martes, 7 de diciembre de 2010

Por siempre amantes

Capítulo Ocho

El caballo dio un paso adelante y el movimiento los separó.
- Este no es el sitio adecuado -murmuró Edward, con voz ronca.
- Depende del punto de vista -sonrió ella, apretando las piernas alrededor de su cintura. Al hacerlo, notó una erección que amenazaba con hacer estallar los vaqueros del hombre.
- Cariño -murmuró él, acariciando sus muslos desnudos-. Vamos a casa.
- De acuerdo -dijo Bella, enredando los brazos alrededor de su cuello.
Él la miró entonces.
- Así no vamos a ir muy cómodos.
- Insisto. Eso depende del punto de vista. Sonriendo, Edward obligó al caballo a dar la vuelta. Los dos sabían el peligro que había en aquel juego. El trote del animal los apretaba uno contra otro en un movimiento enloquecedor, recordándoles otras sensaciones; la de piel contra piel, el roce de su boca donde ninguna otra había estado... Aquella deliciosa fricción la estaba volviendo loca.
Bella se sentía una mujer en sus brazos, deseada y adorada, y los años que habían pa¬sado desaparecían envuelta en el aroma masculino de Edward.
Bella deslizó una mano entre ellos, rozándolo con los dedos y Edward no pudo soportado. Empezó a besada mientras acariciaba su espalda, deslizando las manos hacia sus pechos. Ella gimió, arqueándose hacia él, desabrochando los botones de su camisa para besar su torso desnudo.
- Bella, te estás metiendo en terreno peligroso.
- Estoy intentando que pierdas el control.
Edward tomó su cara entre las manos.
- He intentado sujetarte con mano firme durante mucho tiempo.
- Lo sé -murmuró Bella, frotándose contra él y sonriendo al ver cómo cerraba los ojos.
Un segundo después, Edward la tomó por la cintura y la colocó de espaldas a él. Seguían en un equilibrio precario sobre el caballo, pero ninguno de los dos parecía tener miedo.
- Me gustaba más de la otra forma.
- Seguro que no -dijo el hombre, con voz ronca. Edward empezó a acariciar sus pechos y Bella gimió, colocando sus manos sobre las de él. Eso lo excitó aún más. Cuando metió las manos por debajo de la cinturilla de su pantalón, Bella levantó las caderas, invitándolo-. Necesito tocarte -murmuró él, frenético-. Lo necesito -repitió, bajando la cremallera del pantalón y metiendo la mano por debajo de la tela. La encontró, húmeda y caliente-. ¿Ves lo divertido que es?
Bella rió, temblando de deseo, pero la risa se cortó en su garganta cuando Edward la abrió e introdujo dos dedos dentro de ella.
- Edward... -murmuró, dejando caer la cabeza sobre su pecho.
- ¿Sabes cuánto tiempo he esperado para tocarte? -susurró él en su oído. Acababan de llegar frente a la casa y Edward detuvo al caballo. Ella estaba tensa de deseo y la acarició hasta que sintió que estaba a punto de explotar, absorbiendo sus gemidos, escuchando cómo buscaba aire. Le decía cosas al oído, aumentando el temblor que recorría su cuerpo; le decía que había soñado con momentos como aquel, cómo deseaba verla desnuda, cómo deseaba poner su boca donde tenía los dedos. Bella gritó, cubriendo su mano, disfrutando de un placer glorioso; antes de dejarse caer sobre él, exhausta.
Bella se apretaba contra él como una gatita, pero el hechizo se rompió cuando se dieron cuenta de que estaba sonando el teléfono.
- ¿Quién puede ser a estas horas? -murmuró Edward, preocupado.
Sin pensar, Bella saltó del caballo y corrió hacia la casa.
- Bella, menos mal que te encuentro. -escuchó la voz de Esme cuando descolgó el auricular-. Nessie se ha caído y está sangrando.
- Ponle una venda. Llegaremos enseguida -dijo. Bella, pasándole el teléfono a Edward, que había entrado tras ella. Después, corrió a la habitación para tomar su maletín-. ¿Cuánto tardaremos en llegar? -le preguntó, mientras bajaban los escalones del porche.
- Diez minutos si voy a toda velocidad.
- Entonces, ve a toda velocidad -dijo Bella-. No sé si el corte es profundo.
Edward estaba pálido y Bella le puso la mano en el hombro para consolarlo.
En cuanto Esme abrió la puerta, escucharon los sollozos de la niña.
Edward se acercó a la cama e intentó calmar a su hija, pero no lo conseguía. Tenía sangre en la boca y la barbilla y no dejaba de llorar, angustiada.
- Yo creo que no es un corte muy profundo - dijo su abuela, asustada.
- Lleva a Vanessa a la cocina. Yo me encargo de todo -murmuró Bella, tomándola del hombro. Esme asintió-. Un día sin mí y mira lo que pasa -sonrió, acariciando la cabecita de Nessie-. Pero no te preocupes, cariño, vas a ponerte bien enseguida.
Nessie pareció calmarse un poco al verla y Bella empezó a inspeccionar la herida.
- ¿Es un corte profundo? -preguntó Edward.
- No lo creo. -contestó ella-. ¿Cómo te lo has hecho., Nessie? -preguntó, sacando gasa y antiséptico del maletín.
- Me caí -contestó la niña.
- ¿Tan tarde? ¿Qué hacías despierta?
- Tenía que ir al cuarto de baño y todo estaba oscuro.
Bella le puso la gasa empapada de antiséptico en la barbilla.
- Deberías haber encendido la luz, cariño. -murmuró. La niña asintió, llorosa-. Te caíste al suelo y te golpeaste la barbilla, ¿verdad?
Nessie negó con la cabeza. - Me di un golpe con el lavabo.
- Abre la boca -dijo Bella. La niña obedeció-. Te has mordido la lengua un poquito. Pero la lengua, como la barbilla y la frente siempre sangran mucho. Aunque no sea nada.
- ¿Seguro que no es nada? -preguntó Edward, cada vez más nervioso.
- Seguro. -contestó ella-. ¿Han tenido que ponerle la antitetánica alguna vez?
- No.
- Pues hay que ponérsela.
- De acuerdo.
Mientras Bella buscaba una jeringuilla en su maletín, él hablaba dulcemente con la niña, intentando tranquilizarla.
- Tengo que pincharte, Nessie.
La niña abrió los ojos como platos y empezó a llorar de nuevo.
- Es para que no se te infecte la herida, cariño. ¿Verdad, Edward?
- Claro, cielo -susurró él-. No pienso dejar que ninguna bacteria mala le haga daño a mi nena.
Nessie miró a Bella, que estaba sacándole la jeringuilla del brazo.
- ¡Pero si no me ha dolido nada! -exclamó, sorprendida.
