La siguiente noche, no se reunió con ella para cenar. Isabella picoteó su comida, saboreando apenas el suculento rosbif que Phill había preparado.
Alzó la cabeza, al oír el sonido de unos pasos, con la esperanza renaciendo en su corazón para perderla al instante cuando Phill entró en el cuarto.
-"¿No esta la comida a su gusto, señorita Isabella"? preguntó Phill solícitamente. -"Puedo prepararle alguna otra cosa, si lo desea".
-"No, gracias". Apartó su plato. -"Esta noche no tengo demasiado apetito".
Phill asintió, con una mirada de comprensión en sus ojos.
-"¿Me traería un vaso de vino?" preguntó. –"¿Quizás el vino que prefiere Lord Masen?".
Una expresión horrorizada cruzó por la cara de Phill, y luego negó con la cabeza. -"Es de una cosecha muy fuerte, señorita," dijo. -"Puedo recomendarle algo más... ¿Refinado?".
-"No importa". Levantándose, depositó su servilleta sobre la mesa. –"¿Supongo que no sabrá donde esta él?".
-"En el jardín, creo".
-"Gracias, Phill". Le sonrió. -"Si me lo pregunta, no le diré que me lo ha dicho.
-"Él igualmente lo sabrá," dijo Phill, con una nota de resignación en su tono. -"Mejor tome un chal. La noche es fresca".
Sus pies se sintieron repentinamente ligeros cuando cogió su chal y salió de la casa.
El laberinto, pensó. Él estaría en el laberinto.
Sus pasos se tornaron más lentos al acercarse a la entrada del laberinto.
¿Se atrevería? ¿Por qué no? Todo lo demás había fallado.
Sintiéndose de algún modo confortada por la oscuridad, comenzó a desvestirse y luego, envuelta únicamente en su chal, corrió hacia el corazón del laberinto.
Masen aspiró profundamente. Sabía que ella iría a buscarle, había sentido su presencia mucho antes de que se acercara.
Pero no estaba preparado para la visión que apareció ante sus ojos. La luz de luna se reflejaba en su pelo como polvo de estrellas, acariciaba su rostro, iluminaba sus esbeltas piernas. Un níveo chal de encaje que revelaba mucho más de lo que escondía, la cubría desde los hombros hasta las rodillas.
Se levantó con el aliento atrapado en su garganta.
Ella dio un paso hacia él, luego se paró, su valor se había esfumado ahora que estaba en la guarida del león.
El hambre y el deseo rugieron en su interior, más ardientes que las llamas del profundo infierno.
Era Venus salida del mar, Eva antes de probar la manzana.
-"Isabella". Murmuró su nombre entre sus labios, suavemente como un suspiro. Como la última y desesperada oración de un moribundo.
Su capa se envolvió más apretadamente entorno a él.
-"Buenas noches, Su Señoría," dijo, y dejó caer el chal.
Este se deslizó al suelo, quedando a enroscado alrededor de sus piernas, como una blanca nebulosa de espuma, y él estuvo tentado de hacer lo mismo, ponerse de rodillas y adorar su belleza, implorar su perdón. Seguramente esa diosa le podría absolver de sus pecados.
-"Déjame solo, Isabella". No fue una demanda, sino una urgente súplica de salvación.
Lentamente, ella caminó hacia él, y pareció que la luz de luna la siguiera.
-" Isabella... "
-"Le amo" dijo suavemente.
-"No lo hagas". Trató de apartar su mirada de su rostro, de la belleza y la perfección de su delgada figura. Sus pechos eran altos y firmes, su vientre plano, su cintura tan estrecha que estaba seguro de poder abarcarla entre sus manos.
Era la primera mujer completamente desnuda que había visto en doscientos años, la primera mujer que había manifestado amarle desde que se había convertido en Vampiro. La primera mujer, que había suplicado por su contacto.
Mantuvo una silenciosa batalla interior, los últimos vestigios de honor y humanidad luchando con el monstruo en que se había convertido.
-"¿Su Señoría?", Su voz era suave y dulcemente suplicante mientras extendía una insegura mano hacia él. –"¿Edward?"
