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jueves, 16 de febrero de 2012

Bárbaro.

BÁRBARO.


La noche era fría, pero aquello no evitó que las tropas de Aro con él a la cabeza, completamente recuperado y con unas ansias de sangre demoledoras, asesinaran a varios de los hombres que se apostaban en la fortaleza, antes de llegar al castillo de Meadow.
Llevaban las cotardías de guerra y con una sincronización sin mácula reventaron la cerradura de la puerta en el mas siniestro de los silencios.
Félix y Demetri lo acompañaban. En su frente, todavía yacía la enorme cicatriz sonrosada que le llegaba casi al ojo izquierdo.
A oscuras, llegaron a una de las primeras habitaciones y con una patada en la puerta la abrieron causando un gran revuelo.
Dos cuerpos saltaron de un gran camastro y dos enormes velorios se encendieron en mitad de la noche. Esme se llevó la mano a la boca al contemplar de quien se trataba.
-Coge a la puta. Yo me encargaré de este imbécil de mierda.- susurró antes de llegar hasta Esme y sacar la lengua para pasarla por su cuello y escote.- Tengo planes para nosotros pequeña puta…y creo que no me defraudaras.
Félix sujetó a Esme por el cuello y Carlisle buscó con sus ojos la espada de la familia que se blandía justo a su derecha. Con una rapidez digna de un buen guerrero se hizo con ella .
. -¡Cogedlos y matadlos! ¿Dónde está el maldito de Edward? ¡Dónde!...lo voy a matar con mis propias manos….- Aro escupió en el suelo y miró a Carlisle que blandía entre sus manos la espada de la familia Cullen.- ¿Qué se supone que vas a hacer con eso….matarme? Ya lo intentó el maldito del bárbaro…tú desde luego no lo vas a conseguir.
Aro sacó una daga del cinturón de su cotardía y apuntó directamente al cuello de la mujer que sujetaba Félix por el cuello.
-Dime donde está el bárbaro si no tu esposa morirá…..
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CAPITULO 16.



-¿Qué le ha ocurrido?.- Bella acarició el rostro de la muchacha y ésta cerró los ojos como acto reflejo.
-No importa.- susurró Alice.- Lo verdaderamente importante es lo que ocurrirá ahora.- abrió los ojos y una enorme sonrisa hizo que Bella imitara aquel gesto.- ¿supongo que tú serás Bella?
Bella asintió mirando a Jasper seguidamente. El chico se hallaba nervioso y sus ojos no perdían contacto en ningún momento con el dulce rostro de Alice.
-Necesito un aliado para salir de aquí con ella, Bella. Cuando la haga mi esposa volveré y la presentaré a mis padres debidamente…ahora lo único que quiero es estar con ella, vivir nuestra historia lo mas lejos de esta casa y de todo lo que aquí ocurrió.
Bella observó con atención los ojos brillantes de Alice y se formó una firme sospecha en su pensamiento. Aquella chica había sido desposeída de su virtud de la mas cruel de las maneras.
-Hay un túnel bajo esta habitación. Por lo que sé, ya mi abuelo lo utilizó para pasar de un lado a otro de Meadow. Los ataques constantes a sus reinos y el precio de su cabeza le hizo plantearse un escondite secreto o algún lugar donde guarecerse.
Jasper caminó unos pasos y pateó en suelo con fuerza en una área concreta. El muchacho se irguió para alcanzar una argolla escondida y levantó el suelo con una sola mano.
Los ojos de Isabella intentaron vislumbrar algo que no solo fuera oscuridad; pero fue imposible. Una escalera débil que se perdía en la distancia y el olor a mugre y a humedad inundaron sus fosas nasales.
-¿Podemos confiar en ti…Bella?- preguntó Jasper con la mirada fija en ella.
-Por supuesto. Cuando decidáis huir yo os cubriré en todo lo que sea posible. Tenéis mi palabra.
Jasper asintió y dio un abrazo repentino a la joven.
De repente, algo los hizo tensarse y mirar a Alice de manera interrogante.
Se habia escuchado el fuerte alarido de una mujer…y Jasper estaba completamente seguro que había sido su madre.

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Victoria no podía borrar la sonrisa de su rostro. Aquel hombre tan hermoso y fuerte seria suyo….¿Podía tener mas suerte? Mientras la llevaba con paso apresurado hacia el sótano, sus manos tocaron los omoplatos del hombre, con avaricia…se humedeció los labios deleitándose con ardor…su centro se mojaba a pasos gigantescos y él todavía no la había tomado como ella deseaba. Con fúria…con toda la que parecía tener en aquellos momentos.
-Es aquí.- gimió ella, ante la anticipación.
El largo pasillo conducía a varias puertas y una de ellas era la habitación donde se hospedaba. Sintió como las manos de él la agarraron de nuevo por la cintura para bajarla de su escultural cuerpo.
-Llévame.- concluyó él, con los ojos turbios.
Unos pasos agitados detuvieron la posición de la llave en la mano de Victoria. La sombra alargada que llegaba hacia ellos susurraba palabras de temor y angustia.
-No te muevas.- susurró ella, dirigiendo su dedo largo y fino al amplio pecho de él.- Es Leah…si te ve aquí conmigo va a querer arrancarme la cabeza. Tiene tanta necesidad de tí como yo.- La mujer sonrió a Edward de manera lasciva y él ladeó la cabeza con repugnáncia.
Después de todo…quizás no iba a tener valor para hacerlo.
-Que alguien me ayude..por todos los Dioses, que alguien me ayude….- Leah, corría apresurada por el vasto pasillo mirando en todas direcciones. Sus ojos casi no veían nada por culpa de las lágrimas y su garganta seca, apenas podía emitir una sola palabra; después de gritar con terror todo lo que sus ojos habían tenido que presenciar.
Edward se apartó de la pared, para dejar de ser invisible y se plantó delante de la muchacha que gritó al verlo, llevándose la mano a la boca.
Edward caminó hacia ella, y pudo ver como los ojos de Leah lo reconocieron por fin.
-Señor Edward….han atacado el castillo…es horrible, ¡horrible! …hay decenas de hombres muertos y ese hombre…..- la mujer hablaba tan atropelladamente que Edward apenas podía entender una palabra.
-Habla tranquila, mujer. ¿Qué ocurre?
Leah, observó la mirada oscura y penetrante del animal majestuoso que se hallaba a su frente.
-Lo buscan a usted señor…..
Edward se pasó la mano por su cabello despeinado y cerró los ojos un momento.
La última imagen que tenia de Aro prendida en su retina era sobre el agua y sangrando como un animal. Se maldijo a él mismo por no haberle machacado el cráneo antes de salir huyendo…ahora toda aquella familia iba a pagar su fuga junto con Bella….aquella que no era merecedora de sus atenciones.
Rugió como un autentico animal y corrió hacia la parte superior del castillo; dejando a ambas mujeres allí pasmadas.
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Los habían arrastrado hacia fuera de sus aposentos. Carlisle había dejado caer la espada de su familia y miraba el rostro aterrorizado de su esposa. Su bella Esmerald.
Con una íra casi divina sus ojos también viajaron hacia el cruel bastardo de Aro. Se relamía ante la visión de Esme en camisola. Apenas le tapaba las rodillas y la luz que le daba en plena espalda dejaba muy poco a la imaginación.
Aro lo miró divertido pasando lentamente su lengua por los labios.
-¿Y bien rey Carlisle? Tu muy follable mujer o el bastardo de Edward. Tú eliges. Si eres inteligente me entregaras al bárbaro.
Carlisle que no haíia dejado de observar el dulce rostro de su esposa; la observó negar con lentitud, haciendo que el acero afilado que apuntaba contra su cuello se clavase un poco en ella.
-Edward….Edward se quedó en las montañas…nunca llegó a Meadow…
La cruel risa de Aro irrumpió de tal manera en sus oídos que le recorrió el pánico a través de su espina dorsal como un mazazo.
-Te creía más inteligente…y tú por lo visto me crees a mí un tonto.- Aro caminó hacia él y miró a Demetri que contenía a Carlisle. ¿Crees que no se quién eres, que no se lo que te une a ese maldito cabrón? ¿Cómo crees que he venido aquí en cuanto me he recuperado de las heridas que tu sobrino me propinó? Es el hijo de la puta de tu hermana Elizabeth….aún recuerdo cuando la decapité…la muy perra no tuvo miedo en ningun momento…esos ojos me inspiraron el mayor respeto que jamás le he cedido a cualquiera. Ni si quiera a mis adversarios más fieros. Me tembló el pulso al cortarle la cabeza…y aún en el suelo y después de que su cuerpo se sacudiese, aquellos putos ojos seguían mirándome con el mismo odio y temeridad. Son los mismos ojos que él tiene. – Aro se tocó la frente pensativo.- Aunque tu sobrino no le llega a su madre ni a las uñas de los pies…..¡Edwarddddddd! ¡Maldito bastardo sal de tu escondite!!
Los gritos alertaron a Rosalie y a Emmet que salieron de su alcoba para buscar el síntoma de tanto alboroto, cuando vieron la situación en la que se encontraban los padres de Emmet, el muchacho intentó sacar de allí a su esposa, pero ya era demasiado tarde…
-Mas gallinitas en el corral.- susurró Aro.-¡Alto!
Rosalie y Emmet se miraron y giraron sus cuerpos para contemplar al hombre que los ordenaba.
-¿Tú también eres un Cullen?.- preguntó a Emmet, quien lo miró a los ojos retándolo.
Emmet asintió con la cabeza y agarró a su esposa de la mano.
-La vida de tu madre o la de tu esposa.- Aro miró la reacción de Emmet y comenzó a reir suavemente. El muchacho se había quedado lívido. ¿Debía de elegir?
-Contesta grandullón. Tu esposa o tu madre….- rió de nuevo.
Esme negó con la cabeza antes de comenzar a sollozar en silencio.
- Quiero a Edward…-susurró Aro, muy cerca de el oído de Emmet.- tu madre, tu puta o el bárbaro…
-Padre.- rogó Emmet, mirando con insistencia a su padre.
Aro comenzaba a cansarse de aquella situación….era blanco o negro…o quizás gris. Pero quería llevar a Edward de nuevo a su guarida. Maltratarlo hasta la desesperación y darle a comer sus cojones a los galgos que colindaban sus tierras. Iba a desear no haber nacido…cada segundo de su penosa existencia.
Pero primero tenía que acabar con todos ellos de una manera u otra.
-¡Por todos los Dioses! Estoy comenzando a impacientarme. La vida de ellas por las de él…tú eliges maldito cabrón musculitos, ya que tu padre no tiene lo que tiene que tener un hombre para decirme donde está el maldito de Edward. Tu madre….
Emmet tragó fuertemente y miró a sus padres antes de hablar.
-Edward….
-¿Si?.- insistió Aro relamiéndose de gusto.
-Edward …papá, no llegó a traer a Edward…se quedó perdido en las montañas….- terminó de decir, mirando a su padre que bajó la cabeza y cerró los ojos, devastado.
Aro miró a Emmet con la ira descargando en su rostro y sacó una amplia espada de debajo de su cota. La hundió con fuerza en el estómago del muchacho y éste abrió mucho los ojos antes de tragar su propia sangre. El sonido de la espada dejando el cuerpo volvió a machacar a Emmet y el muchacho cayó al suelo entre los gritos desesperados de Rosalie y Esme.
Aro miró a Demetri y Félix y estos hicieron lo mismo con Carlisle y Esme, enterrando las dagas que posaban en su carne y retorciéndolas para matarlos con saña y crueldad.
Los gritos de Rosalie se llenaron por todo el castillo. Besó a su marido, trémula y salió huyendo de allí, sin mirar hacia atrás.
-Vámonos de aquí. – enunció Aro en tono despreocupado.- Oh…Félix…suelta a los perros, se darán un buen banquete con todo “esto”
Los esbirros de Aro lo siguieron antes de mirar los cadáveres que teñían de rojo el suelo de piedra oscura.
Las demás tropas los esperaban fuera. Aro subió a su caballo y dió la orden para retirarse.
-Peinaremos las montañas, Félix. Si es verdad lo que dijeron esos infelices, el bastardo debe de estar por allí. No me cansaré hasta verlo con una argolla pegada al cuello o con sus huesos sobre mi cabeza….
Félix asintió y siguió a su rey.
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-No debimos de haber huido.- Bella caminaba delante de la pareja por aquel túnel oscuro y húmedo. No se veía apenas claridad y debía de tantear el terreno con sus manos antes de dar un paso.
Jasper no dijo nada. No podía decir nada.
Había visto con sus propios ojos como Edward cubierto de sangre y con el rostro desencajado era el protagonista de la escena más macabra que sus ojos habían presenciado jamás.
Los cadáveres de sus padres y hermano yacían en el suelo como muñecos rotos y el hombre que su padre había traído al castillo para convertirlo en caballero….los había matado a todos….en un brote de ira sin igual.
El peso del dolor era secundario en aquellos momentos. Debían de huir del castillo y de Edward. Debía mantener a aquellas dos mujeres a salvo de aquel bárbaro que se saciaba con la sangre de lo ajeno.
Pero la cabeza de Jasper no hacia otra cosas que dar vueltas y mas vueltas. ¿Qué había sido de Rosalie y de Jake? Sus cadáveres no estaban en el salón. Quizás se hubieran salvado como lo hicieron ellos…ahora tan solo quedaba huir lo mas lejos posible de aquellas tierras y del bárbaro que una vez llegó para quedarse.
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Algún tiempo después……






-Mi señor.- La voz clara y grave de Eleazar hizo girar el cuerpo del hombre que se guarecía entre las sombras.
-¿Qué quieres Eleazar?.- su voz sonó inquisitiva y sus botas de pelo se arratraron por el suelo, pesadas.
Eleazar contempló el gran mapa que su amo había estado observando. Tenía marcado con símbolos idénticos todos los terrenos que habían asedidado.
-Garret ha traído un nuevo cargamento….- Eleazar bajó el rostro y notó como su éste ardió.
Siempre lo hacía cuando se dirigía a su amo en aquellos términos.
Su amo rió de manera cruel al otro lado de la tosca mesa y se levantó.
Su cabello era mas largo que de costumbre y en su mirada se reflejaba ese oscuro pasado que nadie conocía. Edward, denominado el Bárbaro, era un estandarte de terror y devastación. La parca hecha hombre.
-¿Mas hembras?.- su voz tenía un deje de burla.- ¿De dónde las ha sacado esta vez?
-De un mercado. Las vendían como esclavas.- susurró Eleazar.-
Edward caminó hacia el hombre que le llegaba a los hombros. Sonrió ladinamente y se mordió un labio hambriento.
-Que las aseen. Pasaré a verlas después de la cena.
Eleazar se irguió y bajó la cabeza ; en una simbología de plena sumisión.
-Muy bien señor.
Edward miró como se alejaba su hombre de confianza…aquel que no sabía que su señor era una falacia…una mentira….
Continuará….

