Capítulo 9
Las primeras gotas de lluvia golpearon su cara en cuanto salió del jeep. Bella corrió pero, de repente, empezó a llover a cántaros. En unos segundos estaba empapada y tuvo que refugiarse bajo uno de los arcos de piedra del fuerte.
— ¿Estás bien? —preguntó Edward.
Su camisa estaba empapada también. Podía ver los fuertes bíceps marcándose bajo la tela, el muro de su torso bajo la saturada seda blanca.
Y tuvo que apartar la mirada.
—Estoy bien. No puedo creer que se haya puesto a llover así, tan de repente.
—Aziz es una ciudad del desierto. Ésta es una tormenta del desierto.
— ¿Y cuánto va a durar?
Edward se encogió de hombros.
—No lo suficiente.
— ¿Qué quieres decir? ¿Quieres que siga lloviendo así?
—El agua es fuente de vida. Una tormenta es causa de alegría, aunque también causa mucha destrucción. Así es el desierto.
—Es duro.
—Inshallah.
— ¿Cómo puedes aceptarlo así?
—Respira profundamente.
— ¿Qué?
—Cierra los ojos y respira profundamente.
— ¿Por qué?
—Hazlo y lo entenderás.
Bella cerró los ojos.
— ¿Así?
— ¿Puedes olerlo? El fresco aroma de la lluvia. El agua se lleva el polvo del desierto y trae vida. Durante unos días habrá vida…— Edward la miraba a los ojos mientras decía esto—. Pero estás empapada. Debes cambiarte de ropa lo antes posible.
Bella bajó la mirada. El frío viento había hecho que sus pezones se marcaran bajo la tela empapada del vestido y se cruzó de brazos, temblando.
—Tú también tienes que cambiarte.
Media hora después, Edward atravesaba los interminables pasillos del fuerte, arrugando el ceño al comprobar que habían instalado a Bella en la zona más angosta de la vieja edificación. Cuando llegó a su cuarto golpeó la puerta con los nudillos y ella asomó la cabeza, sin abrir del todo.
— ¿Sí?
—Quería saber si estabas bien.
Ésa era su primera excusa para ir a verla.
—Estoy bien, un poco de agua no va a matarme, ¿Qué quieres, Edward?
—No podremos irnos mañana debido a la tormenta. He llamado al helicóptero de palacio, pero todos los helicópteros están ocupados en misiones de emergencia y no me ha parecido bien pedirles que vinieran a buscarnos.
— ¿Y tu padre…?
—Me han dicho que se encuentra mejor —suspiró Edward—. He hablado con él.
Su padre le había dicho que no tuviera prisa, que se quedase con su mujer, que se hicieran amigos… amantes.
—Sabe que tendremos que estar aquí unos días y me ha dicho que me tome mi tiempo.
— ¿Cómo van tus conversaciones con el jeque Eleazar?
—No creo que tardemos mucho en solucionar el problema.
Pero no había ido a buscarla para hablar de política. Edward no podía olvidar su expresión cuando le hizo ver que siempre había tenido miedo de que la dejase por otra. ¿Por qué no se había dado cuenta de que Bella se sentía sola, asustada?
—Déjame pasar, quiero hablar contigo.
Pero Bella no abrió la puerta.
— ¿De qué quieres hablar?
—De que no me creyeras capaz de serte fiel.
—Edward, es demasiado tarde para esa discusión. Han pasado cinco años.
—Quizá no es demasiado tarde. Acabo de descubrir tus miedos irracionales sobre las otras mujeres.
— ¿Irracionales? —exclamó ella, dando un paso atrás.
Edward aprovechó para entrar en la habitación. Y se quedó perplejo.
— ¿Qué es esto? ¿Es aquí donde duermes?
—Sí.
— ¿En este agujero?
Bella asintió con la cabeza.
—Ven —dijo Edward entonces, tomando su mano—. Nos vamos.
— ¿No habías dicho que no podíamos irnos?
—No podemos irnos de Aziz, pero podemos encontrar acomodo en otro sitio. Aro me ha insultado.
Oh, no. Bella podía imaginar las negociaciones yéndose al traste.
