Capitulo 5
La ceremonia fue rápida y sin pretensiones. Era evidente que el reverendo Jacobs quería enderezar cualquier transgresión que pudiera haber cometido la joven pareja antes de la unión. Fueron hechas, y respondidas las preguntas de rigor. La voz profunda y rica de Edward sonó firme, sin vacilaciones,cuando prometió amar, honrar y cuidar hasta la muerte a su esposa.
Mientras repetía sus propios votos, Isabella tuvo una sensación de condenación casi paralizante. Fue como un aviso, una premonición de que su estratagema fracasaría. Con renuencia, sus ojos cayeron en la delgada sortija de oro sobre la pagina abierta de la Biblia y ella solo pudo pensar, mientras el ministro pronunciaba las palabras que los convertían en marido y mujer, en los años de docion que su madre había dedicado a su padre. En constraste , este casamiento era una farsa y era un sacrilegio prometer amor para siempre ante un altar de Dios. Era una mentira y podría resultar condenada por decirla.
Pese a todos sus intentos, las manos de Isabella temblaban cuando Edward le deslizó el anillo en el dedo y fueron dichas las palabras finales:
-Por la autoridad que me ha sido conferida y en el nombre de Dios Todo poderoso, os declaro, marido y mujer.
Ya estaba hecho. La altanera Isabella estaba casada. Vagamente oyó que el reverendo Jacobs daba su consentimiento para el beso nupcial y fue vuelta abruptamente hacia la realidad, cuando Edward la tomó en sus brazos. Deliberadamente, Isabella apartó de sí las manos de él, se puso de puntillas y muy recatadamente plantó un beso fraternal en la mejilla de su esposo.
Edward, retrocedió y miró, levemente, con el ceño fruncido el rostro exquisito que tenia delante. Es sonrisa atormentadoramente dulce no era lo que él esperaba a manera de apasionada respuesta. El deseaba algo mas substancioso que ligeros picotazos de gratitud. Ya había llegado a la conclusión de que su esposa tenia mucho que aprender en materia de amor. Sólo deseaba disponer horas suficientes para poder conseguir el deshielo.
-Vamos , hijos míos.- dijo el reverendo Jacobs, con su jovealidad totalmente recuperada.- Hay documentos donde poner sus nombres. Y me temo que tendremos encima muy pronto una tormenta. ¿Oyen la lluvia?
Isabella miró las ventanas y experimentó una nueva ansiedad. Afuera se acumulaban nueves oscuras y casi parecía que era de noche. Su miedo a las tormentas, la angustiaba desde que era una niñay aun ahora, ya mujer, no podía superar sus temores. Oyó el retumbar lejano de un trueno y se estremeció interiormente.
Isabella volvió la espalda a los cristales de la ventana que mojaba la lluvia, como queriendo sacar la tormenta de la mente, pero empezó a dominarla el pánico cuando siguió al ministro a la sacristía. Una mano sobre su brazo la detuvo. El contacto era gentil pero firme, como una banda de hierro, y la hizo preguntarse que fuerza se ocultaba en los dedos largos y delgados de Edward Cullen.
-Mirame.- murmuró él cuando ella se negó a reconocerlo.
Involuntariamente, Isabella levantó unos ojos frios e inquisidores hacia los de él y encontró una sonrisa lenta y perezosa que parecía burlarse de ella. Lentamente, Edward pasó un nudillo por el frágil pomulo de ella mientras sus ojos chocolates se zambullían imprudentemente en las peligrosas profundidades del océano verde.
-Isabella, amor mio, lo tameré muy mal si me privas de esta noche contigo.
Fastidiada por este rudo recordatorio. Isabella echó la cabeza hacia atrás y levantó su respingona nariz.
-Dudo que esta buena gente, tenga comodidades para huéspedes por una noche. Me temo Sr. Cullen, que tendrá que refrenar sus ardores hasta que tengamos mas intimidad.
-¿Y tendremos intimidad, querida mia?.- insitió él.- ¿O dejaras pasar el tiempo hasta que no quede nada?
-No puede esperar que me sienta ansiosa, por meterme en la cama con usted señor Cullen.- replicó ella con petulancia.- Usted puede estar acostumbrado a las cosquistas fáciles, pero a mi la idea me resulta desagradable.
