Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
lunes, 14 de mayo de 2012
En La Boca del León.
Los personajes de esta historia no son de mi propiedad. Los lugares y situaciones donde los hago sufrir son causados por mi cabecita algo desquiciada.
En La Boca Del León.
Conduzco con bastante temeridad, todo el que osa acompañarme lo sabe, pero aquella tarde el jodido destino o Dios sabe quién, me tenia enfrascado en un tremendo atasco en la autopista.
El día había comenzado alegre aquella mañana, el sol había donado sus primeros rayos como señal de esperanza, pero ahora en el horizonte se vislumbran nubarrones color ceniza cargados y pesados como balas.
Suspiro, llevo más de una hora metido en el coche y tengo ganas de fumar. Me recreo en los mensajes nada subliminales que vienen impresos en los paquetes de tabaco.
Un cadáver con los ojos tapados, un feto que según como lo mires parece una siniestra calavera o el cuello de un hombre con un enorme bulto sanguinoliento. Me pregunto de quien ha sido la genial idea de machacar al fumador. También habría que hacerlo con la persona que toma bebidas alcohólicas, pero todavía no he llegado a ver ninguno de estos mensajes en las botellas de licor…
El celular suena, conecto el manos libres y miro quien llama: Victoria.
-Edward.
Sonrío y recuerdo a al Victoria de la Universidad, pero esa imagen se nubla y poco a poco se va formando otra mucho mas dolorosa para mi; Elizabeth.
-Victoria.
Oigo la risa de mi jefa, pero el rostro de Elizabeth está frente a mi como una nebulosa, sonriéndome triste, con la cara llena de hematomas y parpadeando rápidamente. Veo como se forman lagrimas en sus ojos y me despedazo de dolor. Me llevo las manos al cabello, lo revuelvo y espero que la voz al otro lado de la línea emita alguna palabra; la que sea. Me llevo la mano a la placa de oro que me recuerda a ella, que es ella. Todo lo que me queda, lo único verdadero en mi vida.
-Acaba de llamarme tu clienta, Edward. No está nada contenta con la manera en la que la has abandonado- Victoria hace una pausa y yo agarro un cigarro y lo enciendo con mi zippo de plata. Me importa una mierda los sentimientos de la vieja que he dejado en el hotel. Debería estar contenta, saciada, bien follada y casi elevada a los altares.-¿Qué ocurre?-pregunta Victoria.
-Me ha llamado Alice-. Hice una pausa, aspirando fuertemente la nicótica –problemas familiares. Nada que te incumba Victoria. La señora está servida, yo diría que bien servida. No soy su esclavo y puedo largarme en cualquier momento, forma parte de los contratos que asumo con cada clienta-. Apreto el acelerador y avanzo varios metros. A lo lejos puedo ver una ambulancia y un coche patrulla.
-Edward la señora D. es muy influyente y puede hablar muy bien en sus entornos mas íntimos de nosotros ,desde que obtiene tus servicios nuestro caché ha subido y eso sin mencionar la cantidad de señoras aburridas que “ ruegan” por nuestros servicios. Deberías tener algún detalle en consideración con ella- Victoria ha vomitado las palabras como si le costara enunciarlas, la conozco demasiado bien.
Río de manera sorda un momento e instantes después me carcajeo sonoramente durante algo más de un minuto.
-Yo soy el que controla “esto”, querida. No te atrevas a decirme lo que tengo o lo que no tengo que hacer o me pasaré por el forro de los cojones que seas mi amiga. ¿Entendido?
-¿Y que vas a hacer con ella, entonces? Edward llevas siendo su gigoló exclusivo desde hace más de tres semanas.
El tráfico avanza lentamente, pero al fin me muevo. Respiro profundamente e intento acabar con aquella conversación inútil.
-La próxima vez será la última. No debe haber ningún problema, ella es una señora mayor y yo un hombre que no entiende la palabra exclusividad. No puedo dedicarme solo a ella aunque ingrese en cuenta cifras repugnamente osadas de dinero.
-Contacta con ella, Edward. Por favor-. La voz de Victoria ahora es una mera súplica.
En ese instante mi mirada vuela hacia el auto despedazado a un lado de la carretera….mi corazón se acelera abruptamente y noto como el estomago se convulsiona. Necesito vomitar. A un lado hay una figura enrollada con una sábana, en el asfalto, un cadáver…todo aquello me es tan dolorosamente familiar que sin darme cuenta si quiera he estacionado a un lado del accidente, perdido en la escena dantesca que allí hay plasmada. Como en una ensoñación, puedo ver de nuevo el rostro de Elizabeth y aquel bastardo ambos sin un hálito de vida en su cuerpo.
Las bocinas de los coches que hacen cola detrás de mí me despiertan justo antes de derrumbarme de aquella pesadilla del recuerdo.
Despierto de aquella macabra escena y vuelo hacia el Medical, quizás Isabella Swan sea mi única posibilidad de redimirme.
Bella Pov.
