jueves, 18 de noviembre de 2010

La Dulce Y Orgullosa Isabella

Capitulo 4

Era una pequeña iglesia rural cubierta de hiedra, pero con los frios del inminente invierno, las hojas estaban oscuras y quebradizas contra la grises paredes de piedra. La llovizna había cesado y los brillantes rayos de sol atravesaban las nubes y encendian con mil colores los cristales de las ventanas de la rectoría.
Isabella estaba bañada en la luz que entraba por un camón. Su rostro, cuando ella miraba hacia los campos ondulados, tenia la sonrisa de alguien que está seguro de las metas que se había fijado en la vida. Habia llegado temprano a la iglesia en un coche alquilado, porque su carruaje tenia que llevar a Jasper a la posada que quedaba a mas de una hora de viaje y esperar allí mientras él viajaba a Londres en otro coche alquilado y regrasaba con Edward Cullen. Pero el reverendo y la señora Jacobs se mostraban amables y hospitalarios y Isabella se las arreglaba para soportar la espera.
Iba vestida de un blanco inmaculado, el vestido a la ultima moda en traje de novia, había sido creado con una prisa extenuante a un conocida modista de Londres. El cabello semi recogido, iba en pequeñas trencitas iniciadas desde la parte de la sien hasta la coronilla. Parecia un ángel. Un abrigo de pelo en color crudo la envolvía, dándole un halo de princesa rusa.
Isabella se inclinó para mirar por la ventana y su movimiento hizo que la señora Jacobs se le acercara.
-¿Qué sucede querida?,- preguntó la amable mujer con mucho interés.- ¿Ya vienen?
Los ojos azules de la señora Jacobs miranron hacia el camino distante y , como ella había adivinado, un carruaje estaba subiendo por la colina y pronto llegaría a la iglesia.
Isabella, con un multitud de explicaciones, en la punta de la lengua, lo pensó mejor y no habló. Si daba excusas por su futuro esposo, los defectos de él, serian más que evidentes-. Era mejor dejar que la mujer creyera que el amor la había cegado.
Se tocó el tocado y se preparó mentalmente para encontrarse con el miserable novio.
-Está usted radiante, querida. No se preocupe por su aspecto, vaya a recibir a su prometido.
Isabella obedeció graciosamente, agradecida por poder encontrarse con Edward antes que lo vieran el clérigo y su esposa, con la esperanza de poder mejorar la apriencia de él a ultimo momento. Cuando corrió por el sendero cubierto que iba de la rectoría a la iglesia, un millar de razones agolparon en su mente y ella se insultó a si misma, usando varios de los juramentos favoritos de su padre, y en seguida rechinó los dientes al pensar en el cuidado que debia poner un caballero en vestirse.
-Ese rustico colonial.- dijo entre dientes.- ¡Por los menos veré que no se haya puesto los calzones al revés.!
Los caballos rucios levantaron sus finas y nobles cabezas y se detuvieron nerviosos frente a la iglesia. Jasper metió cuidadosamente su pistola debajo de su chaqueta mientras uno de los secuaces de Jenkns saltaba a tierra y como cualquier buen cochero, abria la portezuela para que ellos bajaran. Aceptando el gesto de advertencia de Jasper, Edward se apeó del carruaje y miró pensativamente los páramos. Sintió un gran deseo de correr por los campos solo para tener la sensación de libertad que ello hubiera podido producirle, pero sabia que no llegaría más allá de ese bajo muro de piedra.
Caminó lentamente hacia la escalinata de la iglesia, pero ese encontró en el centro de un grupo cerrado. En el primer escalon, Edward se detuvo y miró a los tres hombres, todos los cuales se mantenían muy cerca de él.
-Caballeros.- Una débil sonrisa jugó en un angulo de su boca.- Si yo intentara escapar, ustedes in duda usarían las armas que ocultan tan ostentosamente. No les pido que sean remisos en sus obligaciones si no que se queden un poco más atrás. Como si realmente fueran sirvientes contratados.
Ante una señal de Jasper, los dos hombres regresaron al carruaje y se apoyaron en él, aunque siguieron con la atención puesta en Edward porque habían comprendido muy bien el hecho de que solo obtendrían su recompensa si hacían bien su trabajo.
