Capítulo 6
Edward empezó a caminar de vuelta a la casa y Bella hizo lo propio, intentando seguirle el ritmo. Pero era un hombre muy alto y atlético y daba zancadas larguísimas. Y, aparentemente, su mal humor lo hacía caminar aún más rápido de lo normal.
Era su típico comportamiento arrogante, pensó con amargura. Edward no hacía ninguna concesión a su menor estatura pero, aunque le temblasen las piernas, no pensaba pedirle que caminara más despacio.
Porque no eran sólo las piernas lo que le temblaban. Mientras bajaba por la pendiente, sólo podía pensar en Anthony.
Lo había guardado en secreto porque temía lo que Edward pudiera hacer. Había visto lo protector que era con el hijo de su hermano, al que había querido arrebatar de los brazos de su madre sin pensar siquiera en los sentimientos de Rosalie.
Bella no había podido ver eso y quedarse de brazos cruzados. Por razones personales, no podía soportar ver que se arrebataba a un niño de los brazos de su madre. Pero su propia experiencia le había enseñado que las mentiras y los engaños llevaban a situaciones penosas… y no contándole la verdad sobre Anthony ella estaba arriesgándose a una de esas situaciones.
De repente, los ojos se le llenaron de lágrimas. Quería hacer lo mejor para todos, sobre todo para Anthony, pero le daban miedo las consecuencias.
Angustiada como estaba, tropezó con una piedra y cayó de bruces al suelo, lanzando un grito de dolor.
Edward llegó a su lado antes de que Bella se diera cuenta de lo que había pasado.
-¿Te has hecho daño? –parecía genuinamente preocupado y, por un momento, le sorprendió lo familiar que le resultaba eso.
Sólo un segundo antes estaba convencida de que Edward nunca había sentido nada por ella, pero ahora se daba cuenta de su error. Ese tierno tono de voz le resultaba tan dolorosamente familiar que, de nuevo, sus ojos se llenaron de lágrimas.
-¿Te has hecho daño? –insistió él.
-No, estoy bien –suspiró Bella, intentando incorporarse.
-Deja que te ayude.
-He tropezado sin darme cuenta. No estoy acostumbrada a caminar a esa velocidad por una pendiente…
-Entonces deberías haberme dicho que parase un poco. Ya sabes que este sitio está completamente aislado. Si te hubieras roto algo…
-¿Por qué caminabas tú tan deprisa?
-Yo siempre camino así.
-Pero yo no.
-¿Puedes levantarte? Si eres tan floja como para hacerte un esguince en el tobillo tendré que llevarte a la casa en brazos.
Bella lo miró, furiosa. ¿Y si se hubiera roto un tobillo de verdad? ¿Qué clase de hombre era aquél?
-Afortunadamente, no será necesario –dijo, levantándose-. Venga, vamos. Pensé que tenías prisa por llegar.
Edward la estudió durante un segundo, en silencio.
-Iremos un poco más despacio a partir de ahora.
El resto del día fue eterno para Bella. Llegaron a la casa de Aro antes de comer, pero Aro aún no se encontraba lo bastante bien como para recibir visitas, de modo que Edward había pasado la tarde trabajando en su ordenador y ella se había sentado en el patio, bajo un olivo, para leer un rato.
Era un sitio maravilloso, pero a pesar de todo le resultaba imposible relajarse. No dejaba de pensar en Anthony, cuestionándose si estaba cometiendo o no un error que podría lamentar después.
Una cosa era esconder su embarazo y luego a su hijo de Edward cuando estaba en otro país. Después de todo, entonces tenía buenas razones para hacerlo. Pero ahora que estaba de vuelta a Grecia, con Edward a su lado, la situación le parecía completamente diferente.
Esa mañana, cuando la acusó de no ser sincera, el comentario le había dolido porque sabía que tenía razón. No estaba siendo sincera con nadie. Ni con Edward ni con la persona más importante de su vida, Anthony.
