martes, 21 de septiembre de 2010

El hijo secreto del griego

Capítulo 1

Bella no podía dejar de temblar mientras miraba la barrita blanca que tenía en la mano, con un puntito rosa claramente visible. La prueba había dado resultado positivo.
Entonces sintió un cosquilleo en su interior. Estaba embarazada.
No había sido planeado y no había esperado que la prueba diera positivo, pero sabía que eso iba a cambiar toda su vida.
Mordiéndose los labios, volvió a mirar el puntito rosa. Su corazón se había llenado de alegría ante la idea de tener un hijo, pero estaba temblando de angustia.
¿Cómo reaccionaría Edward ante la noticia de que iba a ser padre? La idea de contárselo le hacía sentir cierta aprensión.
Sólo habían pasado seis meses desde que se convirtió en amante de Edward Cullen, uno de los hombres más ricos y poderosos de Atenas. Desde entonces, compartía su sofisticado estilo de vida durante el día y pasaban noches gloriosas en la cama. Él la trataba como si fuera una reina y su hermano, Emmett, y su cuñada Rosalie, la habían hecho sentir más que bienvenida.
Pero, aunque ella estaba enamorada de Edward, nunca habían hablado de sus sentimientos. Y nunca habían discutido si podía haber un futuro para ellos.
Bella levantó la cabeza, apartando la melena castaña de su cara mientras salía al jardín. Cuando Edward y ella estaban en la ciudad, aquel magnífico oasis de verdor era su lugar favorito. La dulce fragancia de las flores y el sonido del agua de la fuente le ofrecían tal sensación de paz que era difícil imaginar que el jardín estaba en la azotea de uno de los mejores hoteles de la ciudad; la propiedad más importante del imperio de Edward Cullen.
Debajo, las luces de la ciudad empezaban a encenderse y frente a ella la Acrópolis brillaba majestuosamente, recortada contra el cielo oscuro. Era un paisaje fabuloso y uno que para siempre estaría grabado en su cerebro, junto con el rostro de Edward.
Estar con él era maravilloso. Por primera vez en veintitrés años se sentía querida, deseada.
Al principio no había podido creer que estuviera interesado en una chica tan normal como ella, pero la intensidad del romance había hecho que olvidase sus dudas por completo. Y nunca en su vida se había sentido más feliz.
Los problemas que la habían perseguido en el pasado desaparecieron, como si pertenecieran a otra vida. Era maravilloso saber que Edward la quería y deseaba estar son ella. Era algo que no había tenido nunca, pero algo que estaba decidida a que su hijo tuviera desde el primer día.
Bella se llevó una mano al abdomen. Llevar dentro al hijo de Edward le emocionaba. Y sabía algo con total certeza: aquel niño siempre se sentiría querido.
Y Edward también se alegraría, estaba segura. Después de todo, era un tío maravilloso para el hijo de su hermano. Adoraba a su sobrino Nico y Bella estaba convencida de que sería un padre maravilloso.
De repente, estaba deseando darle la noticia, de modo que corrió hacia el estudio de Edward. Estaba deseando ver su expresión cuando le dijera que iba a ser padre.
Pero se detuvo en la puerta del estudio al darse cuenta de que no estaba solo. Estaba con su hermano, Emmett, y por el tono de voz, estaban discutiendo sobre algo importante, algo urgente. Y se llevó una desilusión por tener que esperar.
Sin embargo, cuando iba a darse la vuelta el tema de la conversación quedó claro de repente. No había querido escuchar y su griego seguía siendo menos que perfecto, pero sabía lo suficiente como para entender de qué estaban hablando Edward y su hermano.
Estaban hablando de apartar a Nico de su madre.
A Bella se le encogió el estómago. No podía haber oído bien. Atónita, se quedó en la puerta del estudio, incapaz de apartarse.
-Debes pensar en Nico –estaba diciendo Edward-. Es tu obligación protegerlo. Es tu hijo y su bienestar debe ser lo primero para ti.
-Pero Rose es toda mi vida… ella confía en mí –protestaba Emmett-. No puedo hacer eso.
-Debes hacerlo –repitió Edward- Un Cullen debe mirar por su familia y está claro que Rosalie no es capaz de cuidar de tu hijo.
-Pero es tan drástico… ¿no podemos dejar que vea a Nico antes de llevárnoslo?
-No, en absoluto. Ésta es la única manera. Si lo hacemos ahora, esta misma noche, Nico estará en un helicóptero con destino a la isla antes de que Rosalie sepa que se ha ido. Luego podremos lidiar con el asunto de manera privada y sacarla del país sin que haya un escándalo. Nadie que no sea de la familia tiene por qué saberlo.
Bella se tapó la boca con la mano, horrorizada. Edward y su hermano iban a secuestrar a Nico. Iban a robárselo a Rose.