Reacciones????

domingo, 29 de enero de 2012

Bárbaro

Bárbaro.
Capitulo 15.


La celebración de los funerales del Aya duraron tres días con todas sus noches. Bella contagiada por el enorme dolor de todos los de aquella familia, sintió también aquella enorme pérdida como si fuera la suya propia.
El tercer dia al alba, llevaron al Aya al enorme océano que ladeaba el reino de Meadow y allí en una cama de paja y ropas prendieron fuego a su cuerpo, dejando que el mar se la llevase donde los Dioses recogen las almas de los cuerpos muertos.
Después de aquellos acontecimientos la vida en Meadow, siguió su curso y con ella los días fueron pasando a las semanas y así los meses.
Edward no hablaba con ella, se limitaba a mirarla cuando creía que ella no se daba cuenta .
Ella en cambio, lo seguía en todo momento. Sus ojos se habían bebido todos los rincones de aquel cuerpo fuerte y duro. Carlisle había comenzado a trabajar duramente con él, aprendiendo a manejar la espada con mas vehemencia y menos crueldad. Ella agazapada en los rincones, veía como él se entrenaba junto con Emmet, ambos con el torso descubierto y con el sudor pegado a sus pieles de acero. Ella se relamía golosa al ver como aquellos músculos se contraían a cada golpe asestado, o como sus facciones increíblemente hermosas, adoptaban un semblante duro al contemplar a Carlisle enunciarle una orden.
Había comenzado a tener tal necesidad de aquel Edward de la celda, que por las noches no podía dormir tranquila en la soledad de su habitación. Tenía necesidad de aquellas manos grandes y suaves sobre su piel y de aquellos labios sensuales sobre su boca.
Enloquecida de deseo se había aventurado a los placeres de la masturbación, imaginando que sus dedos eran los dedos de él , cerrando los ojos y contemplando en su recuerdo aquel falo duro y hambriento que pujaba por enrollarse en su dulce y anhelante centro.
Cruzarse con él en los pasillos e incluso en los baños, era una tortura. No era capaz de mirarlo a los ojos, pero cuando él se descuidada paseaba su mirada por todo aquel cuerpo de pecado que la tenia al borde de la locura. Él no parecía inmutarse delante de ella, porque su miembro flácido; pero enorme se movía pesadamente al caminar una vez salía o entraba a los baños.
Casi siempre intentaba coincidir a las mismas horas que él, quería que él se enfermara como lo hacia ella, al contemplarlo. Pero triste y desconsolada, Bella pensaba que la oportunidad de tenerlo para ella se había marchado para no presentarse jamás.
Podía oír el cuchicheo en las cocinas, las sirvientas hablaban de él con el hambre pura reflejada en sus bocas y ojos. Llamaradas de celos la invadían y corría hacia su estancia para cobijarse de aquel dolor tan grande que ella misma había creado…porque ella era la culpable de que Edward no la deseara con la misma magnitud que ella lo hacía…solo ella.
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Jasper necesitaba ayuda con Alice, una persona de total confianza que pudiese acompañarla cuando él no lo hiciese. La muchacha se encontraba mucho mejor y suplicaba por salir de la alcoba de él para hablar con los Cullen, pero Jasper le habia rogado que él mismo les haría partícipe de lo que ambos harían con sus vidas.
Jasper había pensado en Isabella, ya que la veía desubicada en aquel palacio, siguiendo con los ojos a su primo Edward en todo momento, alimentándose de esas miradas y recordándole a él mismo cuando su amor por Alice era el más denso y pesado de los secretos.
Bella era una muchacha buena, de buen corazón que sin duda no preguntaría nada cuando viese a Alice tendida en su cama y con alguno de los síntomas visibles de aquella cruel paliza a la que fue sometida.
Una noche, mientras la veía juguetear con la comida del plato, llamó su atención.
-La liebre acabará mareándose, Bella.- El muchacho sonrió cuando ella alzó la mirada. Se sentaban uno al lado del otro y esto ayudó a que casi nadie observara que estaban hablando.
Carlisle hablaban con Jacob y Emmet .Y Rosalie preguntaba a Edward cosas sin sentido que su primo contestaba con monosílabos. Esme los habia abandonado hacia unos minutos , caminando hacia a su estancia a descansar.
-No tengo apetito esta noche.- Bella volvió a sonreir a Jasper y sus ojos volaron levemente hacia Edward, que seguía con gesto serio contestando a Rosalie.
-He advertido que apenas comes.- le susurró a breves centímetros de su oído.- y creo saber la razón.
Bella se tensó y soltó el pedazo de carne con el que jugueteaba. Bajó el rostro y sus mejillas se tiñeron de un fuerte rubor.
-No…no temas.- le suplicó Jasper.- Sólo quiero que confíes en mí, tienes un firme aliado en mi persona, Bella. Así como quiero tenerlo yo en la tuya. ¿Puedes acompañarme a mi alcoba cuando todos duerman?...Quiero presentarte a alguien muy importante para mí.
Bella dudó unos instantes y acto seguido elevó el rostro para contemplar los ojos color miel de Jasper. No vió maldad ni malos sentimientos y asintió.
Jasper sonrió con júbilo y se estrelló con los ojos de Edward que lo miraban iracundos, cuando alzó la mirada de nuevo.

Edward sufría en silencio la indiferencia de Bella, golpeándole como un mazo su maltrecho corazón. Se había preguntado cientos de veces que es lo que hacía él allí, en aquel palacio; con aquellas gentes que no conocía de nada….cuando todo hubiese sido menos doloroso si no hubiese abandonado la fría celda de el reino de Aro.
Recordó con un infinito dolor el beso que tomó Jacob de los labios de ella y gruñó como un poseso en su interior. ¡Ella era suya!¡Maldita sea, sólo suya!
Pero no tenúa idea de cómo reclamarla, y tampoco veía en ella ningún síntoma, que apreciara aquella reclamación. Bella no sentía nada por él, al menos nada parecido a lo que él sentía por ella, creyéndose morir cada vez que la veía desnuda en los baños y tratando por todos los medios de sentirse relajado ante su presencia. Adoptando una postura indiferente, parecida a la que ella mantenía; pero era inútil, cuando ella le daba la espalda Edward maldecía en silencio su vulnerabilidad frente a ella, quería comérsela. Entera. Con la boca, rodear aquellos pechos con la lengua y sentir entre los dientes la carne que escondía el suave triangulo de aquellos rizos castaños.
Aprovechaba ese momento para salir del agua, arrastrando los pies cansado de aquella tortura y con la polla tan larga y dura, que parecía estar constituida del mismo acero con el que se entrenaba a diario con su primo Emmet.
Emmet…pensar en él le hizo curvar ligeramente la comisura de sus labios. Aquel macho optimista y siempre sonriente le había hecho estallar en carcajadas varias veces y olvidarlo todo.
A veces, sin llegar a comprender totalmente, Emmet le susurraba palabras que había oído hablar entre las mujeres en la cocina o en el lavadero.
“Te esperan con las bragas en la mano, primo” “ he oído a Victoria como hablaba con Leah y chico….Ahhhh, eso que digan que piensan hacerte un traje de saliva, es como poco, tentador, muy tentador”
Edward lo sabía. Sentía sus miradas pesadas y ardientes cuando alzaba los ojos o por pura casualidad se encontraba con alguna de ellas en los pasillos o a la salida de su alcoba. Pero él no quería a ninguna que no fuera Bella…y sin duda , él mismo le haría a su hembra un traje de saliva si tuviese la mínima oportunidad. Tan solo una palabra y entonces la envolvería entre sus brazos de nuevo.
Los demás componentes de aquella familia, salvo Emmet, Carlisle y Esme le eran completamente indiferentes…..

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Bella esperaba nerviosa que las antorchas del castillo se apagaran gradualmente y una vez lo hicieron los lacayos, esperó pacientemente un breve espacio de tiempo para alcanzar el velorio que guardaba en una estantería. La prendió y abrió la puerta sigilosamente para caminar hacia la puerta de la habitación de Jasper Cullen. Descalza y silenciosa, sintió el que el frio y la humedad se le calaban en los huesos. Protegida tan solo con una leve camisola y una manta que cubría sus hombros, dudó en volver sobre sus pasos y encerrarse tras la puerta de su habitación, pero al llegar a la puerta del dormitorio de Jasper, pudo verla entreabierta y con el leve fulgor de una vela.
Él mismo la esperaba en el umbral con una sonrisa en los labios. Bella caminó hacia dentro y suspiró pesadamente antes de ver a Alice Brandon dentro de aquella cama y con una sonrisa en su rostro.


