con la barbilla elevada, mirando la posible reacción del hombre.
-Ya lo creo que se quedará.- sonrió con aire prepotente y avanzó varios pasos, hasta encontrarse de frente al hombre.- Yo insisto que lo haga, te recomiendo que lo haga….
Edward rió cínico y se rascó la mandibula.
-¿Insistes?....¿Qué pretendes?
La habitación, tenuemente iluminada, sobreponía sombras crueles en el rostro de la mujer; un brillo centelleante iluminó sus ojos. Un indicio de algo perverso.
-Contaré lo de la gruta y lo que es más importante….descubriré tus planes.
Edward rechinó los dientes y apretó la mandibula.
-¿Qué quieres decir?
-Tú sabes a lo que me refiero, Edward. Hubiera preferido sacar este as, para que me desposaras, pero he descubierto que me divierte mucho más la idea de ver a mi cuñadita, arrastrada cuando la tires hacia esa fosa común de deseo que es la gruta.
Edward miró a la chica.
Bella que escuchaba atónita, no entendía nada.
Con la sabana hasta la nariz, reprimía el salir corriendo de allí aunque fuese en el estado en que se encontraba: desnuda.
¿De qué diablos estaba hablando Jessica? Y es más, ¿Qué clase de odio natural tenia su cuñada por ella? Le era incomprensible.
Buscó en los ojos de su cuñada, algún apoyo y no lo encontró. Ésta miraba a Edward Cullen, desafiándolo.
-Salgamos de aquí.- inquirió él, cogiendo a Jessica por un brazo y arrastrándola hacia la puerta.
-¡No!.- gritó Jessica con ferocidad.- No, sin ella. No me voy a dejar arrastrar por tus artimañas, Edward Cullen, te conozco muy bien y sé de todos tus secretos, ella se levanta de ahí ahora mismo y la lanzas a la gruta. No me marcharé de aquí hasta que no lo vea con mis propios ojos.
Edward se paró en seco y la observó ¿Seria posible que Jessica Stanley supiera…? No… no era posible; era un secreto que no habia contado a voces…¿Claro que si…alguno de sus hombres, al haber copulado con ella, le hubiera contado…?
-Esta bien.- La soltó, y miró a Bella.- Vamos a ponerte a prueba mujercita. Levántate. Yo mismo te llevaré a la gruta y allí sucumbiras a mis placeres…delante de todos.
Jess sonrió ganadora, y Bella bajó la mirada.
Tanto tiempo guardando la persona adecuada, que la mimara y la desposara…que la hiciera suya la noche de bodas…
…. ¿Dónde quedaría ella cuando volviera, marcada a fuego con las manos de otros hombres?
Un escalofrio la recorrió entera y suspiró sin antes limpiarse las mejillas. Las lágrimas brotaban enérgicas por sus lagrimales sin que ella pudiese hacer nada para contenerlas.
Destapó su cuerpo virgen y se inclinó para levantarse.
Edward tragó varias veces; le faltaba el oxigeno. El cuerpo de la muchacha no era de los mejores que habia visto…pero habia algo en él, que le gustaba, que lo tentaba de una manera completamente nueva.
Con paso seguro, avanzó hacia uno de los armarios de Alice y cogió un albornoz azul oscuro. Se lo tiró a la cara.
-Cúbrete.- le ordenó con voz ronca y dura.
Edward miró hacia Jessica y tuvo ganas de vomitar. Altiva y vencedora,sonreía de una manera sibilina.
-Quiero comenzar a divertirme, Edward. Vamos a la gruta con mi cuñadita.
Bella se cubrió con el albornoz y ató el nudo con fuerza alrededor de su cintura.
Con la cabeza baja, las suaves ondulaciones de su cabello le acariciaban el rostro; como si quisieran calmarla de algo que iba a acontecer e iba a ser de su desagrado.
Edward Cullen abrió la puerta y dio paso a Jessica con una mano. La arpía avanzó delante de él y Edward miró a Bella con insistencia.
