domingo, 30 de mayo de 2010

CAPÍTULO TRECE

A la siguiente noche no se reunió con ella para cenar. Isabella no pudo evitar sentirse aliviada. No estaba preparada para afrontarlo de nuevo, no hasta que entendiera lo que había sucedido entre ellos, no hasta que pudiera encontrar algún sentido a la extraña visión que la había invadido mientras Masen la besaba.

Después de pasar unos minutos jugueteando con la comida, apartó a un lado su plato y abandonó el comedor, vagando por el primer piso hasta llegar a la biblioteca.

Con un suspiro, miró los libros alineados en las paredes, pero ninguno le atrajo. Y luego, como si no pudiera evitarlo llegó a su estudio.

Y entonces lo vio, el libro con pasta de piel negra en dónde decia con una letra pulcramente detallada y elegante el nombre completo de él Lord Edward Masen. Lo cogió con curiosidad y hojeó las páginas. La mayoría estaban en blanco, pero unas cuantas estaban escritas.

Fascinada por las palabras, se sentó, apenas consciente de que Phill entró en el cuarto y encendió el fuego de la chimenea.

El libro estaba escrito con una letra elaborada y supo, sin saber cómo, que Masen había escrito las palabras, palabras oscuras, palabras afligidas... .

Durante la noche

Soy un hombre ante ti

Pálido, alto y estético

Con mis encendidos ojos te acecho

Analizando, controlando

Soy el silencio y el poder

Un campo de nieve suave,

iluminado por la luna

Pero él

Sí, él, el otro yo

Oh, él temblaría ante tu toque

Su inocente mano se desmoronaría ante tu contacto

Haría cualquier cosa por sentir tus labios sobre los suyos

Acariciaría tu mejilla sedosa

Y deslizaría sus labios corroídos sobre los tuyos

Por tu inocente cuello.

Pero no yo, entiéndeme, el otro yo

El que mira de soslayo

Y vacila

Y flaquea

A la luz del día.

Su corazón golpeaba irregularmente en su pecho mientras pasaba la página para leer el siguiente poema.

Lo puedo sentir llegando

A través de las lágrimas en la oscuridad

Rápidamente acercándose mientras yo me escondo

Temblando interiormente

Las sombras en la luz.

Escalofríos atraviesan mi húmeda piel

Una apremiante comezón llega a la superficie

Atormentándome

Manteniéndome prisionero.

Paso mi lengua por mis labios

Y soy yo, como siempre.

Luego comienza

Mi resistencia se desmorona

Y estoy lleno de ello

La vacuidad de mi existencia.

Mi conciencia está llena de ello.

La dura prueba ha concluido

Saciado por la destrucción

Sin conciencia

Por qué permanezco vivo

Para la siguiente visita

La oscuridad ha tomado un pedazo de mi alma.


Cerró el libro y se quedó mirando fijamente las llamas bailando alegremente en la chimenea mientras trataba de entender lo qué había leído.

Lord Masen es un hombre impulsado por oscuros apetitos, señorita. Oyó las palabras de Phill en el fondo de su mente. Actúa compelido por Fuerzas que usted no puede comprender.

Sería usted inteligente, si abandonara este lugar y nunca más regresara.

Anoche, pensó que Phill había tenido razón. Había tratado de abandonar el castillo por la mañana temprano, sólo para encontrarse con todas las puertas cerradas. Había ido en busca de Phill, pero no pudo encontrarlo por ninguna parte.

Ahora, sentada delante del fuego, su cuerpo entero se tensó mientras un escalofrío recorría su columna vertebral.

Él estaba aquí.

No había oído ningún sonido que dejara traslucir su presencia, ningún ruido de pasos mientras entraba en el cuarto, pero de repente él estaba allí ante ella, una figura alta toda vestida de negro. Permaneció frente a la chimenea, el fuego crepitando detrás de él. Como un demonio resurgiendo de las profundidades del infierno.

Alzó una negra ceja con diversión. –"¿Un Demonio, Isabella?". Oyó el tono doloroso en su sonrisa. -"Estas más en lo correcto de lo que crees".

Trató de pensar en algo ingenioso para responder, pero no le vino nada a la mente.

Como un pájaro atrapado por un gato hambriento, sólo pudo clavar los ojos en él, esperando que la atacara al mismo tiempo que se preguntaba cómo sabía él lo que estaba pensando.

Miró el libro que sostenía en las manos, preguntándose cuánto había leído, y si había entendido la conexión entre sus oscuras palabras y la negrura de su alma.

-"¿Ahora te doy miedo?". Preguntó, sabiendo que su miedo no tenía nada que ver con lo que había leído y todo con lo que había pasado entre ellos la noche anterior.

No podría hablar pues se le había formado un nudo en su garganta.

-"¿No es verdad?" Su voz era cortante, exigiendo una respuesta.

-"Sí, Su Señoría". Cruzó los brazos sobre su pecho. -"Ahora debería marcharme a mi casa".

-"¿Deberías irte?"

Asintió vigorosamente. "Sí, por favor. Por favor..." Las lágrimas llenaron sus ojos y se derramaron por sus mejillas. -"Por favor déjeme ir a casa".