- Eres una niña muy valiente -dijo ella, mirando la herida-. Tengo que darle unos puntos, Edward. Puedo hacerlo aquí o podemos llevarla a un hospital. ¿Qué prefieres?
- Lo que diga Nessie.
Nessie miró a su padre y después a Bella. -Quiero que lo hagas tú porque sé que no vas a hacerme daño.
La confianza de la niña la llenó de ter¬nura.
- Yo te confiaría la vida de mis hijas, Bella -dijo Edward-. Haz lo que tengas que hacer.
Ella asintió, con un nudo en la garganta. Era curioso que un par de puntos fueran algo tan monumental, pensó, mientras anestesiaba la zona con novocaína.
Mientras lo hacía, Edward la estudiaba, recordando que Tanya era incapaz de lidiar con una crisis. Al principio, se había sentido halagado porque ella lo necesitaba, pero con las niñas, Tanya era sencillamente incapaz. Observar a Bella hizo que se diera cuenta de que quería una mujer que no dependiera tanto de él. Quería a Bella.
Nessie sonrió. -No siento nada.
- Te dolerá la lengua un poquito, pero se curará enseguida. Por la mañana, quiero que te enjuagues la boca con agua salada, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
Cuando Bella terminó de ponerle una tirita en la barbilla, Nessie la abrazó. Sentir los bracitos de la cría alrededor de su cuello hizo que se le saltaran las lágrimas. Iba a echarlas tanto de menos...
- Te mereces un regalo por ser una niña tan valiente. Venga, vamos a ver qué tiene la abuela en la nevera.
- Gracias, Bella.
- De nada, cielo -dijo ella, tomándola de la mano.
Edward las siguió hasta la cocina. Unos minutos después, las dos gemelas estaban tomando un helado
- Muchas gracias, bella. No sé qué habría hecho sin ti.
- La habrías llevado al hospital, Esme.
- Pero estaba tan nerviosa... Me he dado un susto de muerte -murmuró Esme, mirando a sus nietas con adoración.
- No tenemos que irnos a casa, ¿verdad, papá? -preguntó Vanessa.
- Ya no hace falta -dijo Esme-. Además, tenemos muchos planes -añadió, guiñándoles un ojo. Las niñas rieron.
- Mamá... -empezó a decir Edward, con recelo.
- Mañana vamos a ir de compras, a la peluquería, al salón de belleza, ya sabes...
- No, él no sabe, pero yo sí -sonrió Bella.
- Estoy rodeado -dijo Edward.
- En un rancho lleno de hombres, ¿cómo crees que nos sentimos nosotras?
Media hora después, metieron a las dos niñas en la cama y se despidieron de Esme.
- Muchísimas gracias -dijo la mujer, abrazando a Bella.
- De nada - sonrió ella, disfrutando del abrazo maternal.
- ¿Seguro que quieres quedarte con ellas? -preguntó Edward.
- Claro que sí -contestó su madre-. Venga, salid y disfrutad un poco.
- Dentro de un par de días tendré que quitarle los puntos. Y dale una aspirina infantil si le duele -aconsejó Bella antes de despedirse.
Cinco minutos después estaban de nuevo en la carretera. Edward conducía en silencio y Bella no se atrevió a romperlo.
- Sabes más sobre lo que es una familia de lo que crees -dijo él por fin, cuando estaban llegando a la casa.
- Curar una herida no tiene nada que ver con eso.
Edward apretó el volante.
- No quieres darte una oportunidad.
- Ya hemos hablado de esto, Edward.
- No, te lo has dicho a ti misma, pero no lo has hablado conmigo. - ¿Y qué hay que hablar? Trabajar como médico en prácticas significa estar en el hospital catorce horas al día y tus hijas y tú os merecéis mucho más que eso.
- Nunca te pediría que abandonaras tu carrera, Bella.
- Lo hiciste una vez.
Edward suspiró.
- Estamos donde lo dejamos, ¿verdad?
- Me temo que sí.
- Sabes que, antes de que ocurriera lo de Tanya, yo quería casarme contigo.
- Lo sé. Pero tú querías una esposa y una madre y yo no sabía nada de eso.
- ¿Y tú crees que yo sabía cómo ser marido y padre? Es algo que se aprende con el tiempo.
- Yo nunca he tenido lo que has tenido tú.
- ¿Y quién dice que no puedes tenerlo ahora? -preguntó él, parando frente a la casa-. Podría haberte ayudado a pagar la universidad y...
- Mira, Edward, ha llovido mucho desde en¬tonces -lo interrumpió ella-. Tu «deber» para con Tanya hace que esta conversación ya no tenga sentido. Entonces no pudimos hacer nada y ahora tampoco.
- ¡Maldita sea, Bella! ¿Por qué tienes que ser tan testaruda?
- ¿Qué quieres de mí, Edward?
- Todo -contestó él-. Y quiero dártelo todo.
- Pero yo le debo mi tiempo y mi atención al hospital. Prácticamente estaré viviendo allí.
-¿Me estás diciendo que busque otra mujer?
El corazón de Bella se partía al pensarlo. -Haz lo que tengas que hacer.
Y lo haría, pensó Edward. Si tenía que luchar por ella, no dudaría en hacerlo. Y la batalla empezó con un beso, un beso ardiente que ella le devolvió con la misma pasión, dando por terminada la pelea.
- Y ahora dime que busque otra mujer -dijo Edward con voz ronca. Bella no dijo nada. No podía hacerlo-. Te deseo a ti, Bella. No quiero a nadie más.
Salieron de la furgoneta y Edward la tomó de la mano. Bella no tenía fuerzas para protestar.
- Mañana tengo que levantarme muy temprano. Pero por la noche iremos al baile que organizan los ganaderos.
Bella se puso las manos en las caderas.
- ¿Perdona?
- No acepto un no como respuesta, Bella. Espero que estés preparada a las siete.
- No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, Edward. Además... no tengo nada que ponerme.
-Eso no es excusa. Te quiero preparada a las siete.
- ¡Ya lo veremos, Edward Cullen! -exclamó ella, dándole con la puerta de su dormitorio en las narices.
Edward se pasó la mano por la cara. ¿Por qué se negaba a darle una oportunidad? ¿Por qué no veía que podían solucionar el asunto si ella cooperaba un poco? Bella tenía miedo de volver a perderlo todo. Y sabía que era más difícil porque era a él a quien ella había dejado entrar en su vida y él quien la había traicionado. Bella era demasiado independiente y no quería compartir sus problemas con nadie. Pero Edward quería compartirlos. Tenía que hacerla entender eso. Si ella le negaba aquella oportunidad, sabía que nunca podría recuperarse.