Ella caminó como quien va a la horca y ni si quiera lo miró.
Edward no pudo resistirse a la tentación de alzar su rostro con una mano.
-No va a ser tan malo pequeña; te lo prometo.
Bella lo miró; aunque no lo vió. Aún tenia la firme esperanza que todo aquello fuera una terrible pesadilla y se pellizcó un muslo, por encima del grueso del abornoz.
Edward le acarició el pómulo y su mirada se endureció.
Puso una mano en su espalda y la empujó levemente para que caminara.
Con paso arrastrado y rezando para que el buen Dios se la llevara en aquel mismo momento con su hermano Michael; caminaron por un intricado de laberintos rocosos, hasta llegar a una cueva inmensa donde el eco de los gemidos de los allí ubicados era la banda sonora a aquel lugar lleno de pecado y corrupción.
-Quitale, eso.- espetó Jessica.- Ahora. Lánzala a los leones.
Edward sintió ira y se contuvo para no darle una bofetada o matar a Jessica, en aquel mismo momento.
Esa mujercita le tenia hasta el borde de la paciencia y tenia claro que no cejaría en su empeño hasta que no viese a su cuñada fornicando con alguien.
Bella miró el panorama y se horrorizó.
La cueva estaba iluminada por cientos de antorchas encendidas. Las personas que allí se hallaban eran un amasijo de piernas , brazos y torsos desnudos. Sintió naúseas; pero tragó su propia bilis.
Asombrada, sus ojos aparcaron sobre una pareja solitaria, que se besaba y tocaba con adoración.
Aquel espectáculo, le pareció bello y se dibujó una ténue sonrisa en sus labios, apenas visible.
Edward dio un tiron al albornoz de Bella y ella se volvió en una tremenda sacudida, quedándose expuesta a los ojos de todos, completamente desnuda.
-Ven.- dijo cogiéndola de la mano y llevándola, hasta un recoveco libre no muy lejos de allí.
Jessica jubilosa, miraba a Bella, orgullosa de su maldad.
Edward la empujó hacia la superficie rocosa de la cueva y la miró de arriba abajo.
-Eres muy hermosa.- susurró en su oído, rozando con sus labios la carne.- No te resistas y te juro que no te tocaré mas. Esto no puede ser un problema para ti el dia de mañana.-siguió diciendo, mientras se desanudaba el cordón de su túnica.- Conozco a una mujer, que puede volver a hacer crecer lo que te voy a romper esta noche. Confía en mi. Nadie lo sabrá…nadie…
Bella miró los labios del hombre y en un acto reflejo subió hacia sus ojos verdes.
Edward echó los hombros hacia atrás y quedó en cueros delante de ella. Su masculinidad sobresaliente rozaba el vientre de Bella, y la hizo emitir un jadeo involuntario.
-¿Ves?.- susurró de nuevo él.- Esto será lo maravilloso que tú quieras que sea Bella. Déjame encenderte.
Los labios de Edward atraparon su boca virgen y una pequeña descarga eléctrica, hizo que el hombre se apartara de su boca y la mirara a los ojos interrogantes. Levantó su mano derecha y le acarició la mejilla, los ojos la boca ,el cuello…hasta llegar a sus pechos, medianos y redondos.
Bella cerró los ojos fuertemente, mientras dos lagrimas descansaron en la mano de Edward , una las cuales apretaban tibiamente los senos de ella. Edward buscó la mirada de la muchacha con sus ojos y llevó su boca hacia la su rostro, besando sus parpados y su frente.
-Túmbate. Voy a penetrarte. No quiero verte llorar mas. Creo que con eso Jessica se marchara y nos dejaráen paz a ambos. Dejamé que te guie…Bella.
Continuará….
CAPITULO 5
-Yo me quedo con el señor Cullen…tú márchate con Jared, Jess.
Edward Cullen miró a la muchacha con determinación y suspiró para sus adentros.
