THE PRIEST.
-Si…tio..Edward, pero no puede, me hace daño….se ha cansado de mi..y lo entiendo.- Bella comenzó a sollozar.- Él ya ha buscado a otras mujeres y a mí ni si quiera me roza…¡Oh, tio Edward! ¿Qué voy a hacer yo?
Edward dio dos grandes zancadas y la envolvió con sus atléticos brazos, haciendo que ambos cerraran los ojos por el estremecimiento, que recorrió ambos cuerpos.
Las lagrimas de Bella eran interminables y Edward no sabía como calmarla. Al fin, lentamente se separó de ella y la traspasó con la mirada.
-Cuéntame todo. Haré todo lo posible por remediar esta situación.
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Capitulo 6.
Después de haber hablado con Bella, Edward se marchó hasta su austera habitacion, después de rogarle que lo esperara.
En su interior Edward estaba eufórico….Emmet no ha labia tocado y aún seguía sin mancillar por aquel hombre que un dia fue su amigo.
Dios se la había puesto en el camino nuevamente y para bien o para mal, él debía ayudarla.
Amontonó un cúmulo de ropajes y se dirigió a el pequeño lavabo que tenia pegado a su recámara, allí cuidó mucho de asearse y adecentarse con rapidez ante de salir de nuevo en busca de Bella , que lo esperaba intranquila sentada en una de las sillas.
Al verlo, ella se sofocó de nuevo y se relamió los labios en un acto reflejo nada decoroso. Edward llevaba una camisa azul cobalto con los tres primeros botones desabrochados; haciendo ver el suave bello de su torso una delicia a los ojos de ella. Carraspeó nerviosa y se levantó caminando hacia él.
-¿Dónde vas, tío Edward?.- susurró algo mareada por la enorme sensualidad de él.
-Voy a visitar a ese hombre que se ha casado contigo…¡no voy a permitir que te sea infiel! Si no quiere estar contigo, todavía tenemos la oportunidad de anular ese matrimonio. Si es cierto lo que me has contado y no habéis tenido relaciones intimas, puede ser fácil y rápido, Bella. No tendrás que soportar que tu marido de veje de esa manera. ¡No lo permitiré!
Ella asombrada lo miró intensamente y se perdió en aquel mar de mareas verdes que la tenia hipnotizada y sensibilizada hasta el punto de picarle la piel. Ansiaba que la tocara; porque el más mínimo roce la haría gemir; de aquello estaba completamente segura.
-Vamos.- sentenció él, asiéndola del codo y arrastrándola suavemente.- Nunca debí permitir que Emmet se casara contigo. Nunca. Son muchos los años de diferencia que os distancian y tu, Bella dejaste de ser una niña hace muy poco tiempo.- Edward sintió la mirada de Bella acusadora y suavizó el tono de voz y las facciones de su rostro.- No te enfades, pequeña. Bella….-emitió en un suspiro y siguieron caminando.- Tú mereces a alguien que te haga sentir querida y sensibilizada para el acto… y ese patán seguro que se comportó contigo como un depravado….
Bella no dijo nada. Si bien Emmet, no la había tratado mal, ella no podía imaginar el porqué de las palabras de su tío Edward. Él era un hombre dedicado al sacerdocio desde muy joven. ¿Qué sabia él de mujeres? ¿Acaso él había tenido relaciones antes de ingresar en el seminario?
Movió el codo ligeramente para que él apartara su mano que mas bien parecía una garra asida a su carne, emitió un pequeño quejido de dolor y Edward miró su mano y el agarre cedió.
-Lo siento.- dijo apesadumbrado.- En verdad lo siento, Bella. Nunca en mi vida querría hacerte daño.
Ella buscó la mano de él con la suya y las entrelazó, sintiendo ambos una electricidad que los sacudió levemente haciéndolos gemir.
Edward caminó mas aprisa y ella lo siguió nerviosa. Al llegar a casa de Aro y Zafrina, ni siquiera se presentaron, Edward vió a Emmet sentado con el dueño de la casa tomando café entre risas y olor a tabaco , como un desquiciado se lanzó sobre el hombre que lo miró con los ojos como platos al ver la que se le venía encima.
Emmet pudo esquivar el primer puñetazo, pero el segundo le dio justamente en la mejilla izquierda. Zafrina y Bella con las manos en los labios, gimoteaban y se miraban horrorizadas.
Ambos se habían sumergido en una pelea de patio de colegio, desparramados por el suelo y pegándose el uno al otro como si les fuese la vida en ello.
La voz de Aro emergió de sus cuerdas vocales con gran intensidad.
-¡Basta! .- Ambos hombres pararon de darse golpes y giraron las cabezas para observar a Aro.- Si debéis discutir algún tipo de problema, mejor lo hacéis como hombres civilizados. Por lo menos bajo este techo que es mi hogar. Edward.- Ambos se estaban levantando y se veian en sus rostros los rastros de aquella encarnizada pelea.- No sé que motivos te impulsaron a venir a maltratar así a mi invitado, pero esto no te lo puedo perdonar. Tú, un hombre de leyes divinas, cediendo ante uno de los pecados capitales de la vida….chico, ahora mismo me das las explicaciones necesarias o tendré que vetarte la entrada a mi casa…y créeme que no me hace nada feliz la idea…
-Tío Aro….- la voz de Bella, era un gemido asustado y los tres hombres se giraron para observarla.- Es mi culpa, yo enfurecí a Edward, yo le dije….
Emmet dio un par de zancadas y abrazó a Bella por la cintura con un solo brazo. Éste miró a Edward con seriedad y sin apartarle la mirada le propinó a Bella un suave beso en la cabeza.
-Creo que “tio Edward” y yo tenemos que aclarar ciertos puntos, querida. – Emmet miró a Aro y suspiró arrogante.- Si no te importa Aro, cédenos tu despacho, Edward y yo debemos hablar de una manera mas…civilizada.
En aquellos momentos los pasos agitados y sonoros de alguien los hizo volverse a todos.
Era Rosalie, relentizó el paso al verlos a todos reunidos y sonrió mas anchamente al ver a Bella de nuevo.
-¡Bells! ¡Que gusto verte!...- miró la expresión de todos y la tensión que se cortaba en el ambiente.- ¿Qué sucede? ¿Cómo que tienen los rostros marcados, papá? ¿Se han peleado…?
-Vamos Emmet. No quiero hacer mas el ridículo esta tarde.- Sentenció Edward inquisitivo, se giró hacia el pasillo en busca del despacho de Aro, pues ya sabía el camino. No sin antes dirigir una mirada cálida a Bella; la niña de sus ojos.
Emmet lo siguió con una ceja alzada y pasándose el puño sobre la boca ensangrentada. Escupió y sonrió a Rosalie al pasar por su lado.
-Cada dia estas mas bonita, querida.- susurró a la joven, que inusualmente se ruborizó ante tal piropo.
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-Para ser curilla, te defiendes de puta madre con los puños, Edward.- sonó ácido. Pero Edward se rió levemente ante aquel comentario cínico típico de Emmet. Ya se hallaban en el despacho y la puerta estaba cerrada con llave, podían matarse y nadie se enteraría de ello.
-Quiero que te separes de ella.- Enunció Edward determinante.- Te lo exijo, si no quieres que le diga a toda mi familia que ya le estas siendo infiel a Bella.
El rostro de Emmet se contrajo y sus ojos azules se crisparon de ira.
-Ella te lo ha contado…
No era una pregunta, pero aún y así, Edward respondió.
-Si. Lo ha hecho. Está destrozada, piensa que no es válida como mujer, Emmet. Esto puede ser un problema mental para ella….seguro que no la trataste como se merecía.
La risa socarrona de Emmet acarició las paredes forradas de madera de haya del despacho de Aro.
-¿Quizás crees que tú lo hubieras hecho mejor? Esa mujer es como una piedra, rígida, frígida o que más se yo. En confianza Edward, la estimo mucho, pero es sumamente esencial para mí el sexo entre la pareja. Bella tiene el coño cerrado a cal y canto y no hay manera de hacerla lubricar. He querido hacerle de todo, pero es reacia desde la primera noche. Es cierto que le he puesto los cuernos; pero ha sido una sola vez y porque mis bolas estaban tan hinchadas que me excito al pensar en cualquier mujer. Si tan solo ella me dejara que la acariciara debidamente, que la incitara a ponerse cachonda….
-No puedo creer que estés hablando de tu mujer de semejante manera…parece que estés hablando de una furcia…
-¡Que iluso eres! A mí, como a la mayoría de los hombres, nos gustan las mujeres putas en la cama, incluso aunque sean nuestras esposas. ¿Crees que me he casado con Bella para ser casto y puro? No, maldita sea , aunque me duela, porque la amo. Pero hay necesidades que no puedo tomarme a la ligera y una de ellas es el sexo. Si no lo tengo estoy de mala ostia y me la paso el dia regañando…necesito follar; y si con mi mujer no puedo hacerlo, tendré que buscarme con quien hacerlo.
-No sé como no te reviento la cara y los huevos en este mismo momento…y pensar que hemos sido amigos en un pasado…
-Si, lo fuimos. Y dejamos de serlo en el mismo momento en que te planteé la idea de rondar a Bella. ¿Crees que soy tonto? He visto como la miras, la deseas. Es una suerte para ti tener el silicio…¿lo utilizas?
-¡Vete a la mierda, Emmet!
-Eres tan comedido Edward…aunque cuando te echaste sobre mi, pensé que habías cambiado un poco. Veo que sigues siendo el mismo cobarde que no luchó por lo que verdaderamente quería.
-Quiero que anules el matrimonio. Ya.
-Amo a Bella. Y creo que al final cederá…siempre lo hacen, aunque duela. Yo sé que ella me ama y una noche u otra caerá en los brazos de deseo….y tú estarás matándote a pajas o enroscándote el silicio a la pierna…¿sangras mucho Edward?
-¡Bastardo!
-“Padre, perdóneme, porque he pecado”.- se burló Emmet y estalló en carcajadas.
-Te voy a dejar sin dientes, maldito cabrón.- siseó Edward, caminando hacia él de nuevo, con claros síntomas de volver a golpearle de nuevo.
-Edward.- alzó una mano Emmet.- Estamos en casa de tu tío Aro. ¿Recuerdas?....- rió oscuramente y un brillo de malicia se acentuó en su mirada.- Prepárala para mí….si lo haces; te prometo que me divorcio de ella, desvírgala, móntala, fóllatela y luego me devuelves a mi mujer para que pueda cabalgarla lentamente como deseo…luego si ella quiere, le concederé el divorcio…pero nunca la nulidad. Nadie sabrá nada mas que tú y yo que no la he follado hasta reventarla la noche de bodas. ¿entiendes?
Edward se quedó átonito y se dejó caer como un muñeco roto en el suelo del despacho.
Continuará…
Espero que les haya gustado. Mil besos y ya saben las quieroooooooooooooo!! Mañana no sé si actualizaré si lo hago lo haré con invisible y si no el viernes….!!
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
The Priest.
THE PRIEST.
Aquel hombre que habia admirado maravillada era su tio Edward…sonrió algo turbada y se acercó a él para abrazarlo, sin importarle que tuviera el torso desnudo y empapado de sudor.
-¿Tan pronto volviste de tu Luna de Miel, pequeña?.- le susurró él al oído.
Bella cerró los ojos maravillada.
Tenia una voz tan y tan sensual.
Se separó de él y le sonrió.
-Debemos de hablar tio Edward. Tienes que ayudarme.
Él frunció el entrecejo y la miró intensamente.
-¿Qué ocurre pequeña?
-Ven.- lo cogió de la mano.- Vamos dentro; es un tema privado.
Edward pensó que habia muerto y estaba en el infierno.
Su niña estaba allí.
Y estaba tan bonita….
Enloqueció al sentir su mano y se dejó guiar hacia el interior de su casa.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Capitulo 5.
Bella dejó la mano de Edward al traspasar el umbral de la puerta. Había un hormigueo insolente que habia comenzado a sentir en la palma de su mano y en esos momentos lo tenia esparcido por todo su cuerpo. Intimidada, no tuvo mas remedio que soltarse de su agarre, si no pensaba que iba a terminar hiperventilando.
Observó la sencillez de aquella casa, las paredes desnudas de cuadros, sin duda Edward no era hombre de grandes lujos ni sofisticaciónes; tal y como lo era Emmet.
Vió una silla y se sentó en ella, su tio la miraba con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa tierna en los labios. ¿Cuántos años debia de tener Edward? 34…35…
Fue consciente de nuevo de la semi desnudez de él y se obligó a sí misma, a apartar la mirada de su rostro. Se estaba ruborizando. Edward; su tio, era un hombre increíblemente viril y se estaba dando cuenta en aquel preciso instante.
¿Seria que iba mas caliente que una gata en celo?
Posiblemente era aquello. Estaba asqueada de ella misma y sus pensamientos. Carraspeó e hizo un gesto que indicaba claramente que no se sentía comoda; se frotó las manos una contra la otra.
-¿Qué te sucede, pequeña?.- La voz de Edward; la hizo sentirse otra vez niña y eso la enfureció. Él no tenia ni idea de que habia crecido y de las emociones que la asaltaban. ¿Habia hecho bien en ir a su encuentro y hablarle de su problema con Emmet? Quizás todo aquella era una locura y se estaba comenzando a arrepentir de estar allí a solas con él. Su presencia la estaba intimidando y de una manera que no tenia nada que ver con su estatus de familiaridad.
Un leve estremecimiento, la sedujo y notó como su piel se erizaba y sus pezones se volvían como dos botones gemelos por la excitación.
Se levantó rápidamente y quiso salir huyendo de allí, todas aquellas emociones nuevas la estaban asustando y el culpable de todo aquello era el hombre que había querido como a un hermano durante parte de su vida.
-Yo…no sé para que he venido…aquí.- Con la mirada baja, notó como la presencia de Edward se hacia mas cercana y aún se turbó mas. Él le alzó el rostro agarrándola por el mentón e hizo que sus ojos se encontraran.
-¿Qué tal para verme?.- Él no perdió la sonrisa y ella lo imitó tal y como pudo.- Y ahora cuéntame eso tan importante que has venido a decirme, querida niña, me tienes en ascuas.
Bella apartó la cara, levemente enfurruñada y caminó dos pasos dando la espalda a su tio.
-Ya no soy una niña. Y no quiero que me veas como tal. He crecido y si he venido aquí es por….. eso mismo.
Edward se carcajeó levemente e hizo que de nuevo la piel de todo el cuerpo de Isabella se estirara y gimiera interiormente de placer.
“No puede ser posible” pensó ella. “ Es un pecado mortal lo que estoy sintiendo…”
-Bueno, nena. Te he visto crecer y creéme cuando te digo que siempre te veré como una niña; aunque no lo seas, eso es pura protección Bella. No te enojes.- Edward la buscó con la mirada y arrugó en un gesto que lo hizo parecer mas joven.- ¿Qué tal tu vida de casada?
