domingo, 7 de noviembre de 2010

La dulce y orgullosa Isabella

Capitulo segundo
La confusion de Edward le embotó el ingenio. No podia imaginar los motivos de ella. ¿un amante? ¿Una criatura?. Ciertamente no se trataba de deudas, porque ella tenia tanto dinero que ninguna deuda podria molestarla. Miró desconcertado esos ojos color cafes tan hermosos.
-Seguramente, señora, esta usted bromeando.¿Proponerle matrimonio a un hombre a quien van a colgar dentro de poco? Le doy mi palabra que no veo logica ninguna en esta situacion.
-Es una cuestion de cierta delicadeza.- dijo Bella, y le volvió la espalda como si se sintiera embarazada. Hizo un pausa y luego habló lentamente sobre su hombro.- Mi padre Charles Swan me dió el plazo de una año para encontrar marido y fallando eso, me entregará como prometida a quien él escoja. Me considera una solterona y quiere tener nietos que hereden su fortuna..He oido que un hombre puede casarse con una mujer para llevarse las deudas de ella a la horca en retribucion por un alivio en sus dias finales. Yo puedo darle mucho, Edward...comida, vino, ropas adecuadas y mantas abrigadas. Y seguramente mi causa...
Ante el persistente silencio de él. Isabella se volvió y trató de verle la expresion en la penumbra, pero él habia maniobrado astutamente hasta que ahora, cuando lo enfrentó, ella recibió en la cara toda la luz de la vela. El sigiloso mendigo se habia movido tan silenciosamente que ella no se habia dado cuenta.
La voz de Edward sonó algo tensa cuando por fin habló.
- Milady, usted me somete a una prueba dolorosa. Mi madre trató de enseñarme a ser una caballero respetuso con las mujeres.- Bella tuvo que contener el aliento cuando él se le acercó.- Pero mi padre, hombre de considerable sabiduria, me enseñó en mi primera juventud una regla que he seguido para siempre.
Caminó lentamente alrededor de ella tal como hiciera ela con el unos momentos antes y se detuvo cuando estuvo a sus espaldas. Casi sin respirar, Bella aguardó, sintió su proximidad y sin embargo, no se atrevió a moverse.
-Nunca...-el susurro de Edward sonó cerca de su oido y le produjo un estremecimiento de temor.-....nunca compres una yegua con la manta sobre el lomo.
Isabella no pudo reprimir un respingo cuando él le puso las manos sobre los hombros y empezó a desatar las cintas que aseguraban la capa.
-¿Puedo?.-aseguró él y su voz, parecio llegar a todos los rincones de la celda.
Edward, aceptó el silencio de ella como un consentimiento y Isabella se hizo fuerte mientras los finos dedos de él le desataban los lazos de terciopelo. Él le quitó la capa y ella tuvo un momento de arrepentimiento. Su ataque cuidadosamente planeado se habia malgastado con una precipitacion proyectada. Pero ella no se imaginaba la victoria que estaba cosechando. Aunque carente de adornos esplendorosos y de delicados encajes, el vestido de terciopelo rojo oscuro resaltaba divinamente su hermosura. Ella era la gema. la joya que de extraña belleza, que hacia que más que un vestido fuerta una obra de arte.
Edward seguia inmovil, su respiracion tocaba suavemente el cabello de ella, su cabeza se llenaba de su delicioso perfume de mujer. Pasaron unos instantes que volaron con alas silenciosas y él siguió sin moverse. Isabella se sentia sofocada por la proximidad de él, el aroma a brandy le llenaba los sentidos y podia sentir sus ojos hambrientos que se paseaban lentamente sobre ella.
Con todos sus sentidos completamentes dedicados a ella, Edward sintió un deseo abrumador de tomar a Bella en sus brazos. Su perfume parecia llamarlo, sus curvas suaves, maduras lo hacian sufrir de deseo. Su arrebatadora belleza lo conmovia hasta el fondo del alma y llenaba su mente como imaginarias visiones de los encantos que estaban ocultos a la vista. Sentia la necesidad de tener el calor de ella debajo de él, de rodearla con sus brazos temblorosos y descargar la lujuria de sus riñones. Pero era dolorosamente consciente de sus harapos y su suciedad.
Y estaba, ademas, ese descorcertante fulgor dabajo de la superficie de la belleza de ella, ese indicio de algo que él no alcanzaba a captar, una sugerencia de sarcasmo, un fugaz relampago de insinceridad, un extraño tono de arrogancia.¨´El sabia que Charles Swan era un hombre poderoso, pero le resultaba dificil imaginar que fuera capaz de imponerse en esa forma a su unica descendiente.
