sábado, 30 de abril de 2011

La Dulce Y Orgullosa Isabella

CAPITULO 8
Isabella luchó por liberarse pero él, la retuvo estrechamente contra su cuerpo y le habló al oído en un ronco susurro.
-Isabella, piensa un poco y trata de imaginar lo que es permanecer en una habitación pequeña y gris y contar las piedras por milésima vez, conocer de memoria su largo, su ancho y su altura, ver nuevamente los días que han pasado como marcas en la puerta de hierro y saber que mañana habrá que añadir otra marca y que cada instante que pasa te acerca mas a la horca y te preguntas sin ninguna esperanza, si el dolor será terrible o si tendras una muerte rápida. Y entonces en ese mundo tan estrecho, irrumpe una belleza como tú y provoca sueños y esperanzas. Sí Isabella, esposa mía, deberé regresar a la mazmorra.- dijo Edward y acercó su cara a la de ella.- Pero antes de que la puerta se abra otra vez, tú seras mi esposa en todo sentido.
Isabella notó que la mano de él ya estaba debajo de sus faldas y atrevidamente apoyada en la parte superior de su muslo.
Ahogó una exclamación, lo tomó de la muñeca y trato de apartar esa mano, pero entonces se percató de que él, con su otra mano, estaba desatando los lazos de su vestido.
-¡Edward!.- Se retorció y apartó el brazo de él.
Súbitamente pareció que él tenia una doble cantidad de manos. Isabella se veía en dificultades para conservar su recato. Finalmente le tomó ambas manos y las apretó contra su pecho en un esfuerzo en mantenerlas quietas. Y entonces se dio cuenta de otra cosa. En la lucha sus faldas habían sido levantadas y ahora sus nalgas desnudas descansaban directamente sobre los muslos de él. Debajo de los pantalones de Edward su virilidad se apoyaba atrevida y erecta, contra la carne de ella. Y ahora él conseguía liberar sus manos y la estrechaba con mas fuerza.
-¡Edward, tú no eres un caballero!.- exclamó indignada.
-¿Esperabas encontrar un caballero en un calabozo?
-¡Eres un grosero!.- jadeó ella, tratando de apartar las manos de él.
Edward rió suavemente y su respiración rozó el cuello de ella.
-Soy nada mas que un marido.- replicó él.- Ardiente y bien dispuesto.
Isabella trató de alcanzar la ventanilla a fin de abrirla y gritar. Pero él se lo impidió con firmeza. Ella se resistió con renovadas energias. Él le apoyó una mano sobre el pecho desnudo y ella trató de abofetearlo, pero él la detuvo a tiempo aferrandola con una mano de hierro, aunque sin causarle dolor. Isabella aspiró profundamente para gritar enfurecida, pero él le tapó la boca con sus labios.
Isabella sintió que su cabeza empezaba a girar en un torbellino cada vez mas rápido y trató de resistir a la embriaguez que le producía el beso de Edward.
-¡Edward! ¡Aguarda!.- jadeó cuando él apartó un poco su boca.
Mientras tanto los dedos de él se afanaban con las delicadas cintas de la camisa y dejaban los pechos de ella completamente expuestos.
-Vamos, Isabella, amor mío, entregate a mí, ahora.- murmuró él roncamente contra su cuello, y su cara bajó. Su boca pareció quemar el pecho de ella. Isabella sintieose devorada por una llama abrasadora que la atravesó como un ardiente relámpago.
-Oh, Edward.- jadeó en un susurro.- Oh, no por favor…- casi no podia respirar.- Oh, Edward, basta.
El calor se difundió por su cuerpo hasta que su piel pareció resplandecer. Ahora tenia las manos libres, pero solo podia aferrar la cabeza de él y apretarla contra sus pechos. El se movio y ella lo sintió entre sus muslos, duro y caliente. Tenia los labios resecos y se los humedeció con la lengua. En un ultimo y débil esfuerzo trató de protegerse de la ardiente virilidad de él.
-OH, amor mio, amor.- jadeó él, le tomó la mano y se la llevó hasta su sexo.- Soy un hombre de carne y hueso. No soy un monstruo, Isa…Bella.
La beso nuevamente y su lengua insistió hasta que ella la recibió con la suya, primero con hesitación y después decidida, con pasión. Él la apretaba contra el asiento de terciopelo.
¡Su cordura trababa de luchar contra aquella locura! ¡Su pasión parecía susurrarle taimadamente; dejalo hacer!
Y él lo hizo. Primero un dolor desgarrante y agudo, la hizo soltar una exclamación, pero enseguida sintió muy profundamente una calidez que la hizo sollozar de placer.
ÉL empezó a moverse sin dejar de besarla, de acariciarla, de amarla…
Súbitamente llegó un grito desde fuera; era Jasper, y la velocidad del carruaje cambió. Edward soltó una maldición, levantó la cabeza y se percató que estaban deteniéndose.
Entonces oyó una voz que respondia al grito de Jasper, y la reconoció como la voz del tercer guardia, el que habia quedado con el carromato de la prisión.
-Ahhh..¡Maldicion!.- exclamó Edward lleno de fustracion.- ¡Maldita perra tramposa!.- Se apartó rudamente de ella y la empujó con violencia.- ¡Sabia que no cumplirías el pacto!
Con mucha urgencia, Edward empezó a poner en orden sus vestiduras; mientras la miraba con una mueca de desprecio.
Isabella se encongió en su rincón y se tapó los oídos, mientras él daba rienda suelta a su colera con palabras quemantes. En la penumbra, sus ojos la miraron llenos de crueldad y parecieron quemarle los pechos suaves y temblorosos y sus hermosos muslos, todavía desnudos.