La visión de sus lágrimas apagó su cólera. Murmurando su nombre, llego hasta ella, la levantó de la silla y la envolvió entre sus brazos. El libro olvidado, cayó al suelo.

-"Nunca te haré daño, Isabella" dijo quedamente. -"Por favor cree en mí".

-" No. Quiero irme a casa. Por favor, Su Señoría, por favor déjeme ir a casa".

-" Isabella... Dulce Isabella". Amablemente, acarició su mejilla.

Ella se sobresaltó ante su toque, como si temiera que la golpeara. Una vez, él había deseado que ella le temiera, que fuese cautelosa por su bien. Ahora, el saber que le temía atormentaba su alma, tan dolorosamente como la quemadura del sol en su carne sobrenatural.

-"Isabella, una vez te advertí que te fueras mientras podías. Ahora me temo que es muy tarde". Negó con pesar. -"Lo siento, que no puedo dejarte marchar".

Ella le miró, su rostro nublado por sus lágrimas. Aun así, pudo ver el aislamiento que expresaban sus ojos, la tristeza que una vez había ansiado borrar.

Lentamente, él agachó su cabeza, y ella sintió el toque de sus labios, frescos, amables. Sus brazos la sujetaron ligeramente, con afecto. ¿La soltaría si ella se apartaba?

Con el corazón martilleando, echó un paso hacia atrás. Y él la dejó ir, sus brazos cayeron a los lados, con un tormento interior en sus ojos, que ella no podía penetrar.

-"Una vez me rogaste que te dejara quedar" dijo, su voz deslizándose sobre ella como un viento oscuro. -"Ahora te lo ruego yo".

Sintió las lágrimas resbalando por sus mejillas. -"He cambiado de idea".

-" Demasiado tarde, Isabella. -¿Tendré que arrodillarme y suplicarte, mi dulce?".

-"¡No!". No podría soportar el verlo arrodillado a sus pies, su arrogancia humillada, su orgullo arruinado.

-"¿No te apiadarás de mí, dulce Isabella? Un año no es tanto tiempo, después de todo".

-"¿Si me quedo, me dejará marchar cuando el año haya finalizado?".

-"No tienes otra alternativa, Isabella. Te quedarás".

-"¿Entonces por qué me lo esta pidiendo? No lo entiendo".

-"Quiero que te quedes conmigo por tu libre voluntad. Quiero que me acompañes durante la soledad de mis noches. Quiero ver tu sonrisa, oír tu voz, tu risa". Sonrió arrepentido, como si hubiera descubierto una verdad acerca de sí mismo, que no le gustaba en absoluto.-"Te necesito".

Él la necesita, señorita. Él la necesita, y eso no le gusta en absoluto. Oyó el eco de la voz de Phill en su mente de nuevo.

-"¿Te quedarás conmigo, Isabella?".

Ella quería decir que no. Quería irse a su casa. Pero no pudo rechazarle. -"Sí".

-"¿Por qué así lo deseas?".

Asintió, asombrada al descubrir que realmente quería quedarse.

.

.

Entrando en la cámara interior de la torre del este, Phill dejó una muda de ropa limpia para Masen, luego recogió la sucia.

-"Gracias, Phill. Eso es todo". Mientras salía Phill vaciló en el portal. Suspirando profundamente, se dio la vuelta. -"Antes nunca me había parecido que fuera deliberadamente cruel". "Nunca he creído que antes eso te importara".

-"Ella es una buena muchacha. No me gustaría verla destrozada".

-"¿Eso es lo que crees que voy a hacer?".

-"¿No lo es?".

-"¿He destruido a alguna de las otras?".

-"Ella no es como las demás, y usted lo sabe. No podrá esconderle por siempre lo que usted es, Su Señoría. Ella se preocupa demasiado por usted, para ser engañada durante mucho tiempo".

-"Sí, lo hace". Masen se volvió de espaldas ante la acusación en los ojos del otro hombre.

Aunque le había rogado que se quedara, no había esperado que ella estuviera de acuerdo.

Anoche, había estado aterrorizada de él, de las imágenes oscuras que la habían inundado mientras se besaron, una visión atraída por su contacto, y por el vino que había ingerido de su vaso. Podría acabar con todos sus miedos, ligándola a él a fin de solo le deseara a él. Solo tenía que iniciarla, y ella haría cualquier cosa que le pidiera, se quedaría con él durante el resto de su vida, y sería desgraciada cuando estuvieran separados.

-"Déjeme llevarla a su casa, Su Señoría".

-"No".

-"Está mal retenerla aquí".

Lentamente, Masen se dio la vuelta, mirando fijamente a su criado.

El miedo invadió a Phill, el mismo frío y paralizante miedo que le había invadido la primera vez que había visto los ojos del vampiro unos treinta años atrás. Qué claramente recordabaesa noche. Había sido acuchillado en una pelea callejera y lo habían abandonado para que muriera en una calle trasera de los garitos de juego, su vida se escapaba en una manchaacarminada cuando una nube oscura le rodeó. Había sentido una fina punzada de dolor en su cuello, y luego una voz, baja, seductora, se había ofrecido a salvarle.

