viernes, 24 de septiembre de 2010

El hijo secreto del griego

Capítulo 4

El beso de Edward pilló a Bella absolutamente por sorpresa, pero su cuerpo respondió instintivamente. Le parecía lo más natural del mundo apoyarse en él, apretándose contra su atlético cuerpo…
Sintió el roce de su lengua, ardiente y exigente, y pensó que se derretía de deseo. No había nada tierno en aquel beso; era un fiero y apasionado recordatorio de lo que habían compartido en el pasado, de las veces que habían hecho el amor, de las veces que la había llevado al éxtasis.
Pero Bella le devolvió la caricia, rindiéndose al intenso deseo. Y, sin pensar, levantó las manos para ponerlas sobre sus hombros, disfrutando de la dureza de sus músculos, agarrándose a él como si no quisiera soltarlo nunca.
Entonces, sin previo aviso, Edward se apartó.
Bella dejó escapar un gemido de sorpresa.
-Muy convincente.
Ella contuvo el aliento, inmóvil. Había soñado con Edward besándola durante más de un año, pero en su fantasía la besaba porque había reconocido su error y se había dado cuenta de que la amaba.
Su sueño nunca había sido así, con ella besándolo desesperadamente y él mostrándose tan frío.
Sintió que le ardían las mejillas, pero enseguida una ola de furia la envolvió.
-Es mi intención ser convincente, pero no habrá más demostraciones gratuitas. Estoy aquí para ayudarte con Aro, no para ser amable contigo en privado. Espero que te quede bien claro.
Edward levantó una ceja, sorprendido. Pero parecía estar conteniendo una sonrisa, como si supiera la verdad.
-Vamos a saludar a nuestro anfitrión –dijo, tomándola por la cintura de nuevo.


