AMARTE
CAPITULO 5
-¡Mira que eres inútil, Beau!.- Edward, le quitó el pantalón de las manos y se lo puso sin dejar de hacer aspavientos. Su mirada envenenada,desprendía un odio contenido hacia el muchacho que lo miraba con la mirada baja y la cara arrebolada de rubor.- ¿Cuántos años dices que tienes?.- Le preguntó, abrochándose el pantalón y ajustando la correa.
-diecisiete, señor.- La voz afeminada del muchacho, hizo que Edward emitiera un chasqueo sordo con su lengua.
-Pues para tener esa edad, tu voz no ha cambiado .- Caminó hacia Beau, cogiéndole en rostro y mirando aquellos ojos chocolate.-Y eres completamente imberbe. ¡Y desde luego como asistente dejas mucho que desear!.
Bella llevaba mas de un mes en aquella casa y desde el primer momento que le adjudicaron la habitación de Edward Cullen, su rostro no dejó de perder aquel arrebol tan seductor que la envolvía .
Debia de prepararle la muda del dia siguiente, prepararle el desayuno, afeitarlo, y a veces y solo a veces; debia de prepararle el baño.
Habia hecho lo imposible por que aquello no se diera nunca; pero la noche anterior, ya no pudo poner mas objeciones.
Mirándolo en aquellos momentos, allí a su frente. Las imágenes tan vividas de la noche anterior pasaban por su cabeza.
Tuvo mucho cuidado en preparar el agua lo suficientemente cálida.
Dejar todos los geles a su mano y la toalla en el taburete de madera que estaba cerca de la bañera.
Al llegar, él ni siquiera la miró, pero la saludo como ya era típico que lo hiciera.
-Hola renacuajo.- La voz de él, la estremecía de terror.
Edward Cullen le daba autentico pavor. Cuando la escudriñaba con aquellos ojos verdes, parecía como si pudiese traspasar toda su alma y averiguar el mas recóndito de sus pensamientos.
Si podia; hacia todo lo posible por no mirarle los ojos. Se sentía indefensa frente a ellos.
Bella intentó escabullirse como bien pudo de su cuarto de aseo y él la llamó a voces.
-¡Beau! ¿A dónde crees que vas?.- Bella se paró en seco y tragó. Se dio muy despacio la vuelta.
Sabia que él estaba tras de ella . Cuando miró a los pies y subió lentamente vió unas piernas ligeramente velludas y unas pantorrillas y muslos bien torneados para ser un hombre.
Paró en seco su visión.
-Necesito que me ayudes. Coje el cepillo. Me lavaras la espalda. He tenido un dia de perros y las vertebras están algo mas que cansadas. ¿Beau?.- Ella dio un ligero saltito y lo miró a los ojos.
Y entonces es cuando se dio perfectamente cuenta de que estaba completamente desnudo.
Carraspeó lo mas suave que pudo y sin despegar ni por un momento la vista del suelo. Oyó como él se metia en la bañera y al fin alzó los ojos.
Él la estaba observando.
Con insistencia.
-Dame el tabaco, Beau. Ya sabes donde está.- Su orden, con un tono de repulsión, llegó a Bella como una imposición a pena de muerte. Urgó en uno de los bolsillos del pantalón de él y le cedió la cajetilla de tabaco.
-No. Enciendelo tú.
Bella negó con la cabeza, tímidamente.
-¿No has probado nunca el tabaco, chico? ¿Qué clase de ladronzuelo eres tu?.- La ironia de sus palabras, arrancaron una fría sonrisa en su rostro de mármol tallado.
-No he robado nunca, señor ni lo voy a hacer.
-¿Sabes?.- le indicó con un gesto que le pasara un cigarro y la mecha para encenderlo.- He intentado saber de ti; pero eres una completa incógnita….llegaste como el viento…¿te iras como él?
Él encendió su pitillo y absorbió de él. Bella lo observó meditabunda, y pretendiendo parecer completamente relajada. Aquella información que le habia dado no era para nada de su agrado. Aquel hombre no podia saber quien era y lo mas importante aún, lo que era.
-Soy Beau Swan, señor. No tengo padres, los perdí a una tierna edad y he vagado por las calles en busca de sustento. Nunca he robado, y he vivido de la mendicidad…
-No sigas…no me lo creo.- Volvió a mirarlo y cerró los ojos, echando la cabeza ligeramente hacia atrás.- Ven, lávame la espalda…
Isabella caminó pasos cortos; como un reo al que van a ahorcar . Contuvo sus manos, la una con la otra; para que los temblores se aplacaran.
Respiró hondamente antes de llegar a él , cogió la suave esponja. La sumergió dentro del agua, rozando levemente los muslos fuertes y atléticos de él y echó un chorro de gel azulón.
Volvió a meter la esponja en el liquido elemento y llevó la mano a los hombros del hombre que se recompuso al comenzar a masajear los hombros y la espalda.
Al principio lo hizo tímidamente, pero poco a poco,comenzó a pensar en Angela y en aquellos cuatros hombres Cullen….¡Cualquiera de ellos podia ser el bastardo que habia dejado a su tia embarazada varias veces hasta el termino de caer en la locura y tirarse por una ventana.
Los ojos se le empañaron pero siguió su tarea y un puchero ahogado brotó de sus labios llenos. Imitó una tos y entre golpe y golpe de pecho se apartó de la tarea que desempeñaba en aquellos momentos.
-¿Te pasa algo chico?.- Edward se habia levantado de la bañera y tal como su madre lo trajo al mundo, enfrentó los ojos vírgenes de ella.
-No….
Edward también se sintió avergonzado. La mirada aquel chico y aquel rubor constante lo incomodaban lo bastante, para dudar de su inclinación sexual.
Se habia dado cuenta de su delicadeza al andar y de su falta de nuez y de barba. Eso lo habia enfurecido al punto de plantearse mandarlo a tomar viento y que pasara a las cocinas.
Pero algo le habia dicho que lo retuviera junto a él.
Aunque no se fiaba de Beau, habia algo que era tan puro como su mirada.
Se sintió en plena camaradería con él cuando vió lo vergonzoso de la situación y rió al volver a mirarlo.
-Chico, dime una cosa..
-Si, señor.- la voz de Bella era entrecortada.
-Supongo que nos has conocido mujer.
-¿Cómo?.- Bella, volvió a alzar la mirada y se perdió en sus ojos verdes, como el jade.
-¿Eres virgen?
La cara de Bella era un autentico desconcierto.
-Señor..eso, es cosa mia..yo…no le …
-Edward se sentó de nuevo en en la bañera,dando la espalda a Bella.
-Termina, quiero cenar pronto. Mañana iremos a un sitio, Beau, entretenido para ti…y para mi…
Y allí estaba ella, hecha un ovillo de nervios.
¿Dónde la llevaría aquella noche Edward Cullen?
-Adios, renacuajo y recuerda, esta noche es la gran noche.- Tiró suavemente de uno de los mechones de pelo de Bella y se extrañó de su sedosidad. Se miró la mano confundido y bufó antes de salir por la puerta, dando un fuerte golpe.
Isabella se sentó en la cama de él y se llevó las manos a la cabeza….Estaba demasiado vigilada por aquel hombre para poder llevar a cabo su plan.
Ya habia revuelto varios de los cajones de la cómoda de Edward para ver si podia haber alguna pista sobre la relacción que mantenía con su tia Angela.
Pero no habia nada.
Al cuarto de Carlisle y Esme también habia tratado de hacer lo mismo. Pero la señora también la perseguía para hablar con ella y mostrarle lo encantadora que podia llegar a ser.
Por otra parte estaba Victoria…algo extraño habia en ella..su manera de mirar al señor de la casa; la enervaba.
Emmet Cullen casi no vivía en la casa. Por lo visto estaba bajo las faldas de una exprostituta que ahora era Madame; en un lujoso burdel del casco antiguo.
Jacob Cullen era un total desconocido para ella.
Se habia marchado a hacer una ponencia y todavía no habia vuelto.
Él era el mayor de los hermanos y por lo poco que habia oído no tenia pareja estable. Era una especie de calavera que iba de mujer en mujer sin ninguna clase de miramientos.
Alice la ayudaba en lo que podia…pero habia momentos que la cosa era insalvable…
Habia una chica de servicio una tal Lauren que bebía los vientos por el tal Beau.
Cada vez que pasaba, ella suspiraba. Y hasta Alice le dio la feliz idea de plantarse un calcetín enrollado allí abajo para que pareciera que el bulto masculino existía.
Bella vestía como un lacayo. Pero su extremada elegancia, daba lugar a pensar que era un lacayo muy pulcramente refinado.
Unos golpes repiquetearon en la puerta de la habitación de Edward.
-Beau…Beau..
Era la voz de Alice.
Bella se levantó del catre y fue a abrirle la puerta.
Alice le sonrió y se llevó un dedo a los labios para que se mantuviera en silencio.
Unas voces graves se oian en el pasillo. Parecia un especie de discusión. Una era la de Edward; rápidamente pudo saber que pertenecía a él. Pero la otra como emergida de una cueva ; tenia una cadencia tenebrosa y cruel.
-¡Te espero mañana! ¡Ya lo sabes! ¡Me importa una puta mierda donde coño hayas estado metido todo este mes!.- Edward estaba colérico, o al menos eso parecía.
La risa del receptor, alarmó a Bella, y un estremecimiento le recorrió la columna vertebral.
-Quiero ver a tu asistente, Edward…dicen las malas lenguas que es tan bello que asusta…¿ya te has quitado la careta?
Esto sobrecogió a Bella y miró a Alice interrogante. Ella asitió con tristeza.
-Eres un mierda….- el susurro de Edward apenas llegó a sus oídos.- Solo porque no soy como tú, que te follas a todo lo que se mueve….
-¿Se llama Beau, no?.- la risa socarrona de Bella le puso los vellos de punta.-¡Beau!.- gritó, el tal Jacob Cullen.
Bella miró a Alice y ésta le abrió la puerta, susurrándole.
-Ahí tienes al Cullen que falta…comienza a juntar las piezas del puzle , Bella.
Bella salió altiva de la habitación de Edward y vió no muy lejos de allí, una figura enorme, bestial, que casi llevaba a Edward una cabeza.
El rostro del hombre se volvió y la sonrisa del rostro se borró automáticamente al verla. Viendo Bella; conforme se acercaba un brillo especial en sus ojos.
-Señor. Soy Beau Swan; a su servicio.- Bella se inclinó levemente, como salida de otro tiempo y lugar y oyó a Edward maldecir entre dientes.
-Chico….eres irreal….- susurró Jacob..
Continuará…..
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
Mostrando entradas con la etiqueta Amarte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Amarte. Mostrar todas las entradas
miércoles, 23 de febrero de 2011
jueves, 10 de febrero de 2011
Amarte
AMARTE
CAPITULO 4
Esme Cullen yacía sentada en el enorme sofá del salón comedor.
Habia estado llorando y sus facciones realmente jóvenes pese a su edad, estaban levemente mas envejecidas.
Una de las criadas pasó delante de ella y la llamó.
-Victoria….
-Sí, señora…..- exclamó ésta, ofreciendo una sonrisa.
-Sube a la habitación de los invitados.- Recogimos a un chico. Mira a ver como se encuentra. Prepárale ropas de cuando Edward era un crio….
