SEMILLA DE ODIO.
Qué coño me había pasado con aquella mujer llena de problemas? ¿O es que acaso me había enamorado?
No podía ser…el maldito Karma…¿Y si en realidad fuera aquello y me había enamorado de ella?
Entonces estaba condenado a sufrir, porque ella ni siquiera me daría una oportunidad…porque al fin y al cabo yo y mi madre habíamos sido el principio de todos sus males….
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Capitulo 8.
Bella Pov.
No era difícil llevar una vida dulce llena de caprichos y con la plena atención de seres que realmente te aman. No es difícil tampoco, sonreir al menos una vez a la hora o sucumbir a los dulces encantos de mi compañera de vida en aquellos momentos.
Alice Masen era; como había dicho Carlisle un soplo de aire fresco en mi vida. Un rayo de sol y de esperanza en mi apagada y tenebrosa existencia.
Pero había algo que eclipsaba totalmente aquel encanto. Una verdad que me llevaba de cabeza a la dura realidad y me hacia levantarme a altas horas de la madrugada de mi cama, para ir al lavabo y vomitar presa de la ansiedad. Aquella sintomatología tenia nombre y apellidos y se denominaba: Charles Swan.
Todavía tenía plasmada a fuego en mi retina, la visita del hijo de Carlisle y su mensaje, claro y explícito. Quería tenerla de nuevo cerca. ¿Era acaso que anhelaba redimirse de sus pecados? ¿No era bastante el haber llevado por el cauce de la felicidad a una familia durante mas de seis años?
Para mí, lo que realmente contaba era el río de lágrimas que había formado en la mía. Por años, por décadas…hasta la decadencia total de nuestras vidas. De la de mamá y la mía.
¿Por qué engañarme? Lo que estaba viviendo en casa de los Masen era tan solo un espejismo de vida. Aquella vida no me pertenecía y no me dolía saberlo, porque en realidad me daba igual.
La sombra de Charlie avanzaba a pasos gigantes en mi actual vida.
Y la figura del hermano de Alice, me hacia estremecer de terror por las noches.
Sus ojos tremendamente verdes ocupaban gran parte de la oscuridad de mis pesadillas, sus cejas en el marco perfectos de éstos, me perseguían, como si fueran la misma parca. Dejándome sin aliento y sin ganas de huir mas, esperándolo ansiosa al final de ellos y jadeando nerviosa y encendida de algún mal interior al despertarme de aquella cruel pesadilla.
Sabía que Edward había sido el emisário de aquel dolor, pero algo en mi interior me decía que iba a formar parte de mi vida de una manera u otra. El verde de sus ojos me perseguía, como no pudiendo olvidar el enfrentamiento de nuestras miradas cuando se disponía a marcharse en su caro y despampanante volvo metalizado.
De aquella situación hasta ahora, habían pasado ya varios días y yo seguía alojada en casa de los Masen, sintiéndome una extraña entre ellos, en sus costumbres y en sus vidas. Y no era porque no me hicieran partícipe de nada, haciendo que me sintiera una mas de la familia, una persona mas por la que luchar. Yo formaba parte de sus vidas por activa y por pasiva, mientras que ellos en la mía eran una balsa que me arrastraba a la deriva otra vez.
Debía salir de mi ensoñación de princesa de cuento y afrontar la situación. El martirio era como un bichito que me atormentaba el alma dia a dia y el odio era un árbol con enormes raices que cada día se afianzaba mas y mas en mi corazón.
Y es el tiempo que vuelva a mi departamento, a mi trabajo y a mi vida y despierte.
Mi vida monótona, pero mía. Mi minúsculo habitáculo, pero mío. Yo misma, con todos mis defectos y mis virtudes; aunque no tuviese ni idea de donde estaba alojadas o escondidas.
Ni que decir tiene que Alice puso el grito en el cielo, pero aún y asi me ayudó con la limpieza del departamento. Se empleó a fondo y le dió un aire mucho mas minimalista y luminoso. Aprovechando los espacios al máximo y dándole mucha mas claridad a los pocos metros cuadrados que disponía para mi vida diaria.