Ella quedó hipnotizada por sus ojos y suspiró antes de contestar puramente con la verdad.
-Mal.
Edward percibía nuevas emociones en los ojos de Bella que no sabia comprender; pero se dijo a si mismo que habia pasado mucho tiempo desde la última vez que habia tenido una conversación intima con ella.
No conocía a la Bella mujer y estaba loco con ella en aquellos momentos. Era algo mas tímida de lo que recordaba y también mucho mas voluptuosa. Hubo momentos en que los músculos de todo su cuerpo se tensaron al contemplar como aquella falda que apenas le llegaba por las rodillas se subía al sentarse en la silla.
No había querido acompañarla; ya que si se sentaba se apreciaría mucho mas su miembro viril como una vara maciza, luchando por salir de su cautiverio.
Tocar su rostro; habia sido una lucha por no lanzarse a aquella boca y poseerla hasta hacerle perder el conocimiento, recorrerla con sus manos centímetro a centímetro. Aquellos pechos aprisionados por aquel suéter que se pegaba a ella como una segunda piel, sintiéndola mas expuesta, haciendo que su imaginación volara hasta debajo de aquel tejido y adivinar lo blanca que podia ser su piel y la tersura de la misma. Tuvo que ahogar un gemido de excitación, y tragar en seco antes de preguntarle por su vida de casada.
El alma se le cayó literalmente a los pies cuando oyó la única palabra que salió por la boca de ella.
Bella sintió la mano de Edward en sus hombros y tuvo que alzar el rostro para mirarlo.
Sus ojos se empañaron lentamente de lágrimas y él la aferró contra si, haciendo que el rostro de ella sintiera la tersura y la fuerza de los músculos del pecho de él.
-¿Qué te ha hecho ese….Emmet?.- Bella no reconoció la voz de su tio; ronca y agresiva ,cerró los ojos con fuerza.
-¿Por qué tiene que ser todo tan complicado tio Edward?.- gimió ella sin apartarse ni un centímetro del amplio pecho que la albergaba.- Emmet y yo no nos comprendemos tio. No somos compatibles. ¿Entiendes lo que quiero decirte?.- Ella se revolvió un poco y buscó los ojos de él, para que la entendiera en toda la extensión de la palabra.
Edward no sabia si habia entendido bien. No debia de haberlo hecho.
Se apartó de ella con lentitud y buscó una copa de brandy con las manos temblándole como hojas secas.
-¿Bebes?.- Bella casi no podía creer lo que veían sus ojos.
-Ahora mismo si. Lo necesito, si no creo que iré en busca de tu maridito y le machacaré el cráneo si no me explicas tú lo que creo que he entendido.- No la miraba. Estaba aterrado. Sus emociones estaban a flor de piel y lo consumían.
-Tio…
Él hizo un ademan con la mano y chasqueó la lengua.
-Bella. Edward. Llámame Edward. Por favor.
El hombre necesitaba quitarse de en medio el parentesco que los unía para enfrentarse a lo que ella iba a contarle. En su cabeza se irían formando imágenes vividas del tormento y no quería pensar en la frágil y hermosa Bella; su niña como tal. Quería hacerse a la idea que tenia a la Bella mujer. Aquella que lo estaba matando poco a poco desde que había hecho acto de presencia.
-Edward…yo no soy valida, no sirvo como mujer…..no..yo…- Bella no podia decirle aquello a Edward. Se sintió estúpida al pensar en él para contarle aquello. Él era un hombre, aunque estuviera entregado a Dios. Un hombre terriblemente atractivo….
-No entiendo.- volvió a beber nervioso.- ¿No puedes tener hijos? ¿Es eso lo que intentas decirme? Porque déjame decirte que todavía es demasiado tiempo para saberlo; hace dos semanas que te casaste Bella. Claro; si es que no mantuviste relaciones antes con él. ¿Lo hiciste?
Bella pareció ver un brillo de ira en los ojos verdes de su tio Edward y volvió a estremecerse.
Tragó en seco y cerró los ojos. Tenia que afrontar lo que había venido a decirle. Sin paños calientes ,con la verdad palpitante.
-No; cuando me casé era virgen. Y no, no es problema de saber si puedo o no puedo tener hijos…..-Encaró a su tio y volvió tragar en seco, las palabras se habían atragantado en su garganta y apenas podia hablar.- Emmet y yo no podemos…..no…hemos tenido relaciones. Sigo siendo virgen.
Edward perdió la fuerza en todo su cuerpo y el vaso de brandy se le deslizó de la mano y cayó al suelo rompiéndolo en mil pedazos.
-¿No te ha tocado? ¿Acaso ese hombre está loco?.- Casi gritó. Estaba perturbado por las palabras y no pensaba lo que se escapaba por su boca.
-Si…tio..Edward, pero no puede, me hace daño….se ha cansado de mi..y lo entiendo.- Bella comenzó a sollozar.- Él ya ha buscado a otras mujeres y a mí ni si quiera me roza…¡Oh, tio Edward! ¿Qué voy a hacer yo?
Edward dio dos grandes zancadas y la envolvió con sus atléticos brazos, haciendo que ambos cerraran los ojos por el estremecimiento, que recorrió ambos cuerpos.
Las lagrimas de Bella eran interminables y Edward no sabía como calmarla. Al fin, lentamente se separó de ella y la traspasó con la mirada.
-Cuéntame todo. Haré todo lo posible por remediar esta situación.
Continuará….
Nenas!!!! Ya me diran que les pareció. Mañana Demon. Un beso lindas. Os quierooooooooooooooo!!!
Aquel hombre que habia admirado maravillada era su tio Edward…sonrió algo turbada y se acercó a él para abrazarlo, sin importarle que tuviera el torso desnudo y empapado de sudor.
-¿Tan pronto volviste de tu Luna de Miel, pequeña?.- le susurró él al oído.
Bella cerró los ojos maravillada.
Tenia una voz tan y tan sensual.
Se separó de él y le sonrió.
-Debemos de hablar tio Edward. Tienes que ayudarme.
Él frunció el entrecejo y la miró intensamente.
-¿Qué ocurre pequeña?
-Ven.- lo cogió de la mano.- Vamos dentro; es un tema privado.
Edward pensó que habia muerto y estaba en el infierno.
Su niña estaba allí.
Y estaba tan bonita….
Enloqueció al sentir su mano y se dejó guiar hacia el interior de su casa.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………………
Capitulo 5.
Bella dejó la mano de Edward al traspasar el umbral de la puerta. Había un hormigueo insolente que habia comenzado a sentir en la palma de su mano y en esos momentos lo tenia esparcido por todo su cuerpo. Intimidada, no tuvo mas remedio que soltarse de su agarre, si no pensaba que iba a terminar hiperventilando.
Observó la sencillez de aquella casa, las paredes desnudas de cuadros, sin duda Edward no era hombre de grandes lujos ni sofisticaciónes; tal y como lo era Emmet.
Vió una silla y se sentó en ella, su tio la miraba con los brazos cruzados sobre su pecho y una sonrisa tierna en los labios. ¿Cuántos años debia de tener Edward? 34…35…
Fue consciente de nuevo de la semi desnudez de él y se obligó a sí misma, a apartar la mirada de su rostro. Se estaba ruborizando. Edward; su tio, era un hombre increíblemente viril y se estaba dando cuenta en aquel preciso instante.
¿Seria que iba mas caliente que una gata en celo?
Posiblemente era aquello. Estaba asqueada de ella misma y sus pensamientos. Carraspeó e hizo un gesto que indicaba claramente que no se sentía comoda; se frotó las manos una contra la otra.
-¿Qué te sucede, pequeña?.- La voz de Edward; la hizo sentirse otra vez niña y eso la enfureció. Él no tenia ni idea de que habia crecido y de las emociones que la asaltaban. ¿Habia hecho bien en ir a su encuentro y hablarle de su problema con Emmet? Quizás todo aquella era una locura y se estaba comenzando a arrepentir de estar allí a solas con él. Su presencia la estaba intimidando y de una manera que no tenia nada que ver con su estatus de familiaridad.
Un leve estremecimiento, la sedujo y notó como su piel se erizaba y sus pezones se volvían como dos botones gemelos por la excitación.
Se levantó rápidamente y quiso salir huyendo de allí, todas aquellas emociones nuevas la estaban asustando y el culpable de todo aquello era el hombre que había querido como a un hermano durante parte de su vida.
-Yo…no sé para que he venido…aquí.- Con la mirada baja, notó como la presencia de Edward se hacia mas cercana y aún se turbó mas. Él le alzó el rostro agarrándola por el mentón e hizo que sus ojos se encontraran.
-¿Qué tal para verme?.- Él no perdió la sonrisa y ella lo imitó tal y como pudo.- Y ahora cuéntame eso tan importante que has venido a decirme, querida niña, me tienes en ascuas.
Bella apartó la cara, levemente enfurruñada y caminó dos pasos dando la espalda a su tio.
-Ya no soy una niña. Y no quiero que me veas como tal. He crecido y si he venido aquí es por….. eso mismo.
Edward se carcajeó levemente e hizo que de nuevo la piel de todo el cuerpo de Isabella se estirara y gimiera interiormente de placer.
“No puede ser posible” pensó ella. “ Es un pecado mortal lo que estoy sintiendo…”
-Bueno, nena. Te he visto crecer y creéme cuando te digo que siempre te veré como una niña; aunque no lo seas, eso es pura protección Bella. No te enojes.- Edward la buscó con la mirada y arrugó en un gesto que lo hizo parecer mas joven.- ¿Qué tal tu vida de casada?
Ella quedó hipnotizada por sus ojos y suspiró antes de contestar puramente con la verdad.
-Mal.
Edward percibía nuevas emociones en los ojos de Bella que no sabia comprender; pero se dijo a si mismo que habia pasado mucho tiempo desde la última vez que habia tenido una conversación intima con ella.
No conocía a la Bella mujer y estaba loco con ella en aquellos momentos. Era algo mas tímida de lo que recordaba y también mucho mas voluptuosa. Hubo momentos en que los músculos de todo su cuerpo se tensaron al contemplar como aquella falda que apenas le llegaba por las rodillas se subía al sentarse en la silla.
No había querido acompañarla; ya que si se sentaba se apreciaría mucho mas su miembro viril como una vara maciza, luchando por salir de su cautiverio.
Tocar su rostro; habia sido una lucha por no lanzarse a aquella boca y poseerla hasta hacerle perder el conocimiento, recorrerla con sus manos centímetro a centímetro. Aquellos pechos aprisionados por aquel suéter que se pegaba a ella como una segunda piel, sintiéndola mas expuesta, haciendo que su imaginación volara hasta debajo de aquel tejido y adivinar lo blanca que podia ser su piel y la tersura de la misma. Tuvo que ahogar un gemido de excitación, y tragar en seco antes de preguntarle por su vida de casada.
El alma se le cayó literalmente a los pies cuando oyó la única palabra que salió por la boca de ella.
Bella sintió la mano de Edward en sus hombros y tuvo que alzar el rostro para mirarlo.
Sus ojos se empañaron lentamente de lágrimas y él la aferró contra si, haciendo que el rostro de ella sintiera la tersura y la fuerza de los músculos del pecho de él.
-¿Qué te ha hecho ese….Emmet?.- Bella no reconoció la voz de su tio; ronca y agresiva ,cerró los ojos con fuerza.
-¿Por qué tiene que ser todo tan complicado tio Edward?.- gimió ella sin apartarse ni un centímetro del amplio pecho que la albergaba.- Emmet y yo no nos comprendemos tio. No somos compatibles. ¿Entiendes lo que quiero decirte?.- Ella se revolvió un poco y buscó los ojos de él, para que la entendiera en toda la extensión de la palabra.
Edward no sabia si habia entendido bien. No debia de haberlo hecho.
Se apartó de ella con lentitud y buscó una copa de brandy con las manos temblándole como hojas secas.
-¿Bebes?.- Bella casi no podía creer lo que veían sus ojos.
-Ahora mismo si. Lo necesito, si no creo que iré en busca de tu maridito y le machacaré el cráneo si no me explicas tú lo que creo que he entendido.- No la miraba. Estaba aterrado. Sus emociones estaban a flor de piel y lo consumían.
-Tio…
Él hizo un ademan con la mano y chasqueó la lengua.
-Bella. Edward. Llámame Edward. Por favor.
El hombre necesitaba quitarse de en medio el parentesco que los unía para enfrentarse a lo que ella iba a contarle. En su cabeza se irían formando imágenes vividas del tormento y no quería pensar en la frágil y hermosa Bella; su niña como tal. Quería hacerse a la idea que tenia a la Bella mujer. Aquella que lo estaba matando poco a poco desde que había hecho acto de presencia.
-Edward…yo no soy valida, no sirvo como mujer…..no..yo…- Bella no podia decirle aquello a Edward. Se sintió estúpida al pensar en él para contarle aquello. Él era un hombre, aunque estuviera entregado a Dios. Un hombre terriblemente atractivo….
-No entiendo.- volvió a beber nervioso.- ¿No puedes tener hijos? ¿Es eso lo que intentas decirme? Porque déjame decirte que todavía es demasiado tiempo para saberlo; hace dos semanas que te casaste Bella. Claro; si es que no mantuviste relaciones antes con él. ¿Lo hiciste?
Bella pareció ver un brillo de ira en los ojos verdes de su tio Edward y volvió a estremecerse.
Tragó en seco y cerró los ojos. Tenia que afrontar lo que había venido a decirle. Sin paños calientes ,con la verdad palpitante.
-No; cuando me casé era virgen. Y no, no es problema de saber si puedo o no puedo tener hijos…..-Encaró a su tio y volvió tragar en seco, las palabras se habían atragantado en su garganta y apenas podia hablar.- Emmet y yo no podemos…..no…hemos tenido relaciones. Sigo siendo virgen.
Edward perdió la fuerza en todo su cuerpo y el vaso de brandy se le deslizó de la mano y cayó al suelo rompiéndolo en mil pedazos.
-¿No te ha tocado? ¿Acaso ese hombre está loco?.- Casi gritó. Estaba perturbado por las palabras y no pensaba lo que se escapaba por su boca.
-Si…tio..Edward, pero no puede, me hace daño….se ha cansado de mi..y lo entiendo.- Bella comenzó a sollozar.- Él ya ha buscado a otras mujeres y a mí ni si quiera me roza…¡Oh, tio Edward! ¿Qué voy a hacer yo?
Edward dio dos grandes zancadas y la envolvió con sus atléticos brazos, haciendo que ambos cerraran los ojos por el estremecimiento, que recorrió ambos cuerpos.
Las lagrimas de Bella eran interminables y Edward no sabía como calmarla. Al fin, lentamente se separó de ella y la traspasó con la mirada.