-Como ordene, señora.
-¡Ah!.- Esme, que se habia llevado la mano a su cabeza; como para aguantarla, recordó algo.- Bañalo concienzudamente.
-Sí señora.
Victoria cambió la expresión de su rostro, el tiempo que tardó en darse la vuelta y salir hacia la cocina.
No soportaba tener que acatar las ordenes de nadie y menos de aquella mujer; sin sangre en las venas…
Los rumores de la muerte de Angela era de lo único que se hablaba en aquellos lares y ella llamó a la calma, dando fuertes palmadas.
-Dejémonos de cháchara. Tú, Emily, sube al cuarto de los invitados. Esta mañana la señora ha recogido un mugroso y hay que bañarlo., hazte cargo tú….
-Pero.. yo estaba…- replicó la muchacha en cuestión.
-Nada…haz lo que te mando.
-¡Tú no eres la gobernanta!.- le espetó una, con los ojos llorosos.
-No; pero no tardaré en serlo. La muerte de Angela me ha cedido su puesto.
-¡Ni lo sueñes, arpía venenosa!.- la voz procedía de la puerta trasera de la cocina.
-¡Alice!.- Gritó Victoria.- Tú…tú deberías estar cuidando de tu mocoso…
Un bofetón dejó Victoria sin aliento y se llevó la mano a la cara, sorprendida.
-¿Cómo te atreves, enana de mierda?.- siseó.- La señora debe enterarse de esto, voy ahora mismo a …
-No hace falta.- La miró dura, Alice,.-Es ella la que me ha mandado llamar. Tonta…y si sabes lo que te conviene, pórtate como una criada como Dios manda y no te des ínfulas de grandeza…tú nunca seras como los señores.
Victoria agitó uno de los pendientes de oro macizo con uno de sus dedos y miró a Alice con especulación.
-Ya veremos…- giró su cuerpo y salió de la cocina con el mentón alto y andares propios de una fulana de barrio bajo.
Alice Brandon, esposa de Jasper Whitlock; el jardinero, era menuda y grácil como una muñequita de porcelana, pero dentro de aquel cuerpecito se hallaba un carácter digno de la mas grandiosa de las mujeres.
Ató el delantal impoluto a su aún hinchada barriga y se dirigó a Emily.
-¿Qué te mando hacer esa zorra?
-En la habitación de invitados hay un muchacho, la señora lo recogió…debes asearlo..
-Bien.
Se dirigió a la puerta y la abrió con brío.
Primero debia de presentarse delante de la señora Esme.
Sus manos aún temblaban a causa de la noticia que le habia hecho saber por medio de un mensajero de Esme Cullen.
Angela habia muerto; su dulce amiga Angela se habia suicidado…y ella creía saber la causa del mal proceder de su ella….pero no sabia quien de los tres era el culpable.
La señora ocultaba el rostro entre sus manos cuidadas. Estaba consternada.
-Señora…
-Alice.- Esme se levantó y la abrazó con camaradería .- Veo que estas muy recuperada de tu parto. Siento mucho tener que haber interrumpido de maternidad…pero esto sin Angela y sin ti, es un autentico desbarajuste…y la sobrina de Angela sin aparecer…
-¡Isabella no ha llegado todavía?.- Alice se llevaba una mano asustada a su boca pequeña y preciosa.
Esme negó con la cabeza y suspiró.
Intentando alejar malos pensamientos, Alice pensó en el muchacho que debia de asear y se lo comentó a su señora.
-Seré yo la que asee al chico.
-Muy bien, Alice.- Esme le cogió las manos.- Ten cuidado con él…se ve confundido y aterrorizado…sé amable.
Alice sonrió.
-No se preocupe señora; lo trataré como si fuera mi hijo.
Alice hizo una leve reverencia y marchó escaleras arriba hacia la habitación de invitados.
Cogió la llave maestra y la metió en la cerradura.
La cama estaba deshecha y en el servicio habia luz: la puerta estaba abierta y tocó en la puerta antes de darse paso.
-Muchacho…-susurró.
-No…no entre…- gimió éste.
Alice sonrió..tenia una voz de ángel; seguro que era prácticamente un niño y todavía no habia hecho el cambio de voz.
-Tranquilo; acabo de tener un hijo y no hay cosa que me asuste.
Entró decidida y se llevó la mano a la boca asombrada.
- ¿Qué has hecho con tu cabello?.- le espetó acercándose a la débil figura que se hallaba desnuda, en la tina bañándose.
Bella la miró horrorizada. Su identidad ya habia sido descubierta.
-Los señores me confundieron con un chico y mi tia…
-Ay Dios…Bella…- fue hacia ella y le tendió una toalla para sacarla de la bañera.- Da gracias que he sido yo la que ha entrado; Dios ha querido que sea asi…
-¿Cómo es que me conoce?.- Preguntó Bella mientras Alice, la secaba enérgicamente por todo el cuerpo.
-Tu tia me enseñó unas fotos de ti y de tu madre. Esos ojos son imposibles de olvidar, y tu piel…tan blanca como el mármol..- Alice volvió a suspirar.- Tu tia…
Bella rompió a llorar.
Era tal la represión interna ante la muerte de su tia Angela; que al encontrar un hombro en el que apoyarse; se derrumbó.
Envuelta en la toalla, con los pies descalzos y le pelo chorreando gimió con un dolor acuciante la muerte de su tia…
Las lágrimas se fundían en las gotas mojadas de su cuerpo y Alice Brandon la acompañó silenciosamente.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Edward Cullen enseñó la placa al hombre que entreabrió la puerta enfurruñado.
-O me deja entrar o tiro la puerta abajo. – le espetó apretando la mandíbula. Estaba furioso.
El hombre lo miró con reproche y lo dejó entrar.
-Dígale a su señora que mande a mi hermano ahora mismo hacia abajo; quiero hablar con él.
-Su hermano….
Edward lo miró con odio y le gritó furioso.
-¡Emmet!¡Sal maldito hijo de puta!.- sus dientes se apretaban los unos a los otros y casi rechinaban.
Una puerta se oyó y con ella unos pasos.
Emmet Cullen bajaba apremiante, vistiéndose conforme iba bajando. Miró a su hermano con desaprobación y lo miró con recelo.
-¿Qué ocurre, Edward? ¿Y como sabias donde…?
Edward lo miró con socarronería y enseñó la placa como si fuese una varita mágica .
-Soy policía Emmet. Tengo mis contactos…Y no niego que me repugna saber que te tiras aquí la mayor parte de tu tiempo…hermano ¿Qué coño te ha hecho esa mujer? ¿Brujeria?
Emmet chasqueó la lengua.
-No lo entiendes. Estoy enamorado.
Edward torció el gesto.
-¡No digas tonterías!
-Se cree el ladron que todos son de su misma condición.- le inquirió Emmet muy molesto.
-¿Esa Rosalie, te ha hecho perder el juicio?.- siguió preguntando con sorna.
-¿En calidad de que vienes a molestarme? ¿En calidad de policía o de hermano?
Edward cambió las facciones de su rostro en algo impenetrable y habló de prisa; muy seguro de si mismo.
-Dame el paradero de Jake.
-No lo sé.
-Pues deberías saberlo.
-¿Por qué?
-Una de las criadas se ha tirado por la ventana de mi habitación. Por lo visto en su carta de fin de fiesta culpaba a uno de nosotros de haberla violado. En su vientre habia un niño. Y no era la primera vez que habia pasado esto. Estoy tratando que esto pase como un accidente; pero no sé si voy a poder…
Emmet se llevó la mano al cabello espeso y rizado.
-¿Y crees que, Jake…?
-No lo sé. Sea quien sea, el honor de la familia no va a resultar dañado. Esto es demasiado para nosotros. Mamá no lo aguantaría.
-Pobre Angela.
-Sí, claro.- Edward bufó.- Una mujer bonita nunca debia de trabajar en casa de ningunos señoritos.
-¿Qué mierdas estas diciendo Edward?
-Pues eso. Los hombres somos como somos y las mujeres de buen ver obnubilan el pensamiento…
-Lo dice el numero uno en rendirse a los encantos femeninos…
Edward carraspeó y silbó molesto.
-Mi necesidad o no de mujeres es cosa mia.
-Ósea que tú no tocaste a Angela.
-No …sabes que soy completamente célibe.- Edward, abrió un poco las piernas y se revolvió el cabello algo nervioso.
-Pues yo tampoco.- declaró Emmet.
-Debo encontrar a Jake…
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
-Siento que te veas metida en todo este embrollo, Alice.- Bella se limpiaba con el bonito pijama de señorito que olia a galletas maria, los mocos mientras lloraba sin pausa.- Pero no quiero que sepan quien soy…quiero saber…quiero…- de nuevo su llanto reventó la paz de la tranquila habitación.
-Tranquila,pequeña. Tu secreto esta a salvo conmigo.- la acunaba entre sus brazos. Bella también era menuda, pero no tanto como Alice.- Debemos ser cautas. Le diré a la señora que te emplee en la casa. Así intentaremos investigar quien de los hombres Cullen seducía a tu tia y la preñaba…¡Dios mio, que atrocidad!....pobre Angela…y nunca decirme abiertamente que ocurría…se me ponen los vellos de punta.
Unos golpecitos en la puerta hicieron que ambas se separan.
La señora entró como un ángel salvador. Con un fino pijama de seda rosa y pelo recogido en una suelta coleta.
-Hola.- saludó mirando a Bella.- ¿Cómo te encuentras muchacho?,- Se acercó a él y miró a Alice, quien le sonrió asintiendo la cabeza.- ¿Cómo te llamas?
-B…Be….Beau, señora me llamo Beau Dwyer.- dijo ella, levantándose , con algo de brusquedad de la cama.
Alice comenzó con el plan.
-Señora, Beau me ha dicho que está muy agradecido. Y en gratitud le gustaría trabajar en esta casa. No hace falta que le pague un sueldo, él con techo y algo que llevarse a la boca se siente plenamente recompensado. ¿Qué opina, lo empleará?
Esme miró al joven algo escuálido y frunció con preocupación sus cejas.
-¿Y en que voy a ocuparlo? Se ve tan débil…para ser muchaho…- miró a Alice.- Lo pensaré y hablaré con mi hijo Edward y mi marido. Me marcho.- se acercó a Bella y le rozó la mejilla con sus labios.- Buenas noches Beau, decansa.
Se marchó y Bella miró a Alice con gratitud.
-Salga lo que salga de todo esto. Nunca me olvidaré de ti Alice Brandon.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Edward Cullen habia rastreado media capital para dar con el paradero de su hermano Jake, sin tener el minimo acierto en sus pesquisas.
Al llegar a su casa se deshizo de su chaqueta, y se sentó en el sofá ,preocupado.
Levantó la vista; al sentir una presencia cerca de él. Era su madre.
-Mama…- susurró.- mientras ella le acariciaba aquel pelo despeinado,fiel herencia de su hermano Edward.
-¿Cansado hijo?
-Agobiado mamá. He intentando encontrar a Jake todo el dia y ni modo…¿tu sabes algo de él?.
Esme se sentó al lado de su hijo y suspiró.
-No te preocupes…en unos días estará aquí, está haciendo una ponencia…papá lo sabe.
