Phill subió por las escaleras hacia la torre del este, consciente del desasosiego que molestaba a su señor. Había estado trabajando para Masen durante más treinta años.
Tenía catorce años cuando el vampiro salvó su vida. A cambio, Phill había declarado bajo juramento dedicar el resto de su vida al servicio de Masen.
Cruzando la habitación, se quedó en el umbral de la cámara interior de la torre del este, con expresión cuidadosamente neutra observaba a Masen quitarse la capa y depositarla encima de una silla.
Phill miró a la capa con cautela. Era una prenda extraña, a menudo parecía como si poseyera vida propia.
-"¿Qué voy a hacer?". Masen dijo con voz encolerizada. –"¡Ella no puede quedarse aquí! No lo podré soportar".
Phill permanecido silencioso, sabedor de él que no esperaba ninguna respuesta. Nunca había visto a su señor en tal estado de agitación.
Masen pasó sus manos a través de su pelo, una sarta de crueles juramentos se escaparon de sus labios mientras caminaba incesantemente por el cuarto, sus piernas largas llevándole de un lado al otro en unas pocas zancadas.
Hizo una abrupta pausa, cambió de dirección, y fue hacia a la ventana. Podría sentir la tensión ascender desde su interior mientras miraba al jardín. ¿Cuántas noches se había levantado y permanecido allí, contemplando los muros del castillo, deseando que ella estuviera aquí, deseando pasar una noche más, o una hora más en su presencia? ¿Pero todo un año?
Gimió suavemente. La había despachado porque estaban perdiendo el control sobre su deseo, sobre el hambre aguda que le corroía implacablemente, urgiéndole a tomar lo que necesitaba, a traerla a través del abismo que los separaba a fin de que ella pudiera aliviar el aislamiento de su interminable existencia. Siempre había sido arrogante y egoísta, pero nunca había sido cruel, y por ello la había echado, para protegerla de su deseo.
Y ahora ella estaba aquí de nuevo, en el castillo, en su vida como si nunca se hubiera marchado. Su perfume estaba en toda la casa, en su piel, en sus ropas, en el mismo aire que respiraba.
-"¿Deseará alguna otra cosa esta tarde?". Preguntó Phill.
-"¿Qué?" Masen se giró rápidamente. Casi había olvidado que el otro hombre estaba en el cuarto. -"No. Váyase a la cama. Espere un momento, mañana por la mañana irá a casa de Isabella y recogerá sus pertenencias. Ella también desea entregarle una nota para su madre".
Phill asintió.-"Me encargaré de ello". Suspiró profundamente. –"¿Bajará mañana por la noche"?
-"¿Se lo prometí a ella, no?" Dijo Masen, su voz en un tono fúnebre.
-"Sí, Su Señoría. ¿También cenará con ella?".
-"Sí". Masen cerró con fuerza sus manos en apretados puños, su expresión sombría.- "No olvide el vino".
Phill asintió concisamente, después salió del sombrío cuarto de la torre, cerrando la puerta.
Oyó el sonido del cerrojo que se pasaba.
Iba a ser un largo año, pensó. Para todos.
A la noche siguiente, ella le estaba esperando en la mesa para cenar. Vestida con un traje dorado, estaba tan hermosa que le robaba el aliento.
-"Buenas noches, Su Señoría," dijo Isabella sonriéndole. Él iba vestido de negro de la cabeza a los pies. Se veía oscuro y peligroso, y aceleraba su corazón estremeciendo sus entrañas de deseo. -"Estoy muy contenta de que haya decidido reunirse conmigo esta noche".
Él se sentó frente a ella. –"¿Te dije que lo haría, no es verdad?".
-"Sí, pero pensé que a lo mejor podría haber cambiado de idea".
Sus ojos se entrecerraron. "Válgame Dios, cuando doy mi palabra, la cumplo, tal y como hace cualquier hombre".
-"Pero usted se siente como si yo le hubiera engañado de alguna forma".
-"Pensé que me pedirías algo beneficioso para ti o tu familia".
