jueves, 30 de diciembre de 2010

Prisionera del Deseo

CAPITULO 3
Edward Cullen caminó por los pasillos rocosos, de mala gana.
Llevaba los puños apretados; marcando los nudillos a flor de piel.
Jessica Swan o Stanley o como mierda se llamara, le estaba creando muchas complicaciones.
Debia de haber ido él mismo a buscarla, sacarla de la cueva y arrojársela a su querida cuñadita a la cara, como el ser repúgnate que era.
Una sonrisa maliciosa se escapó de sus labios y se los lamió. Hubiera sido maravilloso, que aquella muchacha, hubiese atisbado a observar por un agujerito, todo lo que se practicaba en la gruta.
Deshizo el cordón del hábito que llevaba y dejó descolgada la capucha, haciendo visible su rostro al llegar a la parte superior de la mansión.
Allí estaba Sam, que al verlo medio en cueros, hizo un carraspeo y se puso en mitad del camino, viendo que se dirigía tal y como iba a saludar a la señorita Swan.
-Señor; con todos mis respetos…usted no va en condiciones de contemplar visitas en estos momentos…
Edward lo miró cejijunto y sonrió.
-Sam; no me hagas reir; si casi le voy a hacer un favor a la horrorosa cuñadita de Jess, ¿está aquí?.- preguntó a su empleado,señalando con un dedo una de las puertas del largo pasillo.
-No; señor, me he tomado la libertad de cederle los aposentos de su hermana Alice…
Edward apretó la mandibula y su voz tensa, maldijo entredientes a Sam.
-Te dije que no abrieses esa habitación por nada del mundo, y tú vas y te pasas por el forro de los cojones todo lo que te digo, Sam; está bien que me hayas visto crecer, y te agradezco el afecto que tienes hacia mi; es recíproco. Pero una orden mia, es una orden. Voy a darle la bienvenida a la señorita Swan tal y como merece; seguro que no es una ramera igual que su cuñada. No lo puedo negar.- dijo, poniendo los ojos en blanco.- Tengo alma de caballero.
Sam , se interpuso entre él y la puerta.
Señor no va vestido como tal. Apesta a gruta. Con todo respeto.- le dijo muy serio.
Edward sonrió a su ayudante de cámara por tantos años.
Primero lo fue de su padre, fiel aliado y caballero y ahora estaba con él, ayudándolo y cubriéndolo de afecto , desde los rincones de sus desangelada mansión.
-Te veo muy paternal con esta chica…no la voy a pervertir; te lo prometo; antes muero.
El hombre lo miró de arriba abajo serio y su gesto; parecía no creer las palabras del joven Cullen.
-¿Me lo promete señor?
-Por supuesto.- le dijo el joven sonriente.
-Está bien. Pero primero, vistase. Esa señorita, se le ve a leguas que no es como la descarriada de su cuñada. Por favor señor.
Edward acarició con los nudillos la puerta y con la otra mano echó mano a la maneta dorada que colgaba en un lateral de ella.
-No soy un caballero, Sam y me muero de la curiosidad, por ver los bigotes de ella. Quiero reirme un rato.
Y al decir esto, abrió la puerta con rápidez y se metió dentro de la habitación, plantando la espalda en ella y cerrando con el cerrojo.
Miró hacia los lados y no vió a nadie.
Recorrió la habitación de su hermana, como si con cada paso, le doliese a ella misma, premura y delicadeza,elevándolo al máximo cuidado.
El lecho de Alice, estaba ocupado
¿La cuñada de Jessica, se había quedado dormida?
Se acercó sigilosamente y casi sin respirar, se acomodó en uno de los laterales y sintió frio.
Una de las ventanas se hallaba abierta. ¿Cómo no se había dado cuenta aquella mujer? Era una noche invernal, muy cruda.
Edward caminó hacia el ventanal y lo cerró sordamente, volvió a mirar hacia el lecho y la muchacha, en su semiinconsciencia, había notado el ruido y se revolvía inquieta en la cama.
Se acercó nuevamente y la miró desde la perspectiva del observador que sabe que no es visto.
La figura que delineaban las mantas; no eran ni mucho menos la de una persona entrada en kilos. Entreceró los ojos levemente y dio suaves pasos hacia el otro lado de la cama, donde descansaba su rostro.
A mitad de camino del dosel; la muchacha se movió. Dejando parte de su rostro, tapado por su cabello, marron oscuro, con trazos de un tono rojizo, sus hombros delicados y cremosos como la nata, se habían descubierto y, sus manitas descansaban plácidamente recargadas en sus pechos.
La respiración de Edward comenzó a ser errática, y tuvo miedo a lo desconocido.
Se acercó sigilosamente a su lado, sentadose cuidadosamente. Apartó la cortina de cabello que la envolvía en el misterio y un jadeo involutario se escapó de sus labios.
Se levantó como quien ve algo que no le es grato y buscó el cordon de su túnica para anudarla nuevamente y cubrir su cuerpo de su total desnudez.
La joven, comenzó a sentirse inquieta y abrió muy lentamente los ojos.
Al ver a aquel desconocido en su habitación, mirándola de aquella manera, se irguió levemente; dejando así, sus senos prácticamente al descubierto. Rápidamente se llevó las sabanas a ellos y los tapó.
-¿Qué hace aquí? ¿Quién es usted? ¡Salga ahora mismo de esta habitación, si…si.. no … llamaré al señor Cullen!
Edward respiró confuso, ante las emociones que lo embargaban.
Era preciosa y perfecta; nada que ver con la descripción que había hecho de ella; Jessica.
Se notó tenso y perturbado ante aquella muchacha de ojos inquietantes.
-Eso es imposible, quería mia; yo soy Edward Cullen.
























