Capítulo 5
Bella vio un brillo de sorpresa en sus ojos, pero desapareció enseguida, reemplazado por una expresión dura, hermética. Estaba claro que no tenía intención de mantener esa conversación, al menos no en el comedor de Aro Vulturi.
-No sé si te he entendido –murmuró, tomándola por la cintura.
Aunque para alguien que estuviera observando podría parecer un gesto de cariño, Bella sabía que no lo era.
-Claro que me has entendido.
-Vamos a la habitación, allí podremos hablar tranquilamente.
-Tú sabes muy bien a qué me refiero –replicó ella, intentando apartarse.
Pero Edward no la soltó, al contrario, tomó su mano para salir del comedor y Bella no tuvo más remedio que seguirlo.
A regañadientes, dejó que la llevase al dormitorio, consciente del duro cuerpo masculino pegado al suyo. Su pulso se aceleró y empezó a notar que no respiraba bien, pero no era sólo por las tumultuosas emociones que provocaba el contacto masculino.
Algo más estaba naciendo dentro de ella.
Intentó desesperadamente recordar la furia que sentía contra él, pero su mente y sus emociones estaban nubladas por el simple hecho de estar tan cerca de Edward.
-Es mejor que no digamos nada –murmuró él, cerrando la puerta antes de tomarla entre sus brazos-. Se me ocurren muchas cosas que me gustaría hacer…
-No –Bella puso las manos sobre su pecho, apartándolo-. Quiero respuestas. Quiero saber si lo que hubo entre nosotros no fue más que una burda mentira. ¿Es que nunca te he importado de verdad?
-¿Una mentira? –Repitió él, mirándola a los ojos-. Tú sabes que esto no es mentira. Nadie podría fingir la química sexual que hay entre nosotros.
-No estoy hablando de eso –protestó Bella-. Entre nosotros había algo más que…
No había terminado de hablar cuando los labios de Edward se apoderaron de los suyos, silenciándola con un beso. Bella dejó escapar un gemido de sorpresa y él se aprovechó, metiendo la lengua entre sus labios.
Era un beso que ella no había alentado, pero una inmediata ola de calor la invadió, haciéndola temblar de deseo. Era como si su capacidad de resistirse se hubiera evaporado en una explosión de puro deseo y se arqueó hacia él, apretándose contra su cuerpo.
Edward deslizó las manos por sus costados, tocándola por encima del vestido mientras jugaba eróticamente con su lengua haciendo que su pulso se acelerase y le diera vueltas la cabeza. Era imposible pensar, imposible hacer otra cosa más que rendirse al beso y devolvérselo con la misma pasión.
Entonces, a través de una niebla de deseo, sintió las manos de Edward en sus caderas. Estaba levantando el vestido para tocarla…
A Bella le temblaron las piernas al pensar en lo que pasaría después, en lo que estaba desesperada por experimentar de nuevo.
Edward la tumbó suavemente sobre la cama, el cabello cobrizo que caía sobre su frente bloqueando todo lo que fuera él.
Bella lo deseaba con toda su alma, quería que fueran uno solo otra vez.
Pero eso no ocurriría nunca. Nunca sería como ella deseaba.
Porque Edward no la amaba. Nunca la había amado.
-No.
El monosílabo, apenas audible, fue suficiente como para que Edward se quedase inmóvil.
-No me digas que no quieres –murmuró con voz ronca. Bella sabía que estaba excitado, esperando hacer el amor con ella.
-No, así no –le dijo, sentándose sobre la cama-. Quiero una respuesta a mi pregunta.
-Ya te lo he dicho… esto es real –murmuró Edward, apretando su muslo. No movió la mano, pero la suave presión de su carne fue suficiente para enviar olas de deseo hasta el último centro de su ser-. Tú también me deseas, Bella. Quieres hacer el amor conmigo, no lo niegues.
-Esto no es amor.
-No –dijo él, estudiándola con los ojos semicerrados-. Nadie ha dicho que lo fuera.
-Pero yo pensé que sentías algo por mí –insistió ella, encontrando por fin fuerzas para apartarse-. Pensé que sentíamos algo el uno por el otro. Al menos eso me parecía.
-¿Sentíamos algo?
Había sido ella quien lo traicionó, quien estuvo a punto de provocar una tragedia en su familia.
-¿Crees que soy idiota? A mí no se me manipula tan fácilmente.
Bella estaba tan excitada como él, pero los atormentaba a los dos intentando hacerle decir algo en un momento de pasión.