-Es posible, señora mia.- repuso él.- Pero el pacto fue por una noche completa en mis brazos, no menos.
-Usted ,es un desvergonzado, que se aprovecha de mi situación.- declaró ella.- Si fuera un caballero…
Edward rió suavemnte y sus ojos color jade la desafiaron.
-¿Acaso tu no te aprovechaste de mi?.- dijo.-Dime querida mia, ¿ quien fue a esa miserable mazmorra a seducirme con modales arteros? Si o no, dimelo sinceramente. ¿No fuiste tú quien se aprovechó de un pobre desgraciado, sabiendo que estaba hambriento por la visión de una mujer?¿No fuiste tú, la que casi desnudó sus pechos para seducirme?
Isabella saltó como si la hubiera picado un aveja y su boca se abrió para expresar su indignación, pero no encontró palabras para castigar a este desvergonzado, aunque repasó todo su vocabulario.
Edward le puso un dedo debajo del mentón y lo levantó muy suavemente, hasta que cerró los bellos labios.
-¿Lo niegas?--.-se burló.
Isabella cerró los ojos y habló con los dientes apretados.
-¡Usted mendigo vulgar, deberían colgarlo por vejar a las mujeres!
Los ojos de él, brillaron y se endurecieron.
-Señora.- dijo Edward.- creo que es eso lo que piensan hacer.
Ella tragó con dificultad. Casi había olvidado que él era un asesino. Trató de apartarse mientras que el corazón le latia alocadamente en el pecho. Pero él la retuvo con firmeza. Miró temerosa a su alrededor, en busca de Jasper, pero él estaba charlando con los guardias. A menos que hiciera una escena, no podía llamar su atención.
Sus palabras salieron torpemente de sus labios.
-Yo… fui una tonta al aceptar.
La expresión de Edward era inescrutable, pero algo brillaba en esos ojos con una luz que vacilar por momentos.
-De modo.- dijo con una lenta sonrisa.- que ahora que tienes mi apellido, dices que el pacto es nulo.
La punzada de miedo se hizo mas fuerte. Algo le advertía a ella que estaba arriesgando demasiado con su abierto desdén. Edward rió despreocupadamente, la soltó y retrocedió un paso. Isabella, desconcertada, alzó la vista. Él levantó una mano y llamó a través de los bancos vacios de la iglesia.
-Buen señor…
El reverendo Jacobs, que estaba sentado ante un escritorio abajo escribiendo los documentos matrimoniales, se detuvo y levantó la vista. Jasper Hale, miró as u alrededor con expresión alerta.
-Señor… un momento por favor.- dijo Edward.- Parece que mi señora…
Isabella ahogó una exclamación y se paresuró a interrupirlo.
-No necesitamos molestarlo, amor mio. Ven,discutamoslo entre los dos.
Cuando el clérigo continuó escribiendo Isabella tomó un brazo de Edward y lo apoyó firmemente contra su pecho. Con los ojos, lo desafió a que la rechazara.
-Usted, es un grosero.- dijo con los labios dulcemente curvados.
La llama de sus ojos verdes se intensificó y la quemó con su brillo. Los musculos del brazo de Edward se tensaron contra el pecho de ella. Edward se inclinó para besarla en la mejilla y sus boca ardiente se acercó demasiado a la de ella.
-No, no, Isabella. Sé amable. Mis días están contados y con alegría son todavía menos. Aparentemos, por lo menos, que estamos enamorados, aunque no sea mas que por la señora Jacobs. Trata de fingir mas ardor, querida mia.
Isabella trató de reprimir cualquier manifestación exterior de repulsión mientras él la besaba suavemente en la boca, pero ella siguió rigida, como si esperara la condenación.
-Tienes que aprender a relajarte.- la regañó Edward, respirando suavemente sobre los labios de ella.
Se irguió, deslizó el brazo alrededor de la cintura de ella y la atrajo posesivamente. Y la muchacha de mala gana, aceptó las atenciones mientras él la acompañaba a la sacristía.
Cuando los papeles fueron firmados salieron de la pequeña sacristía hacia el exterior.
Llovía a mares y ambos esperaron en el salón comedor del reverendo Jacobs, junto con Jasper, encendiendon unas velas para iluminar la penumbra gris causada por la tormenta.