El sonido de su nombre en sus labios fue como música para sus oídos.
-"Isabella, por favor". Él lucho por articular las palabras a través de su reseca garganta, con voz implorante continúo hablando -"Por favor no me hagas esto, tengo miedo... "
Lentamente, ella bajó su mano. –"¿Usted? ¿Asustado ?· La incredulidad brilló en sus ojos.
Masen cerró los ojos, la imagen de la primera y única mujer que en toda la vida se había llevado a la cama desde había sido hecho Vampiro surgió en su mente. Solo había sido una ramera, una mujer cuyos favores había comprado fácilmente para saciar el hambre de la carne.
Era joven, pero sabia a pesar de sus años. No había sentido nada por ella, había creído que podría satisfacer su lujuria sin despertar su hambre.
Había estado equivocado, y su error en el juicio de su control, le había costado a la mujer su vida. Eso había sido casi doscientos años atrás, filosofó. Asustado de las repercusiones, desde entonces no había vuelto a buscar el afecto de una mujer.
Había aprendido a dominar los deseos de la carne, a mantener su lujuria controlada, hasta que llegó Isabella. El saber que no se atrevería a poseerla le había facilitado sostener su pasión bajo control. Nunca, ni en sus sueños más descabellados, había esperado que ella le deseara.
Ciertamente nunca había planeado verla desnuda ante él en una noche iluminada por la luna, suplicando silenciosamente su contacto.
-"No puedo". Dio un paso hacia atrás, y su capa se enrosco más apretadamente a su alrededor, como para escudarle de un posible mal. -"No puedo".
Quiso marcharse dar media vuelta, apartarse de ella antes de que fuera demasiado tarde, pero el anhelo en sus ojos le tenía cautivado. Ninguna mujer en toda su vida lo había mirado con tal anhelo, con tanta ternura.
Isabella clavó los ojos en él, su anhelo dejando paso a la confusión. -"Está ,esto... ?"
Ella sintió que un fuerte rubor inundaba sus mejillas. "¿Es usted... ?" El fuego en sus mejillas ardió más caliente. -"Quiero decir... " Aspiró profundamente y dijo a toda prisa. –"¿Es usted impotente, Su Señoría?".
El pensamiento le divirtió al mismo tiempo que hirió su orgullo. ¿Qué era lo que ella había creído, que él era un mequetrefe impotente? Si realmente lo fuera, entonces, pensó torcidamente, sería todo mucho más fácil para los dos.
Una brisa batió la tierra, ondulando las hojas en los rosales. Isabella tembló, no de frío, sino por la conciencia de haberse ofrecido a él con toda su alma y haber sido rechazada.
Repentinamente tuvo frío por dentro y por fuera, se sintió desnuda hasta las mismas profundidades de su alma. No se había sentido tan vulnerable, ni tan expuesta, desde esa horrible noche en la taberna cuando permaneció al lado de su padre delante de una multitud de hombres lascivos.
Realmente, nunca podría mirar de nuevo a Edward a la cara, se inclinó para recuperar su chal.
Y sintió sus manos en los hombros; Manos firmes levantándola, acercando a él.
-"Isabella, si pudiera obtener un deseo, ese sería hacer el amor contigo aquí y ahora. Pero no me atrevo". Él vio la pregunta en sus ojos, la duda. -"No tiene nada que ver contigo. Créeme cuando te digo que te deseo más de lo que nunca he deseado a ninguna otra mujer".
Las lágrimas brillaron en sus ojos, sujetas en sus pestañas como gotas de rocío matutino.
Lágrimas de vergüenza y humillación. -"No le creo".
-"Isabella, por favor... "
Ella negó con la cabeza. -"Estaba equivocada al venir aquí, equivocada al pensar que podría hacer que usted me deseara". Se alejó de él, sintiéndose repentinamente vacía cuando sus dedos se deslizaron de sus hombros. -"Me iré de aquí por la mañana, y no volverá a verme nunca mas".