Edward lo había presenciado todo . El momento en que ella salía de su alcoba….la puerta del dormitorio de Jasper abierta y la sonrisa del hombre al verla llegar….
… Cuando aquella puerta se cerró, el corazón de Edward dejó de latir. Fueron unos segundos, pero el dolor fue tan espantoso que hubo de llevar su mano al pecho y estrujarse con fúria la fina camisola que lo albergaba de la cruel humedad de aquellas paredes. Quiso gritar, estallar su cabeza contra los muros de piedra hasta no sentir mas…dejar de respirar….
… hasta que aquellos sentimientos se fueron tornando de un color negro y especiado, asfixiándose y conteniendo su cuerpo para no asaltar aquella puerta y reventarle los sesos al hijo de puta que había albergado a su hembra dentro de sus aposentos.
¿Pero a quien quería engañar? ¿Qué hembra? Nunca había sido suya…nunca.
Y ahora ella había ido en busca de otro hombre, no de él. Aquello era demasiado doloroso para poder asumirlo y comenzó a vagar hacia su dormitorio como un alma errante maltrecha y acongojada.
Al pasar al lado de una de las habitaciones oyó unos curiosos gemidos y jadeos que llamaron poderosamente su atención, pese a su estado de ánimo. Se aventuró a mirar de hurtadillas y lo que vió lo dejó con el aliento atorado en la garganta, impidiendo tragar cualquier forma de saliva que formara su boca.
Había dos cuerpos completamente desnudos, enrollados. Se movían y sus caderas bailaban de una forma dura y fuerte. Los rostros de ambos eran sudorosos y cuando la mujer se dio la vuelta para cambiar de posición y abrir las piernas, Edward pudo ver lo que se escondía debajo de aquel triangulo de rizos que había llamado su atención al ver a Bella. Una hendidura perfecta, sonrosada y mas arriba una almendrita hinchada que parecía vibrar cada vez que el hombre paseaba los dedos por ella. Edward se tocó su anhelante polla que había comenzado a crecer ante tal visión, tanteándola y urgiéndola a que se calmase.
La mano de ella viajó hacia las piernas de él y entonces jugó con alguna parte de la anatomía, que Edward no pudo apreciar, pero que en el hombre producía una serie de sacudidas de placer que incomodaron a Edward y lo tentaron a marcharse y no observar mas a escondidas sobre el manto de la noche. Pero algo lo retuvo. Inquieto y duro como una piedra, se reveló contra sí mismo, con la urgencia del saber. Hasta que de nuevo cambiaron de posición y pudo ver perfectamente como una polla gemela a la suya se rozaba desde el principio de la raja de ella, hasta el pequeño y apretado agujero de su ano. Una y otra vez, haciendo que ambos gimiesen y envolviéndolo a él en aquel mundo alterno de sensaciones. El hombre se ayudó de su mano para posicionarse en la entrada de ella y entonces la polla de él fue devorada por aquella raja sonrosada y caliente. Los movimientos del hombre, dejaron a Edward extasiado y sin perder ningún detalle. Fascinado, se mordió el labio inferior al observar como el hombre se mecía sobre la hembra al principio de manera lenta y poco después con una crueldad salvaje. El choque de las caderas de ambos, sus respiraciones, la manera en que ella se retorcía cuando el hombre le clavaba aquella enorme polla en su raja y luego…una espectacular explosión donde el hombre aceleró el ritmo, y poco a poco fué descendiendo simultáneamente. La pareja se miró a los ojos ante de besarse y sin romper aquel vínculo de entre las piernas de ambos.
Edward cerró los ojos abrumado y terriblemente excitado. ¿Aquello era lo que ocurría entre un hombre y una mujer? Se alejó en silencio de allí algo atontado y con una dolorosa erección entre sus piernas. La mas pesada y dolorosa que jamás había experimentado…
Entonces la imagen de Bella volvió a su mente y comprendió que es lo que debía de estar haciendo en aquellos momentos con Jasper Cullen y corrió, corrió como un loco en busca de algún tipo de placer. El destino hizo que se chocara con Victoria a la entrada de las cocinas. Sus miradas estallaron presas de la lujuria y él la alzó sobre un hombro para llevarla lejos y ocultar los gritos apenados de su alma.
-¿Dónde duermes?.- Le preguntó Edward, con la voz cargada de infinidad de sentimientos: rabia, deseo, odio…
-En las habitaciones del sótano.- susurró Victoria con una sonrisa en los labios.- ¿Pasaras la noche conmigo?
Edward no habló; solo bajó los escalones como un loco y se perdió en la humedad de la bodega; camino a la pérdida de su virginidad.
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La noche era fría, pero aquello no evitó que las tropas de Aro con él a la cabeza, completamente recuperado y con unas ansias de sangre demoledoras, asesinaran a varios de los hombres que se apostaban en la fortaleza, antes de llegar al castillo de Meadow.
Llevaban las cotardías de guerra y con una sincronización sin mácula reventaron la cerradura de la puerta en el mas siniestro de los silencios.
Félix y Demetri lo acompañaban. En su frente, todavía yacía la enorme cicatriz sonrosada que le llegaba casi al ojo izquierdo.
A oscuras, llegaron a una de las primeras habitaciones y con una patada en la puerta la abrieron causando un gran revuelo.
Dos cuerpos saltaron de un gran camastro y dos enormes velorios se encendieron en mitad de la noche. Esme se llevó la mano a la boca al contemplar de quien se trataba.
-Coje a la puta. Yo me encargaré de este imbécil de mierda.- susurró antes de llegar hasta Esme y sacar la lengua para pasarla por su cuello y escote.- Tengo planes para nosotros pequeña puta…y creo que no me defraudaras.
Félix sujetó a Esme por el cuello y Carlisle buscó con sus ojos la espada de la familia que se blandía justo a su derecha. Con una rapidez digna de un buen guerrero se hizo con ella .
. -¡Cojedlos y matadlos! ¿Dónde esta el maldito de Edward? ¡Donde!...lo voy a matar con mis propias manos….- Aro escupió en el suelo y miró a Carlisle que blandía entre sus manos la espada de la familia Cullen.- ¿Qué se supone que vas a hacer con eso….matarme? Ya lo intentó el maldito del bárbaro…tú desde luego no lo vas a conseguir.
Aro sacó una daga del cinturón de su cotardía y apuntó directamente al cuello de la mujer que sujetaba Félix por el cuello.
-Dime donde está el bárbaro si no tu esposa morirá…..
Continuará……

miércoles, 4 de enero de 2012

Bárbaro.

BÁRBARO.
No pudo hablar. No tenia palabras. Sólo tenia ojos y piel para él. Rogó para que se acercara a ella, pero él no lo hizo. Tan solo la saludó con la cabeza y se giró de nuevo hacia la silla donde anteriormente se hallaba sentado. Ella se sintió sofocada ante él y buscó un lugar también en la mesa….aquella cena seria larga y tediosa; bajo la ardiente y abrasadora de Edward. Y qué decir de sus muslos…y aquella avergonzante excitación…

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Capitulo 14.


Edward observó a Bella con los ojos entrecerrados. La luz de las velas la hacía mas perfecta y su rostro adquiría un matiz de deidad ante sus ojos. Se habían cruzado las miradas varias veces y divertido; había sonreído en su interior al ver como los ojos de ella se paseaban por el contorno de su clavícula y sus fuertes brazos torneados por el duro metal….
…Como tampoco pudo pasar por alto como casi todos los hombres de la mesa la agasajaban con sonrisas de lobos hambrientos; todos menos uno: su pariente Jasper.
El rubio, se limitaba a comer nervioso, sonriendo forzadamente y salpicando la cena de algún monosílabo que otro.
Los demás babeaban por ella. Edward se preguntó si estaba enloqueciendo, pues albergaba una ira descomunal a todos los machos de su familia en aquellos instantes; incluido su tio Carlisle.
Pero a quien mas odiaba con toda su alma en aquellos momentos era a ella. A él le hubiera gustado que ella se hubiese mostrado fría y distante con los demás machos; excepto con él, pero sin lugar a dudas aquella hembra era todo lo contrario a lo que él esperaba de una compañera; si es que esperaba algo.
Se imaginó a sí mismo, sacando uno a uno los dientes de Jacob, de un fuerte puñetazo, ya que se deshacía en elogios para ella; él, quizás mas que nadie, con él debería explotar toda su fúria.
Pero debía de estar agradecido a aquel hombre bondadoso, que se decía hermano de su madre y portarse como un hombre, no como el animal que en verdad era. Aquel que estaba oculto detrás de aquellas ropas finas y el suave aroma del jabón.
-Si lo deseas; mañana daremos un paseo hacia el arroyo. Allí hay un prado precioso, lleno de flores silvestres.- Jacob, habló sin despegar los ojos de Bella y ésta sonrió, sintiendo los ojos de Edward, analizándola, como un animal al acecho.
-¿Ese no es el prado del amor, Jacob?.- La risa socarrona de Emmet, despabiló a Bella, que se había quedado muda de horror al oir lo que significaba aquel prado para la familia Cullen.
-He paseado con un sinfín de muchachas por ese prado y te puedo asegurar que no le he jurado amor a ninguna de ellas, Emmet. Simplemente quiero que Bella, descubra ese hermoso paraje.- Enunció Jacob, algo más serio, mirando a su hermano: Emmet.
-Nadie dice que les hayas jurado amor eterno, Jake…pero un revolcón si he oído que has tenido con alguna de ellas…-El carraspeo de Carlisle, acalló a Emmet rápidamente.
-Si alguien debe pasear con Bella por el prado es Edward, hijos. No seáis mezquinos. Estáis manteniendo al margen a vuestro primo.- Carlisle miró seriamente a sus hijos y luego desvió la mirada a Edward.
El muchacho no había probado bocado, porque no sabía comer como lo estaban haciendo los demás comensales en la mesa y en su mirada, transparente; se veía un dolor emergente, la perdida de algo que él creyó suyo y que en realidad solo fue un puro espejismo.
-No has cenado Edward.- sentenció Carlisle, que seguía con la mirada prendida en Edward.- Si es por tu…
Edward no lo dejó acabar y arrastró la silla, ayudándose de sus pies. Se levantó y se dio la vuelta, caminando de aquella manera desgarbada; sin ni tan si quiera despedirse.
-En verdad, tendremos que enseñarlo a convertirse en un hombre, padre. Es casi como un animal….- ladró Jacob.- ¿has sentido la ira que descargaban esos ojos? No estaba cómodo aquí sentado con nosotros. Compartiendo nuestra mesa.
-Lo habéis aislado, Jacob.- susurró Jasper, disponiéndose a levantarse . Los miró a todos uno por uno y suspiró.- Padre, si queréis que ese sobrino vuestro se comporte como un hombre; primero tienes que enseñárselo a tus propios hijos. Se han deshecho en cumplidos hacia Bella, dejando a Edward a un lado y ignorándolo. Tú mismo has pecado de lo mismo, padre. No me parece justa la manera de tratar a Edward.
Jasper abandonó la sala y todos se mantuvieron callados y avergonzados. El chico llevaba razón y todos lo sabían. Incluso Bella, que había flirteado con todos ellos, para lograr un poco de la atención de aquel hombre. Atormentada en sus adentros, se maldijo, porque sin lugar a dudas todo le había salido al revés.

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Jasper caminó silencioso por el largo pasillo y se quitó las botas para no hacer ruido en el pavimento. De frente a su dormitorio, miró hacia los lados y abrió rápidamente para meterse dentro como un ladrón. Se apoyó en la puerta y cerró los ojos fuertemente, se estaba involucrando demasiado con Alice; pero la amaba, y no podía ofrecer ese sentimiento de otra manera, pues su pureza rebasaba cualquier maldad que le pudiesen hacer a él.
Al abrir los ojos, la encontró en la cama, con la espalda recargada en los almohadones del cabecero y mirándolo sonriente; como aquella Alice que él recordaba.
Él la imitó y caminó hacia ella, despacio para sentarse a su lado y con timidez entrelazar una mano con la suya.
-¿Cuándo has despertado?- la miró a los ojos y se sintió hechizado por completo, viajando con sus ojos hacia su boca, sin pretenderlo.
-Hace un ratito.- ella le sonrió.- Gracias por la comida. Estaba deliciosa; en serio, pero no deberías de hacer esto por mí…cuando tus padres se enteren…
Jasper, llevó uno de sus dedos a la boca de ella y la hizo callar.
-Pienso dar la cara por ti; no temas. No habrá ningún otro administrador, Alice. Nunca mas albergaras miedo en tu interior. Te lo prometo. Yo cuidaré de ti, siempre.
-Pero….tú…yo…soy una simple cocinera. Y ahora…no soy digna de ti, no lo soy…- Alice bajó la cabeza y comenzó a tararear un gimoteo; maldiciéndose por su mala suerte. Todo hubiese sido mas fácil si aquel maldito de Riley, no hubiera deparado en ella. Con un estremecimiento, recordó como la llevó hacia aquel llano en el bosque y la estampó contra un árbol, metiendo las manos sucias y asquerosas, dentro de su falda y arrancándole de un tirón sus braguitas, hechas por ella misma. Hubiera querido desmayarse, pero no tuvo esa suerte. Sintió aquellos dedos meterse donde no había tocado nadie y aquella boca falta de dientes y monstruosa arañarle la cima de sus pechos….cuando la invadió con su verga, el dolor no fue nada en comparación con el sufrimiento de lo acontecido…y admitiendo con serenidad para sus adentros, que después de aquel acto, todo acabaría.
Pero no acabó; después de haberse derramado dentro de ella, había comenzado a golpearla con los puños hechos mazos y con las botas en toda la extensión de su cuerpo, haciendo que se aovillara y perdiera la conciencia.
Negó con la cabeza repetidas veces antes de alzarla y contemplar los bellos ojos de Jasper Cullen.
-No soy digna de ti.- se echó la mano a su vientre.- Es mas que posible que albergue un hijo de él en mis entrañas. Estoy destinada al destierro…
Jasper se abalanzó sobre sus hombros y la apretó muy fuerte, rodeándola con sus brazos. Albergándola en su pecho, queriendo ser omnipotente cara un futuro incierto y agotador.
-Yo cuidaré de ti, Alice Brandon, cuidaré que nada te pase y haré trincheras de mi cuerpo, para que nada te hiera.
Ella con los ojos llorosos, alzó la cabeza y miró sus labios perfectos.
-¿Porqué?
-¿ No está claro, mi cielo?,- rió él de manera ronca.- Te amo; pero he sido un cobarde al dejar que tu alma y tu cuerpo sufrieran tanto. Si como dices albergas al hijo de ese bastardo en tu interior, yo lo criaré como mío; porque eso es lo que me parece justo. Yo debí de adivinar lo que quería de ti ese malvado….
Alice lo miró sin parpadear, ante tal confidencia y dos lagrimas como puños se deslizaron de sus mejillas, plagadas de golpes.
-¿Me amas? ¿Cómo puedes amarme? Yo…yo no soy nada. Una simple cocinera…
Él volvió a reir y besó lenta y cálidamente su frente.
-Eres lo mas maravilloso del mundo…para nada simple…tan hermosa que me cuesta respirar cuando te admiro…bella y perfecta. Por dentro y por fuera.
Se quedaron mirando ambos y la distancia poco a poco fue disminuyendo; haciéndose nula. Al llegar el uno a los labios del otro, ambos gimieron dejándose llevar por la pasión del momento, por el bello azote que los envolvía.
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Aya había despertado por unos instantes y le habia sonreído a Esme, pero ahora, se mantenía quieta y con los ojos abiertos de par en par, mirando el techo lleno de bigas de madera. Esme se hallaba desesperada, pues la mujer padecía aquel mal durante varias horas y ella no había deparado en ello, hasta hacia breves momentos. Al intentar moverla, Esme había gritado y se había sacudido, llegando hacia una pared para llevarse la mano a la boca; horrorizada. Aya había muerto.
¿Cómo no se había dado cuenta de ello antes? Cayó de rodillas, frente a ella y arrastrándose con la cabeza gacha, llegó a su lado para cerrarle los ojos y juntar sus dos manos, en el descanso eterno.
Recordó como siempre había sido una buena amiga y como la había ayudado con los partos de todos sus hijos…
….Reneé había sido una buena mujer en toda la extensión de la palabra y se había dedicado en cuerpo y alma en criar sus vástagos como si fueran los propios.
Recordó el dia que llegó a su puerta. Iba casi desnuda, una fiebre que la tuvo internada en la mas cruel locura y la hizo estar mas de una semana metida dentro de un jergón.
Esme; que en aquellos tiempos llevaba en su vientre a Jacob, asistió a la mujer en todo momento, siendo testigo de la gran cicatriz que cruzaba su vientre, de punta a punta.
“Mi hija” “¿Dónde está mi bebé?”
Esme sintió un escalofrío en lo mas hondo de su ser y se puso de pie para presentar sus respetos al cuerpo inerte y sin vida de la que había sido una hermana para ella. Cerró los ojos y susurró una plegaria en gaélico. Reneé habia sido una persona buena y honesta…
Esme se dejó vencer por la desesperación y rompió a llorar con un grito amargado de negación. Amasando los brazos de Reneé e intentando despertarla de aquel sueño interminable que la llevaría a la sequedad de los huesos.
El grito alarmó a Carlisle y éste abrió la puerta de la habitacion de Aya, a trompicones.
Se quedó mudo de horror al contemplar la estampa…..
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-¿En serio que nunca te han cantado a la luz de la luna?.- Jacob estaba reclinado en la barandilla de rudimentaria piedra y encandilado por la belleza de Bella, la miraba sin pestañear.
-No.- espetó ella seca.
Bella sabía que no estaban solos. Parecía que sí, pero podía sentir los ojos de alguien que los observaba de incognito. Sintió aquellos ojos abrasadores en la nuca y en su cuerpo. Pero no le dijo en ningún momento a Jake lo que pressentía…Porque sabia quien era…era Edward.
“Edward”..pensó y al hacerlo miles de mariposas volaron en su vientre ascendiendo hacia arriba y haciendo explotar su corazón. ¿Podía haber ser mas perfecto que él? Negó mentalmente, oyendo la voz de Jacob a lo lejos; hablándole. Cerró los ojos un momento y sonrió al recordar aquellas caricias, que parecían ya tan lejanas…pero entonces sintió los labios de alguien que no eran los de él, y también unos brazos que la aprisionaban hacia un cuerpo duro y fornido.
Reaccionó lo mas veloz que pudo y apartó de un fuerte empujón a Jacob, separándolo de su cuerpo.
Él le sonrió, muy pagado de sí mismo y se volvió para hacer mas ancha su sonrisa y correr hacia las recámaras. En cambio Bella, oyó el bramido amargo de algo a de alguien que aullaba con tristeza.
Continuará…..


