lunes, 28 de febrero de 2011

Prisonera del Deseo

PRISIONERA DEL DESEO
CAPITULO 8
Edward la miró con cautela y suspiró para sus adentros. Era demasiado bella; demasiado para su propia seguridad; sobre todo para la de él.
Entrecerró sus ojos con imágenes muy vividas de su hermana mayor; Alice y recompuso el gesto, dándole la autentica cara que Isabella Swan o Black…La de la crueldad y la rudeza…
-Baja ahora mismo.- Se acercó a ella con salvaje magnetismo y la cogió del un hombro con fuerza.- Quiero que me acompañes a la mesa. Te lo exigo.
Isabella se soltó de él; bruscamente y le alzó la mano para estampársela en el rostro.
Pero Edward no llegó a permitírselo. La paró antes de que su mano inpactara en su rostro y le sujetó con fuerza la muñeca y la arrastró hacia el pasillo con una calma demoniaca.
-¡Sueltame, maldito! ¡Que no….que no quiero!
-Me importa un bledo lo que quieras o no. Haras lo que yo te diga; mientras estes aquí. Aquí yo soy tu amo.
Bella intentó zafarse sin ningún éxito y dejó que su cuerpo diera de bruces con el suelo para parar al hombre en seco.
Él se giró y la miró con desdén, antes de cogerla por la cintura y llevársela al hombro como si de un saco de patatas se tratara.
-Te vendría bien una buena azotaina, por cabezota, Isabella.- Le palmeó el trasero con vehemencia; pues no dejaba de moverse.- Estate quieta o la próxima vez, retiraré todas esas capas funestas de tela que hay entre tú y ese culo respingón.
Bella, cerró fuertemente los ojos y bufó. Por su propio bien y el de sus posaderas; dejaría de moverse.
Pasó menos de un minuto antes de que la dejara en el suelo de malas maneras. Ella lo miró con odio y siguió sus movimientos.
No habia deparado en lo cabalmente apuesto que era.
Alto, atlético y bien formado. Exageradamente hermoso y unos ojos verdes que podían quitar el aliento de cualquier fémina que sucumbiera a sus deleznables encantos.
El rostro era casi angelical; si no fuera por aquella mueca hosca que estaba instalada en su rostro como un fantasma de crueldad.
Tomó asiento y la miró intensamente.
-Sientaté, Ya.
Isabella arrastró la silla y sin dejar de mirarlo se sentó en ella casi sin respirar.
Estaba envuelto en un aura de sensualidad. Habia advertido la sinuosa mata de rizos cobrizos que sobresalían sin pudor de su pecho. Aquella blanca camisa holgada le daba un aire de cruel cazador en busca de presa…y ella parecía una oveja perdida…
La entrada de Sam la sorprendió gratamente. Agradecia terriblemente no tener que estar a solas con aquel hombre que la habia hecho suya sin ningún tipo de contemplaciones; solo por salvaguardar algún oscuro secreto que habia llegado al poder de Jessica.
Bajó los ojos furiosa y dejó que Sam sirviese la cena.
No hablaron y Bella no lo miró en ningún momento. No quería enfrentarse al fuego cruel de sus ojos verdes.
-¿Puedo retirarme señor?.- la voz de Sam, asustó a Isabella que estaba sumida en un mar de preguntas sin respuestas aparentes.
-Retirate, Sam. Buenas noches.- espetó Edward, amable.
-Buenas noches señorita Swan.- susurró el interpelado; haciendo una leve reverencia.
Isabella lo miró con amabilidad y le sonrió.
-Buenas noches, Sam.
Bella esperó pacientemente a que los pasos de Sam dejaran de sonar para levantarse con suavidad de la silla y caminar hacia la salida sin mirar al cruel inquisidor.
Unos pasos la alcanzaron y tiraron de ella hasta lanzarla contra la pared.
-¿Dónde crees que vas? Yo no he decidido que te marches todavía.
-Me importa un comino.- siseó ella.
El cuerpo de Edward se moldeó al suyo y separó de entre las faldas las piernas de Bella para que ella pudiese sentir su virilidad hinchada.
-¿Crees que me importa que te importe? No. Esta noche hay espectáculo. Y quiero que estes presente. Creo que va a ser realmente interesante.
-Dejame o….
-¿O que?.- le hablaba con la boca muy pegada a la de ella y Bella podia sentir el dulce aroma de su aliento mientras la tenia apretada con su duro cuerpo.