-¿Papá?.- preguntó Edward extrañado.
-Si…Edward vives completamente abnegado a tu trabajo, hijo…no sabes como van las cosas en casa…
Edward bufó y se tiró de los pelos; algo desesperado.
-Edward.- la voz de su madre era un bálsamo de tranquilidad para su persona.- Habia pensado ocupar a ese chico en algo…
-¿Al ladron?.- giró su rostro y miró a su madre con una ceja alzada.
-Edward. No es un ladron. Tenias que verlo. Subí arriba para darle las buenas noches. Es un chiquillo….Edward..
-Está bien..pero no quiero perderlo de vista…no me fio de él…hay algo que no…me cuadra… Que se encargue de mis cosas, de mi habitación, de asistirme…
-¿A ti?
-Si.
Esme miró preocupada a su hijo.
Si bien habia querido quitarse los malos pensamientos de su mente, que la corroían desde hacia unos años.
Edward no habia tenido novia nunca, ni mujer con la que se le viese en público.
Lo poco que ella sabia sobre él, era que su celibato era algo perturbador.
Su hijo era hermoso hasta doler y eso le daba a pensar que podia que no le gustara el sexo femenino…¿Y si Edward, fuese homosexual?
Esa pregunta se meció en su cabeza miles de veces y siempre obtuvo una negativa por respuesta. Nunca lo vió mirar a una jovencita con desaliento ni deseo.
Y ahora el chico…quería al chico cerca de él…
Dios mio y si Edward fuese….
CAPITULO 4
Esme Cullen yacía sentada en el enorme sofá del salón comedor.
Habia estado llorando y sus facciones realmente jóvenes pese a su edad, estaban levemente mas envejecidas.
Una de las criadas pasó delante de ella y la llamó.
-Victoria….
-Sí, señora…..- exclamó ésta, ofreciendo una sonrisa.
-Sube a la habitación de los invitados.- Recogimos a un chico. Mira a ver como se encuentra. Prepárale ropas de cuando Edward era un crio….
-Como ordene, señora.
-¡Ah!.- Esme, que se habia llevado la mano a su cabeza; como para aguantarla, recordó algo.- Bañalo concienzudamente.
-Sí señora.
Victoria cambió la expresión de su rostro, el tiempo que tardó en darse la vuelta y salir hacia la cocina.
No soportaba tener que acatar las ordenes de nadie y menos de aquella mujer; sin sangre en las venas…
Los rumores de la muerte de Angela era de lo único que se hablaba en aquellos lares y ella llamó a la calma, dando fuertes palmadas.
-Dejémonos de cháchara. Tú, Emily, sube al cuarto de los invitados. Esta mañana la señora ha recogido un mugroso y hay que bañarlo., hazte cargo tú….
-Pero.. yo estaba…- replicó la muchacha en cuestión.
-Nada…haz lo que te mando.
-¡Tú no eres la gobernanta!.- le espetó una, con los ojos llorosos.
-No; pero no tardaré en serlo. La muerte de Angela me ha cedido su puesto.
-¡Ni lo sueñes, arpía venenosa!.- la voz procedía de la puerta trasera de la cocina.
-¡Alice!.- Gritó Victoria.- Tú…tú deberías estar cuidando de tu mocoso…
Un bofetón dejó Victoria sin aliento y se llevó la mano a la cara, sorprendida.
-¿Cómo te atreves, enana de mierda?.- siseó.- La señora debe enterarse de esto, voy ahora mismo a …
-No hace falta.- La miró dura, Alice,.-Es ella la que me ha mandado llamar. Tonta…y si sabes lo que te conviene, pórtate como una criada como Dios manda y no te des ínfulas de grandeza…tú nunca seras como los señores.
Victoria agitó uno de los pendientes de oro macizo con uno de sus dedos y miró a Alice con especulación.
-Ya veremos…- giró su cuerpo y salió de la cocina con el mentón alto y andares propios de una fulana de barrio bajo.
Alice Brandon, esposa de Jasper Whitlock; el jardinero, era menuda y grácil como una muñequita de porcelana, pero dentro de aquel cuerpecito se hallaba un carácter digno de la mas grandiosa de las mujeres.
Ató el delantal impoluto a su aún hinchada barriga y se dirigó a Emily.
-¿Qué te mando hacer esa zorra?
-En la habitación de invitados hay un muchacho, la señora lo recogió…debes asearlo..
-Bien.
Se dirigió a la puerta y la abrió con brío.
Primero debia de presentarse delante de la señora Esme.
Sus manos aún temblaban a causa de la noticia que le habia hecho saber por medio de un mensajero de Esme Cullen.
Angela habia muerto; su dulce amiga Angela se habia suicidado…y ella creía saber la causa del mal proceder de su ella….pero no sabia quien de los tres era el culpable.
La señora ocultaba el rostro entre sus manos cuidadas. Estaba consternada.
-Señora…
-Alice.- Esme se levantó y la abrazó con camaradería .- Veo que estas muy recuperada de tu parto. Siento mucho tener que haber interrumpido de maternidad…pero esto sin Angela y sin ti, es un autentico desbarajuste…y la sobrina de Angela sin aparecer…
-¡Isabella no ha llegado todavía?.- Alice se llevaba una mano asustada a su boca pequeña y preciosa.
Esme negó con la cabeza y suspiró.
Intentando alejar malos pensamientos, Alice pensó en el muchacho que debia de asear y se lo comentó a su señora.
-Seré yo la que asee al chico.
-Muy bien, Alice.- Esme le cogió las manos.- Ten cuidado con él…se ve confundido y aterrorizado…sé amable.
Alice sonrió.
-No se preocupe señora; lo trataré como si fuera mi hijo.
Alice hizo una leve reverencia y marchó escaleras arriba hacia la habitación de invitados.
Cogió la llave maestra y la metió en la cerradura.
La cama estaba deshecha y en el servicio habia luz: la puerta estaba abierta y tocó en la puerta antes de darse paso.
-Muchacho…-susurró.
-No…no entre…- gimió éste.
Alice sonrió..tenia una voz de ángel; seguro que era prácticamente un niño y todavía no habia hecho el cambio de voz.
-Tranquilo; acabo de tener un hijo y no hay cosa que me asuste.
Entró decidida y se llevó la mano a la boca asombrada.
- ¿Qué has hecho con tu cabello?.- le espetó acercándose a la débil figura que se hallaba desnuda, en la tina bañándose.
Bella la miró horrorizada. Su identidad ya habia sido descubierta.
-Los señores me confundieron con un chico y mi tia…
-Ay Dios…Bella…- fue hacia ella y le tendió una toalla para sacarla de la bañera.- Da gracias que he sido yo la que ha entrado; Dios ha querido que sea asi…
-¿Cómo es que me conoce?.- Preguntó Bella mientras Alice, la secaba enérgicamente por todo el cuerpo.
-Tu tia me enseñó unas fotos de ti y de tu madre. Esos ojos son imposibles de olvidar, y tu piel…tan blanca como el mármol..- Alice volvió a suspirar.- Tu tia…
Bella rompió a llorar.
Era tal la represión interna ante la muerte de su tia Angela; que al encontrar un hombro en el que apoyarse; se derrumbó.
Envuelta en la toalla, con los pies descalzos y le pelo chorreando gimió con un dolor acuciante la muerte de su tia…
Las lágrimas se fundían en las gotas mojadas de su cuerpo y Alice Brandon la acompañó silenciosamente.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Edward Cullen enseñó la placa al hombre que entreabrió la puerta enfurruñado.
-O me deja entrar o tiro la puerta abajo. – le espetó apretando la mandíbula. Estaba furioso.
El hombre lo miró con reproche y lo dejó entrar.
-Dígale a su señora que mande a mi hermano ahora mismo hacia abajo; quiero hablar con él.
-Su hermano….
Edward lo miró con odio y le gritó furioso.
-¡Emmet!¡Sal maldito hijo de puta!.- sus dientes se apretaban los unos a los otros y casi rechinaban.
Una puerta se oyó y con ella unos pasos.
Emmet Cullen bajaba apremiante, vistiéndose conforme iba bajando. Miró a su hermano con desaprobación y lo miró con recelo.
-¿Qué ocurre, Edward? ¿Y como sabias donde…?
Edward lo miró con socarronería y enseñó la placa como si fuese una varita mágica .
-Soy policía Emmet. Tengo mis contactos…Y no niego que me repugna saber que te tiras aquí la mayor parte de tu tiempo…hermano ¿Qué coño te ha hecho esa mujer? ¿Brujeria?
Emmet chasqueó la lengua.
-No lo entiendes. Estoy enamorado.
Edward torció el gesto.
-¡No digas tonterías!
-Se cree el ladron que todos son de su misma condición.- le inquirió Emmet muy molesto.
-¿Esa Rosalie, te ha hecho perder el juicio?.- siguió preguntando con sorna.
-¿En calidad de que vienes a molestarme? ¿En calidad de policía o de hermano?
Edward cambió las facciones de su rostro en algo impenetrable y habló de prisa; muy seguro de si mismo.
-Dame el paradero de Jake.
-No lo sé.
-Pues deberías saberlo.
-¿Por qué?
-Una de las criadas se ha tirado por la ventana de mi habitación. Por lo visto en su carta de fin de fiesta culpaba a uno de nosotros de haberla violado. En su vientre habia un niño. Y no era la primera vez que habia pasado esto. Estoy tratando que esto pase como un accidente; pero no sé si voy a poder…
Emmet se llevó la mano al cabello espeso y rizado.
-¿Y crees que, Jake…?
-No lo sé. Sea quien sea, el honor de la familia no va a resultar dañado. Esto es demasiado para nosotros. Mamá no lo aguantaría.
-Pobre Angela.
-Sí, claro.- Edward bufó.- Una mujer bonita nunca debia de trabajar en casa de ningunos señoritos.
-¿Qué mierdas estas diciendo Edward?
-Pues eso. Los hombres somos como somos y las mujeres de buen ver obnubilan el pensamiento…
-Lo dice el numero uno en rendirse a los encantos femeninos…
Edward carraspeó y silbó molesto.
-Mi necesidad o no de mujeres es cosa mia.
-Ósea que tú no tocaste a Angela.
-No …sabes que soy completamente célibe.- Edward, abrió un poco las piernas y se revolvió el cabello algo nervioso.
-Pues yo tampoco.- declaró Emmet.
-Debo encontrar a Jake…
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
-Siento que te veas metida en todo este embrollo, Alice.- Bella se limpiaba con el bonito pijama de señorito que olia a galletas maria, los mocos mientras lloraba sin pausa.- Pero no quiero que sepan quien soy…quiero saber…quiero…- de nuevo su llanto reventó la paz de la tranquila habitación.
-Tranquila,pequeña. Tu secreto esta a salvo conmigo.- la acunaba entre sus brazos. Bella también era menuda, pero no tanto como Alice.- Debemos ser cautas. Le diré a la señora que te emplee en la casa. Así intentaremos investigar quien de los hombres Cullen seducía a tu tia y la preñaba…¡Dios mio, que atrocidad!....pobre Angela…y nunca decirme abiertamente que ocurría…se me ponen los vellos de punta.
Unos golpecitos en la puerta hicieron que ambas se separan.
La señora entró como un ángel salvador. Con un fino pijama de seda rosa y pelo recogido en una suelta coleta.