Él cogió la jarra de cristal y se sirvió un vaso de vino.
-"Sí, mi familia. Usted ha sido muy amable con ellos. Le agradezco eso, y la dote tan abundante que ha entregado a mi hermana".
Él hizo un gesto vago con su mano. –"¿Por qué insistes en quedarte aquí cuando sabes que quiero que te vayas?".
Isabella le observó vaciar de golpe su vaso, preguntándose por qué se lo bebía tan rápidamente. ¿No debería saborear el vino?
-"Porque, en este caso, mi deseo significa más para mí que para usted".
Ella apartó su plato y se levantó, ofreciéndole su mano. –"¿Vamos a la biblioteca? Phill ha encendido el fuego, y tengo un nuevo libro que deseo leer".
Levantándose, Masen cogió su mano, sintiendo la rápida chispa que salto entre sus manos.
Ella se quedó mirándolo fijamente con sus francos ojos chocolates. -"Su Señoría" exclamó, y él supo que ella también lo había notado.
Incapaz de contenerse, la rodeó con sus brazos. Miró atentamente sus ojos durante un eterno momento, y luego la besó. Fue un beso brutal, violento, enojado, lleno de un agudo anhelo que nunca podría cumplirse. Sus manos apretaron sus hombros mientras profundizaba el beso, magullando sus labios.
-"Deberías estar en tu casa, dulce Isabella" gruñó. -"Vete ahora, mientras todavía puedo todavía dejarte marchar".
Aturdida por la intensidad de su beso, sólo pudo negar con la cabeza.
Él la besó de nuevo, su lengua recorriendo la blandura de su boca. Sus brazos se movieron sobre ella, ardiente e inquietamente, moldeándola contra su cuerpo para hacerle notar la prueba rígida de su deseo.
Su cabeza cayó hacia atrás sobre su brazo, exponiendo la curva delgada de su cuello.
Sumirada fija se quedo clavada en el pulso que latía salvajemente en la base de su garganta. Podía oír las rápidas pulsaciones de su corazón, oler la sangre caliente corriendo por sus venas. Y entonces sintió el pinchazo de sus colmillos contra su lengua.
Abruptamente, la apartó con fuerza, sus manos cerrándose en puños apretados a sus lados.
-"Isabella, te lo ruego, pideme cualquier otro deseo. Cualquier cosa".Murmuró, su voz llena de desesperación. -"Te daré cualquier cosa. Este castillo, si lo deseas, toda mi fortuna, cualquier cosa".
-"Solo quiero quedarme aquí, con usted, Su Señoría" contestó suavemente.-"Yo sé que cuando haya pasado el año, me echara, pero quiero pasar este tiempo con usted".
-"Sólo espero que esto no sea tu perdición" masculló por lo bajo, y dándole la espalda, salió del cuarto.
Cazó esa noche, fue en busca de una presa como no lo había hecho durante años, sabiendo que esta noche, unos pocos sorbos de la preciosa sangre de Isabella no serían suficientes para aquietar la horrible hambre que su mera presencia agitaba en su interior.
Un año, filosofó mientras se cernía sobre su indefensa víctima. Comparado con los siglos que había vivido, con la eternidad que se extendía ante él, doce meses eran menos que un momento en su vida, pero temía que este sería el año en el que encontraría su fin, o el de ella.
Isabella empezó su seducción a la noche siguiente, determinada a tenerlo en su cama antes de que el año finalizara. Él había dejado claro que no la amaba, que nunca se casaría con ella, pero estaba resuelta a que fuera él, el primer hombre que la llevara a la cama.
Había soñado y suspirado por él durante cuatro largos años y ahora tenía la intención de tenerle. Había oído conversaciones susurradas sobre qué tan fácil era seducir a un hombre. No todas las chicas en la escuela de monjas eran tan inocentes como ella, y esas que habían intercambiado su virtud con el conocimiento habían estado más que ansiosas por compartir lo que habían aprendido. Le habían dicho que los hombres se dejaban seducir fácilmente por una cara bonita y por la promesa de una conquista fácil.
