miércoles, 23 de marzo de 2011

Un Deseo de Año Nuevo

UN DESEO DE AÑO NUEVO
CAPÍTULO DOS
La habitación estaba completamente a oscuras y sentado en una silla de ruedas de espaldas a nosotras se hallaba el anciano.
Verlo en aquella situación me encongió el corazón. Era tan triste vivir en aquella soledad…
-¿Edward?.- La voz de Alice, amistosa y sutil hizo que el viejecito moviese su mano izquierda con dificultad y girara la silla de ruedas.
Él debería estar acostumbrado a aquella absoluta penumbra y se dirigió a nosotras , bordeando la cama con agilidad.
-¿Te parece bien si encendemos la luz, Edward?.- la voz de Alice; cariñosa, daba seguridad a mi estado de nerviosismo.
Él no dijo nada. Se detuvo delante de nosotras y mi compañera bajó la mano a la altura de su cadera, apoyó ésta en la pared y encendió la luz.
El hombre cerró los ojos a causa de la luz y los fue abriendo poco a poco.
Cuando los tuvo completamente abiertos miró a Alice con severidad y luego a mi.
-Mira Edward; Esta chica es Isabella y se encargará de ti, a partir de ahora. Veras como haces buenas migas con ella.
Le sonreí, ante la explicación de Alice y él ni se inmutó.
Estudié las facciones de aquel hombre con detenimiento. Sus ojos era extraños…su rostro, su cuerpo, todo él parecía un anciano medio cadavérico; pero sus ojos; en ellos habia una juventud que centelleaba en cada mirada.
Me sonrojé al sentirme observada por él y bajé la mirada. Debió de darse cuenta que lo estaba mirando con demasiado detenimiento.
-Hola .- le dije, algo azorada.- Soy Isabella Swan. Espero seamos amigos; Edward.
Me acerqué a él; como hacia con todos los ancianitos que conocía y le dí un suave beso en su mejilla arrugada. Observó todos mis pasos y sus ojos no dejaron de mirarme ni un solo segundo hasta que me aparté de él.
No hablaba. No se inmutaba. Ni un gesto si quiera. Mirada de indiferencia total.
-Bueno, Edward. Ya sabes; si necesitas algo apreta el timbre de al lado de la mesita de noche. Isabella vendrá a ver lo que necesitas y ayudarte en lo que pueda.-le dijo Alice con complicidad y guiñándole un ojo.
Parpadeó.
Y se volvió lentamente y marchó con la chirriante silla de ruedas hacia la ventana cerrada.
Alice cerró la puerta y me miró con preocupación.
-No te asustes, es un hombre que no da problemas. Pero no es nada sociable. Llegó hace unos dos años y se sumió en un estado de mutismo, del que no ha salido.
-¿Entoces, sabeis si él llegó hablar cuando era joven?.- pegunté, pensativa
-No; el médico que lo lleva nos dice que sus cuerdas vocales están perfectas y que no tiene ningún problema para hacerlo. Es simplemente que no quiere.
-Hmmm…
Alice me cogió una mano y me la acarició dulcemente.
-Mira sé que va a ser difícil; pero es buen hombre. Le cojeras cariño.
-Si.
Me reafirmé a mi misma aquello y Alice me llevó hacia la sala de cambio. Allí me dio una bata blanca, unos zuecos y unos pantalones. Recogí mi cabello en una coleta alta y me dispuse a ayudar en la cocina.
A la una de la tarde los ancianos debían de comer y un poco antes de la hora, llamé a la puerta de Edward para avisarle.
-¿Edward?
No me contestó. ¿Qué pretendia, que lo hiciera?
Abrí la puerta y me sometí de nuevo en aquella penumbra que me ponía nerviosa.
Él estaba de espaldas a mi. Igual que como lo habíamos dejado Alice y yo; hacia un par de horas.
-La comida está lista. ¿Vas tu solo o quieres que te lleve?.- Pregunta imbécil lo sé;pero debia de hacerlo. No quería hacerle ver que estaba mas imposibilitado de lo que realmente estaba.
Esperé pacientemente una contestación y caminé hacia él, sacando el seguro de la silla y cogiendo las agarraderas de esta, para sacarlo de allí.
-Con todos mis respetos; no sé como puede vivir en esta oscuridad. Hace un dia bellísimo.
Nada.
No contestaba.
Me costó terriblemente sacar la silla con su ocupante de aquella habitación. Me pareció ver una sonrisilla en su rostro; cuando comencé a soltar juramentos contra la silla y el marco de la puerta que me habia hecho los nudillos polvo.
Las mesas estaban preparadas y la cocinera silbó al vernos.
-Esto si que es nuevo…
-¿Qué?.- le pregunté, acercando a Edward hacia una mesa y poniendo nuevamente el seguro de la silla.
-Edward nunca sale a comer- Siempre le llevamos la comida a su habitación. Esto es un milagro.
Cerré los ojos y alcé los ojos; incrédula.
Fui con ella y miré el rostro de Edward interrogante. Sus ojos todavía estaban semicerrados; pues las ventanas estaba abiertas y el sol entraba a sus anchas.
Le sonreí abiertamente y crucé los brazos.
-Gracias Edward.
Y entonces hizo algo que me descolocó; llevó la mano a su cabeza, he hizo como si se peinase con los dedos. Aquello era gracioso hasta mas no poder. Ya que él carecía completamente de cabello en su cabeza.
Al notarse que las hebras de su pelo ya no se encontraban allí, bajó la vista y sus labios se curvaron ligeramente hacia abajo.
Me dio lastima, me acerqué a él y le cogí la mano, dándole tranquilidad.
-Seguro que debiste tener un cabello precioso, Edward.
Él me miró con una expresión indescifrable y me enterré en sus ojos verdes.
-Edward era muy guapo de joven, Isabella. Edward enseñale a Bella la foto que llevas en el bolsillo siempre.- La cocinera; Jane, lo miraba impresionada y se reia al hablarnos.