Era lo que él quería, lo que sabía que era lo mejor para ella, pero sus palabras atravesaron las regiones más profundas de su despreciable alma. Y en ese instante, supo que no podría enfrentar un futuro sin ella. Doscientos años de soledad ya habían sido suficientes.
-"¡Isabella! No te vayas". Las palabras surgieron desde lo más profundo de su corazón.
-"¿Su Señoría?". Una diminuta llama de esperanza comenzó a arder en el pecho de Isabella, calentándola por dentro y por fuera.
-"Quédate conmigo, Isabella. Dame el año que te prometí".
-"Será un placer, Su Señoría". Con un solo movimiento, se agacho para recoger su chal, y se lo pasó alrededor de sus hombros.
-"Eres la mujer mas bella y deseable que he conocido en toda mí vida". Sus manos apretaron sus hombros.-" Tendremos nuestro año, dulce Isabella. Un año para conocernos".
Se situó detrás de ella. Lentamente, agachó su cabeza, sus labios raspando su cuello.-"Vuelve a la casa" dijo, su aliento moviendo el pelo en su nuca. -"Te veré durante la cena mañana por la noche". Después de que haya alimentado a la bestia en mi interior.
-"Como usted desee, Su Señoría".
La observó marcharse dando media vuelta y en ese instante, se dijo que nunca podría dejarla marchar.
Había temido no poder mirarlo de nuevo a la cara, pero se sintió sorprendentemente tranquila cuando a la siguiente noche se reunió con él para cenar.
Se había vestido con esmero, con un vestido de lana azul suave. El color hacía juego con su piel. El vestido, aunque era de corte sencillo, realzaba cada una de sus curvas. Llevaba el pelo suelto cayéndole en suaves ondas por la espalda porque a él le gustaba de ese modo.
-"Buenas noches, dulce Isabella".
-"Buenas noches, Su Señoría".
Se sentó frente a ella y cogió la copa de vino que Phill le había preparado tan pronto como entró en el cuarto.
Masen tomó un sorbo, asintió con aprobación hacia Phill, y luego se recostó en su silla.
-"¿Entonces?" dijo, mirándola por encima de su copa,-"¿Cómo sabes que mi nombre es Edward?".
Isabella se quedo mirándolo fijamente, incapaz de apartar la sensación de que él sabía exactamente cómo lo había descubierto.
-"En la biblioteca ví un cuaderno de piel " y apresuradamente, añadió, -"El cuál jamás abrí, y en la portada estaba su apellido y su nombre de pila"
Asintió, con una ceja arqueada y luego volvió a preguntar .-"¿Y qué hiciste hoy ? ".
-"Preparé el terreno para platar los nuevos rosales, leí un rato en la biblioteca y tomé una siesta y luego leí durante un rato". Y mirándolo directamente le pregunto –"¿Qué hizo usted hoy, Su Señoría?".
-"Cómo paso mis días no asunto tuyo, mi dulce".
-"Perdone, Su Señoría" dijo, con voz fría.-"No tenía intención de curiosear".
-"¿No la tenías?".
-"Nunca le he visto durante el día. Simplemente me pregunté que era lo que le mantenía ocupado fuera del castillo desde el amanecer hasta la noche".
-"Espero que nunca te enteres".
Su respuesta debería haberla enojado, pero fue dicha tan suavemente, y con tal amargura, que solo pudo sentir lástima por él, y desear poder hacer algo para borrar la repentina tristeza en sus ojos.
-"Hablame de Black," dijo Masen.
-"No hay nada que decir. Él vino esta tarde, y Phill le despachó".
-"Sin duda me hablara de eso la próxima vez que visite la taberna" Masen masculló.
-"Estoy segura de que Lord Black encuentra una descortesía, el ser echado como si fuera un desconocido".
-"Puedes estar segura" Masen acordó.
-"Pero a usted no le importa".
-"No, ni una pizca".
-"No le entiendo.
Dejando a un lado su vaso, se apoyó a través de la mesa para pasar sus nudillos amablemente sobre su mejilla.
-"Nunca podrás Isabella," dijo quedamente. -"Hay cosas que no puedo decirte, cosas que nunca debes saber". Él sonrió, pero fue una sonrisa amarga. -"Cosas que ni siquiera querrías saber si te las pudiera contar".