Para su pesar, Masen parecía ser la excepción a la regla. No importaba cuán descaradamente coqueteaba con él, no importaba cuán atrevidamente bromeaba y le tentaba, él se negaba a sucumbir a sus tentaciones. Sabía que él la deseaba. Podía ver el hambre en sus ojos, oírla en su voz, sentirla en sus brazos en las contadas ocasiones en las que era débil y la rodeaba en un abrazo. Pero siempre, en el último instante, él la rechazaba con fuerza y salía del cuarto.
El lo había hecho así durante muchas noches.
Esta noche no había sido una excepción.
Permaneció al lado del fuego, siguiéndolo con la mirada, preguntándose si carecía de algún encanto femenino vital.
Con un suspiro, se sentó en la silla favorita de Masen. Él había dejado su capa colgando en el respaldo y ella la depositó en su regazo, acariciando ociosamente el terciopelo fino. Qué viva parecía estar, al extenderla sobre sus piernas. De forma voluntaria parecía presionar contra de ella, calentándola. Apaciguándola.
Repentinamente cansada, cerró sus ojos sintiéndose arrastrada hacia un mundo de oscuridad.
Sus manos se cerraron sobre el suave terciopelo mientras escenas desarticuladas llenaban su mente, vio a Masen andando por un camino polvoriento, oscuro, su capa flotando tras él ondeando en la oscuridad de la noche; Vio una niebla gris oscura ahogando el débil grito de terror de un borracho y por encima de todo un manto de oscuridad y el perfume de la sangre; Vio a un lobo cobrizo sobre el esqueleto de un ciervo muerto, oyó un largo y solitario aullido resonando en sus oídos...
Despertó con miedo, su frente perlada de sudor, su corazón golpeando salvajemente contra su pecho.
Tirando la capa al suelo, se levantó y salió corriendo del cuarto.
Jacob Black vino a la siguiente tarde. Phill le condujo al saloncito delantero, con una clara expresión de desaprobación en su rostro cuando Isabella le dio la bienvenida.
-"¿Phill nos traerá un poco de té, por favor?" pidió Isabella,-"¿Y quizá unos bollos?".
-"Como usted desee" contestó Phill. Le dirigió otra miraba reprobadora y salió del cuarto.
-"¿Y entonces, señor?" exclamó Isabella suavemente,-"¿Qué le trae por Castle Masen"?
-"Usted, claro está" Black dijo. -"Por qué si no haría un viaje tan arduo".
-"No tanto, seguramente".Isabella bromeó.
-"Habría escalado una montaña de dos veces esta altura para poder verla sonreír de nuevo" contestó Jacob valerosamente.
-"¿De veras?". Isabella filosofó. –"¿Y también cruzaría aguas infestadas por cocodrilos, para poder verme?".
-"Pude estar segura de ello". Su sonrisa se desvaneció mientras cogió sus manos entre las suyas-"¿Por qué ha vuelto aquí, Isabella?". Preguntó, con su expresión grave. –"¿Le obligó Masen? ¿Le está amenazando de alguna forma?".
-"Claro que no. Estoy aquí porque lo deseo".
-"No lo entiendo".
-"Es muy simple, Lord Masen me dijo que me concedería cualquier cosa que le pidiera, y le pedí vivir aquí. Deja que me quede durante un año".
Black clavó los ojos en ella como si hablara con un lenguaje que realmente no podía entender. –"¿Usted le pidió quedarse aquí? ¿Con él? ¿Pero, por qué?".
-"Me temo que no puedo explicárselo".
Black pasó una mano a través de su pelo, pensando que por muchos años que viviera, nunca entendería el funcionamiento de la mente femenina. –"¡Pues entonces inténtelo!".
Isabella negó con la cabeza. -"No puedo". Le miró durante un momento, luego frunció el ceño. –"¿Por qué esta tan preocupado? Creí que era su amigo".
-"Masen no tiene amigos".
-"¿Por qué no?".
-"Porque no desea ninguno. Es un hombre solitario".