—Edward, espera. No importa, esto es cosa de Tanya. No dejes que esa mujer cree más problemas…
—Eres mi esposa y se te debe un respeto.
— ¿Cómo esperas que los demás me respeten si no me respetas tú?
El la miró, atónito.
—Lo que me pides es demasiado. Tenía pruebas contra ti. Había un hijo…
Bella dejó caer los hombros.
—No, jamás podría haber funcionado. Es absurdo hablar de ello.
Edward apretó su mano.
— ¿Sabes qué es lo peor? Que sigo deseándote, a pesar de todo.
Ella sabía lo que debía haberle costado esa admisión.
—Pensé que podría controlar esta locura, pero cuando te vi fuera, empapada… te deseé como nunca. Me rindo, no puedo resistir más.
— ¡Edward!
Pero era demasiado tarde. Él estaba inclinando la cabeza. Bella quiso apartarse, no debería permitir aquello…
Edward estaba trazando su labio inferior con la lengua, suave, tiernamente. Y, con un suspiro, Bella se rindió, abriéndose para él.
Un beso.
Sólo un beso.
Pero un beso se convirtió en dos. En tres. Y luego empezó a besarla en el cuello.
—Edward… —esta vez era un suspiro de concesión.
El la apretó contra su pecho para buscar sus labios apasionadamente y Bella enredó los dedos en su pelo. Debía haber perdido la cabeza, pero no le importaba.
—No pienso hacerte el amor en este agujero —dijo Edward con voz ronca—. Ven conmigo.
Bella obedeció, llevada por la fuerza devastadora de la pasión que había surgido entre ellos. Sin ser vistos, corrieron por laberínticos pasillos hasta que llegaron a su habitación.
—Te deseo —murmuró luego, cerrando la puerta con una mano y tomándola por la cintura con la otra—. Dime que tú también me deseas.
Por un momento, Bella se resistió. Edward podía tener a cualquier mujer que desease con sólo mover un dedo. ¿Por qué necesitaba que se lo dijera?
—Dímelo.
La erección masculina presionaba contra su estómago, sin dejar la menor duda sobre la intensidad de su deseo.
—Yo también te deseo, Edward —dijo por fin.
—No quiero que haya dudas más tarde. Ni remordimientos.
¿Remordimientos? Por un segundo, Bella estuvo a punto de apartarse. Pero entonces Edward la tomó en brazos y la llevó a la cama… y todo lo que no fuese él desapareció de su mente al mirarlo a los ojos.
Ardientes.
Tiernos.
Casi… amorosos. No, no amorosos. Demasiado intensos, carnales.
Pero esa mirada sacudió su alma y, por un momento, se sintió segura en la intimidad que había echado de menos durante esos cinco años.
Pero no podía ser. El deseo, incluso el amor, no valía de nada si no había confianza.
Y Edward no confiaba en ella. Nunca confiaría en ella.
Entonces, ¿qué estaba haciendo en su cama?
Buscando placer, buscando la pasión que sólo él podía darle. Sólo él. Bella dejó escapar un gemido al entender que nunca habría otro hombre, que ésa era la razón por la que daba largas a Jake. Edward, sin embargo, lo tomó por un gemido de pasión.
— ¿Tú también lo sientes? —musitó, con voz ronca.
¿Cómo podía desengañarlo? En lugar de hacerlo, asintió con la cabeza. Un golpe de viento hizo que la persiana golpease contra la pared y Edward se sobresaltó.
—Tranquila. No pasa nada. Sí pasaba. Pasaba algo terrible. Bella cerró los ojos cuando Edward empezó a besar sus párpados. Besos suaves, como de mariposa. Luego abrió el caftán de seda, deslizándolo por sus hombros. Un segundo después había desaparecido su sujetador como por arte de magia, dejándola sólo con las braguitas.
Bella esperó, con los ojos cerrados. Pero la caricia que esperaba no llegó. Y cuando abrió los ojos, Edward se había quitado la ropa y sólo llevaba unos calzoncillos que marcaban todo lo que había debajo. —Dios mío…
—No pasa nada —murmuró él, muy serio. En sus ojos había fuego cuando se inclinó sobre ella.
El corazón de Bella se puso a latir como loco y… la persiana volvió a golpear bruscamente contra la pared.