Desesperado por vivir, Phill había visto, sin comprender, como el desconocido gravitando sobre él había cortado su muñeca, y luego había presionado su carne sangrante sobre los labios de Phill. Unas pocas gotas de la oscura y gruesa sangre del desconocido le habían revivido milagrosamente. A cambio de su vida, Phill había declarado bajo juramento servir a Masen para siempre. La mayoría de las veces había sido una buena vida. Nunca había estado hambriento de nuevo, ni pasado frío y se le había concedido cualquier cosa que había pedido. Pero Masen lo poseía, en cuerpo y alma. Y eso era un hecho que en algunas ocasiones olvidaba.

Pero no había ningún olvido ahora.

-"No interfieras" le avisó Masen.

Y en su mente, Phill oyó la tácita amenaza: Te di la vida. También puedo quitártela.

-"¿Es esto todo, Su Señoría?". Phill preguntó. Tras la brusca inclinación de cabeza de su maestro, se dirigió hacia la puerta.

-"Phill".

-"¿Sí, Su Señoría?".

-"No le haré daño".

Phill asintió. Era a la vez una promesa y una disculpa.

.

.

-"No te entiendo" dijo Reneé. Mirándola por encima de la masa con la que trabajaba. –"¿No puedo creer que hayas decidido quedarte con ese horrible hombre?".

-"Me pidió que me quedara" contestó Isabella, distorsionando ligeramente la verdad. -"Ha sido muy amable conmigo, con todos nosotros. ¿Cómo podía rehusar?".

Desvió la mirada desde su madre hacia el portal donde estaba Phill de pie, con los brazos cruzados sobre su pecho. Había insistido en acompañarla. Para protegerla, había dicho, pero ella no lo creía. Estaba allí para asegurarse de que al anochecer regresara al castillo.

Reneé clavó los ojos en la masa del cuenco. -"Cuándo regresaste de París, pensé que te quedarías aquí, con nosotros, con tu familia".

-"Les visitaré a menudo" prometió Isabella.-"Después de todo, solo va a ser durante un año". Sólo un año, pensó, y ya había pasado un mes.

-"¿Te dejará venir a la boda de tu hermana?".

-"Por supuesto" contestó Isabella alegremente, sin embargo interiormente, no estaba segura.

Reneé miró fijamente a su hija, preguntándose qué era lo que Isabella ocultaba.

-"Tengo que marcharme" dijo Isabella. Levantándose, rodeó la mesa y le dio un abrazo a sumadre. -"Dígale a las muchachas que lo siento, me hubiera gustado verlas, que las echo de menos. La veré en la boda".

Reneé colocó su mano sobre las de su hija, maravillándose de lo suave y refinadas que las tenía.

Una vez, habían estado ásperas y llenas de callos, con las uñas quebradas y disparejas por el arduo trabajo.

Ahora, Isabella tenía las manos de una señora. Quizá estaba equivocada al preocuparse tanto.

-"Adiós, Mama". Isabella dio a su madre un último abrazo, luego abandonó la casa.

Fuera, Phill la ayudó a subir al carruaje. Tomando su lugar en el pescante, alzó las riendas y azuzó al caballo.

-"Su madre es preciosa" comentó Phill.

Isabella desvió la mirada en su dirección, sorprendida por su observación, y más asombrada de que lo pudiera expresar en voz alta.-"¿Usted cree?".

Phill asintió mientras dirigía el caballo por la carretera.-"Usted se parece a ella".

-"Gracias". Dijo Isabella, cruzó las manos sobre su regazo y se recostó, disfrutando la belleza del campo mientras pasaban por el camino.-"¿Ha estado usted casado alguna vez?".

-"No, señorita".

-"¿Cuánto tiempo ha estado trabajando para Lord Masen?".

Phill vaciló. -"Durante mucho tiempo".

-"Seguramente él no tendría ningún inconveniente en que usted forme su propia familia".

-"Me temo que eso no será posible".

No será posible, filosofó. Qué forma tan extraña de expresarlo. –"¿Por qué nunca lo veo durante el día"?

-"No podría decirlo, señorita".

-"¿Pero usted lo sabe?".

-¿Le gustaría que nos detuviéramos en el pueblo para comprar algo?". Phill preguntó,

cambiando manifiestamente de tema.

-"Sí," contestó Isabella. -"Me gustaría parar en la pastelería".

Viajaron en silencio hasta llegar al pueblo. Isabella compró una pequeña bolsa de caramelos de menta para ella, y otra, una bolsa mayor, para repartirla entre su madre y sus hermanas en su siguiente visita. Cuando salió de la tienda, vio a una niña de unos siete años sentada cerca de la puerta. El pelo de la niña estaba sucio y despeinado, su vestido descolorido y andrajoso.

-"¿Estas perdida, pequeña?". Preguntó Isabella.

La niña la miró con sus grandes ojos color azules, luego, tímidamente, sacó un puñado de flores. –"¿Quiere comprar una flor, señora?".

-"Por supuesto" dijo Isabella, y luego se percató que no tenía dinero. –"¿Phill?".

-"Vamos, señorita".

-"Quiero darle algo de dinero".

Phill negó con la cabeza. -"A Lord Masen no le gustará".

-"Entonces, no se lo diga. Isabella sonrió a la niña.-"Me las llevaré todas".

Un músculo vibró con fuerza en la mandíbula de Phill mientras introducía la mano en el bolsillo del abrigo y sacaba un puñado de monedas. Él no tendría que decirle nada a Masen. El vampiro lo sabría.