En el siguiente capitulo…..


--¡Cojedlos y matadlos! ¿Dónde esta el maldito de Edward? ¡Donde!.....lo voy a matar con mis propias manos….- Aro escupió en el suelo y miró a Carlisle que blandía entre sus manos la espada de la familia Cullen.- ¿Qué se supone que vas a hacer con eso….matarme? Ya lo intentó el maldito del bárbaro…tú desde luego no lo vas a conseguir.
Aro sacó una daga del cinturón de su cotardía y apuntó directamente al cuello de la mujer que sujetaba Félix por el cuello.
-Dime donde está el bárbaro si no tu esposa morirá…..

lunes, 12 de diciembre de 2011

Bárbaro

Bárbaro.


Carlisle se envaró de la silla donde se hallaba sentado y miró a Esme que se había quedado parada en la cocina, petrificada por el horror, luego se escuchó algo que se hacia mil añicos en el suelo, todos los ojos viajaron hacia La Aya . Habia entrado en estado shock.
-Reneé….- el susurro de Esme rompió el silencio, haciendo que Carlisle fuera en busca de la mujer y se desplomara entre sus brazos.

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Capitulo 13.


Carlisle se había levantado y corrido junto a su esposa y la Aya que yacía en los brazos de Esme, presa de un desmayo absoluto.
El hombre fue hacia uno de las estanterías de la estancia y cogió un gran tarro de barro sudado. Metió el dedo índice y el corazón dentro de aquel mejunje y caminó de nuevo hacia la figura sin vida de la mujer que habia perdído el color de su rostro y se sumía en la más absoluta inconsciencia. Le rozó con ambos dedos las aletas de la nariz y la mujer comenzó a reaccionar, a moverse entre los brazos de Esme, pero sus grandes ojos parpadearon un momento antes de volver a recordar la situación que la había sumido en aquel trance agónico. Charles Swan había muerto…..
Comenzó a sollozar y a esconder la cabeza en el pecho de su señora, que afligida, miraba a su marido con el martírio de saber lo que a la mujer la hería con tanta desesperación.
-Esme, ayuda a Aya y llévala a sus habitaciones. Nos apañaremos con Leah….- Carlisle sonrió a su esposa tierno y acarició su mandíbula levemente.- Asístela en todo lo que necesite, esposa…ella forma parte de nuestra familia y esto debe ser muy doloroso para ella.
Esme habló a la Aya, con una ternura infinita y la hizo erguirse nuevamente, las dos caminaron fuera del salón ante la atónita mirada de Edward que había permanecido absorto mirando la escena.
Carlisle, había olvidado por unos instantes la presencia de su sobrino y al volver el rostro y observarlo, se sintió algo violento por la situación.
-Ella es pariente de Charles Swan, Edward. Por eso ha reaccionado así.- Carlisle miró a su sobrino intensamente a los ojos.- ¿Sabes lo que son los sentimientos, Edward? ¿Has albergado algún tipo de sentimiento a lo largo de tu vida?
Edward bajó la cabeza y miró sus manos desgastadas.
Sentimientos…esas palabras solamente atenían a seres humanos y él no lo había sido nunca, o al menos no lo recordaba apenas, como una niebla perdida en el horizonte. El rostro de su madre era casi difuso y el de su padre lo había olvidado con el paso de los años.
Tenía los mismos sentimientos que podía tener un animal al que dan de comer y echan a pelear. Su meta para poder comer y dormir en aquella jaula, había sido matar a cualquiera que blandiera una espada en contra de él sin remordimientos y aquella sin ninguna duda era de un ser que no tenia ningún tipo de sentimientos.
El guerrero no contestó y mantuvo la mirada en el suelo. Aquella nuevas ropas que utilizaba no le pertenecían y lo que era más importante, no era él. No se sentía él. Había sido demasiado tiempo un esclavo en manos del asesino de sus padres. El mal que le había producido estaba más metido en su piel y en su cabeza que en las horas de cautiverio que contó. Tardaría en ser él mismo. El Edward que siempre hubo de ser. El rey de aquellas tierras donde fue tratado como la mas asquerosa de las escórias. Y ahora, estaba allí, con aquel hombre, con los rasgos parecidos a los que apenas recordaba de su madre, haciéndole aquella pregunta. ¿Sentimientos? Habría deseado ser duro como una roca en algunos momentos, pero no había podido.
Alguien entró al salón, y reconoció inmediatamente el olor. Era la hembra con olor a flores, era Isabella. Sintió la tensión en su entrepierna al recordar su desnudez y aplastó su dura quijada hasta el punto que pensó que iba estallar. Aquel guerrero valeroso se sintió acobardado por unos instantes y no levantó la mirada para observarla, porque también recordó el momento en la cueva y “ la alternativa”. Pensar en aquello lo enfureció. ¿Cómo no pudo recordarlo antes? Había dejado que lo viera como un cordero fiel antes sus ojos, cuando ella lo había desechado si hubiera tenido otra oportunidad. No la vió dudar al salir de la cueva y todavía no estaba enterado de los motivos por los cuales mando a su tio a por él.
Asi es que levantó la mirada y se irguió de la silla donde se hallaba sentado. Carlisle había comenzado a hablar con ella y Edward sentía como los pozos oscuros de sus ojos, lo bebían y se jactaban de él…algo había cambiado en ella con respecto a su persona y Edward se dijo que aquello no le afectaría, lo viviría como una especie de lucha consigo mismo y con ella. No dejaría que sus ojos reflejaran lo que sentía por ella. Aquella verdad lo abrumó. Sentía algo fuerte por Bella, pero también la despreciaba de alguna manera al haber sido rechazado.
La voz de Carlisle era amable y él intentó sonreir al acercarse para mirarla con deleite, pero con fúria.
-Isabella, que gusto me da verte. Excusa a Esme; mi esposa. Ha surgido un imprevisto y debe consolar a una persona muy cercana a nosotros. Siéntate, muchacha.- Carlisle volvió el rostro, pues la mirada de Isabella estaba perdida en sus espaldas, la muchacha ni siquiera habia pestañeado desde hacia unos minutos. El monarca bajó levemente la cabeza y rió tapándose la boca. Sin duda lo que la había dejado en aquel estado de catatonia, era su sobrino Edward.
Miró hacia su sobrino que se la comía con la mirada y apretó el hombro de Edward, con el mas decoroso de los avisos.
-Edward, Isabella. Estoy muy contento de que ambos estéis aquí, en Meadow. – su rostro viajó hacia el de la muchacha que había abierto la boca y sin pestañear, seguía mirando a Edward , pasmada.- Te agradeceré de por vida, acercarme a mi sobrino, Isabella. – pudo ver como el rostro de la joven cambiaba a la total sorpresa.- Si, él es hijo de mi hermana Elizabeth, de la estirpe de los Cullen. Edward es un rey desprovisto de su trono, uno trono que le fue arrebatado de la mas vil de las maneras; matando a sus padres y creciendo como un depredador….pero Aro, no puedo disponer de su corazón bueno y noble. La sangre de un verdadero monarca corre por sus venas y será justo vencedor en los días venideros. Isabella, te presento oficialmente al que un dia será el que se sienta en el trono donde ha campeado a sus anchas el rey Aro.



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Bella se había perdido buscando a la Aya por las cocinas; el vestido que le había dejado la mujer de Emmet, le quedaba algo grande, pero si era sincera consigo misma, nunca en su vida se había visto mejor. Los cabellos habían sido recogidos magistralmente por el Aya y se amontonaban en una perfecta castaña de bucles en su nuca. Perdida oyó voces y siguió el camino de ellas apresurándose por los largos pasillos.
Traspasó el umbral de la puerta con algo de miedo y buscó a las personas que ella creía haber escuchado. Se quedó congelada al ver al rey Carlisle; pero se quedó mucho mas, cuando vió aquel cuerpo levemente curvado y con la mirada gacha. Era él, el hombre delicioso y duro de los baños….. notó como él se tensó cuando ella hizo su aparición, como si pudiese olerla o sentirla de alguna manera y entonces el rey se acercó a ella y comenzó a hablarle. A duras penas le estaba prestando atención a lo que decía…su mirada estaba prendada de aquella figura indómita, salvaje y ardiente que en aquel momento había levantado el rostro y la miraba como si pudiese abrasarla. Comenzó a palpitarle el coño de una manera demente y pensó, que si tan solo como mirarla lograba hacer aquellos estragos en ella, que sería si pudiese tener el mismo tipo de intimidad que habia tenido con Edward….Edward…. el nombre del bárbaro, la distrajo un momento; pero duró algo menos que unos instantes. Aquel ejemplar de hombre de locura absoluta caminaba hacia el rey Carlisle y hacia ella, se paró en la espalda del monarca y completamente perdida en su mirada; mojó sus bragas de una manera completamente avergonzante.
Pudo ver como el rey reía; con la más absoluta de las cortesías y comenzó con las presentaciones.

-Edward, Isabella. Estoy muy contento de que ambos estéis aquí, en Meadow. – Isabella, dejó literalmente de respirar. No era posible…no podia ser. ¿Aquel espécimen que la alteraba hasta el punto de volverla una bestia en celo. ¿Era Edward? Parpadeó un par de veces y siguió mirando a Edward completamente extasiada, el rey Carlisle prosiguió, pero ella solamente podía cazar palabras sueltas. Todos sus sentidos estaban llenos de Edward.- Te agradeceré de por vida, acercarme a mi sobrino, Isabella. – Bella, elevó una ceja ante aquella confesión.- Si, él es hijo de mi hermana Elizabeth, de la estirpe de los Cullen. Edward es un rey desprovisto de su trono, uno trono que le fue arrebatado de la mas vil de las maneras; matando a sus padres y creciendo como un depredador….pero Aro, no puedo disponer de su corazón bueno y noble. La sangre de un verdadero monarca corre por sus venas y será justo y vencedor en los días venideros. Isabella, te presento oficialmente al que un dia será el que se sienta en el trono donde ha campeado a sus anchas el rey Aro.

No pudo hablar. No tenia palabras. Sólo tenia ojos y piel para él. Rogó para que se acercara a ella, pero él no lo hizo. Tan solo la saludó con la cabeza y se giró de nuevo hacia la silla donde anteriormente se hallaba sentado. Ella se sintió sofocada ante él y buscó un lugar también en la mesa….aquella cena seria larga y tediosa; bajo la ardiente y abrasadora de Edward. Y qué decir de sus muslos…y aquella avergonzante excitación…

Continuará…
Espero les haya gustado chicas. Es un placer escribir para personas tan especiales como todas vosotras. Sois la guía en mi camino. Gracias guapas. Os quiero.

martes, 22 de noviembre de 2011

Bárbaro

BÁRBARO.