-"Usted juega con él a las cartas en la taberna".
Black asintió. -"Eso es verdad, pero mantiene las distancias con todos, y no permite ninguna familiaridad. Nunca ha aceptado ninguna invitación, ni las ha propuesto a cambio".
-"Encuentro eso muy extraño".
-"Igual que yo, se lo aseguro.
Black soltó sus manos cuando Phill entró en el cuarto llevando una bandeja de plata con el té.
Con la espalda rígida, Phill colocó la bandeja en una mesa baja, dirigió una mirada de advertencia a Isabella y abandonó el cuarto.
Tomando asiento, Isabella sirvió el té a Black, y luego a sí misma.
Después de un momento, Black se sentó en una silla frente a ella. -"Me temo que cortejarla aquí va a ser realmente difícil".
Isabella añadió leche y azúcar a las dos tazas, luego le pasó una a Black. –"¿Tiene usted la intención de cortejarme, señor?".
-"Creí que a estas alturas ya lo habría adivinado".
-"Pero... quiero decir... " Isabella negó con la cabeza. -"Seguramente usted aspira a una mujer de clase superior".
-"Lo hago, ciertamente". Él le sonrió, el hoyuelo en su profundización de la mejilla. Tenía la intención de casarse con Isabella, y se lo diría llegado su momento.-"¿Puedo venir a verla otra vez?".
-"Jacob, debe saber que no puede haber nada entre nosotros, sólo amistad. Amo a Masen".
Black asintió, convencido de que podría ganarse su corazón si le daba una oportunidad. Isabella vaciló, preguntándose si Masen se opondría, pero desecho el pensamiento. Él nunca estaba durante el día. ¿Por qué debería importarle lo que ella hiciera? Le había dejado claro que no tenía ningún interés en ella, que tenía intención de echarla cuando finalizara el año.
-"¿Isabella?".
Miró a Black un momento más, y luego asintió. -"Me dará mucho gusto recibir su visita".
Black sonrió, obviamente complacido. -"Estrenan una nueva obra teatral. ¿Le apetecería ir?"
-"Sí, creo que sí". Sonrió amablemente. Nada había surtido efecto. Quizá los celos producirían los resultados que buscaba.
-"Isabella, para mí no tiene ninguna importancia, pero... " Black dejó su taza sobre la mesa y pasó una mano a través de su pelo.-"¿No estás preocupada por lo qué dirá la gente del pueblo por vivir aquí, con él?".
-"No me importa en absoluto" dijo Isabella. Y, ciertamente, no le importaba lo que la gente pensara. Quería quedarse aquí, con Masen, y estaba dispuesta a sacrificar su reputación por ello.
-"¿Esta usted segura de que es ésto, lo que realmente quiere?". Black preguntó suavemente.
-"Estoy segura".
-"Entonces, no hablaremos mas de ello".
Pasaron la siguiente hora conversando animadamente hasta que Black se fue.
Isabella acababa de sentarse a cenar cuando Masen entró en el comedor. Se quedó de pie a su lado con un semblante feroz en su cara.
-"¿Qué hacía Black aquí?". Preguntó Masen intempestivamente. Había olido el perfume del hombre incluso antes de abandonar la torre del este.
-"Vino a verme" Isabella continuó intentando que su voz no sonara temblorosa. -"No creí que a usted le importara, ya que es su amigo".
Los ojos de Masen se estrecharon. –"¿Te dijo él eso?".
-"¿Si me dijo qué?".
-"Que éramos amigos".
Quiso mentir, pero supo que no podrían, cuándo los ojos ambarinos de Masen se clavaron en su rostro.
-"¿Qué dijo? Masen preguntó, con voz baja y sedosa.
-"Dijo... dijo que usted no aceptaba ninguna amistad".
Masen miró por encima su hombro a Phill mientras entraba en el cuarto. –"Nunca más permitirás que Black o cualquier otro hombre entre en mi casa. ¿Esta claro?".
-"Sí, señor" dijo Phill.