Algo en él, se removía inquieto; aquellas últimas palabras de la muchacha, lo habia llamado a la cordura…Una mujer como aquella no podia estar en aquel lugar…no era sitio para ella.
-No lo voy a permitir.- sentenció, mirando a Jessica Stanley, que seguía con la barbilla elevada, mirando la posible reacción del hombre.
-Ya lo creo que se quedará.- sonrió con aire prepotente y avanzó varios pasos, hasta encontrarse de frente al hombre.- Yo insisto que lo haga, te recomiendo que lo haga….
Edward rió cínico y se rascó la mandibula.
-¿Insistes?....¿Qué pretendes?
La habitación, tenuemente iluminada, sobreponía sombras crueles en el rostro de la mujer; un brillo centelleante iluminó sus ojos. Un indicio de algo perverso.
-Contaré lo de la gruta y lo que es más importante….descubriré tus planes.
Edward rechinó los dientes y apretó la mandibula.
-¿Qué quieres decir?
-Tú sabes a lo que me refiero, Edward. Hubiera preferido sacar este as, para que me desposaras, pero he descubierto que me divierte mucho más la idea de ver a mi cuñadita, arrastrada cuando la tires hacia esa fosa común de deseo que es la gruta.
Edward miró a la chica.
Bella que escuchaba atónita, no entendía nada.
Con la sabana hasta la nariz, reprimía el salir corriendo de allí aunque fuese en el estado en que se encontraba: desnuda.
¿De qué diablos estaba hablando Jessica? Y es más, ¿Qué clase de odio natural tenia su cuñada por ella? Le era incomprensible.
Buscó en los ojos de su cuñada, algún apoyo y no lo encontró. Ésta miraba a Edward Cullen, desafiándolo.
-Salgamos de aquí.- inquirió él, cogiendo a Jessica por un brazo y arrastrándola hacia la puerta.
-¡No!.- gritó Jessica con ferocidad.- No, sin ella. No me voy a dejar arrastrar por tus artimañas, Edward Cullen, te conozco muy bien y sé de todos tus secretos, ella se levanta de ahí ahora mismo y la lanzas a la gruta. No me marcharé de aquí hasta que no lo vea con mis propios ojos.
Edward se paró en seco y la observó ¿Seria posible que Jessica Stanley supiera…? No… no era posible; era un secreto que no habia contado a voces…¿Claro que si…alguno de sus hombres, al haber copulado con ella, le hubiera contado…?
-Esta bien.- La soltó, y miró a Bella.- Vamos a ponerte a prueba mujercita. Levántate. Yo mismo te llevaré a la gruta y allí sucumbiras a mis placeres…delante de todos.
Jess sonrió ganadora, y Bella bajó la mirada.
Tanto tiempo guardando la persona adecuada, que la mimara y la desposara…que la hiciera suya la noche de bodas…
…. ¿Dónde quedaría ella cuando volviera, marcada a fuego con las manos de otros hombres?
Un escalofrio la recorrió entera y suspiró sin antes limpiarse las mejillas. Las lágrimas brotaban enérgicas por sus lagrimales sin que ella pudiese hacer nada para contenerlas.
Destapó su cuerpo virgen y se inclinó para levantarse.
Edward tragó varias veces; le faltaba el oxigeno. El cuerpo de la muchacha no era de los mejores que habia visto…pero habia algo en él, que le gustaba, que lo tentaba de una manera completamente nueva.
Con paso seguro, avanzó hacia uno de los armarios de Alice y cogió un albornoz azul oscuro. Se lo tiró a la cara.
-Cúbrete.- le ordenó con voz ronca y dura.
Edward miró hacia Jessica y tuvo ganas de vomitar. Altiva y vencedora,sonreía de una manera sibilina.
-Quiero comenzar a divertirme, Edward. Vamos a la gruta con mi cuñadita.
Bella se cubrió con el albornoz y ató el nudo con fuerza alrededor de su cintura.