-¿Por qué no dejar que me marche?.- dijo ella en un susurro, bajando la mirada hacia sus labios.- Yo…no…¡Tienes cientos de mujeres con las que divertirte! ¿Por qué yo? ¡No es bastante duro para mi, tener que haber perdido la honra con un ser como tú!
Edward admiró la calidez de sus orbes marrones y se maldijo interiormente.
-No quiero que te quedes con esa amarga experiencia. Quiero que salgas convertida en toda una amante consagrada. ¡Bendito el hombre que llegue a tus brazos! Lo vas a colmar de placeres…
-Eres un pervertido ¿Y debo suponer que eres tú el que me vas a enseñar?
Edward rió por lo bajó y se relamió con gusto los labios; como si de un felino se tratase a la caza de su presa.
-Por supuesto. Y vamos a empezar esta misma noche.
Ella lo miró sobresaltada y levantó un pie furiosa ; para encontrarse con el de Edward machacándolo con los medios botines.
Edward profirió toda clase de maldiciones y estuvo tentado a darle una tumda de palos en aquel redondito trasero; pero se contuvo. Sabia que aquella noche ella iba a dejar de ser un poco menos inocente de lo que ya era.
Salió mirándola con furia y se llevó la manos a la cabeza. Buscó por los pasillos la habitación donde debían de estar las prostitutas que debían de fustigar a Bella aquella noche; haciéndola sentirse débil has ta el punto de ir al encuentro de él.
Abrió la puerta son solemnidad y les hizo un gesto para que se levantaran.
Ellas le siguieron gustosas; pensando que aquella noche montarían al poderoso Edward Cullen; al salvaje y poderoso Edward Culllen.
-Quiero que me excitéis como sabeis que me gusta.- dijo él con indiferencia; antes de entrar en el comedor.- Y quiero que lo hagáis bien. Tendremos compañía.
Una de ellas se atrevió a preguntar-
-¿Nos satisfará señor?
-No. No lo creo.
Se miraron entre ellas y un velo de disgusto las embargó.
-Sereis bien recompensadas.
Volvieron a mirarse y sonrieron.
Entraron y miraron con curiosidad a la mujer que yacia sentada en la larga mesa. Parecia una señorita y las miraba como si les extrañara su presencia.
Bella sintió alivio por unos momentos. Por lo menos no quedaba sola con él.
-Ven.- dijo él. ofrenciendole la mano.- Vamos cerca del fuego.- Mis amigas nos van a deleitar con un excitante espectáculo.
Ella lo miró con una chispa de desconfianza en sus ojos; pero lo siguió. Las mujeres los esperaban con sonrisas en sus rostros y se miraban entre ellas cómplices.
-Sientate, a mi lado; querida Isabella, disfrutemos del espectáculo de estas bellas señoritas.
Bella miró a Edward por centésima vez consecutiva. Se dejó caer en la esquina de un mullido sofá y Edward hizo lo mismo en la otra punta del mismo.
Las mujeres que eran tres. Comenzaron a jugar entre ellas con sus manos; como si fueran niñas, corrian y se tapaban los ojos , jugando a la gallinita ciega…pero en un momento todo cambió…
Una de ellas; la mas morena en vez de echar manos a los ojos a la belleza pelirroja, le acarició los pechos, metiendo sus manos entre las suaves telas blancas que los tapaban. Isabella dejó escapar un jadeo y miró a Edward con horror.
Entendió casi inmediatamente lo que aquel demonio intentaba que ella viera aquella noche de nuevo. Una orgia de la que él seria participe sin ninguna duda.
Isabella se levantó contrariada y Edward la cogió por la cintura , haciéndola caer en sus rodillas.
-Dejame.- siseó, ella muerta de vergüeza. Las mujeres se acariciaban las unas a las otras y se iban despojando de las ropas que las envolvían poco.- Eres un cerdo…
-Shhhh…Apuesto que dejaras de ser una mojigata, una vez abandones este castillo, Isabella Swan….Mira.- le volvió el rostro hacia las mujeres y vió con horror como ya estaban completamente desnudas y se acariciaban sin pudor los pechos y los muslos.
Bella intentó apartar la vista; pero la fuerza en la mandíbula que ejercía Edward no le dio tregua y dejó de oponerse. De sus ojos vidriosos, comenzaron a escaparse gruesas lágrimas que Edward notó; haciéndose el desentendido.