-¿Y ahora qué Jasper? ¿Entraremos o aguardaremos a milady?
El sirviente frunció los labios , pensó en la pregunta y se sentó en el escalon . Con voz aspera, dijo rotundamente.
-Ella ha oído el carruaje. Saldrá cuando esté dispuesta.
Edward subió varios escalones hasta el portal cubierto y allí se dispuso a aguardar. Esta pensando seriamente en inicar una conversación con su estoico escolta cuando la pesada puerta de madera se abrió y salió su presunta novia. Edward , ahogó una exclamación, porque a la luz del dia Isabella Swan era la beldad más extraordinaria que él había visto jamás. Parecia frágil con suave abrigo de pelo que la recogía. No había señales de la muchacha audaz que había visitado la cárcel para buscar un marido.
Isabella pasó junto a él, casi sin mirarlo y ni siquiera por cortesía se detuvo cuando el hombre se quitó el sombrero y descubrió su cobriza cabellera. En cambio, levantó sus amplias faldas para bajar corriendo los escalones.
Edward se apoyó en el muro de piedra y sonrió admirado, mientras sus ojos acariciban sus voluptuosas formas bajo el abrigo.
Súbitamente, Isabella se detuvo y casi tropezó con los escalones, Jasper se volvió ty la miró fijamente. Entonces sorprendida, giró para mirar a Edward con sus ojos color cagé, dilatados por la incredulidad. Él era muy guapo, indudablemente, con sus magnificas cejas , que se curvaban nítidamente dibujadas; una nariz perfecta, una boca firme pero sensual. La línea de su mandibula indicaba fuerza con los movimientos de los musculos. Entoces los ojos de Isabella se encontraron con los de él. Y si quedaba alguna duda, inmediatamente desapareció cuando miró esos profundos ojos verdes como el jade, enmarcados por pestañas oscuras y espesas.
-¿Edward?.- reguntó.
-El mismo, amor mio.- Ahora con toda la atención de ella, él llevó nuevamente una mano al pecho y se inclinó con exagerada cortesía.- Edward Cullen a sus ordenes.
-Oh, entregue esa cosa a Jasper.- estalló ella al percibir el tono burlón de él.
-Como tú desees amor mio.- dijo él, rió con ligereza y arrojó el sombrero a Jasper quien casi lo aplastó al apretarlo contra su pecho.
Isabella puso los brazos en jarra y golpeó irritada el suelo con el pie. No hubiera podido explicar los motivos de su irritación, pero Edward Cullen era mucho mas de lo que ella habia esperado . Habia algo insufrible en un hombre condenado que se mostraba tan completamente seguro de si mismo. Probablemente era del tipo que iria al cadalso como un héroe jactaciosos, pensó torvamente.
-Bueno puesto que está aquí no veo los motivos para demorarnos mas.- dijo en tono cortante, y calcuó mentalmente la edad que tendría él. No más de diez años mas que ella, como máximo, aunque en su primer encuentro ella había pensado que él le llevaba por lo menos veinte.- Empecemos de una buena vez.
-Soy su servidor más obediente.- Edward sonrió y después rió cuando ella lo fulminó con la mirada. Se llevó ansiosamente la mano a su chorrera de encanjes y se inclinó ligeramente.
“Claro está.- pensó ella en silencio.- Sin duda mañana se jactará de la mujer que se ha acostado con él. ¡El canalla desvergonzado!”
Antes de que pudiera desechar sus pensamientos se abrió nuevamente la puerta y la señora Jacobs apareció junto a su alto y flaco marido. Los ojos azules de la mujer se posaron tiernamente en Edward y parpaderon con evidente complaciencia.
-Oh , querida, trae a tu joven frente al fuego.- le dijo ansiosamente a Isabella.- Realizaremos la ceremonia cuando él se haya calentado y beberemos un poco de jerez para combatir el frio.
Isabella musitó qu ella ya se había calentado lo suficiente. Pero por atención a la anciana pareja se acercó a Edward, le apoyó una mano en el pecho y sonrió dulcemente a ese rostro entre divertido y burlon. Le hubira gustado muchisismo borrar esa sonrisa de una bofetada en ese rostro hermoso.
-Edward, amado mio, estos son el reverendo y la señora Jacobs. Ya te los había mencionado ¿verdad? Han sido muy amables.