El medico ha llegado hace cinco minutos, me han sobrado cuatro para decirle que quiero marcharme. Me ha mirado extraño y luego ha buscado los ojos de la persona que me acompaña en todo momento. Alice Cullen tiene un gran complejo de perro guardián y eso me hace cabrearme conmigo misma. ¿Doy la impresión de no saber cuidarme sola?
No tengo nada que recoger, porque nada he traído. Las pertenencias son tan escasas, que se limitan a la misma ropa con la que me encontraron cuando Jake casi me mata.
Mi perro guardián, tiene facultades para la precognición pues me ha facilitado algunas prendas de mi talla y unas zapatillitas. Cuando las calzo siento que voy descalza, son tan suaves y cómodas en mi pies que me rio mentalmente al pensar lo que pueden haber costado.
He pasado por alto darme una ducha, deseo marcharme lo antes posible de allí. Tengo miedo de que el hermano invisible de Alice Cullen, al que no he visto nunca se presente en aquella habitación y me impida marcharme o algo peor, arrastrarme y llevarme a esa casa de mujeres que tienen miedo a respirar. Yo no me siento así, yo puedo con esto, puedo con Jake, ahora sé que puedo…nunca volveré a visitar este hospital ni ningún otro.
No he hablado con Alice ni una sola palabra desde que salió de la habitación con su celular enganchado a la oreja, pero a veces sobran las palabras y yo no soy muy dada a ellas.
Las zapatillas son tan suaves que me cuesta arrastrar mis pies con ellas y éstas me llevan hacia el pequeño lavabo que hay dentro de aquella repugnante habitación blanca. Cierro la puerta, corriendo el pestillo y me miro en el espejo. Todavía hay sendas marcas en mi rostro del delito de Jacob y las aletas de mi nariz se ensanchan. Lo voy a matar, me recuerdo mentalmente.
El lavabo es tan asquerosamente blanco como todo. Odio el blanco, prefiero el negro o el rojo.
Abro el pequeño armario que hay justo debajo del lavamanos y encuentro un cepillo de madera y algunas gomas del cabello. Seguro que aquello también es cosa de Alice y estoy tentada a salir de allí con los cabellos como una loca desesperada, pero mi mente me dice que no, que debo de ser complaciente. Sin duda ella me ha ayudado a salir de esta…
…seguro que se arrepiente de haberme ayudado, cuando llegue a sus oídos que me he cargado al perro de mi marido. Sonrío al espejo ante esta perspectiva.
Desenredo mi cabello vulgar y algo sucio . Lo recojo en una coleta tirante que me desarruga el rostro, me veo algo mejor, ya que bonita no es una palabra que se pueda ajustar a mi persona.
Un día lo fui, cuando era feliz y tenia ilusiones en la vida. Algo tan remoto como el recuerdo de mis padres.
Una voz irrumpe en mis oídos de manera capciosa. Un hombre ha entrado a la asquerosa habitación y está conversando con mi perro guardián. La reconozco y siento que el miedo se apodera de mi cuerpo junto con otra sensación extraña. Avanzo unos pasos silenciosos hacia la puerta y pego la oreja a ella. Quiero escuchar lo que aquellas dos personas extrañas están hablando, pero no oígo nada. Me separo de la puerta y noto que estoy temblando, mis manos parecen haber contraído la enfermedad del Parkinson y busco alguna ventana o algún hoyo por donde pueda escapar, me siento Alicia en el país de las maravillas cayendo en un túnel oscuro.
Tocan a la puerta del lavabo.
-Bella. Ha llegado Edward-. La voz de Alice es tensa, tiene tintes de rozar alguna emoción que se me escapa.
No contesto, no me salen las palabras. Estoy aterrorizada. Maldita imbécil ¿Cómo piensas hacer frente a Jacob si la presencia de un extraño te acobarda hasta dejarte muda?
Carraspeo e intento hablar, pero mis cuerdas vocales no responden.
Estoy pegada a la puerta y las vibraciones de otros golpes mucho más fuertes e iracundos me hacen pegar un salto y retroceder hasta la pared. Ese es Edward Cullen.
-¡Abre la puerta! Sal de ahí, ahora mismo loca suicida…
Mis dientes rechinan y quiero abrir la puerta. Saltar sobre él arrancarle la lengua con mis propios dientes. ¿Desde cuando tienes tendencias asesinas Isabella Swan? Me pregunto.
-Voy a tirar la puerta abajo como no salgas ahora mismo-. Su voz parece algo más calmada ahora y me deshincho-. Queremos ayudarte, maldita sea-. Sisea la voz varonil. En ese momento me envuelve la misma sensación que al escucharlo por el celular. Su voz es perfecta, dolorosamente perfecta y trato de imaginarlo. Todo él debe de serlo.
-Quiero volver a mi apartamento-. La voz sale de mi garganta segura y me felicito por ello, miro mis manos y todavía tiemblan.
-Imposible-. Ruge el hombre. Hay tintes siniestros en aquella sentencia, me tratan como una chiquilla desvalida.
