Capítulo 2
Catorce meses después
-Gracias por invitarme a visitar tu casa –Edward le ofreció su mano al anciano, que estaba sentado frente a una mesita de madera a la sombra de un viejo y retorcido olivo-. Tu isla es preciosa… un sitio muy tranquilo en el que vivir.
Sin molestarse en estrechar la mano que le ofrecía, Aro Vulturi emitió un bufido mientras tomaba un sorbo de su fuerte café. Era un hombre malhumorado y excéntrico, pero Edward había charlado con él varias veces en Atenas y no se molestó por sus malas maneras.
-No me digas que a ti te importa la tranquilidad –dijo Aro por fin-. Sé por qué quieres comprar mi isla. Quieres construir uno de tus hoteles de lujo aquí… quizá varios. Bares, música a todo volumen, gente borracha y pendenciera –hizo una pausa, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos-. Yo no voy a dejar que eso ocurra.
Edward apretó los dientes, negándose a aceptar el desafío del anciano. Nadie hablaba a Edward Cullen de esa manera, pero tenía una razón muy importante para hacer negocios con Aro Vulturi.
Necesitaba comprar aquella isla. Era la única posibilidad de hacer realidad el deseo que su madre había expresado antes de morir. Y si tenía que morderse la lengua para firmar el acuerdo, lo haría.
Aro no lo había invitado a sentarse ni le había ofrecido café. Las piedras que había bajo los árboles estaban cubiertas de hojas que nadie se había molestado en retirar…
Estaba claro que el anciano iba a mostrarse tan terco como de costumbre, de modo que la transacción no sería fácil.
-No es para eso para lo que quiero comprar la isla. Quizá si hablásemos…
-No –lo interrumpió Aro-. Y no quiero saber nada de escándalos. No creas que porque vivo aquí no me entero de nada. Sé cómo es tu familia: ricos, mimados, gente a la que sólo les importa el dinero y los placeres. Y sé también que la esposa de tu hermano tuvo un accidente de tráfico mientras conducía borracha con un niño dentro del coche.
-Te han informado mal –replicó Edward, intentando controlar la rabia que sentía. Cada vez que pensaba en la noche del accidente, un año antes, se ponía de mal humor-. Mi familia no es como la retratan los medios de comunicación. Los periódicos no siempre cuentan las cosas como son en realidad.
-¿Estás diciéndome que no hubo accidente?
-Estoy diciendo que mis asuntos personales no tienen nada que ver con el negocio. Y estoy seguro de que si me dejas hacerte una oferta, podremos llegar a un acuerdo beneficioso para los dos.
-No quiero hablar de eso ahora. No quiero escuchar la charla que has traído preparada para convencerme –insistió Aro, apoyándose en la mesa para ponerse de pie-. Si de verdad quieres comprar la isla, quédate aquí durante unos días… para que pueda descubrir qué clase de hombre eres en realidad. Trae a tu bonita novia, la que conocí el año pasado. Esa chica me gustó porque no se daba aires… lo cual me pareció sorprendente en alguien relacionado con tu familia.
Edward no contestó enseguida porque Aro lo había dejado sin habla. Buscó en su memoria para encontrar alguna ocasión en la que Aro Vulturi y Bella se hubieran encontrado… y recordó que había habido varias cenas benéficas en las que seguramente habrían tenido ocasión de charlar.
¿Por qué quería Aro que llevase a Bella allí? ¿Sabría que ya no era parte de su vida?
-¿O es que has roto con ella? –La voz del anciano interrumpió sus pensamientos- ¿Ya tienes una novia nueva? ¿Cómo se llamaba esa chica?
-Bella –contestó Edward-. Se llama Bella.
Pronunciar ese nombre sonaba extraño y dolorosamente familiar al mismo tiempo. No había vuelto a nombrarla desde aquella noche, cuando la echó de su casa. Pero eso no había evitado que pensara en ella, incluso que soñase con ella muchas veces… más de las que le gustaría admitir.
-Ah, sí, Bella –sonrió Aro-. Una chica encantadora. Me recordaba a mi difunta esposa. Entonces no se separaba de ti, de modo que yo esperaba ver un anuncio de boda en los periódicos. Pero supongo que ahora tendrás una larga cola de chicas esperando.
-Como te acabo de decir, mi vida personal no tiene nada que ver con este negocio –suspiró Aro. Aunque, de repente, sentía algo duro y frío en el pecho.
Se daba cuenta de que Aro Vulturi llevaba los negocios de una manera personal y qué como condujera él su vida era tan importante como la oferta que pudiese hacerle. El hecho de que ninguna mujer hubiera despertado su atención desde que se separó de Bella no impresionaría al anciano. Sencillamente, lo juzgaría como un frívolo.