Isabella no pudo seguir soportandolo y se volvió rapidamente para hacerle frente.
-¿Entonces le resulta desagradable compartir su apellido? ¿Su respuesta es no?
Edward suspiró profundamente y con un extremado esfuerzo de voluntad respondió en tono despreocupado.
- Hay muchas cosas que considerar.. ¿Bella?.- la miró interrogativamente, arqueó una ceja y como ella asintió, continuó.- Mi nombre es todo lo que me queda y hay quienes se sentirian contentos de verlo deshonrado todavia más.
-Le prometo, Edward, que no tengo intencion de deshonrarlo.- se apresuró ella a replicar.- Lo tomaré perstado un tiempo y cuando haya encontrado a aquel a quien pueda amar, todo terminará. Si usted accede, será sepultado con todo respeto en una tumba bien identificada en el cementerio de una iglesia. ¿Acaso los que le preocupan podran entonces recordar su verguenza?
-¿Y me promete alivio para mis ultimos dias Bella?.-dijo él, como si no la hubiera escuchado.- Pero eso me quitará mi unica diversion...el desafio del señor Jenkins.
Como si se sintiera muy perturbado, Edward empezó a caminar de un lado a otro de la celda, en apariencia sumido en sus pensamientos. Se detuvo junto a la cama y nuevamente su mirada adquirió una expresion inquisitiva.
-¿Puedo sentarme Bella? Perdoneme si no hay un asiento para usted. Si lo desea puede sentarse aqui conmigo.
-No...no, gracias.-respondió ella rapidamente. Miró el sucio jergón de paja y no pudo contener un estremecimiento.
Edward se sento en un angulo de la cama, apoyó la espalda en la humeda pared de piedra, levantó una rodilla y apoyó en ella su brazo y dejó caer blandamente su mano. Fijó la mirada en ella y Bella se preparó para el ultimo acato. Tenia que hacerlo bien. Por lo menos él, no se habia reido de ella abiertamente.
- ¿Cree que me tomo esto a ligera, Edward? Mi padre es un hombre de una voluntad de hierro... yno me obligará a casarme con un hombre al que yo despreciaré.
Edward siguió comtemplandola pero ni una palabra salió de sus labios. Le tocó a ella ponerse nerviosa y caminar de una lado a otro.
Edward admiró cada angulo de ella y la mayor parte de las palabras de Isabella se le escaparon, porque su mente ya habia fijado un precio y ahora sólo agurdaba el momento.
Bella se detuvo, apoyó las manos sobre la mesa y se inclinó hacia él. El vestido se entreabrió tentador y ella vio que los ojos de él iban hacia donde ella queria.
-Edward.-dijo firmemente y él levantó los ojos de mala gana, hasta encontrar los de ella.-¿Hay algo en mi que encuentre desagradable?
-Nada Bella, amor mio.- Su voz sonó suavmente, pero con mucha claridad en la celda.- Usted es hermosa, más allá de lo imaginable. Y he disfrutado tanto de este espectaculo que no desearia que se terminara. Pero, por favor,considere esto. Si su situacion es realmente apremiante, yo le presta´re mi apellido, pero el precio será elevado Bella. Y le pido que me diga si o no antes de marcharse, porque sino , yo no podria soportar este suspenso.
Isabella contuvo el aliento temerosa de lo que iba a decir.
- Mi precio es este.-Sus palabras resonaron en el cerebro de ella.- El casamiento será tan valido como el voto. Estoy condenado a la horca y quiero la oportunidad de dejar un heredero. El precio es que usted pase la noche conmigo y consumamos los votos matrimoniales tanto en hechos como en palabras.
Ella soltó el aliento y sus ojos se encendieron de cólera. Ahogó una exclamación de rabia ante esta afrenta. ¡Vaya atrevimietno el de este hombre! Isabella estuvo a punto de abofeterarlo pero la risa de él resonó en la celda y la ira de ella se apagó rapidamente.
Edward puso ambas piernas sobre la cama, enlazó las manos detras de su cabeza y se relajó como si estuviera en una taberna bebiendo ale.
-Ah,si.-rió despectivamente.- Pense que tenia que saber el verdadero precio para salir de sus apuros. Usted busca mis apellido por un motivo apremiante, ese apellido que es mi ultima y mi ultima posesion y que yo sólo puedo darle. Cuando pido lo mismo de usted, un precio que usted sola puede pagar, entonces le parece demasiado. De modod que no acepta el precio, rechaza el pacto y terminará plegandose a la voluntad de su padre.
Edward tomó el frasco, lo levantó y brindó.
-Por su casamiento, Isabella, amor.
Bebió abundantemente y quedó mirandola con una vaga sonrisa, consciente de que habia perdido. Bella le devolvió la mirada con un poco de calor en sus ojos.