-Hola.- saludó mirando a Bella.- ¿Cómo te encuentras muchacho?,- Se acercó a él y miró a Alice, quien le sonrió asintiendo la cabeza.- ¿Cómo te llamas?
-B…Be….Beau, señora me llamo Beau Dwyer.- dijo ella, levantándose , con algo de brusquedad de la cama.
Alice comenzó con el plan.
-Señora, Beau me ha dicho que está muy agradecido. Y en gratitud le gustaría trabajar en esta casa. No hace falta que le pague un sueldo, él con techo y algo que llevarse a la boca se siente plenamente recompensado. ¿Qué opina, lo empleará?
Esme miró al joven algo escuálido y frunció con preocupación sus cejas.
-¿Y en que voy a ocuparlo? Se ve tan débil…para ser muchaho…- miró a Alice.- Lo pensaré y hablaré con mi hijo Edward y mi marido. Me marcho.- se acercó a Bella y le rozó la mejilla con sus labios.- Buenas noches Beau, decansa.
Se marchó y Bella miró a Alice con gratitud.
-Salga lo que salga de todo esto. Nunca me olvidaré de ti Alice Brandon.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Edward Cullen habia rastreado media capital para dar con el paradero de su hermano Jake, sin tener el minimo acierto en sus pesquisas.
Al llegar a su casa se deshizo de su chaqueta, y se sentó en el sofá ,preocupado.
Levantó la vista; al sentir una presencia cerca de él. Era su madre.
-Mama…- susurró.- mientras ella le acariciaba aquel pelo despeinado,fiel herencia de su hermano Edward.
-¿Cansado hijo?
-Agobiado mamá. He intentando encontrar a Jake todo el dia y ni modo…¿tu sabes algo de él?.
Esme se sentó al lado de su hijo y suspiró.
-No te preocupes…en unos días estará aquí, está haciendo una ponencia…papá lo sabe.
-¿Papá?.- preguntó Edward extrañado.
-Si…Edward vives completamente abnegado a tu trabajo, hijo…no sabes como van las cosas en casa…
Edward bufó y se tiró de los pelos; algo desesperado.
-Edward.- la voz de su madre era un bálsamo de tranquilidad para su persona.- Habia pensado ocupar a ese chico en algo…
-¿Al ladron?.- giró su rostro y miró a su madre con una ceja alzada.
-Edward. No es un ladron. Tenias que verlo. Subí arriba para darle las buenas noches. Es un chiquillo….Edward..
-Está bien..pero no quiero perderlo de vista…no me fio de él…hay algo que no…me cuadra… Que se encargue de mis cosas, de mi habitación, de asistirme…
-¿A ti?
-Si.
Esme miró preocupada a su hijo.
Si bien habia querido quitarse los malos pensamientos de su mente, que la corroían desde hacia unos años.
Edward no habia tenido novia nunca, ni mujer con la que se le viese en público.
Lo poco que ella sabia sobre él, era que su celibato era algo perturbador.
Su hijo era hermoso hasta doler y eso le daba a pensar que podia que no le gustara el sexo femenino…¿Y si Edward, fuese homosexual?
Esa pregunta se meció en su cabeza miles de veces y siempre obtuvo una negativa por respuesta. Nunca lo vió mirar a una jovencita con desaliento ni deseo.
Y ahora el chico…quería al chico cerca de él…
Dios mio y si Edward fuese….
lunes, 7 de febrero de 2011
Amarte
AMARTE
CAPITULO TERCERO
Le dolían todos los huesos del cuerpo; pero mucho más le dolia el alma.
Bella bajaba del autobús de línea y se apeaba entre un revuelo de personas que iban de una lado hacia otro sin deparar las unas en las otras.
Allí era incluso más invisible que en el pueblo.
A lo lejos se podia vislumbrar un gran puente, dedució rápidamente que el lugar donde tenia que presentarse no andaría muy lejos de allí.
Sacó el papel del bolsillo de su chaqueta y volvió a leer “ Bridgestreet número 3 “.
Volvió a meter la nota en el bosillo y suspiró. Caminó entre las personas que se agolpaban en los diferentes puestos de verduras y hortalizas que había; sorteando, con atino, los utensilios que se hallaban en el suelo.
Algún que otro vendedor se quejó; pero ella siguió su camino, bajando la cabeza.
Edward Cullen se hallaba supervisando el mercado.
Era sábado y aquel era un dia de gran afluencia de público.
Ya se habían dado varios casos de robo. Tanto a los comerciantes como a los que se paseaban por la plaza buscando algo que le resultara convincente adquirir.
Su gran altura, era una bendición para aquel oficio suyo.
Tanto su padre como su madre habían batallado con él, para que se olvidase de poner en peligro su vida cada dos por tres. Pero él era altruista.
Y no, porque el sueldo fuera ejemplar, ni muchísimo menos; si no por que le agradaba ayudar a la gente.
Su porte gallardo y aquel cabello difícil de manejar, le daban un aire singular y único.
Miraba hacia todos los lados, escondiendo sus enigmáticos ojos verdes en unas gafas oscuras de sol.
El uniforme le sentaba a la perfección y la placa limpia y pulida que pendía en lado derecho de su pecho, le hacia sentirse toda una autoridad.
Se paseaba con las manos cruzadas en la espalda, observando a los posibles cacos y saludando a todo aquel que asentía con la cabeza.
Las muchachas lo miraban con adoración, y cuando apartaban la vista, se miraban las unas a las otras cuchicheando algo y soltando vergonzosas risitas.
Algo llamó poderosamente su atención y caminó más a prisa.
Parecia una sombra; caminaba hacia el puente con decisión, sorteando la muchedumbre magistralmente.
Frunció los labios y caminó mas aprisa. No debia de perder de vista a la sombra y cuanto mas cerca estuviese de ella , muchísimo mejor.
Bella Swan se sentía algo mareada. No habia comido nada desde que habia bajado del autobús, y su estomago clamaba a voces alimentarlo.
Se apoyó en un banco que habia muy cerca del puente y miró hacia arriba. Buscaba la placa de la calle. ¡Bingo! La calle era aquella y no debia de andar mucho más trayecto ya que el numero era bajo.
Cogió el bolso con algo de torpeza y se lo puso al hombro. Sudaba, el abrigo le estorbaba ; pero no podia quitárselo, el tiempo apremiaba y deseaba con todas sus fuerzas abrazar a su tia Angela.
Con la nota en la mano y mirando la numeración de las casas, se quedó ensimismada.
Eran hogares ostentosos, increíblemente ostentosos.
Llegó a una verja de donde pendía una chapa en color negro. Rotulado en letras color mas claro se leía: “Familia Cullen”.
Bien…ya habia llegado, una sonrisa de anticipación se dibujó en su rostro.
Antes de poder tirar de la campanilla, notó una presencia en sus espaldas y se giró.
Levantó el rostro muerta de miedo y sus ojos vieron a un hombre con los brazos cruzados sobre su pecho y unas gafas de sol que brillaban con la luz del dia.
-¿Quién eres tú?.- preguntó él, casi sin mover la madibula.
-Yo….
Edward dio un par de pasos hacia el misterioso visitante que se habia apostado en la entrada de su casa. Bajó su rostro actractivo; ajustando sus gafas y escrutándola con la mirada.
-No intentes robar….¿ves esto?.- dijo él señalando la placa brillante en su pecho atlético.- Soy policía, y esta.- dijo apuntando ese mismo dedo hacia la verja de aquella mansión.- Es mi casa, ósea que ni se te ocurra si quiera tener un mal pensamiento de esa índole.
Bella negó con la cabeza y abrió los ojos aterrada.
De repente una voz salió de dentro de la casa.
-¡Edward! Dios mio….menos mal que eres tú el que estas aquí.- Esme corría hacia la verja para abrirla y miró a su hijo desconsolada.-Ha pasado algo terrible….-Los ojos de la señora viajaron hacia el chiquillo andrajoso que estaba al lado de su querido hijo Edward.- ¿Quién es….?
La camilla con el cuerpo aún caliente de Ängela pasó. Una sábana blanca tapaba sus dulces rasgos y su cuerpo de muñeca.
Edward miró a su madre alarmado y se quitó las gafas en un acto reflejo.
-¿Qué…?
Esme cogió las manos de su hijo y lo miró apenada.
-Es Angela…se ha suicidado….
Los ojos de Edward Cullen se abrieron extrañados.
-¿Suicidado?
-Si hijo, se ha tirado desde tu habitación…no entiendo…¿ tu me puedes explicar? Hoy debia llegar su sobrina, para emplearse en el puesto de Alice Brandon…¿Qué le voy a decir a esa muchacha cuando llegue y se encuentre tal desdicha?
Pero no lo que nadie sabia , es que la sobrina de Angela estaba allí, justo a su lado, oyéndolo todo.
Bella se quedó paralizada victima del horror. La narración de la señora Cullen la habia dejado en un estado de shock…
Se agarró fuertemente a uno de los barrotes de la verja y creyó desmayarse.
Esme vió como aquella figura oscura, se asía fuertemente a la puerta de la entrada.
Corrió hacia ella y sujetó su cuerpo antes de que cayera al suelo. Miró a su hijo interrogante.
-Lo seguí hasta aquí, no me gustó la pinta que lleva. Seguro que se ha desmayado por inhanicion , se ve a leguas que tiene falta de comer y de asearse….
-Lo voy a llevar dentro….es precioso, y tan joven….no es justo que esté en la calle en estas condiciones…- Esme acariciaba el rostro del dulce jovencito.
El gorro oscuro y la gruesa chaqueta que llevaba Bella no habia dejado opción a pensar que podia ser una chiquilla.
-Mamá si recogieras a todo el mundo que malvive en la calle, tendríamos la casa llena; y mira que es grande….
-Calla Edward, soy tu madre y sé lo que debo de hacer, ayúdame a recogerlo. Lo llevaremos adentro y le daremos un buen plato de comida.
Edward Cullen cogió al muchacho como si fuera un muñeco y lo llevó hacia dentro de la casa.
Las criadas aún iban de un lado a otro,consternadas por la pérdida de Angela,
Cuchicheaban entre ellas el porqué del suicidio de la joven.
Bella comenzó a volver en si, en los brazos de Edward Cullen, miró su rostro impasible que se mantenía rigido y cerró los ojos fuertemente.
Sintió cuando la posición de su cuerpo cambiaba. La habían dejado en un colchón, blando y acogedor, suspiró agradecida y se durmió creyendo estar en su casa; allá en Forks.
Esme , no habia dejado de mirar al muchacho con cara de compasión. Su hijo se habia dado cuenta y chasqueaba la lengua indignado.
-Mira que si te roba, mama.
-Si me roba; tengo a uno de los agentes de policía mas eficientes de toda la capital, ósea que…no me transtorna mucho la idea…dejaremos que descanse, esta exhausto, pobrecito.
-Debo de marcharme, mamá, todavía no he acabado el turno. Nos vemos en un rato. No le quites el ojo de encima al mocoso ese…eh…también me pasaré por la comisaria; quiero saber si se abre una acta sobre el caso de Angela.
-Pero si ha sido un suicidio…
-No se sabe a ciencia cierta mamá….¿Dejó algo? ¿Alguna carta de despedida? Es común que los suicidas lo hagan.