Jasper miró al muchacho un momento antes de salir de la estacia, para ir a buscar el carruaje;
-No le ponga las manos encima, Edward.- dijo.- Ella no es para tipos como usted.
-Usted es un sirviente leal, Jasper.- repuso, Edward midiendo sus palabras.- Quizá demasiado leal. Ahora yo soy el marido.
-Solamente de nombre.- replicó el otro.- Y ese hecho seguirá asi hasta que acabe su vida.
-¿Aun si usted debe acabar mi vida antes de que me llegue la hora?- preguntó Edward.
-Se lo he advertido. Ella es una buena niña y no de la clase que puedes encontrar en una posada dando placer a los hombres.
Edward unió las manos detrás de su espalday miró a Jasper directo a los ojos. Habló con mucha convicción.
-Es mi esposa. Si intenta deternerme e impedir que dedique a Isabella mis atenciones, seria mejor que saque ahora mismo su pistola y termine conmigo. Nada tengo que perder y ella vale cualquier riesgo.
Con eso, Edward se dio la vuelta y fue hasta la ventana para mirar el paisaje barrido por la lluvia y dejó a Jasper con un ceño pensativo. Isabella también obervaba a su flamante esposo. Habia una actitud serenamente alerta en él, como un gato o un lobo,, con su fuerza lisla para explotar pero dócil, por el momento. Ella pensó en una gran pantera negra que había visto en uno de sus viajes. En reposo los musculos del animal eran largos y gráciles; pero cuando la bestia se movió, los tendones se flexionaron y tensaron con un ritmo fantástico de vida que resultaba mesmerizante. Edward era esbelto pero fuerte y se movia con una gracia casi sensual. Habia en su andar una seguridad como si planeara cuidadosamente donde debia poner el pie en cada paso que daba. Por el momento parecía relajado y sereno, pero Isabella sintió que él era perfectamente consciente de todo lo que sucedia a su alrededor.
Y se volvió nuevamente hacia ella y se le acercó con ese andar seguro y elástico. Isabella no pudo dejar de admirar la hermosa figura de él en las costosas ropas que llevaba. Ella lo había descrito al sastre como un hombre delgado, musculoso, de espaldas anchas y caderas estrechas, fina cintura y vientre plano. Era satisfactorio comprobar que los resultados se acercaban mucho a la perfeccion. En realidad, los calzones habrían sido indecentes si el sastre los hubiese hecho un poco más ceñidos, porque ajustaban perfectamente.
Isabella se percató súbitamente de donde se había detenido sus ojos y levantó rápidamente la vista para encontrar la mirada divertida de Edward quien no había dejado de observarla ni un solo instante. Se le acercó mas y le murmuró al oído en voz tan baja que solamente ella pudo escucharlo.
-¿Curiosidad de esposa, amor mio?
Isabella enrojeció intensamente y se volovió confundida. Él la abrazó por la cintura y ella se sobresaltó ligeramente cuando él le apoyó en la espalda su pecho firme.
La voz profunda de Edward pareció resonar en todos los rincones de la estancia,cuando anunció suavemente:
-Parece que nuestro dia de bodas, será con agua.
En ese momento, los pensamientos de Isabella estaban lejos de la tormenta que se desataba afuera y centrados en la tespestad que rugia en su interior. Un blanco relámpago de duda sacudió su confianza y súbitamente se sintió insegura de su capacidad para tratar debidamente a Edward Cullen.
Continuara….
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
viernes, 26 de noviembre de 2010
La Dulce Y Orgullosa Isabella
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holaaaaa!!!!! mee encantooo estupendo el capii..yaaa see casaronn no hayy vuelta atraasss jeee...me causa gracia como se llevannn...yy jasperr la super defiende a bellaaa...vamoss a ver como le va en su "noche o dia de bodas" jajaj!!!! noss leemos en el que siguee esta historiaa esta muy interesanteee...besoss!!!!
ResponderEliminarHEY YO INSISTO SI NQUIERE ELLA YO ME APUNTO JAJAAJAJA BUENO NO LA HISTORIA SUENA MUUUY BIEN....NO ME DESPDO Y NOS SEGUIMOS LEYENDO.....NO SE ME OLVIDA K NOS HAS DEJADO SON NOCHE HASTA EL SIGUIENTE
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