Bella estuvo furiosa durante todo el día. ¿Quién se creía que era para decirle que iban a un baile sin preguntar antes?
Para ventilar su rabia contra Edward se dedicó a limpiar la casa y hacer la colada. Incluso limpió los establos. Sudorosa y desaliñada, pensó en recibirlo de esa guisa. Se merecía ir solo al baile. A pesar de todo, estaba en su habitación buscando algo bonito que ponerse cuando sonó el timbre.
Irritada, fue a abrir, sintiendo pena del pobre que estuviera al otro lado de la puerta.
-Doctora Swan -la saludó una mujer morena muy elegante.
-Sí.
-Soy Emily Young. La propietaria de la tienda de moda de Sycamore.
Bella sonrió.
-Ah, la conozco. Tiene unas cosas muy bonitas.
-Gracias.
-Me temo que Edward no está en casa.
-Lo sé -sonrió la mujer, desapareciendo de su vista un segundo. Cuando volvió a aparecer, llevaba en las manos un porta trajes y una sombrerera-. Esto es para usted. Disfrútelo -se despidió, bajando los escalones del porche a toda prisa.
-Yo no he comprado nada -protestó Bella.
-Hay una tarjeta dentro de la sombrerera
-dijo Emily antes de entrar en su coche.
Bella miró la sombrerera y después el coche de la mujer, que desaparecía por el camino. Corriendo, fue a su habitación y abrió el porta trajes. Dentro había un vestido de seda color azul zafiro con una túnica transparente del mismo tono. Bella nunca había visto nada tan elegante. Cuando abrió la sombrerera, encontró un par de sandalias y un bolso a juego. Incluso había un conjunto de ropa interior del mismo color. En la tarjeta, Bella reconoció la letra de Edward: Sé mi chica en el baile.
Bella se dejo caer sobre la cama. ¿Cómo podía seguir enfadada con él?, se pregun¬taba, mirando el precioso regalo.