Con la cabeza baja, las suaves ondulaciones de su cabello le acariciaban el rostro; como si quisieran calmarla de algo que iba a acontecer e iba a ser de su desagrado.
Edward Cullen abrió la puerta y dio paso a Jessica con una mano. La arpía avanzó delante de él y Edward miró a Bella con insistencia.
Ella caminó como quien va a la horca y ni si quiera lo miró.
Edward no pudo resistirse a la tentación de alzar su rostro con una mano.
-No va a ser tan malo pequeña; te lo prometo.
Bella lo miró; aunque no lo vió. Aún tenia la firme esperanza que todo aquello fuera una terrible pesadilla y se pellizcó un muslo, por encima del grueso del abornoz.
Edward le acarició el pómulo y su mirada se endureció.
Puso una mano en su espalda y la empujó levemente para que caminara.
Con paso arrastrado y rezando para que el buen Dios se la llevara en aquel mismo momento con su hermano Michael; caminaron por un intricado de laberintos rocosos, hasta llegar a una cueva inmensa donde el eco de los gemidos de los allí ubicados era la banda sonora a aquel lugar lleno de pecado y corrupción.
-Quitale, eso.- espetó Jessica.- Ahora. Lánzala a los leones.
Edward sintió ira y se contuvo para no darle una bofetada o matar a Jessica, en aquel mismo momento.
Esa mujercita le tenia hasta el borde de la paciencia y tenia claro que no cejaría en su empeño hasta que no viese a su cuñada fornicando con alguien.
Bella miró el panorama y se horrorizó.
La cueva estaba iluminada por cientos de antorchas encendidas. Las personas que allí se hallaban eran un amasijo de piernas , brazos y torsos desnudos. Sintió naúseas; pero tragó su propia bilis.
Asombrada, sus ojos aparcaron sobre una pareja solitaria, que se besaba y tocaba con adoración.
Aquel espectáculo, le pareció bello y se dibujó una ténue sonrisa en sus labios, apenas visible.
Edward dio un tiron al albornoz de Bella y ella se volvió en una tremenda sacudida, quedándose expuesta a los ojos de todos, completamente desnuda.
-Ven.- dijo cogiéndola de la mano y llevándola, hasta un recoveco libre no muy lejos de allí.
Jessica jubilosa, miraba a Bella, orgullosa de su maldad.
Edward la empujó hacia la superficie rocosa de la cueva y la miró de arriba abajo.
-Eres muy hermosa.- susurró en su oído, rozando con sus labios la carne.- No te resistas y te juro que no te tocaré mas. Esto no puede ser un problema para ti el dia de mañana.-siguió diciendo, mientras se desanudaba el cordón de su túnica.- Conozco a una mujer, que puede volver a hacer crecer lo que te voy a romper esta noche. Confía en mi. Nadie lo sabrá…nadie…
Bella miró los labios del hombre y en un acto reflejo subió hacia sus ojos verdes.
Edward echó los hombros hacia atrás y quedó en cueros delante de ella. Su masculinidad sobresaliente rozaba el vientre de Bella, y la hizo emitir un jadeo involuntario.
-¿Ves?.- susurró de nuevo él.- Esto será lo maravilloso que tú quieras que sea Bella. Déjame encenderte.
Los labios de Edward atraparon su boca virgen y una pequeña descarga eléctrica, hizo que el hombre se apartara de su boca y la mirara a los ojos interrogantes. Levantó su mano derecha y le acarició la mejilla, los ojos la boca ,el cuello…hasta llegar a sus pechos, medianos y redondos.
Bella cerró los ojos fuertemente, mientras dos lagrimas descansaron en la mano de Edward , una las cuales apretaban tibiamente los senos de ella. Edward buscó la mirada de la muchacha con sus ojos y llevó su boca hacia la su rostro, besando sus parpados y su frente.
-Túmbate. Voy a penetrarte. No quiero verte llorar mas. Creo que con eso Jessica se marchara y nos dejaráen paz a ambos. Dejamé que te guie…Bella.
Continuará….
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