Capítulo 9
Edward llevó a Bella hacia la escalera. Era tan ligera como una pluma y le parecía sexy como el demonio apretada contra su pecho, un brazo sobre los hombros, la otra mano acariciando su torso.
Su corazón latía furiosamente bajo esos dedos y el brillo de deseo que veía en sus ojos lo hacía sentir imparable. Quería subir las escaleras de dos en dos pero, al mismo tiempo, quería que aquel momento durase un poco más.
Era tan agradable llevar a Bella a su cama de nuevo… Y eso le recordó la primera noche que pasaron juntos, la primera vez que hicieron el amor. Había sido la primera vez para Bella, pero se había entregado a él libremente, sin inhibiciones. La forma pura y dulce en la que le había ofrecido su cuerpo le conmovió tan profundamente que esa noche estaría para siempre grabada en su cerebro.
Le ocurría lo mismo ahora, como si toda la desconfianza y la furia que habían sentido el uno por el otro hubieran sido olvidados de repente. El deseo que sentían era mutuo, absolutamente natural.
Edward se detuvo al pie de la escalera y la miró a los ojos. Su largo flequillo caía hacia atrás, apartado de su cara, y en sus ojos chocolates vio que iba a entregarse como lo había hecho esa noche, que lo deseaba tanto como él.
Sin poder evitarlo, volvió a inclinar la cabeza para buscar su boca y ella reaccionó instantáneamente, abriendo los labios para recibir la caricia y enredando los brazos en su cuello.
Edward la besó fieramente, disfrutando de la efervescencia de su respuesta. De cómo arqueaba la espalda, empujando los pechos hacia él. Cuando la sintió temblar entre sus brazos supo que era el momento de buscar la intimidad del dormitorio o no sería capaz de contenerse y le haría el amor allí mismo.
De modo que subió las escaleras de dos en dos y empujó la puerta con el pie. Por un momento, sus ojos se posaron en la cama. Desde que Bella se marchó, aquella cama le había parecido demasiado grande y vacía. Pero ahora ella había vuelto para convertir su cama en un sitio lleno de vida, de pasión.
Bella echó la cabeza hacia atrás para mirarlo a los ojos. Temblaba de arriba abajo, anhelando que Edward le hiciese el amor. Se daba cuenta de cuánto la deseaba y saber eso despertaba en ella un torrente de pasión.
En el fondo de su alma sabía que las cosas no estaban resueltas entre ellos, pero no quería pensar en eso ahora. Quería dejarse llevar por la felicidad de estar otra vez entre los brazos de Edward.
Había pasado tanto tiempo desde la última vez que hizo el amor que casi se sentía como una virgen otra vez. Los recuerdos de lo tierna que había sido esa primera vez le habían parecido siempre demasiado bonitos, como si ella misma los hubiera embellecido con el paso del tiempo. Pero ahora iba a experimentar el amor físico de Edward una vez más.
-Eres tan preciosa… -dijo él con voz ronca, dejándola en el suelo.
Sus palabras, y su evidente deseo, le dieron confianza y Bella levantó los brazos para soltar el broche que sujetaba su vestido. La seda de color azul marino se deslizó por sus dedos y, un segundo después, la prenda caía al suelo, alrededor de sus pies.
-Ahora estás aún más preciosa.
Bella se daba cuenta de que le gustaba mucho lo que veía y, sintiéndose más atrevida, dio un paso hacia él, sólo con un sujetador de encaje y unas braguitas a juego.
-Llevas demasiada ropa –dijo Edward, con voz ronca, mientras se quitaba la camiseta.
Al ver su bronceado torso, Bella contuvo el aliento. Estaba increíblemente bien formado y su piel parecía de satén. De repente, sentía el deseo de inclinarse hacia delante para tocarlo, pasar la lengua por esos pectorales, poner su cara lo más cerca posible de su corazón.
Un ardor colosal se había apoderado de ella y necesitaba tocarlo, sentir que Edward la tocaba.