Con un brusco asentimiento, Masen volvió su atención a Isabella. –"¿Esta también claro para ti?".
-"Sí, Su Señoría, pero... "
-"¿Pero, qué?".
-"¿Pero, por qué? ¿Por qué se encierra usted en este castillo? ¿Por qué no deja que le visite Lord Black aquí? Creo que él sería su amigo, si usted se lo permitiera".
-"No tengo porque darte explicaciones, Isabella. Basta con decirte que nadie es bienvenido aquí".
-"¿Incluyéndome?
-"Especialmente tu".
-"Es usted muy descortés, Su Señoría".
Él sonrió. Fue un gesto inesperado y bienvenido.
-"Me disculpo por mi comportamiento, dulce Isabella, pero me temo que debes aprender a tolerar mis estados de ánimo si insistes en quedarte aquí".
-"Ciertamente, lo haré, Su Señoría," Isabella replicó. -"Pues ni su horrible temperamento ni sus malos modales me ahuyentarán".
Masen se sentó en la silla frente a ella y trató de alcanzar la copa de vino que Phill le había preparado. Levantó la copa de cristal, estudiando su contenido durante un momento antes de vaciarla de un trago.
Una mueca de placer cruzó su cara mientras depositaba la copa encima de la mesa.
–"Termina tu cena, dulce Isabella, y luego desearía dar un paseo por el laberinto".
-"Como usted desee, Su Señoría".
-"Ciertamente, mi dulce. Esto es exactamente lo que deseo".
Era desconcertante cenar bajo sus ojos vigilantes. Sus manos temblaban, tiró el vaso lleno de agua y derramó un poquito de salsa en su regazo. Y además mientras tanto, podría sentir su mirada fija sobre ella, sin parpadear.
Cuando terminó de comer, él se puso su capa, luego le pasó un chal por los hombros.
El jardín estaba silencioso bajo la luz de la luna llena después del equinoccio de otoño.
Tomó su mano y caminaron hacia el laberinto. Isabella trató de pensar en algo divertido que decir, un poco de conversación intrascendente para aliviar el tenso silencio entre ellos, pero nada le vino a la mente.
-"Quizá, en primavera, crearás de nuevo tu magia en el jardín" comentó Masen al cabo de un rato.
-"Si usted lo desea, pero debe prometerme que cuando me vaya, no dejará que de nuevo se muera todo".
-"Te lo prometo".
-"Creo que esta vez plantaré margaritas cerca de la casa" dijo Isabella, pensando en voz alta.
-"Y más rosas, por supuesto".
-"Rojas" dijo Masen.
-"Y también amarillas".
-"No, solo rojas. Y blancas". Rojo por la sangre que le alimentaba; Y blanco por la pureza de la mujer a su lado.
-"Entonces plantaré margaritas amarillas".
Él sonrió derrotado.
-"¿Por qué no cuidó las rosas del jardín, como lo hizo con las del laberinto?". Preguntó Isabella mientras andaban por la sinuosa senda.
-"Le advertí a Phill de las horribles repercusiones que habría si permitía que las rosas del laberinto se marchitaran".
-"¿Pero, por qué se preocupó por esas y no por las otras?".
Masen se detuvo. Volviéndola hacia el, le cogió ambas manos. -"Plantaste las rosas del jardín para tu placer" le explicó, sus pulgares trazando perezosos círculos sobre las palmas de sus manos. -"Pero las rosas del laberinto las plantaste para mí".
La mirada en sus ojos hizo que de repente su corazón latiera aceleradamente. Su contacto enviaba temblores por sus brazos. El sonido de su voz fluía sobre ella y a través de ella. Su voz.
Nunca había oído ninguna igual aterciopelada, profunda y rica, llena a la vez de arrogancia y poder.
-"¿Por qué vive usted tan solo?" preguntó. –"¿Por qué no deja que nadie se le acerque?".
-"Soy una criatura solitaria por naturaleza" contestó.
-"Tiene una extraña forma de sobre sí mismo" dijo, -"como si fuera diferente a todos los demás".