-Cuéntame todo. Haré todo lo posible por remediar esta situación.
Continuará….
Nenas!!!! Ya me diran que les pareció. Mañana Demon. Un beso lindas. Os quierooooooooooooooo!!!
The Priest.
Edward le besó la coronilla con el impedimento de aquella fina capa de blonda blanca y ella alzó la cabeza para mirarle los ojos.
Se sonrieron ambos…
-He venido a oficiar tu boda ¿recuerdas?.- dijo él de manera divertida.
-Si.- le dijo ella imitándolo.
Edward se separó de ella y caminó hacia el pequeño estrado.
Isabella se quedó parada mirándolo.
Habia engordado levemente y se veía mas musculoso; aun mas hombre de lo que recordaba.
Su piel estaba mas bronceada y con esto sus ojos se veian aún mas verdes e insolentes.
Aquel cabello cobrizo suyo se veía salvaje y terriblemente sexy. Bella tragó en seco y giró su rostro para contemplar a su futuro marido….Emmet….
THE PRIEST
Capitulo 4.-
Edward ofició la boda con el alma hecha trizas.
Habia vuelto para encarar la verdad; para que ya de una vez por todas; con la crueldad de lo físico; su mente desterrara la posibilidad de que Isabella pudiese ser algún dia suya…
Habia abandonado el sacerdocio; y ahora era Pastor.
Un secreto que con el tiempo irira arraigando en seno familiar.
Su amor por Bella era mas fuerte que el que innegablemente debia de dar a Nuestro Señor y de manera tajante, ante de marchar a Sierra Leona; colgó los habitos.
Nunca abandonaría sus creencias y podia ejercer libremente en bodas, bautizos y comuniones…
Mientras los convertía en marido y mujer; el nudo que tenia en la garganta; se desató y tuvo que dar media vuelta para enjugarse las lágrimas.
Aquello partió en dos a su madre; que lo miraba con los ojos entornados desde el primer banco de la parte derecha.
¡Cuánto la amaba! Ni aquellos casi tres años fuera de casa; habia dejado de pensar en ella un momento.
Sus ojos y su risa le acompañaron en los malos momentos y el cálido recuerdo de su voz, lo hacia sonreir y soñar por las noches.
Habia vuelto para verla feliz y para romper de una maldita vez, el vinculo que lo ataba a ella.
Ella iba a ser de otro hombre; cara a su Dios magnánimo, y ya,no habia vuelta atrás.
Los felicitó haciendo de tripas corazón; como pudo.
Y mientras abandonaban el lugar de la ceremonia, él se quitó el habito de gala y lo dobló pulcramente.
-Edward.
Se volvió con una sonrisa en los labios. Era su madre.
-Mamá..corre, ve tras los novios….-señaló él; con su musical voz.
-¿No vienes al banquete con nosotros?- le preguntó su madre; que ya estaba de frente a él y lo analizaba intensamente.
-No; la verdad. Estoy cansado del viaje y tengo ganas de descansar. Hasta que me asignen una parroquia nueva… he alquilado la casa de los Barnett. Allí estaré bien.
-Pero…- quiso decir Esme; pero Edward, la interrumpió.
-Soy un hombre mamá y necesito vivir solo. Sabes perfectamente que no iria a vivir con ustedes.
-¿Y quien no quiere estar junto a su familia en estos momentos hijo, el hombre o el párroco?
Edward la miro sin parpadear. Asintió y bajó la cabeza, dibujando una sonrisa que no llegó nunca a sus ojos.
-Siempre lo supiste….
-Desde antes que tú mismo te dieras cuenta; Edward. Hijo mio.- se aferró a él; fuertemente , acariciando su ancha espalda y sus mejillas durante el recorrido.- No tendrías que haber vuelto. No para sufrir; no quiero verte colmado de dolor. Estoy destrozada por ti Edward…¿Qué puedo hacer?
-Amar a Bella; apoyarla, guiarla….ser como su verdadera madre…como has hecho hasta ahora.- le dijo él tomandola de las manos y acariciándolas.- Yo no importo. Esto nunca ha tenido sentido; pero yo no mando sobre mi corazón. Y mi corazón esta loco de amor por ella….
-Edward.- le silenció su madre.- Ella es feliz. Ahora tú debes serlo también. Olvidate de ella. Tienes que verla como lo que en realidad es; un pariente tuyo. Tú no eres un hombre; por encima de eso está tu celibato como párroco y tu unidad al Cristo….
-Si. Todo lo que me estas diciendo, lo sé. Pero te repito que no mando en mi corazón; Dios me ha mandado una prueba dura ; pero prueba al fin y al cabo…..- Edward pensó en sus adentros que él ya habia tomado una decisión; pero aquel momento no era el apropiado para hacérselo cómplice a su madre.- Si sigue poniendo a Bella en mi camino; pensaré que quiere que la siga por algún motivo. Estaré ahí cuando me necesite. Siempre… y si se marcha con su marido y no la veo mas; pensaré que El Altisimo ha creido justa esta opción.
-Hijo mio…
-Ve, mamá. Te esperan. Diles que estoy descansando. Hasta mañana.
Edward cogió una inmensa mochila de montaña y caminó hacia el hogar de los Barnet; aquel que iba a ser el suyo por algún tiempo.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
DOS SEMANAS DESPUES…
-¡Nena! ¡Que feliz estoy de volver a verte! ¿Qué tal tu nueva vida de casada?.- Zafrina ; la llevó hacia el salón, mientras Emmet y Aro se saludaban efusivamente en el umbral de la gran casa.
Bella miró con reservas a Zafrina y le sonrió.
-Bien..aunque algo diferente a lo que imaginé.- Quiso zafarse del tema y pestañeó varias veces, como solia hacer Rosalie, cuando quería evadir algún tema .- ¿Dónde esta Rose?
Zafrina hizo un gesto con el brazo y suspiró.
-Ha salido hace un rato. Tiene un novio nuevo; un tal Royce. A mi particularmente no me gusta nada. Pero ya sabes como es Rose; cuanto mas le dices; peor es. Ósea que ella misma. Si se da de cabeza; que se atenga a las consecuencias.
-Vaya…- siseó Isabella.- Me gustaría tratar de algunos temas con ella. ¿Cuándo vuelva le dices que me llame, si?
Zafrina asintió y comenzó a contarle todo lo acontecido, desde el momento en que ellos abandonaron Forks y se marcharon de Luna de Miel a España.
Mientras Zafrina hablaba como una cotorra; Bella podia escuchar la voz bravucona de Emmet hablando con Aro.
Los vellos se le pusieron de punta.
Todo habia sido tan diferente…todo….
¿Por qué creía que habia cometido el error mas espantoso de su vida?
No; no lo creía. Lo habia cometido.
Despues de dos años de noviazgo; justo después de dar el si quiero, ella; Isabella Swan se habia dado cuenta de que no sabia, absolutamente nada de los hombres.
Que era una asignatura pendiente en la que habia suspendido con horror.
Sonrió a Zafrina y continuó asintiendo; como si escuchara la conversación.
Su mente vagó hacia España y también hacia aquella noche en la que se suponía iba a ser la mas maravillosa de su vida.
Despues de abandonar el banquete y tomar un avión hacia Madrid; España.
Se alojaron en un céntrico hotel a pasar su noche de recién casados.
Y todo resultó ser un fiasco duro y cruel.
Emmet , la desnudó y la besó, pero a la hora de penetrarla; su músculo le hizo tanto daño que tuvo que parar antes de llegar a la barrera de su virginidad.
La consoló aquella noche. Arropándola como una niña y mimándola; quitándole importancia al hecho que habia acaecído aquella noche.
Los días sucesivos, viajaron hacia la costa Mediterranea: Benidorm, Alicante, la Manga…y todas las noches después del preludio de besos y abrazos; Emmet intentaba hacerla suya y le era técnicamente imposible.
A la semana y media de viaje; su recién estrenado marido ya no intentaba ni tocarla.
Se escabullía antes que ella del comedor de los hoteles, y se metía en la habitación.
Cuando Bella subia; lo hallaba dormido y roncando.
¿Cuándo habia comprendido que su matrimonio se habia roto antes de haber comenzado?
Hacia pocas horas.
En el avión.
Al notar la falta de Emmet a su lado, en las butacas del avion; fue hacia los lavabos y allí vió lo que le hizo caer la venda de los ojos.
Emmet se estaba tirando a otra mujer en los servicios.
Cuando caminó hacia su asiento a duras penas, podia mantenerse en pie.
Una azafata se acercó a ella para preguntarle si se encontraba bien y ella solamente pidió un vaso de agua y una almohada para descansar.
Giró su rostro hacia la ventanilla y cuando Emmet volvió, se hizo la dormida.
¿Quién podia culparlo?
La tarada era ella.
ÉL solamente era un hombre que se habia casado con una mujer que nunca podría ser suya…porque sufria dolores espantosos cada vez que intentaba penetrarla…
Lloró amargamente y se durmió.
Poco antes de llegar a Washington se dijo a si misma que debia de solucionar aquello fuere como fuere.
Hablaria con Edward. Él era un hombre y aunque su vida estaba consagrada a Dios , podría sugerirle cosas al respecto. Se volvió a repetir una y mil veces que Edward la ayudaría y una sonrisa se dibujó en su rostro.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………..
-Edward vive en la casa de los Barnet.- dijo Zafrina; en aquel descarado monólogo.- Espera que le asignen parroquia.
La atención de Bella volvió hacia ella.
-¿Ah si? Tengo ganas de ver a mi tio.- dijo sonriéndole a Zafrina.- Es mas; creo que si no le importa a Emmet; voy a acercarme ahora mismo
-Si quieres te acompaño.
-Si. Será estupendo.- dijo ella levantándose y caminado hacia la puerta.
Buscaron a Emmet y Aro en el patio, y después de decirles donde iban; se dirigieron hacia el camino de la casita de los Barnet, que no quedaba muy lejos de casa de Zafrina.
-Yo te dejo aquí; querida. Tomate tu tiempo. Ya sabes estos hombres, cuando tratan de un negocio no tienen fin. Ósea, que disfruta de la compañía de tu tio.
Ella le sonrió y la vió marcharse.
-¡Digale a Rose que me llame cuando vuelva!.- le gritó Bella
Zafrina asintió y caminó hacia su casa; con paso firme.
La casita de los Barnet no era muy grande; pero lo suficiente para albergar a unas cinco o seis personas.
Conforme iba avanzando se dio cuenta que habia un pequeño huerto y al ir acercándose mas y mas, vió la silueta de un hombre desnudo, de cintura para arriba cavando aquellas tierras.
La espalda ancha y tonificada; hizo que a Bella se le acelerara el puso, el individuo se agitó y Bella tuvo que tragar saliva porque de repente se encontraba sendienta.
Sin duda su tio habia contratado a algún jornalero para lavarle la cara a aquellas extensiones de terrero.
Ella carraspeó.
-¿Oiga….? ¿Edward Cullen esta en casa?
El hombre que estaba de espaldas a ella se tensó; marcando todos los músculos en sus omoplatos y cintura, dejó la pala clavada en la tierra y volvió el rostro enmarcado en una desbastadora sonrisa.
-Hola Bella.
Bella pensó que iba a explotar. Su rostro debia tener toda la sangre acumulada en él.
Aquel hombre que habia admirado maravillada era su tio Edward…sonrió algo turbada y se acercó a él para abrazarlo, sin importarle que tuviera el torso desnudo y empapado de sudor.
-¿Tan pronto volviste de tu Luna de Miel, pequeña?.- le susurró él al oído.
Bella cerró los ojos maravillada.
Tenia una voz tan y tan sensual.
Se separó de él y le sonrió.
-Debemos de hablar tio Edward. Tienes que ayudarme.
Él frunció el entrecejo y la miró intensamente.
-¿Qué ocurre pequeña?
-Ven.- lo cogió de la mano.- Vamos dentro; es un tema privado.
Edward pensó que habia muerto y estaba en el infierno.
Su niña estaba allí.
Y estaba tan bonita….
Enloqueció al sentir su mano y se dejó guiar hacia el interior de su casa.
Continuará…..
Se sonrieron ambos…
-He venido a oficiar tu boda ¿recuerdas?.- dijo él de manera divertida.
-Si.- le dijo ella imitándolo.
Edward se separó de ella y caminó hacia el pequeño estrado.
Isabella se quedó parada mirándolo.
Habia engordado levemente y se veía mas musculoso; aun mas hombre de lo que recordaba.
Su piel estaba mas bronceada y con esto sus ojos se veian aún mas verdes e insolentes.
Aquel cabello cobrizo suyo se veía salvaje y terriblemente sexy. Bella tragó en seco y giró su rostro para contemplar a su futuro marido….Emmet….
THE PRIEST
Capitulo 4.-
Edward ofició la boda con el alma hecha trizas.
Habia vuelto para encarar la verdad; para que ya de una vez por todas; con la crueldad de lo físico; su mente desterrara la posibilidad de que Isabella pudiese ser algún dia suya…
Habia abandonado el sacerdocio; y ahora era Pastor.
Un secreto que con el tiempo irira arraigando en seno familiar.
Su amor por Bella era mas fuerte que el que innegablemente debia de dar a Nuestro Señor y de manera tajante, ante de marchar a Sierra Leona; colgó los habitos.
Nunca abandonaría sus creencias y podia ejercer libremente en bodas, bautizos y comuniones…
Mientras los convertía en marido y mujer; el nudo que tenia en la garganta; se desató y tuvo que dar media vuelta para enjugarse las lágrimas.
Aquello partió en dos a su madre; que lo miraba con los ojos entornados desde el primer banco de la parte derecha.
¡Cuánto la amaba! Ni aquellos casi tres años fuera de casa; habia dejado de pensar en ella un momento.
Sus ojos y su risa le acompañaron en los malos momentos y el cálido recuerdo de su voz, lo hacia sonreir y soñar por las noches.
Habia vuelto para verla feliz y para romper de una maldita vez, el vinculo que lo ataba a ella.
Ella iba a ser de otro hombre; cara a su Dios magnánimo, y ya,no habia vuelta atrás.
Los felicitó haciendo de tripas corazón; como pudo.
Y mientras abandonaban el lugar de la ceremonia, él se quitó el habito de gala y lo dobló pulcramente.
-Edward.
Se volvió con una sonrisa en los labios. Era su madre.
-Mamá..corre, ve tras los novios….-señaló él; con su musical voz.
-¿No vienes al banquete con nosotros?- le preguntó su madre; que ya estaba de frente a él y lo analizaba intensamente.
-No; la verdad. Estoy cansado del viaje y tengo ganas de descansar. Hasta que me asignen una parroquia nueva… he alquilado la casa de los Barnett. Allí estaré bien.