Era el ser mas apuesto y maravilloso que habia visto en toda su vulgar existencia. Es más, nunca se habría atrevido a soñar un hombre así.
Paralizada; completamente desnuda y presa de la agitación que contenía su cuerpo, notó como su centro se derretía por dentro y clamaba un poco de atención. Queria ser descubierto, albergar algo dentro; que Bella reconocía ardientemente como aquel miembro duro y compacto que sobresalía de aquel macho impresionante.
Jadeó al verlo seguir caminando hacia ella. Orgulloso y pendenciero; sonreía con una seguridad que la hizo sentirse como un trozo de carne; entonces corrió, dejando atrás a aquel hombre. Quien quiera que fuese, volvia loca sus sentidos….
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Capitulo 12.

Bella corrió hacia la salida con una rapidez desmedida; había percibido varias reacciones en su cuerpo al ver aquel espécimen de hombre; la primera algo parecido al embobamiento y el lapsus mental y la otra, una reacción parecida a las caricias den Edward cuando estuvo ubicada dentro de su celda.
Completamente desnuda, se topó con la Aya que la miró sin ningún tipo de pudor, sonriendo al ver sus estupendas caderas y sus pechos medianos.
-¿Para donde con tanta prisa, niña?.- le dijo, intentando agarrarla por los hombros .
A Bella le faltaba la respiración y por ende no podía emitir sonido alguno por sus cuerdas vocales. Alzó un brazo y señaló hacia los baños, tragó varias veces intentando sofocarse y se pasó la mano nerviosa por su cabello chorreante de agua.
-Eh…un hombre…estaba en los baños…y he visto un hombre….- acertó a decir, mirando fijamente a los ojos a la Aya de los Cullen.
La mujer rió brevemente por un momento y seguidamente se llevó la mano a la boca para sofocar una risita larga y limpia.
-Niña….lo que me sorprende es que hubiese varios hombres en lugar de uno. Los baños son mixtos niña. Aquí no hay pudor entre hombres y mujeres. Se ven como iguales y no se dejan llevar por los instintos mas primitivos….- la mujer volvió a evaluarla con la mirada.- Supongo que debo de admitir que no todo el mundo está acostumbrado a ello y el pudor está escrito en tu cara, preciosa. ¿Pero quien ha sido quien te ha…sofocado de semejante manera?
- Un hombre…joven.- Bella bajó la mirada y sus mejillas volvieron a teñirse de un profundo púrpura.- El hombre mas hermoso que he visto en mi vida.- susurró; sorprendiéndose a sí misma por aquel tipo de confesión.
La mujer echó la cabeza hacia atrás y emitió una sonora carcajada.
-Ven mi niña, Bella. Iremos a la que será tu habitación. Tengo preparado el vestido que ha cedido Rosalie, por mediación de mi señora Esme. Los señores quieren verte bella y perfecta. Por lo que sé, esta noche será especial.
Estaban llegando a un largo pasillo…gracias a los Dioses en todo el trayecto nadie se había cruzado con ellas y Bella, nerviosa, tapaba su femineidad y sus pechos con ambas manos. El Aya se paró delante de una puerta y la abrió con una gran llave en forma de L.
- Pasa niña. Ahora te ayudaré a vestirte y arreglaremos ese bonito cabello que posees…
Ella negó con la cabeza y sonrió nerviosamente alcanzando un paño de lino y cubriéndose lo que podía.
-No hace falta; de verdad. Estoy mas que acostumbrada a hacerlo sola. – Se paró ante la mujer y negó ligeramente.- Por favor. Déjeme que me acostumbre un poco a esta clase de trato, yo…no soy una doncella ni un princesa, señora. Sólo soy la asistenta de una reina que me tachó de ladrona y que acabó “regalada” en la celda de un bárbaro.
La Aya abrió con desmedida sorpresa los ojos y tocó el rostro de ella, intentando darle un poco de consuelo.
-¿Perdiste tu virtud, mi niña? ¿Te hicieron hacer cosas bochornosas que mancharon tu ingenuidad?.- La mirada del Aya , se volvió tierna.
Bella negó y suspiró antes de hablar.
-El hombre con el que me encerraron, es como un animal, pero tierno y sensible…..
La Aya abrazó a Bella y ésta recibió este gesto como algo extraño…el olor, sus ojos y su figura débil y pequeña le hizo recordar el borroso rostro de su madre muerta.



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Jasper abrió azorado la puerta de su cuarto no sin antes mirar hacia los lados. Era de vital importancia que nadie supiese que tenia a Alice Brandon resguardada en la seguridad de su habitación.
Al encontrarse ya dentro, suspiró aliviado y caminó hacia el lecho donde la muchacha dormía plácidamente. Se podían ver claramente los moratones en su rostro en el principio de sus senos, los brazos y las muñecas. Apretó los puños al pie de la cama y juró matar al administrador….
…. Alice habia entrado de cocinera al castillo de Meadow hacia pocos meses, su increíble belleza habia sido un lastre para ella; sin duda, ya que mas pronto que tarde el administrador de las tierras de su padre se habia fijado en ella y había intentado por todos los medios hacerse con su virtud con regalos y palabras sensiblonas.
Él a escondidas, había sido testigo de ello y su maltrecho corazón había descubierto mas pronto que tarde que se estaba enamorado de aquella alegre muchachita con todo su ser.
Jasper, mucho mas tímido que sus hermanos, no creía en sí mismo y cuando ella se hallaba cerca bajaba la cabeza y se sonrojaba de sobremanera. Alguna vez se habín encontrado sus miradas y él se habia sentido completamente embruajado pro aquel ser celestial que proclamaría como suya como el mas bárbaro de los hombres.

Pero todo habia ocurrido hacia pocos días antes…Aya la habia encontrado en unos de los campos de labriego, completamente desnuda y con sangre entre sus piernas.
Él mismo la habia llevado sobre sus brazos, llorando en silencio y jurándose a sí mismo que siempre la iba tener bajo su amparo. La amaba y no iba a permitir que su honra se mancillara mas de lo que ya estaba.
Suplicó a Aya que no le dijera nada a nadie. Dolido y consternado, no hacia otra cosa que culparse por no haber parado a aquel hombre a tiempo y haberlo matado con sus propias manos antes de que aquel hijo de puta abusara de Alice de la manera mas asquerosamente ruín.
Después tuvo que salir con sus hermanos a buscar a sus padres…. en busca de Edward y ahora…. La tenia allí, perdida en su inconsciencia.
-Te voy a cuidar toda la vida; pequeña duende.- susurró, pegando su rostro al de ella y besando su frente con devoción.- Despierta amor mio, despierta para mí…
La muchacha movió sus globos oculares, debajo de aquellos párpados morados y abrió los ojos lentamente; haciendo que Jasper sonriera de júbilo.
-Señor….- la voz de Alice sonaba mas ronca que habitualmente y adolorida, se llevó una mano al cuello; jadeando de dolor de nuevo.
-Shhh…no temas, Alice. Yo haré lo que has vivido un mal sueño.
Ella lo miró sin pestañear y las lágrimas brotaron casi instantáneamente, cerró fuertemente los ojos y tragó en seco intentando sofocar el dolor que le asistía por todas sus articulaciones.

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Eme sonreía a Edward y éste intimidado se sonrojó un par de veces antes de volver a escuchar a Carlisle.
-¿Edward?.- El hombre le había llamado la atención un par de veces y divertido miraba a su esposa y a la Aya que cuchicheaban entre risas yendo de una lado a otro del salón.
-Yo…
-No te preocupes….¡Vaya chico! Sin duda tienes el encanto de los Cullen, eres realmente apuesto… tendremos que llamar al herrero y cambiar la cerradura de tus aposentos, ¡Por todos los Dioses! Las mujeres querrán tenerte dentro suyo a todas horas.
Edward no entendió lo que le dijo aquel hombre amable y su rostro se mostró contrariado.
A Carlisle no le pasó desapercibido aquel gesto y se acarició la barbilla con la mano, sonriendo acto seguido, algo divertido.
Además de entrenarlo para formarlo como digno hijo de su madre, también debería de darle sendas clases sobre la manera en que un hombre y una mujer se unían por el simple gozo del placer.
-Te preguntaba quién te ha enseñado a vocalizar tan bien como lo haces, para ser pasto del total abandono, te aseguro Edward que ese hombre hizo muy bien su trabajo.
-Un hombre bueno. La única alma caritativa que se mostró gentil conmigo y me brindó su hombro para no sentirme completamente solo.- Edward recordó un momento a Charles Swan y un dolor profundo inundó su corazón.
-¿Y dime, quién es ese hombre? Lo buscaremos cuando mandemos a mis hombres, para saber si Aro sigue con vida o no, quiero expresarle yo mis..
-No ,eso es imposible, nadie me ha dicho nada, pero sé que un dia dejó de venir y no olí mas su esencia. Sé que Charles Swan murió.
Carlisle se envaró de la silla donde se hallaba sentado y miró a Esme que se había quedado parada en la cocina, petrificada por el horror, luego se escuchó algo que se hacia mil añicos en el suelo, todos los ojos viajaron hacia La Aya . Habia entrado en estado shock.
-Reneé….- el susurro de Esme rompió el silencio, haciendo que Carlisle fuera en busca de la mujer y se desplomara entre sus brazos.



Continuará…..

martes, 18 de octubre de 2011

Bárbaro

BÁRBARO.

Edward que con la cabeza gacha, lloraba en silencio miró al hombre con detenimiento, se apartó los mechones encrespados de la cara que le tapaban el rostro y susurró.
-Mi madre se llamaba…
Carlisle se emocionó al oir a Edward hablar con aquella dicción tan magnífica. No le preguntó quien lo habia enseñado. Eso podia dejarlo para después….
-Elizabeth Cullen.
Sin previo aviso Carlisle lo abrazó y Edward volvió a revivir el dulce aroma de su madre. El color de su pelo, el verde de sus ojos, el color de su piel, respiró profundamente y olió también al consanguíneo de ella. Sonrió feliz, cuando abarcó su espalda entre sus atléticos brazos….

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Capitulo 11.

El trote de los caballos era casi hipnótico. E Isabella Swan, adormecida iba dando pequeñas cabezadas en el musculoso y ancho pecho de Emmet Cullen. El sol despuntaba en el horizonte y los leves rayos solares se filtraron a través de sus pestañas para entreabrir los ojos y ver, en la lejanía, una ciudad que emergía victoriosa dentro de una gran muralla de piedra caliza.
La voz del hombre la hizo despertarse completamente y abrir a duras penas los ojos para observar maravillada.
Paseaban entre medio de un oasis perfumado de acácias y flores; era lo que muchas veces habia soñado ver. Un aliento de vida para ella; sin duda. Un oasis perfumado y magnífico que nada tenia que ver con el reino oscuro y gris del Rey Aro.
Ninguno de los acompañantes habia dirigido una palabra con ella. Abatidos; se miraban de vez en cuando los unos a los otros con el terrible miedo de que el pilar de su hermosa familia no llegase nunca al calor del hogar.
Los portones de la entrada de la ciudad se abrieron gradualmente haciendo que los caballos con sus ocupantes cediesen poco a poco dejando atras la entrada.
Los cascotes de los caballos; como reconociendo el lugar, trotaron de manera diferente. Como si desearan llegar al lugar donde los cepillarían y les darían agua para colmar su sed. Un gigantesco castillo se elevaba al final de todas aquellas calles, en las cuales, comenzaba a surgir la vida, con el ruido de caballos y hombres que iban de un lado a otro; trabajando en armonía total.
-¿Qué ciudad es esta?.- preguntó ella, buscando la mirada de la dulce dama de cabello marrón, que acompañaba al fornido moreno.
-Este es nuestro reino.- la mujer sonrió.- Meadow. Es el reino de Meadow, y a partir de ahora; también será el tuyo. Haremos que te sientas querida y afortunada en él.
Bella le sonrió a la señora de rostro agradable. Pero un pinchazo le aguijoneó el corazón. Edward…¿volveria a verlo? Él sin duda no estaba hecho para vivir en un mundo de formalidad y perjuicios. Él era prácticamente un animal. Le dolió terriblemente el corazón al pensar que no volvería a ver a aquellos ojos verdes tan inocentes y verdaderos. Aquellas pestañas increíblemente largas y aquellos labios levemente llenos; que se escondían en aquella maraña de barbas.
Suspiró y el hombre que iba sentado detrás suyo, rió de manera divertida.
Ella rodó los ojos y frunció los labios; antes de que las puertas del castillo se abrieran y una serie de personas fueran a recibirlos con grata cordialidad.
-Señora…..¿Y el señor? ¿Han encontrado a….?
Esme Cullen bajó de su caballo; antes que su hijo y fue hacia la señora regordeta que habia llegado primeramente a recibirlos al patio.
-No. El muchacho está con Carlisle. Debemos rezar a los Dioses porque vengan los dos sanos y salvos….
-Señora…
-¡Emmet! ¡Emmet! ¡Quien coño es esa mujer que llevas en tu caballo?.-
-Problemas…. Baja antes que mi esposa te arranque esa bonita mata de pelo que tienes.- la voz tranquila de Emmet se pegó en su oído y Bella bajó a trompicones del caballo; con tan mala suerte que se dio de rodillas contra la dura pavimentación.
-¡Auch!.- se quejó. Los brazos de Esme la sujetaron y pararon a Rosalie que iba a lanzarse con todo su peso encima de ella.
-¡Rosalie! ¡Muestra un poco de decoro por favor! Esta chica es nuestra invitada .- Rosalie miró a su suegra ceñuda y luego a su esposo con fría determinación.- ¡Emmet! Acompaña a tu esposa a vuestras habitaciones y explícale. No quiero que esto vuelva a repertirse. Jacob, tú ve a llevar los caballos. Jasper, tú…
-Madre.- la mirada lánguida de Jasper; dejó a su madre con la palabra en la boca.-Yo..he…necesito…necesito….
Esme sonrió tierna a su hijo y le hizo un gesto con la mano.
-Ve donde tengas que ir hijo mio. Ve.
Esme se volvió hacia Bella y sonrió orgullosa.
-Aya, esta niña es Isabella y a partir de ahora será una mas de nosotras. Dale un buen baño ; que se refresque y uno de los vestidos de Rosalie. Mas adelante mandaremos llamar a Celine para que le hagan unos cuantos a su medida. De momento uno de Rosalie; vendrá bien. Y si te pone algún impedimento, por favor me lo dices. Que yo me encargaré personalmente de elegir el modelo….
-Si señora.- Aya sonrió con complicidad a su señora y agarró a la joven escuálida y blancucha que estaba parada al lado de Esme.- Sígame Isabella. Haremos que tu piel brille de manera especial.
Bella se estremeció. ¿Haremos?