Pero ella quería saber. Quería saber desesperadamente dónde estaba durante el día, que era lo que había detrás de la tristeza que ensombrecía sus ojos, por qué vivía en ese aislamiento auto impuesto en un enorme castillo sobre una montaña rodeada de niebla.
-"¿Puede decirme por qué nunca cena conmigo"?
Lentamente, él negó con la cabeza.
-"¿Está usted enfermo? ¿Es por eso que vive aquí solo, porque nunca lo veo durante el día "?
-"¿Enfermo?" Él sonrió de nuevo con esa sonrisa melancólica.-""Supongo que podríamos llamarlo algo así". Cogió su copa y tomó un trago. -"Termínate la cena, mi dulce, y luego desearía que leyeras para mi algo triste y trágicamente romántico".
Un poco más tarde, se retiraron a su estudio. Isabella estaba sentada sobre el suelo frente a la chimenea con sus faldas esparcidas a su alrededor. Raramente venían aquí. El cuarto estaba revestido con oscuros paneles de madera y estaba escasamente amueblado, solo había un gran escritorio y unas cuantas sillas. Se preguntaba por qué él había preferido venir aquí esta noche.
Masen se sentó en una silla al lado de la chimenea, su capa holgadamente envuelta a su alrededor. Phill había llenado su copa de nuevo, y estaba mirando fijamente sus profundidades de color rubí mientras ella leía. Sabía que a Isabella no le gustaba, pero esta noche la oscuridad le atraía.
Ocasionalmente, Isabella le miraba, preguntándose el por qué de su sombrío estado de ánimo. Esta noche parecía más abstraído de lo normal, sus pensamientos vagando en su interior sin compartirlos con ella. Se preguntaba si quizás había sido marcado por alguna gran tragedia en su vida. ¿Había sido víctima de alguna terrible enfermedad, o le había lastimado tanto una mujer, que le hizo volver la espalda a la vida y jurar no volver a amar de nuevo?
Al cabo de una hora, cerró el libro y se puso de pie. -"Voy a pedirle a Phill que me traiga una taza de chocolate caliente" dijo. –"¿Querría usted un poco?".
Masen la contempló, una esquina de su boca curvándose sardónicamente con diversión.–"¿Tú que crees?".
-"Creí que le apetecería". Apartó el libro y señaló hacia su vaso vacío. –"¿"Le gustaría tomar un poco más de vino?".
Con aprobación, él le ofreció la copa de cristal.
Phill estaba sentado en la cocina, puliendo una cazuela de té de plata. Se levantó al entrar ella en el cuarto. –"¿Hay algo que pueda hacer por usted, señorita?".
-"Sí. Me gustaría un poco de chocolate caliente, por favor". Señalando el vaso vacío dijo: -"Y a Lord Masen le gustaría un poco más de vino".
Un indicio de algo –desaprobación, quizá – titiló en las profundidades de los ojos de Phill mientras tomaba la copa de su mano. -"Me encargaré de ello inmediatamente".
-"Esperaré" dijo Isabella. Sentándose la silla que Phill había desocupado, cogió la tela que había estado usando y comenzó a pulir la tetera.
-"Señorita Isabella... "
-¡¿Qué?".
-" No creo... Esto es, usted no debería... "
Isabella frunció el ceño. –"¿No debería qué?".
Él sacudió con fuerza su barbilla hacia la plata. -"No debería hacer eso".
-"No importa, quiero hacerlo. ¿Durante cuánto tiempo ha estado trabajando para Lord Masen?".
-"Durante más años de los que puedo recordar".
-"¿Sabe usted sabe por qué está siempre tan triste?".
-"¿Triste, señorita?".
Isabella asintió. -"Nunca he visto antes reflejada tanta tristeza en los ojos de un hombre. Algunas veces me dan ganas de gritar".