-Pero…- quiso decir Esme; pero Edward, la interrumpió.
-Soy un hombre mamá y necesito vivir solo. Sabes perfectamente que no iria a vivir con ustedes.
-¿Y quien no quiere estar junto a su familia en estos momentos hijo, el hombre o el párroco?
Edward la miro sin parpadear. Asintió y bajó la cabeza, dibujando una sonrisa que no llegó nunca a sus ojos.
-Siempre lo supiste….
-Desde antes que tú mismo te dieras cuenta; Edward. Hijo mio.- se aferró a él; fuertemente , acariciando su ancha espalda y sus mejillas durante el recorrido.- No tendrías que haber vuelto. No para sufrir; no quiero verte colmado de dolor. Estoy destrozada por ti Edward…¿Qué puedo hacer?
-Amar a Bella; apoyarla, guiarla….ser como su verdadera madre…como has hecho hasta ahora.- le dijo él tomandola de las manos y acariciándolas.- Yo no importo. Esto nunca ha tenido sentido; pero yo no mando sobre mi corazón. Y mi corazón esta loco de amor por ella….
-Edward.- le silenció su madre.- Ella es feliz. Ahora tú debes serlo también. Olvidate de ella. Tienes que verla como lo que en realidad es; un pariente tuyo. Tú no eres un hombre; por encima de eso está tu celibato como párroco y tu unidad al Cristo….
-Si. Todo lo que me estas diciendo, lo sé. Pero te repito que no mando en mi corazón; Dios me ha mandado una prueba dura ; pero prueba al fin y al cabo…..- Edward pensó en sus adentros que él ya habia tomado una decisión; pero aquel momento no era el apropiado para hacérselo cómplice a su madre.- Si sigue poniendo a Bella en mi camino; pensaré que quiere que la siga por algún motivo. Estaré ahí cuando me necesite. Siempre… y si se marcha con su marido y no la veo mas; pensaré que El Altisimo ha creido justa esta opción.
-Hijo mio…
-Ve, mamá. Te esperan. Diles que estoy descansando. Hasta mañana.
Edward cogió una inmensa mochila de montaña y caminó hacia el hogar de los Barnet; aquel que iba a ser el suyo por algún tiempo.
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
DOS SEMANAS DESPUES…
-¡Nena! ¡Que feliz estoy de volver a verte! ¿Qué tal tu nueva vida de casada?.- Zafrina ; la llevó hacia el salón, mientras Emmet y Aro se saludaban efusivamente en el umbral de la gran casa.
Bella miró con reservas a Zafrina y le sonrió.
-Bien..aunque algo diferente a lo que imaginé.- Quiso zafarse del tema y pestañeó varias veces, como solia hacer Rosalie, cuando quería evadir algún tema .- ¿Dónde esta Rose?
Zafrina hizo un gesto con el brazo y suspiró.
-Ha salido hace un rato. Tiene un novio nuevo; un tal Royce. A mi particularmente no me gusta nada. Pero ya sabes como es Rose; cuanto mas le dices; peor es. Ósea que ella misma. Si se da de cabeza; que se atenga a las consecuencias.
-Vaya…- siseó Isabella.- Me gustaría tratar de algunos temas con ella. ¿Cuándo vuelva le dices que me llame, si?
Zafrina asintió y comenzó a contarle todo lo acontecido, desde el momento en que ellos abandonaron Forks y se marcharon de Luna de Miel a España.
Mientras Zafrina hablaba como una cotorra; Bella podia escuchar la voz bravucona de Emmet hablando con Aro.
Los vellos se le pusieron de punta.
Todo habia sido tan diferente…todo….
¿Por qué creía que habia cometido el error mas espantoso de su vida?
No; no lo creía. Lo habia cometido.
Despues de dos años de noviazgo; justo después de dar el si quiero, ella; Isabella Swan se habia dado cuenta de que no sabia, absolutamente nada de los hombres.
Que era una asignatura pendiente en la que habia suspendido con horror.
Sonrió a Zafrina y continuó asintiendo; como si escuchara la conversación.
Su mente vagó hacia España y también hacia aquella noche en la que se suponía iba a ser la mas maravillosa de su vida.
Despues de abandonar el banquete y tomar un avión hacia Madrid; España.
Se alojaron en un céntrico hotel a pasar su noche de recién casados.
Y todo resultó ser un fiasco duro y cruel.
Emmet , la desnudó y la besó, pero a la hora de penetrarla; su músculo le hizo tanto daño que tuvo que parar antes de llegar a la barrera de su virginidad.
La consoló aquella noche. Arropándola como una niña y mimándola; quitándole importancia al hecho que habia acaecído aquella noche.
Los días sucesivos, viajaron hacia la costa Mediterranea: Benidorm, Alicante, la Manga…y todas las noches después del preludio de besos y abrazos; Emmet intentaba hacerla suya y le era técnicamente imposible.
A la semana y media de viaje; su recién estrenado marido ya no intentaba ni tocarla.
Se escabullía antes que ella del comedor de los hoteles, y se metía en la habitación.
Cuando Bella subia; lo hallaba dormido y roncando.
¿Cuándo habia comprendido que su matrimonio se habia roto antes de haber comenzado?
Hacia pocas horas.
En el avión.
Al notar la falta de Emmet a su lado, en las butacas del avion; fue hacia los lavabos y allí vió lo que le hizo caer la venda de los ojos.
Emmet se estaba tirando a otra mujer en los servicios.
Cuando caminó hacia su asiento a duras penas, podia mantenerse en pie.
Una azafata se acercó a ella para preguntarle si se encontraba bien y ella solamente pidió un vaso de agua y una almohada para descansar.
Giró su rostro hacia la ventanilla y cuando Emmet volvió, se hizo la dormida.
¿Quién podia culparlo?
La tarada era ella.
ÉL solamente era un hombre que se habia casado con una mujer que nunca podría ser suya…porque sufria dolores espantosos cada vez que intentaba penetrarla…
Lloró amargamente y se durmió.
Poco antes de llegar a Washington se dijo a si misma que debia de solucionar aquello fuere como fuere.
Hablaria con Edward. Él era un hombre y aunque su vida estaba consagrada a Dios , podría sugerirle cosas al respecto. Se volvió a repetir una y mil veces que Edward la ayudaría y una sonrisa se dibujó en su rostro.
…………………………………………………………………………………………………………………………………………..
-Edward vive en la casa de los Barnet.- dijo Zafrina; en aquel descarado monólogo.- Espera que le asignen parroquia.
La atención de Bella volvió hacia ella.
-¿Ah si? Tengo ganas de ver a mi tio.- dijo sonriéndole a Zafrina.- Es mas; creo que si no le importa a Emmet; voy a acercarme ahora mismo
-Si quieres te acompaño.
-Si. Será estupendo.- dijo ella levantándose y caminado hacia la puerta.
Buscaron a Emmet y Aro en el patio, y después de decirles donde iban; se dirigieron hacia el camino de la casita de los Barnet, que no quedaba muy lejos de casa de Zafrina.
-Yo te dejo aquí; querida. Tomate tu tiempo. Ya sabes estos hombres, cuando tratan de un negocio no tienen fin. Ósea, que disfruta de la compañía de tu tio.
Ella le sonrió y la vió marcharse.
-¡Digale a Rose que me llame cuando vuelva!.- le gritó Bella
Zafrina asintió y caminó hacia su casa; con paso firme.
La casita de los Barnet no era muy grande; pero lo suficiente para albergar a unas cinco o seis personas.
Conforme iba avanzando se dio cuenta que habia un pequeño huerto y al ir acercándose mas y mas, vió la silueta de un hombre desnudo, de cintura para arriba cavando aquellas tierras.
La espalda ancha y tonificada; hizo que a Bella se le acelerara el puso, el individuo se agitó y Bella tuvo que tragar saliva porque de repente se encontraba sendienta.
Sin duda su tio habia contratado a algún jornalero para lavarle la cara a aquellas extensiones de terrero.
Ella carraspeó.
-¿Oiga….? ¿Edward Cullen esta en casa?
El hombre que estaba de espaldas a ella se tensó; marcando todos los músculos en sus omoplatos y cintura, dejó la pala clavada en la tierra y volvió el rostro enmarcado en una desbastadora sonrisa.
-Hola Bella.
Bella pensó que iba a explotar. Su rostro debia tener toda la sangre acumulada en él.
Aquel hombre que habia admirado maravillada era su tio Edward…sonrió algo turbada y se acercó a él para abrazarlo, sin importarle que tuviera el torso desnudo y empapado de sudor.
-¿Tan pronto volviste de tu Luna de Miel, pequeña?.- le susurró él al oído.
Bella cerró los ojos maravillada.
Tenia una voz tan y tan sensual.
Se separó de él y le sonrió.
-Debemos de hablar tio Edward. Tienes que ayudarme.
Él frunció el entrecejo y la miró intensamente.
-¿Qué ocurre pequeña?
-Ven.- lo cogió de la mano.- Vamos dentro; es un tema privado.
Edward pensó que habia muerto y estaba en el infierno.
Su niña estaba allí.
Y estaba tan bonita….
Enloqueció al sentir su mano y se dejó guiar hacia el interior de su casa.
Continuará…..
The Priest.
THE PRIEST
CAPITULO 3
-Llegamos.- dijo serio, y tragando la saliva que se agolpaba en su garganta.
Bajaron los dos a la vez y tocaron a la puerta esperando que su mamá abriese.
Un silbido escapó de los labios de Emmet.
Edward alzó la vista para encontrarse con una de las maravillas del mundo: Isabella Swan.
-¡Hola tío Edward!.- los brazos níveos de la muchacha se alzaron y abarcaron el cuello del sacerdote, mientras éste tragaba con dificultad.
Era demasiado tentadora para su bienestar.
-Hola pequeña.- susurró él, muy cerca de su cuello, de el que inhaló, y se prendió el fuego del hombre que yacía en su interior.
Hubo un carraspeo y Bella miró al acompañante de Edward.
Su rostro se puso colorado de inmediato. Era el hombre mas atractivo que habia visto en su vida.
Sonrió nerviosa, mordiéndose un labio y bajó la cabeza; dando unos pasitos hacia atrás, mientras se oia la voz de Charlie y Esme que salian también a recibir a los invitados.
-Querido….- la voz de Esme, protectora y dedicada a su hijo, incomodó de alguna manera, al sacerdote, que habia visto la reacción de Bella con respecto a Emmet.
-Mamá.- sonrió.- ¿te acuerdas de Emmet McCarty?.- Edward, puso uno de sus brazos en el hombro de su amigo y su sonrisa se volvió mas amplia; contagiando a Emmet.
-¡Maldito Bribon! ¿Cómo no me voy a acordar de ti? Si erais prácticamente carne y uña….pasad, pasad…
Bella se quedó detrás de los chicos, admiraba las fuertes espaldas de Emmet con una mirada totalmente nueva para ella.
Aquellos tonificados músculos que se apreciaban debajo de aquel suéter de cuello alto, habían dado un fogonazo de calor en su interior.
Se sintió apenas mareada y caminó detrás de ellos, algo ida.
Ya en la mesa, ayudó a Esme a servir todos los platos.
De vez en cuando lanzaba miradas a Emmet, quien alguna vez que otra, también la estaba mirando a ella.
Un dolor mágico pero agotador; comenzó nacer en su interior…
-¿Entonces…en que trabajas Emmet?.- Charlie, comía tarta de fresa. La favorita de Edward, con autentica glotonería.
-Tengo una empresa constructora. El alcaide, me ha pedido que de el visto bueno a un terreno, antes de llegar a la reserva; allá en La Push. Hay varios metros que pueden ser edificables….
-No tenia ni idea…- susurró Charlie pensativo.
-Bueno, en realidad señor Swan. Esto es un secreto. Aún se tiene que firmar en las cortes. Todo depende de que el presupuesto sea aceptado.
-Mmmm….-Charlie no paraba de comer.
-Newthon, no piensa nada mas que hacer dinero…la ermita lleva años sin ser restaurada y un dia se nos va a caer el techo mientras doy la misa.- siséo Edward sin dejar de mirar el plato.
Isabella se fijó en el ceño fruncido de su tío.
Edward parecía estar de mal humor y no entendía el porqué.
Hacia varios días que no se veian y ella y él siempre habían congeniado a la perfeccion.
Incluso, habia dormido varias veces con él en su pequeña habitación de la sacristía, cuando ella se quedaba muy tarde con él, ayudándole con el preparado de la misa del dia siguiente.
Claro que de aquello, hacia ya muchos años. Tres o cuatro, quizás.
Los últimos años, Edward parecía haberse ido alejando sin que ella supiera el porqué.
De todos los miembros de la familia Cullen; Edward y Alice eran quizás los que mas amaba, mas incluso que a la propia Esme.
Aprovechó que estaba a su lado para acariciarle la mano; como siempre lo hacía.
-Tío Edward…¿Qué te ocurre?.- le susurró Bella al oído.
Edward se paralizó ante el contacto de la joven y dejó de respirar, cerró un momento los ojos y se recreó en el momento como si hubiese sido una eternidad.
-Nada.- le sonrió apenas, mirándola a los ojos.- ¿Por qué , pequeña?
Ella frunció el ceño, ante la atenta mirada de él; bajó la mirada, buscando algo entre sus manos nerviosas.
-Te veo algo serio, preocupado. Quiero que estes feliz. ¿Sabes que te quiero tío?.- al decir esto ella lo miró a los ojos y parpadeó un par de veces para tratar de contener las lagrimas.- Sufro si tú sufres. Te echo de menos…
La mano de Edward se deslizó hacia su muñeca; le dio la vuelta y se la llevó a sus labios perfectos, dándole un suave beso que hizo que Isabella, se revolviera inquieta en la silla.
Edward le sonrió de una manera completamente nueva para ella y sus ojos se posaron en su madrastra, que miraba la situación, con seriedad. Esme, se veia en realidad bastante molesta.
La cena fue amena y Charlie y Emmet, se cayeron respectivamente bien.
Al salir de casa de los Swan, Emmet, se volvió hacia su amigo, antes de llegar al aparcamiento para coger el auto.
-Tu sobrina es preciosa, Edward.- sentenció, serio.
Edward se envaró y su mandibula crujió de pura impotencia.
-Sí. Ella es única.- le dijo, y siguió caminado, dejado a su amigo callado, unos metros mas atrás.
Subió al coche y arrancó esperando a Emmet, que entrara en el volvo.
-Me gusta. Me preguntaba si no te importaría que saliese con ella.- esto lo dijo mirando el salpicadero, con un brillo de ojos especial.
Edward se revolvió y lo miró endemoniadamente cabreado.
-¡Es que no has visto que es una cria! ¡Metete con las de tu edad! Isabella necesita un chico de su edad…
-Me gusta, Edward…y con tu consentimiento o no. Voy a verla seguido; de ello puedes estar seguro.