Como si hubiera leído sus pensamientos, él la tomó entre sus brazos, pasando las manos por su espalda y su trasero, deslizándolas luego hacia arriba para desabrochar el sujetador.
Edward tiró al suelo la prenda y volvió a apretarla contra su torso. La deliciosa fricción del vello masculino sobre sus sensibles pezones hacía que Bella perdiese la cabeza y se apretó contra él… pero Edward la apartó para quitarle las braguitas, dejándolas caer al suelo.
Respirando profundamente, ella levantó los pies para librarse de la molesta prenda y se quitó las sandalias al mismo tiempo, quedando completamente desnuda.
Los verdes ojos de Edward eran como una caricia sobre su cuerpo, pero ella quería más, mucho más.
-Tócame –le pidió, en voz baja.
Edward no necesitaba que lo animase y, en un instante, le dio la vuelta para tomarla por la cintura, apretando su torso contra la espalda de Bella.
Mientras acariciaba sus costados, ella bajó la mirada y vio sus pechos desnudos vibrando con cada jadeo. Sus pezones estaban duros, como pidiendo atención…
Una atención que recibieron cuando Edward cubrió sus pechos con las manos. Bella dejó escapar un suspiro mientras él masajeaba la tierna carne, enviando olas de placer por la espina dorsal. Y cuando pellizcó suavemente sus pezones, el placer se intensificó.
Bella echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Era tan perfecto estar así, sintiendo el calor de su piel, la dura erección rozando su espalda mientras las manos de Edward creaban sensaciones maravillosas dentro de ella.
Él levantó una mano para apartar a un lado su pelo, desnudando su cuello para besarla allí apasionadamente. Respiraba de forma agitada y cada suspiro renovaba el glorioso placer que estaba creando con sus caricias. Pero su otra mano se movía hacia abajo, hasta la parte más sensible de su cuerpo.
Bella abrió las piernas, empujando instintivamente la pelvis hacia delante cuando él metió una mano entre sus muslos.
-Edward… -el nombre escapó de su garganta cuando sus dedos hicieron contacto; las yemas acariciando el capullo escondido entre el triángulo de rizos.
Se le doblaron las piernas y estuvo a punto de caer, pero Edward la tomó en brazos para llevarla a la cama.
De repente, Bella no podía esperar más para sentirlo dentro de ella, llevándola a un sitio donde sólo él podía llevarla. Con manos temblorosas, empezó a desabrochar su cinturón y logró pasar el cuero negro por las trabillas del pantalón vaquero. Podía sentir la erección masculina luchando por librarse de la tela y ella quería, necesitaba, tenerlo totalmente desnudo, pero le temblaban demasiado las manos.
Edward, tan trémulo como ella, logró bajar la cremallera y quitarse pantalón y calzoncillos a la vez. Luego, de pie al lado de la cama, gloriosamente desnudo y excitado, se quedó mirándola.
El formidable ardor que brillaba en sus ojos oscuros la hizo temblar de anticipación. No podía permanecer quieta, su deseo por él era demasiado grande, de modo que se apoyó en los codos sin dejar de mirarlo, sabiendo que el anhelo de ser suya debía de estar grabado en sus facciones.
Edward se inclinó hacia ella con la gracia de un felino y Bella se abrazó a él, acariciando su fuerte espalda. Abriendo las piernas, levantó las caderas, dispuesta a ser suya de nuevo.
-Edward… -musitó, cuando él empujó un poco hacia delante. Un segundo después sintió el duro miembro deslizándose dentro de ella, el roce provocando una ola de placer que la hizo gemir, y levantó las piernas para enredarlas en su cintura.
Edward se detuvo un momento, el tiempo suficiente para que ella levantase un poco más las caderas, ansiosa, y luego empezó a moverse de nuevo. Bella se agarraba a él, sin aire, cada embestida creando una poderosa sensación que bloqueaba todo lo que no fuera ese momento.