¡Ese tonto sucio malnacido, pensaba que podia vencerla!
Sele acercó, meneando las caderas como una bailarina gitana, con el cabello suelto y los ojos llenos de fuego oscuro. Habia sentido el aguijonazo de él y necesitaba hacerselo pagar. Se impuso cólera donde el temor, con los pies separados y los brazos en jarra, lentamente estiró una mano y pasó un dedo por la linea recta de la nariz de él.
-Mire.-dijo en tono despreciativo y burlon.- Me atrevo a tocarlo, sucio y puerco como esta, aunque se burla de mi situacion. ¿Y si me acuesto con usted que gano?¿Salvarme de la voluntad de mi padre y soportar su contacto?
Edward echó la cabeza hacia atras y se rió de la furia de ella.
-La voluntad de su padre, amor mio, parece una cosa tan segura como la muerte, a la cual no podrá escapar. ¿Y que pasará cuando el marido que usted encuentre y ame, despose a una viuda y compruebe que todavia es virgen? ¿Que dira? ¿Que ella mintió a su padre? Y en cuanto a mi, puede tomarme o no. Asi lo quiere Dios. Si no acepta, usted no pierde nada y gana mucho. Si acepta, entonces será una viuda verdadera, que ningun padre podrá negar.- Suspiró profundamente.-Pero no todo es tan malo, porque veo que usted no quiere correr riesgos. Usted quiere mi apellido y todos los beneficios mientras que yo nada tengo que ganar, por lo menos nada que pueda atesorar hasta mi aliento final, un recuerdo que aliviará verdaderamente mis ultimos momentos de vida. Pero vamos, ya basta de esto, Ciertamente, Bella, usted es sumamente cautivante.
Apoyó una mano en el brazo de ella con una tierna caricia.
-¿Sabe que usted es mia hasta que yo muera? Este es el precio que paga una mujer a una hombre que propone casamiento. Así lo dicen lo que saben, ella debe permanecerle hasta que él muera.
Bella lo miró con incredulidad, consciente de la trampa que se cerraba lentamente sobre ella.
-Pero mi necesidad es grande.-susurró ella y reconoció la verdad de lo que él decia. Ella no se sentiria libre hasta que él muriese.- He venido dispuesta a implorar.- Su voz sonó grave y ronca.-No he venido para rendirme, pero me rendire. Trato hecho.
La madibula de Edward, cayó un brevisimo segundo, Él no esperaba esto.Súbitamente se sintió euforico.Casi valdria la pena ser ahorcado. Se puso de pie frente a ella, aunque todavia no se atrevió a tocarla, de modo que apretó las manos contras sus muslos como para reprimir el impulso.Su voz sonó casi gentil, casi como un susurro.
-Un pacto, si un pacto. Y que sepa que el primero que se casa contigo, mi bella Isabella, compró ese derecho com el precio más elevado que se pueda imaginar.
Bella miró a esos ojos tiernos y verdosos y no pudo encontrar palabras que pronunciar, en aquel momento. Tomó su capa y aceptó aturdida la ayuda de él para ponersela. Acomodó el velo y levantó el capuchon a fin de cubrir cuidadosamente su cabello.
Por fin, lista para marcharse, lo enfrentó, pero casi retrocedió cuando él levantó la mano para tocarla. Se sorprendió cuando él se limitó a tomar entre sus dedos un rizo suelto y cerrar lentamente el broche que aseguraba el capuchon.
-Debo de hacer los arreglos necesarios.-dijo ella firmemente, reuniendo coraje.-Despues enviare a Jasper por usted. No será más de un dia o dos. Buenas noches.
Con una compostura duramente controlada. Isabella se volvió y se marchó. En ese momento Edward hubiera podido gritar de alegria. Ni siquiera Jenkins hubiese podido estropear su alegria cuando más tarde, una vez mas en la oscuridad, Edward se tendió sobre la cama y se entregó a su pasatiempo recientemente adquirido: cazar pulgas.

Continuara....

4 comentarios:

  1. holaaaaaa quee buenisiimooo estee capii me encantooo"""" yy bella hayy en que lioo se esta metiendoo ...yaa te digo que me encanta este edwarddd...ajaaj yy vivooo lo que le pidio a cambioo...ahoraa veremoss estoy ansiosa por leer el proximo para saber sii bella cumple con su parte del pactooo ajaajaj!!!! nos leemos en el que siguee!!!! adiossss!!!! cuidate!!

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  2. ME ENCANTÓ EL CAPÍTULO, SE NOTA EXCELENTE LA HISTORIA, UN SALUDO.

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  3. hola esto es genial jajajaja un marido y cazador de pulgas hay pobre de este Edward hoy si k le toco y duro preso condenado a la horca y pulguso jajajaja....no me despido y nos seguimos leyendo

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