Capitulo 2
-Señor, la señora Jessica Swan, ha llegado.- dijo una voz al otro la do de la puerta.
Sam, era uno de sus mejores empleados; discreto y pacifico.
Y en los tiempos que corrian ; Edward Cullen, lo agradecia.
-Que pase.- dijo con voz ronca.
Levantó levemente la vista hacia aquella mujer, que calentaba su cama por ahora y una sonrisa cínica, se escapó de sus labios.
Sentado como estaba cómodamente sobre una silla de su escritorio, se irguió lentamente y se quedó tenso, ante el rostro de preocupación que tenia ella en aquellos momentos.
Dio suaves pasos hacia él y le pasó los brazos por el cuello, devorando su boca, hambrienta de pasión.
Él la estrechó entre sus brazos y la separó levemente de él, cuando pasaron unos minutos babeándose el uno al otro.
-¿Qué pasa, Jess? .- le preguntó él, acariciándole la mejilla de arriba abajo con un dedo.
Ella de despegó de él y le dio la espalda, quitándose el sombrerito que llevaba puesto, dejando sus cabello expuesto a los ojos de Edward.
-Mi hijo…lo he dejado enfermo, y no me lo he podido quitar de la cabeza en todo el viaje hasta aquí. – Se acercó nuevamente al hombre y alzó la cabeza para mirarlo a los ojos.
Edward Cullen era un hombre alto y hermoso, quizás más de lo que cualquier mujer se permitiese, para su propia cordura, y al mirarlo bien, Jessica, pensó que tenia mucha suerte de que aquel hombre, la abrazara íntimamente y la hiciera gozar como lo hacia.
Su rostro perfecto, su angulosa mandíbula, sus labios rectos , pero terriblemente sensuales, la envolvían en la niebla del deseo cada vez que lo veía.
Y aquellos ojos verdes…llenos de fuego, ella suspiró.
-¿Ya están todos los invitados en la cueva?.- preguntó ella.
Él, sonrió ladeadamente y una mueca, de desdén; que pudo controlar a tiempo, se dibujó en su rostro de dios pagano.
-Ya están todos; si. ¿Preparada?
-Por supuesto.- sonrió ella feliz y deseosa.
-Sube a una de las habitaciones. La que desees. En los armarios hay túnicas, ponte una de ellas y dile a Sam que te conduzca hacia la cueva.- dijo él, sacando una pitillera de uno de los cajones del escritorio. Se llevó uno de los cigarros a la boca y lo encendió, entrecerrando levemente los ojos.
-¿Iras?.- preguntó ella, acercándose al escritorio, posando las manos en él, e inclinándose levemente enseñando así, parte de sus voluminosos pechos.
-Si. Por suspuesto. Te buscaré.
Ella se irguió nuevamente y le lanzó un beso al aire. Al oir la puerta cerrarse.
Edward Cullen, buscó algo en el bosillo interior de su pantalón y lo abrió con una sonrisa cruel.
Era un bellísimo solitario.
Y había pensando en dárselo a aquella ramera estúpida.
No había pasado la prueba de fuego.
Habia estado las suficientes veces en su cama, para saber que era una Diosa del placer; pero aquello no era suficiente para él.
Fue en el momento que le dijo que tenia un hijo y que era tan terriblemente débil, como su padre.
Edward se sintió identificado con aquel niño, que no conocía. Y pensó que tal vez; él y Jessica podían darle a ese niño, un hogar en una buenas condiciones para que creciera feliz.
No como él.
Pero aquello era otra historia y no quería envenenarse pensando en aquello de nuevo.
No había mujer buena…ni siquiera su madre.
Todas, absolutamente todas, si eran tentadas adecuadamente con cualquier cosa, sucumbían de una manera u otra. No tenían principios ni dignidad.
Se relamió los labios pensativo y levantó su cuerpo de la silla, ya era hora de descargar sus riñones en cualquier jovencita que andara por la cueva.
Subió a su cuarto, abrió la puerta con sigilo y se derrumbó en la cama llevandose la mano a la cabeza.
Sí; estaba jodido.