Empezó a temblar violentamente, recordando de pronto toda la angustia de su infancia. Se sentía enferma, imaginando la desesperación, la pena de su propia madre, que no había podido soportar que le quitasen a su hija.
Y ella no podía quedarse de brazos cruzados mientras los Cullen le hacían lo mismo a Rosalie.
Tenía que intentar evitarle a su amiga el desconsuelo que había sufrido su madre. Porque tal vez si hubieran seguido juntas ahora seguiría viva…
Bella se alejó de la puerta del estudio, con un nudo en la garganta y el corazón encogido por los horribles recuerdos de su infancia. Lo único que sabía era que no podía dejar que a Rosalie le robasen a su hijo…
Angustiada, corrió para buscar a su amiga. Tenía que advertirle, tenía que decírselo.
Cuando entró en la lujosa suite que Rosalie ocupaba con Emmett, la encontró sentada frente al espejo, cepillando su larga melena.
-¡Bella! –exclamó su amiga, al verla tan agitada-. ¿Ocurre algo?
-Lo siento… -Bella intentó llevar aire a sus pulmones-. Es Nico…
-¿Qué?
-He oído a Emmett y Edward hablando en el estudio… van a llevarse a Nico esta misma noche.
-¿Qué? ¿Adónde van a llevarlo? –Rosalie se levantó a tal velocidad que la silla en la que estaba sentada cayó al suelo bruscamente.
-No lo sé… han dicho que tú no puedes cuidar de él. Van a llevarse a Nico en helicóptero sin decirte nada.
-¡No pueden hacer eso! –por un momento, Rosalie se quedó inmóvil, pálida como un fantasma. Luego tomó su bolso de la cómoda con tal brusquedad que tiró una copa de vino, pero no pareció darse cuenta-. No se lo permitiré –murmuró, tomando las llaves del coche-. Me lo llevaré… a algún sitio donde no puedan encontrarlo.
-espera –dijo Bella-. Iré contigo y…
No terminó la frase. Acababa de darse cuenta de algo: Rosalie había estado bebiendo. Y, a juzgar por el brillo de sus ojos y por su incierto caminar, había bebido más de lo que debía. Y tenía en las manos las llaves del coche.
Bella corrió tras ella, pero era demasiado tarde… la puerta del dormitorio de Nico estaba abierta y la cama del niño vacía.
Oh, no. ¿Qué había hecho? Rosalie estaba borracha y a punto de conducir con el niño en el coche…
Tenía el corazón en la garganta mientras corría hacia el estudio de Edward y cuando entró, los dos hermanos levantaron la cabeza, sorprendidos.
-¡Es Rosalie! –gritó.
Edward se levantó de inmediato
-¿Qué ocurre? Respira profundamente y dime qué ha pasado.
Bella miró el hermoso rostro masculino durante un segundo, debatiéndose entre la angustia que había sentido al oírlo decir que iban a robarle el niño a Rosalie y la sensación de paz que experimentaba por el simple hecho de estar a su lado.
-Rose se ha llevado a Nico. Y creo que ha estado bebiendo.
Lanzando una palabrota en griego, Emmett corrió hacia el pasillo mientras Edward llamaba por teléfono al guardia de seguridad para que no dejaran salir a Rosalie del garaje.
¿Qué había hecho? Edward y Emmett no tenían derecho a apartar a un hijo de su madre, pero su impulsiva reacción había puesto en peligro la vida de Nico. No debía haber actuado sin pararse a pensar.
-Voy con mi hermano –dijo Edward un segundo después-. Rosalie ha salido del hotel antes de que pudiera advertir a los de seguridad.
Bella se mordió los labios, angustiada. Ojalá hubiera sabido antes que Rosalie estaba bebida. Pero jamás se le habría ocurrido que su amiga estuviera en ese estado…
-Todo saldrá bien –dijo él entonces, abrazándola-. Has hecho lo que debías. Nosotros nos encargaremos de todo.
Luego, antes de que pudiera decir nada, desapareció. Pero la cálida y exótica fragancia de su colonia masculina se quedó en el aire y Bella seguía temblando por el roce de sus manos.
Edward lo era todo para ella. Desde el día que lo conoció, todo lo demás en su vida se había convertido en algo insignificante.
Cuando su trabajo temporal en Atenas terminó y Edward le pidió que se quedara con él se sintió abrumada de felicidad. Él mismo la animó a esperar un poco antes de buscar un nuevo trabajo para que pudiese viajar con él. Decía que la quería a su lado todo el tiempo.
Bella cerró los ojos, imaginando el calor de sus brazos. Estar entre sus brazos siempre era maravilloso. Incluso ahora, tan preocupado como estaba por su cuñada y su sobrino, se había tomado un minuto para consolarla, para tranquilizarla.
Pero Edward no sabía qué había pasado. Ni lo que ella había hecho.
Bella se acercó a la ventana y miró hacia abajo. En alguna parte de la ciudad, Emmett seguía a su mujer y a su hijo en el coche. Con Edward a su lado.
Entonces cerró los ojos, dejando que una lágrima rodase por su mejilla, y rezó para que todo saliera bien, como él había dicho.


