Capítulo 12
Bella oyó el retumbar de un trueno y se dio cuenta de que estaba a punto de estallar una tormenta. El aire estaba tan cargado que parecía pesar sobre sus hombros mientras hacía el camino de vuelta al hotel, empujando el cochecito de Anthony. Estaba cansada y lo que debería ser un paseo normal, de repente le parecía una maratón.
Las primeras gotas de lluvia empezaron a caer cuando llegaba a la plaza Syntagma. Siempre le había parecido un sitio horrible, con lo que parecía todo el tráfico de Atenas embotellándose en las avenidas que la cruzaban, pero era la ruta más directa hasta el hotel y el sitio donde le sería más fácil parar un taxi.
De repente, después de un monstruoso trueno, el cielo se abrió y empezó a llover a cántaros.
Anthony se puso a llorar porque no estaba acostumbrado a que tapase el cochecito con la cubierta de plástico y Bella, empapada en cuestión de segundos, corrió para llegar a casa.
Llovía con tal violencia que las dos columnas del templo de Zeus eran invisibles, aunque estaban casi frente a ella. Y, unos minutos después, torrentes de agua corrían por las aceras, turbios y marrones, arrastrando el polvo del verano.
Anthony lanzada tales alaridos que Bella podía oírlo a pesar del estruendo de la tormenta. Pero era imposible encontrar un taxi, de modo que agachó la cabeza y siguió caminando todo lo deprisa que le era posible.
Edward estaba de vuelta en el hotel cuando la tormenta empezó a caer sobre la ciudad. Sólo era una tormenta de verano, pero al descubrir que Bella y Anthony estaban en la calle empezó a preocuparse. Nervioso, paseaba de un lado a otro de la suite, mirando por la ventana y preguntándose dónde estarían.
Tan agitado estaba que cuando sonó su móvil lo sobresaltó. Era Bella.
-¿Dónde estás?
-En la puerta del Jardín Botánico… el pobre Anthony no deja de llorar y es imposible encontrar un taxi. ¿Puedes venir a buscarnos, por favor?
-Sí, claro. Ahora mismo.
-Pero no vengas en coche, hay un atasco espantoso.
El corazón de Edward palpitaba como loco. Debía de estar realmente angustiada para llamarlo después de la discusión del día anterior. Además, Bella nunca le pedía nada, ni un solo favor. Nunca lo había hecho.
Tomando un paraguas gigante, Edward salió a toda prisa de la suite. La lluvia golpeaba su cara mientras corría por las calles, abriéndose paso entre la gente y saltando los ríos de agua que buscaban las alcantarillas… sin darse cuenta de que no había abierto el paraguas. No tardó mucho en llegar al Jardín Botánico y, por fin, la vio, intentando consolar a Anthony, que lloraba desesperadamente. Tenía el corazón en la boca cuando llegó a su lado.
-Bella.
Ella levantó la cabeza y su triste mirada le rompió el corazón. Sentía un abrumador deseo de abrazarla, de protegerla. De besarla en los labios y hacer que olvidase todas sus preocupaciones. Pero una ola de fría amargura le recordó que él era el responsable de esa expresión desolada.
-No llores, Anthony. ¿Lo ves? Papá ya está aquí. Ahora ya puedo tomarte en brazos… él nos protegerá con el paraguas.
Sus palabras pusieron a Edward en acción. Nervioso, abrió el paraguas y lo colocó sobre los tres, tomando a Bella por la cintura.
Aparentemente, estar en los brazos de su madre era lo único que Anthony quería porque en cuanto lo sacó del cochecito dejó de llorar.
-El pobre se había asustado con la tormenta.
Esperaba ver una expresión de contrariedad en el rostro de Edward por haberlo hecho ir hasta allí, pero lo único que vio fue un rictus de preocupación.
Estaba mirándola a ella, no a Anthony, y Bella tuvo la extraña impresión de que realmente estaba preocupado.
Pero no debía pensar esas tonterías. Sabía muy bien lo que Edward pensaba de ella, de modo que era absurdo hacerse ilusiones.
-Pensaba volver a casa cuando se desató la tormenta. Menos mal que el cochecito tiene esa cubierta protectora…
-Yo no sabía que tuviera una cubierta de plástico –dijo Edward-. Menos mal que el niño estaba contigo.
Bella lo miró, sorprendida. Ese comentario apreciativo era nuevo en él. Sabía lo que pensaba de ella porque lo había dejado dolorosamente claro, pero la miraba de una forma… casi sentía la tentación de dejarse llevar por la fantasía de que algún día pudieran ser felices juntos. Que un día Edward pudiera amarla como lo amaba ella.