-"¿Crees que no lo soy?".
Y en ese momento, ella supo que él era diferente. Diferente a ella, diferente a cualquiera que hubiera conocido en todo su vida, aunque no podía decir por qué. Y luego recordó un extraño comentario que había hecho una vez.
-"¿Recuerda usted la noche antes de salir de aquí con destino a París?".Le preguntó mientras continuaban caminando.
-"La recuerdo". Había sido la peor noche de su vida.
-"Dijo algo aquella noche, algo que encontré muy extraño".
-"¿De verdad?".
-"Sí. Dijo que nunca antes, en toda su vida, ningún mortal se le había acercado inadvertidamente".
Él vaciló un momento antes de contestar, y pareció como si se encerrara en sí mismo un poco más.-"¿Dije eso?".
Isabella asintió. –"¿No cree usted que es extraño?".
-"Explícate". Dijo Masen, a pesar de que sabía exactamente lo que quería decir.
-"Usó el término mortal como si se aplicara a mi, pero para no a usted".
-"¿De veras lo hice?".
-"¡Usted sabe que lo hizo!".
Para distraerla, la estrechó entre sus brazos.
-"Eres la mujer más bella que he conocido en toda mi vida" dijo, con voz ronca. -"Tus ojos son tan hermosos. Tu piel es como alabastro iluminado por el sol. Y tu pelo... " Él pasó los dedos por su pelo. -"Tu pelo es tan suave como la más fina seda".
Con un suspiro, se derritió contra de él, su rostro levantado hacia él, invitándolo a que la besara.
Sus labios rozaron los suyos. –"¿Estas enamorada de Black?".
Isabella pestañeó. –"¿Qué?".
-"¿Qué si estas enamorada de Black?". Preguntó. Sus manos apretando sus hombros, sus ojos ardían con fría cólera.
-"No, Su Señoría".
-"No quiero que vuelvas a verle".
-"Creí que quería que me casara y tuviera hijos". Echó su cabeza hacia atrás para poder ver mejor su cara. –"¿No fue eso lo que me dijo?".
-"No con Black". Lo dijo como si le arrancaran las palabras a mordiscos, negándose a admitir que estaba celoso de ese hombre, de cualquier hombre. -"No con Black" dijo de nuevo, y odió al hombre porque podía darle a Isabella todas las cosas que se merecía.
-"Muy bien, Su Señoría, no lo volveré a ver mientras permanezca en su casa".
Él quiso sacudirla, hacerle prometer que nunca volvería a ver a ese hombre de nuevo, no sólo ahora, sino jamás.
-"Pero ocurre que…" dijo Isabella. -"Le di permiso para visitarme".
-"Phill le despachará".
Ella no lo pudo evitar. Sonrió, contenta, ante la idea de que estaba celoso de su afecto por Black. Seguramente eso era una buena señal.
Cogiéndola de la mano, Masen cambió de dirección y volvió hacia el castillo.
-"Pensé que íbamos a sentarnos un rato en el laberinto" dijo Isabella, apresurando sus pasos, para mantenerse a su mismo ritmo.
-"Esta noche no" dijo Masen, con un gruñido en su voz. Esta noche no, pensó, cuando su negro corazón ardía de celos, cuándo la furia corría a través de él encendiendo su hambre hasta sentirse casi enloquecido ante la necesidad de cazar.
En la puerta del castillo, la estrechó entre sus brazos, su capa envolviéndoles a ambos como un capullo de terciopelo exuberante y seda caliente. Temblaba cuando su boca cubrió la suya.
-"Eres mía, dulce Isabella" se quejó. Sus ojos ardieron en los de ella, su aliento abanicó su mejilla como una llama. -"Durante este año, me perteneces a mí y a nadie más".
Funcionó el plan de ponerlo celoso al vampirito, pero siento tanta pena cuando él se refiere a un monstruo y cuando describe un poco de su soledad.
Un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Hola! Ya sabes, un blog se alimenta de opiniones. ¿Me regalarías la tuya?