La cara de la niña se iluminó cuando le dio el ramillete a Isabella, luego cogió las monedas de Phill.

-"Gracias, señora" exclamó, apretando firmemente el dinero contra su pecho. –"¡Oh, gracias!".

Isabella sonrió abiertamente al observar a la niñita bajar corriendo por la calle. –"¿Vamos?".

Casi habían alcanzado el carruaje cuando oyó a Black llamándola por su nombre.

Cambiando de dirección, le vio caminar a grandes pasos hacia ella.

-"Vamonos, señorita" urgió Phill.

-"En un minuto". Sonrió a Black mientras le tendía las manos. -"Hola, Jacob".

-"Isabella". Levantó una de sus manos y la besó. -"Qué bonita se ve".

-"Usted también se ve muy bien".

Black sonrió abiertamente, a su respuesta, y a su acogedora sonrisa. –"Venga," dijo.

-"Tomaremos una taza de té".

-"Por supuesto".

Phill se aclaró la voz. -"Lo siento señorita Isabella, pero tenemos que irnos".

-"Más tarde" dijo, posando su mano en el brazo de Black.

-"Le recuerdo su promesa, señorita" dijo Phill severamente.

-"¿Qué promesa es esa?". Preguntó Black. Desvió la mirada del rostro de Isabella al de Phill sucesivamente.

-"Nada". Apartó la mano de su brazo y dio un paso hacia atrás. -"Prometí estar en casa a las... "A las..." Su voz se desvaneció. No tenía ni idea de qué hora era.

-"A las tres, señorita" dijo Phill rápidamente. -"Ya estamos retrasándonos".

-"Sí, es verdad. Lo siento, señor, pero debo irme".

-"Seguramente tendrá un momento para tomar una taza de té" urgió Black.

-"No puedo. Lo siento mucho".

-"Muy bien, no la entretendré. Black se inclinó de modo respetuoso sobre su mano, seguramente Masen la había hecho prometer que no volvería a verle. -"Si alguna vez se cansa de él, si le hace algún tipo de daño, recurra a mí".

-"Gracias, Señor. Es usted muy amable".

-"Tenga cuidado, Isabella" dijo Black seriamente. -"Masen es... Simplemente tenga cuidado".

-"Lo haré. Realmente debo irme".

Él la ayudó a entrar en el carruaje, mirando vigilante a Phill mientras azuzaba al caballo.

Qué poder tenía Masen sobre ella, se preguntó. De alguna manera, se enteraría.

-"¿Es muy rico Lord Masen?" preguntó Isabella. Había permanecido sentada en silencio durante un rato observando el campo al pasar. Los campos estaban verdes y dorados. Las ovejas pastaban en las laderas.

Phill asintió. Rico no era suficiente para describir la riqueza de su señor.

-"Él debería hacer algo con su dinero" filosofó Isabella. -"Podría aliviar el sufrimiento de mucha gente".

Phill sonrió a pesar de sí mismo mientras imaginaba a Lord Masen caminando por entre los campesinos del pueblo, su capa negra ondulando alrededor de él esparciendo monedas de oro como confeti.

-"¿No lo cree usted?". Preguntó Isabella.

-"No me corresponde a mí decir a Lord Masen lo qué debe hacer con su dinero, señorita Isabella". Phill se volvió hacia ella.. -"Ni a usted".

Un poco picada, Isabella se recostó en su asiento con los brazos cruzados sobre su pecho. De alguna forma, encontraría la manera de convencer a Masen para aliviar la pobreza en el pueblo.

Más tarde esa misma noche, Isabella estaba sentada en la mesa, mirando fijamente su plato de estofado de cordero sin verlo. Todos sus pensamientos de auxiliar a pobres se esfumaron en cuanto volvió a ver de nuevo a Masen. ¡Qué extraña era la vida!

Cuando ella había querido quedarse, él quería que se fuera. Cuando quiso irse, él le pidió que se quedara. ¿Lo había imaginado todo, se preguntó, la desconcertante visión de ese hombre siendo perseguido por la oscuridad, por el sentido del mal? Su miedo había sido lo suficientemente real, pero ahora parecía tonto. Masen no la dañaría.

Ahora tú sabes lo que necesito. ¿Qué era lo que había querido decir con esas extrañas palabras?

Y ahora estaba aquí, llenando el cuarto con su presencia. Vestido con una camisa blanca holgada, remetida en calzones negros, y botas suaves de cuero, cruzó silenciosamente el cuarto para tomar asiento frente a ella.

-"Buenas noches, dulce Isabella".

Ella asintió en su dirección. -"Su Señoría".

-"¿No tienes apetito esta noche?". Dijo señalando el plato de estofado sin tocar frente a ella.

Isabella suspiró. -"No tengo mucha hambre".

Una sombra de interés pasó por su rostro y luego desapareció. –"¿Te encuentras bien?".

-" Bastante bien. ¿Puedo preguntarle algo?".

-"Puedes preguntarme lo que quieras".

-"Pero usted no me responderá".

-"¿Qué es lo quieres, Isabella?"

-"Pedirle un Favor".

Él levantó una ceja negra. –"¿Otro deseo?".