-Me han dicho que no te encontrabas muy bien cuando llegaste –dijo Aro-. Espero que ahora te encuentres mejor.
-Sí, estoy bien, gracias –sonrió Bella.
Era genial estar sentada en aquel patio, a la sombra de un viejo olivo, disfrutando de la fabulosa vista del mar Egeo. Y charlar con Aro hacía que dejase de pensar en lo que había pasado con Edward al bajar del helicóptero.
-Bella se marea durante los viajes en avión –dijo él entonces-. Pero después de descansar un rato se encuentra perfectamente.
-Debe de ser horrible ponerse enfermo cuando se viaja en avión. Especialmente cuando se tiene que viajar mucho.
-No me hagas sentir mal –sonrió Edward-. Aunque sé que Bella lo pasa mal, le pido que vaya conmigo porque no puedo estar sin ella.
-El amor es egoísta muchas veces –comentó Aro, tomando un trago de ouzo.
-Sí, puede serlo –murmuró Edward.
Kerry experimentó un extraño cosquilleo cuando sus ojos oscuros se clavaron en ella. Pero, de repente, no podía seguir mirándolo.
Cuando estaban juntos Edward le decía eso mismo, que quería que viajase con él porque no podía estar sin ella. Entonces sus palabras habían hecho que se sintiera especial, valorada. Nunca antes en su vida nadie había mostrado tal deseo por estar con ella.
Había crecido sintiéndose abandonada y sola y cuando cumplió los dieciocho años descubrió lo cierto que era. Su abuela no había querido cuidar de ella y sólo lo había hecho por un retorcido sentido del deber, negándose a aceptar que su hija adolescente fuera capaz de criar a una recién nacida.
Pero había resultado que Edward tampoco valoraba su compañía, que todo era una mentira. Un simple error, cometido con la mejor intención, y Edward Cullen se había librado de ella sin pensarlo dos veces. Que dijese que el amor podía se egoísta era otro recordatorio de lo poco que había significado para él. Nunca la había querido y nunca la querría.
-Espero que mañana nos permitas ver toda la isla –estaba diciendo Edward entonces, su voz interrumpiendo los pensamientos de Bella.
-No quiero hablar de negocios ahora –replicó Aro, volviéndose hacia ella-. Querida, hace un año que no te veo. No salgo mucho de la isla, pero he estado en Atenas un par de veces y, lamentablemente, no hemos coincidido en ningún sitio.
-No, es verdad –sonrió ella-. Desgraciadamente, no he podido acompañar a Edward a todos los eventos a los que acude. He pasado mucho tiempo en Londres… tengo allí familia y compromisos.
Bella pensó en su querido Anthony. Estaba totalmente comprometida con su hijo y haría cualquier cosa por él. Al contrario que su pobre madre, que era demasiado joven y demasiado débil, que no había podido quedarse con ella.-Espero que no sea nada serio –dijo Aro-. ¿Tienes a alguien enfermo?
-No, no… son cosas personales, pero no tiene importancia.
El anciano seguía mirándola con cara de preocupación y Bella tuvo que disimular. ¿Qué su hijo no tenía importancia? Si él supiera la verdad…
Claro que si supiera la verdad, seguramente no le vendería su isla a Edward Cullen.
-Me alegra saberlo –dijo entonces, apoyándose en la mesa para ponerse de pie. Edward intentó ayudarlo, pero el anciano no se permitió-. Voy a descansar un rato antes de cenar. Podéis echar un vistazo por aquí, si os apetece. Mañana iremos a visitar toda la isla.
Bella se levantó para ayudarlo al ver que le costaba caminar pero, de nuevo, Aro se negó.
-La puerta siempre está abierta, no te preocupes por mí.
-Muy bien.
Cuando se quedaron solos, Bella se dio cuenta de que Edward estaba mirándola.
-¿Por qué pareces tan contenta?
-Me cae bien Aro. Y me alegra volver a verlo.
Intentó concentrarse en la fabulosa vista de la playa, una preciosa media luna de rocas flanqueada por árboles que parecían salir directamente del mar. Pero no podía dejar de notar la proximidad de Edward.
Y, de repente, él le pasó un brazo por la cintura.
-¿Qué haces?
-Yo también me alegro de volver a verte. Y me encanta volver a tocarte.
-Tocarme no es parte del trato –protestó Bella, intentando apartarse.