Y, para empeorar las cosas, Aro parecía apreciar particularmente a Bella.
-Yo soy un hombre muy tradicional. No me gusta nada como vive la gente de ahora. Coches rápidos, contaminando el aire, relaciones rápidas… todo es desechable.
-Si hablásemos, te darías cuenta de que compartimos muchos de esos valores.
Tenía que convencerlo de que no pensaba construir hoteles en la isla, pero sus razones de querer comprarla eran de índole personal y no tenía intención de compartirlas con nadie, especialmente con un anciano que parecía encantado de forzar sus opiniones a los demás.
-Entones vuelve para quedarte unos días y trae a Bella contigo.
Aro volvió a la casa apoyándose en un bastón, pero eso no engañaba a Edward. Aquel hombre podía ser físicamente frágil, pero su mente y su voluntad eran tan fuertes como lo habían sido siempre.
-Si me lo permite, lo acompañaré al helipuerto –se ofreció el ayudante de Vulturi.
-Conozco el camino, gracias –murmuró Edward, arrugando el ceño mientras volvía al helicóptero que lo esperaba.
Necesitaba a Bella.
Si quería tener la oportunidad de comprar aquella isla como primer paso para poder cumplir el último deseo de su madre, tenía que hablar con Bella.
-Gracias por su ayuda –el cliente abrió la puerta de cristal de la agencia de viajes, dejando entrar un golpe de viento helado.
-Seguro que va a pasar unas vacaciones fabulosas. Yo sólo he estado en Creta una vez, pero me encantaría volver –suspiró Bella.
Durante un segundo imaginó lo maravilloso que sería estar en una playa de arena blanca, sin nada que hacer más que tomar el sol y jugar con su hijo de seis meses, Anthony. Pero era una fantasía que, con todas las facturas que tenía que pagar cada mes, no se haría realidad muy pronto.
Habían pasado catorce meses desde que volvió de Atenas, desde aquella horrible noche en la que Edward Cullen la echó de su vida. Intentar reunir las piezas de su corazón roto sin trabajo, sin dinero y sin ningún sitio en el que vivir había sido el momento más horrible de su vida. Y, además de todo, estaba embarazada.
-Es casi la hora del almuerzo –dijo Ángela, interrumpiendo sus pensamientos-. ¿Seguro que no te importa ir a comer antes que yo?
-No, claro que no. Cuando uno se levanta a las cinco de la mañana, la hora de la comida llega antes de lo normal –rió Bella.
Anthony, aunque adorable, últimamente había decidido despertar antes del amanecer.
En ese momento se abrió la puerta de la agencia y otro golpe de viento helado hizo temblar a Bella.
-No me puedo creer que sea junio otra vez –murmuró, subiéndose el cuello del uniforme y levantando la cabeza para saludar al cliente-. Buenos días. ¿Quería…?
Su corazón dio un vuelco dentro de su pecho al ver el rostro de Edward Cullen.
Estaba mirándola directamente, con una expresión helada en sus ojos esmeraldas.
Bella intento llevar aire a sus pulmones. No se lo podía creer, Edward Cullen estaba allí.
Alto e imponente, su magnética presencia parecía ocupar el local entero. Llevaba un traje oscuro y en su pelo cobrizo había unas gotas de lluvia.
¿Qué estaba haciendo allí?
¿Habría descubierto la existencia de Anthony, su hijo?
-¿Puedo ayudarlo en algo? –le pregunto Ángela, levantándose-. ¿Quiere ver algún folleto en particular o sólo ha venido a echar un vistazo?
Bella tuvo que contenerse para no soltar una carcajada. La idea de que Edward Cullen, un magnate millonario, entrase en una agencia de viajes londinense para reservar unas vacaciones era risible. Absurda.
No, Edward estaba allí por otra razón.
-He venido a hablar con Bella –dijo él sin dejar de mirarla.
-Ah, ¿se conocen? –preguntó Ángela, sorprendida.
Ella seguía mirando a Edward. Su rostro le era tan familiar y, al mismo tiempo, tan extraño en ese momento…
Había estado locamente enamorada de él pero, al final, resultó que ella no le importaba nada. Nada en absoluto. En una horrible noche había descubierto que no había una pizca de amor en el corazón de aquel hombre.
Había conspirado con su hermano para robarle su hijo a Rosalie y cuando ella cometió el error de involucrarse no le había dado la oportunidad de explicar lo que había pasado. Era la primera vez en casi un año que tenían una discusión, pero Edward sencillamente la había echado de su lado. Sin vacilar un segundo.