-"Quiero ayudar a la gente del pueblo. Muchos de ellos han tenido un mal año".

-"¿Y tu quieres ayudarles? ¿Cómo?"

-"Hay un almacén vacío en las afueras del pueblo. Me gustaría convertirla en un refugio para alojar a los pobres".

-"¿De veras?".

Isabella asintió, exponiendo con entusiasmo. -"No sería nada complicado. Solo algunas camas".

-"¿Y también quieres que yo los alimente?".

-"Por supuesto. Pensé que podríamos pedirle a Sam Uley si puede llevar la comida por la noche. Y leche para los más pequeños".

-"¿Y tu quieres que yo financie esa misión?".

-"Sí".

Él sonrió débilmente, divertido por la idea de alimentar a esos que en algunas ocasiones habían alimentado su hambre.

-"Deja que Phill se encargue de ello" dijo. -"No quiero que te involucres directamente".

-"¿Por qué no?".

-"Porque te quiero aquí".

-"Pero no tengo nada que hacer durante todo el día".

-"Creí que ibas a volver a cuidar el jardín".

Había olvidado eso momentáneamente, pero no podía pasarse todo el tiempo entre las flores.

-"Te quiero aquí" repitió con firmeza. -"Tu te encargas del jardín, Isabella, y yo haré que Phill consiga el almacén y lo aprovisione de camas o de cualquier otra cosa que creas necesaria".

-"Es usted muy amable, Su Señoría".

-"No debes explicarle nada a nadie acerca de esto" dijo Masen. -"Dame tu palabra".

-"Se lo prometo".

-"¿Vas a terminar tu cena?".

Isabella negó con la cabeza. -"No".

-"Ven, vamos" dijo, levantándose. -"Deseo que demos un paseo".

Phill les estaba esperando en la puerta. Le dio a Masen su capa, y pasó un ligero chal de algodón alrededor de los hombros de Isabella.

Frunció el ceño al salir fuera. ¿Cómo había sabido Phill que saldrían?

La noche era fresca, pero no fría. Una luna amarilla brillaba en el cielo. Millones de estrellas brillaban intermitentemente centelleando.

Uno al lado del otro, fueron andando por los estrechos caminos estrechos. De alguna forma supo que terminarían en el laberinto, y se preguntó qué había allí que atraía tanto a Masen.

-"¿Cómo esta tu madre?" pregunto Masen después de un largo silenció.

-"Está bien". Quiere que vuelva a casa. Me temo que no entiende por qué he decidido quedarme aquí".

Él no dijo nada.

-"Mi hermana se casa pronto. ¿Vendrá a la boda?".

-"No he sido invitado".

-"Yo le invito".

-"¿Cuándo tendrá lugar el feliz acontecimiento?".

-"El domingo por la tarde, después de misa".

-"Dudo ser bienvenido".

-"Claro que sí, será mi acompañante". Le sonrió. -"Estoy segura de que a Phill le gustaría tener una noche libre".

-"Lo pensaré".

-"Como usted quiera".

Ahora estaban en el laberinto. Como siempre, el lugar la llenó de aprensión, aunque no podía decir por qué. No había nada a que temer.

Cuando alcanzaron el corazón del laberinto, Masen se sentó deprimido en uno de los bancos de hierros forjado y le indicó que se sentara a su lado.

Isabella repentinamente nerviosa, se sentó, alisando sus faldas.

Masen se recostó contra el banco, con los brazos cruzados sobre su pecho. -"Hoy has visto a Black".

A Isabella se le secó la boca de repente. -"Sí, Su Señoría".

-"Dime qué pasó".

-"¿Por qué no me lo dice usted? Que parece saber todo lo que digo y hago". Le miró con ojos entrecerrados. -"Me gustaría saber cómo lo hace".

-"Puedo leer tu mente, mi dulce".

-"Eso es imposible".

-"¿Lo es?"

-"¿No lo es?" Clavó los ojos en él, preguntándose si le decía la verdad.

-"Me prometiste no reunirte con él mientras vivieras aquí, conmigo".

-"Nosotros no nos reunimos.' Le vi. en la calle, y me saludó".

-"Y te invitó a tomar el té".

-"¿Se lo ha dicho Phill?".

Masen negó con la cabeza. -"Puedo oler a Black en ti" dijo quedamente. -"Black huele a caballo, a tabaco caro y a una fuerte colonia".

Isabella sintió que su corazón se saltaba un latido mientras Masen la estudiaba, las aletas de su nariz ensanchándose al aspirar profundamente.

-"Tu hueles a té, a las tostadas que tomaste en el desayuno, y al jabón de fresas con el que te has bañado " dijo, su voz deslizándose sobre ella como si fuera una caricia. -"Comiste carne de cordero y patatas. Tus manos huelen a flores y a menta. Hay también un débil aroma a polvo y a perfume. Y tu olor propio" siguió, con voz baja intima -"Esa fragancia única que es tuya y solo tuya".

Isabella sólo pudo clavar los ojos en él, estupefacta ante sus palabras. ¿Cómo podía saber algo así?

Él no se lo contó todo, que podía oír el rumor de su sangre fluyendo en sus venas, o que si concentraba su mente, podía oír las voces del pueblo, sus risas, sus lágrimas, la respiración ruda de los enfermos, las oraciones de lo esperanzados, los desesperados, los moribundos.