-Cúbrete.- gruñó despectivamente. Y seguía con voz mas dura, agregó.- ¿O quieres que los guardias tomen mi lugar?
Isabella se revolvió apretadamente contra la capa como si quisiera protegerse de la mirada despreciativa y penetrante de él.
Un segundo después la portezuela se abrió violentamente y la negra boca de la pistola de Jasper apretó amenazadora, el pecho de Edward.
-¡Fuera!
En Edward todo se reveló. Lo habían empujado, usado, enardecido, provocado y engañado y finalmente traicionado en un momento de lo mas degradante. Un aspero rugido brotó de su garganta y antes de que nadie pudiera reaccionar, apartó la pistola con un violento puntapié y se arrojó con los pies primero, contra el pecho de Jasper. La fuerza del ataque hizo que ambos cayeran sobre el lodo del camino. Los guardias dieron la voz de alarma.
-Atrapenlo o Jenkins nos hará cortar las cabezas!
Isabella se estremeció cuando cayeron sobre él. Juramentos y gritos sofocados de dolor acompañaban a la lucha. Los guardias eran corpulentos, pesados y musculosos. Jenkins los habia elegido por su fuerza a fin de asegurarse que el prisionero volviera a su celda. Cada uno superaba a Edward en varios kilogramos y Jasper era también musculoso y alto. Edward demostró tener amplios conocimientos de luchador y se resistió como un poseído.
Lograron dominarlo minutos mas tarde, y aun entonces él apenas estaba mas golpeado que sus captores, dos de los cuales, ahora lo tenían sujeto contra el barro entre sus rodillas mientras el tercero se apresuraba en sujetarle las muñecas con unas esposas.
Jasper observaba de pie y trataba de limpiarse un poco el lodo de su capa. Se masajeaba los hombros; como si le dolieran y flexionaba un brazo. Cuando alzó la vista se detuvo al ver la cara de Isabella iluminada por una linterna y siguiendo esa mirada los guardias también se detuvieron. El tercero se acercó y murmulló una humilde disculpa.
-Sentimos habernos demorado señora, pero el carro se atascó en el barro cerca del estanque. De otro modo hubiéramos llegado antes, como usted quería.
Edward levantó lentamente la cabeza y la miró fijamente a los ojos. Tenia la cara magullada y manaba sangre de u angulo de su boca.
-Si Dios Todo poderoso llega a apiadarse de mi.- gritó él con furia.- Me ocuparé que se cumpla completamente nuestro pacto…
Su promesa fue silenciada por el golpe de un enorme puño.
Isabella dio un respingo cuando oyó el golpe. Cuando pudo mirar otra vez ; Edward colgaba flácidamente, sostenido por los guardias. Ellos terminaron de encadenarlo y lo arrojaron brutalmente dentro del carro. La puerta se cerró y el rostro ensangrentado de él apareció fugazmente en la pequeña ventanilla, hasta que también cerraron el postigo.
Isabella se hundió contra el mullido asiento y empezó acomodarse la ropa con los dedos temblorosos. Excepto el hecho de que habia perdido su virginidad, sus planes se habían realizado con sus deseos. Pero le fue imposible sonreir con satisfacción. En cambio ahora se sentía envuelta en un vacio abrumador y su traición le pesaba sobre la mente como un peso muerto. Su cuerpo joven ardia con una vehemencia que nunca habia sentido antes; pero ahora no encontraba alivio para ello porque debajo de la capa que la envolvía sus brazos estaban dolorosamente vacios.
La portezuela del carruaje fue cerrada con suavidad y el peso de Jasper hizo que el coche bambolease ligeramente, cuando él ocupó el asiento del cochero.
El carruaje se puso en movimiento. Cuando pasaron junto al carro de la prisión, chapaleando sobre el lodo y envuelto en las tinieblas de la noche, de la caja con los barrotes emergió un aullido desgarrante, casi inhumano, acompañado de golpes repetidos contra la pesada puerta de madera. Subitamente, Isabella creyó que Edward Cullen estaba loco.
Cerró con fuerza los ojos, y se tapó los oídos con las manos. Pero la imagen de la cara golpeada y magullada en él seguiría grabada en su cerebro y nada podia borrarla.
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Cuando Edward llegó a la cárcel Jenkis los esperaba con una mueca de burla en su rostro fétido e hinchado.
-¿Ella hizo que se te calentara la sangre eh? Y terminaste casado pero no en la cama. Bien merecido lo tienes bribon.- Levantó su baston y le propinó un duro golpe a Edward en un hombro.- Vamos, dinos su nombre…
La desdeñosa respuesta de Edward fue amarga y dura.
-Señora Cullen; creo.
El obeso carcelero miró a Edward un largo momento mientras se golpeaba la plama de su mano con el baston.
-Lleven a su señoria a sus habitaciones.- ordenó Jenkis.- Y déjenlo encadenado. No quiero que nadie salga lastimado. Pronto estará muerto y enterrado.
Dos días mas tarde Jasper llegó a la prisión, cargado de un cesto del que salian los olores mas deliciosos.
-Me envía la señora Cullen; para cuidar el bienestar de su esposo. ¿Usted lo permitirá?
Jenkins miró a su visitante y su cara se contorsionó en una mueca desagradable.
-Cualquier cosa que le hayan hecho a ese bribon, se lo tenia bien merecido.