Esme se metió la mano en el bosillo de su pantalón de seda y apretujó la carta escrita por Ángela con determinación.
-Si la hay; pero se la he de dar a los familiares de la chica, Edward, nosotros no tenemos derecho a…
-Dámela, mamá ; es una prueba, quiero verla.
Esme sacó el sobre arrugado y se lo cedió a su hijo con manos temblorosas.
Edward rasgó el sobre y desdobló la hoja, pulcramente doblada y se la volvió a ceder a su madre, para que la leyera…
“Isabella…perdóname…
Perdoname Reneé; hermana mia, pero no puedo seguir con esto…no puedo vivir con esta carga.
Me voy de este mundo; no resisto mas.
Mi vientre está lleno de vida de nuevo, y no soporto otro vaciado más.
La última vez fue hace dos meses escasos …me atrapó en su habitación y no pude escapar de su ardor.
Vete de aquí, Isabella; no te quedes. Eres demasiado bonita para tu salud. Cullen te hará tan desgraciada que desearas no vivir más.
Es inútil hacer nada en contra de ellos; tienen poder y nunca hubiese salido bien parada.
Podria haber vuelto al pueblo…después de haberme practicado otro vaciado y vivir tranquila junto a Reneé y Charles; pero mi vida hubiese sido fría y desdichada; nadie querria una mujer estigmatizada. En eso no se puede mentir…y mi vida hubiese sido fría y sin amor…..prefiero dejar de sufrir. Que las alas de un buen angel me guien hasta el cielo…
Adios Isabella..mi muy amada y querida Bella.”
Esme habia leído en un emocionado tono; toda la carta de despedida de Angela.
Miró a su hijo con ojos de reproche y sus ojos se volvieron frios.
-¿Qué significa esto, Edward?
Él con el rostro ligeramente pálido, miró a su madre frunciendo el ceño.
-¿Supones que soy yo…el que?
-Es un Cullen; tú eres un Cullen y ella se tiró desde tu habitación Edward…¿Qué quieres que piense?
-Dame la carta mamá.- la voz de su hijo era tremendamente fría, autoritaria.
-¿Qué vas a hacer con la carta?
-La voy a guardar. Esto no tiene por que saberse. No es la primera vez que un señorito deja embarazada a una criada …lo que ha pasado después solamente es culpa de ella y de su manera de ver la vida.
-¡Edward! ¡Yo no te he criado con esa manera de pensar!.- espetó su madre con los ojos abnegados en lágrimas.
-Dame la carta mamá…¿O quieres que los tres seamos juzgados y estemos en boca de todos? ¡EL aborto es ilegal, mamá!
Esme le dio la carta a su hijo bajando la cabeza rendida. Su famila era lo más importante….¿pero aquella pobre chica…?
Una sombra habia visto y oído todo lo que habia acontecido en aquellos momentos.
Bella Swan con la puerta de la habitación donde descansaba levemente abierta, habia podido escuchar todo lo que su tia le habia querido contar.
Sabia que aquella carta nunca llegaría a sus manos..pero por azar o por una fuerza del destino, habia podido oir todo de la boca de la señora deliciosa que le habia albergado en su casa, sin saber quien era…
… creían que era un chico….
Apretó fuertemente el gorro de lana a su cabeza y cerró los ojos fuertemente. Unas gruesas lágrimas de dolor invadieron sus mejillas y el sollozo se agolpó en su garganta.
Se mordió el labio hasta que hizo sangre en él y volvió mirar hacia las dos personas que discutían en el pasillo.
-Tia…- susurró…- Averiguaré quien te hizo tan desdichada….quien te llevó a los brazos de la muerte…- Cerró con cautela la puerta y miró como una loca la habitación.
Habia una puerta en una pared. Si tenia suerte podia ser un servicio.
Efectivamente, suspiró al ver una un aseo, una ducha y un wáter. Un armarito pequeño resposaba debajo del lavamanos.
Abrió éste con desesperación y buscó una navaja o unas tijeras, algo que fuera cortante.
Sonrió al encontrar una navaja de barbero.
Sacó el gorro que le ocultaba el cabello.
Con la vista nublada por la lagrimas comenzó a cortar mechon por mechon su hermosísimo cabello color caoba.
Cuando hubo acabado la faena. Guardó todos los cabellos cortados en una bolsa y la pegó sus pantalones.
Se volvió hacia el espejo y no se reconoció a si misma.
Parecia un chico…un chico sucio y andrajoso.
No le importó.
Se recostó de nuevo en la cama y se hizo la dormida.
CAPITULO TERCERO
Le dolían todos los huesos del cuerpo; pero mucho más le dolia el alma.
Bella bajaba del autobús de línea y se apeaba entre un revuelo de personas que iban de una lado hacia otro sin deparar las unas en las otras.
Allí era incluso más invisible que en el pueblo.
A lo lejos se podia vislumbrar un gran puente, dedució rápidamente que el lugar donde tenia que presentarse no andaría muy lejos de allí.
Sacó el papel del bolsillo de su chaqueta y volvió a leer “ Bridgestreet número 3 “.
Volvió a meter la nota en el bosillo y suspiró. Caminó entre las personas que se agolpaban en los diferentes puestos de verduras y hortalizas que había; sorteando, con atino, los utensilios que se hallaban en el suelo.
Algún que otro vendedor se quejó; pero ella siguió su camino, bajando la cabeza.
Edward Cullen se hallaba supervisando el mercado.
Era sábado y aquel era un dia de gran afluencia de público.
Ya se habían dado varios casos de robo. Tanto a los comerciantes como a los que se paseaban por la plaza buscando algo que le resultara convincente adquirir.
Su gran altura, era una bendición para aquel oficio suyo.
Tanto su padre como su madre habían batallado con él, para que se olvidase de poner en peligro su vida cada dos por tres. Pero él era altruista.
Y no, porque el sueldo fuera ejemplar, ni muchísimo menos; si no por que le agradaba ayudar a la gente.
Su porte gallardo y aquel cabello difícil de manejar, le daban un aire singular y único.
Miraba hacia todos los lados, escondiendo sus enigmáticos ojos verdes en unas gafas oscuras de sol.
El uniforme le sentaba a la perfección y la placa limpia y pulida que pendía en lado derecho de su pecho, le hacia sentirse toda una autoridad.
Se paseaba con las manos cruzadas en la espalda, observando a los posibles cacos y saludando a todo aquel que asentía con la cabeza.
Las muchachas lo miraban con adoración, y cuando apartaban la vista, se miraban las unas a las otras cuchicheando algo y soltando vergonzosas risitas.
Algo llamó poderosamente su atención y caminó más a prisa.
Parecia una sombra; caminaba hacia el puente con decisión, sorteando la muchedumbre magistralmente.
Frunció los labios y caminó mas aprisa. No debia de perder de vista a la sombra y cuanto mas cerca estuviese de ella , muchísimo mejor.
Bella Swan se sentía algo mareada. No habia comido nada desde que habia bajado del autobús, y su estomago clamaba a voces alimentarlo.
Se apoyó en un banco que habia muy cerca del puente y miró hacia arriba. Buscaba la placa de la calle. ¡Bingo! La calle era aquella y no debia de andar mucho más trayecto ya que el numero era bajo.
Cogió el bolso con algo de torpeza y se lo puso al hombro. Sudaba, el abrigo le estorbaba ; pero no podia quitárselo, el tiempo apremiaba y deseaba con todas sus fuerzas abrazar a su tia Angela.
Con la nota en la mano y mirando la numeración de las casas, se quedó ensimismada.
Eran hogares ostentosos, increíblemente ostentosos.
Llegó a una verja de donde pendía una chapa en color negro. Rotulado en letras color mas claro se leía: “Familia Cullen”.
Bien…ya habia llegado, una sonrisa de anticipación se dibujó en su rostro.
Antes de poder tirar de la campanilla, notó una presencia en sus espaldas y se giró.
Levantó el rostro muerta de miedo y sus ojos vieron a un hombre con los brazos cruzados sobre su pecho y unas gafas de sol que brillaban con la luz del dia.
-¿Quién eres tú?.- preguntó él, casi sin mover la madibula.
-Yo….
Edward dio un par de pasos hacia el misterioso visitante que se habia apostado en la entrada de su casa. Bajó su rostro actractivo; ajustando sus gafas y escrutándola con la mirada.
-No intentes robar….¿ves esto?.- dijo él señalando la placa brillante en su pecho atlético.- Soy policía, y esta.- dijo apuntando ese mismo dedo hacia la verja de aquella mansión.- Es mi casa, ósea que ni se te ocurra si quiera tener un mal pensamiento de esa índole.
Bella negó con la cabeza y abrió los ojos aterrada.
De repente una voz salió de dentro de la casa.
-¡Edward! Dios mio….menos mal que eres tú el que estas aquí.- Esme corría hacia la verja para abrirla y miró a su hijo desconsolada.-Ha pasado algo terrible….-Los ojos de la señora viajaron hacia el chiquillo andrajoso que estaba al lado de su querido hijo Edward.- ¿Quién es….?
La camilla con el cuerpo aún caliente de Ängela pasó. Una sábana blanca tapaba sus dulces rasgos y su cuerpo de muñeca.
Edward miró a su madre alarmado y se quitó las gafas en un acto reflejo.
-¿Qué…?
Esme cogió las manos de su hijo y lo miró apenada.
-Es Angela…se ha suicidado….
Los ojos de Edward Cullen se abrieron extrañados.
-¿Suicidado?
-Si hijo, se ha tirado desde tu habitación…no entiendo…¿ tu me puedes explicar? Hoy debia llegar su sobrina, para emplearse en el puesto de Alice Brandon…¿Qué le voy a decir a esa muchacha cuando llegue y se encuentre tal desdicha?
Pero no lo que nadie sabia , es que la sobrina de Angela estaba allí, justo a su lado, oyéndolo todo.
Bella se quedó paralizada victima del horror. La narración de la señora Cullen la habia dejado en un estado de shock…
Se agarró fuertemente a uno de los barrotes de la verja y creyó desmayarse.
Esme vió como aquella figura oscura, se asía fuertemente a la puerta de la entrada.
Corrió hacia ella y sujetó su cuerpo antes de que cayera al suelo. Miró a su hijo interrogante.
-Lo seguí hasta aquí, no me gustó la pinta que lleva. Seguro que se ha desmayado por inhanicion , se ve a leguas que tiene falta de comer y de asearse….
-Lo voy a llevar dentro….es precioso, y tan joven….no es justo que esté en la calle en estas condiciones…- Esme acariciaba el rostro del dulce jovencito.
El gorro oscuro y la gruesa chaqueta que llevaba Bella no habia dejado opción a pensar que podia ser una chiquilla.
-Mamá si recogieras a todo el mundo que malvive en la calle, tendríamos la casa llena; y mira que es grande….
-Calla Edward, soy tu madre y sé lo que debo de hacer, ayúdame a recogerlo. Lo llevaremos adentro y le daremos un buen plato de comida.
Edward Cullen cogió al muchacho como si fuera un muñeco y lo llevó hacia dentro de la casa.
Las criadas aún iban de un lado a otro,consternadas por la pérdida de Angela,
Cuchicheaban entre ellas el porqué del suicidio de la joven.