Edward bufó y apresó las manos en el volante, indignado, fustrado y sumamente enojado.
-Ella no es de las que estas acostumbrado, Emmet. Isabella es pura, blanca, virginal…
-¡Basta de adjetivos! ¿crees que no me he dado cuenta? Quiero conocerla, que ella me conozca a mi. Las cosas podrían ser serias con Isabella Swan.
-¿Cómo de serias?.- Edward miró a su amigo, con los ojos como platos; a punto del paro cardiaco.
-Tan serias como para hacerla mi novia y casarme con ella…
-Estas loco.- siseó, Edward, antes de poner en marcha el auto y manejar como un loco, hasta el departamento de Emmet.
Cuando su amigo bajó del auto, lo miró de manera inquisitiva.
-Edward, si no supieras que eres cura. Juraría que estas enamorado de ella….espero que no sea así, porque las vas a pasar muy, muy mal. Isabella Swan, un dia, será Isabella McArty. Espero que esa idea vaya entrando en tu cabeza mas pronto que tarde.
Cerró la puerta del auto y se volteó para adentrarse en el jardín del mueble urbano de aquella comunidad.
Edward lo observó sin pestañear.
Maldijo entre dientes, y puso en marcha el auto como un loco…..
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
DOS AÑOS Y MEDIO DESPUES…
-No puedo creer que no venga, Alice. Me prometió que lo haría……- Isabella enjugaba las lagrimas en el hombro de su tia, maestra y mejor amiga, Alice Cullen.
-Yo tampoco comprendo, Bella. Pero mira…te estas poniendo como unos zorros… ¿Tú crees que llevo horas contigo aquí metida, para que ahora se te corra el maquillaje por culpa de mi hermano?
Bella negó con la cabeza y sonrió, sin que esta sonrisa le llegara a los ojos.
El vestido blanco, brillaba de manera hipnotica, bajo los rayos del sol de aquella mañana.
El dia parecía feliz de verla; pero ella creía que el que Edward, no estuviese presente en el que se decía, el dia mas feliz de su vida; hacia que se encontrara sola y destruida.
Aquella noche, habia tenido el presentimiento que él no aparecería.
Aunque se lo habia prometido la ultima vez que habia hablado con él por teléfono.
Flash Back
-Dime que vendrás tio Edward. Por favor…la fundación puede estar sin ti varios días….Necesito que tú oficies la boda….
-Isabella…te prometo que iré…pero si por algún motivo no puedo hacerlo, quiero decirte que deseo que seas inmensamente feliz con Emmet….
-Tío….
-No llores pequeña. No quiero que derrames una sola lagrima por mi. Debes estar feliz en estos momentos…¡Te casas, pequeña!
-Quiero que estes conmigo, tío. Que compartas mi felicidad…hace demasiado tiempo que no te veo..
-Creéme, ha sido lo mejor.- dijo Edward en un murmullo casi inaudible..
-¿Qué?
-Nada, pequeña. Te prometo que haré todo lo posible por estar ahí contigo acompañándote….Te quiero Bella.
Fin del Flash Back
Bella recordó la intensidad de aquella frase y sus ojos volvieron a derramar lágrimas.
Algo no estaba bien en aquel maldito corazón suyo. ¡Debia de estar feliz! Como le dijo tío Edward, y lo estaría, por él y por todas las personas que la amaban; que eran muchas.
Unos golpes en la puerta de su habitación, la hicieron girarse.
-¡Oh, Bella, estas preciosa!.- Esme, corría hacia ella y le daba dos suaves besos en las mejillas.-¿Pero porque lloras, preciosa? ¿Qué te pasa?
-Echo de menos a Tío Edward…
Esme se puso rigida, y se obligó a abrazarla con el ceño fruncido.
Edward se habia marchado a Sierra Leona, hacia ya dos años.
Una fuerte discursion con Emmet habia sido la gota que habia colmado el vaso..y ella lo sabia.
Allí de misionero, ayudaba a aquellas pobres gentes a hacer su vida mas fácil e inculcarles la fé en el cristianismo.
-Aún puede llegar, Bella. No llores por favor….vas fastidiar todo el trabajo de Alice.
La mujercita que se habia sentado en la cama; para admirar a su madre y a Bella, suspiró.
-No hay manera; mamá. Está emperrada con Edward. Te juro que si no se presenta y Bella aparece en las fotos del álbum con el maquillaje hecho un desastre, le clavaré, estas uñas.- dijo Alice, levantando las palmas de las manos, para enseñar sus uñitas pintadas de rojo sangre.- en sus preciosos ojos verdes.
Bella miró a su tia y casi se carcajeó.
-Venga nena, tu padre te espera.
-Sí.- espetó Bella algo mas segura.
-Espera; el velo. Tengo que ponerte el velo.
Una vez que Alice la tuvo preparada, salieron. Esme y Alice, primero y luego Bella, acompañada de su padre, que esperaba en la puerta sumamente nervioso.
-Estas preciosa…Bella.- susurró su padre, maravillado al verla.
-Gracias papá.- Isabella se ruborizó y clavó la mirada en el suelo.
Bajaron los peldaños de la escalera y Bella observó la maravillosa decoración que habían hecho en un pequeña y humilde casa.
Y allí estaban todos…
Aro, Zafrina, Rosalie, que la miraba con adoracion, Jasper el marido Alice, Esme….todos a excepción de Edward…todos…
Cuando pasó el umbral de la entrada de la casa, para ir a parar al jardín; del brazo su padre, el corazón le dio un vuelco.
La sonrisa apareció en su rostro y se soltó del brazo de su padre para correr a los brazos del hombre en el que habia pensado durante días…
Él que estaba parado , junto a Emmet.
Edward Cullen, vió como se acercaba su angel, corriendo y su corazón se contrarjo de dolor, ella se veía tan feliz que corría, hacia los brazos de Emmet sin esperar a dar el sí quiero , se quedó sin aliento cuando los brazos de Bella lo envolvieron por la cintura y su cabeza se recargó en su pecho suspirando de felicidad.
-Gracias Edward….gracias…..
Edward le besó la coronilla con el impedimento de aquella fina capa de blonda blanca y ella alzó la cabeza para mirarle los ojos.
Se sonrieron ambos…
-He venido a oficiar tu boda ¿recuerdas?.- dijo él de manera divertida.
-Si.- le dijo ella imitándolo.
Edward se separó de ella y caminó hacia el pequeño estrado.
Isabella se quedó parada mirándolo.
Habia engordado levemente y se veía mas musculoso; aun mas hombre de lo que recordaba.
Su piel estaba mas bronceada y con esto sus ojos se veian aún mas verdes e insolentes.
Aquel cabello cobrizo suyo se veía salvaje y terriblemente sexy. Bella tragó en seco y giró su rostro para contemplar a su futuro marido….Emmet….
Continuará…
CAPITULO 3
-Llegamos.- dijo serio, y tragando la saliva que se agolpaba en su garganta.
Bajaron los dos a la vez y tocaron a la puerta esperando que su mamá abriese.
Un silbido escapó de los labios de Emmet.
Edward alzó la vista para encontrarse con una de las maravillas del mundo: Isabella Swan.
-¡Hola tío Edward!.- los brazos níveos de la muchacha se alzaron y abarcaron el cuello del sacerdote, mientras éste tragaba con dificultad.
Era demasiado tentadora para su bienestar.
-Hola pequeña.- susurró él, muy cerca de su cuello, de el que inhaló, y se prendió el fuego del hombre que yacía en su interior.
Hubo un carraspeo y Bella miró al acompañante de Edward.
Su rostro se puso colorado de inmediato. Era el hombre mas atractivo que habia visto en su vida.
Sonrió nerviosa, mordiéndose un labio y bajó la cabeza; dando unos pasitos hacia atrás, mientras se oia la voz de Charlie y Esme que salian también a recibir a los invitados.
-Querido….- la voz de Esme, protectora y dedicada a su hijo, incomodó de alguna manera, al sacerdote, que habia visto la reacción de Bella con respecto a Emmet.
-Mamá.- sonrió.- ¿te acuerdas de Emmet McCarty?.- Edward, puso uno de sus brazos en el hombro de su amigo y su sonrisa se volvió mas amplia; contagiando a Emmet.
-¡Maldito Bribon! ¿Cómo no me voy a acordar de ti? Si erais prácticamente carne y uña….pasad, pasad…
Bella se quedó detrás de los chicos, admiraba las fuertes espaldas de Emmet con una mirada totalmente nueva para ella.
Aquellos tonificados músculos que se apreciaban debajo de aquel suéter de cuello alto, habían dado un fogonazo de calor en su interior.
Se sintió apenas mareada y caminó detrás de ellos, algo ida.
Ya en la mesa, ayudó a Esme a servir todos los platos.
De vez en cuando lanzaba miradas a Emmet, quien alguna vez que otra, también la estaba mirando a ella.
Un dolor mágico pero agotador; comenzó nacer en su interior…
-¿Entonces…en que trabajas Emmet?.- Charlie, comía tarta de fresa. La favorita de Edward, con autentica glotonería.
-Tengo una empresa constructora. El alcaide, me ha pedido que de el visto bueno a un terreno, antes de llegar a la reserva; allá en La Push. Hay varios metros que pueden ser edificables….
-No tenia ni idea…- susurró Charlie pensativo.
-Bueno, en realidad señor Swan. Esto es un secreto. Aún se tiene que firmar en las cortes. Todo depende de que el presupuesto sea aceptado.
-Mmmm….-Charlie no paraba de comer.
-Newthon, no piensa nada mas que hacer dinero…la ermita lleva años sin ser restaurada y un dia se nos va a caer el techo mientras doy la misa.- siséo Edward sin dejar de mirar el plato.
Isabella se fijó en el ceño fruncido de su tío.
Edward parecía estar de mal humor y no entendía el porqué.
Hacia varios días que no se veian y ella y él siempre habían congeniado a la perfeccion.
Incluso, habia dormido varias veces con él en su pequeña habitación de la sacristía, cuando ella se quedaba muy tarde con él, ayudándole con el preparado de la misa del dia siguiente.
Claro que de aquello, hacia ya muchos años. Tres o cuatro, quizás.
Los últimos años, Edward parecía haberse ido alejando sin que ella supiera el porqué.
De todos los miembros de la familia Cullen; Edward y Alice eran quizás los que mas amaba, mas incluso que a la propia Esme.
Aprovechó que estaba a su lado para acariciarle la mano; como siempre lo hacía.
-Tío Edward…¿Qué te ocurre?.- le susurró Bella al oído.
Edward se paralizó ante el contacto de la joven y dejó de respirar, cerró un momento los ojos y se recreó en el momento como si hubiese sido una eternidad.
-Nada.- le sonrió apenas, mirándola a los ojos.- ¿Por qué , pequeña?
Ella frunció el ceño, ante la atenta mirada de él; bajó la mirada, buscando algo entre sus manos nerviosas.
-Te veo algo serio, preocupado. Quiero que estes feliz. ¿Sabes que te quiero tío?.- al decir esto ella lo miró a los ojos y parpadeó un par de veces para tratar de contener las lagrimas.- Sufro si tú sufres. Te echo de menos…
La mano de Edward se deslizó hacia su muñeca; le dio la vuelta y se la llevó a sus labios perfectos, dándole un suave beso que hizo que Isabella, se revolviera inquieta en la silla.
Edward le sonrió de una manera completamente nueva para ella y sus ojos se posaron en su madrastra, que miraba la situación, con seriedad. Esme, se veia en realidad bastante molesta.
La cena fue amena y Charlie y Emmet, se cayeron respectivamente bien.
Al salir de casa de los Swan, Emmet, se volvió hacia su amigo, antes de llegar al aparcamiento para coger el auto.
-Tu sobrina es preciosa, Edward.- sentenció, serio.
Edward se envaró y su mandibula crujió de pura impotencia.
-Sí. Ella es única.- le dijo, y siguió caminado, dejado a su amigo callado, unos metros mas atrás.
Subió al coche y arrancó esperando a Emmet, que entrara en el volvo.
-Me gusta. Me preguntaba si no te importaría que saliese con ella.- esto lo dijo mirando el salpicadero, con un brillo de ojos especial.
Edward se revolvió y lo miró endemoniadamente cabreado.
-¡Es que no has visto que es una cria! ¡Metete con las de tu edad! Isabella necesita un chico de su edad…
-Me gusta, Edward…y con tu consentimiento o no. Voy a verla seguido; de ello puedes estar seguro.
Edward bufó y apresó las manos en el volante, indignado, fustrado y sumamente enojado.
-Ella no es de las que estas acostumbrado, Emmet. Isabella es pura, blanca, virginal…
-¡Basta de adjetivos! ¿crees que no me he dado cuenta? Quiero conocerla, que ella me conozca a mi. Las cosas podrían ser serias con Isabella Swan.
-¿Cómo de serias?.- Edward miró a su amigo, con los ojos como platos; a punto del paro cardiaco.
-Tan serias como para hacerla mi novia y casarme con ella…
-Estas loco.- siseó, Edward, antes de poner en marcha el auto y manejar como un loco, hasta el departamento de Emmet.
Cuando su amigo bajó del auto, lo miró de manera inquisitiva.
-Edward, si no supieras que eres cura. Juraría que estas enamorado de ella….espero que no sea así, porque las vas a pasar muy, muy mal. Isabella Swan, un dia, será Isabella McArty. Espero que esa idea vaya entrando en tu cabeza mas pronto que tarde.
Cerró la puerta del auto y se volteó para adentrarse en el jardín del mueble urbano de aquella comunidad.
Edward lo observó sin pestañear.
Maldijo entre dientes, y puso en marcha el auto como un loco…..
………………………………………………………………………………………………………………………………………………
DOS AÑOS Y MEDIO DESPUES…
-No puedo creer que no venga, Alice. Me prometió que lo haría……- Isabella enjugaba las lagrimas en el hombro de su tia, maestra y mejor amiga, Alice Cullen.
-Yo tampoco comprendo, Bella. Pero mira…te estas poniendo como unos zorros… ¿Tú crees que llevo horas contigo aquí metida, para que ahora se te corra el maquillaje por culpa de mi hermano?
Bella negó con la cabeza y sonrió, sin que esta sonrisa le llegara a los ojos.
El vestido blanco, brillaba de manera hipnotica, bajo los rayos del sol de aquella mañana.
El dia parecía feliz de verla; pero ella creía que el que Edward, no estuviese presente en el que se decía, el dia mas feliz de su vida; hacia que se encontrara sola y destruida.
Aquella noche, habia tenido el presentimiento que él no aparecería.
Aunque se lo habia prometido la ultima vez que habia hablado con él por teléfono.
Flash Back
-Dime que vendrás tio Edward. Por favor…la fundación puede estar sin ti varios días….Necesito que tú oficies la boda….