-No soy vuestro problema, ya habéis hecho bastante por mí, no quiero sentirme en deuda con nadie.-Mi voz surge también como un rugido de advertencia. Creo que estoy enloqueciendo, pues me excita hacer enfadar al hombre que hay al otro lado de la puerta.
-Voy a tirar la puerta ahora mismo, Alice. Juro que lo voy a hacer. ¡Sal de una maldita vez loca estúpida!-. Me insulta de nuevo. Yo sonrío. Él tiene razón estás loca, te pone cachonda que te grite. La imagen mental de esas manos invisibles maltratándome hace que moje las tiernas braguitas blancas que me ha cedido el perro guardián. Has perdido totalmente el juicio. Me digo mentalmente.
-Quiero hacer lo que hacia antes de que….antes de lo de Jake.- susurro detrás de la puerta. Acariciando la madera a cada golpe de su voz.
-¡Jake! Ese malnacido por poco te mata y tú sigues llamándolo por su nombre de pila. ¡Esto es de locos! Alice….¡Esta chica esta para que la encierren en un pabellón psiquiátrico!
-Calma. Edward.- la voz de Alice suena angustiada.- Bella, puedes vivir con nosotros…Jasper no tendrá reparos y los niños….si lo deseas puedes cuidar de ellos mientras yo trabajo….
-Eso no es posible.- La voz de Edward dura me hace recargarme sobre la puerta.
Oí pasos, silencio y después su voz segura y disciplinada.
-Vendrás a mi casa. Vivirás allí y no acepto negativas.
Dejo escapar el aire por mi boca, lo siento atravesando mis dientes, mis labios. Ese hombre es peligroso para mí, lo siento…siento que voy a tirarme a un precipicio y no voy a salir con vida.
Planeo una situación en mi cerebro enfermo y sonrío demente.
-¿Prometes no llevarme a ninguna casa de acogida?-. Pregunto recargada en la puerta, con los ojos cerrados e imaginando su rostro desencajado a punto de llegar a la violencia.
-Te estoy diciendo que vienes conmigo. A mi casa-. Habla esta vez más serenamente de nuevo.
-No soy un perro abandonado, quiero ser útil….tú necesitabas ayuda….
Hay un silencio sepulcral al otro lado, están esperando que termine con aquel testimonio suicida.
-Quiere trabajar para ti, Edward-. La voz de la perra, está ahí como música de ángeles.
-Está bien. ¿Eso es lo que quieres? Trabaja para mí, ese será tu pago.
Oigo como susurran entre ellos y la puerta se abre o se cierra fuertemente. Suspiro fascinada por todas aquellas sensaciones enfermas y retiro el pestillo, abro la puerta. El rostro de Alice está lívido y corre hacia mí abarcando con sus cortos brazos mi escuálida figura.
-Gracias, Bella.
Adelanto del próximo capitulo.
-¿Quién coño eres tú?-. La presencia y la voz de aquel hombre me da asco. No me gusta su mirada, no me gustan sus labios y me pregunto que tiene que ver con el hombre que me ha cobijado en su hogar.
-Soy la asistenta-. Digo apenas sin mirarlo.
Él me evalúa con la mirada de arriba abajo. Me abrazo a mi misma, no me gusta que me miren así, lo hace como si estuviera tratando de ver un material de compra.
Sonríe y enseña unos colmillos de depredador que hace que se me ericen los cabellos de la nuca.
-¿Está Edward?-. pregunta esta vez mas amable.
-El señor esta durmiendo-. Respondo.
El hombre rubio se ríe echando su cabeza hacia atrás y traspasa el umbral de la puerta, echándome hacia un lado, tocándome con sus asquerosas manos blancas.
Me giro y veo hacia donde camina. Va hacia las escaleras.
-No te molestes-. Dice sin mirarme-. Sé donde descansa “El León”
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OMG me sorprendes cada vez mas nena ,eres fantastica ,me encantoooooooooooo ,aunque me preocupa la visita que tiene Edward creo que traerá problemas....Besos ....
ResponderEliminarahhhhhhhhhhhhhh ohh por diossestaba esperandoo estaa historia ansiosaa!!!!! buenoo bella se va a casa de edwardd veremos como les vaaa ...ufff bueno vamos sabiendo mas de elizabeth aunquee seguroo que hays mas del pasadoo de edward que estoy ansiosaa por conocer...!! me encanto el capii!!! graciass Rositaa!!!!!! besos enormes!!!!!!! te quieroo!!! yy conn ese adelantoo ahh eres mala ya quieroo leeer el que siguee!!
ResponderEliminarQuerida Rositaaa, es un fic maravilloso, creo que Bella se esta poniendo guapa por el adelanto que nos diste jaja ese rubio creo sospechar que es Jasper. Por favor Rosita actualiaaaa prontoooooooo, te quieroooo y te leooooooooo. Ademas te dejo besotes y abrazos silmonianooooossss
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