Edward Cullen entró en el vestíbulo del hotel con expresión de trueno. Rosalie había chocado con otro coche en la plaza Syntagma, pero afortunadamente tanto ella como el niño estaban bien.
Nadie había resultado herido, pero el accidente de un lujoso deportivo en una de las plazas más abarrotadas de Atenas, a las puertas del Parlamento, había atraído la atención de una horda de reporteros que aparecieron como de la nada antes de que Emmett pudiera llevarse a su familia.
Edward murmuró una maldición. Si hubiera podido convencer a su hermano para que sacase a Rosalie del país nada de aquello habría pasado. Cada día era más difícil controlar la adicción de Rosalie al alcohol y la prensa sin duda se haría eco de aquel escándalo.
Hasta aquella noche casi nadie sabía de sus problemas con el alcohol. Ni siquiera Bella. Emmett había hecho lo posible por mantenerlo en secreto, pero ahora todo el mundo lo sabía.
Edward miró su reloj. Sólo habían pasado unos minutos desde que llamó a Bella para decirle que la situación estaba controlada, pero ella parecía tan angustiada que quería volver a su lado lo antes posible.
Lamentaba profundamente que hubiera tenido que presenciar una situación tan desagradable. Ver a Rosalie borracha, poniendo la vida de su hijo en peligro y creando un escándalo público evidentemente le había disgustado.
Bella nunca se portaría así. Era una chica maravillosa, dulce, encantadora. Y odiaba llamar la atención sobre sí misma. Edward valoraba cada minuto que pasaba en su compañía.
La había visto por primera vez un año antes, hablando con un grupo de turistas en el vestíbulo de uno de sus hoteles. Su largo pelo castaños, ojos chocolates y piel cremosa habían llamado su atención de inmediato, pero después de la primera noche había sido su personalidad, su dulce carácter, lo que más le gustaba de ella. Estar con Bella era el antídoto perfecto para un trabajo tan estresante como el suyo.
Ahora volvía con ella, que estaba esperándolo arriba, en el jardín de la azotea. Edward sabía cuánto le gustaba aquel sitio y esperaba que estuviese un poco más calmada, pero si seguía angustiada la tomaría entre sus brazos y le haría el amor hasta que se olvidase de todo.
La encontró en el jardín, de espaldas a él, mirando la Acrópolis. Y en cuanto dio un paso ella pareció sentir su presencia porque se volvió, su larga melena castaña acariciando su cara.
-¿Ha ido todo bien?
-Sí, todo bien.
-¿Cómo están Rose y Nico?
Edward la abrazó, apartando el pelo de su cuello para besarla.
-Bien, están bien. Olvídalo, todo está controlado.
-¿Dónde están ahora? –insistió Bella, tensa-. ¿Están juntos?
Edward dio un paso atrás. Durante el tiempo que habían estado juntos, Bella jamás había rechazado un beso o una caricia suya. Su apasionada respuesta era lo que hacía que su relación fuera tan excitante y satisfactoria para él. Incluso pensar en cómo se deshacía entre sus brazos lo volvía loco.
Normalmente, una sola mirada bastaba para que se echara en sus brazos y que estuviera tan tensa le extrañó.
-Sí, están juntos. Y en unos minutos se irán a la isla, lejos de la prensa –respondió, acariciando sus brazos desnudos-. Ya puedes dejar de preocuparte… y dejar que yo te haga sentir mejor.
Bella respiró profundamente. Tenía que hablar con él, contarle lo que había hecho. Y preguntarle por la conversación que había escuchado sin querer.
Luego, después de eso, tenía que contarle que estaba embarazada. Era casi imposible creer que sólo un par de horas antes había corrido para darle la noticia…
-A ver si se me ocurre algo nuevo, algo interesante –estaba diciendo Edward, mientras arrancaba una rosa del rosal trepador que había tras ellos.
Bella miró la diminuta flor en las enormes manos masculinas. La noche anterior la había llevado al jardín desde el dormitorio y había cubierto su cuerpo con pétalos de rosa antes de hacerle el amor.
Ahora, la poderosa fragancia de rosas llenaba sus sentidos de nuevo, casi mareándola. Sabía que pronto olvidaría todo entre sus brazos…