-Ángela, te presento a Edward. Es… un amigo que conocí en Atenas –su natural amabilidad la obligaba a hacer las presentaciones, pero el instinto le pedía que no dijera mucho más. Nadie en el trabajo sabía lo que había pasado y lo mejor sería mostrarse precavida. No quería que hubiera especulaciones sobre el padre de Anthony.
-¿Por qué no te vas a comer? –Sugirió su compañera-. Seguramente tendréis cosas que hablar.
El pulso de Bella seguía acelerado y le sudaban las palmas de las manos. Lo último que deseaba era estar a solas con Edward, pero tampoco quería crear problemas en la oficina. Su jefa, Jessica, volvería pronto del dentista y seguramente no estaría de buen humor. Además, ella necesitaba aquel trabajo y no quería dar pie a cotilleos y murmuraciones.
-Muy bien. Voy a buscar mi bolso –murmuró, levantándose para ir a la trastienda y rezando para que Edward no notase que le temblaban las piernas.
Sentía su mirada oscura clavada sobre ella, atravesando la tela del uniforme, rompiendo las barricadas que había levantado desde aquella horrible noche en Atenas.
¿Por qué estaba allí?
Una vez en la trastienda, Bella tuvo que apoyarse en un escritorio para no caer al suelo.
¿Habría ido Edward a quitarle a Anthony?
Ella no dejaría que eso pasara, por supuesto. Su niño lo era todo para ella. Lo quería más que a su propia vida y nunca, nunca, dejaría que Edward se lo llevase.
Respirando profundamente, se volvió para mirarlo. Edward seguía de pie en medio de la agencia, tan inescrutable como una antigua estatua griega, aunque la pobre Ángela intentaba entablar conversación
Y entonces se le ocurrió que su compañera podría, sin darse cuenta, mencionar a Anthony. A toda prisa, Bella tomó su bolso y salió de la trastienda. Tenía que alejar lo antes posible a Edward de cualquiera que la conociese.
-Tómate el tiempo que quieras –la animó Ángela-. Te enviaré un mensaje de texto si Jessica vuelve antes de lo imprevisto
-No tardaré mucho –dijo Bella.
-No te preocupes, pásalo bien –sonrió su compañera.
-Gracias –Bella abrió la puerta de cristal y salió a la calle.
Pasarlo bien era lo último que esperaba. Rezaba para que Edward no estuviera allí con intención de crear problemas, destrozando la felicidad que había logrado encontrar por fin.
De repente, no podía soportar la agonía de no saber y se detuvo abruptamente para mirarlo.
-¿Qué haces aquí? –le espetó.
-He venido para llevarte de vuelta a Grecia –contestó él.
Para mi es un placer compartir éste sitio con ustedes, el cuál nació del fanatismo por colocar a nuestra pareja favorita en distintos escenarios. Espero que disfruten su estancia, así como nosotras esperamos enriquecernos con sus comentarios y mensajes. Éste sitio lo compartimos Pescui, Rosita y yo, si éstas interesada en subir tus historias, el espacio es tuyo. Les envió un beso y un abrazo de oso. Noelle xD
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holaaa buenisimooo el capii...bien pobree bella se las tuvo que apañar solaa...pero bueno fue por que no le dijo a edward la verdadd por lo que habia oidoo...bueno edward no tiene ni la mas minima idea de la existencia de anthonyy....y bella esta hecha un manojo de nervios por que cree que se entero de que ttiene un hijo y se lo va a quitarr esta super inteeresante esta historiaaa...y ahoraa que va hacer??? por lo visto edward esta decidido a llevarla a Grecia para poder comprarle la isla a arooo...bueno noss leemos en el que siguee besoss!!!
ResponderEliminarBeluchisss!!! Muchas gracias por apoyar a Pescui en ésta nueva aventura, me da mucho gusto que les guste el fic, Pescui se esfuerza mucho por buscar historias muy interesantes para nosotras. Te envió un beso y un abrazo de oso.
ResponderEliminarAh que Edward tan mandón, un beso Pescui, te sigó leyendo...
ResponderEliminarHola soy yo,la garrapata,jajjajaajja!!Me muero de ganas de leer el proximo....aqui hay tomate!!!jajajaajjaj.Un beso Pescui!!
ResponderEliminarMuchas gracias por el apoyo chiks. Bsos
ResponderEliminarHola sisi lo se demaciado tarde pero bueno mejor no hablar de tristesas me gusta mucho la historia y no me despido y nos seguimos leyendo
ResponderEliminarhuyyy este hombre si que es serio!!! todo por una isla, no será k realmente extraña a Bella?' eso espero
ResponderEliminarbess