Podía oír sus pensamientos, sentir su presencia. Conocer sus miedos.

Y a pesar de todo, él estaba para siempre alejado de la vida, asomándose.

Cerró los ojos, y sus sentidos se llenaron de la mujer a su lado. Le recordaba el brillo de sol y el color de las rosas en un día caluroso de verano. Su pelo, su piel, llevaban miles de perfumes que le atraían, despertando a la bestia en él al mismo tiempo que al hombre.

Isabella.

Con un gemido bajo, trató de alcanzarla, deseando poder atravesar las barreras que los separaban, deseando poder ser parte de su vida durante las veinticuatro horas del día.

Murmuró su nombre mientras la rodeaba fuertemente con sus brazos. Su beso teñido de desesperación. Isabella, Isabella.

Ella luchó contra él, asustada por la necesidad que saltaba de sus labios a los de ella.

Un sentimiento desesperación, de desolación, se derramaba sobre ella.

La soltó abruptamente. Levantándose, le dio la espalda y envolvió su capa más estrechamente a su alrededor. El pesado terciopelo se amoldó suavemente a su figura. -"No quise asustarte".

-"Hace poco, le rogué que me hiciera el amor" le recordó. -"Me ofrecí a usted libremente. No necesita tomarme por la fuerza".

-"Perdóname, Isabella. Algunas veces olvido quién soy. Lo que soy".

-"¿Qué es usted?".

-"Tu peor sueño hecho realidad".

-"Habla de nuevo con acertijos".

-"¿Te diré las respuestas?", Se preguntó en voz alta. –"¿Te diré verdades que no podrás creer y me miraras con ojos llenos de repulsión? ¿Me quitaré la máscara que traigo puesta y te observaré gritar ante mi presencia?".

Él se dio la vuelta para enfrentarla. Sus ojos brillaban, incluso en la oscuridad. Su capa cambiaba de posición y se ondulaba, como sin intentara apartarle.

-"Te necesito, Isabella".

Con un solo y elocuente movimiento, se arrodilló delante de ella y cogió su mano. Su piel era firme y fresca, desmintiendo el fuego que refulgía en sus ojos.

-"Te necesito" dijo otra vez, más fervientemente esta vez.-"Ten paciencia conmigo, Isabella".

Su fija mirada atrapaba la de ella, silenciosa, implorante. -"Te juro por lo que más quiero, que no te lastimaré".

-"Usted me preocupa, Su Señoría" se quejó. –"¿Por qué no puede explícame lo que le perturba tanto?".

-"Ojala pudiera". La carga del secreto que había soportado durante más de doscientos años le pesaba demasiado. Qué alivio supondría decírselo todo. Como cualquier hombre que se libera de sus pecados confesándoselos a un sacerdote; Se preguntó si podía aliviar su la tristeza, el aislamiento de siglos confiando en Isabella. ¿Podría ella entenderle? ¿Podría perdonarle por las vidas que había tomado en los primeros tiempos en que había sido transformado, cuándo el hambre le había atormentando, cuándo había estado asustado y confundido?

-"Mírame" dijo. "¿Qué es lo que ves?".

Ella miró fijamente sus ojos, sintiendo el dolor en su corazón, el dolor que invadía su alma, provocando que sus ojos se llenaran de lágrimas. -"Oscuridad, tristeza, soledad".

Su mirada fija ardió en la de ella. –"¿Qué más ves?"

-"No me lo pregunte" imploró. -"No puedo soportarlo".

-"Isabella... "

-"Veo muerte envuelta de oscuridad. Y sangre. Tanta sangre. En sus manos... "

Agachó su cabeza para clavar los ojos en sus manos entrelazadas, luego lentamente alzo su rostro. –"¿Quién es usted? ¿Qué es usted?".

-"Júrame por la vida de tu madre que no me abandonaras si te lo digo".

-"Ya le he prometido quedarme durante año".

Él negó con la cabeza, sus dedos cerrados herméticamente alrededor de su mano.

-"Júralo".

-"Juro por la vida de mi madre que no le abandonaré".

-"Entonces mira en lo profundo de mis ojos, Isabella, y ve la verdad por ti misma".

Sus ojos profundos ambarinos se volvieron negros, llenos con los misterios del universo la atrajeron a su interior, hasta que no vio nada más, y luego emergiendo de una oscura niebla vio a Masen. Parecía el mismo de ahora. Sus ojos, increiblemente se veían verdes, brillosos y vivos; el color de su cabello brillaba a la luz del sol.

Y luego vio a una mujer. Sintió la mano de Masen apretando la suya y en el fondo de su mente supo, que estaba viendo su pasado. ¿Pero cómo era posible?

-"Su nombre es Tanya". Oyó la voz de Masen, susurrando en su mente.

La había visto por primera vez en la corte. Él había sido un caballero durante esos días, un guerrero conocido por su orgullo y valentía en el combate. Era el más atrevido y valiente, y estaba orgulloso de ello. Nunca había sido derrotado en combate, ni en ningún torneo.