—Espera, vuelvo enseguida.
Edward saltó de la cama y cruzó la habitación para cerrar las persianas. Luego se volvió y, por un instante, se quedó de pie, orgulloso, fuerte.
Bella podía ver la arrogancia de generaciones de jeques árabes en él. En la inclinación de su cabeza, en la seguridad de su postura.
Edward se inclinó un poco para bajarse los calzoncillos y luego se dirigió hacia ella, alto y poderoso.
Y completamente desnudo.
Por un momento, Bella se olvidó de respirar.
Era hermosísimo.
El colchón se hundió cuando se tumbó a su lado. La tocó y ella tembló, esperando…
Su marido la besó hasta dejarla sin aliento y, antes de que pudiera recuperarse, le bajó las braguitas, colocándose sobre ella, su piel como la seda. Apoyando los codos a cada lado de su cuerpo, la miró, los ojos verdes ardientes y fieros.
—Ha pasado mucho tiempo. No sé si podré aguantar. Pero lo haremos despacio, muy despacio.
Eso sonaba como una promesa.
Edward inclinó la cabeza y acarició uno de sus pezones con la lengua. El cuerpo de Bella respondió por voluntad propia, arqueándose hacia él. Bajo sus dedos, la seda del edredón era increíblemente sensual.
Pero cuando puso la mano sobre su estómago… ¿estaría pensando en la vida que una vez hubo allí? No, probablemente estaba haciendo todo lo posible para olvidarlo. Aunque ella no lo olvidaría nunca.
—No te entristezcas, habiibtii. Te gustará.
Esas palabras la hicieron pensar.
—Aunque lo sea. No deberíamos hacer esto.
Fue un susurro, pero Edward lo oyó.
— ¿Por qué no?
— ¡Porque vamos a divorciarnos!
—No hay nada malo en hacer el amor. Estamos casados, eres mi mujer. No es ningún pecado.
—Pero no hay amor —replicó Bella.
— ¿Qué es el amor? —Replicó Edward—. Tuvimos amor en el pasado y no fue suficiente.
Pensaba que no había funcionado porque encontró a otro hombre. Seguía pensándolo después de tanto tiempo. Su matrimonio no había funcionado porque Edward no confió en ella. Entre ellos estaba el emir, que tenía la supuesta evidencia de su adulterio, el padre al que Edward tanto amaba.
No tenía ningún sentido discutir. Y acostarse con él era aún peor.
—Déjame—dijo Bella entonces, apartándose.
— ¿Estás segura? ¿No quieres volver a experimentar este fiero placer?
Ella vaciló.
— ¿Qué dices, nuur il—en? ¿Luz de mis ojos?
Luz de mis ojos.
Bella miró la luz verde de sus ojos y todo deseo de luchar se desvaneció. Edward entendió su rendición y dejó escapar una especie de rugido.
— ¿Esto es lo que quieres? —Preguntó, buscando su boca—. ¿O quieres que pare? —siguió, besando su estómago, siguiendo hacia abajo…
— ¡Sí!
— ¿Quieres que pare?
— ¡No! Quiero que…
— ¿Qué quieres?
—Quiero que me hagas el amor. ¡Ahora!
—Bien —sonrió Edward entonces—. Me alegro de haber aclarado eso.
Ahora controlaba él. Y Bella sintió ese control en sus dedos, que acariciaban sus lugares más secretos haciéndola suspirar. Volvió a tocarla y, esta vez, Bella estuvo a punto de perder la cabeza.
—No puedo esperar más. ¿Y tú?
—No te preocupes por mí. Yo no tardaré mucho, habiibtii. Esta noche, no.
Luego se colocó encima y se lanzó hacia delante. Bella contuvo un grito cuando se deslizó del todo dentro de ella. Involuntariamente, levantó las caderas cuando Edward empezó a moverse y alargó la mano para tocarlo.
—Habiibtii, si no quieres que esto termine antes de que haya empezado no me toques.
Bella lo soltó, agarrándose a la colcha.
Edward se apartó un poco y volvió a penetrarla. Luego repitió el movimiento una vez, otra… La fricción era tan sensual, tan deliciosa. Bella sintió esa espiral de tensión ya casi olvidada naciendo en su vientre hasta que, por fin, se dejó ir y cerró los ojos cuando sintió los primeros espasmos.