Sabía por experiencia lo terrible que era descubrir que todo lo que uno había creído siempre era mentira. Las mentiras arruinaban la vida de la gente y ella no quería que la de su hijo estuviera llena de secretos.
Cuando volvió a entrar en la casa a la hora de la cena, Bella había tomado una decisión: le contaría a Edward la existencia de Anthony. Sabía que él querría ser parte de la vida de su hijo, pero también que ella no dejaría jamás que le quitara a su hijo.
Ella no era como Rosalie. Edward le había dicho a Emmett que Rosalie no estaba capacitada para ser madre, pero Bella no le daría nunca razones para dudar de su devoción y su responsabilidad, como esperaba que hiciese él, naturalmente.
Pero estaba dispuesta a hacer algunos cambios. Podría irse a vivir a Atenas y buscar un trabajo para que Anthony pudiera ver a su padre siempre que quisiera…
-Aro sigue demasiado enfermo como para cenar con nosotros –dijo Edward cuando entró en la habitación, interrumpiendo sus pensamientos.
-Ah, vaya. Espero que se recupere lo antes posible –murmuró ella.
-El médico vendrá a verlo mañana. Mientras tanto, cenaremos solos esta noche. ¿Por qué no te duchas tú antes? Yo tengo un par de llamadas que hacer.
-Muy bien –Bella tomó algo de ropa de la maleta para entrar en el cuarto de baño. Era algo extrañamente familiar, vestirse para cenar mientras Edward hablaba por teléfono, pensó.
Estaba a punto de salir del baño cuando oyó un golpe seco en la puerta.
-¿Has terminado?
-Sí, ya voy –Bella abrió la puerta y se quedó sorprendida al ver su seria expresión-. ¿Qué ocurre?
-Tu hermana Alice te ha llamado al móvil. He contestado porque no dejaba de sonar y pensé que podría ser algo urgente.
-¿Qué ha dicho? –exclamó ella, intentando disimular el pánico.
‹‹Dios mío, que no sea Anthony, no dejes que le haya pasado nada a mi hijo››.
-Anthony se ha caído… por la escalera, creo. Tu hermana parecía muy disgustada, así que imagino que lo mejor será que vayas con ella.
-¡Dios mío! –Bella tuvo que apoyarse en la pared para no caer al suelo.
Sólo podía imaginar a su pobre niño cayendo por la escalera…
No debería haberlo dejado en Londres. Todo era culpa suya. Anthony estaba herido y ella no estaba a su lado. Nunca se lo perdonaría a sí misma… nunca volvería a dejarlo.
Edward la miró, sorprendido por su reacción. Se había puesto pálida como un fantasma y temblaba tan violentamente que, murmurando una palabrota en griego, se maldijo a sí mismo por no hacerle dado la noticia con un poco más de tacto.
-Lo siento –se disculpó, tomándola por el brazo-. Lo han llevado al hospital, pero creo que no es nada grave.
-Sólo tiene seis meses –musitó Bella, tapándose la cara con las manos-. ¿Cómo ha podido caerse por la escalera?
A Edward se le encogió el corazón al verla tan angustiada.
-He pedido un helicóptero, llegará enseguida. Y mi jet está esperando en Atenas para llevarnos de vuelta a Londres.
-¿Vas a llevarme allí?
-Sí, iré contigo –Edward la ayudó a sentarse en una silla. No tenían tiempo para cenar y sabía que sería absurdo intentar que comiese algo en aquel momento, pero con un poco de suerte comería algo en el avión. Viajar con el estómago vacío era lo peor para alguien que no soportaba bien los vuelos, y Bella tenía que estar bien para ayudar a su hermana cuando llegasen a Londres.
Luego empezó a guardar sus cosas en las maletas. No había tiempo que perder porque el helicóptero debía de estar a punto de llegar.
Bella estaba en el avión privado de Edward, mirando el cielo por la ventanilla. Anthony debería estar en su cuna, con ella a su lado, no en un hospital después de un extraño accidente.
