Hundido en la desesperación, Masen estaba de pie ante la chimenea, mirando fijamente las llamas. Ya no la podía retener por más tiempo, no sin poner en peligro su vida. Ya era suficiente con que tomara la misma esencia de su vida. No tomaría su alma, también.
¿Pero, como podía dejarla marchar? A menudo había invadido sus sueños perdiéndose en su dulzura, en su pureza. Gracias a sus sueños, podía caminar de nuevo a la luz del sol, sentir su calor en su rostro. Podía ver el mundo iluminado por la luz, en lugar de la oscuridad. Caminando a su lado, podía fingir que era humano de nuevo, un hombre.
Ahora estaba soñando y en sus sueños le llevaba por la orilla de un río azul brillante, deteniéndose para recoger un ramillete de brillantes amapolas, pasando cuidadosamente a través del agua brillante por el sol, y él caminaba a su lado, sintiendo la luz en su rostro como una bendición.
Apartó su mente de la de ella. Era peligroso dejar que sus pensamientos se mezclaran con los de ella. Se le hacía cada vez mas difícil controlarse, mantener sujeta su hambre, separar su diabólica sed de su deseo. No podía, no lo haría, no la profanaría.
Con un suspiro, se volvió de espaldas al fuego.
Esta noche sería la última vez.
Estaba allí, al lado de su cama, la misma forma oscura que había venido a ella tantas veces antes. La capa de terciopelo negro delineada en seda azul ondulaba a su alrededor, como las alas de un cuervo. No podía ver su cara, pero reconoció su toque.
Notó como sus labios se movían por su frente, sus mejillas, su sien, rozándola con el calor de su lengua, dejando un camino de fuego mientras se deslizaba hasta su cuello.
Apartó su cabeza hacia un lado, sus manos asieron sus brazos, sus párpados se cerraron al raspar sus dientes su carne blanda.
Oyó su gruñido bajo, como el de un lobo, sintió el doloroso mordisco de sus dientes, seguido por el toque de su lengua acariciando su cuello. Y luego llegaron las palabras, palabras raramente familiares, la voz agradable e hipnótica que la atraía profundamente hacia la oscuridad del sueño, del olvido... .
Isabella se despertó con un grito, sentándose de golpe en la cama. Pasando su mirada alrededor del cuarto.
Era el amanecer, y estaba sola.
Pero el sueño le había parecido real. Subió una mano temblorosa hasta su cuello, aterrada de lo que encontrara. Su aliento salió de sus pulmones con un suspiro de alivio cuando sus dedos solo encontraron suave piel.
Débil por el alivio, cayó hacia atrás sobre las almohadas. No había marcas de dientes en su cuello.
Después de todo, sólo había sido un sueño.
Despertó al oír el sonido de un golpe en su puerta. Su primer pensamiento fue que era Masen pero oyó a Phill pedir permiso para entrar.
-"Sí, entre" dijo.
-"Buenos días, señorita," dijo Phill con voz cuidadosamente modulada.
-"Buenos días. ¿Ocurre algo malo?".
-¿Algo malo? No, señorita. He venido a informarle que Lord Masen ha previsto que viaje a París".
-"¿París? ¿Pero, para qué?".
-"Debe estudiar allí. Parece que Lord Masen cree que yo ya le he enseñado a usted todo lo que podía. Desea que aprenda algo más que a leer y a escribir. Desea que aprenda etiqueta y otras artes femeninas".
Isabella sólo podría clavar los ojos en él. Que ella supiera, ninguna mujer en su pueblo había recibido una educación tan formal, sólo unas cuantas afortunadas sabían leer y escribir sus nombres.
Durante un momento, se permitió pensar en todas las posibilidades que eso le brindaría, pero luego negó con la cabeza.-"No quiero salir de aquí".
-"Lo siento, señorita. Los planes ya están hechos".
-"¿Cuándo partiré?".
-"El domingo de la semana que viene, señorita. Lord Masen me ha ordenado que la lleve al pueblo a comprar lo que usted crea que pueda necesitar. Ha sido abierta una cuenta a su nombre en el banco cerca de la escuela".
-"Es muy generoso" dijo, parpadeando para contener las lágrimas.
-"A mí también siempre me lo ha parecido".
-"Gracias, Phill".
-"El desayuno estará listo cuando usted desee".
Isabella negó con la cabeza.-"No tengo apetito esta mañana".
-"Entiendo, señorita".
Se iba al extranjero para aprender. Era algo con lo que nunca se había atrevido a soñar. Peroel pensamiento de abandonar este lugar, de dejar a Masen, la llenó con una inexplicable tristeza.
Los días pasaron rápidamente, y de pronto llegó su última noche en el castillo.
Después de la tarde que pasaron en la ópera, había esperado que Masen la fuera a buscar de nuevo, pero nunca lo hizo.
Esa noche, cenando, le preguntó a Phill si Masen estaba en casa.
-"Creo que sí, señorita".
-"¿Me llevaría ante él?
-"Me temo que eso es imposible".
-"¿Por qué?".
-"Porque sí".
-"Pero me voy por la mañana. Quiero decirle adiós y... Y darle las gracias por su
bondad".
-"Lo sé, señorita. Lo siento mucho".