Habia pensado que era Jess, la persona que había vaticinado Maria.
Maria era una mujer que leia los posos del café y tenia sueños premonitorios.
La tenia como gobernanta en la casa…aunque también bajaba de vez en cuando a la cueva, a vanagloriarse de los esculturales cuerpos que se deshinibian de todo tipo de perjuicios cuando estaban allí.
Ella le habia dicho que un encontraría el amor de la mano de un niño.
Y él había pensando en Jess.
Habia adquirido una especie de compromiso con ella, al conocerla. No había copulado con nadie, en las diversas reuniones que había habido en la cueva.
Le había sido fiel, hasta con la mente.
Aunque le había sido, francamente; bastante dificicil.
Ahora todo estaba perdido…con ella.
Se olvidaría de María y de sus videncias, y también se olvidaría de la fidelidad….ya que Jess, no había dudado un segundo en replantearse la situación cuando él le habló del tipo de fiestas que hacia en la mansión.
Orgias.
Ella se había lamido los labios,libidinosa y había adquirido un nuevo brillo en los ojos, cuando Edward le habló de ellas.
Era una ramera.
Como su madre.
Se levantó de la cama y se desnudó por completo.
Se dio un baño rápido en la tina y se secó el cuerpo despacio, sin prisas.
Abrió una de las puertas del armario ropero y cogió una túnica color carmín.
Hoy quería pasar desapercibido; normalmente, ponía sobre su piel una túnica negra, sabiendo todos sus invitados de quien se trataba. Del orgulloso y demoniaco Edward Cullen.
Ató el cinturón con un suave nudo en su cintura y se aventuró sobre los pasillos de roca, hacia su templo de maldad y pecado; la cueva.
Bella Swan, se mordía los labios nerviosa, los sentía hinchados y con grietas.
A lo lejos se veía, la mansión de Cullen, alzada sobre una montaña, parecía un gran gigante a punto de lanzarse a por cualquiera con el que se viese amenazado.
Odalisque, relinchaba y se paró en seco.
Comenzaba a llover y la yegua parecía no querer pasar aquel maldito puente de madera, que los separaba de Jessica.
La acarició mansamente y le dedicó palabras bonitas.
Odalisque, fue un regalo de Mike y Bella la quería como si fuera una prolongación de ella misma.
El miedo de la yegua, fué traspado por contacto hacia Bella, que miró la mansión como el que ve el mismo demonio.
-Dios mio, ayúdame.- alcanzó a decir, apartando el cabello de su cara.
Cruzaron el puente despacio y finalmente llegaron a la reja de la mansión.
Bella se apeó y abrió con fuerza una de las lamas.
La lluvia ya había hecho destrozos en ella y su vestido se le pegaba al cuerpo como una segunda piel.
Asió la cadena de la campanilla y tió con fuerza.
A los pocos minutos salió un hombre de pelo cano y algo nervioso.
-Señora…-dijo él, contemplándola de arriba abajo.
-Necesito que guarde a mi yegua. He venido a llevarme a mi cuñada Jessica Swan.
Al hombre se le movió la nuez y sus ojos se abrieron sorprendidos.
-¿Quién pregunta por ella, señora?
-Por favor, señor, me estoy mojando, mi yegua necesita estar a cubierto..me hace el favor de…
El hombre hizo una leve reverencia y le dio paso a Bella al amplio descansillo de la mansión.
-Espere aquí señorita, mientras llevo a su yegua a los establos.
Ella lo miró seria y altiva.
-Bien.
Bella alzó la cabeza y vió los valiosos candelabros de cristal clavados en el techo y el mobiliario, ornamentado sin caer en la ordinariez.
Tocó suavemente el tapiz de las sillas de terciopelo azul y cerró los ojos ante aquel tacto tan suave.
Una tos, carraspeada, le hizo volverse.
-Señorita, si usted tiene la delicadeza de seguirme, la llevaré a una de las habitaciones para que se seque, una de las chicas de servicio la atenderá gustosamente.
-No. Quiero ver a mi cuñada. Ahora.- espetó ella.