Había llamado a su hermana en cuanto pudo calmarse, pero no había podido localizarla, seguramente porque la habrían obligado a apagar el móvil. Y Jasper, el novio de Alice, no sabía cómo se encontraba el niño. Estaba en casa con sus hijos, esperando a la niñera para reunirse con Alice en el hospital. Cuando supiera algo, cualquier cosa, la llamaría de inmediato.
-Llegaremos pronto –dijo Edward, sentándose a su lado-. Tengo un coche esperándonos en el aeropuerto.
-Gracias –murmuró Bella-. Habría sido una pesadilla intentar volver a casa en un avión de línea regular.
-¿Cómo te encuentras? –preguntó él, al ver que no había tocado el sándwich.
-Bien –mintió Bella, sintiendo una ola de náuseas.
-Voy a buscar una botella de agua mineral –dijo Edward, levantándose para ir al bar.
Bella lo observó, pensando que había hecho eso cien veces cuando estaban juntos. Siempre se mostraba atento con ella… pero después de la brutal manera en la que había roto su relación, había olvidado esas pequeñas cosas.
-Anthony se pondrá bien, ya lo verás –le dijo luego, cuando volvió a su lado-. Si hubiera malas noticias, estoy seguro de que Jasper sabría algo.
-Gracias por ser tan amable.
-La familia lo es todo. Ya sabes cuánto quiero a mi sobrino e imagino que tú sientes lo mismo por el tuyo.
Bella se mordió los labios. Por supuesto, Edward pensaba que Anthony era hijo de Alice. Y, evidentemente, Alice no le había dicho nada.
Pero si iba a confesarle la verdad, aquél era el momento.
-Anthony no es mi sobrino –le dijo, intentando mostrarse serena, aunque su corazón latía con tal fuerza que casi la ensordecía-. Es mi hijo.
-¿Qué?
Edward la miraba, perplejo, convencido de haber oído mal.
-Anthony es mi hijo –repitió Bella.
Estaba pálida, pero lo miraba directamente a los ojos y Edward supo que hablaba en serio. Entonces, como si su cerebro trabajase a cámara lenta, llegó a la conclusión obvia.
Bella había dicho que Anthony tenía seis meses. Seis meses y nueve más…
-Es mi hijo.
Tenía un hijo.
¿Cómo podía ser? No le parecía posible que algo tan monumental hubiese permanecido en secreto. Bella le había escondido a su hijo, a su propia sangre.
¿Por qué no se lo había dicho? La pregunta no paraba de repetirse en su cabeza. Pero el porqué no importaba.
-Lo lamentarás.
-¿Haber tenido un hijo contigo? –replicó Bella.
-Habérmelo escondido durante tanto tiempo.
Edward miraba su pálido rostro intentando contener los furiosos latidos de su corazón.
Tenía un hijo. Era el padre de un niño. Y Bella había intentado que no lo supiera nunca. Si no hubiera ido a buscarla a Londres…
De no ser por la isla de Aro, jamás habría ido a buscar a Bella y, por lo tanto, jamás habría sabido que tenía un hijo. Incluso después de estar todo un día juntos, había hecho falta una situación de emergencia para que ella le confesara la verdad. Y seguramente sólo porque sabía que no podría seguir fingiendo que era su sobrino una vez que llegasen al hospital.
-No podrás seguir reteniendo a mi hijo.
Le temblaba la voz y sus ojos se clavaban en ella como un arma mientras se levantaba del asiento.
Y Bella, asustada, pensó que había cometido un tremendo error.
Edward no volvió a hablar con ella salvo para confirmarle el nombre del hospital al que le habían llevado al niño. Hicieron el viaje en la limusina en completo silencio. La tensión podía cortarse con un cuchillo, pero eso no era lo más importante, sino llegar cuanto antes al hospital.
En cuanto llegaron a la entrada de Urgencias, Bella vio a Alice en la puerta, con Anthony en brazos, y salió del coche sin esperar un segundo.