Él realmente lo sentía. Lo podía ver en sus ojos, oírlo en su voz.
Levantándose de la mesa, salió afuera. Echaría de menos este lugar, pensó mientras paseaba por el jardín. Había sido feliz aquí. Mucho más feliz de lo que jamás hubiera esperado. Se preguntó cómo estaría su madre, si sus hermanas pensaban alguna vez en ella. Sin duda, habían perdido su ayuda en la casa y los campos, ¿Pero creían que la habían perdido para siempre? Ella no los había echado de menos tanto como había esperado. En realidad apenas había pensado en su familia en todos estos meses.
Pensar en ellos viviendo pobremente mientras ella vivía holgadamente, le resultaba muy doloroso. En el mismo instante en el que se permitía pensar en su casa, sentía un abrumador cargo de conciencia, aunque no entendía por qué. No había abandonado voluntariamente a su familia. Después de haber sido vendida a Masen su vida había dado un giro inesperado a mejor, y eso era más de lo que hubiera podido imaginar en toda su vida. Hacia mucho tiempo que había perdonado a su padre por venderla. Masen había sido amable con ella, generoso, sin exigirle nada a cambio.
Apenas consciente de lo que estaba haciendo, se dirigió hacia el laberinto. Ya no le asustaba.
Pasando el chal alrededor de sus hombros, camino hasta el centro del mismo.
Masen levantó la vista sobresaltado al ver a Isabella contemplándolo.
Le dirigió una irónica sonrisa. -"Ningún mortal se me ha acercado en toda la vida tan inadvertidamente como tu lo has hecho" comentó.
-"¿Ningún mortal"? preguntó, confundida por su extraña elección de palabras.
-"Gracias por esto" dijo, ignorando su pregunta. Señalando las rosas y las plantas que crecían alrededor de la estatua, de forma que el lobo parecía surgir de un mar de rojo colorido.-"Es muy hermoso".
Isabella asintió. Había pasado toda la semana pasada arreglándolo, queriendo dejar algo de sí misma allí, algo que él recordara. Había plantado docenas de rosales de color rojo sangre intercalándolos con delicados helechos. El resultado era espectacular y en cierta forma masculino. Pensó que entonaba a la perfección con Masen.
-"Me voy mañana," dijo quedamente.
-"Lo sé". Oh, sí, pensó, él claro que lo sabía. Incluso ahora el pensar en su partida le destrozaba por dentro.
-"¿Por qué me está usted echando?".
-"Es lo mejor".
-"¿Lo mejor para quién?".
-"Para ti. Para mí".
-"No quiero irme".
Él se levantó, cerniéndose sobre ella, sus ojos ambarinos resplandeciendo. Era alto y musculoso aunque con un cuerpo delgado, su pálida piel y sus labios carnosos, rojos.
Cediendo a un inexplicable deseo, Isabella trazó con la punta de sus dedos los labios de él, sintiendo una sacudida en su corazón cuando su mano cubrió la suya.
-"Isabella".
-"Por favor, Masen, por favor, no me eche".
"Ah, Isabella, si pudiera te conservaría conmigo para siempre".
-"Y yo me quedaría. Sólo digame que me quede, y lo haré".
Él negó con la cabeza.-"No".
Su mano se cerró sobre la de ella, mientras las lágrimas fluían por sus mejillas. A la luz de la luna, sus lágrimas centelleaban como diamantes perfectos, pero eran mucho más preciosas para él que las joyas. Dennotaban afecto, un afecto voluntariamente entregado, y por el cual él siempre la amaría. Y porque la amaba, la dejaba partir.
-"Algún día me lo agradecerás, dulce Isabella".
-"Nunca" dijo, sollozando.
Se apartó de él, sus ojos chocolates llenos de lágrimas. -"Nunca se lo perdonaré. Nunca!" lloró, y luego se fue corriendo, llevándose con ella la luz de su vida, dejándolo en la vacía oscuridad de la noche, solo, tal y como siempre había estado.
Pensó en abandonar el castillo, ahora no podía quedarse allí, no podía caminar por los cuartos por los que ella había caminado, respirar el aire que ella había respirado, y saber que nunca la volvería a verla.
De todos modos, pronto tendría que irse. Había oído sin querer a los hombres hablando de él, preguntándose por qué nunca le habían visto durante el día, por qué nunca se les había unido para cenar, por qué su apariencia nunca cambiaba, por qué no parecía envejecer.
Pero, incluso sabiendo que debería irse supo que no lo haría. El castillo estaba lleno de su esencia y por muy doloroso que fuera recordar su presencia, eso era mejor que olvidarla.
Se rió suavemente, cruelmente. Como si alguna vez en toda la vida pudiera olvidarla.
Edward piensa que lo mejor es que Isabella se vaya, éste vampiro piensa tambien en su alma y prefiere sacrificarse él, y alejarla, aunque con ello se hunda en su soledad.
Muy triste u.u
Pero no se preocupen, que pronto se arregla esa situación sólo deben pasar unos añitos, e Isabella debe regresar.
Un beso y un abrazo de oso.
Noelle xD
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
hayyyy que dolor!!!!me dejaste llorando
ResponderEliminarbesotes
valfabita