Phill la miró de soslayó, con expresión al principio sorprendida y luego incrédula, como si ella hubiera expresado simpatía por un animal salvaje. Y luego se volvió para llenar la cacerola con leche. -"A pesar de ser tan joven, es usted muy perceptiva" comentó mientras encendía el fuego y ponía la cacerola a calentar.
-"¿Sabe usted por qué está tan triste, verdad?".
Phill negó con la cabeza. -"Me temo que no podría decirlo".
-"¿No podría o no querría?".
-"No lo sé, señorita, realmente no lo sé".
-"¿Ha estado enamorado alguna vez en su vida? ¿Ha estado casado?".
-"No que yo sepa".
Isabella dejó a un lado la tetera. Con los codos apoyados sobre la mesa, apoyó su barbilla sobre sus manos dobladas. -"Desearía poder hacerle feliz".
"Usted le hace feliz. Estoy seguro de eso".
-"¿Usted lo cree realmente?". Él le había rogado que se quedara, pero no había parecido feliz por ello.
Phill miró hacia la puerta de la cocina, con expresión cautelosa, como si temiera ser oído.
-"Él la necesita, señorita. La necesita, y a él no le gusta eso".
-"¿Le ha dicho él eso?".
Phill negó con la cabeza y luego evitando cualquier otra conversación, se giró para ocuparse de los fogones.
Isabella le miró asombrada mientras sacaba del fuego la cacerola de la leche y la dejaba a un lado, para coger otra cacerola de la alacena, verter un poco de vino y ponerla a calentar al fuego.
-"¿Qué hace?" preguntó.
-"A Lord Masen le gusta el vino caliente.
Phill preparó su chocolate, luego vertió el vino en una copa de cristal y lo colocó en una bandeja. –"¿Desea alguna otra cosa, señorita? ¿Una galleta, quizás "?
-"No, con esto tengo suficiente". Trató de alcanzar la bandeja.
-"Yo se la llevaré, señorita".
-"No será necesario" dijo Isabella sonriente, cogiendo la taza y la copa de la bandeja.
-"Gracias, Phill. Buenas noches".
-"Pero, señorita Isabella... "
-"¿Qué ocurre?".
-"Nada".Echó un vistazo a la copa en su mano, luego apartó la mirada. -"Buenas noches, señorita".
Isabella abandonó la cocina, regresando al estudio con pasos lentos. ¿Vino caliente?
Se detuvo en el vestíbulo, echó un vistazo alrededor para asegurarse de que estaba sola, y tomó un sorbo de la copa de Masen. Ni caliente ni frío, nunca había probado nada parecido a eso. Era más espeso que cualquier vino que antes hubiera probado y con un extraño sabor que hizo que su estómago se revolviera.
Se limpio los labios, para que Masen no supiera que había saboreado su bebida. Una
especial, ciertamente, pensó, haciendo una mueca. Pues bien, si le gustaba así, pues que se la tomara.
Él estaba de pie frente a la chimenea, mirando fijamente las llamas, cuándo ella regresó al estudio. Estaba de espaldas a ella con una mano sujetando su capa. La capa le caía en suaves pliegues por su espalda, y reparó de nuevo en que parecía que el grueso terciopelo negro se pegara a él por propia voluntad.
No se volvió cuando ella entro en el cuarto. Parecía estar ensimismado en sus pensamientos,y se preguntó si sabía que estaba allí.
Por supuesto que lo sabía. Estaba sintonizado con cada aliento que ella emitía, con cada uno de sus movimientos. Sin mirar, sabía exactamente en qué lugar del cuarto estaba. Podía sentir su mirada en su espalda, podía saber el momento en que dejó su copa en la mesa al lado de su silla, supo que estaba exactamente cinco pasos detrás de él, ligeramente a su izquierda. Supo que había estado hablando de él con Phill.
-"¿Aprendiste algo? preguntó, con voz engañosamente suave.
-"¿Su Señoría?"
-"De Phill. ¿Te dijo algo que no supieras?".
-"No sé de lo que me esta hablando".
-"¿No lo sabes?" Se giró lentamente hacia ella, su capa formando remolinos alrededor de sus tobillos.