-Isabella…te prometo que iré…pero si por algún motivo no puedo hacerlo, quiero decirte que deseo que seas inmensamente feliz con Emmet….
-Tío….
-No llores pequeña. No quiero que derrames una sola lagrima por mi. Debes estar feliz en estos momentos…¡Te casas, pequeña!
-Quiero que estes conmigo, tío. Que compartas mi felicidad…hace demasiado tiempo que no te veo..
-Creéme, ha sido lo mejor.- dijo Edward en un murmullo casi inaudible..
-¿Qué?
-Nada, pequeña. Te prometo que haré todo lo posible por estar ahí contigo acompañándote….Te quiero Bella.
Fin del Flash Back
Bella recordó la intensidad de aquella frase y sus ojos volvieron a derramar lágrimas.
Algo no estaba bien en aquel maldito corazón suyo. ¡Debia de estar feliz! Como le dijo tío Edward, y lo estaría, por él y por todas las personas que la amaban; que eran muchas.
Unos golpes en la puerta de su habitación, la hicieron girarse.
-¡Oh, Bella, estas preciosa!.- Esme, corría hacia ella y le daba dos suaves besos en las mejillas.-¿Pero porque lloras, preciosa? ¿Qué te pasa?
-Echo de menos a Tío Edward…
Esme se puso rigida, y se obligó a abrazarla con el ceño fruncido.
Edward se habia marchado a Sierra Leona, hacia ya dos años.
Una fuerte discursion con Emmet habia sido la gota que habia colmado el vaso..y ella lo sabia.
Allí de misionero, ayudaba a aquellas pobres gentes a hacer su vida mas fácil e inculcarles la fé en el cristianismo.
-Aún puede llegar, Bella. No llores por favor….vas fastidiar todo el trabajo de Alice.
La mujercita que se habia sentado en la cama; para admirar a su madre y a Bella, suspiró.
-No hay manera; mamá. Está emperrada con Edward. Te juro que si no se presenta y Bella aparece en las fotos del álbum con el maquillaje hecho un desastre, le clavaré, estas uñas.- dijo Alice, levantando las palmas de las manos, para enseñar sus uñitas pintadas de rojo sangre.- en sus preciosos ojos verdes.
Bella miró a su tia y casi se carcajeó.
-Venga nena, tu padre te espera.
-Sí.- espetó Bella algo mas segura.
-Espera; el velo. Tengo que ponerte el velo.
Una vez que Alice la tuvo preparada, salieron. Esme y Alice, primero y luego Bella, acompañada de su padre, que esperaba en la puerta sumamente nervioso.
-Estas preciosa…Bella.- susurró su padre, maravillado al verla.
-Gracias papá.- Isabella se ruborizó y clavó la mirada en el suelo.
Bajaron los peldaños de la escalera y Bella observó la maravillosa decoración que habían hecho en un pequeña y humilde casa.
Y allí estaban todos…
Aro, Zafrina, Rosalie, que la miraba con adoracion, Jasper el marido Alice, Esme….todos a excepción de Edward…todos…
Cuando pasó el umbral de la entrada de la casa, para ir a parar al jardín; del brazo su padre, el corazón le dio un vuelco.
La sonrisa apareció en su rostro y se soltó del brazo de su padre para correr a los brazos del hombre en el que habia pensado durante días…
Él que estaba parado , junto a Emmet.
Edward Cullen, vió como se acercaba su angel, corriendo y su corazón se contrarjo de dolor, ella se veía tan feliz que corría, hacia los brazos de Emmet sin esperar a dar el sí quiero , se quedó sin aliento cuando los brazos de Bella lo envolvieron por la cintura y su cabeza se recargó en su pecho suspirando de felicidad.
-Gracias Edward….gracias…..
Edward le besó la coronilla con el impedimento de aquella fina capa de blonda blanca y ella alzó la cabeza para mirarle los ojos.
Se sonrieron ambos…
-He venido a oficiar tu boda ¿recuerdas?.- dijo él de manera divertida.
-Si.- le dijo ella imitándolo.
Edward se separó de ella y caminó hacia el pequeño estrado.
Isabella se quedó parada mirándolo.
Habia engordado levemente y se veía mas musculoso; aun mas hombre de lo que recordaba.
Su piel estaba mas bronceada y con esto sus ojos se veian aún mas verdes e insolentes.
Aquel cabello cobrizo suyo se veía salvaje y terriblemente sexy. Bella tragó en seco y giró su rostro para contemplar a su futuro marido….Emmet….
Continuará…
The Priest.
THE PRIEST
CAPITULO 2
-La música de violin, es preciosa. Bella. No deberías negarte a ir a esas clases.- Charlie, miraba a su hija con desaprobación.
Bella estaba creciendo demasiado rápido y tanto ella como Esme, no podían tomar la riendas de la vida de ésta.
Despues de que Edward la comulgara. Todo pasó extrañamente rápido.
Aro, Zafrina y la hija de estos: Rosalie. Pasaban interminables tarde en su casa. Acompañando a Bella…Despues, Esme fue uniéndose al grupo y de allí al enamoramiento y el casamiento de ella y Charlie solo pasaron unos cuantos meses.
Forks, era localidad demasiado pequeña y aquello fue un hecho que conmocionó al pueblo. Ya que el jefe de Policia Swan, hacia relativamente poco tiempo que era viudo.
Bella llevó bien aquello; hasta el punto de estar feliz. Esme le recordaba a su madre y era tan cariñosa y protectora, que se sentía segura entre sus brazos.
Los años pasaron; tan fugaces como pasó todo.
Y ahora en la actualidad, tenían que lidiar con una adolescente que su palabra favorita era “no” para todo.
Bella miraba a su padre enfurruñada; haciendo un mohín, propiedad de Alice Cullen.
-Ya hablé con Esme. Papá no quiero ni oir hablar del violin. Es amargante. Cada vez que oigo a Rosalie tocarlo me da depresión..
-¿Rosalie? Tengo entendido que Rosalie toca el piano igual que Edward.- Charlie miró a su hija interrogante.
-Tambien toca el violin, papá. Los Cullen-Vulturi son perfectos. No como tu común hija. Te estas acostumbrando demasido a sus perfecciones. ¿Recuerdas? .- Bella señaló las venas de sus brazos.- Yo no llevo sangre Cullen; soy una Swan- Dwyer.
-¡Oh Bella!.- Charlie se llevó las manos a la cabeza.
-De oh Bella; nada, papá. Llevo razón.
-De acuerdo.-claudicó. -¿Con el instituto te basta?
-Por supuesto. Ya tengo que lidiar con varias materias y calentarme la cabeza con eso. ¿Qué quieres meterme clases extraescolares? ¿Quieres agotar mi escasa vida social?
-Eres muy joven para tener vida social.- sentenció Charlie, serio.
-¡Venga papá! Todas mis amigas salen a Port Angeles, han tenido algún noviete o se han ido de farra alguna vez. Yo soy santa Bella..creo que ya hay hasta cachondeito con eso.
-¿Y Rosalie?
Bella permaneció callada.
Rosalie…¡menudo puton estaba hecho! Se las daba de niña buena; pero en cuanto tenia oportunidad, se largaba con el coche a alguna discoteca y se tiraba al primero que se le ponía a tiro.
-Yo no soy Rosalie.
-Pues me gustaría que fueras como ella.
Bella se echó la mano al vientre y estalló en carcajadas.
-¿En serio papá? ¿Te gustaría que fuera como Rose? ¡No gracias! Me quiero mucho. Y mi madre me inculcó valores….
-¿Qué quieres decir?.- Charlie alzó una ceja interrogante, y Bella se llevó la mano a la boca algo angustiada. Quizas habia hablado de más, o quizás su padre tenia una venda en los ojos igual que todos los de su familia.
Charlie bajó la mirada y se llevó la mano a la cara; acarició su incipiente barba y miró a su hija por enésima vez.
Isabella ya no era una niña. Su cabello con una mezcla extraña. Algo parecída al caoba; pero predomindando el castaño heredado por su madre; era un marco delicioso en aquel conjunto de su rostro.
Ojos chocolates; profundos e hipnoticos, mejillas sonrosadas, nariz algo respingona y aquella boca sutilmente provocadora….A Charlie le daba dolor de cabeza.
A veces intentaba no mirar la realidad. Queria seguir viéndola como una niña…como la niña que se agarraba a sus piernas cuando llegaba de un duro dia de trabajo.
-Nada, papá. Cambiando de tema.- Bella cruzó los dedos para que el tema quedara zanjado y se dirigió a la cocina en busca de Esme.
Caminó mirando sus bonitas zapatillas nuevas regalo de Edward. Eran muy bonitas; pero algo infantiles para su edad.
-Bella… ¿Qué haces aquí? ¿ No te ha dicho tu padre que tenemos visita esta noche?
Bella miró a Esme confundida y negó con la cabeza alzando las cejas.
-¡Dios mio! Mira que se lo dije. Edward, ha recibido visita en su casa. Un amigo de adolescencia.
-¿Y?.- Bella no cabia en si de asombro. ¿A que venían tantos nervios?
Esme se acercó a Bella con una sonrisa picara en el rostro y le susurró con la pala llena de harina en la mano.
-No es sacerdote Bella…
Bella miró a su madrastra con una sonrisa deslumbrante. Le dio dos fuertes besos y subió las escaleras como alma que lleva al diablo.
-¿Qué pasa, Donde vas con esas prisas?.- Charlie gritó al ver a su hija, correr zumbando escaleras arriba.
-¡Me voy a preparar para la visita!
Charlie bufó y fue hacia la cocina para recriminar a su mujer.
-Se lo has dicho…
Esme caminó hacia él; que estaba apostado en el umbral de la puerta.
-Tienes que aceptar la realidad… Bella ya tienes 17 años; pronto cumplirá 18. ¿Qué esperas? ¿Tenerla metida en una urna de cristal de por vida?.- le dio un suave beso en los labios y suspiró.- Entre tú y mi hijo, no dejais que Bella sea una chica normal.
-Rosalie también lo es y no pasa nada.
Esme miró a su marido con desaprobación.
-¿Rosalie?...Charlie..tu hija vale cien mil veces mas que mi sobrina…estas tan ciego como Aro y Zafrina, que creen tener a la hija perfecta.
Charlie hizo un gesto severo e invitó a Esme a proseguir.
-Mira; sé de muy buena tinta que Rosalie tiene escapadas nocturnas. No te engañes mi amor. Detrás de ese dulce rostro lleno de rizos rubios se encuentra un devoradora de hombres en potencia.
Charlie formó una perfecta “o” con su boca y Esme la cerró de un golpecito.
-Si; si…no pongas esa cara. Tu hija es una chica modelo. Es más, creo que hasta lo es demasiado. Cuando salga del cascaron será demasiado mayor y le van a dar mas palos que pelos tiene en la cabeza.
Charlie se revolvió el cabello intranquilo. Hábito que habia cogió de su hijastro Edward.
-¿Y entonces amor, que hago?
-Debes darle su espacio. Dejarla crecer…..y también se lo diré a Edward. Esta empecinado con ella…..”Vigila a Bella. No le pierdas de ojo, es demasiado hermosa para dejarla sola, cuidado con los chicos que rondan a Bella…..” Es increíble ¡Vaya dos!
Charlie sonrió, recordando a Edward.
-Es normal. La quiere como su hermano mayor. Piensa que le lleva muchos años y saben como piensan los hombres; porque aunque nos olvidemos de eso…él también lo es.
La cara de Esme se transformó en una mascara adusta .
Edward…
Nunca debió permitir que se preparara para el sacerdocio.
Su hijo estaba teniendo serios problemas últimamente con ello. Y no lo culpaba.
Era un hombre. Tal y como habia dicho Charlie, y ella no se habia olvidado de ello.
Edward intentaba por todos los medios de camuflar aquel sentimiento que creía perverso; pero sus instintos de hombre, a veces , eran demasiado evidentes para ella.
Nunca le habia sugerido nada. Pero ella habia observado sus miradas; hablaban por si mismas….
La pena la corroía. Su hijo se habia enamorado perdidamente de aquella muchachita de ojos chocolates, y solamente ella se habia dado cuenta del secreto que él, albergaba en su corazón.
-¿Qué te ocurre, querida?.- Charlie le acarició el rostro y cogió unas de sus manos, besándola.
-Nada. Ahora deja que termine de hacer el pastel preferido de Edward. No se prodiga mucho por casa y quiero darle una buena sorpresa.
Charlie sonrió y se alejó para ponerse uno de los delantales que colgaban del perchero de la puerta.
-Soy mal respostero. Pero me encantaría ayudarte.
Esme sonrió y besó a su esposo con adoración.
-Yo te enseñaré.
……………………………………………………………………………………
-La verdad Edward. No sé como te las apañas. Cuando eramos adolescentes, eras tú el que te llevabas las chicas de calle. – Emmet bebió de la copa que sostenía y volvió a mirar a su amigo, que se habia quitado la sotana y vestia común y corriente.
-La llamada de Dios. Emmet. La llamada de Dios.- Edward, le quitó la copa de las manos y su amigo alzó las cejas interrogante.- Vamos, ¿No querras hacer esperar a Esme? Ya sabes que la puntualidad es lo suyo. Ósea que levanta de ese sillón, que nos vamos.
-¿Cojeremos tu coche?.- Emmet se levantó y caminó detrás de su amigo.
-Si.
Edward frunció las cejas; Hacia días que no habia ido a ver a su madre.
Y cuando lo hacia; procuraba que fueran horas lectivas para no encontrarse con la tentación de su mal: Isabella Swan.
La última vez que la vió fue de lejos, en la puerta del instituto. Él pasaba por allí con su coche y la divisó hablando con el hijo de los Newthon.
Al chico se le caia la baba literalmente por la chica y la pobre de Bella no se daba ni cuenta.
Aquel dia, de camino a Seattle, se paró en una bonita zapatería y le compró unas conversse negras; sus favoritas; cuando era mas pequeña.
Se las llevó al dia siguiente cuando ella no estaba en casa.
La voz de Emmet lo sacó de sus cavilaciones.
-Ya sé que no he de preguntarte a ti estas cosas…¿Pero hay alguna mujer que merezca la pena por estos lares? Desde que me dejó Claire, no me como un rosco…y después de todo voy a establecerme en este pueblo…
- ¿Quieres asentarte o quieres ir de flor en flor?.- Emmet no comprendió las palabras de su amigo y le miró interrogante.- Si quieres una arpía con la que acostarte sin consideración, sé quien te puede ser ultil y si quieres una novia que lleves al altar…
-Pues si estas bien enterado de todo…
-Soy sacerdote. Y los secretos de confension son lo mio.
Emmet se carcajeó y miró por el rabillo del ojo a su amigo.
-¿Oye tú nunca…ya sabes, no has sentido la tentación del ser mas hermoso del mundo; ya sabes: la mujer?