Tanya había estado casada con un conde, Masen ya no podía recordar su nombre. Se había quedado prendado de Tanya la primera vez que la había visto. Vestía un traje de noche de seda blanca, su pelo rojizo recogido sobre su cabeza cayéndole sueltos algunos suaves rizos, era la mujer más bella que había visto en toda su vida.

No había estado preparado para la corriente de electricidad que fluyo entre ellos cuando sus miradas se cruzaron. Sus ojos eran profundos lagos ambarinos. Su piel era pálida, casi translúcida, un poco fresca al contacto.

Como un loco y tonto, había asistido a cada uno de los bailes organizados con la esperanza de encontrarla de nuevo. Recordó la primera noche que había hablado con ella, que habían bailado, que la había besado. Sus labios habían sido tan suaves y frescos como el más fino raso.

Había estado embrujado por su belleza, fascinado por el misterio que acechaba en las profundidades de sus ojos. Nunca había estado enamorado de ella, pero su lujuria había ardido, alimentada por sus seductoras sonrisas. Sus besos, robados en oscuras esquinas y jardines iluminados por la luna, le habían atrapado como si de una droga se tratara y se había sentido desesperado deseando más.

Ella había estado jugando y tentándolo durante meses, jugando a un juego en el que él nunca había tenido ninguna oportunidad de ganar. Demasiado tarde, él había sabido que no era un romance lo que ella deseaba, sino su vida.

-"Y así es como fui hecho Vampiro... "

Su voz todavía era baja. Ella le oyó en su mente, pero se negó a aceptar lo que él le decía. No existían tales criaturas. No era posible.

-"Ella me abandonó la noche en que me transformó" Masen siguió, su voz carente de emoción. -"Cuando a la siguiente noche me desperté tenía un hambre voraz".

-"¡Detengase!" dijo Isabella tapándose los oídos. -"No quiero oír más".

Él siguió como si ella no hubiese dicho nada. Sus palabras sonando claramente en su mente. Incapaz de expulsarlas, cruzó las manos sobre su regazo.

-"No tenía a nadie que me explicara lo qué me estaba ocurriendo, nadie que me enseñara como ser un vampiro. Nunca la perdonaré por eso" dijo, su voz teñida de cólera. -"No me di cuenta de los impresionantes poderes que poseía. Solo estaba invadido por un hambre atormentadora"."Al principio, creí que enloquecería. Todo lo que sabía era que la sangre aliviaba el dolor, y que la luz del sol que una vez había amado ahora significaba la muerte. Aun así, no podía creerlo. Y luego, una noche, me miré en un espejo"

Él nunca olvidaría el intenso horror que le invadido al mirar fijamente al espejo esperando ver su imagen reflejada y solo ver el cuarto de detrás.

-"Me alejé de mi casa, de todo el que me conocía. Había esperado poder vivir en otra parte algo parecido a una vida normal, que podría casarme y tener hijos. Ahora cuan vanas eran esas esperanzas, pero al principio no me di cuenta de que había perdido toda posibilidad de vivir como un hombre. Con el tiempo, me enteré de que no era un hombre del todo".

Inquieto, se levantó, su mirada perdida, viendo algo que sólo él podía ver.

-"Estaba en Italia cuando me encontré con otro vampiro. Carlslie era uno de los más antiguos. Me enseñó lo que era ser Vampiro, me contó que podía elegir ser un monstruo, aterrorizando los corazones de los mortales, o podía aislarme de la gente y vivir con la sangre de los animales, y podía vivir en algún punto entre medias, ni hombre ni monstruo.

-"Y esto es lo que he hecho. Nunca me he quedado más tiempo que quince o veinte años en cualquier un lugar. Aquí ya he permanecido demasiado tiempo. Pronto me iré a alguna de mis otras moradas y me quedaré allí hasta que las personas empiecen a hablar de mi extraña forma de vivir, hasta que comiencen a darse cuenta de que no envejezco, y que luego me trasladaré de nuevo".

-"¿Me esta usted diciendo la verdad? ¿O solo inventa esto para asustarme?".

Masen asintió.

-"¿Y Phill? ¿Sabe él lo que usted es?"

-"Por supuesto. Somos algo más que amo y criado. Mi sangre corre por sus venas".

Había habido veces, cuando el tomar la sangre de Phill había marcado la diferencia entre la vida y la muerte. Pero nunca había tomado la suficiente como para pasar la oscura herencia a su criado.

Durante sus doscientos años, nunca había transformado a otro ser humano en Vampiro.

-"¿Se alimenta de él?". No le pasó desapercibida la sombra de repulsa en el fondo de sus ojos.

Asintió de manera concisa, preguntándose si le haría la pregunta que tanto temía.

-"¿Cuándo usted me compró a mi padre, pensaba alimentarse también de mí?".

Bien, pensó, allí estaba. Él tomó un aliento profundo y luego, muy lentamente, asintió.

-"¿Pero usted no lo hizo?" Subió sus manos hasta su cuello, sus dedos explorando. No había marcas. El alivio inundo sus pulmones con un profundo suspiro.

Y luego frunció el ceño. Una vez había habido marcas, al poco tiempo de llegar al castillo. Le había pedido a Phill que las mirara, y él le había asegurado que no había nada por lo que preocuparse.

-"Raramente bebí de tu cuello" dijo Masen quedamente -"Y cuando lo hice, pasé mi lengua por tus heridas para que no quedara cicatriz". Pero una noche se había olvidado de hacerlo.