Pero no podía hacerlo. Tenía que hablar con él.
-Espera un momento. Tenemos que hablar…
-¿De qué?
-Hace unas horas te oí hablar con Emmett. Te oí decirle que debía apartar a Nico de su madre.
- Sí, es verdad –suspiró él-. Es una pena que no le diera ese consejo ayer, así nos habríamos evitado el fiasco de esta noche.
-¿El fiasco? Esto es mucho más que un fiasco… ¿cómo puedes ser tan frío? –Exclamó Bella-. Alguien podría haber resultado herido… ¡incluso muerto!
-Ya lo sé. De haber advertido antes a mi hermano, nos hubiéramos ahorrado el susto.
-Dejando a un hijo sin su madre.
No podía dejar de pensar en su propia madre, en lo desolada que debió de quedarse cuando le quitaron a su hija. Perder a su hija a los dieciséis años la sumió en una depresión de la que nunca pudo salir. Destrozada, se había dado al alcohol y las drogas… y un día murió de una sobredosis.
Para Bella lo peor de todo era no haber sabido quién era hasta que fue demasiado tarde. La había criado su abuela, la misma persona que la había arrebatado de los brazos de su madre. Y durante toda su infancia la había hecho sentir como un estorbo.
-Sé que estás preocupada por Rose y Nico –dijo Edward entonces-. Mi hermano y yo estamos en deuda contigo por habernos advertido de lo que pasaba. Pero mi conversación con Emmett era privada, Bella. Y cómo decida él cuidar de su familia no es asunto tuyo.
Ella lo miró, sorprendida.
-Rosalie es mi amiga y me importa. Como me importa Nico.
-Debes confiar en que Emmett y yo haremos siempre lo que consideremos mejor para la familia –insistió él, mirándola con repentina frialdad-. Tú se lo dijiste, ¿no es verdad?
El corazón de Bella dio un vuelco.
-Sí –respondió casi sin voz, pero con la cabeza bien alta.
-No tenías por qué hacer eso. No era asunto tuyo.
-Pues claro que era asunto mío. Ibais a quitarle al niño…
-Lo que has hecho a puesto la vida de mucha gente en peligro. Alguien podría haber muerto. Mi sobrino podría haber muerto.
-Yo no sabía que Rose hubiera estado bebiendo…
-No hace falta que me expliques por qué lo has hecho –la interrumpió Edward-. No me interesa.
-Pero…
-No estoy interesado en excusas –volvió a interrumpirla él-. Has puesto la vida de mi sobrino en peligro, Bella.
-No era mi intención, te lo aseguro.
-Además de escuchar una conversación privada, a mis espaldas decidiste tomar cartas en el asunto sin que nadie te lo pidiera.
-Rosalie es mi amiga.
-¿Y qué soy yo para ti? Deberías haber acudido a mí…
Era cierto que si hubiera acudido a Edward, Rose no se habría llevado a Nico en el coche. Pero eso no cambiaba nada. La realidad era que Edward estaba confabulándose fríamente con su hermano para quitarle un hijo a su madre. Y seguramente seguía queriendo apartar a Nico de Rosalie.
-No te quiero aquí –dijo Edward entonces, su voz dura, su rostro como cincelado en granito-. Haz las maletas y márchate.
-¿Qué? –exclamó ella, atónita.
Pero lo había entendido perfectamente. Edward ya no la quería.
Porque se había dado la vuelta y se alejaba, como si desde aquel momento hubiese muerto para él.
-¡Espera! –Lo llamó Bella-. Hay algo que debo decirte. Es la razón por la que fui a buscarte al estudio…
Edward se dio la vuelta y la miró con frialdad.
-¿Qué?
-Esta noche he descubierto que…
Bella se detuvo abruptamente. De repente, tenía miedo de decirle que estaba embarazada.
Después de lo que había pasado esa noche, era como si Edward se hubiera convertido en un desconocido. Jamás lo hubiera creído capaz de separar a una madre de su hijo, pero había defendido sus intenciones incluso cuando ella le pidió una explicación.
Y si pensaba hacerle eso a Rosalie, que llevaba varios años casada con su hermano, ¿qué sería de ella si descubriera que esperaba un hijo suyo? Edward había dejado claro que ya no la quería a su lado, ¿pero querría a su hijo?
-¿Qué tenías que decirme?
-Nada, he cambiado de opinión. Creo que ya no tenemos nada que decirnos el uno al otro.
-Estoy de acuerdo –replicó él-. Y ahora, márchate.