Rosalie también hizo lo suyo; facilitándome al máximo el ausentarme del trabajo y contratando una nueva maestra a media jornada, hasta que yo estuviese completamente recuperada de la perdida de mamá.
Porque andaba con antidepresivos…. Esa era mi dura realidad, aquella medicación me ayudaba a evadirme de mi desconsuelo, haciendo de mi vida una nube donde flotaba y raramente sabía donde se encontraba el norte de mi existencia.
El doctor Masen… había algo en él, en su manera de mirarme y en el extraño deje de su voz al hablarme que me conmovía. A veces, cuando se dirigía a mí, buscaba mi mano , con ternura y delicadeza…tanta que a veces corría al cuarto donde me alojaba y rompía a llorar desconsolada.
Carlisle no aceptó de buena gana que yo abandonara su casa en un futuro inmediato y pese a eso ayudó en todo lo que pudo hasta que el fin se realizara finalmente.
Y ahora era hora de curar mi cabeza. Rosalie me había dado la dirección de un psicólogo muy eficiente del que ella tenia referencias muy buenas y en ese momento me encontraba.
Una sala de espera blanca, con sillones de cuero de marrón tan oscuro que rozaba el negro, una mesita de centro, también del mismo color y decenas de revistas donde se aseguraba que uno podía volver a ser el que una vez fué con fuerza y tenacidad mental….chasqueé la lengua… Aquel lugar estaba lleno de tópicos por doquier y me sentí casi asqueada en el mismo momento en que una señorita de no mas de veinte años me miró de arriba abajo para preguntarme si yo era la señorita Swan. Yo la miré con fingida cortesía y me erguí de aquel sillón , seguramente el mas caro donde se había alojado mi trasero. Seguí a aquella mujer, vestida con una falda tan corta que creí que de un momento a otro iba a enseñar sus bragas. Rozó con sus nudillos una gruesa puerta de madera y al cabo de unos segundos giró suavemente la manera para entrar en el santuario del “loquero”
-Señor Black. La señorita Swan.- la mujer se hallaba de frente al hombre, al que tapaba por completo. Debía estar sentado en el grueso escritorio de caoba. Oí como carraspeaba y ella se giró para caminar de nuevo hacia la puerta y marcharse. Mi vista se desvió hacia el gran diván color marfil, lujosamente acolchado y sonreí íntimamente. “Vaya, igual que en las películas”
Oí el carraspeo del hombre de nuevo y alcé la vista para encontrarme con su rostro.
Sus ojos me inspeccionaron unos instantes y pude ver algo en ellos que no supe identificar. Aunque su tez era oscura, pude ver dos manchas purpúreas que teñían sus mejillas. Sonrió y se levantó para caminar hacia mí y ofrecer su mano fina y suave.
-Hola señorita Swan. Soy Jacob Black.- Miré aquella mano que me tendía y la agarré con algo de inseguridad. Aquel hombre me salvaría, igual que me estaba tendiendo aquella mano. Ese era mi pasaporte para mi nueva realidad. Jacob Black me iba a sacar de mi pozo de miserias.
-Encantada.- susurré, aún observando aquella mano que ardía entre la mía.
-¿Le ocurre algo a mis manos?.- preguntó divertido. Yo alcé la vista para enfrentarme a sus ojos.
-No.- susurré, iniciando una sonrisa en mis labios.- Son unas manos bonitas.- dije casi sin pensar lo que estaba diciendo. De seguida me arrepentí de lo que había dicho y pude notar mis mejillas arder como brasas.
Su risa grave me infundió valor; pues no era una risa de burla, si no mas bien de agradecimiento. Separé mi mano de la suya y me quedó en ella un leve hormigueo de placer.
-Tome asiento Señorita Swan.-dijo, indicándome la silla que había al otro lado del escritorio. Él se sentó y yo lo imité. Observé como manoseaba unos documentos y entonces, su expresión se volvió inquisitiva al leerlos. Al alzar la vista una dulce sonrisa ocupó su rostro y a mí, también me hizo sonreir….