-Tú siempre fuiste el que controlaba todo en nuestra relación. Sigues intentando hacerlo, aunque ha pasado más de un año desde que me echaste de tu vida –dijo Bella entonces, levantándose de la cama para mirarlo a los ojos, desafiante-. Así que no me hables de manipulación. Siempre he hecho lo que esperabas de mí…
-Ya no tenemos una relación –la interrumpió Edward-. Terminó la noche que me traicionaste.
-Me echaste de tu casa y de tu vida sin pensarlo dos veces. Y ahora que te viene bien, quieres que vuelva contigo.
-No quiero que vuelvas conmigo. Ya te he explicado lo que quería.
-Sí, claro, un favor que no podía negarme. Pero te portas como si fueras un devoto amante, intentando seducirme…
-Tú conocías perfectamente la situación antes de venir, así que no entiendo que te muestres tan sorprendida. Y en privado me deseas tanto como antes.
Bella se mordió los labios, sintiéndose perdida y humillada.
Tenía razón. Seguía deseándolo. A pesar de todo, seguía deseándolo.
-Nunca signifiqué nada para ti –le dijo, con la voz rota por la emoción-. Nunca has sentido el menor respeto por mí.
-¿Respeto? –Repitió él, incrédulo-. Después de todo lo que ha pasado, ¿cómo puedes hablar de respeto?
Era la confirmación que había temido, la prueba de que no había significado nada para él. Por eso había sido tan fácil para Edward echarla de su vida.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero parpadeó furiosamente para contenerlas, negándose a dejar que la viese llorar. No la respetaba, pero ella tenía que mostrar respeto por sí misma.
-Aléjate de mí –le dijo-. No quiero estar en la misma habitación que tú.
-No pienso marcharme. No voy a pedirle a nuestro anfitrión que nos dé habitaciones separadas. De hacerlo, se daría cuenta de que no estamos prometidos.
-Entonces lo haré yo –dijo Bella, volviéndose hacia la puerta.
Edward se movió tan rápido como un rayo. En un instante se levantó de la cama y la tomó del brazo antes de que pudiese salir de la habitación.
-No hagas algo que podrías lamentar –le advirtió.
-Es demasiado tarde para eso porque ya lo lamento –suspiró Bella-. No debería haber venido contigo. No debería haberte dirigido la palabra.
Edward la miró durante unos segundos, en silencio, y después salió de la habitación sin decir nada.
Bella se acercó a la cama, respirando dolorosamente. Sus ojos se habían llenado de lágrimas, pero estaba dispuesta a contenerlas como fuera. No iba a llorar por ese hombre.
Pero sabía que no había terminado. Por mucho que llorase, por mucho que intentase esconder su dolor, nunca terminaría porque era la madre de su hijo.
A la mañana siguiente, Bella despertó al oír el ruido de la ducha en el cuarto de baño. Edward debía de haber vuelto en algún momento, pero no sabía cuándo porque, al final, después de dar vueltas y vueltas en la cama, se quedó dormida.
¿Dónde habría dormido él?, se preguntó. O tal vez se había metido en la cama sin que se diera cuenta…
Bella se levantó rápidamente, sacó ropa limpia de la maleta y se sentó frente a la mesa, hojeando unas revistas mientras esperaba que Edward saliera del cuarto de baño.
Unos minutos después, la puerta se abrió.
-Buenos días –la voz de Edward parecía más ronca de lo habitual, pero no parecía enfadado.
-Buenos días…
Bella había girado la cabeza para mirarlo y se quedó helada. Iba desnudo, con una diminuta toalla atada a la cintura. Era absolutamente magnífico y no podía apartar los ojos de él, de su piel morena, el pelo cobrizo despeinado como si se hubiera secado con una toalla a toda prisa…
Cuando Edward dio un paso hacia ella, Bella tragó saliva. El movimiento de sus músculos bajo la piel bronceada era absolutamente abrumador. Y absolutamente excitante.
Sin darse cuenta, se quedó mirando la toalla. Su atención ejercía un poderoso efecto en él y Edward no intentaba disimular…
Pero Bella se levantó a toda prisa, tomando la ropa que había dejado sobre la cómoda, desesperada por alejarse de él. No quería repetir la humillación de la noche anterior.
-No hay prisa –dijo Edward, bloqueando el acceso al baño con su cuerpo-. Desgraciadamente, Aro no puede desayunar con nosotros, así que tendremos que buscar algo con lo que entretenernos.
-Ah –murmuró Bella, haciendo un esfuerzo para mirarlo.
Apenas había oído lo que decía, pero su cerebro sí lo había registrado. Sabía perfectamente lo que Edward quería hacer y, a pesar de todo, su traidor cuerpo quería lo mismo.