-No hemos hecho un trato –la voz de Edward era un murmullo ronco-. Has venido porque te pedí que vinieras y porque tú querías venir.
-No es verdad… -Bella no pudo terminar la frase porque Edward había apoyado la boca en su cuello, el roce húmedo de sus labios haciéndole sentir escalofríos.
No podía esconder que estaba temblando, tal vez porque había pasado tanto tiempo desde la última vez que la tocó. Pero, de repente, la combinación de su lengua y su cálido aliento le pareció la experiencia más sensual que había tenido nunca.
-He echado esto de menos –dijo Edward-. Y me doy cuenta de que a ti te pasa lo mismo.
-No, no es verdad –le temblaba la voz mientras la besaba en el cuello, pero sabía que debía detener aquello.
Si se dejaba envolver por su hechizo no tendría una sola oportunidad. Sabía que acabaría en su cama y eso no podía pasar después de cómo la había tratado. Y, sobre todo, por el enorme secreto que guardaba.
-Quiero echar un vistazo por la isla –dijo por fin, dando un paso atrás-. Aro ha dicho que podíamos hacerlo y me sorprende que no quieras aprovechar la oportunidad para admirar tu posible adquisición.
Una sonrisa iluminó el rostro de Edward. Estaba deseando hacerle el amor, ardiente, apasionadamente, pero esperaría hasta la noche.
Sabía cuánto lo deseaba Bella porque le había sido imposible esconderlo. Podía estar haciéndose la dura, pero eso sólo servia para que la deseara aún más.
Caminaba tras ella mientras se acercaba al pretil de piedra desde el que se veía el mar, pero sólo tenía ojos para el embriagador movimiento de sus caderas…
Cuánto la había echado de menos. No, no a ella, se corrigió. Echaba de menos perderse en su precioso cuerpo.
Nunca la perdonaría por lo que había hecho. Había abusado de su confianza, interfiriendo en algo que no le concernía, y las consecuencias podrían haber sido trágicas. Nunca volvería a compartir su vida, pero compartiría su cama esa noche.
-A Aro no le gustan los cambios –Bella se volvió para mirarlo, tomándolo por sorpresa-. No cree en descartar las cosas viejas por capricho sólo para construir algo nuevo, más grande y más brillante.
-Pero tampoco es totalmente opuesto al progreso –señaló Edward, intentando apartar de su mente las eróticas imágenes de Bella en su cama-. Tiene un helipuerto y viaja a Atenas en helicóptero cada vez que le apetece.
-¿Y dónde piensa vivir cuando venda la isla?
Él arrugó el ceño.
-No va a ser fácil convencerlo para que lo haga. Creo que le gustaría terminar sus días aquí, pero supongo que quiere dejarlo todo solucionado para su hija. Ella vive en Atenas con su familia pero, por lo que he oído, tiene que cuidar de su marido, que resultó herido en un accidente.
-¿Cómo sabes todo eso? –murmuró Bella-. No creo que él te lo haya contado. Parece una persona muy reservada.
-No es asunto tuyo –contestó Edward, levantando una mano para tocar su pelo-. ¿Por qué te lo has cortado?
-Me apetecía un cambio. Pero ahora me ha crecido tanto el flequillo que se me mete en los ojos.
-A mí me gusta ver tu cara –murmuró él, apartándolo de su frente.
Pero Bella dio un paso atrás, haciendo un gesto de irritación.
-Voy a cambiarme para la cena –le dijo, dando la vuelta para entrar en la casa.
-Yo prefiero quedarme aquí un rato.
Edward la observó entrar en la casa, el movimiento de sus caderas enviando oleadas de deseo por sus venas.
Su cuerpo parecía diferente ahora, aunque no sabía decir por qué. Quizá parecía más lleno, más rotundo. Tal vez era su imaginación, porque lo tenía excitado como un adolescente, pero sus pechos le parecían más grandes que antes.
La imaginó desnuda, maravillosamente madura y deseable y, de repente, tuvo que contenerse para no seguirla al dormitorio.
Habría tiempo para hacer el amor antes de cenar, pensó. Pero él prefería hacerle el amor como era debido, hasta que estuviese totalmente saciado, agotado, hasta que la tensión de su cuerpo hubiera desaparecido del todo.
Y para eso necesitaba tiempo. Mucho tiempo.