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Habian huido de aquellas tierras tirando suavemente de aquel caballo de corte; y cuando llegaron a una explanada en la que se suponía era lo bastante lejana de las tierras del Rey Aro; Carlisle montó el majestuoso animal para ofrecerle la mano a Edward y cabalgar hasta que le faltó el aire al poderoso animal.
La mañana estaba bien entrada cuando llegaron a Meadow. El portón de la gruesa muralla estaba abierto y los transeúntes iban de un lado para otro; alzando la mirada para saludar a su rey. Algunos; claramente rebeldes miraban con horror el aspecto de aquel sucio ser con apariencia de hombre que se hallaba montado en el intrépido corcel de su rey.
Veloces; llegaron a la entrada del castillo y el mismo Carlisle, acompañado de Edward fue hacia los establos para dejar allí al caballo y ordenando su cuidado a uno de sus lacayos.
Volvieron sobre sus pasos y la puerta cedió, ante unos breves golpes de él.
Edward no habia visto cosa igual en su vida. Con los ojos desorbitados. No podia dar crédito a lo que aquellas paredes albergaban dentro.
-Es magnífico. Lo sé Edward. Este castillo es el único que quedó en pie después de todas las batallas. Meadow es una ciudad tranquila, como has podido ver. – Su tio le sonrió .- Ven Edward. Debemos hacer todo lo posible porque te sientas agusto aquí. ¿Qué deseas? ¿comer, asearte? Dime hijo.
Edward no pudo hacer oídos sordos a su estomago; que como si hubiera entendido a las mil maravillas las palabras de su tio; ser retorció emitiendo unos sonidos tremendamente vergonzosos.
Carlisle rió y apoyó una de sus manos en el hombro de él.
- Primero comerás hijo. Y luego veremos que aspecto tienes debajo de esos pelos y esa barba…..
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-¡Te quieres estar quiero hombre del demonio! ¡No duele cortar el pelo ni las barbas!
Victoria se habia comenzado a impacientar con aquel espécimen tan extraño. Le habia llamado enormemente la atención su cuerpo. Atlético, sin un ápice de grasa y la altura….Era una especie de cuerpo esplendido con rostro de perro. Se habia ofrecido voluntaria, dado que tanto Leah como Alice no podían hacerlo.
Alice estaba convaleciente todavía, por la violación del administrador y Leah se empleaba ahora en las tareas de la cocina.
Ademas aquel hombre gruñía cada vez que intentaba rebajarle la barba o el bigote. Estuvo tentada de tirar la navaja un millar de veces. Pero pensó que seria maravilloso saber que se ocultaba detrás de todos aquellos rastrojos.
El cabello fue lo primero que cortó. Dejándolo con algunos trasquilones; ya que el muy energúmeno no paraba de bufar y moverse de un lado a otro. Pero advirtió con este simple hecho; que su cabello era suave y de un extraño color; muy parecido al tono de los primeros Cullen. Tambien se quedó ensimismada con aquellos ojos despejados, ahora. Eran tan bellos que casi estuvo al límite del colapso cuando se pararon en su escote con una levedad ardiente.
Deseosa de limpiar el rostro de los últimos cabellos; echó hacia atrás la cabeza del hombre y tiró lentamente un barril con agua tibia para retirar todo lo que sobraba de su rostro.
Él se llevó las manos a la cara y ladeó un par de veces la cabeza como si fuera un perro; intentando sacudirse. Victoria le tendió un pequeño trapo de lino y él se restregó la cara enérgicamente, hasta que tiró el trapo al suelo, enfadado.
Ella. Victoria se quedó como si hubiese visto una aparición. Dio dos pasos hacia atrás asombrada y se tropezó con algo. Estuvo a punto de caer, pero aquel hombre que habia descubierto ella, bajo toda aquella maraña de pelo, la sujetó por la cintura y paró el golpe.
-Por todos los Dioses.- jadeó ella.- admirando su rostro, a pocos centímetros del suyo.- Eres lo mas bello y ardiente que han visto mis ojos.
Edward sonrió divertido. Aquella hembra voluptuosa y de grandes senos se le habia estado refregando constantemente. Habia sentido sus pezones erectos junto a sus labios, fuera de todo pelo. Estuvo tentado a mordisquearlos, pero el recuerdo de Bella le atizó en el vientre como una hoja de acero.
La mujer, ahora. Lo miraba ensimismada y habia dicho algo que él apenas dio importancia.
Edward no habia abierto la boca en todo el rato para hablar con cualquier palabra con sentido. Era hora de hacerlo. Debia de bañarse; llevaba tantos pelos, reapartidos por el cuerpo, que si hubiese hecho caso a sus instintos se hubiera refregado por la roca de las paredes para aliviar dicha quemazón.
-Baño.- dijo escueto.- ¿Dónde hay un lago o un arrollo?
La mujer rió sin pestañear y devorándolo con los ojos.
-No. Verás. Aquí hay duchas en el patio interior del castillo.- Edward se sintió violentamente abrumado por la mirada de deseo de la mujer pelirroja.- Si quieres puedo acompañarte, incluso….si me lo permites, puedo ayudar a bañarte.- Dulce y a la vez violenta, Victoria rogaba a los Dioses que aquel espécimen prohibido de hombre la llenara y con este pensamiento su cuerpo comenzó a sentir la flacidez del deseo.
Edward reconoció el hedor del deseo; pero éste muy al contrario que el aroma dulzón de Isabella, le hacia arrugar la nariz y sentirse violento.
-No.- dijo sin mas.- Yo mismo preguntaré.
Victoria se quedó mirando su andar de felino y ansiosa se recostó sobre una de las columnas viendo lo marchar. Se pasó una mano por la frente sudorosa y cerró los ojos victima de la quemazón insatisfecha del deseo ardiente de su cuerpo.



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Los baños eran espléndidos. Eran como pequeños mares rodeados de piedra caliza, que debia ser el tesoro más preciado de aquel lugar; ya que todo estaba cubierto por ella.
Edward no habia tenido ningún problema en encontrar los baños. El aroma del agua le habia envuelto las fosas nasales y guiado por éstas fue directo, bajo la atenta mirada de toda fémina que pasaba a su lado.
Deshechó toda su escasa vestimenta y bajó unos pequeños escalones; esplendorosamente desnudo. La sensación del agua contenida bajo su piel le hizo sonreir tímidamente. Sumergió la cabeza dentro de aquel espacio y al salir un increíble cuerpo de mujer blanco y perfecto sumergió de aquellas aguas con la misma efusividad que él.
Era ella. Era Isabella. Bebió sus pechos con la mirada; goloso y casi se sintió orgulloso de sí mismo al verla allí paralizada y victima del mismo colapso que la mujer que lo habia adecentado.
Él se acercó a ella sin decir nada; pero Bella escapó nadando hacia los escalones que previamente él habia bajado. Caminó lentamente hacia ella y se expuso, completamente desnudo frente a la hembra que lo habia repudidado.
Rígido como una estaca; con aquella punta amoratada que rogaba ser saciada, Bella contuvo un jadeo de excitación al ver aquel hombre como su madre trajo al mundo.
Era el ser mas apuesto y maravilloso que habia visto en toda su vulgar existencia. Es más, nunca se habría atrevido a soñar un hombre así.
Paralizada; completamente desnuda y presa de la agitación que contenía su cuerpo, notó como su centro se derretía por dentro y clamaba un poco de atención. Queria ser descubierto, albergar algo dentro; que Bella reconocía ardientemente como aquel miembro duro y compacto que sobresalía de aquel macho impresionante.
Jadeó al verlo seguir caminando hacia ella. Orgulloso y pendenciero; sonreía con una seguridad que la hizo sentirse como un trozo de carne; entonces corrió, dejando atrás a aquel hombre. Quien quiera que fuese, volvia loca sus sentidos….
Continuará…
Chicas. Sé que estabais esperando Bárbaro con especial atención. Espero lo hayais disfrutado. Ya me diréis mis preciosas amigas. Un beso. Mañana Demon; si puede ser ok???

viernes, 30 de septiembre de 2011

Bárbaro

BÁRBARO


Bella se levantó casi desnuda y él se incorporó con ella. Ambos se miraban con insistencia y Edward no pudo mas con el picor que atenazaba su boca y labios. La agarró fuertemente de la cintura y la pegó a su torso, estrellando su boca con la de ella, gimiendo de dolor al saber que jamás la volveria a tener de aquella manera ni de ninguna otra.
A duras penas se despegó de sus labios y la empujó levemente.
-Marchate y recuerda. He muerto. Esa es tu alternativa.
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Capitulo 10.

Bella surgió de las sombras con un dolor ahogado en el vientre. No era capaz de abandonarlo, habia sido su salvador. Gracias a él, ella seguía con vida.
Titubeó un poco al alzar la voz, pero sacó la suficiente fuerza de voluntad como para encontrar espacio en su diafragma.
-¡Señor!.- gritó con miedo.- Señor….
Carlisle dio un pequeño golpe con el pie a su caballo. Habia oído una voz, estaba casi seguro de ello. Miró a su hijo y éste asintió.
Trotaron despacio hacia el claro en el bosque y poco a poco fueron vislumbrando la figura de una mujer entre los arbustos.
-Es ella. – Le dijo a su hijo mayor, sonriendo. –Es la chica que huyó con Edward.
Trotaron algo mas a prisa y ambos bajaron de los caballos.
-Debemos darnos prisa.- sentenció el rey, ahora algo mas nervioso, pensando en la proximidad de los hombres de Aro.- ¿Dónde esta mi…el chico?
Bella parpadeó un par de veces. Algo le quemaba dentro del cuerpo. Vivir con aquella mentira era demasiado para ella. Dio un par de pasos hacia el caballero rubio y habló en un ténue murmullo.
-Está en la cueva. No quiere salir. Creo que teme que lo capturen como lo hizo el hijo de mala madre de Aro. Me ha pedido que les dijera que habia muerto.
Carlisle desvió la vista hacia su hijo y tuvo que rodar los ojos. Emmet se estaba comiendo literalmente a aquella chica con la mirada. Carraspeó un poco y entonces logró toda su atención.
-Llevátela a casa Emmet.- Miró a la chica con una sonrisa de ternura.- Soy el Rey Carlisle y este es mi hijo Emmet. Él te llevará donde esta mi mujer y demás hijos. No temas ,nada te sucederá.
Bella miró al hombre del que hablaba el rey Carlisle y tragó en seco. Nunca en su vida habia visto un ser mas hermoso, notó como su rostro se ruborizada y sonrió al muchacho con timidez. Él la imitó y le ofreció su mano enguantada para saludarla.
-Haz caso a mi padre. Nada te sucederá. ¿Cómo te llamas preciosa?.- Bella se sintió literalmente arder y volvió a sonreir tontamente.
-Isabella. Pero mi padre me llamaba Bella.
-Bueno. No perdamos mas el tiempo.- apremió Carlisle.- Emmet lleva a Bella con tu madre y tu esposa. De Edward me encargo yo. Si mañana a primera hora no he regresado, mandar a alguien en su busca. Si los esbirros de Aro intentaran darnos caza, defenderé a Edward con uñas y dientes, márchate. Coge a la chica y huye.- Carlisle observó como Emmet agarraba a Bella de la cintura y la alzaba hasta la montura del caballo, él se subió también a él y por unos instantes se quedaron ambos mirando. Hijo y padre.-Dile a tu madre que la amo.
Emmet buscó el temor en la mirada de su padre; pero no lo encontró.
-Díselo tú, cuando vuelvas.
Dio unos golpes a su caballo y se volvió al galope en dirección opuesta a donde él se encontraba.
No podia perder el tiempo. Debia de hablar con Edward. Hacerle entender que debían de huir de aquellas tierras. El problema era como iba a dialogar con él, si no lo habia oído pronunciar una palabra.