Le miré interrogante y él alzó un brazo y se rebuscó en el bosillo de su pecho. Me tendió una fotografía; algo arrugada y le sonreí de nuevo para infundarle seguridad.
Fruncí el ceño al ver la imagen de aquel joven en la foto.
Parecia haber sido recortada de una revista de modas. Era perfecto. Mandibula fuerte, pomulos altos, labios perfectos, cejas pobladas y aquellos ojos verdes…era Edward; sin duda…y aquel cabello desordenado, que le hacia ver tremendamente sexy. De sus labios salía un cigarrillo encendido y su cuerpo tenso y duro daba ganas de suspirar; lo que me recordó que llevaba mucho tiempo sin un hombre que me besara; porque estaba suspirando por la foto de un anciano…
-Eras guapísimo,Edward.- suspiré. Le tendí la foto y lo miré fijamente.
Sus ojos estaban aguados. ¡Estaba comenzando a llorar!. Me puse a su altura y lo abracé.
Sentí como sus brazos se alzaban y me recorrían la espalda. Cerré los ojos y me estremecí.
Su pecho desgarbado se pegó al mio, y no me dio asco aquel contacto. Me sentí dichosa por haber creado aquel vinculo con él; llevando horas trabajando en la residencia.
Noté como intentaba contener el llanto y me separé un poco de él, acariciándole el rostro.
-Seguro que has tenido una vida plena; Edward. Yo haré que tu vejez también lo sea.- Y ante aquellas palabras su llanto se hizo mas potente y me asusté.
Se soltó de los amarres y cayó al suelo, armando un gran revuelo entre los demás ancianos.
Llamamos al celador que se encargaba de cargarlos: Jacob; y lo volvió a poner en sus silla.
Edward no me miró mas aquel dia. Tampoco comió , ni cenó. Se encerró en su habitación y de allí no salió en toda la tarde.

Cuando salí aquella tarde de la residencia, quise pasarme por la habitación de Edward para despedirme. Pero el doctor nos habia dicho que no lo molestaramos…y así lo hice.
Al salir me encontré a Alice que se ajustaba el bolso, con premura y sonrió.
-¿Nos vamos?
-Si.- le dije.
-Mira, Edward me ha dado esto para ti.
Alice sacó una flor hecha de papel de su taquilla. Miré la flor algo emocionada y corrí hacia su habitación para darle las gracias.
-Edward.- susurré, al llegar a su lado.
Mirando hacia la ventana. Completamente cerrada. Allí estaba él…
-Gracias.- volví a decir bajito.
Suspiré ante su indiferencia, y me acerqué a él para besarle la mejilla.
Puse con lentitud mis labios en su rostro; sintiendo las grietas en la piel; producidas por la vejez y abrí los labios en un beso de total gratitud.
Ahora fue él el que suspiró, bajando la mirada y cerrando los ojos y los puños con fuerza.
-Adios, hasta mañana.- susurré, llevando su flor en mis manos.
Continuará…

1 comentario:

  1. holaaa que buennnn capiii!!! y bueno bella tuvo avances con edward si nunca salia para comer y ella logro que salieraa y cuando se pusoo a llorar edward me dio una penaaa pobreee..y la flor que divinooo ...bueno besotes y nos leemosss!!!!

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