Jessica Stanley gozaba como una desquiciada, todo lo que le hacian aquellas mujeres y hombres.
Habia sido alzada, hasta una de las grandes piedras y allí, había sido despojada, de su áspera túnica.
Las mujeres habían comenzado a lamerle sus aureolas con pasión desenfrenada; soltándole el cabello, y estirándolo hasta casi dolerle.
Una a cada lado de sus pechos; lamian y succionaban, los pezones orgullosos e inquietos, haciéndola estremecer y pidiendo más.
Los hombres habían comenzado a acariciarle el cuerpo con las manos y aquello la enloquecía.
Poco a poco notó la humedad de una lengua en su clitores y soltó un grito; henchido de placer.
Aquello era el paraíso; pensó.
Aquel hombre le lamia y besaba su sexo, hasta llevarla a locura.
El otro hombre se había posicionado de rodillas ante ella y le ofrecia su verga, cerca de su boca.
Ella con un hambre voraz de falo, se lo metió hasta la garganta y lo mamó y succionó hasta que el hombre, reventó con toda su semilla en su boca.
Cuando se desprendieron de ella; cogió su túnica y buscó a Edward con una urgencia incontrolable.
Necesitaba que la poseyera como él sabia, como solamente él era capaz.
Buscó por todos los rincones, sin saber si algunos de ellos era él.
Descubrió que era imposible saber la identidad de cualquier persona, si no era despojada de el hábito.
A ella se lo habían arrancado; pero no le importó.
Todas las personas que allí se concurrían, eran los primeros en salvaguardar sus propias identidades, ósea que la suya estaba a salvo de ser malograda.
Buscó la salida de la cueva y se precipitó a los tuneles con urgencia y ansiedad.
Algo no iba bien y ella lo sabia…..