Edward gimió:
—Abrázame.
Ella obedeció, apretándolo contra su pecho. Y lo oyó jadear roncamente mientras caía, agotado, sobre su cuerpo.
— ¿No sabes que te encuentro preciosa?
Era más de medianoche. Fuera, el viento había dejado de soplar. La luz dorada de una lámpara iluminaba la habitación y la piel de Edward en la cama, con la cabeza apoyada en un brazo, mirándola.
A Bella se le hizo un nudo en la garganta mientras negaba con la cabeza.
—Desde la primera vez que te vi en la galería Tate no pude apartar los ojos de ti. Tenías un brillo de… no sé, de serenidad. Sigues teniéndolo. Tu piel brilla como las perlas del golfo, tu pelo como el sol sobre las alas de un cuervo. Cuando te toco, cuando toco tu pelo… es como la seda.
—Yo no soy…
— ¿Bella? No me digas eso. ¿Comparada con quién no eres bella, con las modelos de las revistas? ¿Con las actrices de Hollywood? Hay muchos tipos de belleza… y para mí, tú eres preciosa.
El romanticismo de sus palabras la dejó sin aliento.
Pensó entonces en el consejo de Jake de que se cortara el pelo. Iba mejor con su imagen, decía, con su nueva carrera en el departamento de estudios literarios. El pelo corto era más profesional.
Pero ella no quería tener un aspecto profesional. Quería sentirse femenina, deseada, hermosa.
Y eso era lo que Edward conseguía. La hacía sentir viva.
Bella alargó una mano para tocarlo.
—Espera, tengo algo para ti —su marido saltó de la cama y buscó algo entre su ropa. Un momento después volvía con el bolsito de satén del souq.
—Yo no…
—No lo rechaces, por favor —Edward sacó la pulsera con campanitas de oro que ella había admirado y, levantando suavemente su pierna, se la puso en el tobillo.
Bella iba a protestar, pero él no la dejó.
—Espera, hay más.
Del bolsito de satén sacó un collar de oro con esmeraldas y zafiros.
—No puedo aceptar esto.
Las esmeraldas eran del mismo color que sus ojos. Pero ella no quería regalos porque Edward no podía darle lo que más deseaba, su confianza.
—Míralo como un amuleto. Quiero que te proteja durante todos los días de tu vida.
—Edward…
No era un lingote de oro con el que quería comprar su corazón. Era un regalo de despedida, algo con lo que recordarlo para siempre. Pero Bella sabía que jamás se libraría de su recuerdo, jamás lo olvidaría. ¿Cómo iba a olvidarlo?
—Que siempre haya un camino para ti, nuur il—en, y que siempre esté bendito. Ahora inclínate hacia delante para que pueda ponértelo.
Ella obedeció y Edward le puso el collar, rozando después sus labios con ternura. Gimiendo, Bella le echó los brazos al cuello.
No podía hacer otra cosa.
Edward llegaba tarde a su reunión con Eleazar a la mañana siguiente y entró en la sala medio mareado, sin dejar de pensar en Bella.
—Sabah al—hayri —lo saludó Eleazar.
Edward intentó concentrarse. No podía portarse como un crío enamorado delante de su poderoso vecino.
—Buenos días.
Pero no era capaz de centrarse en las negociaciones. Visiones de Bella sobre su pecho, su sonrisa cálida y sensual, el recuerdo de su piel bajo sus dedos…
— ¿Edward?
— ¿Sí? Ah, perdona, dime.
— ¿Qué te parece?
¿Qué le parecía? Ni siquiera sabía de qué estaba hablando.
— ¿Y si incluyo una porción de las tierras de la frontera con Zayed para disculparme por la vergüenza que han causado Aro y Cayo, Eleazar?
El hombre arrugó el ceño.
—No quiero hablar de tierras. La última vez que tu familia me prometió tierras el pacto fue deshonrado.
— ¿Quién hizo eso?
—Tu padre.
—No mientas. El emir jamás deshonraría un trato.
Eleazar se levantó, airado.
—Si vas a llamarme mentiroso, no tenemos nada más que hablar.