Aunque el espectáculo a los ojos de Isabella era repúgnate. Sintió como el rubor se extendia por su rostro al ver como los labios de una de ellas succionaban y besaban los senos de otra y por sus caras; aquello debia ser placentero.
La otra se escabullía por las piernas y abria las piernas de la que gozaba con amplitud, dejándola totalmente expuesta delante de los ojos de los espectadores.
La mano de Edward se habia vuelto mas suelta y Bella podia asegurar que ya no hacia presión sobre ella; sino que intentaba acariciarla. Lo miró interrogante y se encontró con las salvajes pupilas de él enterradas en su rostro.
-El placer es indoloro, querida.- le susurró él, amoldandola un poco mas entre sus caderas.
Bella sintió que sus senos crecían en un hormigueo desconocido ante las palabras de aquel hombre. Giró el rostro para observar de nuevo a las mujeres y vió con desazón como una de ellas se habia metido entre los muslos de otra con la cabeza y le besaba y lamia su centro con voracidad. La mano abrasadora de Edward le acariciaba el cuello y ella por impensable que fuese aquello anhelaba otro tipo de caricia y toque que ni ella misma entendía.
Un deseo palpitante se abrió en su bajo vientre y jadeó sin comprender lo que le ocurria.
Con las mejillas ardiendo y los ojos vibrantes de un oscuro anhelo, Edward giró el rostro de ella; para observarla con detenimiento.
Estaba excitada.
Y él estaba que iba a reventar. La habia observado hasta la saciedad. Segundo a segundo, viendo como a cada movimiento de aquellas mujeres las barreras que habia alrededor de ella se volcaban y sucumbían al deseo que palpitaba en su interior.
Y él también la deseaba…tanto que sus testículos dolían de una manera violenta.
-Acercaros.- les dijo a las prostitutas él; perdido en un mar de excitación.
A duras penas, cogió a Bella de la cintura y la apartó de él para que aquellas mujeres lo exprimieran bajo la atenta mirada de su prisionera.
Las mujeres se miraron las unas a las otras y se sonrieron gustosas. Comenzaron a acariciarlo por todo su cuerpo y él cerró los ojos con la respiración agitada.
Pero maldiciendo por lo bajo, cuando cerraba sus ojos no podia ver mas que aquellos ojos marrones que quería hacer sufrir.
-Dejadnos.- Las apartó con un ademan y se levantó del sofá dejando a Isabella tan confundida como excitada.
Abrió la puerta del comedor; expulsando a las mujeres desnudas y cerró con llave mientras se llevaba las manos a la cabeza y se volvia lentamente hacia ella.
-¿Qué sientes en estos momentos?.- le preguntó el con un deje marcadamente sexual.
-Nada.- dijo ella tragando saliva.
Él rió quedamente y caminó hacia ella.
-No lo creo. Veras.- le dijo,alzando una mano de ella y levantándola.- Estas temblando.- susurró mirándola a los ojos y besando aquella mano, frágil e inmaculadamente blanca.
-No es para menos..ha sido un espectáculo….
-¿Tan fría eres que no te has excitado ni un poquito?.- le preguntó él como un arrullo.
Isabella se escapó de su roce y caminó hacia atrás abrazandose a si misma. Desolada.
-No.
-No mientas, querida. Y aun lo estarás mas. Mucho mas…esta noche.- Edward fue un busca y se apoderó de sus labios con ansias; mientras la apretaba contra si, en un desenfreno desconocido. Echó mano de su cabello y lo acarició mientras se adueñaba de su lengua jactándose de hacer que ella gimiera de aquella manera al entrar en contacto con aquel vulgar musculo.
Se separó de Bella, pegando su frente a la de ella; mirándola con ardor.
-Esto va a ser muy diferente que la primera vez. Mucho mas…te lo prometo, amor.
Y volvió a engullir aquella boca que lo tenia seco y emborrachado al mismo tiempo de placer.
Continuará….

1 comentario:

  1. holaa me encantooo el capiiii aunque este edwardd fue medio rudo con la pobre bellaaa yy ahoraa chan channn que pasara en el proximoooo menudoo espectaculo le hizo ver a bella jee ...bueno voy a estar ansiosap or leer el eproximo a ver que pasa en tre ellos dos...besotes!!

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