-Mi pequeño –murmuró, tomando a su hijo en brazos-. Mi angelito, cariño mío…
Le temblaban los labios mientras apretaba al niño contra su corazón y de repente, sin poder contenerse, empezó a llorar.
-Está bien –la tranquilizó su hermana-. Me puse muy nerviosa cuando se cayó, pero el médico ha dicho que está perfectamente.
Bella miraba a su hijo a través de una nube de lágrimas. El niño clavó en ella sus ojitos verdes… y luego le sonrió, mostrando dos hoyitos en las mejillas.
-Cariño mío, que susto me has dado –suspiró Bella, acariciando sus cobrizos rizos. Pero cuando lo oyó reír su alivio fue completo.
Parpadeando para contener las lágrimas, se juró a sí misma que jamás volvería a apartarse de él.
Edward, detrás de ella, también dejó escapar un suspiro de alivio. Anthony estaba bien. Anthony, su hijo, estaba bien.
Mientras Bella lloraba abrazada al niño, Edward vio unos rizos cobre. Su hijo tenía el pelo cobrizo como él y ese detalle, no sabía por qué, le sorprendió. En las horas que habían transcurrido desde que descubrió que era padre no se le había ocurrido pensar cómo sería el niño físicamente. Todos los niños eran iguales, ¿no?
Pero, de repente, necesitaba ver a su hijo y dio un paso adelante. En ese momento oyó un sonido que no pudo reconocer de inmediato, aunque pronto se dio cuenta de que era una risa infantil.
Era un sonido puro, maravilloso… el sonido de la felicidad de su hijo al estar de nuevo en brazos de su madre.
Algo dentro de él se contrajo. Aquél era su hijo. Y nadie iba a volver a privarlo de estar con él un solo minuto más.
Los siguientes minutos pasaron para Bella en una neblina de alivio, mientras Alice intentaba explicarle lo que había pasado. Pero en lo único en que podía concentrarse era en que su hijo estaba bien. Aparte de un pequeño cardenal en el trasero, Anthony estaba intacto. No era tan horrible como Alice, con el susto inicial, le había hecho creer.
Bella había imaginado que el niño había caído, rodando por la escalera principal, pero sólo habían sido los dos escalones que separaban la cocina de la despensa. Aún no sabía gatear, pero sí sabía rodar sobre sí mismo y decidió hacerlo mientras su tía estaba de espaldas.
Edward apenas había dicho una palabra. Estaba siendo amable con todo el mundo, pero Bella lo conocía bien. Lo suficiente como para saber que algo estaba pasando tras esos ojos oscuros.
-Gracias por traer a Bella tan rápido Alice lo abrazó, agradecida.
-De nada –dijo él, inmóvil como una roca mientras su hermana se apartaba, sorprendida-. Gracias a ti por llamar por teléfono. Quiero que sepas que agradezco todo lo que has hecho por Anthony… pero Jasper y tú debéis volver a casa y dejarnos solos.
-Pero… -Alice miró a Bella, sorprendida.
-Lo sabe –dijo ella.
-Sí, sé que Anthony es mi hijo –anuncio Edward-. Y ahora que lo sé, tengo la intención de tomarme mis responsabilidades como padre muy en serio.
-¿Qué quieres decir con eso? –le espetó Alice, mirando de Bella a Anthony, que dormía tranquilamente en los brazos de su mamá.
-Quiero decir que a partir de ahora me haré cargo de él.
-Un momento –dijo ella, a la defensiva-. Tú echaste a Bella de tu lado sin ningún miramiento. Eres tú quien dio por terminada la relación.
-Eso fue antes de saber que tenía un hijo. Ahora todo es diferente.
-Pero no puedes aparecer aquí de repente y esperar…
-No pasa nada, Alice –la interrumpió Bella. Sabía que su hermana estaba intentando protegerla y se lo agradecía, pero ella sabía defenderse por sí misma-. Vete a casa, por favor. Esto es algo que Edward y yo tenemos que solucionar en privado.