Bella comenzó a volver en si, en los brazos de Edward Cullen, miró su rostro impasible que se mantenía rigido y cerró los ojos fuertemente.
Sintió cuando la posición de su cuerpo cambiaba. La habían dejado en un colchón, blando y acogedor, suspiró agradecida y se durmió creyendo estar en su casa; allá en Forks.
Esme , no habia dejado de mirar al muchacho con cara de compasión. Su hijo se habia dado cuenta y chasqueaba la lengua indignado.
-Mira que si te roba, mama.
-Si me roba; tengo a uno de los agentes de policía mas eficientes de toda la capital, ósea que…no me transtorna mucho la idea…dejaremos que descanse, esta exhausto, pobrecito.
-Debo de marcharme, mamá, todavía no he acabado el turno. Nos vemos en un rato. No le quites el ojo de encima al mocoso ese…eh…también me pasaré por la comisaria; quiero saber si se abre una acta sobre el caso de Angela.
-Pero si ha sido un suicidio…
-No se sabe a ciencia cierta mamá….¿Dejó algo? ¿Alguna carta de despedida? Es común que los suicidas lo hagan.
Esme se metió la mano en el bosillo de su pantalón de seda y apretujó la carta escrita por Ángela con determinación.
-Si la hay; pero se la he de dar a los familiares de la chica, Edward, nosotros no tenemos derecho a…
-Dámela, mamá ; es una prueba, quiero verla.
Esme sacó el sobre arrugado y se lo cedió a su hijo con manos temblorosas.
Edward rasgó el sobre y desdobló la hoja, pulcramente doblada y se la volvió a ceder a su madre, para que la leyera…
“Isabella…perdóname…
Perdoname Reneé; hermana mia, pero no puedo seguir con esto…no puedo vivir con esta carga.
Me voy de este mundo; no resisto mas.
Mi vientre está lleno de vida de nuevo, y no soporto otro vaciado más.
La última vez fue hace dos meses escasos …me atrapó en su habitación y no pude escapar de su ardor.
Vete de aquí, Isabella; no te quedes. Eres demasiado bonita para tu salud. Cullen te hará tan desgraciada que desearas no vivir más.
Es inútil hacer nada en contra de ellos; tienen poder y nunca hubiese salido bien parada.
Podria haber vuelto al pueblo…después de haberme practicado otro vaciado y vivir tranquila junto a Reneé y Charles; pero mi vida hubiese sido fría y desdichada; nadie querria una mujer estigmatizada. En eso no se puede mentir…y mi vida hubiese sido fría y sin amor…..prefiero dejar de sufrir. Que las alas de un buen angel me guien hasta el cielo…
Adios Isabella..mi muy amada y querida Bella.”
Esme habia leído en un emocionado tono; toda la carta de despedida de Angela.
Miró a su hijo con ojos de reproche y sus ojos se volvieron frios.
-¿Qué significa esto, Edward?
Él con el rostro ligeramente pálido, miró a su madre frunciendo el ceño.
-¿Supones que soy yo…el que?
-Es un Cullen; tú eres un Cullen y ella se tiró desde tu habitación Edward…¿Qué quieres que piense?
-Dame la carta mamá.- la voz de su hijo era tremendamente fría, autoritaria.
-¿Qué vas a hacer con la carta?
-La voy a guardar. Esto no tiene por que saberse. No es la primera vez que un señorito deja embarazada a una criada …lo que ha pasado después solamente es culpa de ella y de su manera de ver la vida.
-¡Edward! ¡Yo no te he criado con esa manera de pensar!.- espetó su madre con los ojos abnegados en lágrimas.
-Dame la carta mamá…¿O quieres que los tres seamos juzgados y estemos en boca de todos? ¡EL aborto es ilegal, mamá!
Esme le dio la carta a su hijo bajando la cabeza rendida. Su famila era lo más importante….¿pero aquella pobre chica…?
Una sombra habia visto y oído todo lo que habia acontecido en aquellos momentos.
Bella Swan con la puerta de la habitación donde descansaba levemente abierta, habia podido escuchar todo lo que su tia le habia querido contar.
Sabia que aquella carta nunca llegaría a sus manos..pero por azar o por una fuerza del destino, habia podido oir todo de la boca de la señora deliciosa que le habia albergado en su casa, sin saber quien era…
… creían que era un chico….
Apretó fuertemente el gorro de lana a su cabeza y cerró los ojos fuertemente. Unas gruesas lágrimas de dolor invadieron sus mejillas y el sollozo se agolpó en su garganta.
Se mordió el labio hasta que hizo sangre en él y volvió mirar hacia las dos personas que discutían en el pasillo.
-Tia…- susurró…- Averiguaré quien te hizo tan desdichada….quien te llevó a los brazos de la muerte…- Cerró con cautela la puerta y miró como una loca la habitación.
Habia una puerta en una pared. Si tenia suerte podia ser un servicio.
Efectivamente, suspiró al ver una un aseo, una ducha y un wáter. Un armarito pequeño resposaba debajo del lavamanos.
Abrió éste con desesperación y buscó una navaja o unas tijeras, algo que fuera cortante.
Sonrió al encontrar una navaja de barbero.
Sacó el gorro que le ocultaba el cabello.
Con la vista nublada por la lagrimas comenzó a cortar mechon por mechon su hermosísimo cabello color caoba.
Cuando hubo acabado la faena. Guardó todos los cabellos cortados en una bolsa y la pegó sus pantalones.
Se volvió hacia el espejo y no se reconoció a si misma.
Parecia un chico…un chico sucio y andrajoso.
No le importó.
Se recostó de nuevo en la cama y se hizo la dormida.
miércoles, 26 de enero de 2011
Amarte
CAPITULO DOS
La oscuridad de la noche; la envolvía, entre los grandes árboles que crecían angostos y enigmáticos en el camino del bosque.
El coche de línea, habia hecho parada, en aquel lugar, por deseo expreso de Reneé. Isabella, marcharia aquella misma noche, cobijada en un manto de oscuridad, para no ser vista por nadie.
Su madre, llevaba una pequeña maleta de cartón y con la otra mano libre, acariciaba el hombro de su hija, a la que guarecía del frio, sosteniendo su cabeza en el cuello arrugado de la mujer.
El coche de línea hizo luces y el conductor bajó de él.
-Creia que no iban a aparecer.- el hombre subió la manga de su escueta chaqueta de invierno y miró el reloj de muñeca.- Vamos con retraso. Sube, muchacha.- dijo mirando a Bella, quien no se habia despegado de su madre ni un momento.
Reneé desasió a su hija de sus brazos y la empujó levemente, ofreciéndole la maleta al conductor, para que la pusiera en el amplio maletero.
Bella tenia los ojos colorados de tanto llorar y sus finas manos, temblaban armoniosas, con el miedo anticipado de lo que iba a suceder.
-Mamá…yo no quiero marcharme…no quiero.-sollozaba, con los ojos abnegados en lágrimas.
Su madre la miró decisión y sonrió a modo, de darle algo de seguridad.
-Algún dia me agradeceras, lo que estoy haciendo por ti, ahora. Vas en busca de un futuro mejor, hija mia, este pueblo no es para ti. No lo fue nunca.- Reneé, miró de nuevo al hombre, que movia un pie, nervioso y le dio un leve beso a la muchacha en las mejillas.- Busca tu felicidad Bella, sé una mujer independiente….hazlo por mi…da recuerdos a mi hermana…di que la amo, os amo a las dos. Adios pequeña.
Reneé, se llevó las manos a la cara y se marchó corriendo del aquel tenebroso paraje.
Bella paralizaba, veía como su madre corria sin mirar atrás y suspiró entrecortadamente, mientras subia los peldaños del coche de línea sin mirar hacia el conductor.
Caminó por el vasto autobús y escogió un asiento que habia libre pegado a la ventanilla.
Se acomodó lo mejor que pudo y rompió de nuevo a llorar.
Al dia siguiente, estaría en la capital, apretó fuertemente el bolsillo de su roída chaqueta, en él, habia una nota con la dirección de la casa donde tenia que personarse.
Desconsolada, se limpió los mocos que fluían por la nariz de tanto llorar y se acurrucó en forma de ovillo, en el destartalado asiento del autobús.
-Yo no seré feliz…si no es a tu lado..mamá…susurró, mirando el bosque, y cerrando fuertemente los ojos.
Mansion de los Cullen
-Señora, yo no puedo hacerlo todo..tiene que entender que necesito lo antes posible alguien que me ayude.- la muchacha, agachaba la cabeza y retorcía sus manos con ansiedad.
Esme Cullen, la calibró con la mirada y sonrió.
-Tranquila, Lauren, mañana llegan refuerzos. Una familiar de Angela te ayudará en las tareas domesticas de la mansión, a propósito…¿Dónde está ella?
La muchacha, abrió mucho los ojos y carraspeó.
-La ultima vez que ví a Angela, estaba ordenando la habitación del señorito.
Esme, frunció el ceño.
-¿Cuál de ellos?
-Del señorito Edward.- dijo ella en un susurro casi inaudible.
-Bien, voy a buscarla.
Esme Cullen era una mujer que rondaba la cincuentena, pero su belleza,habia sido implacable con el tiempo y le habia hecho un pulso brutal.
Era extremadamente bella.
Los embarazos de sus hijos, no habían hecho en ella ni un ápice de deformidad y conservaba una silueta, que podia ser la envidia, de jovencitas de veinte años.
Su andar elegante, aquel cabello color caramelo y aquellos ojos pardos, debajo de unas pestañas espesas y cejas bien delineadas, eran la locura de su esposo Carlisle Cullen,dueño de los mayores aserraderos de la capital, en aquellos momentos.
Su vida habia sido plácida y sin inconvenientes.
El matrimonio, habia hecho de ella una mujer elegante y sofisticada; pero Esme no olvidaba su cuna y por ello, nunca trataba al servicio, por debajo de ella.
Esme venia de una familia de trabajadores de la mina de carbón y ella habia marchado a la capital a asistir a una buena anciana, que estaba sola.
Allí es donde conoció a Carlisle y donde él, se enamoró perdidamente de ella.
Esme siempre habia sabido donde estaba su sitio y no se hizo ningún tipo de ilusiones con aquel caballero que la cortejaba y la colmaba de regalos.
La familia de Carlisle era reputada en la sociedad, y al principio no vieron con buenos ojos aquel noviazgo.
Pero el tiempo y el amor que se procesaban, hizo que aquello no tuviese ningún tipo de valor, cara a las personas que realmente los amaban.
Se casaron y a los diez escasos meses, nació su primer hijo: Jacob, fiel copia de la familia de ella, robusto, alto como roble y de ojos oscuros…a veces cuando Esme miraba a su primogenito, creía ver a su difunto padre, todo fortaleza y seguridad.
Despues de dos años, llegó Emmet, otro varón, Emmet era un compendio de los dos, el muy truhan habia sacado los mejores rasgos de las dos familias y era un hombre descomunal, robusto e inquieto. Era como un niño y eso a Esme le encantaba, era el mas cariñoso y amante hijo.
Poco tiempo después llegó el benjamín: Edward.
Esme habia esperado con todo su corazón , ver una niña cuando le entregaron a Edward en los brazos; pero una sensación vibrante y emocional, la sacudió cuando vió la cara perfecta de aquel niñito.