-Ya que vamos a vernos frecuentemente. ¿Te importa que te llame Isabella?.- preguntó con voz melodiosa.
-Si, bueno… no. Es decir.- me reí como una tonta y me atusé el cabello que se me había encrespado a causa de la humedad.-Mis amigos me llaman Bella. Odio el nombre de Isabella.
Me miró con insistencia unos segundos y volvió a fijar la vista en los documentos, alzando uno y leyendo preocupado lo que había escrito en él. Al cabo de unos instantes y ante mi perplejidad los aovilló todos en una pelota y los lanzó a la papelera.
Debió de notarse mi asombro y él volvió a sonreir enseñándome aquellos dientes blancos y perfectos.
-Quiero que me cuentes, Bella. Desde el principio. Yo seré tu confidente. Tienes que abrirte a mí y cuando te digo esto, quiero decir totalmente. Exponerme tus miedos y necesidades. Enfocar todo lo que te ha hecho mal y yo determinaré en que te puedo ayudar. Pero para eso, debes ser tú: Bella Swan, no Isabella o la imagen que crees que la gente tiene de tí. Necesito perderme contigo en tu verdadero yo, sin enjuiciar en ningún momento si has hecho bien o mal. Para eso ya están los demonios de la mente, esos que yo haré lo posible por eliminar.- Suspiró pesadamente y sus ojos se posaron en mis labios.- Si no te importa, llámame Jake. Me sentiré mucho mas cómodo.- enunció serio.
Miraba sus ojos y sabía que él tenía los suyos clavados en mi boca. Un miedo atroz se apresó de mí…seguro que debía de tener alguna mancha o algún resto de comida entre los dientes.
Sonreí sin abrir la boca y bajé la mirada, algo turbada.
Volvió suspirar y lo miré a hurtadillas. Se había levantado y miraba a través de un gran ventanal como el atardecer teñía el cielo de un leve tono anaranjado. Elevó su brazo derecho y lo pasó por su nuca cansado. “¿Y ahora qué?” Pensé.
Carraspeé y él se volvió lentamente para caminar donde yo estaba sentada. Llegó a breves centímetros de mí y se arrodilló dejándome algo incomoda. Su mano, grande, suave y divina cogió una de las mías, que al contraste parecía completamente incolora.
-Voy a lograr sacar lo mejor de ti, Bella. Porque no te quepa duda que en tí hay una mujer increíble que lucha por salir de tantas inseguridades. Cuando lo hagas, agradeceré a un maldito fanfarrón, el estudiar psicología el resto de mis días.- Sus pulgar acarició mi mano .- ¿Me ayudaras, verdad?
Busqué mi voz y abrí la boca…pero alguien entró en la consulta sin llamar a la puerta.
Jacob se irguió y mis ojos buscaron a la persona que había irrumpido tan groseramente en la consulta... mis labios formaron una mueca de repulsión al ver de quien se trataba y giré el rostro para no enfrentame a su mirada inquisitiva.
-Edward. No puedes…no debes entrar en mi despacho de esa manera…por muy amigos que seamos tio. …
No oí nada, de nuevo la puerta abrirse y luego un estrepitoso portazo.
Continuará…
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
viernes, 27 de enero de 2012
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holaa ajajaj el mundoo es un pañueloo bella en la consulta de jacob y edward ya la vio alli!!!! ahhhhh que buenn capitulo!!! parece que sus caminos siempre se cruzann con edwardd!!! jaja!! besos y nos leemos!!!!
ResponderEliminarQuerida Rosita, que genial tu capitulo, creo que Edward ya esta mas dentro de su corazón de lo que ella se imagina mmmmm y el pobre chuchito pues llego demasiado tarde, la ayudara a salir y ser la Bella que ella no ha dejado salir por el sentimiento que su madre le fue haciendo sentir, jajaja creo que Edward iba a que su amigo le aconsejara del amor que ahora siente por Bella y la encuentra allí, ojalá se lo diga para que el chucho no se haga ilusiones jajaja te quiero amiga y te dejo besotes y abrazos silmonianooosss!!
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