-Pero…
-Vamos, cariño –intervino Jasper-. Tu hermana ya es mayorcita.
Bella intentó sonreír, aunque por dentro sentía un tumulto de emociones. Pero al menos tenía a Anthony en sus brazos otra vez. Inclinando la cabeza, rozó su carita con la nariz, sintiendo una oleada de amor por su hijo. Anthony era lo único importante. Y mientras estuviera a su lado, todo lo demás carecía de importancia.
-Iremos a un hotel a pasar la noche –anunció Edward.
Volvieron a la limusina en silencio, pero esta vez Anthony iba en una sillita de seguridad al lado de Bella. Y el ambiente entre ellos seguía siendo tan tenso como antes.
Era evidente que Edward estaba furioso y Bella entendía por qué. Pero no sabía lo que sentía o lo que estaba pensando porque su expresión se había vuelto tan fiera y tan impenetrable como el hielo.
Cuando levantó la mirada lo encontró estudiándola, sus ojos verdes clavados en ella. Pero no iba a amedrentarla, pensó. Tenía muchas razones para haberle ocultado la existencia de Anthony y se las daría cuando le pidiera una explicación.
La limusina se detuvo a la entrada de uno de los mejores hoteles de Londres y, poco después, subían a una suite de dos habitaciones.
-Será mejor que el niño duerma con nosotros durante un par de días, pero después tendrá su propia habitación.
Bella estaba tan agotada que no le prestaba mucha atención mientras le cambiaba el pañal a su hijo y lo metía en la cuna que un botones había subido a la suite.
Cuando se incorporaba, tuvo que llevarse una mano a la dolorida espalda. Los últimos días habían sido tan tensos, física y emocionalmente…
Sabía que contarle a Edward la verdad sobre Anthony lo cambiaría todo, pero aún así no estaba preparada para lo que su cerebro acababa de registrar.
-¿Dormirá con nosotros, has dicho? No te entiendo.
-Ahora somos una familia –dijo Edward.
Bella lo miró a los ojos, tan duros e impenetrables como siempre.
-Tenemos un hijo en común, eso es todo. No somos una familia.
-No lo somos aún –dijo él entonces-. Pero nos casaremos inmediatamente.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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holaaaa genial el capi...edwardd se enterooo y yo creoo que estaa un poquito bastante enojadoo je!! y ahoraa quieree casarsee con bellaa...guauu!!! pobre bella la que le esperaa entiendo que edward este enojadoo por que le oculto a su hijo pero tambien es entendible los miedos que tenia bella...luego de lo que paso de lo que le querian sacar el hijo a rosalie ella tiene miedo que le pase lo mismo...pero no lo creo a edward capaz de esooo!!! bueno un besoo y nos leemos en el que sigue!!!adios!!!
ResponderEliminarbeluchisss!!! Muchas gracias por apoyar a Pescui, corazón te envió un beso y un abrazo de oso.
ResponderEliminarhola se k no soy muy buena escribiendo lo mio es leer bueno si te has dever dadocuenta y una de es Noelle k siempre le he dejadolos mismos finales bueno me gusta leer los capitulos y esta historia me ha facinado k aun k algunas son adaptaciones creo k tienen un poquito de cada una de ustedes y clarono me despido y nos seguimos leyendo
ResponderEliminarFantastico,espero tu ctualizacion!!!!!Me encanta estaa historia,Pescui,eres un solete.Besitos!!!!
ResponderEliminarLiduvina, Rosita de mi vida, muchas gracias por apoyar a Pescui, aquí estoy pensando en fundar el Team de darle un zape en la cabeza a Edward, odio a los Edwards arrogantes, ustedes no?
ResponderEliminary en ese mismo momento le dices já kisieras idiota!! pff!! q tipoooo!!!
ResponderEliminarque cambio tan drástico el de este hombre!!! xD!!!deja loca a bella con sus cambios de humor... me ha encantado el capi, mil grax chicas
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