Pero era absurdo. Se había hecho ilusiones muchas veces y en todas las ocasiones había acabado en fracaso. Si se dejaba llevar, acabaría arriesgándose a una vida entera de decepciones y tristezas.
-Lo siento –dijo Edward entonces, recordando su cara de angustia el día anterior, cuando parecía que la idea de un futuro con él la llenaba de desconsuelo-. Esto no es lo que tú querías
De repente, no podía soportar que estar con él fuese para Bella una tortura. Ella se merecía mucho más.
Se sentía avergonzado de no haber visto antes la verdad. Había sido el comentario de su tía sobre lo maravillosa que debía de ser su mujer lo que hizo que se diera cuenta de lo que tenía delante de los ojos.
Bella era maravillosa.
Era dulce y compasiva y, sin embargo, dispuesta a defender apasionadamente aquello en lo que creía. Adoraba a Anthony y mostraba absoluta lealtad por las personas a las que quería. No debería tener que vivir una vida que no la hacía feliz.
Y era culpa suya que no fuera feliz. Él la había llevado a Grecia, furioso, esperando que hiciera lo que se le dijera sin protestar. Nunca le había mostrado respeto alguno. Nunca había considerado la posibilidad de que el interés que mostraba por su vida fuera genuino.
-Ha dejado de llover –la voz de Bella interrumpió sus pensamientos. Bella, que estaba mirándolo con expresión de desconcierto-. Siento haberte llamado, pero no sabía que fuera a dejar de llover enseguida.
Edward miró alrededor, sorprendido. Era cierto, había dejado de llover sin que él se diera cuenta. El rico aroma a tierra mojada llenaba el aire y la bochornosa atmósfera de antes de la tormenta de repente se había convertido en un día claro y fresco.
Cuando cerró el paraguas sintió el sol en la cara, pero el calor no lograba calentarlo por dentro. Él era la causa de la tristeza de Bella y eso le dolía más de lo que hubiera esperado.
-No te disculpes por llamarme. Quiero que sepas que siempre puedes acudir a mí… aunque sé que no he hecho nada para demostrártelo. Después de todo lo que ha pasado, es lógico que no confíes en mí.
Antes de aquel día, Bella nunca le había pedido ayuda y ahora se daba cuenta de cuánto le había dolido eso. El hecho de que no se hubiera puesto en contacto con él para hablarle de la existencia de Anthony, que no lo hubiera querido en su vida, había sido como una bofetada. Pero lo había apartado de su mente, negándose a preguntarse por qué le dolía tanto.
-Yo confío en ti –dijo Bella entonces-. Si te refieres a lo que pasó esa noche, con Rosalie, no fui a avisarla porque no confiara en ti. Ya te he explicado por qué lo hice…
Edward se dio cuenta entonces de una terrible verdad: si Bella hubiera acudido a él esa noche, el resultado habría sido el mismo. Incluso entonces, cuando su aventura era completamente armoniosa, no hubiera tolerado que ella cuestionara sus actos.
-Tenías razón cuando me dijiste que estaba obsesionado por controlarlo todo –dijo entonces, pasándose una mano por el pelo empapado-. No me había dado cuenta… no sabía que necesitaba controlarlo todo como un enfermo: mi vida, mis negocios, todo lo que me rodea. Y no puedo perdonarme a mí mismo por haberte hecho daño.
En cuanto lo hubo dicho supo que era verdad. Pero había algo más, algo mucho más importante. Era como si las nubes que poblaban su cerebro se hubieran disipado al fin, haciendo que la verdad resplandeciese.
-Te quiero –le dijo, su voz llena de convicción y asombro al mismo tiempo.
Bella lo miró, perpleja.
Aquella conversación estaba siendo la más desconcertante de su vida. Ella no había esperado que Edward admitiese ser una persona obsesionada por controlarlo todo. Y ahora, oírle decir que la quería…
-Lo siento –repitió él, tomando su cara entre las manos-. No debería habértelo dicho así, de repente.
Bella arrugó el ceño. Acababa de decir que la quería. Pero después de todo lo que había pasado entre ellos, después de su discusión del día anterior, ¿cómo podía creerlo? ¿Y por qué se disculpaba luego por decir que la quería?
Nada de aquello tenía sentido.
-Cuando te conocí me sentí inmediatamente atraído por tu belleza –siguió Edward-. Luego descubrí que eras una persona estupenda, llena de dulzura. Creo que empecé a enamorarme de la mujer que creía que eras… pero no estaba preparado para lo que pasó después. Te he decepcionado por completo y lo siento. No estaba preparado para darme cuenta de que tú no eras sólo la preciosa y angelical criatura que yo había imaginado. Eres mucho más que eso… mucho más de lo que yo merezco.