Tembló cuando él rozó su brazo con un dedo, sabiendo que estaba observando su reacción. Estaba segura de que sabía cuánto lo deseaba, incluso después de haberlo rechazado la noche anterior, pero no pensaba ceder ante aquel absurdo deseo.
Con las mejillas ardiendo, se apartó, mirándolo a los ojos con gesto de desafío. Edward dejó caer la mano y no intentó detenerla mientras entraba en el cuarto de baño.
Cuando salió media hora después descubrió que Edward se había ido. Alguien había dejado una bandeja de desayuno en el balcón, sólo con un plato y una taza. Iba a desayunar sola.
Como tantos griegos, Edward raramente desayunaba, pero ella se mareaba si no comía algo por las mañanas. No podía entender cómo Edward, un hombre de metro ochenta y ocho, podía tomar decisiones vitales para su negocio con el estómago vacío.
Bella se dejó caer sobre la silla, pensando que era un alivio poder desayunar sola en el balcón, disfrutando del sol y del mar. El jardín llegaba hasta la playa por una pendiente de hierba y el mar era una paleta de azules, cubiertos ahora por una fina neblina que ella sabía iría desapareciendo a lo largo del día.
Estaba terminando de comer cuando Edward volvió.
-Me temo que tengo malas noticias –le dijo-. Aro no se encuentra bien y va a ser imposible que nos veamos esta mañana con él. Pero tenemos permiso para visitar la isla por nuestra cuenta.
-Ah, vaya, espero que no sea nada serio –suspiró Bella.
-No lo sé –murmuró él, acercándose a la barandilla del balcón-. Tiene mala salud, por eso creo que quiere vender la isla. ¿Tienes calzado apropiado? No sé cómo estarán los caminos.
Bella arrugó el ceño, perpleja. A Edward le daba igual que el pobre hombre no se encontrase bien, sencillamente veía aquello como una oportunidad comercial.
-Tengo que ir a cambiarme –murmuró, entrando en la habitación.
-La isla es pequeña, sólo unos cuantos kilómetros cuadrados, y no hay carreteras ni transporte de ningún tipo –estaba diciendo Edward mientras salían de la casa-. Pero podremos verla toda desde esa colina.
Observaba a Bella caminar un paso por delante de él, admirando su cuerpo. Llevaba unos pantalones de algodón que se ajustaban a sus curvas y un top suelto que se pegaba a sus pechos cada vez que soplaba la brisa.
-Pobre Aro –murmuró-. Espero que se recupere pronto.
-Sus empleados cuidan bien de él –dijo Edward, percatándose de que alguien había barrido las hojas del patio, algo que no había hecho por él durante su primera visita.
Ah, que interesante que Aro Vulturi hiciera esa concesión. Al viejo le gustaba Bella de verdad, de modo que llevarla allí había sido buena idea. Su presencia había logrado que diera un paso más para hacer realidad el sueño de su madre.
Tomaron un camino flanqueado de olivos que parecían tan viejos como la propia tierra, pero no tardaron mucho en alejarse de los árboles. A partir de allí, todo era un camino pedregoso y seco, cuesta arriba.
-¿Quieres descansar un momento? –le preguntó, dirigiéndose a ella por primera vez desde que salieron de la casa. Su tono era más o menos amable, pero Bella entendió que no quería que aceptase la sugerencia.
-No, estoy bien.
El silencio era atronador, pero mientras caminaban al ambiente era tolerable. Concentrarse en caminar y admirar el paisaje la distraía de su expresión taciturna.
Cuando llegaron al final de la colina respiraba agitadamente y le temblaban un poco las piernas, de modo que se sentó sobre una roca para recuperar el aliento, mirando el mar. La niebla se había levantado, revelando la presencia de una isla cercana mucho más grande que la de Aro.
-Cuando hayas descansado un momento volveremos a la casa –dijo Edward.
-Pero si acabamos de llegar. ¿No quieres echar un vistazo?
-Ya he visto todo lo que tenía que ver. Además, nada va a alterar mi intención de comprar la isla –Edward se volvió para mirarla y se quedó sorprendido al ver que respiraba con dificultad-. ¿Te encuentras bien?
-Sí, estoy bien. Un poco cansada, nada más.
-Quiero volver para ver si puedo hablar con Aro. No estoy dispuesto a perder ninguna oportunidad de negociar la compra de esta isla.
-Pero si está enfermo. ¿No puedes dejarlo en paz unos minutos?