La charla insubstancial sonó extraña en sus propios labios. Isabella sentía en sus dedos el lento palpitar del rorazón de Edward, mientras que su propio pulso, por una extraña razón, se aceleraba.
Edward, hombre de aprovechar todas las situaciones que se le presentaban, deslizó sus manos alrededor de la cintura de ella, la estrechó suavemente y sonrió a esos ojos profundos que lo miraban sin calidez. En los de él había un fuego que la tocó como un hierro al rojo vivo.
-Espero que el buen Jasper no se haya olvidado de publicar las amonestaciones.- dijo él.- Me temo que moriría si no nos casamos inmediatamente.
Si Edward creyó que había obtenido una victoria sobre Isabella cuando ella pareció derretirse y apoyó sus pechos contra él. Fue rudamente traido a la realidad. Isabella no rechazaba ningún desafio y como una gata arrinconada se puso a la altura de este. Debajo de los amplios pliegues de su falda, apoyó su pie sobre el empeine de él.
-Cesa de preocuarte cariño mio.- dijo, y apoyó en su pie, todo el peso de su cuerpo.- Las amonestaciones han sido publicadas.- Fingió una expresión de afeliccion .- Pero pareces algo dolorido. ¿No te sientes bien? ¿O es esa vieja herida que nuevamente te está atormentando?
Isabella retrocedió un poco, pero no lo suficiente para que él sintiera alivio, y sus finos dedos empezaron a desprender los botones del chaleco de Edward.
- Cuanto te he rogado, Edward que te cuides mas. Siempre eres tan descuidado.
En otras circunstancias, Jasper le hubiese advertido al colonial, que esta no era la clase de mujer con la que convenia entrometerse demasiado. Desde el escalón inferior, cuando la falda de ella subió levemente, él alcanzó a ver ese pequeño pie apoyado descuidadamente sobre el otro mas grande. Su risa resonó suavemnte dentro de su pecho y él cruzó sus alteticos brazos y aguardó.
Edward, paró el ataque a su modod,dobló la rodilla y al mismo tiempo levantó el dedo gordo del pie sobre el que ella estaba apoyada. Con la mayor parte de su peso apoyado en ese pie. Isabella se tambaleó precariamente y súbitamente perdió el equilibrio. Con una exclamación ahogada cayó contra él y uno de sus brazos lo rodeó por elcuello para evitar caer al suelo mientras que con la otra lo aferraba de una manga. Oyó que él reia por lo bajo junto a su oído, mientras la ayudaba a recuperar el equilibrio.
-Bella, amor mio, controlate. Pronto estaremos en casa.- La provocó Edward.
La expresión divertida de él la enfureció y hubiera querido arañarle la cara, pero se contuvo. Sintió la fuerte tos de Jasper, como si estuvira ahogándose y su rabia aumentó más.
-Será mejor que celebremos este matrimonio.- suspiró el clérigo con convicción y los miró con desaprobación por encima del borde de sus espejuelos.
Edward miró a la hermosa Isabella , quien le devolvió una mirada incendiaria. Ella podía ser la cosa más bella que él había visto jamás, pero también había en ella algo de bruja.
-Ajá.- dijo Edward.- Seria conveniente hacerlo, antes de que la criatura sea bautizada.
Isabella dejó caer la mandibula y sintió fuertes deseos de matarlo.
Se volvió furiosa al oir la risa baja de Jasper que quebró el pesado silencio y dirigió a su servidor una mirada que hubiera podido congelar la sangre de las venas…
Continuará

3 comentarios:

  1. holaaa jajajaj me encantan estos doss siempre se estan desafiando el uno al otrooo jee...y bella que paso de largo a edward al principio no lo habia conocidoo jajaj...mmm en el proximo el casamientoo estoy ansiosa por leer el qu siguee...bueno excelente el capii nos leemos en el que vienee...adioss...

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  2. Hola Rossy

    Se esta pondiendo interesante, y como dice Beluchiss me encanta el desafio de estos dos.

    Besos

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  3. Hola me gusta la historia creo k este matrimonio es genial y lo bamos a disfrutar jajaja....no me despido ynos seguimos leyendo

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