Mientras paseaba por el pasillo, Edward se preguntaba si Bella iba a salir algún día de su habitación, pero el sonido de unos tacones en el suelo de madera hizo que levantara la cabeza.
Y se quedó sin aliento.
El vestido de seda le quedaba como un guante y las sandalias de tacón mostraban unas piernas largas y bien formadas.
- Es un poco corto -dijo ella.
- Estás impresionante.
- Gracias. Y gracias por el vestido.
- ¿No vas a regañarme por comprado?
Ella negó con la cabeza y Edward suspiró, aliviado.
- Pero no tenías que ponerte como un ogro.
- Ya lo sé, cariño, pero cuando insistes en que tienes que dejarme pierdo la cabeza.
- Entonces, será mejor que no hablemos de ello.
- De acuerdo. Vámonos - intentó sonreír Edward.
Cuando salieron al porche, Bella lanzó una carcajada. El Volvo estaba aparcado frente a la casa y, en la rejilla, estaba enganchado su pollo de goma.
- ¿No va a darte vergüenza? -preguntó, enternecida por el gesto.
- No, señorita -contestó Edward, abriendo galantemente la puerta para ella.
- La gente va a pensar que tienes sentido del humor - rió Bella.
- Y lo tengo.
- Sí. Desde hace cinco minutos.
Media hora más tarde, aparcaban frente al club de campo y, mientras caminaban de la mano hasta la entrada, Bella tuvo que reconocer que Edward estaba guapísimo con aquel traje oscuro y la camisa blanca. Llevaba un sombrero vaquero de fieltro gris y parecía más un actor de cine que el propietario del rancho más próspero de la zona.
Cuando entraron en el salón muchas cabezas se volvieron y Edward sonrió, orgulloso.
Los hombres se comían a Bella con los ojos, pero ella no se daba cuenta, demasiado ocupada mirando alrededor. Había candelabros de cristal en el techo y las mesas estaban adornadas con flores. El salón entero brillaba como un diamante y Bella se sentía como una princesa del brazo de Edward.
- Un baile de ganaderos, ¿no? -sonrió Bella.
- Bueno, cada año es más sofisticado. La primera vez que vine, cuando era un adolescente, la pista era de arena -explicó Edward, llevándola hacia la pista de baile-. Llevo todo el día pensando en abrazarte.
- Qué curioso. Anoche querías matarme. -¿Me perdonas?
Bella inclinó la cabeza a un lado.
- Me parece que últimamente hago eso mucho.
Edward sonrió. Esperaba que siguiera perdonándolo durante años.
Mientras bailaban, podía sentir sus curvas quemándolo a través de la seda del vestido. Su cuerpo reaccionó inmediatamente y el pantalón ofrecía una barrera tan sutil que Bella lo notó.
- Oh, Edward.
- ¿Tenías alguna duda de que te deseaba, cariño? -susurró él-. En mi cama y en mi vida.