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Edward solo y cabizbajo habia cogido una rama seca y estaba intentando algunos de los simbolos que Charlie le enseñó, en el suelo de la arenosa cueva. Embutido en sus pensamientos no oyó las pisadas del individuo que habia entrado en su madriguera, sin apenas darse cuenta.
-Edward.
Se levantó como un animal salvaje y corrió hacia la voz, con un grito salvaje. Se echó sobre el individuo y le enseñó los dientes como un depredador. Al darse cuenta de quien era, se apartó un poco y lo miró con curiosidad. Aquel rostro mirado mas de cerca, le recordaba vagamente a alguien, habia algo extraño en él, que le hacia sentirse querido. Su madre. Aquel hombre de pelo como el trigo tenia la misma mirada de la madre que perdió la vida en las manos del asesino Aro. Se separó totalmente de él y mantuvo una distancia prudente. No quería matarlo. Pero si habia llegado hasta él con ideas de llevárselo para volver a pelear estaba muy equivocado. No importaba a quien le recordara, no volveria a matar si no estuviese su vida en peligro y muchísimo menos para el divertimento de los reyes.
Carlisle observó a Edward con tristeza. Podia ver perfectamente como sus músculos tensos estaban preparados para atacar nuevamente. Habian transformado a su sobrino en un animal que despedazaba y machacaba sin ningún tipo de remordimientos. Se sintió mal por su fallecida hermana y le dio gracias a los Dioses por que no pudiera ver en lo que se habia convertido su único hijo.
-Edward.-volvió a decir, suave, casi tierno.- He venido por ti. La chica. Isabella.
Edward rugió de manera brutal y Carlisle pegó su brazo a la frente para intentar protegerse de un posible ataque.
Lo oyó respirar agitadamente y luego murmurar algo que no supo comprender.
-¿Hablas algún dialecto? Porque sé perfectamente que me entiendes.-Carlisle se armó de valor y se levantó del suelo. Caminó hacia él y le sonrió benevolente.- No te voy a hacer daño Edward, solo quiero que me escuches y comprendas. Llevo años buscándote.
Edward frunció el ceño. ¿Años? Eso era mucho tiempo. Charles Swan se lo habia enseñado y aquello eran muchos soles y muchas lunas. Miró otra vez al individuo que cada vez estaba mas cerca y abrió la boca enseñando los dientes, en señal de desafío.

-Quizás, tú no me recuerdes, pero yo lo he hecho durante todos estos malditos años. Mi padre luchó con uñas y dientes durante varias centurias por los reinos colindantes al mio. Sus gestas fueron cantadas por trovadores por decenios; fue un rey justo y bondadoso, pero por ese mismo motivo no pensó en que probablemente se estaba gestando un eje del mal en su propio reino. Era el reino mas grande en todo lo que se sabe de tierras habidas y por haber y comenzaron las disputas por aquellos reinos que no podia organizar por su falta de tiempo y la lejanía de éstos. Uno de ellos fue el reino que ahora es de Aro. Ese malnacido vil.
Mi padre, pensando que hacia lo mejor, casó a todos sus hijos y los mandó lejos de él, para que pudieran ellos ejercer un buen mando sobre las tierras que él reinaba.
Pero uno de los reinos se sublevó y capitán del ejercito puso a éste en contra de mi hermana y su consorte. Los mataron y encarcelaron a su hijo …
Edward no podia creer lo que estaba escuchando. No sabia de parentescos, pero por lo que estaba relatando aquel hombre….él era hermano de su madre muerta.
-Elizabeth y Edward murieron sin que mi padre pudiese hacer nada….luego se corrió la voz y se sublevaron otros reinos que estaban bajo sus dominios, perdimos muchas guerras, pero al final, quedó la raíz del reino….solamente aquel trozo de terreno que podíamos entender y apreciar…escuchar a sus gentes y cuidarlas. La avaricia de papá nos hizo perder muchas vidas y también a mi hermana, pero yo no me he olvidé de su hijo y he venido a llevarlo conmigo. A su casa, a prepararlo, a hacerlo un caballero de armas para que un dia consiga lo que por derecho es suyo. Las tierras del rey Aro, teñidas de la sangre de tus padres; Edward.
A el bárbaro le faltaba el aire en sus pulmones. Abrió la boca para beber el aire en bocanadas y rugió como un animal herido, se arrodilló en el suelo y gimió como un cachorro asustado en la tormenta. Carlisle se acercó a él con paso seguro e hinchó las rodillas en el arenoso piso de la cueva.
-Ven conmigo, Edward. Ven conmigo, hijo….
Edward que con la cabeza gacha, lloraba en silencio miró al hombre con detenimiento, se apartó los mechones encrespados de la cara que le tapaban el rostro y susurró.
-Mi madre se llamaba…
Carlisle se emocionó al oir a Edward hablar con aquella dicción tan magnífica. No le preguntó quien lo habia enseñado. Eso podia dejarlo para después….
-Elizabeth Cullen.
Sin previo aviso Carlisle lo abrazó y Edward volvió a revivir el dulce aroma de su madre. El color de su pelo, el verde de sus ojos, el color de su piel, respiró profundamente y olió también al consanguíneo de ella. Sonrió feliz, cuando abarcó su espalda entre sus atléticos brazos….

Continuará……
Bueno chicas….que les pareció??? Besos hermosas. Las quiero!!!!

miércoles, 31 de agosto de 2011

Bárbaro.


Bárbaro.
Creo que dormiré.- le oyó decir a ella.
Edward se levantó y caminó hacia ella.
-¿Puedo?.- le preguntó, indicando con una mano, otro jergón que habia dispuesto él con hojas secas y pieles.- La noche es fría y siempre se agradece otro cuerpo caliente cerca de uno.
Ella se perdió en sus ojos; mas oscuros que lo habitual y asintió con la mirada.
Notó su cuerpo caliente cerca de el suyo y también el aroma inconfundible de su cuerpo; ahogó una sonrisa y le dio la espalda para intentar conciliar el sueño.
-Buenas noches Edward….
-Buenas noches, amada.
Bella se quedó inmóvil por unos instantes. Hasta dejó de respirar. Notó como el cuerpo de él se ceñía al suyo y su falo duro se pegaba a su trasero desnudo. Tambien sintió la delicadeza de su mano rozar levemente su cintura y apresarla contra él, haciendo que los limites de un cuerpo y otro fueran inexistentes. Aquel maldito cosquilleo volvió… y en todo el cuerpo. Necesitaba algo de aquel bárbaro y lo necesitaba ya.
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Capitulo 9.


El trote de los caballos, bajo la intensa mirada de la luna en cuarto menguante se alzaba por encima del canto de los lobos y de las alimañas que alojaban aquel lugar escarpado.
El caballo que llevaba a Esme y a Jacob en su lomo, relinchó.
Jasper y Emmet se miraron y cabalgaron veloces la distancia que los separaba de su hermano.
-¡Coge bien las riendas, Jacob, o mamá se caerá!.- Jake sujetó con mas fuerzas las riendas de tan esplendoroso corcel, dando una doble lazada en sus muñecas. El animal; pareció levemente calmado y resopló.
-¿Estas bien, mamá?.- La cabeza del muchacho se giró para mirar a Esme, que le sonrió con pesar.
-Tranquilo. Jake. El caballo ha debido hacerse daño en una pezuña. El camino está escarpado y lleno pedruscos. No habeis traido los caballos correctos para una búsqueda. – Esme, paseó la mano por el suave lomo del corcel.- Este caballo no conoce otra cosa que las llanuras de nuestra corte, esto debe ser horrible para él. ¿no es asi, precioso?.- volvió a hablar dirigiéndose al animal.
-No podemos emprender la búsqueda con esta poca luz. Edward puede estar en cualquier parte. – Ahora era Carlisle el que hablaba.- Mirad todas rocas. Quizás estén huecas y mi sobrino se encuentre allí, pero no puedo poner en peligro a toda mi familia y buscar a ciegas.- Carlisle bajó la cabeza apesadumbrado.- Debemos volver.
-¿Volver? ¿A casa?.- Emmet, miró extrañado a su padre sin comprender.- Si es por mamá, ella puede marcharse junto a Jake y Jasper. Papá; no podemos abandonarlo ahora. Si posponemos la búsqueda, quizás mañana mi primo esté muerto….
Los tres hermanos se miraron y asintieron con la cabeza.
Jake apretó la mano de su madre y le sonrió, dando por sentado que se marcharían inmediatamente de aquellas tierras.
Jasper miró a su padre y ceñudo pensó en Alice, la mujer que amaba.
Habia sido ultrajada de la peor manera posible que puede serlo una mujer. Negó con la cabeza y la levantó. Se marcharía tal y como habia dicho Emmet. Él debia estar con ella. Consolándola. Diciéndole todo aquello que nunca habia sido capaz de decirle: que la amaba.
Que le importaba un bledo que ella fuera una simple cocinera y él hijo de un rey.
Apretó los puños con fuerza y se armó de valor.
En cuanto todo el asunto de Edward hubiera sido solucionado, hablaría a su padre de los verdaderos sentimientos que le unian a Alice. Pero primero….primero debia de hacerlo con ella.
Si tuviera alguna idea de cuanto la amaba. De cómo suspiraba por las noches pensando en su sonrisa y en su graciosa manera de caminar….
-Yo me quedaré con Emmet.- dijo finalmente Carlisle.- Vosotros marchaos. No volveré sin Edward. No sin el hijo de mi querida hermana Elizabeth.
Los muchachos asintieron y saludaron a su padre con la cabeza.
Esme miró a su marido con ojos tiernos y le lanzó un beso con la palma de la mano. Él hombre maduro sonrió con picardía; haciendo que ella se sonrojara levemente. Aquella era una firme promesa de algo que estaba por llegar.

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Aro habia sido echado bajo un extraño jergón con hierbas que habia ordenado el hechicero de un poblado vecino. Su respiración errática y el horrible aspecto de la herida de su cabeza, parecía indicar que todo estaba perdido.
Entre la penumbra el hechicero comenzó un ruego infernal mientras amasaba trozos de aquellas hierbas con la sangre seca del malévolo rey.
Tomó aquello en su boca y rugió como un animal herido, haciendo que cayera al suelo, para seguidamente revolcarse en él y moverse como si fuera victima de una posesión.
Félix, se asomaba inquieto por una de las rendijas de la puerta.
Aro estaba a las puertas de la muerte. ¿Qué seria de todos ellos si finalmente él moría?
Aquel reino era un reino robado. Aro no habia nacido con sangre real en sus venas…si él moria…el verdadero rey podría volver y si no él…sus descendientes.
Un escalofrio de terror le recorrió toda la columna y rogó a quien le oyese que finalmente, Aro no muriera. Félix seria capaz de lo que fuera para que este hecho no aconteciera. Cualquier cosa.