Bella podía sentir los ojos de Edward quemando su espalda mientras cruzaba el patio. Fue un alivio entrar en la casa, tan fresca con sus gruesos muros de piedra, pero estaba demasiado angustiada para relajarse.
Después de darse una ducha se cambió de ropa para la cena. Terminó demasiado pronto, pero no quería que Edward subiera y la encontrase a medio vestir. Por cómo la miraba, sabía exactamente que tenía en mente y eso era lo último que ella quería.
O eso se decía a sí misma.
Bella paseó, nerviosa, por la habitación durante un rato y luego decidió bajar al patio. Al menos de ese modo podía evitar estar atrapada con él entre cuatro paredes. Estando fuera de la habitación, Edward no intentaría propasarse.
De modo que cerró la puerta y atravesó el pasillo, admirando los múltiples cuadros que colgaban de sus paredes. Eran diferentes paisajes de la isla, todos pintados por el mismo artista, y parecía haber algo familiar en ellos, pero no podría decir qué era.
Estaba mirando uno de esos cuadros cuando Edward apareció a su lado y el corazón de Bella, de nuevo, dio un vuelco. Parecía estar sin aliento, como si hubiera ido corriendo.
-He tardado más de lo que pensaba en subir desde la playa. Aro está esperándonos en el comedor. Baja a reunirte con él, yo iré enseguida.
Bella lo vio entrar en el dormitorio, sintiendo que su corazón volvía a latir de manera normal en cuanto desapareció de su vista. Se alegraba de bajar a charlar un rato a solas con Aro. Era más seguro que estar con Edward y, además, estaba interesada en el autor de esos cuadros.
Edward se reunió con ellos poco después y la cena fue más agradable de lo que Bella había anticipado. Edward dirigía la conversación, como era su costumbre, pero curiosamente ella empezó a relajarse. Aquella cena no tenía nada que ver con los eventos sociales a los que había acudido con Edward en el pasado, pero la verdad era que le resultaba más agradable que muchos, seguramente porque Aro le caía bien y disfrutaba con sus socarrones comentarios.
Edward se mostró tan atento y encantador como cuando vivían juntos. De hecho, no había nada diferente a como la trataba cuando eran amantes.
Bella sabía que lo de esa noche era sólo una farsa, que estaba haciendo el papel de amante devoto para Aro, pero le recordó dolorosamente el pasado…
Entonces, de repente, se preguntó si Edward siempre habría estado actuando con ella.
Si podía mostrase tan encantador cuando entre ellos no había relación alguna, cuando sabía que sus sentimientos por ella eran justo lo contrario de lo que aparentaba, ¿cómo iba a saber si alguna vez habían sido genuinos? ¿De verdad le había importado en algún momento o no habría sido más que una candidata obediente que viajaba con él y estaba pendiente de sus mínimos deseos?
Ese pensamiento fue como una bofetada.
Aquella noche le estaba demostrando que era un maestro en el arte de la interpretación. No haba manera de saber si alguna vez la había querido, si su afecto por ella había sido una mentira.
Bella lo miró, incapaz de disimular. Después de todo lo que había pasado, ¿qué estaba haciendo allí, con él?
Pensó entonces en Anthony y se le encogió el corazón. Cuánto lo echaba de menos. Nunca se había separado de él más de unas horas, pero ahora mismo Alice estaría metiéndolo en su cuna…
¿Se habría dormido rápidamente o lloraría porque echaba de menos a su mamá?
-¿Bella? –La voz de Edward interrumpió sus pensamientos-. Nuestro anfitrión acaba de darnos las buenas noches.
-Ah, Aro, perdona –se disculpó ella-. Ha sido una cena estupenda, muchas gracias.
-De nada. Ya no tengo las fuerzas que tenía antes –murmuró el anciano como para sí mismo mientras intentaba levantarse.
-Deja que te ayude –se ofreció Bella.
-No me molesta aceptar la ayuda de una chica guapa.
La broma sólo era un intento de esconder un cansancio que era evidente en su rostro. Bella lo ayudó a salir del comedor, pero en la puerta esperaba su ayudante con una silla de ruedas.
-No quería que la vieras. En realidad no la necesito, pero…
-Gracias por una noche tan agradable –sonrió Bella, inclinándose para darle un beso en la mejilla.
Cuando se incorporó, los ojos verdes de Edward estaban clavados en ella.
-Solos por fin.
El mensaje sexual que había en esa frase la dejó inmóvil. Bella sentía como si sus pies estuvieran pegados al suelo, pero se obligó a sí misma a dar un paso adelante. Había sido tan fácil para él hacer de amante atento durante toda la noche… pero ella sabía que estaba mintiendo, actuando delante de Aro.
-¿Siempre fue una mentira, Edward?

5 comentarios:

  1. Ainsssss!!!que chulo!!! me encanta esta adaptacion,joooooo!!!me muero por que sigas,Pescui!!!!es injusto...yo quiero mas!!!
    Besos cielito!!!

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  2. holaaa bueno pobree bella tuvo un pasadoo bastante feoo y edward cuando la echoo le rompio el corazonn ...yy edwardd quee ve diferente el cuerpo de bellaaa...mmm cuando se enteree dell bebeee uff see va a armar lioo...y ahora bella pinesa que todo siempre fue una mentiraa por que edwardd es muyy buenoo interpretando su papell jeje noceee yo creo que edwardd siente algo por bella solo que no lo quiere verr ni admitirr..bueno noss leemos en el siguiente esta historia esta muy buenaa!!!! besoss!!!

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  3. Beluchisss, un placer leerte corazón, siento mucho que no hemos encontrado en el chat, te envió un beso y un abrazo de oso.

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  4. Pescui, se me hace que también aquí implementaremos el "Team, vamos a patearle el trasero a Edward", últimamente se han visto muy posesivos, dictadores, insensibles y aunque haya Edwards sexys, no los vamos a perdonar.

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  5. hola me gusta la historia no me despido y nos seguimos leyendo

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