Durante largas y solitarias noches se había preguntado si hacer el amor con Edward de verdad podía haber sido tan maravilloso como recordaba. Pero lo único que existía en aquel momento era el placer de ser una con él.
La respiración de Edward se hacía más fatigosa y sus propios jadeos la dejaban sin aire.
El placer dentro de ella empezaba a ser insoportable y, un segundo después, se levantó un poco, la espalda arqueada y los músculos interiores contrayéndose alrededor del miembro masculino. Estaba llegando al orgasmo y su mundo explotó en un caleidoscopio de colores.
Un segundo más tarde oyó gritar a Edward y lo vio temblar, con los ojos cerrados, antes de dejarse caer sobre ella.
La luz de la luna entraba por el balcón mientras Bella estaba en la cama, escuchando la suave respiración de Edward. Incluso dormido su presencia parecía llenar la habitación. Pero ahora, por primera vez desde que había vuelto a su vida, Bella estaba disfrutando de esa presencia. Quería quedarse allí, a su lado, y disfrutar del calor que irradiaba el magnífico hombre que estaba a su lado.
Y lo más maravilloso de todo era que, por fin, tenía cierta esperanza para el futuro.
Sabía que la conversación que mantuvieron antes de que Edward la llevase en brazos al dormitorio había ayudado a suavizar el ambiente entre los ellos. Edward se había mostrado tan sincero, tan abierto mientras le contaba aquel oscuro secreto de su familia, que la había conmovido. Era un cambio más que bienvenido en su personalidad y esperaba que continuase.
Sabía que ella misma había sido muy reservada sobre su pasado, preocupada siempre por lo que Edward pudiera pensar si era totalmente sincera con él.
Pero le habían hecho daño tantas veces durante su infancia… un dolor que culminó de forma horrible a los dieciocho años. De modo que había aprendido a no confiar en los demás, a no esperar mucho de los otros y, sobre todo, a no pedir nada para evitar la inevitable decepción.
Seguía viviendo con esa filosofía cuando conoció a Edward, de modo que nunca pudo ser totalmente espontánea con él.
Pero eso iba a cambiar. Lo mejor sería tirar las barreras que había levantado para protegerse, pensó. Él lo había hecho esa noche y eso los había acercado, pero sabía que podían estar aún más cerca.
A la mañana siguiente, Bella bajó a la cocina con Anthony. El niño siempre despertaba al amanecer y nada había cambiado desde que llegaron a Grecia.
Cuando salió a la terraza y se sentó a la mesa, con Anthony sobre las rodillas, vio a Edward nadando en la piscina, cruzándola de lado a lado con poderosas brazadas. Nunca se cansaría de mirarlo; era un nadador natural y parecía deslizarse por la superficie del agua sin esfuerzo alguno.
Hacía una mañana preciosa, tan temprano aún que el mar parecía de plata y el cielo estaba teñido de un suave color melocotón. Bella se sentía bien, genuinamente feliz de que Edward los hubiera llevado allí, y levantó la manita de Anthony para que saludase a su padre.
-¡Hola! No os había visto.
Una extraña sensación se apoderó de ella. Quizá porque habían hecho el amor por la noche, quizá por el positivo efecto de la conversación, pero se sentía como si estuviera en casa, como si aquel fuera su sitio.
Edward salió de la piscina, ríos de agua deslizándose por su musculoso cuerpo. Parecía un dios griego emergiendo del mar y Bella sintió nacer un renovado deseo.
-Buenos días –su voz sonaba más ronca de lo normal y, de repente, se sintió extrañamente tímida.
-Buenos días –dijo él, secándose el pelo con una toalla-. ¿Cómo estás esta mañana? ¿Y Anthony?
-Muy bien, gracias.
Bella se preguntó si tendría que volver a Atenas de nuevo o se quedaría allí, con ellos. Todo era tan diferente al día anterior, cuando se había alegrado de que la dejara sola con el niño.