-"Yo... le pregunté si sabía por qué está usted tan triste" Isabella contestó, y luego le miró ceñudamente. –"¿Cómo sabe que pregunté sobre usted? ¿Estaba espiándome? ¿Escuchando a escondidas?".
Negó con la cabeza. No tenía necesidad de espiarla. Su audición sobrenatural le había permitido oír cada una de las palabras que habían intercambiado ella y su criado.
-"¿Por qué está usted tan triste?". Preguntó Isabella.
Sus ojos se convirtieron en rendijas ominosas mientras la miraba fijamente.
-"Phill me dijo que usted me necesitaba" siguió, determinada a no dejar que la asustara con su silencio. –"¿Es eso cierto?"
Te necesito, pensó. Te necesito de más formas de las que tú puedes suponer. Formas que si supieras, te causarían profunda repugnancia.
Observó como sus ojos se abrieron alarmados mientras él acortaba la distancia entre ellos.
Tomando la taza de su mano, la dejó sobre la mesa, luego la rodeó con sus brazos.
-"Esto es lo que necesito" dijo, y aplastando su cuerpo contra el de él, la besó, su lengua entrando atrevidamente en su boca.
Casi inmediatamente, se apartó. Se la quedó mirando fijamente, suspiró profundamente. No, no se había equivocado. Ella sabía a su vino. Y a sangre.
-"¿Qué has hecho?". Le preguntó con voz suave, pero no por ello menos intimidante.
-"¿Qué qué he hecho?" se quedó mirándolo con el corazón latiendo aceleradamente.
Masen aspiró profundamente y luego acercó de nuevo su cabeza saboreando el sabor de su vino en su lengua. Cerró sus ojos mientras profundizaba el beso. Ella sentía lástima por él, creía que había sufrido alguna horrible tragedia en su vida.
Sus brazos la apretaron más fuertemente mientras la besaba de nuevo, y luego otra vez. Le enseñaría a sentir lástima por él.
Isabella gimió suavemente cuando su boca la castigó con brusquedad. Trató de apartar su cabeza, pero sus manos sujetaron su cara. Una neblina roja flotó ante sus ojos y luego, dentro de la niebla vio a un hombre escapando de una sombra oscura.
Oyó su grito de terror mientras la oscuridad le engullía, vio unos ojos en los que ardía la misma furia del infierno...
El miedo del hombre se apoderó de ella. Sintió la muerte gravitando sobre ella, acaparando su aliento, su vida, y comenzó a luchar salvajemente por liberarse del abrazo de Masen. Tenía que escaparse, lejos de esos horribles ojos negros.
-"¡Su Señoría! ¡Masen! ¡Me esta lastimando!".
Lentamente, sus palabras penetraron en la roja neblina que se había establecido sobre él.
Mascullando un juramento, la soltó.
Isabella tropezó hacia atrás, con su corazón latiendo frenéticamente mientras miraba fijamente a Masen. Su capa ondeó, como si tuviera vida propia, y supo, supo, que la capa de Masen había sido la sombra oscura que había visto en su mente.
-"¿Qué ha sucedido?" preguntó sin aliento. –"¿Quién era ese hombre? ¿Qué ha hecho usted?"
Él la miró, sus ojos ambarinos ahora eran de color negro brillando intensamente.
-"Ahora ya sabes lo que necesito" dijo.
Clavó los ojos en él, sus pensamientos agitándose mientras intentaba descifrar su significado.
Trató de apartar su mirada, pero sólo podía permanecer allí, débil e indefensa como un ratón en las mandíbulas de un león.
Atrapada en la trama de sus ojos hipnóticos, incapaz de pensar o hablar, sólo pudo quedarse mirándolo, silenciosa, vulnerable.
Abruptamente, él giró sobre sus talones, su capa formando remolinos como humo negro alrededor de sus tobillos, y se fue.
Isabella cayó de rodillas, sus brazos envueltos alrededor de su cuerpo para calmar sus temblores.
No entendía lo que había ocurrido, pero sabía, que por primera vez estaba realmente asustada.
Ya se acerca el capítulo, en dónde Isabella descubre que tipo de criatura es Edward.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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