Jasper alzó las cejas en señal de interrogación y Jenkins rió tontamente.
-Tuvimos que encadenarlo contra la pared, vino enloquecido, furioso. No ha tocado un solo bocado de la comida que ustedes han ido mandando. Solo acepta pan y agua. Permanece sentado y nos mira como si quisiera matarnos; cuando le llevamos lo que ustedes les envían. Si pudiera nos mataria o se haría matar por nosotros.
-Lleveme con él.- dijo Jasper.
-Aja.- dijo el carcelero.- Eso haré.
El escurrirse y los chillidos de las ratas asustadas por la luz rompió el silencio de la celda débilmente iluminada. Jasper espero a que la forma inmóvil diera alguna señal de vida y notó inmediatamente las cadenas aseguradas a la pared y un anillo de hierro alrededor del cuello del prisionero.
-¿Se encuentra bien?
No hubo respuesta ni señales de vida y el hombre se acercó más.
-¿Esta mal herido?
La forma se incorporó y los ojos verdes brillaron en la penumbra.
-Mi ama me envía para usted ropas limpias y comida. Desea saber si hay algo mas que podamos hacer por usted.
El colonial se puso en pie y tomó en su mano la larga cadena a fin que no pesara sobre el grueso collar de hierro. Su cuello estaba en carne viva donde la piel habia sido lastimada y habia en su cara y su cuerpo marcas demasiado recientes para haber sido hechas la noche del casamiento. La camisa desgarrada dejaba ver las feas señales de la espalda, como si lo hubieran maltratado con un latigo.
El prisionero no dio señales de haber oído ninguna de las preguntas de Jasper. Parecia un animal enjaulado y por el momento Jasper pese a su corpulencia y su fuerza, sintió cierto temor.
Jasper sacudió la cabeza desconcertado. Habia visto a Cullen como un hombre y sabia lo valeroso que era. Resultaba penoso verlo en el estado actual.
-¡Vamos hombre! Tome la ropa. Tome la comida. Lavese, actue como un hombre no como una bestia.
Edward medio agachado, lo miró como un gato arrinconado.
-Dejaré esto.- dijo Jasper y despositó todo lo que traia sobre la mesa.- No necesita ser…
Un gruñido de furia lo puso sobre aviso y Jasper retrocedió en el momento que los brazos encadenados se levantaron amenazantes. La cadena golpeó la mesa.
-¿Cree que aceptaré la caridad de ella?.- dijo Edward, escupiendo las palabras. Aferro el borde de la mesa y la cadena de su cuello se puso tirante cuando él se inclinó hacia delante.
-¿Caridad?.- preguntó Jasper.- Ese fue el pacto que ustedes hicieron y mi ama piensa cumplir su parte.
-¡Eso fue un ofrecimiento de ella!.- rugió Edward enloquecido de cólera.- No fue parte del pacto.- Golpeó la mesa con una puño y la partió en dos. Bajó la voz y dijo en un tono mas que despectivo e insultante.- Digale a esa perra que tranquilizará su conciencia con la limosna que me envía.
Jasper no podia tolerar que insultaran a Isabella de esa forma. Se volvió para retirarse.
-¡Y dígale a esa perra.- gritó Edward.- que aunque sea en el infierno yo me ocuparé que cumpla su parte del pacto!
La puerta se cerró ruidosamente y la celda quedó nuevamente en silencio, salvo el sonido de las cadenas arrastrarse cuando el reo caminaba.
Continuará….

1 comentario:

  1. holaa extrañabaa esta historiaaa...uffffff no me quieroo imaginarr que va ap asarr edward esta bien enojadaaa..y yo creoo que va a liberarse y va a ir en busqueda de bellaaaa...que pasaraa ahoraa me quedo re intrigadaaaaa....je!!! besotes y nos leemoss!!

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