-Voy a darme una ducha. Y luego me gustaría pasar la mañana contigo y con Anthony… si te parece bien.
-Me parece estupendo –sonrió Bella, realmente contenta.
Edward salió de la ducha sintiéndose lleno de energía y pensando en la noche anterior. Había sido fabulosa. Increíble, en realidad. Si su matrimonio iba a funcionar, así era como debían hacer el amor, abierta y honestamente, sin pensar en los problemas que tenían fuera del dormitorio.
Cuando llegaron a la isla, Bella se había mostrado distante, enfadada incluso. Y él había empezado a preocuparse seriamente. Pero ahora todo parecía haber cambiado entre los dos y Edward se alegraba.
El sonido del teléfono interrumpió sus pensamientos.
-¿Sí? –contestó, molesto con su ayudante por llamar tan temprano. Esperaba que fuese algo importante de verdad…
Dos minutos después atravesaba la casa, furioso. Pero cuando iba a salir a la terraza estuvo a punto de chocar con Bella, que iba charlando con el niño.
-Ah, no te había visto. ¿Qué te pasa? Estás pálido.
-Estoy bien, pero me temo que debo darte una mala noticia.
-¿Qué ha pasado?
-Es ARO. Está en un hospital de Atenas.
-Oh, no, pobre hombre. ¿Está muy mal?
-No lo sé. Acaba de llamar mi ayudante para informarme y le he pedido que intente averiguar algo más.
-¿Podemos ir a visitarlo?
-No lo sé, pero me enteraré.
Más tarde ese mismo día recibieron la noticia de que Aro se encontraba un poco mejor. De hecho, había pedido que Edward lo visitara en el hospital para hablar sobre la venta de la isla.
-Debe de encontrarse mucho mejor –sonrió Bella.
-Sí –murmuró Edward, mientras ojeaba unos documentos que había sacado del maletín, aunque él no tenía tantas esperanzas.
Bella parecía encariñada con el anciano y no quería preocuparla, pero él no era tan ingenuo como ella. Tenía la impresión de que Aro estaba intentando poner sus asuntos en orden porque veía próximo el final. Que quisiera venderle la isla cuando antes le había puesto tantas pegas significaba que su intención era dejar las cosas solucionadas para su hija antes de morir.
-Deberías contarle a Aro por qué quieres comprar la isla sugirió Bella-. Entonces seguro que te la vendería.
-Va a vendérmela –replicó Edward-. La mía es la mejor oferta.
-Pero no tiene nada que ver con el dinero. Tú mismo me lo dijiste. A Aro le importa mucho esa isla.
-No me des consejos sobre cómo llevar mis negocios… -Edward no terminó la frase al ver la expresión helada de Bella-. Perdona, no quería ser tan brusco.
-Yo estaba pensando en Aro, no en ti. Lo decía porque así él se quedaría más tranquilo –replicó ella, molesta.
Nunca se había metido en sus asuntos. Catorce meses antes no le hacía preguntas sobre su trabajo ni le daba su opinión. Pero ya no era la tímida chica que había sido; tal vez porque ahora era madre y había pasado los últimos seis meses teniendo que cuidar sola de su hijo y tomando decisiones que impactaban en la vida de otra persona.
O tal vez porque un año antes Edward había roto su relación con toda frialdad, dejando claro que no tenía el menor respeto por ella. Pero eso era antes y Bella decidió no permanecer callada:
-Hay un anciano en el hospital y tú puedes hacer que se sienta tranquilo sobre algo que es muy importante para él. Aro a dedicado los últimos veinticinco años de su vida a preservar esa isla tal y como está. Si supiera que la quieres para tu tía, para que pueda vivir tranquilamente y en armonía en la que antes fue su casa, eso significaría mucho para él.
-No es así como yo hago negocios –dijo Edward.
-No seas hipócrita, ese no es un negocio normal para ti. No estás buscando beneficios. Tú mismo me dijiste que querías comprar la isla como un gesto de desagravio hacia tu tía.