-Señorita, hágame caso. Por favor.- el hombre se acercó a ella, como lo haría un buen padre,con la mirada bondadosa y limpia.
-Esta bien. .- claudicó ella.
Caminaron varios minutos sin saber hacia donde se dirigían, ¡Dios mio, aquella casa, no era una masion, era un palacio!. Si tuviese que volver sola otra vez hacia la salida, le seria imposible.
El hombre, sacó una de las llaves de una argolla en la que llevaba varias docenas de ellas y abrió la puerta delicadamente.
-Pase, señora. No tardará mucho en llegar alguien que la ayude a asearse. De seguida, hablaré con el señor para comunicarle su llegada, y que se lo haga saber a su cuñada.
Bella, sintió el corazón en el cuello y cogió el brazo del hombre con afectividad.
-¿No hay manera de hacerle saber a mi cuñada que estoy aquí sin decírselo a su amo?.- dijo ella temerosa.
-El señor no es un ogro, señora. Y es justo que lo sepa. ¿no cree?.- dijo él con una suave sonrisilla, calmándola.
-Si claro.
La puerta se cerró y Bella comenzó a quitarse la ropa. Era mejor estar en cueros que llevar todo aquel atuendo empapados hasta los ojos.
Se metió en la cama, aspirando el olor de ellas. “ galletas” se dijo, olian a galletas.
No supo como ni cuando; pero un sueño abrumador la consumió y perdió la conciencia de que se encontraba en la casa del demonio Cullen.
Edward Cullen, había hecho ya varias rondas por la cueva sin ver a nadie que realmente le levantara el ancla, hasta dolerle; pero llegó a la conclusión que una vez puesto en faena, ya se animaria su amiguita.
Estaba en una de los picos rocosos, observando como la gente, copulaba y se daba placer sin ningún tipo de pudor. Mujeres con mujeres, hombres con hombres, parejas de todo tipo…
Algunos dejaban caer la túnica, cuando la pasión y el desenfreno hacia mella en ellos.
La mayoría no lo hacian y tenían sexo con desconocidos que ni si quiera tenían rostro.
Tenia varios asistentes, vigilando la cueva.
Apostados en lugares determinados, si había algún tipo de bronca o jaleo, rápidamente ellos salian de su anonimato y tomaban cartas en el asunto.
Uno de ellos se acercó y puso su rostro cerca de su capucha.
-Amo, tiene que ir hacia arriba. Sam, dice que hay visita.
Edward, frunció el ceño y miró a los ojos a su interlocutor.
-¿Qué clase de visita?
-Han venido a buscar a la señora Swan.
Edward soltó una carcajada y se acarició la mandibula, sin perder la sonrisa.
-¿De quien se trata?.- dijo divertido.
-De su cuñada.
Edward, unió las cejas en un mohín.
Jessica le había hablado de su cuñada Bella.
La solterona aburrida y antisocial, que buscaba al hombre perfecto; sin serlo ella.
Un marimacho con una sola ceja, bigote y un cuerpo que parecía un globo.
El hombre se estremeció y puso un rostro serio.
- Busca a Jess, seguro que está por ahí, follandose a más de uno. Dile que vaya hacia arriba. Voy a dar la bienvenida a la señorita Swan…aunque me pierda,algo mucho mejor esta noche.- dijo mirando a una mujer que se había quitado completamente la túnica y se estaba marturbando mirándolo con ojos de diablesa empedernida, deseosa de algo mucho mas fuerte y potente que su dedo.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
jueves, 23 de diciembre de 2010
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holaaaaaaaaa me encanto este segundoo capitulo guauu que fiestas que se hacen en la casa de edwardd jajaj y bella llego justo je quiero ver cuando se conozcan mmm av er que pasa entre estos dos...jessica no me la bnaco se hace la pobrecita que no queria dejar a su hijo si se fue sin problemas que mentirosaa!!! bueno nos leemos en el proximo ccapitulo besosssss!!!!!!!
ResponderEliminarOMG!!!Intensos los gustos de Edward, espero que no sea bisexual.
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