9 comentarios:

  1. holaaaa mmm que magnificoo comienzoo!!me encanto este primer capi!!! bueno bella no le dijo nada a edwrd de su embarazo o por lo que escuchoo ...mmm rosalie es adicta al alcoholl guauuu ...buenooo y ahoraa bella se va a ir y edward no sabe nada de su hijo entiendo los miedos de bella tambien por lo que le paso a ella en su infanciaaa...y mas por lo que escucho cree que a ella tambien se lo va a quitarr...creo que deberia decirselo a edwwardd peroo bueno veremos que pasa en el siguiente capii besoss!!! nos leemos en el que sigue!!

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  2. Hola !!!

    paso rapidin ha leer el cap que me tenia intrigada con la intro, pero me has dejado peor jajaj
    Empieza muy bien el asunto
    Te leo mañana
    Besos

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  3. Me encantó Pescui!!!Creo que voy a estar enganchada a este fic,como una garrapata.Mil besos amor.

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  4. Hola pescui, muy buen capitulo siempre he dicho las cosas se acaban por malos entendidos y por estar escuchando conversaciones ajenas y sacar siempre malas conclusiones.

    Saludos...

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  5. NOSTALGIA CULLEN, ROSITA, JOHANNA, CINTIAENELMER, BELUCHISSS, muchas gracias por apoyar a Pescui, me da mucho gusto que les agradé el fic, estoy un poco triste por que no he podido contactar con nadie, estoy viviendo como vampiro, duermo de día y salgo de noche, jajaja, les envió un enorme abrazo de oso y un beso guapas, se cuidan.

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  6. Hola la historia me gusta y eso de quitarle los hijos a una madre es lo peor k puede suceder enalgunos casos es lo mejor pero en otros es lo peor ami madre le quitarona su hijo mayor y para ella fue lo peor lloro y lo busco por mas de 15 anos y lo encontro cuando tenia casi 20 anos gracias a mi padre de crianza ese hombre hizo por nosotros 7 hijos de crianza lo k nuestro padre biologico no hizo y bueno creo kesta historia llega mas haya de la realidad....no medespido y nos seguimosleyendo

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  7. huuu que dramón nenas...la historia se nota buena, con ese griego del cielo jajaja k pena que sea tan rudo.
    besos chikas
    grax pescui

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  8. eso es humillante, la esta hechando, en esta ocacion bien merecido tiene que no se lo haya dicho¡¡¡

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