-"¿Usted bebió de mi sangre?" Ella clavó los ojos en él, preguntándose por qué la idea no la repelía. La hacía desfallecer o gritar histéricamente. Debería estar horrorizada.

En lugar de eso, se sentía notablemente tranquila, como si estuviera escuchando una historia que no tenía nada que ver con ella.

-"No más de unas gotas cada vez". Él dio un paso hacia atrás. Su capa a su alrededor, envolviéndole. -"Si intercambiara tu sangre con la mía, estaríamos aligados".

-"¿Qué quiere decir aligados?"

-"Quiere decir que podrías leer mis pensamientos como yo puedo leer los tuyos".

-"¿Eso es lo que usted ha hecho con Phill, no es verdad? ¿Es él su esclavo?"

-"No. Sólo compartimos un lazo". Un lazo nacido de la sangre y de un juramento.

Eso no parecía tan malo, Isabella filosofó. Ahora desearía poder leer sus pensamientos.

Entonces quizás podría entenderlo mejor.

Hay otra clase de aligación" dijo Masen. "Una Aligación más profunda, una atadura más fuerte".

-"¿Oh…?".

No estaba segura de querer oírlo.

-"Es una aligación que solo puede ser quebrada por la muerte. La mía, o la tuya. No sabes cómo he deseado hacerte mía, Isabella, atarte a mí. Pero no he podido hacerlo, sería coartar tu libertad, y no podía hacerte eso".

-"¿Por qué me ha explicado todo esto?".

Masen aspiró profundamente. -"Necesitaba contárselo a alguien. Después de doscientos años, quería que alguien me entendiera". Lentamente, negó con la cabeza.

-"Ahora sé que eso es imposible".

-"¿Usted ha vivido durante doscientos años?".

Él negó con la cabeza, con una sonrisa de arrepentimiento en sus labios. "Estuve vivo

veintiseis años. He sido Vampiro durante doscientos tres".

-"Lo que quería decir es que usted nació en…"

-"Mil seiscientos diescinueve, mi dulce".

-"No es posible".

Él no dijo nada, solo se la quedó mirando con sus negros e insondables ojos.

-"¿Y usted debe beber sangre humana para sobrevivir?".

-"Raramente, y sólo un poco cada vez".

-"¿Cómo puede hacer eso?" preguntó, asqueada.

¿Cómo explicarle, cómo hacerle entender que eso no eran tan horrible? Negó con la cabeza y luego suspiró, sabiendo que merecía una respuesta, aunque fuera abominable.

-"No sé cómo describírtelo, Isabella. No hay nada en tu experiencia que pueda compararse con esto. Cuando bebo sangre, es como si me convirtiera en una parte de esa persona. Puedo sentir las pulsaciones en su corazón; Sé sus pensamientos, sus miedos. No puedes imaginar algo parecido, el poder, el hambre. Antes de que aprendiese a controlarla, cuando creí que tenía que tomar una vida para poder sobrevivir... " Negó de nuevo con la cabeza. -"No te lo puedo explicar".

-"¿Si ya no bebe sangre humana, qué bebe? ¿Qué es eso que Phill le trae por las tardes?".

-"Es vino mezclado con sangre. Normalmente es de oveja, aunque cualquier otra clase de sangre puede servir". Pero también necesitaba sangre humana, aunque no se lo dijo. Fue por eso para lo que en un principio había comprado a Isabella. Había un frescor, una fuerza, en la sangre pura y dulce de una virgen que no podía ser encontrada en ninguna otra parte

.

-"¿Usted bebe la sangre de las ovejas?".

-"Mantengo un rebaño en el lado del norte del castillo más allá de los muros".

-"¿Oh…?". Clavó los ojos en él, con expresión aturdida.

-"¿Te he provocado repugnancia?".

-"Un poco" admitió. Pero, en su mayor parte, sentía lástima por él. Doscientos años de vida solitaria, no siendo nunca capaz de confiar en otro ser humano. Hacía doscientos años que él no había podido ver el sol, ni sentir su calor en su rostro. Doscientos años sin saborear una comida, sin beber un vaso de agua fresca. Doscientos años sin un amigo en quien confiar, o una mujer a quien amar.

Le imaginó doblado sobre ella, sus dientes perforándole la carne, bebiendo de su sangre. Intento imaginar lo que era vivir como el vivía, para siempre maldito obligado a morar en la oscuridad, a privarse de los placeres simples de la vida.

Queriendo reconfortarle de alguna forma, miro a las profundidades de sus ojos y allí, en el fondo, percibió una imagen de Masen tal y como había sido doscientos años atrás. El dolor y el miedo y la furia que había experimentado cuando fue primero convertido en Vampiro, los siglos de soledad que había sufrido, y por encima de todo la interminable esencia de sangre y muerte. Él era un vampiro. El señor de la oscuridad. Un no muerto...

La oscuridad la engulló, más intensa que el infierno, más oscura que el negro más profundo.

Con un sollozo estrangulado, sintió como se hundía en una espiral sin principio ni final.




¡Ya le confesó que es un vampiro!

Ahora falta la reacción de nuestra queridisima Bella.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Noelle xD

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