-No te entiendo –dijo Bella.
-Hasta ahora he controlado todo y a todos los que estaban en mi órbita. Así es como me gusta hacer las cosas… o eso pensaba. Pero estaba tan concentrado en que todo fuera a mi gusto que no me molestaba en mirar a mi alrededor –Edward la tomó por la cintura para mirarla a los ojos porque quería que Bella pudiera ver en ellos la verdad de sus sentimientos-. Y entonces Anthony y tú aparecisteis en mi vida, poniendo mi helado mundo en movimiento. No sabía lo que me estaba perdiendo hasta que me dí cuenta de lo que tú me habías dado.
El corazón de Bella latía como si quisiera salirse de su pecho, pero aún así no se atrevía a esperar, a confiar. Lo que estaba diciendo parecía demasiado increíble para ser cierto.
-Te quiero, Bella.
De repente, la pura y simple verdad de aquellas palabras se enredó alrededor del corazón de Bella como un tierno abrazo. Sabía que Edward lo decía en serio y, en ese momento, todas sus dudas desaparecieron.
-Yo también te quiero –le dijo, con voz temblorosa.
-¿Cómo puedes quererme después de lo mal que me he portado contigo? Te he hecho tan infeliz…
-Yo debí hablarte de Anthony. No debería haber guardado el secreto durante tanto tiempo.
-Pero yo te eché de mi casa… es lógico que no te pusieras en contacto conmigo. Nunca he hecho absolutamente nada para que tú pudieras confiar en mí o pedirme ayuda, al contrario.
Bella vaciló, de repente insegura. Habiendo crecido en casa de su abuela había aprendido a no esperar demasiado de nadie, a no pedir nada. Ésa era la única defensa contra la inevitable decepción.
Pero Edward no era como su abuela. Era un hombre que veía la vida de forma equivocada, pero que tenía la capacidad de ser generoso. Lo estaba demostrando en ese momento, confesándole su error.
-Quizá debería haber tenido más fe en ti… pero entonces era una cría y tú y yo apenas nos conocíamos. Desde el principio decidí no pedirte nada porque quería mostrarme vulnerable, pero eso no ayudó en absoluto. Nos guardábamos demasiadas cosas el uno del otro.
-Saber que no habías querido nada de mí cuando tuviste a Anthony fue un golpe para mi orgullo.
-Habría querido saber algo de ti, pero temía que me rechazases. Por eso no te llamé.
Bella lo miraba a los ojos, sintiendo que su amor por él crecía dentro de su corazón y era real. Aquel momento mágico con Edward era real.
-Te quiero –le confesó-. Siempre te he querido.
De repente, los labios de Edward buscaron los suyos para besarla con una ternura y una devoción nuevas.
-Hemos perdido tanto tiempo… -murmuró luego, emocionado.
-Hemos tenido que recorrer un camino muy largo –asintió ella, pensando en lo que habían aprendido en ese tiempo, en cuánto habían madurado los dos-. Pero ahora por fin estamos juntos.
-Tú eres el centro de mi universo. Sin ti, mi mundo deja de girar. Por favor, créeme cuando te digo que no volveré a decepcionarte nunca.
Bella sonrió mientras se apartaba un poco para meter a Anthony en el cochecito.
-No pienso irme a ningún sitio –dijo luego, echándole los brazos al cuello-. Pero ahora llévame a casa, Edward.
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despues de tantos dias regrese con el final d sta historia, spero q les guste nenas.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
holaaaaaaaa extraañaba esta historiaa quee preciosoo el finall por finn edward le dijo que la queria y se solucionoo todooo y terminaron juntoosss...me gusto muchoo cuando edward confeso su sentimientos y esta ultima fraseee me fascino:-Tú eres el centro de mi universo. Sin ti, mi mundo deja de girar. Por favor, créeme cuando te digo que no volveré a decepcionarte nunca. me dejoooo mass enamoradaa de esteeee edwarddd je!!!! buenoo te mandoun besoo enormee y esta historiaa estuvo preciosa de principio a finnn...besoss adiosss!!!!
ResponderEliminarAhhhhhh...precioso, me encantó.Mmmmmmm... esta parejita va hacer que me vuelva completamente loca de atar. Felicidades Pescui, estuvo estupemda tu adaptacion. Bienvenida,cielo, se te hechaba de menos!!!
ResponderEliminargracias cielito lindo :)
ResponderEliminarHola me ha facinado la historia ....dicen mastaede k nunca pedir perdon no ...nome despido y nos seguimos leyendo
ResponderEliminarPescui, te extrañaba, hoy entre para leer el final, muchas, muchas gracias.
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