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Una suave brisa hizo que Bella estornudara y el contacto con el hombre fue aún mas estrecho de lo que era.
No entendía aquel calor nervioso que se habia forjado entre sus tripas. Lo oyó carraspear levemente y comprendió que él tampoco podia conciliar el sueño.
Los dedos de él acariciaban levemente su estomago y ella cerró los ojos fuertemente, intento calmar todo lo que le rugía su cuerpo.
-¿Tú tampoco puedes dormir?.- La voz de él hizo que se tensara. Dejó escapar suavemente el aire por su nariz e intentó parecer lo mas indiferente posible.
-No. Tengo miedo.- mintió.- No sé que será ahora de mí. No tengo donde ir, ni familia a la que acudir.- De repente, se dio cuenta que el miedo comenzaba a meterse dentro de ella como un veneno mortal.- Yo…
Edward se levantó y puso a ambos lados del cuerpo de ella sus brazos fuertes y varoniles.
-Iras conmigo. Yo te protegeré.- Le dijo él, mirándola con insistencia a los ojos.- ¿Lo haras?
Ella parpadeó un par de veces. Estaba literalmente encima de ella y su rostro y el de él estaban tan cerca que podia sentir el cosquilleo de la barba sobre su cuello.
-No tengo alternativa.- le dijo finalmente, apartando la mirada.
Edward se incorporó del jergón y comenzó a andar como un león enjaulado.
-¿Y si la tuvieras?.- Se giró para mirarla.- ¿Si la tuvieras….te quedarías conmigo?
Ella se encogió y miró su cuerpo desnudo como hipnotizada. Mordió su labio inferior con lentitud y cerró los ojos intentando pensar con total raciocinio.
-Mira..estoy agradecida por todo lo que has hecho por mi; pero no. Si tuviera otra alternativa no me marcharia contigo. Aunque ¿A quien le importa eso? No la hay. Si los esbirros de Aro o él mismo nos encuentran, nos mataran. Nuestro futuro es de lo mas incierto….
Edward le dio la espalda y cerró los ojos fuertemente.
Ella no sentía de la misma manera que él. No tenia aquel fuego protector que a él le ardía en el interior de su ser. Prendido en su pecho, adolorido y hastiado.
Él tampoco habia tenido alternativa en su vida. Y muchas veces habia rogado a cualquiera de los Dioses que lo mandaran al mismo infierno antes de seguir en aquel mundo caótico y fiero en el que vivía.
Un perro era mejor mirado que él. Y cuando por fin algo alumbró sus días….
….Ella no tiene otra alternativa.
Se giró en redondo para encararla.
-Te daré otra alternativa.
Edward estudió detenidamente los ojos de ella; como los de un contrincante de lucha y vió lo que no estaba preparado para ver.
Isabella vió una luz en aquel embrollo de sucesos que la habían enviado hasta aquel bárbaro, peludo y musculoso.
¿Pero que clase de alternativa podría darle, un cavernícola sucio y descuidado?
De repente ambos oyeron a alguien acercarse con algún tipo de animal. Tal vez un caballo.
Se miraron y Edward fue hacia ella, le tapó la boca y ensanchó las aletas de la nariz para olfatear el hedor que venia de fuera.
Le era vagamente familiar. Y por el contrario no eran los enemigos que tanto temía ella.
-¡Edward!.- Se oyó una voz desde fuera.- ¡Edward soy el rey Carlisle, sal junto con la chica, nada os pasará!
Edward miró a Isabella que lo miraba con los ojos como platos y muerta de miedo.
Recordó al hombre y también el efluvio que emanaba; sin duda era él. Pero alguien lo acompañaba, otro hombre.
Edward habia sentido la ternura en los ojos de aquel hombre y de su esposa. Aquella era un oportunidad…pero no para él. Él habia dejado de tener oportunidades desde el dia en el que Aro mató a sus padres.
-Isabella…-dijo en un susurro, casi inaudible.- Ahí tienes tu oportunidad.- Desplazó la mano de su boca, para agarrarle la mandíbula con fuerza y acercarla más a él. A su rostro.- Si te preguntan por mi, he muerto. ¿Entiendes? Me ahogué en el lago.- Edward miró los labios de ella preso de un dolor, que no imaginaba que existiera.- Ahora vete.
Bella se levantó casi desnuda y él se incorporó con ella. Ambos se miraban con insistencia y Edward no pudo mas con el picor que atenazaba su boca y labios. La agarró fuertemente de la cintura y la pegó a su torso, estrellando su boca con la de ella, gimiendo de dolor al saber que jamás la volveria a tener de aquella manera ni de ninguna otra.
A duras penas se despegó de sus labios y la empujó levemente.
-Marchate y recuerda. He muerto. Esa es tu alternativa.

Continuará….

viernes, 22 de julio de 2011

Bárbaro.

Los personajes de esta historia son de Sthephenie Meyer . La trama en sí. Es mía.
Disfrutad de la lectura hermosas.

BÁRBARO.


Ella intentó zafarse pero ya era demasiado tarde. La habia cogido con aquella manos babosas.
-El maldito cobarde ha huido.- rió con ganas.- No me importa.- dijo de pronto, serio.- Ahora solo puedo pensar en una cosa y es en ti y en tu fabuloso cuerpo. -¡Ven maldita puta, te voy a enseñar lo que es un hombre ahora mismo!
La cargó como pudo en su hombro y caminó hacia la orilla mirando las piedras de camino.
De prontó notó que la cabeza se le iba y algo frio que comenzaba a mojarle la frente.
La malnacida de Charles Swan habia caído al suelo y él se llevó la mano al liquido frio que comenzaba a llegarle a los ojos.
Era sangre.
Un mareo lo azotó y lo clavó de rodillas en la orilla del lago. Alzó la mirada y vió al caníbal, al monstruo ,al bárbaro levantar su portentoso brazo y asestarle otro golpe con algo frio y duro…allí todo se detuvo y solo hubo oscuridad….
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Capitulo 8

Bella , desnuda y con los brazos todopoderosos, de aquel esclavo bárbaro rodeándola, miraba hacia sus espaldas, con el mentón apoyado en el atlético hombro de Edward.
El barbudo cobrizo corría y tras de sí, dejaban el cuerpo inerte de Aro en el suelo empedrado del lago.
Inspiró con fuerza y cerró los ojos . ¿Y ahora qué? ¿Qué le esperaba? Huyendo con un cavernícola colosal que la tentaba carnalmente, de mil maneras diferentes.
En aquel preciso momento, fue consciente de su desnudez y de que sus pechos se aplastando el vigoroso y ancho tórax de él.
Se sintió avergonzada y separó sus labios para gemir su nombre.
-Edward….
Edward habia cogido a Bella con rápidez; pensando en aquellos desalmados que los esperaban a breves metros del lago donde habia golpeado a Aro con varias de las cadenas que lo habían mantenido cautivo a aquel grueso árbol. Pero la fúria lo habia llevado a un nivel desconocido para él. Observar que aquel asesino sin escrúpulos, sentía lo que él habia sentido por su hembra, lo habia sacado completamente de sus casilllas.
Lo habia sacudido de una manera incierta y una fuerza sobrehumana habia hecho ceder aquellos gruesos eslabones y dar caza al rey.
“Su hembra”; la olfateó con intensidad mientras corría. Su cabeza castaña, se posaba en su hombro y su cuerpo desnudo, rozaba el suyo de manera casual; haciendo que su polla; dura, y enorme, buscara alguna sensación liviana por algún agujero de sus maltrechos calzones.
Oyó su nombre y la miró brevemente. Su deseo era algo difícil de ocultar, y mirar los oscuros ojos de “ su hembra” no lo aventajaban en nada.
-Dime.- le contestó; sin cavilar. Dando largos pasos, hacia un área rocosa y firme.
-Necesito cubrirme. Yo…estoy incomoda. No espero que lo comprendas, pero no suelo ir desnuda y restregando mi cuerpo con un hombre al que apenas conozco.
Edward siseó y dio un gran salto con ella en brazos.
-¿Ves aquellas rocas inmensas?
-Si.- dijo ella en un tono seco.
-Allí nos esconderemos de los lacayos de Aro. Temo haberlo matado y ojalá lo haya hecho por que si no, él mismo me matará.

Isabella cerró la boca y desistió sacar a colación de nuevo su desnudez. La prioridad era llegar a aquella área, sus vidas dependían de ello.


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Cuando Carlisle y Esme vieron a sus hijos montados en sus fieles corceles de guerra; soltaron una exclamación sorda para sus adentros.
Algo en palacio debia haber ocurrido, para que ellos mismos; hubieran ido en su busca a las tierras del Rey Aro.
Los tres sabían de Edward y del cometido que tenia Carlisle con su adorado sobrino.
Pero aquello era difícil y habia que ser discreto. Cualquier error podia ser garrafal, ya que la crueldad de Aro no era para nada exagerada.
El mayor fue el primero que habló.
-Como hermano mayor; te suplico que me escuches padre. Nuestro administrador ha cometido una gruesa falta y debemos echarlo de nuestras tierras.
Carlisle miró a su esposa y frunció el ceño; intentando comprender.
-¿Habeis venido desde nuestras tierras para hablarme de nuestro administrador? ¡Sabeis perfectamente que es lo que nos ha traido aquí! ¿Y vosotros venís vistiendo vuestras mejores galas y montando los mas fuertes corceles para hablarme del administrador?
Jasper bajó del caballo y titubeó al dirigirse a su padre.
-Es sobre Alice Brandon. La cocinera. Ha recibido una brutal paliza. Ha sido el administrador. Él abusa de cada moza que le viene en gana y si ésta se resiste las maltrata hasta rozar la muerte. Éste ha sido el caso de ella. De Alice.
Carlisle suspiró y caminó hacia su hijo; aferrándole el hombro con fuerza.
-De verdad hijo. Amo tu lealtad hacia tus semejantes y tu devoción hacia las causas nobles de espíritu, pero Edward es mi prioridad ahora. Mi sobrino, tu primo, es nuestra prioridad. Cuando Edward esté con nosotros, sano y salvo. Solucionaremos el problema con el administrador y la buena de Alice. ¿Cómo se encuentra ella?
-Mejor papá. Pero mientras yo estoy aquí…
-Jasper….
El sonido de varios caballos al galope los hizo mirar hacia el lugar de donde venían. Demetri y sus secuaces venían con caras adustas y gesto fiero. Carlisle y Esme se dieron perfecta cuenta de la ausencia de Edward, Bella y Aro.
-¿Y vuestro rey?.- preguntó Carlisle con segura solemnidad, al lacayo que lo miraba con ojos frios , apostado encima de su corcel.- Han venido nuestros tres hijos y quieren saludarlo.
-Nuestro rey ha sufrido un ataque por parte del hijo de puta del bárbaro. Él y la la ladronzuela que le tiramos a la jaula para que se le enfriaran los huevos, han huido; dejando a Aro inconsciente. Hemos llamado al matasanos de la aldea vecina. Tiene un fuerte golpe en la cabeza. – Demetri estudió a los tres hombres jóvenes que lo rodeaban.- Váyanse. Aquí no hacen nada. Si Aro sale de ésta, les devolverá la visita como suele hacer. Ahora si me disculpan.
La familia Cullen se miró entre ella y no hicieron falta las palabras.
Jacob le inclinó la mano a su madre y ella subió a su caballo.
Lo mismo hizo Emmet con su padre.
Raudos y veloces, peinarían toda la amplitud de tierras del lago. Debian encontrar a Edward, fuese como fuese.
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-Toma.- Cúbrete con esto.- La voz de Edward, turbó a Isabella que rozó sus dedos con los de él al cederle unas pieles de animal muerto.- Las he pasado por el fuego; ósea que no temas. Estan secas. Abrígate y acércate al fuego. No sabemos el tiempo que pasaremos dentro de esta cueva.
Ella le hizo caso y poco a poco dejó de temblar.
Lo miró a hurtadillas.
Sus pestañas increíblemente largas; eran preciosas y sus ojos verdes; eran mucho mas amables y bondadosos desde que se habían adentrado en aquella cueva.
Era extraño. Pero se sentía segura con aquel hombre. Aquel ser primitivo que le hacia sentir una mujer en cuanto sus manos fuertes se posaban en su delicada piel blanca.
Recordó el rostro suplicante de él antes de que lo llevaran a pelear a la arena. Aún dudaba de que aquella mujer que lo habia acariciado con tanto anhelo pudiese ser ella misma.
Bufó.
Y volvió a mirarlo.
Si era un ser peludo. No habia nada en él que la atrajera hasta arrastrarla al pecado…tan solo sus manos. Sus fantásticas manos y su boca…
Se revolvió inquieta y notó la humedad entre sus piernas. Se estaba excitando. ¿Pero acaso estaba demente?
Volvió a mirarlo y se fijó en la delimitación de sus músculos.
El amplio tórax, los fuertes brazos; aquel vientre liso y sin una gota de grasa….era tan perfecto que parecía una estatua perfecta de anatomía masculina.
Tragó con fuerza y volvió a notar su humedad. Ahora sus pechos estaban en carne viva y en sus pezones hormigueaba una incesante necesidad. Querian ser acariciados, devorados…por los labios de él.
Se enfadó con ella misma y con su cuerpo. Cruzando las piernas entre si, he intentando apartar aquellos pensamiento lujuriosos.

Edward podia olerla. Podia oler su excitación. Su aroma de hembra que lo embriaga y lo hinchaba; hasta dolerle las ingles.
Ensanchó las aletas de la nariz y aspiró con fuerza.
¿Y si se acercaba?
Temía que si se acercaba a ella, la asustara y ella huyera despavorida de sus brazos. Todo lo que habia ocurrido habia sido duro; aunque ella no pareciese estar asustada lo mas mínimo.
Intentó sofocar un gemido. Le dolían las bolsas bamboleantes que habia detrás de su pene; estaban tan escondidas que casi no podia tocárselas.
-Creo que dormiré.- le oyó decir a ella.
Edward se levantó y caminó hacia ella.
-¿Puedo?.- le preguntó, indicando con una mano, otro jergón que habia dispuesto él con hojas secas y pieles.- La noche es fría y siempre se agradece otro cuerpo caliente cerca de uno.
Ella se perdió en sus ojos; mas oscuros que lo habitual y asintió con la mirada.
Notó su cuerpo caliente cerca de el suyo y también el aroma inconfundible de su cuerpo; ahogó una sonrisa y le dio la espalda para intentar conciliar el sueño.
-Buenas noches Edward….
-Buenas noches, amada.
Bella se quedó inmóvil por unos instantes. Hasta dejó de respirar. Notó como el cuerpo de él se ceñía al suyo y su falo duro se pegaba a su trasero desnudo. Tambien sintió la delicadeza de su mano rozar levemente su cintura y apresarla contra él, haciendo que los limites de un cuerpo y otro fueran inexistentes. Aquel maldito cosquilleo volvió… y en todo el cuerpo. Necesitaba algo de aquel bárbaro y lo necesitaba ya.
Continuará….