—Espera, tienes que entender… mi padre es un hombre de honor y está… enfermo, ya lo sabes. Eso que has dicho me ha dolido.
Eleazar se detuvo.
—Sólo digo la verdad.
—Dame detalles, por favor. Debo investigar este asunto. Tiene que ser un malentendido.
—No fue un malentendido. Tu padre me prometió unas tierras que no están muy lejos de las que tú me prometes ahora. Pero ese regalo no se hizo nunca. Aro descubrió petróleo y convenció a tu padre para que se las arrendase.
—Yo no sé nada sobre el descubrimiento de petróleo en esa zona —murmuró Edward, sorprendido—. No puede ser verdad.
—Entonces, no hay nada más que decir —Eleazar se dirigió hacia la puerta.
—No te vayas —lo llamó Edward de nuevo. No quería perder su amistad porque habían jugado juntos de niños pero, sobre todo, era importante no echarse atrás. Estaban tratando del honor de su familia.
—Por Alá, si te engañaron en un trato recibirás estas tierras también.
—Concertar un matrimonio entre Bree y tú fue un intento de tirar el muro que se había levantado entre Bashir y Zayed —dijo Eleazar entonces—. No seas demasiado duro con tu padre. Se está muriendo… no le hagas pasar este mal trago ahora. Sólo es un hombre. Deja que se vaya en paz a la otra vida.
—Mi padre es mucho más que un hombre normal. Es el emir de Zayed —replicó Edward.
Eleazar no lo entendía. Hasta Bella había entendido que no iba a permitir que nadie hablase mal de su padre. Pronto él representaría su papel, pronto él sería el emir de Zayed. Y el emir de Zayed era un hombre de palabra.
Más tarde, Edward y Eleazar se daban un apretón de manos.
Pero cuando se quedó solo, Edward buscó su móvil y marcó un número que nunca jamás había marcado antes.
Aquí estoy con el nuevo capi, espero les guste,
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
holaaaaaa guauuu ame este capiii jaja!! me encantaronn edward y bellaa...aunque el no confia en bellaa por que no sabe la verdaddd ohhh yo quiero q se arreglen es ovbio que ambos se amann...pobre bella ella esta como loca por edward y sabe que jamas lo va a olvidarr y duele que el no confie en ellaa justo el hombre que amaaa...bueno me gusto mucho ete capii, y edwardd no quiere oir nada de su padree el cree que es el mejorrr por diosssss me pone locaa este hombre!!! y ahora a quien llamo a su madre?? por q dijo que nunca lo marcoo y no se me ocurre otroo..bueno nos leemos en el que vienee adioss!!!
ResponderEliminarte voy a decir xq tristee! xq el no entiende esta segado x el amor obviametne y hasta q ella no se vaia no lo entendra!!! y penosiisimo eso pero bueno espero q se mas temprano q tarde!! se va a dar un puchazo contra la pared pero bueno eoero q todosalga bieen!! pobresti ciego no hay por ciego q el que noquiere ver!!
ResponderEliminargriacas chigas!!
Besos
y q viva mexicooo!!
xoxo
M
Holaaa
ResponderEliminarNiñas estoy de regreso poniendome al dia con las actualizaciones, me encanta el playlist del blog.
Amo la historia de necesariamente suya, en cada cap me dejan intrigada felicidades por la adaptacion!!!.
Besosssss
PD Viva Mexico!!!!
Que intenso.ayyyyy...que bonito fué que Edward y Bella consumieran el fuego que llevaban dentro.Ainsss,¿Y ahora que...? ¿A quien habrá llamado...no sera a su madre???
ResponderEliminarMe muero por seguir...Besos Pescui!!!
Niñas estan tan concentradas q ya le atinaron a quien fue q llamo Edward, jejejejeje. Nostalgiacullen me alegra que te guste el playlist(es la q oigo 100pre), nos vemos en le proximo capi..Bsos
ResponderEliminarhola me facina la historia no me despido y nos seguimos leyendo
ResponderEliminarPor fin se entregaron a la pasion!!! ya era hora... son unos cabezas duras, ambos se aman con locura. Aiss de verdad q me encanta este fic. Saludos!!!
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