Edward apretó muy fuerte el volante y los nudillos se le pusieron blancos.
Emmet comprendió el gesto y procuró ignorarlo.
Se pararon frente a la casa de Charlie Swan, el buen hombre que habia conseguido que su mamá volviese a sonreir.
-Llegamos.- dijo serio, y tragando la saliva que se agolpaba en su garganta.
Bajaron los dos a la vez y tocaron a la puerta esperando que su mamá abriese.
Un silbido escapó de los labios de Emmet.
Edward alzó la vista para encontrarse con una de las maravillas del mundo: Isabella Swan.
Continuará.
CAPITULO 2
-La música de violin, es preciosa. Bella. No deberías negarte a ir a esas clases.- Charlie, miraba a su hija con desaprobación.
Bella estaba creciendo demasiado rápido y tanto ella como Esme, no podían tomar la riendas de la vida de ésta.
Despues de que Edward la comulgara. Todo pasó extrañamente rápido.
Aro, Zafrina y la hija de estos: Rosalie. Pasaban interminables tarde en su casa. Acompañando a Bella…Despues, Esme fue uniéndose al grupo y de allí al enamoramiento y el casamiento de ella y Charlie solo pasaron unos cuantos meses.
Forks, era localidad demasiado pequeña y aquello fue un hecho que conmocionó al pueblo. Ya que el jefe de Policia Swan, hacia relativamente poco tiempo que era viudo.
Bella llevó bien aquello; hasta el punto de estar feliz. Esme le recordaba a su madre y era tan cariñosa y protectora, que se sentía segura entre sus brazos.
Los años pasaron; tan fugaces como pasó todo.
Y ahora en la actualidad, tenían que lidiar con una adolescente que su palabra favorita era “no” para todo.
Bella miraba a su padre enfurruñada; haciendo un mohín, propiedad de Alice Cullen.
-Ya hablé con Esme. Papá no quiero ni oir hablar del violin. Es amargante. Cada vez que oigo a Rosalie tocarlo me da depresión..
-¿Rosalie? Tengo entendido que Rosalie toca el piano igual que Edward.- Charlie miró a su hija interrogante.
-Tambien toca el violin, papá. Los Cullen-Vulturi son perfectos. No como tu común hija. Te estas acostumbrando demasido a sus perfecciones. ¿Recuerdas? .- Bella señaló las venas de sus brazos.- Yo no llevo sangre Cullen; soy una Swan- Dwyer.
-¡Oh Bella!.- Charlie se llevó las manos a la cabeza.
-De oh Bella; nada, papá. Llevo razón.
-De acuerdo.-claudicó. -¿Con el instituto te basta?
-Por supuesto. Ya tengo que lidiar con varias materias y calentarme la cabeza con eso. ¿Qué quieres meterme clases extraescolares? ¿Quieres agotar mi escasa vida social?
-Eres muy joven para tener vida social.- sentenció Charlie, serio.
-¡Venga papá! Todas mis amigas salen a Port Angeles, han tenido algún noviete o se han ido de farra alguna vez. Yo soy santa Bella..creo que ya hay hasta cachondeito con eso.
-¿Y Rosalie?
Bella permaneció callada.
Rosalie…¡menudo puton estaba hecho! Se las daba de niña buena; pero en cuanto tenia oportunidad, se largaba con el coche a alguna discoteca y se tiraba al primero que se le ponía a tiro.
-Yo no soy Rosalie.
-Pues me gustaría que fueras como ella.
Bella se echó la mano al vientre y estalló en carcajadas.
-¿En serio papá? ¿Te gustaría que fuera como Rose? ¡No gracias! Me quiero mucho. Y mi madre me inculcó valores….
-¿Qué quieres decir?.- Charlie alzó una ceja interrogante, y Bella se llevó la mano a la boca algo angustiada. Quizas habia hablado de más, o quizás su padre tenia una venda en los ojos igual que todos los de su familia.
Charlie bajó la mirada y se llevó la mano a la cara; acarició su incipiente barba y miró a su hija por enésima vez.
Isabella ya no era una niña. Su cabello con una mezcla extraña. Algo parecída al caoba; pero predomindando el castaño heredado por su madre; era un marco delicioso en aquel conjunto de su rostro.
Ojos chocolates; profundos e hipnoticos, mejillas sonrosadas, nariz algo respingona y aquella boca sutilmente provocadora….A Charlie le daba dolor de cabeza.
A veces intentaba no mirar la realidad. Queria seguir viéndola como una niña…como la niña que se agarraba a sus piernas cuando llegaba de un duro dia de trabajo.
-Nada, papá. Cambiando de tema.- Bella cruzó los dedos para que el tema quedara zanjado y se dirigió a la cocina en busca de Esme.
Caminó mirando sus bonitas zapatillas nuevas regalo de Edward. Eran muy bonitas; pero algo infantiles para su edad.
-Bella… ¿Qué haces aquí? ¿ No te ha dicho tu padre que tenemos visita esta noche?
Bella miró a Esme confundida y negó con la cabeza alzando las cejas.
-¡Dios mio! Mira que se lo dije. Edward, ha recibido visita en su casa. Un amigo de adolescencia.
-¿Y?.- Bella no cabia en si de asombro. ¿A que venían tantos nervios?
Esme se acercó a Bella con una sonrisa picara en el rostro y le susurró con la pala llena de harina en la mano.
-No es sacerdote Bella…
Bella miró a su madrastra con una sonrisa deslumbrante. Le dio dos fuertes besos y subió las escaleras como alma que lleva al diablo.
-¿Qué pasa, Donde vas con esas prisas?.- Charlie gritó al ver a su hija, correr zumbando escaleras arriba.
-¡Me voy a preparar para la visita!
Charlie bufó y fue hacia la cocina para recriminar a su mujer.
-Se lo has dicho…
Esme caminó hacia él; que estaba apostado en el umbral de la puerta.
-Tienes que aceptar la realidad… Bella ya tienes 17 años; pronto cumplirá 18. ¿Qué esperas? ¿Tenerla metida en una urna de cristal de por vida?.- le dio un suave beso en los labios y suspiró.- Entre tú y mi hijo, no dejais que Bella sea una chica normal.
-Rosalie también lo es y no pasa nada.
Esme miró a su marido con desaprobación.
-¿Rosalie?...Charlie..tu hija vale cien mil veces mas que mi sobrina…estas tan ciego como Aro y Zafrina, que creen tener a la hija perfecta.
Charlie hizo un gesto severo e invitó a Esme a proseguir.
-Mira; sé de muy buena tinta que Rosalie tiene escapadas nocturnas. No te engañes mi amor. Detrás de ese dulce rostro lleno de rizos rubios se encuentra un devoradora de hombres en potencia.
Charlie formó una perfecta “o” con su boca y Esme la cerró de un golpecito.
-Si; si…no pongas esa cara. Tu hija es una chica modelo. Es más, creo que hasta lo es demasiado. Cuando salga del cascaron será demasiado mayor y le van a dar mas palos que pelos tiene en la cabeza.
Charlie se revolvió el cabello intranquilo. Hábito que habia cogió de su hijastro Edward.
-¿Y entonces amor, que hago?
-Debes darle su espacio. Dejarla crecer…..y también se lo diré a Edward. Esta empecinado con ella…..”Vigila a Bella. No le pierdas de ojo, es demasiado hermosa para dejarla sola, cuidado con los chicos que rondan a Bella…..” Es increíble ¡Vaya dos!
Charlie sonrió, recordando a Edward.
-Es normal. La quiere como su hermano mayor. Piensa que le lleva muchos años y saben como piensan los hombres; porque aunque nos olvidemos de eso…él también lo es.
La cara de Esme se transformó en una mascara adusta .
Edward…
Nunca debió permitir que se preparara para el sacerdocio.
Su hijo estaba teniendo serios problemas últimamente con ello. Y no lo culpaba.
Era un hombre. Tal y como habia dicho Charlie, y ella no se habia olvidado de ello.
Edward intentaba por todos los medios de camuflar aquel sentimiento que creía perverso; pero sus instintos de hombre, a veces , eran demasiado evidentes para ella.
Nunca le habia sugerido nada. Pero ella habia observado sus miradas; hablaban por si mismas….
La pena la corroía. Su hijo se habia enamorado perdidamente de aquella muchachita de ojos chocolates, y solamente ella se habia dado cuenta del secreto que él, albergaba en su corazón.
-¿Qué te ocurre, querida?.- Charlie le acarició el rostro y cogió unas de sus manos, besándola.
-Nada. Ahora deja que termine de hacer el pastel preferido de Edward. No se prodiga mucho por casa y quiero darle una buena sorpresa.
Charlie sonrió y se alejó para ponerse uno de los delantales que colgaban del perchero de la puerta.
-Soy mal respostero. Pero me encantaría ayudarte.
Esme sonrió y besó a su esposo con adoración.
-Yo te enseñaré.
……………………………………………………………………………………
-La verdad Edward. No sé como te las apañas. Cuando eramos adolescentes, eras tú el que te llevabas las chicas de calle. – Emmet bebió de la copa que sostenía y volvió a mirar a su amigo, que se habia quitado la sotana y vestia común y corriente.
-La llamada de Dios. Emmet. La llamada de Dios.- Edward, le quitó la copa de las manos y su amigo alzó las cejas interrogante.- Vamos, ¿No querras hacer esperar a Esme? Ya sabes que la puntualidad es lo suyo. Ósea que levanta de ese sillón, que nos vamos.
-¿Cojeremos tu coche?.- Emmet se levantó y caminó detrás de su amigo.
-Si.
Edward frunció las cejas; Hacia días que no habia ido a ver a su madre.
Y cuando lo hacia; procuraba que fueran horas lectivas para no encontrarse con la tentación de su mal: Isabella Swan.
La última vez que la vió fue de lejos, en la puerta del instituto. Él pasaba por allí con su coche y la divisó hablando con el hijo de los Newthon.
Al chico se le caia la baba literalmente por la chica y la pobre de Bella no se daba ni cuenta.
Aquel dia, de camino a Seattle, se paró en una bonita zapatería y le compró unas conversse negras; sus favoritas; cuando era mas pequeña.
Se las llevó al dia siguiente cuando ella no estaba en casa.
La voz de Emmet lo sacó de sus cavilaciones.
-Ya sé que no he de preguntarte a ti estas cosas…¿Pero hay alguna mujer que merezca la pena por estos lares? Desde que me dejó Claire, no me como un rosco…y después de todo voy a establecerme en este pueblo…
- ¿Quieres asentarte o quieres ir de flor en flor?.- Emmet no comprendió las palabras de su amigo y le miró interrogante.- Si quieres una arpía con la que acostarte sin consideración, sé quien te puede ser ultil y si quieres una novia que lleves al altar…
-Pues si estas bien enterado de todo…
-Soy sacerdote. Y los secretos de confension son lo mio.
Emmet se carcajeó y miró por el rabillo del ojo a su amigo.
-¿Oye tú nunca…ya sabes, no has sentido la tentación del ser mas hermoso del mundo; ya sabes: la mujer?
Edward apretó muy fuerte el volante y los nudillos se le pusieron blancos.
Emmet comprendió el gesto y procuró ignorarlo.
Se pararon frente a la casa de Charlie Swan, el buen hombre que habia conseguido que su mamá volviese a sonreir.
-Llegamos.- dijo serio, y tragando la saliva que se agolpaba en su garganta.
Bajaron los dos a la vez y tocaron a la puerta esperando que su mamá abriese.
Un silbido escapó de los labios de Emmet.
Edward alzó la vista para encontrarse con una de las maravillas del mundo: Isabella Swan.
Continuará.
The Priest.
CAPITULO PRIMERO.
THE PRIEST
-Mamá; estas demasiado nerviosa para hacerlo tú. Espera.- Edward Cullen se colocó el alzacuellos y miró a su madre; de nuevo a los ojos.
Esme se habia puesto sus mejores galas para la primera misa de oficio de su hijo Edward.
Le habia costado tanto comprender aquella postura suya.
“Alguien tendrá que ensalzar los santos que el abuelo quemó”, le habia dicho su hijo, cuando dedidió entrar en el seminario.
El padre de Esme habia sido un famoso revolucionario comunista en otro tiempo; en aquel mismo lugar.
-¿Estas nervioso?.- Le preguntó ella, con los ojos cristalinos de la emoción.
El muchacho negó con la cabeza y le sonrió de aquella manera suya; tan peculiar.
-No. Es mi sueño hecho realidad, mamá. – Acarició el rostro de su madre y le besó tiernamente.
Los niños habia dado el último toque a las campanas de de aquel domingo.
Su madre lo miró, antes de marcharse de la sacristía.
Edward era demasiado bello para su propia seguridad en aquella parroquia. El muchacho no tenia ni idea de lo que iba a enfrentar cuando saliese de su cubículo, aquella tarde.
La voz se habia corrido como un reguero de polvora.
Un apuesto sacerdote se habia hecho con la capilla de Santa Maria de Forks y toda la fé de Nuestro Señor, habia conmovido a casi un centenar de jovencitas y otras que no lo eran tanto , a aquella su primera misa oficial.
Esme quiso obviar aquello, delante de su hijo y dejar que él viera con sus propios ojos.
La iglesia estaba de un lleno total. Las viejas beatas se congregaban en los primeros bancos, con el rosario en las manos y moviendo los labios con adoracion; recitando una y otra vez las mas densas plegarias.
Edward se habia colocado la sotana, debajo de la camisa negra y el pantalón del mismo color.
Al salir de la sacristía y ver toda aquella gente atestando el salón de Cristo,sintió una especie de incomodidad. Sus ojos verdes; grandes e intensos pasearon algo intranquilos por aquel horizonte completamente nuevo para él.
No se habia dado cuenta que se habia quedado parado en medio del escalon de la sacristía y sintió el rubor aparecer en su rostro.
Unas leves risas se oyeron no muy lejos de allí y bajó la mirada algo incomodo.
Pidió ayuda al Señor, para aquella su primera Humilía y suspiró algo nervioso.
Eran mediados de Marzo y las niñas y los niños que iban a hacer su primera comunión, se habían apostado el uno de los bancos de púlpito y lo observaban con atención.
Caminó hacia el micrófono y comenzó la misa…
-……..Y ahora hermanos y hermanas; podeis marchar en paz.
Aquellas habían sido sus ultimas palabras en público aquella tarde.
Habia sido mucho mas duro de lo que habia pensado.
La misa se habia extendido mas de lo normal. A la hora de comulgar, una cola interminablemente larga de jovencitas lo habia incomodado hasta la gravedad.
Ellas lo miraban como corderitos degollados antes de que él, les ofreciera el cuerpo de Cristo en sus labios.
Habian habido varios que habían intentando chupar el dedo pulgar de él, al ofrecer la ostia consagrada en sus bocas…o habia soltado algún que otro jadeo mas que voluntario.