Esme habia crecido en la soledad de no tener el cariño de su único hermano; también llamado Edward.
Edward, habia salido un dia temprano en compañía de su padre y nunca más volvió…con vida.
Habia llovido mucho la noche anterior, y el rio surgió con todo su poder, en el paraje donde el padre de ella tenia unas fincas, donde recolectaban árboles frutales.
A Edward se lo llevó el rio, ahogándolo, lo encontraron, dos días mas tarde, cuando la crecida del rio, se amansó.
La amaba tanto..la llenaba de mimos y caricias, como si de un padre se tratara, ya que el de ellos, se pasaba gran parte del dia en la mina y los veía cuando soñaban con los angelitos.
Edward murió a la tierna de edad de 12 años, Esme solamente tenia 7 , y nunca, nunca habia podido arrancar a su amado hermano del corazón.
Y cuando nació el pequeño, su reacción al verlo, fue alarmante para los médicos y para la familia de su marido.
Al ver los ojos verdes e hipnotizantes del pequeño Edward, a Esme se le paralizó el corazón, era como estar viendo a su difunto hermano.
Lo apretó tanto contra si , que el niño, lloró ante la presión.
Los médicos, pensaban que se habia vuelto loca o algo parecido.
Esme no quería que se lo arrancaran nuevamente de su lado y tuvieron que limpiar al niño, con las suaves pero fuertes manos de su madre, que por ningún motivo quería desprenderse de aquel bebito, pasase lo que pasase.
Nunca más se quedó embarazada…pero Esme no hechó de menos a ninguna hija en su vida.
Estaba rodeada de hombres que la adoraban y la consentían.
Llegó a la puerta de la habitación de su hijo y dio unos suaves golpes antes de girar el pomo de la puerta.
-Angela.- silbó con una sonrisa en sus labios.- ¿Estas ahí?.- Esme Cullen pasó a la habitación, sin temor alguno y buscó a la muchacha con la mirada…La ventana estaba abierta y unos gritos ensordecedores comenzaron a surgir del patio.
Corrió hacia la ventana y como un autómata, vió un sobre y unos zapatos en el alfeizar de ésta, miró hacia abajo y se llevó la mano a la boca, acompañado con un grito de terror.
El cuerpo de Angela, yacia en el patio,donde una mancha oscura la iba inundando poco poco. Se volvió cerrando fuertemente los ojos e intentando respirar, ya que lo hacia con dificultad.
-Dios mio…- susurró.- cogió el sobre con manos temblorosas y se encaminó hacia el teléfono, para hacer una llamada a su marido.
El hombre, contestó con un deje amoroso y cuando ella le contó lo que habia pasado.
Corrió a llamar al médico, amigo de la familia; Jasper Hale.
Cuando llegaron ambos, la casa era un autentico psiquiátrico, lleno de berridos y llantos.
Jasper Hale no pudo hacer otra cosa, que corroborar la muerte de la joven sirvienta.
Angela se habia tirado de la ventana…y su sobrina llegaría al dia siguiente…
Continuará…
La oscuridad de la noche; la envolvía, entre los grandes árboles que crecían angostos y enigmáticos en el camino del bosque.
El coche de línea, habia hecho parada, en aquel lugar, por deseo expreso de Reneé. Isabella, marcharia aquella misma noche, cobijada en un manto de oscuridad, para no ser vista por nadie.
Su madre, llevaba una pequeña maleta de cartón y con la otra mano libre, acariciaba el hombro de su hija, a la que guarecía del frio, sosteniendo su cabeza en el cuello arrugado de la mujer.
El coche de línea hizo luces y el conductor bajó de él.
-Creia que no iban a aparecer.- el hombre subió la manga de su escueta chaqueta de invierno y miró el reloj de muñeca.- Vamos con retraso. Sube, muchacha.- dijo mirando a Bella, quien no se habia despegado de su madre ni un momento.
Reneé desasió a su hija de sus brazos y la empujó levemente, ofreciéndole la maleta al conductor, para que la pusiera en el amplio maletero.
Bella tenia los ojos colorados de tanto llorar y sus finas manos, temblaban armoniosas, con el miedo anticipado de lo que iba a suceder.
-Mamá…yo no quiero marcharme…no quiero.-sollozaba, con los ojos abnegados en lágrimas.
Su madre la miró decisión y sonrió a modo, de darle algo de seguridad.
-Algún dia me agradeceras, lo que estoy haciendo por ti, ahora. Vas en busca de un futuro mejor, hija mia, este pueblo no es para ti. No lo fue nunca.- Reneé, miró de nuevo al hombre, que movia un pie, nervioso y le dio un leve beso a la muchacha en las mejillas.- Busca tu felicidad Bella, sé una mujer independiente….hazlo por mi…da recuerdos a mi hermana…di que la amo, os amo a las dos. Adios pequeña.
Reneé, se llevó las manos a la cara y se marchó corriendo del aquel tenebroso paraje.
Bella paralizaba, veía como su madre corria sin mirar atrás y suspiró entrecortadamente, mientras subia los peldaños del coche de línea sin mirar hacia el conductor.
Caminó por el vasto autobús y escogió un asiento que habia libre pegado a la ventanilla.
Se acomodó lo mejor que pudo y rompió de nuevo a llorar.
Al dia siguiente, estaría en la capital, apretó fuertemente el bolsillo de su roída chaqueta, en él, habia una nota con la dirección de la casa donde tenia que personarse.
Desconsolada, se limpió los mocos que fluían por la nariz de tanto llorar y se acurrucó en forma de ovillo, en el destartalado asiento del autobús.
-Yo no seré feliz…si no es a tu lado..mamá…susurró, mirando el bosque, y cerrando fuertemente los ojos.
Mansion de los Cullen
-Señora, yo no puedo hacerlo todo..tiene que entender que necesito lo antes posible alguien que me ayude.- la muchacha, agachaba la cabeza y retorcía sus manos con ansiedad.
Esme Cullen, la calibró con la mirada y sonrió.
-Tranquila, Lauren, mañana llegan refuerzos. Una familiar de Angela te ayudará en las tareas domesticas de la mansión, a propósito…¿Dónde está ella?
La muchacha, abrió mucho los ojos y carraspeó.
-La ultima vez que ví a Angela, estaba ordenando la habitación del señorito.
Esme, frunció el ceño.
-¿Cuál de ellos?
-Del señorito Edward.- dijo ella en un susurro casi inaudible.
-Bien, voy a buscarla.
Esme Cullen era una mujer que rondaba la cincuentena, pero su belleza,habia sido implacable con el tiempo y le habia hecho un pulso brutal.
Era extremadamente bella.
Los embarazos de sus hijos, no habían hecho en ella ni un ápice de deformidad y conservaba una silueta, que podia ser la envidia, de jovencitas de veinte años.
Su andar elegante, aquel cabello color caramelo y aquellos ojos pardos, debajo de unas pestañas espesas y cejas bien delineadas, eran la locura de su esposo Carlisle Cullen,dueño de los mayores aserraderos de la capital, en aquellos momentos.
Su vida habia sido plácida y sin inconvenientes.
El matrimonio, habia hecho de ella una mujer elegante y sofisticada; pero Esme no olvidaba su cuna y por ello, nunca trataba al servicio, por debajo de ella.
Esme venia de una familia de trabajadores de la mina de carbón y ella habia marchado a la capital a asistir a una buena anciana, que estaba sola.
Allí es donde conoció a Carlisle y donde él, se enamoró perdidamente de ella.
Esme siempre habia sabido donde estaba su sitio y no se hizo ningún tipo de ilusiones con aquel caballero que la cortejaba y la colmaba de regalos.
La familia de Carlisle era reputada en la sociedad, y al principio no vieron con buenos ojos aquel noviazgo.
Pero el tiempo y el amor que se procesaban, hizo que aquello no tuviese ningún tipo de valor, cara a las personas que realmente los amaban.
Se casaron y a los diez escasos meses, nació su primer hijo: Jacob, fiel copia de la familia de ella, robusto, alto como roble y de ojos oscuros…a veces cuando Esme miraba a su primogenito, creía ver a su difunto padre, todo fortaleza y seguridad.
Despues de dos años, llegó Emmet, otro varón, Emmet era un compendio de los dos, el muy truhan habia sacado los mejores rasgos de las dos familias y era un hombre descomunal, robusto e inquieto. Era como un niño y eso a Esme le encantaba, era el mas cariñoso y amante hijo.
Poco tiempo después llegó el benjamín: Edward.
Esme habia esperado con todo su corazón , ver una niña cuando le entregaron a Edward en los brazos; pero una sensación vibrante y emocional, la sacudió cuando vió la cara perfecta de aquel niñito.
Esme habia crecido en la soledad de no tener el cariño de su único hermano; también llamado Edward.
Edward, habia salido un dia temprano en compañía de su padre y nunca más volvió…con vida.
Habia llovido mucho la noche anterior, y el rio surgió con todo su poder, en el paraje donde el padre de ella tenia unas fincas, donde recolectaban árboles frutales.
A Edward se lo llevó el rio, ahogándolo, lo encontraron, dos días mas tarde, cuando la crecida del rio, se amansó.
La amaba tanto..la llenaba de mimos y caricias, como si de un padre se tratara, ya que el de ellos, se pasaba gran parte del dia en la mina y los veía cuando soñaban con los angelitos.
Edward murió a la tierna de edad de 12 años, Esme solamente tenia 7 , y nunca, nunca habia podido arrancar a su amado hermano del corazón.
Y cuando nació el pequeño, su reacción al verlo, fue alarmante para los médicos y para la familia de su marido.
Al ver los ojos verdes e hipnotizantes del pequeño Edward, a Esme se le paralizó el corazón, era como estar viendo a su difunto hermano.
Lo apretó tanto contra si , que el niño, lloró ante la presión.
Los médicos, pensaban que se habia vuelto loca o algo parecido.
Esme no quería que se lo arrancaran nuevamente de su lado y tuvieron que limpiar al niño, con las suaves pero fuertes manos de su madre, que por ningún motivo quería desprenderse de aquel bebito, pasase lo que pasase.
Nunca más se quedó embarazada…pero Esme no hechó de menos a ninguna hija en su vida.
Estaba rodeada de hombres que la adoraban y la consentían.
Llegó a la puerta de la habitación de su hijo y dio unos suaves golpes antes de girar el pomo de la puerta.
-Angela.- silbó con una sonrisa en sus labios.- ¿Estas ahí?.- Esme Cullen pasó a la habitación, sin temor alguno y buscó a la muchacha con la mirada…La ventana estaba abierta y unos gritos ensordecedores comenzaron a surgir del patio.
Corrió hacia la ventana y como un autómata, vió un sobre y unos zapatos en el alfeizar de ésta, miró hacia abajo y se llevó la mano a la boca, acompañado con un grito de terror.
El cuerpo de Angela, yacia en el patio,donde una mancha oscura la iba inundando poco poco. Se volvió cerrando fuertemente los ojos e intentando respirar, ya que lo hacia con dificultad.
-Dios mio…- susurró.- cogió el sobre con manos temblorosas y se encaminó hacia el teléfono, para hacer una llamada a su marido.
El hombre, contestó con un deje amoroso y cuando ella le contó lo que habia pasado.