Bella Swan , despertaba de un sueño extraño, se llevó una de sus manos a la frente y lentamente abrió los ojos.
Un angel de cabellos cobrizos la observaba con una mueca de sorpresa en el rostro.
Se sintió extraña.
Un extraño frio, la consumió por dentro, sintiendo poco a poco, que aquel frio agudo, se iba convirtiendo poco a poco en un calor denso y peligroso.
Parpadeó varias veces y aquella presencia no se extinguía ¡Era real!
Levantó su cuerpo, olvidándose de su desnudez y vió como los ojos de él, brillaban de una manera extraña al posicionarse sobre sus senos.
Se tapó con rapidez con las sábanas; pero ya era tarde. Habian estado demasiado expuestos a su ardiente mirada.
-¿Qué hace aquí? ¿Quien es usted?...¡Salga ahora mismo de …de esta habitación, si no…yo…yo…llamaré al señor Cullen!
Bella se sintió tan pequeña como una hormiga; y pensó que iba a ser pisoteada también; como una de ellas.
-Eso es imposible, querida mia; yo soy Edward Cullen.
Ella se echó una de sus manos a la boca y hizo un ovillo con sus piernas en el pecho.
Lo miró temerosa y carraspeó.
Ella no era ninguna cobarde. Y por supuesto que el tal Edward no era un demonio…
…Era joven y apuesto.
-Bueno, señor mio…. Déjeme decirle que su mayordomo me dispensó aquí, yo llevaba mis ropas mojadas y creí conveniente meterme en cama para entrar en calor.
-¿Si?.- alzó una ceja, añadiendo una sonrisa ladeada ; haciendo que Bella Swan posara la vista en sus labios sensuales y rectos.
-Señor…no estoy en condiciones de darle una charla sobre mi llegada….Si me disculpa, me gustaría vestirme y continuar con esta conversación, de una manera mas cómoda y respetuosa.
Ella desviaba la mirada de él.
La sonrisa ladeada no había desaparecido y la miraba de una manera que…
-¿Debo suponer que me esta echando de mi propia casa, señorita Swan?.- preguntó irónico.
Bella bufó y lo miró directamente a los ojos indignada.
- Quiero vestirme señor Cullen, haga el favor de salir de esta habitación; ahora mismo.
Edward emitió una musical carcajada, tapándose la boca con una mano y pasándose la otra por su pelo,usualmente despeinado.
-Eres divertida.- dijo entre risas.
-No le encuentro nada divertido, a esta situación.- replicó ella, con un mohín de disgusto.
-Le voy a dar facilidades; .-dijo él, nuevamente divertido
-Salga, por favor. Gritaré.
El rostro de Edward cambió y la miró con desprecio.
-Nadie la oirá.
-Vengo a por mi cuñada.
Él apretó la mandibula y se giró sobre si mismo, miró hacia el techo y caminó hacia una de las sillas victorianas repartidas por toda la habitación.
Sentó su cuerpo, atlético y fuerte en una medida casi perfecta y miró hacia el dosel de la cama.
-Su hijo esta enfermo ¿ha empeorado?
Bella se extrañó, aquel hombre sabia que existía Jared. Pero nunca había tenido ningún tipo de atenciones para él; claro todas se las llevaba su queridísima mamá.
-La necesita. Yo hago lo que puedo; pero está visto que una madre es una madre, aunque sea una gata.
Edward volvió a reir.
- Levántese de esa cama, señorita Swan. Ese será el precio momentáneo para poder ver a su querida cuñada.- dijo él, con la mirada perdida en su cuerpo cubierto.
-¿Qué?¡Esta usted loco! ¿Qué me levante? No…..usted no es un caballero…
-No pretendo serlo. Pienselo, Bella. Usted se levanta de ese lecho que ha envuelto su misterioso cuerpo y yo la llevo con Jessica. Es un pacto perfecto.
-Para usted, por supuesto.- gritó ella, exasperada.
-Bueno.- dijo él levantándose de la silla. Desanudó lentamente la lazada en envolvía su cintura y abrió completamente su hábito, dejándolo desnudo delante de Bella.- Me gusta la igualdad de condiciones..ahora querida mia, levanta de ahí o iré a hacerlo yo mismo…


Continuará…..

1 comentario:

  1. holaaaaa ajajaj este edward es un picaronnn y terrible pobre bella que pasara ahora???!! y jesicaa no la soporto ni le interesa su hijoo...bueno y edward descubrio que bella no es para nada fea como dijo jesicaaaaa...estoy ansiosaa por leer el procimo capitulo ,,..este capiiii estuvo buenisimoooo...me encantoo!!!! bueno besosss...QUE TENGASS UN MUY FELIZ AÑOOO NUEVOOO...SALUDOO AHORA POR QUE SEGURAMENTE HASTA EL DOMINGO NO ME VUELVA A CONECTAR...BESOSS Y FELIZZZZ AÑOOOO QUE EMPIECES EL NUEVO AÑO CON TODO Y CON MUCHISIMA FELICIDADDDD...BESOTES!!!!

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