Él era inmune a todo aquello. Pero le incomodaba y mucho…
-Padre.- Una voz masculina, lo desvió de sus pensamientos mientras doblaba pulcramente la sótana.
-¿Si?.- Edward miró hacia las puertas entreabiertas de la iglesia y adivinó las tenues figuras de su padre y madre entre ellas.
El hombre le ofreció su mano y Edward se la apretó amistosamente dando un leve apretón.
-Soy Charles Swan. Encantado de conocerle, Padre…
Edward le interrumpió.
-Si no le importa, llámeme Edward. Soy lo bastante joven para ser su hermano o incluso su hijo; no se preocupe por los formalismos.
El hombre le enseñó los dientes en una abierta sonrisa.
-Bien Edward. Yo soy aquí en Forks …se podría decir la autoridad…soy el jefe de policía Swan. Supongo que habrá oído hablar de mi.
Edward recordó.
Si habia oído de el jefe Swan y de la pérdida tan tremenda que habia tenido hacia escasos meses. Su bella esposa habia muerto en un accidente de tráfico, al volver de Port Angeles. La hija de los Swan debia de hacer la comunión en el mes de Mayo y la señora habia muerto con el vestido blanco de comunión en su regazo.
-Si. Yo siento mucho su perdida, Jefe Swan…
Charlie, negó con la cabeza y emitió una sonrisa que no le llegó a los ojos.
-No trate de decir nada…es inútil. He venido a hablar precisamente de algo relacionado de eso con usted.
-Digame.- Edward se cruzó de brazos y lo miró intensamente.
-Mi hija Isabella….debe de hablar con ella…se niega a volver a la iglesia, se han empecinado con la idea de que no quiere hacer la comunión…y yo sé que a su madre le hubiese gustado que la hiciera….¿Puede hablar usted con ella?
-¿Dónde esta ella?
Charlie caminó por el estrecho pasillo de la pequeña iglesia. En uno de los revovecos de devoción, se hallaba una figura sentada, con la cabeza entre las piernas; inmóvil.
-Isabella…
-Déjame, papá. No me vas a convencer.
Charlie bufó y se puso sobre sus rodillas para encarar la cara escondida de su hija.
-Nena. Hay un nuevo párroco. Él te hará comprender..
-No.
Edward caminó hacia los murmullos. Sintió que no habia demasiada intimidad entre ellos como para meterse en aquella conversación.
-Hola.- dijo suavemente.- Soy Edward. ¿Y tú?
La niña de apenas unos diez años,no alzó su rostro. Recorria con un dedo, la borada de las baldosas, con tranquilidad.
-Isabella, saluda al párroco. No me hagas quedar mal, hija mia..
-Dejela…-Se apresuró a decir Edward.
Unos pasos limpios de bailarina se apostaron al lado de la criatura.
Edward miró a la muchacha que se habia sentado justo al lado de Isabella y la imitó en su postura.
Los dos hombres las contemplaban con ojos muy distintos.
Charlie pensando que aquella mujer estaba loca y Edward reconociendo que su hermana tenia un don innato para las criaturas.
-Esta postura es realmente comoda….mmm….¿sabes? Me gusta.
Una risilla nerviosa se perdió como eco en la iglesia.
-Soy Alice Cullen y creo que seré tu maestra…¿No quieres conocer a mi hermano Edward?
La muchacha negó con la cara escondida entre sus piernas.
-Bueno tu misma….¿sabes? En mi casa hay una piscina gigante y pensamos invitar a varios niños para hacer una fiesta. Mi sobrina Rosalie no tiene muchas amiguitas…¿te gustaría ser amiga suya?
Isabella, paró de recorrer la borada con su dedo y miró a Alice.
Alice pestañeó y le sonrió autentica.
-Que linda cara Isabella…no la escondas nunca mas entre esas rodillas…
La niña volvió a reir y miró a su padre. Luego al hombre que se hallaba a su lado. Se levantó de un salto y lo miró fijamente a los ojos.
-No me voy a vestir de blanco…
Edward tenia atoradas las palabras en su pescuezo y carraspeó. El rostro de aquella niña era el de un ángel.
-No importa.- alcanzó a decir él.
Ella volvió la cabeza y buscó a Alice. La muchacha le ofreció la mano y salió de la iglesia con Isabella Swan atada a ella como un lastre.
-¿Quién es esta niña?.- preguntó Esme a su hija, al verla salir de la iglesia asida de la mano de la niña.
-La nueva amiga de Rosalie.
Esme sonrió y besó a la niña en el rostro.
-¿Cómo te llamas, cielo?
-Me llamo Bella Swan.
-Yo soy Esme Cullen, y ella es mi hija.- le dijo.
-Es muy bonita. Casi tanto como mi mamá.- dijo Bella, mirando a Alice.
-¿Y donde esta tu mamá ahora, nenita?.- preguntó Esme con interés.
-En el cielo.- dijo con tristeza Bella.
Esme se giró en redondo para contemplar a su hijo que cerraba las rigidas puertas de la iglesia. Pero el rubor la abrumó.
El hombre que acompañaba a su hijo era extremadamente varonil y notó como se creó una conexión en sus miradas que los hizo apartar la vista los dos al mismo tiempo.
-Mamá.- le dijo Edward, cuando advirtió su presencia.- Te presento al jefe de Policia Swan.
Ella lo miró algo azorada y le sostuvo la mano un momento, sintiendo un cosquilleo perturbador.
-Encantado señora.
-Lo mismo.
-¡Es mi papi!.- gritó Bella apostada entre ellos dos.
Todos rieron y Charlie cogió a Bella de los hombros antes de meterla en el coche de policía.
-Me recuerda a mamá…- le dijo Isabella a su papá en el oído.
Charlie bajó la cabeza y abrió la portezuela del coche. Volvió a mirar a la señora y con asombro vió que ella también lo observaba a él.
Continuará….
THE PRIEST
-Mamá; estas demasiado nerviosa para hacerlo tú. Espera.- Edward Cullen se colocó el alzacuellos y miró a su madre; de nuevo a los ojos.
Esme se habia puesto sus mejores galas para la primera misa de oficio de su hijo Edward.
Le habia costado tanto comprender aquella postura suya.
“Alguien tendrá que ensalzar los santos que el abuelo quemó”, le habia dicho su hijo, cuando dedidió entrar en el seminario.
El padre de Esme habia sido un famoso revolucionario comunista en otro tiempo; en aquel mismo lugar.
-¿Estas nervioso?.- Le preguntó ella, con los ojos cristalinos de la emoción.
El muchacho negó con la cabeza y le sonrió de aquella manera suya; tan peculiar.
-No. Es mi sueño hecho realidad, mamá. – Acarició el rostro de su madre y le besó tiernamente.
Los niños habia dado el último toque a las campanas de de aquel domingo.
Su madre lo miró, antes de marcharse de la sacristía.
Edward era demasiado bello para su propia seguridad en aquella parroquia. El muchacho no tenia ni idea de lo que iba a enfrentar cuando saliese de su cubículo, aquella tarde.
La voz se habia corrido como un reguero de polvora.
Un apuesto sacerdote se habia hecho con la capilla de Santa Maria de Forks y toda la fé de Nuestro Señor, habia conmovido a casi un centenar de jovencitas y otras que no lo eran tanto , a aquella su primera misa oficial.
Esme quiso obviar aquello, delante de su hijo y dejar que él viera con sus propios ojos.
La iglesia estaba de un lleno total. Las viejas beatas se congregaban en los primeros bancos, con el rosario en las manos y moviendo los labios con adoracion; recitando una y otra vez las mas densas plegarias.
Edward se habia colocado la sotana, debajo de la camisa negra y el pantalón del mismo color.
Al salir de la sacristía y ver toda aquella gente atestando el salón de Cristo,sintió una especie de incomodidad. Sus ojos verdes; grandes e intensos pasearon algo intranquilos por aquel horizonte completamente nuevo para él.
No se habia dado cuenta que se habia quedado parado en medio del escalon de la sacristía y sintió el rubor aparecer en su rostro.
Unas leves risas se oyeron no muy lejos de allí y bajó la mirada algo incomodo.
Pidió ayuda al Señor, para aquella su primera Humilía y suspiró algo nervioso.
Eran mediados de Marzo y las niñas y los niños que iban a hacer su primera comunión, se habían apostado el uno de los bancos de púlpito y lo observaban con atención.
Caminó hacia el micrófono y comenzó la misa…
-……..Y ahora hermanos y hermanas; podeis marchar en paz.
Aquellas habían sido sus ultimas palabras en público aquella tarde.
Habia sido mucho mas duro de lo que habia pensado.
La misa se habia extendido mas de lo normal. A la hora de comulgar, una cola interminablemente larga de jovencitas lo habia incomodado hasta la gravedad.
Ellas lo miraban como corderitos degollados antes de que él, les ofreciera el cuerpo de Cristo en sus labios.
Habian habido varios que habían intentando chupar el dedo pulgar de él, al ofrecer la ostia consagrada en sus bocas…o habia soltado algún que otro jadeo mas que voluntario.
Él era inmune a todo aquello. Pero le incomodaba y mucho…
-Padre.- Una voz masculina, lo desvió de sus pensamientos mientras doblaba pulcramente la sótana.
-¿Si?.- Edward miró hacia las puertas entreabiertas de la iglesia y adivinó las tenues figuras de su padre y madre entre ellas.
El hombre le ofreció su mano y Edward se la apretó amistosamente dando un leve apretón.
-Soy Charles Swan. Encantado de conocerle, Padre…
Edward le interrumpió.
-Si no le importa, llámeme Edward. Soy lo bastante joven para ser su hermano o incluso su hijo; no se preocupe por los formalismos.
El hombre le enseñó los dientes en una abierta sonrisa.
-Bien Edward. Yo soy aquí en Forks …se podría decir la autoridad…soy el jefe de policía Swan. Supongo que habrá oído hablar de mi.
Edward recordó.
Si habia oído de el jefe Swan y de la pérdida tan tremenda que habia tenido hacia escasos meses. Su bella esposa habia muerto en un accidente de tráfico, al volver de Port Angeles. La hija de los Swan debia de hacer la comunión en el mes de Mayo y la señora habia muerto con el vestido blanco de comunión en su regazo.
-Si. Yo siento mucho su perdida, Jefe Swan…
Charlie, negó con la cabeza y emitió una sonrisa que no le llegó a los ojos.
-No trate de decir nada…es inútil. He venido a hablar precisamente de algo relacionado de eso con usted.
-Digame.- Edward se cruzó de brazos y lo miró intensamente.
-Mi hija Isabella….debe de hablar con ella…se niega a volver a la iglesia, se han empecinado con la idea de que no quiere hacer la comunión…y yo sé que a su madre le hubiese gustado que la hiciera….¿Puede hablar usted con ella?
-¿Dónde esta ella?
Charlie caminó por el estrecho pasillo de la pequeña iglesia. En uno de los revovecos de devoción, se hallaba una figura sentada, con la cabeza entre las piernas; inmóvil.
-Isabella…
-Déjame, papá. No me vas a convencer.
Charlie bufó y se puso sobre sus rodillas para encarar la cara escondida de su hija.
-Nena. Hay un nuevo párroco. Él te hará comprender..
-No.
Edward caminó hacia los murmullos. Sintió que no habia demasiada intimidad entre ellos como para meterse en aquella conversación.
-Hola.- dijo suavemente.- Soy Edward. ¿Y tú?
La niña de apenas unos diez años,no alzó su rostro. Recorria con un dedo, la borada de las baldosas, con tranquilidad.
-Isabella, saluda al párroco. No me hagas quedar mal, hija mia..
-Dejela…-Se apresuró a decir Edward.
Unos pasos limpios de bailarina se apostaron al lado de la criatura.
Edward miró a la muchacha que se habia sentado justo al lado de Isabella y la imitó en su postura.
Los dos hombres las contemplaban con ojos muy distintos.
Charlie pensando que aquella mujer estaba loca y Edward reconociendo que su hermana tenia un don innato para las criaturas.
-Esta postura es realmente comoda….mmm….¿sabes? Me gusta.
Una risilla nerviosa se perdió como eco en la iglesia.
-Soy Alice Cullen y creo que seré tu maestra…¿No quieres conocer a mi hermano Edward?
La muchacha negó con la cara escondida entre sus piernas.
-Bueno tu misma….¿sabes? En mi casa hay una piscina gigante y pensamos invitar a varios niños para hacer una fiesta. Mi sobrina Rosalie no tiene muchas amiguitas…¿te gustaría ser amiga suya?
Isabella, paró de recorrer la borada con su dedo y miró a Alice.
Alice pestañeó y le sonrió autentica.
-Que linda cara Isabella…no la escondas nunca mas entre esas rodillas…
La niña volvió a reir y miró a su padre. Luego al hombre que se hallaba a su lado. Se levantó de un salto y lo miró fijamente a los ojos.
-No me voy a vestir de blanco…
Edward tenia atoradas las palabras en su pescuezo y carraspeó. El rostro de aquella niña era el de un ángel.
-No importa.- alcanzó a decir él.
Ella volvió la cabeza y buscó a Alice. La muchacha le ofreció la mano y salió de la iglesia con Isabella Swan atada a ella como un lastre.
-¿Quién es esta niña?.- preguntó Esme a su hija, al verla salir de la iglesia asida de la mano de la niña.
-La nueva amiga de Rosalie.
Esme sonrió y besó a la niña en el rostro.
-¿Cómo te llamas, cielo?
-Me llamo Bella Swan.
-Yo soy Esme Cullen, y ella es mi hija.- le dijo.
-Es muy bonita. Casi tanto como mi mamá.- dijo Bella, mirando a Alice.
-¿Y donde esta tu mamá ahora, nenita?.- preguntó Esme con interés.
-En el cielo.- dijo con tristeza Bella.
Esme se giró en redondo para contemplar a su hijo que cerraba las rigidas puertas de la iglesia. Pero el rubor la abrumó.
El hombre que acompañaba a su hijo era extremadamente varonil y notó como se creó una conexión en sus miradas que los hizo apartar la vista los dos al mismo tiempo.
-Mamá.- le dijo Edward, cuando advirtió su presencia.- Te presento al jefe de Policia Swan.
Ella lo miró algo azorada y le sostuvo la mano un momento, sintiendo un cosquilleo perturbador.
-Encantado señora.
-Lo mismo.
-¡Es mi papi!.- gritó Bella apostada entre ellos dos.
Todos rieron y Charlie cogió a Bella de los hombros antes de meterla en el coche de policía.
-Me recuerda a mamá…- le dijo Isabella a su papá en el oído.
Charlie bajó la cabeza y abrió la portezuela del coche. Volvió a mirar a la señora y con asombro vió que ella también lo observaba a él.
Continuará….
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