-No pienso contarle las vergüenzas de la familia a un extraño.
-No tienes que contarle nada – insistió Bella, exasperada-. Sólo dile que tu tía quiere vivir allí el resto de sus días.
-No tengo que decirle nada –suspiró él-. Y quizá no debería habértelo contado a ti tampoco –añadió, cerrando el maletín-. Después de todo lo que ha pasado, tú deberías entender que en esta casa se resuelven los problemas en privado. Las cosas se quedan en la familia.
Bella recordó entonces la conversación que había escuchado sin querer la noche que Edward la echó de su visa: él diciéndole a Emmett que se llevase a Nico a la isla en el helicóptero, sin el conocimiento de su madre. Y luego había dicho que «lidiaría en privado con Rosalie», que nadie fuera de la familia tenía que saberlo.
-Como Rose –murmuró-. Rosalie era un problema, así que tú planeaste quitarle a su hijo y lidiar con ella en privado.
Edward se levantó para cerrar la puerta y luego se volvió hacia ella, furioso.
-Habría sido mejor para todos, te lo aseguro. Rosalie es alcohólica y Emmett estaba desesperado por enviarla a una clínica en la que pudiera curarse de su adicción. Pero en lugar de tener los mejores cuidados en una clínica privada tuvo un accidente con el coche con Nico en la plaza más conocida de Atenas. ¡Había docenas de personas alrededor cuando la sacaron del coche, llorando y diciendo que su marido planeaba robarle a su hijo!
-¡Porque eso es lo que pensaba hacer!
-Nosotros sólo queríamos ayudarla.
-¿Y fue por culpa de la prensa por la que no pudisteis ayudarla?
-No –dijo Edward, apretando los labios-. Emmett no pudo enviarla a la clínica y, con la atención de los medios, su recuperación fue mucho más lenta. Que tú te involucrases en algo que no te concernía estuvo a punto de romper su matrimonio… por no decir que provocó lo que podría haber sido un trágico accidente.
-Yo no provoqué el accidente –se defendió Bella-. Tenía que decirle a Rose lo que pensabais hacer. Y vosotros deberíais haber hablado con ella y no hacer planes a sus espaldas.
Edward se pasó la mano por el pelo, furioso.
-Mira, tú eres la madre de mi hijo y por eso pronto serás parte de la familia, pero si quieres quedarte, ser parte de la vida de Anthony, no vuelvas a interferir.
-No me amenaces –replicó Bella-. No puedes robarme a Anthony. Hay leyes que me protegen.
-Sí puedo –dijo él, con total frialdad-. No lo dudes ni un segundo.
Luego se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando a Bella con expresión horrorizada.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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holaaaaaa bueno la primeraaa parteee fuee guauu super hotttt...y habia empezado todo bien al otrro dia con edward queriendo pasar ek dia con bella y anthonyyy...y despuess se torciooo todooo por diosss edwardd a veces es inaccesibleeeee y trata mal a bella ella solo estaba dandole un consejoo y el sep porto un poco mall...y lo ultimo que le dijo que puede quitarle a su hijo fue cruelll aunque igual no lo creo capazzzz...bueno me gusto muchisimo el capii y nos leemos en el siguientee!!! besoss!!!
ResponderEliminarEdward tenía que embarrarla como siempre, le salió el macho Alfa dominante, pero creo que se equivoca si piensa que esta vez Bella se va a quedar callada, me encanta la nueva actitud de bella espero que no se deje intimidar por Edward.
ResponderEliminarSaludes….
Joder...Edward,es un penco...bufff con lo bueno que está y lo que lo odio a veces.Magnifico capitulo Pescui.Besos!!!
ResponderEliminarHola !!ya!!! Edward lo k construyo con las manos lo desbarato con los pies tanbien k habian hido las cosas ahora bueno.....me gusta la historia estan poco el amor y desperdiciarlo en peleas jajajaja no me despido y nos seguimos leyendo
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