Corrió a llamar al médico, amigo de la familia; Jasper Hale.
Cuando llegaron ambos, la casa era un autentico psiquiátrico, lleno de berridos y llantos.
Jasper Hale no pudo hacer otra cosa, que corroborar la muerte de la joven sirvienta.
Angela se habia tirado de la ventana…y su sobrina llegaría al dia siguiente…
Continuará…
martes, 18 de enero de 2011
Amarte
CAPÍTULO UNO
- Bella, hija. Ha llegado carta de Angela. La Señora Cullen acepta tenerte en su casa, hasta que no encuentres otra. Mira.- Reneé Swan, dejaba en las manos temblorosas de su hija, la carta abierta. Abrió el papel delicadamente y leyó varias veces la inmaculada caligrafía.
“Apreciada Isabella Swan:
Le ruego, venga cuanto antes para disponer la vacante temporal de nuestra asistenta segunda ; Alice Brandon.
Dado que ésta, no va a poder restablecer su ocupaciones por un tiempo, indeterminado, le ruego que se instale de interina en la Mansion Cullen, lo antes posible.
Esme Cullen.
-Yo no quiero marcharme de aquí; mamá. ¿Porqué insistes tanto? Es como si temieras algo…que no alcanzo a comprender…- Bella hablaba a su madre en un susurro, temiendo que pudiera escucharlas su padre.
-¿Y aún me lo preguntas?.- dijo la madre.- cogiendo a su hija de un hombro y llevándosela consigo a una de sus habitaciones.- Tu padre, quiere desposarte con uno de los borricos del pueblo, y ¿tú me preguntas que porque? Dios mio, Bella; eres tan inocente que a veces me das miedo.
Angela cuidará te ti.
Angela era la hermana de Reneé, y se había marchado a servir a la capital, hacia ya más de dos meses.
Era motivo de felicidad, cuando el cartero del pueblo, tocaba en la puerta y les daba la carta de ella.
Isabella y Angela, se llevaban relativamente pocos años, para ser tia y sobrina.
Era la hermana menor de Reneé y nunca había hecho distinciones entre la una y la otra.
Angela cuando ya hubo cumplido los 17 años. Decidió que debia ganar su propio dinero; ya que en casa de su hermana, las cosas no estaban para tirar cohetes y Reneé necesitaba una ayuda para pasar el mes.
Religiosamente, Angela le mandaba mas de la mitad de su sueldo a su adorada hermana.
Pero las cosas se habían comenzado a complicar hacia unos días….
Charles Swan volvia de pasarse toda la tarde metido en el casino del pueblo y llegaba con una melopea de la que hacen historia.
Aquella noche llegaba de demasido buen humor; pensé Reneé. Bella ya se había metido en la cama y ella estaba disponiendo los cacharros que había fregado después de la cena.
-Ya tengo hombre para la niña.- dijo, soltando el zurrón de piel, encima de la mesa camilla.
Reneé se sobrecogió y susurró alarmada:
-¿Qué quieres decir, Charles?
-Me han pedido relaciones con Isabella. Tú lo conoces, es Michael, el hijo de los Newton. Ya sabes que las tierras de ellos, lindan con las que me dejó mi padre, que en gloria esté. Seria estupendo, que todo aquel vergel fuera alguna vez de algún Swan… o de algún nieto mio.
-¿Él la ama?.- había preguntado Reneé, sin dejar de poner los cubiertos y platos en su sitio.
- Me ha dicho que sí. Pero eso solo lo sabe el muchacho. Desde luego, es buen mozo e Isabella no es un bonita, siempre con la mirada perdida y sin peinar por la calle. Parece una demente. Deberias preocuparte mas por el aspecto de tu hija, mujer.
-Sabes perfectamente , que Bella es una jovencita preciosa. Y da gracias a Dios que se escude, en un pelo desaliñado y harapos en su cuerpo. ¿Tengo que recordarte lo que pasó con tu madre, Charles Swan?.
Charles Swan, bajó la vista y se sentó en una de las sillas, y ésta crujió ante el peso de él.
-No. Llevas toda la razón, mujer, toda la razón.
Marie Swan Willdy, había sido una de las mujeres mas bellas de aquella aldea , que mas tarde se convirtió en un pueblecito costero: Forks.
Mucho antes de que conociese al padre de Charles, ella guardaba terneritos y ovejas cerca de la playa de La Push, en la explanada que era colindante a la playa.
Una tarde, se retrasó mas de lo habitual y la alarma creció, cuando apareció todo su rebaño sin ella . Los hombres del pueblo se tiraron al bosque a buscarla y la encontraron echa un ovillo, con las prendas desgarradas y totalmente shockeada.
Corrió el rumor que la habían atacado los lobos;
Pero aquel rumor, era preferible a la cruel realidad: A Marie Swan la habían violado. La habían despojado de su inocencia de la manera más ruín.
Nunca salió de sus labios quien fue.
Ni el padre de Charles se lo preguntó, jamás. La amaba por lo que era.
Decian en el pueblo que lo que pasó fue una maldición a su encanto de mujer, a la belleza enigmatica de su sonrisa y a la asombrosa calidez de sus ojos color café.
Reneé, creía ver rasgos de Marie en el rostro de Bella, y quiso borrarlas desde la mas tierna edad.
Vestida con andrajosos ropajes, la cara sucia y el pelo grasiento y desaliñada, nunca llamaría la atención de los hombres. Estaria siempre a salvo…..
….Y ahora; también quería ponerla a salvo.
Puso el plato caliente, encima de la mesa camilla, un vaso con vino y una cuchara para su esposo.
Se limpió las manos con un trapo de cocina, se disculpó con su marido y corrió hacia su habitación a escribirle unas letras a la señora Cullen.
Mañana mismo la mandaria con el correo a la capital.
En dos días máximo tendría la señora su respuesta.
Bella huiría del pueblo, de Michael Newton y se haría libre.
Continuará….
- Bella, hija. Ha llegado carta de Angela. La Señora Cullen acepta tenerte en su casa, hasta que no encuentres otra. Mira.- Reneé Swan, dejaba en las manos temblorosas de su hija, la carta abierta. Abrió el papel delicadamente y leyó varias veces la inmaculada caligrafía.
“Apreciada Isabella Swan:
Le ruego, venga cuanto antes para disponer la vacante temporal de nuestra asistenta segunda ; Alice Brandon.
Dado que ésta, no va a poder restablecer su ocupaciones por un tiempo, indeterminado, le ruego que se instale de interina en la Mansion Cullen, lo antes posible.
Esme Cullen.
-Yo no quiero marcharme de aquí; mamá. ¿Porqué insistes tanto? Es como si temieras algo…que no alcanzo a comprender…- Bella hablaba a su madre en un susurro, temiendo que pudiera escucharlas su padre.
-¿Y aún me lo preguntas?.- dijo la madre.- cogiendo a su hija de un hombro y llevándosela consigo a una de sus habitaciones.- Tu padre, quiere desposarte con uno de los borricos del pueblo, y ¿tú me preguntas que porque? Dios mio, Bella; eres tan inocente que a veces me das miedo.
Angela cuidará te ti.
Angela era la hermana de Reneé, y se había marchado a servir a la capital, hacia ya más de dos meses.
Era motivo de felicidad, cuando el cartero del pueblo, tocaba en la puerta y les daba la carta de ella.
Isabella y Angela, se llevaban relativamente pocos años, para ser tia y sobrina.
Era la hermana menor de Reneé y nunca había hecho distinciones entre la una y la otra.
Angela cuando ya hubo cumplido los 17 años. Decidió que debia ganar su propio dinero; ya que en casa de su hermana, las cosas no estaban para tirar cohetes y Reneé necesitaba una ayuda para pasar el mes.
Religiosamente, Angela le mandaba mas de la mitad de su sueldo a su adorada hermana.
Pero las cosas se habían comenzado a complicar hacia unos días….
Charles Swan volvia de pasarse toda la tarde metido en el casino del pueblo y llegaba con una melopea de la que hacen historia.
Aquella noche llegaba de demasido buen humor; pensé Reneé. Bella ya se había metido en la cama y ella estaba disponiendo los cacharros que había fregado después de la cena.
-Ya tengo hombre para la niña.- dijo, soltando el zurrón de piel, encima de la mesa camilla.
Reneé se sobrecogió y susurró alarmada:
-¿Qué quieres decir, Charles?
-Me han pedido relaciones con Isabella. Tú lo conoces, es Michael, el hijo de los Newton. Ya sabes que las tierras de ellos, lindan con las que me dejó mi padre, que en gloria esté. Seria estupendo, que todo aquel vergel fuera alguna vez de algún Swan… o de algún nieto mio.
-¿Él la ama?.- había preguntado Reneé, sin dejar de poner los cubiertos y platos en su sitio.
- Me ha dicho que sí. Pero eso solo lo sabe el muchacho. Desde luego, es buen mozo e Isabella no es un bonita, siempre con la mirada perdida y sin peinar por la calle. Parece una demente. Deberias preocuparte mas por el aspecto de tu hija, mujer.
-Sabes perfectamente , que Bella es una jovencita preciosa. Y da gracias a Dios que se escude, en un pelo desaliñado y harapos en su cuerpo. ¿Tengo que recordarte lo que pasó con tu madre, Charles Swan?.
Charles Swan, bajó la vista y se sentó en una de las sillas, y ésta crujió ante el peso de él.
-No. Llevas toda la razón, mujer, toda la razón.
Marie Swan Willdy, había sido una de las mujeres mas bellas de aquella aldea , que mas tarde se convirtió en un pueblecito costero: Forks.
Mucho antes de que conociese al padre de Charles, ella guardaba terneritos y ovejas cerca de la playa de La Push, en la explanada que era colindante a la playa.
Una tarde, se retrasó mas de lo habitual y la alarma creció, cuando apareció todo su rebaño sin ella . Los hombres del pueblo se tiraron al bosque a buscarla y la encontraron echa un ovillo, con las prendas desgarradas y totalmente shockeada.
Corrió el rumor que la habían atacado los lobos;
Pero aquel rumor, era preferible a la cruel realidad: A Marie Swan la habían violado. La habían despojado de su inocencia de la manera más ruín.
Nunca salió de sus labios quien fue.
Ni el padre de Charles se lo preguntó, jamás. La amaba por lo que era.
Decian en el pueblo que lo que pasó fue una maldición a su encanto de mujer, a la belleza enigmatica de su sonrisa y a la asombrosa calidez de sus ojos color café.
Reneé, creía ver rasgos de Marie en el rostro de Bella, y quiso borrarlas desde la mas tierna edad.
Vestida con andrajosos ropajes, la cara sucia y el pelo grasiento y desaliñada, nunca llamaría la atención de los hombres. Estaria siempre a salvo…..
….Y ahora; también quería ponerla a salvo.
Puso el plato caliente, encima de la mesa camilla, un vaso con vino y una cuchara para su esposo.
Se limpió las manos con un trapo de cocina, se disculpó con su marido y corrió hacia su habitación a escribirle unas letras a la señora Cullen.
Mañana mismo la mandaria con el correo a la capital.
En dos días máximo tendría la señora su respuesta.
Bella huiría del pueblo, de Michael Newton y se haría libre.
Continuará….
Suscribirse a:
Entradas (Atom)