-No quiero molestarlo –dijo él-. Pero esto es un negocio y Aro está buscando comprador. ¿Nos vamos?
Bella lo miró, perpleja. Apenas había recuperado el aliento y aún le dolían los músculos después de la caminata, pero Edward ni siquiera tenía necesidad de subir allí.
Hubiera sido mejor de haber subido despacio, tranquilamente, disfrutando del sol y del paisaje, charlando un rato. Pero Edward había ido a toda prisa, en silencio, para demostrarle algo a Aro, tal vez que su interés por la isla era genuino. O tal vez que apreciaba el privilegio que le había otorgado el anciano dejando que visitara la isla sin su compañía.
Fueran cuales fueran sus razones, Edward estaba mostrando muy poca consideración hacia ella. Claro que incluso cuando creía que le importaba un poco, Edward Cullen siempre había hecho las cosas pensando exclusivamente en su propia conveniencia.
-Si siempre has sabido que me mareaba durante los viajes, ¿por qué nunca dijiste nada?
-Pensé que tu preferías no hablar de ello –Edward se encogió de hombros, seguramente sorprendido por el repentino cambio de tema.
-¿Y cómo sabías que me encontraba mal si yo nunca te dije nada?
-Era evidente… para mí, al menos. Te ponías pálida y te quedabas muy callada. Pero te recuperabas en cuanto bajábamos del avión.
-Si sabías que me encontraba mal, ¿por qué insistías en que te acompañase a todas partes?
-Pensé que no querrías que eso te impidiera hacer una vida normal. Nunca te ha gustado admitir tus debilidades, Bella. Como ahora, por ejemplo… aparentemente la subida ha sido demasiado para ti, pero no has dicho una palabra.
-No ha sido demasiado para mí –replicó ella, enfadada-. Venga, vamos a bajar de una vez.
Pero cuando se levantó de la roca aún le temblaban las piernas y estuvo a punto de trastabillar. Edward llegó a su lado enseguida, tomándola por la cintura.
-Estás temblando –su voz estaba cargada de sensualidad-. Pero como dices que la subida no ha sido demasiado para ti, a lo mejor soy yo quien te hace temblar. De hecho, recuerdo todas las maneras en las que te hacía temblar…
-¡Suéltame! –Exclamó Bella, a pesar de las imágenes que esas palabras habían conjurado-. No quiero que vuelvas a tocarme nunca más.
-¿De verdad? Me parece que no estás siendo absolutamente sincera –Edward se apartó-. Pero, por lo visto, la sinceridad nunca fue el fuerte en nuestra relación.
-Yo siempre fui sincera contigo –se defendió ella.
-Es posible que nunca me mintieras directamente –asintió Edward-. Pero mentiste por omisión.
-¿Cuándo?
-Nunca me dijiste que odiabas viajar en avión, por ejemplo.
-Tampoco tú dijiste que lo supieras.
-Muy bien, de acuerdo. Ninguno de los dos dijo nada de tus mareos en los aviones, pero los dos sabíamos que era así.
-¿Y qué dice eso sobre nuestra relación? –le preguntó Bella, pensando que nunca habían hablado de algo verdaderamente importante.
-Eso no era lo más importante en nuestra relación –respondió él-. Pero yo recuerdo un momento que sí fue importante para mí: cuando me traicionaste.
-Yo no te traicioné –replicó Bella. Pero daba igual, pensó, el pasado ya no importaba.
Ahora sí estaba escondiéndole algo.
Estaba guardando un secreto.
Anthony, su hijo, estaba a miles de kilómetros de Grecia, con otra persona, mientras ella estaba allí, con Edward. Y el secreto que escondía parecía hacerse más horrible a cada segundo que pasaban juntos.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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Excelente capitulo,como siempre,Pescui!!!La garrapatilla esta aqui leyendote siempre fiel.Mil besos corazon!!!!
ResponderEliminarhola Pescui primero que todo como siempre gracias por el capitulo y estoy a la espectativa de saber como edward reacciona cuando se entere del gran secreto que oculta bella.
ResponderEliminarSaludes a todas.....
Muxas gracias por el apoyo chiks!!!!
ResponderEliminarholaaa!! excelentee capitulo!!!las cosas entre estoss dos estan complicadasss...si edward se enojo tanto con bella en el pasado cuando paso lo de rosalie no me quiero imaginar cuando sepa que tiene un hijoo como se va a ponerr...pasa que este edwarddd ess re mandonn jajjaja!!! bueno noss leemos en el que siguee! besoss!!!adioss!!
ResponderEliminarhola me gusta la historia nos seguimos leyendo
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