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Hola Nenas!!!
Aqui reapareciendo despues de estar perdida...lo siento el trabajo me esta consumiendo... espero les guste el capi...Y a todas Feliz Dia de las Madres (Aca en Panama lo celebramos mañana)
Bsos a todas...
Pescui

5 comentarios:

  1. cositaaa!! q lindoo haha pobre ness!!! algo aporreada pero buen detalles gracis x poner cap estaba esperandolo jeje

    xoxo

    M

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  2. hola nena que milagrazo
    pero la espera ha valido la pena
    que la pases super mañana, si eres mama con tus hijos y si no con tu mami.

    besoss

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  3. holaaaaa me encantoo este capii esa cabalgataa fue muy erotica....pobreee nessiee...bella tienee quedarle una oportunidad a edwardd es obvioo que amboss se amannnn...entiendo que tenga miedoo de sufrirrr...perooo que se de una oportunidad para ser felizzzz...bueno veremoss como terminaa el baileee...bueno te mando un besooo!!!! yy feliz dia que la pases bienn nose si eress mama pero si es asii que la pases muy bien junto a ellosss...adiossss""""

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  4. Hola me gusta la historia no me despido y nos seguimos leyendo

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  5. No sabía que el 7 de diciembre se festeja el día de las madres en Panama, muchas gracias por el dato y muchas felicidades, mas vale tarde que nunca, es mi dicho.

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